Capítulo 2
Nuevo reino.
Luego de un largo descanso, Vanellope despertó con más energías pero con mucha hambre, se frotó los ojos y se giró al otro lado del cuerpo en posición semi fetal. Parpadeando cada tres segundos lastimada por el brillo del amanecer inundando su habitación. Se recargó sobre su espalda con las manos bajo la nuca, usando las piernas para destaparse recorrió las sábanas de algodón de dulce de la cama, en la que abundaba el color rosa, incluso el cuerpo desnudo de Vanellope radiaba un tono rosa más pálido del resto, con la mirada pensativa quedó viendo hacia el techo sin apuntar a ningún sitio con la vista para después dar un largo bostezo.
-¡Huuuaaaaaaaaghh! Que rico he dormido -
Mientras estiraba los brazos y flexionaba la pierna izquierda hasta el límite, sintió el muslo rozar con la entrepierna y como un flechazo recordó lo que pasó el día anterior dentro del baño de su habitación.
- Lo estaba olvidando, no tengo ropa limpia. Veamos que hay por aquí, si no atraparé un resfriado -
De un solo impulso se sentó en la cama y ya con las energías renovadas comenzó a fijarse en qué cambió de su castillo a causa del mar de fallas, pero para gusto suyo todo parecía estar en orden salvo por unos cuantos muebles movidos de lugar pero sin importancia.
- A ver, a ver, quiero saber qué puedo ponerme -
Plantó sus desnudos pies en el piso, se apoyó con las manos en la cama y se levantó para buscar ropa limpia. Se acercó al gran guardarropa, cubría casi todo un muro de la habitación.
- ¡Eso sí es digno de una reina! -
Lo primero que hizo fue buscar nuevas prendas íntimas, buscó en algunos cajones y en su tercer intento encontró lo que buscaba. Era una colección de calzones bastante considerable que se extendía dos cajones más abajo; todos muy bonitos y coloridos, encajes de todo tipo y telas desde algodón hasta de chicle parecido al Taffy, que por supuesto parecía una opción muy incómoda a los ojos de Vanellope, se decidió por tomar unos amarillos sin adorno alguno, unos púrpura pálido con animal print de gomitas de dulce y unos azul pastel con textura sedosa y brillante con un encaje muy trabajado. Los lanzó a la cama y luego buscó algunas calcetas.
- Hmmm algo lindo que combine con el resto -
Tomó unas medias de gris oscuro muy brillantes con olor a chocolate, unas calcetas de rayas horizontales verde claro y fuerte paralelas de algodón, luego abrió las puertas del gigantesco ropero que para su gran sorpresa tenía dos niveles.
- ¡Wow!, todo está lleno de ropa tan coqueta; es un sueño -
Decidió saltarse la parte del brassier ya que era algo nuevo para ella y se sentía menos incómoda sin sin nada puesto.
- Ya es demasiado incómodo tener volumen en los pechos de un día para otro, jajaja -
Entonces tomó una camisa blanca de mangas cortas y líneas de bordes junto con el cuello de color rosa clavel y una pequeña falda azul medio y pálido con olanes discretos; entonces lanzó las medias y calcetas junto con la camisa y falda a la cama y se acercó un paso hacia sus diferentes opciones para elegir la mejor combinación mientras se erguía en señal de concentración.
- Hmmm, ¡toda me gusta! -
Su habitación permanecía silenciosa esperando a su decisión, la luz del exterior entraba por las amplias ventanas sin cansancio alguno y justo allí el angelical cuerpo desnudo de Vanellope radiaba ése hermoso brillo lleno de vida, era hermosa y simpática a la vista; un tierno manjar para cualquiera afortunado de mirar.
~ ¿Y si los demás me vieran?, ¿qué pensarían los que me conocen como siempre he sido?... ¿Qué dirá Ralph si me ve así?... ~
Agitó la cabeza hacia los lados para desaparecer esos pensamientos por un momento y sus mejillas se pusieron más rosadas de lo normal, rápidamente tomó las panties azules brillante con encaje y al subírselas y soltarlas el resorte hizo un sonido contra su piel como las ligas.
~ Éste calzoncito también está pequeño y se me ajusta mucho ~
Tomó las medias grises oscuro y se las puso, al soltar hicieron el mismo sonido los resortes; en la pared izquierda había un espejo del suelo a la mitad de altura de su habitación que era bastante alta como es de esperarse siendo de un gran castillo, pero su tamaño era suficiente para verse por completo y sobrepasaba aún su altura por algunas decenas de centímetros. Era perfecto así que se acercó a contemplarse, se giró para mirar sus espaldas y parte del perfil, fijándose sobre todo del cambio en el pecho que tanto le había preocupado anteriormente.
- Tengo que admitir que este cuerpo es muy bonito, mira esa retaguardia; podría acostumbrarme y aceptar estos cambios - Se dijo sonriente mientras seguía mirando los detalles de cada curva en su esbelto cuerpo.
Regresó a la cama, se puso la falda y luego la camisa blanca y cuello rosa clavel. Al volverse a ver en el espejo contempló la enorme belleza, ternura e inocencia que radiaba su ser; mientras que la ropa era muy acorde para envolver tan delicada figura angelical. De verdad parecía que hubiera saltado años con toda naturaleza y aumentado belleza camino a una señorita pero aún siendo sólo una tierna niña. Para mantener un poco su imagen como en el pasado usó los mismos pequeños caramelos y lunetas que adornaban su cabello; encontrarlos fue fácil en una habitación hecha de pura confitería. De nuevo se giró para mirarse desde todos los ángulos y notó de nuevo la pequeñez de la falda.
~ Mis glúteos están levantados y grandes de tal forma que en el trasero se levanta un poco la falda ya de por sí corta, si me inclino un poco hacia enfrente se verá el resto ~. Pensó ruborizada.
Sus muslos también eran un exquisito espectáculo, eran completamente lisos y hermosos con un grosor que le sentaba genial además de no distorsionar su delgada apariencia. Su dulce rostro mostraba una inocente pureza, y por supuesto; su corazón y sentido de la vida permanecían intactos, pero como resultado del cambio ya no siente la necesidad de usar su característico humor perverso y aunque sigue teniendo en todo lo que ha pasado no lo ha necesitado; tal vez se podría decir que consiguió un poco de madurez y cautela en cuanto sus acciones. Como todas las niñas que van creciendo el pudor debe estar comenzando a hacerse presente en su mente.
- ¡Muero de hambre! - Diciendo esto su estómago gruñía contra su voluntad.
No sabía que esperarse pasando la puerta de su habitación, caminó hasta terminar frente a la puerta y dudosa aún puso la mano sobre el cerrojo de la puerta.
- Vamos Vany, ¿qué tan malo podría ser? - Se susurraba cuidando no ser escuchada, abrió la puerta por fin y lo primero que vio fue dos guardias Oreo a cada extremo casi junto a la puerta y por primera vez se preguntó si tenían ojos para verla.
~ Tal vez no puedan ver, o en su realidad yo siempre he sido como ahora, eso significa que a ellos también los afectó el accidente ~
Frente a ella el pequeño pasillo terminaba en unas escaleras curvadas. Fingiendo que todo era normal siguió su camino para no levantar sospechas aunque todo parecía estar en su sitio.
Al bajar hacia el pasillo principal del castillo cruzó el mismo para ir al gran comedor donde habían más guardias Oreo y servidumbre, el desayuno estaba servido; el chocolate con canela delataba su aroma por su humeante vapor, junto a la taza había pan tostado glaseado y algunos bombones cubiertos de chocolate amargo y al parecer envinado por su aroma. Junto a todo esto había mazapán con trocitos de nuez y cacahuetes por supuesto.
~ Todo eso parece muy dulce para sólo ser el inicio del día... ~ Sin titubeos se sentó y levantó el pan tostado, lo probó y luego dio un sorbo de chocolate, al cabo de un rato sólo restaron los bombones envinados, pero en realidad estaba satisfecha, aun así para no parecer grosera tomó un puñado para comerlos más tarde. Al momento de levantarse algunos trabajadores del comedor levantaron los trastes de la mesa y acomodaron la silla. Mientras se dirigía a la entrada se acercó el Amargo Bill, que siguiéndole el paso la ponía al día de lo que pasaba en Sugar Rush.
- Prince..., perdón quise decir presidenta Vanellope, atravesamos una profunda crisis. Llegaron noticias de que las montañas de helado se están descongelando, al amanecer se creó un río que impide el paso a los pueblos de las montañas, no hay caminos disponibles para llegar a la región. Por otra parte en el este un residente de las costas afirma haber visto un monstruo devorando todo en su camino en el mar de yogurth y en la entrada al reino se perdió contacto con la guardia tras un ataque de cy-bugs que han comenzado a anidar en el bosque, y un montón de caza recompensas quieren secuestrarla para obtener el "dulce néctar creador" y otros más se proponen atacar cuando el reino quede indefenso. El ejército ha luchado para que ningún intruso llegue a éste castillo -
Quiso preguntar exactamente qué era el dulce néctar creador pero se delataría, entonces decidió dar fin a la crisis.
- Pide evacuar las ciudades cercanas a la entrada al reino, luego - Entonces la interrumpió Bill.
- Lo siento, están ya destruidos; sólo hay resistencia por parte del ejército pero no se dan abasto. Corrió entonces al balcón de su habitación desde donde podía verse Sugar Rush desde la altura, tal como le habían informado se veía una gran columna de humo negro que alcanzaba una enorme altura para después ser barrido por el viento hacia el este, aunque era muy lejos podía ver la gravedad del daño. Una gran explosión hizo caer un puente que cruzaba un lago entre las ciudades cercanas a la entrada de Sugar Rush y el bosque. Vanellope no podía imaginar lo grave que fue dejar sin protección a Sugar Rush, la impotencia la invadía de rabia.
- ¡Mierda¡, todo esto es por mi puta culpa, ¡no dejaré que sigan! -
De pronto del lago salió un monstruo enorme con miles de tentáculos que le abrían paso por el bosque sin ningún problema mientras se dirigía al castillo a toda velocidad soltando un espantoso rugido, Vanellope podría jurar que el rugió:
- ¡El néctar! -.
Al escuchar todos en el castillo gritaban de pánico rogando por sus vidas, al girarse a ver el terror de todos moría por saber qué era y por qué todos mataban por tenerlo.
- ¡¿Qué esperan?¡, ¡Todos prepárense para luchar! - Todos sorprendidos quedaron helados por las palabras de Vanellope, lo único seguro es que no vería su mundo ser devorado por su culpa.
