Hola Amigos:

Rápidamente les dejo el segundo capítulo de este fic. Espero les guste

Saludos

Yaem Gy

Capítulo 2: Las dos Caras de la Emoción

— Buenos Días—

Ginny abrió los ojos poco a poco. La luz de la mañana era exigua, pero la agradecía. Parpadeó un par de veces y ante ella se aparecieron unos ojos chocolate que le miraban con cariño.

— Hola—

— ¿Dormiste bien? Luna me dijo que estuviste bastante cansada anoche… Que hacías jurar tonterías—

— No eran… tonterías… Era… un jura… mento… importante—

— Cariño. Sé que ha demorado la donación… pero no debemos perder la fe—

Ginny sonrió. Quería demostrar tranquilidad, pero no era así. Ya hacía meses que estaba barajando la posibilidad de la muerte.

— Estás… muy… bonita… hoy… ¿Algo… especial?— Preguntó para desviar el tema.

— ¿Bonita?... eh… ¿Qué dices? Solo me arreglé para ir a trabajar—

— Claro… Hermione… claro—

Hermione, su mejor amiga junto a Luna estaba particularmente arreglada esa mañana. Llevaba el cabello (casi siempre revuelto en rizos) atrapado en una hermosa trenza de trigo. Un jeans ajustado de color gris acentuaba sus caderas y una blusa delicada cubría su torso. La chaqueta ajustada coronaba un atuendo que no siempre se lleva para ir a trabajar a un restaurante de mesera.

— ¿Todo… bien?— Preguntó de pronto la pelirroja al ver que Hermione se aproximaba la extraña águila colgada en el muro. Parecía mirarla, pero Ginny conocía lo suficiente a su amiga para darse cuenta que en verdad estaba metida en sus profundos pensamientos.

— Si…— vaciló la castaña— yo… Ginny ¿Tú piensas que soy bonita?— Al hacer la pregunta Hermione se dio la vuelta y la miró con súplica.

— Claro… que… sí… ¿Qué… pasa?—

— Nada— sonrió su amiga— Solo preguntaba—

Nada más pudieron decirse. Molly llegaba en ese momento y saludaba a Hermione efusivamente como acostumbraba. La muchacha se entregó al abrazo con una dulce sonrisa y después entre las tres empezaron una plática muy amena. Molly parecía buscar cualquier pretexto para distraer a su hija y Herms colaboraba con entusiasmo.

— Esta noche vienen unos irlandeses al restaurant. Son músicos y les dije que les hacía un descuento en la cena si luego tocaban para nosotros. Ya saben como les gusta la música celta a la clientela— dijo Molly en un momento determinado. Ginny sonrió, pero en su mirada se reflejaba su tristeza al no poder disfrutar directamente del espectáculo en la madriguera.

— Me imagino que habrá mucho trabajo entonces— Dijo Hermione— ¿podremos George, Ron y yo con todo?—

— Claro, mi niña. Ya sabes lo ágil que es mi George. En Cuanto a Ron…—

— ¿En cuanto a mí qué?—

El hermano favorito de Ginny asomó por el umbral de la puerta con su cabeza ligeramente inclinada a la izquierda. Llevaba jeans gastados y una chaqueta vieja que le daban un aire irreverente. Detrás de él apareció otra cabeza colorada. Arthur venía a hacer su visita matutina acostumbrada.

— Papá...—

— Nena. ¿Cómo has amanecido hoy? Vine a darte una vueltita. Don Albus me encargó algunos productos para el menú de esta noche y como el mercado no está lejos…—

— Estoy… bien—

Ron se quedó parado a mitad de camino. Al entrar no había notado que había alguien más en el cuarto. Contempló unos segundos a Hermione para luego retirar su vista y aproximarse a su hermana para besar su frente.

— Que sorpresa verte hoy. Hermione. Anoche no nos dijiste que vendrías a visitar a mi Ginny— dijo Arthur— Como saliste tan agitada—

— Hola, Hermione— Dijo a su vez Ron.

— Hola, Ron. Arthur, es que tenía que estudiar para un examen esta tarde y luego…—

— Supongo que tendrás una cita— completó Ron— Nunca vas así al restaurante—

— No… eh… si… tengo una cita… unas amigas… tomaremos té juntas… Don Arthur ¿No le molesta si llego algunos minutos tarde hoy?—

— Claro que no. Estás muy linda, muchacha. Deberías conseguirte un novio ya— sugirió el señor Weasley mirando de reojo a su hijo— El hombre que obtenga tu atención será un afortunado—

La chica sonrió y el color baño sus mejillas. Ginny Miró la escena en panorámica y suspiró. El tira y afloja entre su amiga y su hermano había durado años. Ninguno admitía nada ni daba su brazo a torcer. Ella, aún en el hospital había ya comprobado que ellos estaban muy atraídos el uno por el otro, pero ya se había cansado de lanzar indirectas. Mas, sabía que algo raro había sucedido. Ron estaba tenso y Hermione triste.

— Arthur. ¿Me llevarías a la casa a cambiarme? Luna vendrá esta noche a hacerle compañía a Ginny. Así podré atender bien a los irlandeses—

— Oh, sí. Bueno mi niña. Esta visita fue más corta, pero lo compensaré mañana. ¿ok?—

— Ok, Papá… Yo… me … quedo… con los… chicos—

Al quedar los tres solos Ginny se sentía como parte de la habitación. Se quedó muy callada para observar como Hermione contemplaba tercamente los dibujos del muro y Ron jugaba con una de las mangueras de una máquina.

— Y… ¿Qué… cuentan?—

— Yo… bueno, todo está como siempre. George molestándome, Luna que piensa que soy chofer de sus hijos. Don Albus que dice cada disparate que no le entiendo y…—

— Y la visita de su novia ayer— terminó Hermione tomando el dibujo en sus manos— ¡Quien lo hizo esta vez, Ginny? Jack o Thomas—

— ¿Tú… Novia?— preguntó la pelirroja girando su cabeza con lentitud hacia su hermano.

— Eh… es que ayer… ayer se apareció Lavender por el restaurante… Fue sorpresivo—

— ¡¿Qué?—

— Vamos, Ginny. Sé que no te gusta Lav, pero es una chica divertida. Es muy bella y ocurrente. Anoche estaba preciosa y… ya sabes—

— Si, te entretuviste tanto que descuidaste tu trabajo y tuve que cubrirte. Ya tengo que irme— Dijo Hermione poniendo el dibujo otra vez en el muro— Mi examen será en media hora. Perdón por no quedarme, Ginny. Te prometo que mañana estaré toda la mañana contigo—

— Temprano… tenemos… que… hablar— Dijo la chica mirando fijamente a su amiga— Y… Tú…— con toda la fuerza que pudo reunir piñizcó el dorso de la mano de su hermano

— Hasta mañana, Ginny— Hermione se aproximó y le dio un beso en la mejilla a Ginny. Luego mopvió la cabeza a modo de despedida a Ron y apresuró sus pasos

— Ya, vengo— Dijo el chico y se fue detrás de la castaña

Como es lógico. En un área de atención crítica, el silencio es algo muy habitual. Es por eso que Ginny no demoró más de un minuto en escuchar lo que sucedía al otro lado del muro.

— Tenías que ir con el cuento ¿Verdad?—

— ¿Cuento? Solo actualicé a Ginny con las últimas novedades—

— ¿Y tenías que hablarle de Lavender? ¡Sabes que no la soporta!—

— Tiene sus razones—

— Razones que entre tú y Luna alimentaron de la nada. Sabes que mi hermana no puede tener malos ratos. No debiste comentar nada—

— Solo le dije lo bien que lo pasaste anoche—

— ¿Y qué te importa?—

— ¡Dejaste tu trabajo tirado!—

— ¿Y qué? Ella vino a verme. Es hermosa. Y dulce y cariñosa conmigo. Y me gusta—

El silencio retornó por algunos segundos. Ginny aspiró y agudizó el oído.

— Hacen una linda pareja. Él uno para el otro. Bueno, yo me voy—

— Espera… Esto aun no termina—

— Pues para mí sí. Tengo cosas más importantes en que preocuparme—

— Pues a veces no lo parece. Es como si estuvieras pendiente de cada cosa que hago—

— ¡No es así!—

— Baja la voz, Hermione. Estamos en un hospital. ¿Acaso esa cabecita sabionda tuya no sabe que aquí no hay que gritar?—

— Idiota—

Pasos alejándose. Un suspiro al aire. Ron volviendo con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos.

El pelirrojo se sentó al lado de su hermana y volvió a jugar con la bendita manguera. No miraba a Ginny. Sabía que ella lo fulminaría con la mirada.

— Lavender es tierna— fue su escusa.

— No… es… para… ti—

— ¿Y quién lo es? No soy el tipo de hombre que atraiga a chicas fabulosas. Solo soy un mesero y barman de un restaurante que no ha tenido mucho éxito en nada más. Quise jugar futbol pero no tengo demasiado talento. Y para los estudios soy pésimo—

— Eres… un… buen… hombre—

— No lo suficiente— Ron suspiró silenciosamente— No para merecer algo mejor—

— ¿Qué… quieres… decir?—

— Qué Lavender es lo que merece alguien como yo. No debo aspirar a algo que nunca será mío—

Ginny no quiso preguntar. Sabía exactamente a qué se refería Ron. Su hermano jamás iba a sentir la confianza para intentar acercarse a Hermione, pues ella era mucho de lo que él no era. Hermosa, inteligente, brillante. Él sentía que no era nadie.

— Eres… tontito— sonrió Ginny acariciando el mismo dorso que había piñizcado— Pero… es… verdad… necesitas… más… cariño—

La tarde fue monótona. Molly volvió a mediodía y había acompañado a su hija hasta que no le quedó más remedio que irse. Ginny solo estaría media hora sola ya que Luna estaba en camino.

Pero Ginny no estuvo sola. Alguien llegó para hacerle compañía.

— ¿Y… tú? ¿No… tenías… una… cita?—

— Sabes que era mentira. No quería que Ron se burlara de mí—

— ¿Ahora… me… dirás… qué… pasa?—

Hermione llevaba el cabello algo ´húmedo. Había estado lloviznando toda la tarde. Caminó hasta la cama y se sentó en ella. Luego de sus ojos salieron unas gruesas lágrimas y se acurrucó en el regazo de Ginny.

— Es tan bonita— empezó a lloriquear la castaña— Y Ron tiene razón. Es divertida, risueña, espontanea. Y él está loco por ella—

— Una… loca—

— Pero esa loca le gusta. Y yo quisiera enterrarme en un agujero cada vez que los veo besarse. No lo puedo soportar, Ginny—

— Tú… también… eres… bonita. Mucho… en… verdad. Solo… tienes… un… defecto—

— ¿Cuál?— preguntó Hermione mirando a Ginny con unos angustiados ojos chocolate llenos de agua

— No… eres… tierna… con… él—

— ¿Tierna?—

— Es… un… niño… grande. Nece… sita… cariño—

— Pero si yo no lo trato mal. Si lo regaño cuando hace algo malo es porque me preocupa—

— Eres… severa… con… él. Y él… nece…sita… sentir… que… te…importa—

— Es que, Ginny… No puedo acercarme más. Siempre peleamos y él me dice que soy una aburrida sabelotodo. Además… no puedo competir contra Lavender. No puedo—

La pelirroja había tenido esa misma conversación demasiadas veces.

Al llegar Luna las cosas no cambiaron demasiado. Hermione no quería escuchar razones y las chicas decidieron no nadar más contra la corriente. Al final, ya cuando Hermione se preparó para irse al restaurante, Luna la sentó de golpe y empezó a maquillarla sin decir palabra alguna.

— Pero ¿Por qué me maquillas? Sólo voy a trabajar—

— Por la misma razón que te vestiste tan bonita. Para ir a trabajar— y Luna terminó de aplicarle el brillo— Ya está. Ahora eres la mesera más bella de toda la ciudad—

— Gracias, Luna—

— Sonríe… yo… si. fuera… tú… lo haría. Herms… cuidarás… de Ron… si a mí…—

— No digas eso… pronto estarás en la Madriguera y echarás a la odiosa de Lavender a cubetazos. Te quiero mucho. Nos vemos mañana—

Luna se quedó completando un test de amor en una revista. Hermione salió por la puerta. Ginny cerró los ojos un rato. Estaba cansada, pero entretenida por las vicisitudes amorosas de los suyos.

— A ver… pregunta 3 ¿Qué buscas en un hombre? A) Dinero B) Sexo C) Amor sincero… yo pondría la B, pero para que la encuesta salga mejor pondremos la C—

— Esos… dos… se… aman. Yo… nunca… sabré… que… se… siente—

Luna levantó la vista de la encuesta. Sonrió.

— Sí, se aman. Y si sabrás lo que es amar. Ya verás que tengo razón. Ahora duerme. Será una noche fría y mojada. Yo estaré cuidándote—

La fiesta estaba hermosa. Las copas rebozaban de champaña y de licores. Las mesas estaban apetitosas con toda la comida. La orquesta tocaba viejas melodías y todos estaban disfrutando plenamente el evento.

Cho acababa de hacer su discurso para conseguir los fondos para el hábitat de los gorilas. Según ella había sido un discurso soso y tedioso. Según Harry había sido espectacular. Solo rezongaba por el pequeño chistecito que ella había hecho. Sobre un telón habían proyectado una fotografía de Arnold y Harry juntos y Cho había dicho que sabía lo guapo que era Arnold pero que su esposo era el flaquito de lentes.

— Pasas casi las 24 horas del día con el Gorila. Ya estás loca por él si encuentras que es más guapo que yo—

— Harry, no seas celoso. Sabes que tu eres mi segundo amor más grande—

— Sí… después del gorila— frunció el ceño, pero luego le besó los labios.

— Señora Potter. ¿Nos permite unas palabras?—

Un hombre bajito y canoso atrajo la atención de la morena y ella se alejó un momento de su marido. Harry aprovechó el momento para hablar con el director de la orquesta. Entonces sintió que le tocaban el codo. Era el señor Slughorn quien lo abordó con una plática aburrida que ya lo tenía ahogado. Él pobre tipo se jactaba de una "Humilde" personalidad, pero no demoraba en sacar a la luz los grandes donativos que había hecho para todo tipo de colectas a favor de los hábitat en el zoológico. Harry, con una paciencia única, lo escuchaba, pero su vista se escapaba para posarse en ella, su mujer. Su amada Cho.

De pronto Harry notó que Seamus se aproximaba con una voluptuosa y bella mujer. Harry no demoró nada en arrastrar al veterinario hasta ellos para conseguir un respiro. Seamus intentó resistirse diciendo que debía acompañar a su amiga, pero esta les dijo que solo iba a retocar su maquillaje. Algo increíble pues estaba tan maquillada que los hombres dudaban que pudiera poner más en su cara.

— Oh, por favor, Seamus. Justo yo le estaba comentando al Señor Slughorn de tu propuesta de poner una placa en el hábitat de los leones en agradecimiento por sus donativos. Estoy seguro que él querrá escuchar cuáles son tus razones para elegirlo de entre todos los benefactores—

— ¿Qué yo qué?—

— Oh, Finnigan. ¿Cómo se fue a molestar? ¿Entre sus razones dijo que he colaborado por 10 años con el zoológico?—

— Este… yo— Seamus le puso una cara terrible a Harry pero éste solo sonrió y le palmeó la espalda para luego escabullirse entre los comensales.

Pronto se acercó a su mujer y con solo tres movimientos la robó de la aburrida conversación que ella mantenía con otros asistentes a la fiesta.

— No debes alejarme así de los posibles benefactores— le regañó dulcemente.

— Es que ya no resistía. Te ves muy hermosa con ese vestido—

— Pero la conversación sobre la mansión de los Carson en Dublín era interesante. Tú sabes que Dublín me encanta—

— ¿De verdad te encanta?—

— Mucho—

— Entonces… Si prometes que irás conmigo a Dublín para la primavera, te prometo construir y diseñar el Hábitat para Arnold y Helga. Dejarás de trabajar un poco y pasaremos unas gratas vacaciones—

— ¿En serio?—

— Palabra de Potter—

— ¿Y Hedwig?—

— Nos encargaremos que lo cuiden bien. ¿Aceptas?—

Cho lo miró con esos ojos negros y llenos de un brillo electrizante que a él tanto lo embrujaban Sonrió extasiada.

— Acepto—

— Señoras y señores. A pedido de uno de ustedes cantaremos una hermosa canción antes cantada por el gran Dean Martin. Con ustedes "Return to me"—

— ¿Harry? Fuiste Tú—

— Ambos amamos a Dean Martin y quería bailar nuestro tema esta noche. Mucho más ahora que al fin te convencí de tomar vacaciones juntos—

— Eres terrible—

— Lo sé. Por eso me amas—

El compás empezó a acariciar los oídos de todos. Harry tomó a su mujer y la hizo girar para luego abrazarla y comenzar a bailar.

Todo era mágico. Todo centelleaba a su alrededor. Ambos bailarines parecían flotar en el aire. El cabello de Cho danzaba a la par de su vestido. Harry se embriagaba del perfume que ella dejaba como una dulce estela. Nada más existía que ellos dos.

Harry agradecía al cielo el ser tan feliz.

Tan feliz.

— Manejo yo— dijo Harry a la salida. Ambos se cubrían con sus abrigos. Cho se abrazó a su esposo. Hacía frío.

— Yo puedo hacerlo—

— No. Bebiste una copa y no quiero tentar a la suerte y que nos pare una patrulla. Además el pavimento está resbaloso—

— Sabes que soy buena conductora—

Harry tomó el rostro de Cho con ambas manos y la besó tiernamente. Luego la miró profundamente a los ojos.

— Déjame mimarte. Dame las llaves. Yo conduzco—

Como bien había dicho el moreno. El pavimento estaba bastante resbaloso. Los vehículos pasaban a su lado con algunas maniobras algo peligrosas y el hombre deseó ya llegar a casa para estar tranquilos y seguros.

Para distender el ambiente. Ambos empezaron a comentar los sucesos de la fiesta y de cómo Seamus luego de ejercer un admirable poder de convencimiento había logrado que el señor Slughorn hiciera la mejor donación para el Hábitat de Arnold. Cho estaba dichosa pues no esperaba que las cosas salieran tan bien. Y más dichosa estaba ahora que además tenía asegurado el diseño y la construcción. Harry también estaba dichoso. Él y Cho tendrían unas vacaciones esperadas por mucho tiempo y por algo más. Tenía planeado proponerle a su esposa tener familia. Él sentía que ya era hora. Era el momento. Una vez Cho estuviera rodeada de la magia irlandesa no dudaría en aceptar ser la madre de los hijos de Harry Potter.

El semáforo se puso en rojo y Harry tuvo alguna dificultad para detener el vehículo. Mientras, miraba por los espejos a los carros que tenía a los costados y atrás de él. La luz cambió y dio marcha…

Despertó. Creyó que habían sido horas las que había quedado inconsciente. Pero solo habían sido algunos segundos. De inmediato sintió un dolor horrendo en el brazo derecho. El pecho se lo había golpeado con el volante. Miró a su lado y lo que vio le congeló la espalda.

— ¡Cho! ¡Cho!—

Su mujer estaba como dormida. Estaba ladeada y con una horrenda herida en la cabeza. De sus labios salía un hilillo de sangre y se notaba a simple vista que su brazo y costado derecho estaban rotos.

— ¡Cho! ¡háblame! ¡Cho, despierta! ¡CHO, POR FAVOR!—

Pero ella no se movía. Ella no decía nada.

— ¡Señor! ¡Tranquilo! ¡Ya viene la ambulancia!—

— ¡CHo! ¡Cariño, despierta! ¡Amor... amor no me hagas esto! !Amor mío, despierta!—

Los bomberos llegaron en menos de 5 minutos. De inmediato empezaron a usar sus herramientas ya que el lado derecho del automóvil había quedado hundido a causa del terrible golpe que una camioneta les había infringido. Como era de esperarse, el conductor de la camioneta no había sufrido más que un par de rasguños en la frente y estaba sentado en la acera con un apestoso tufo a alcohol. Los bomberos tiraban y cortaban metal a la mayor velocidad que podían, mientras Harry no paraba de gritar dentro. Cuando al fin pudieron quitar los torcidos restos de la puerta un paramédico corrió a tomar los signos vitales de la accidentada.

— ¡Aún está viva!— gritó y el camillero no demoró en aparecer.

— ¡Por favor! ¡Por favor, salve a mi mujer! ¡Se lo suplico!—

— Trate de calmarse. Es lo mejor que puede hacer por ella—

— ¡Es que usted no entiende! ¡Yo me muero si algo le pasa!—

Los paramédicos corrieron con la herida. Un bombero ayudó a Harry a salir del auto. El moreno no quiso ser revisado. Con la ayuda del bombero se apresuró y se montó en la ambulancia para que luego ésta partiera a toda prisa al hospital más cercano. Harry temblaba. Su corazón latía desgarradoramente. Cho no despertaba. Los paramédicos empezaron a poner un sinnúmero de agujas en el cuerpo de su esposa y una cámara de oxigeno cubrió los labios que él había besado no hacía tanto rato. Con su mano sana tomó la de ella y le hablaba desesperado. Jamás en toda su vida había estado más asustado.

La llegada al hospital y la carrera por los pasillos era una tortura. Harry no quería separarse de Cho en ningún momento, pero al poco rato de llegar se la arrebataron. La camilla volaba con ella y él solo pudo mirar como la mujer que amaba con locura se marchaba a una sala a la cual no se le permitía la entrada.

— Tenemos que curarlo— le dijo una enfermera.

— No… después… por favor… lléveme con mi esposa—

— No puedo. Ella acaba de entrar a pabellón. Usted debe dejarse entablillar el brazo. Además su torso se está poniendo morado—

— ¡No me importa mi brazo! ¡Quiero estar junto a mi mujer!—

— ¡Reaccione! ¡Usted no puede hacer nada más por ella! ¡Allí dentro solo sería un estorbo! ¡Ahora se queda quiero y me deja curar su brazo!—

Las dos horas que se quedó en la sala de urgencia eran un martirio. El dolor en el pecho le atenazaba. El brazo lo tenía como adormecido. Temblaba de pies a cabeza, pero su mano izquierda estaba apretada en un puño que dudaba que pudiera abrirse alguna vez.

De pronto la puerta lateral se abrió. Por ella llegaba Seamus con el rostro desencajado y acompañado por dos hombres de blanco cuyo aspecto aterró a Harry. Los miró a todos. Él vientre empezó a dolerle con crueldad.

La lluvia caía muy suavemente. Luna admiraba las gotas y dibujaba figuras ilógicas en el cristal. Era una noche muy tranquila. Ginny dormía apaciblemente y la tibieza de la habitación aturdía de vez en cuando los sentidos de la rubia. Miró la hora, eran casi las cuatro de la mañana. De seguro Neville estaba despatarrado en la cama con Jack y Thomas a sus costados. Todo para no tener que hacer tres camas al día siguiente. Luna sonrió. Le encantaban esas actitudes de su esposo.

Un timbre extraño se produjo en un aparatito alojado junto a una de las máquinas. Luna lo miró y en su pecho el corazón dio un vuelco. Ginny despertó también con el sonido y miró a Luna con los ojos muy abiertos. Nada alcanzaron a decirse pues la puerta de la habitación se abrió de par en par.

— Señorita Weasley— dijo el médico emocionado con una amplia sonrisa en los labios— Al fin… Al fin tenemos un corazón para usted—

Ginny sonrió arrebatada... una nueva oportunidad... La vida le daba otra maravillosa oportunidad