Hola:
Sé que he demorado mucho en actualizar. La verdad es que he tenido abandonados todos mis fics. He tenido un problema familiar muy difícil y triste y eso ha provocado que la inspiración no llegue. Y es también el motivo por el cual este sea el capítulo que me fluyó de un momento a otro en medio de tristeza y esperanza.
Espero que les guste mucho
Saludos
Yaem Gy
Capítulo 3: Un Latido Nuevo
La noche estaba que ardía. Todas las mesas estaban ocupadas y el bar servía copas cada un minuto. Sobre el pequeño escenario una divertida banda celta tocaba a rabiar sus instrumentos. Los comensales cantaban y más de alguno aplaudía al ritmo de la música. Hermione y George iban de aquí por allá con los pedidos y Ron se movía con rapidez entre las botellas de licor. Era la mejor noche en el restaurante en mucho tiempo.
Molly atendía otras mesas y Arthur entraba y salía de la cocina llevando los platos que Hermione y George solicitaban. Dentro, en la cocina principal, Don Albus parecía danzar entre las ollas y sacaba platos en segundos. Bien merecido tenía el apodo puesto por George de 'El Mago".
vaya nochecita– Dijo George secando el sudor de su frente con una servilleta– Que daría porque Ginny estuviera aquí. Que nos ayudara con las mesas y se pegara una bailadita con la banda. Todos estarían extasiados con ella–
– Si, a ella le encanta esta música– Dijo Hermione tomando su bandeja para ir a dejar los platos– Mesa 20–
El ambiente era agradable. Más que un restaurante, el lugar parecía una fiesta familiar. Algunos de los clientes hablaban con Arthur y Molly y les preguntaban por la salud de Ginny. Una señora le había dicho a Arthur que rezaba cada noche una oración para ella antes de dormir. Arthur lo agradecía en lo más profundo. Se sentía honrado y orgulloso de haber cosechado tantos amigos entre las personas que frecuentaban su restaurante durante años.
Ron agitaba la coctelera tarareando la canción que en ese instante tocaba la banda. Abrió la tapa y derramó el contenido en un par de vasos de Martini a los cuales les agregó una pisca de sal. Luego se volvió y tomando unas pintas, las llenó hasta casi rebozar de helada cerveza Irlandesa. George tomó las pintas y desapareció de inmediato, con lo cual le dejó el espacio al pelirrojo para preparar unos Vodka naranja. Ron ya estaba cansado, pero los pedidos no dejaban de llegar.
Dos Vainas para la 16– Le pidió una vocecita que lo hizo distraerse de su trabajo
¿Ah? Ah. Si. Las hago de inmediato–
La castaña se apoyó un momento en la barra. Ron mientras preparaba un mojito de un pedido anterior. Hermione puso su rostro en la barra y lo refrescó un poco. Que cansada estaba.
Listos los Vodkas y el Mojito– Dijo Ron a George que retornaba con su bandeja
El hermano no dijo palabra alguna y tomando los tragos partió otra vez. Ron entonces tomó los vasos de las vainas y sonrió al ver a Hermione echada literalmente en su barra.
Vaya que estás cansada–
¿Ah?– Hermione levantó la cara y pestañeo un par de segundos– Si… mucho. Me duelen los pies, las manos y hasta el pelo–
Ron tomó la botella que necesitaba y al mirar a la chica sonrió ampliamente. Al preparar un sour había derramado algunos granos de azúcar en la barra y estos se habían pegado en la mejilla izquierda de la chica.
El pelirrojo no le dijo nada. Solo se limitó a hacer una pausa en su trabajo dejando la botella en la mesa y extendió la mano para retirar con el pulgar el azúcar que adornaba esa sonrosada mejilla.
Tienes azúcar en la mejilla– Dijo con la voz un poco ronca.
Hermione se quedó quieta. Su ya agitada respiración a causa del esfuerzo de la faena se tornó más intensa. El dedo de Ron retiraba los granitos suavemente pero ese movimiento más parecía una larga caricia. Ron no dejaba de sonreír y mirarla. De pronto y sin proponérselo su atención se concentró en los labios cereza de la chica y también sin proponérselo saboreó los propios.
Linda escena, pero en mi mesa se preguntan por los margaritas, Hermanito–
Como resortes, Ron y Hermione dieron un brinco ante la irrupción de George. De inmediato Ron tomó la botella que había dejado en la barra y casi se le resbala de las manos. Hermione no se quedó atrás y soltó su libreta de pedidos la cual se le cayó dos veces más antes de poder atraparla con mano firme. George sonrió divertido y le guiñó un ojo a un Ron completamente colorado.
Los Margaritas están frente de ti– gruñó el muchacho y procedió a preparar las vainas que le pidiera la chica.
Sabía que eras un trago dulce, Hermione– Dijo George– pero si quieres quedar pareja debes hacer que Ron te ponga azucar del lado derecho– Y sin más tomó su bandeja y se fue.
Aun… ¿aun tengo azúcar en la cara? – preguntó ella a Ron quien aun estaba rojo hasta las orejas
Un poquito– dijo suave el chico– te pasas la mano una vez más y se quitarán todos– y empezó a esparcir canela en los tragos.
Hermione lo miró. Por un momento deseó que él volviera a acariciarle el rostro, pero ya George había arruinado el momento. Ron terminó con las vainas y al ponerlas en la bandeja de la chica sus dedos rozaron los de ella. Se volvieron a mirar.
Hola, Ro-Ro, ¿Interrumpo algo?–
Ron cerró los ojos apretando los párpados. Hermione retiró su bandeja con prontitud. Nada dijo. Solo dio la vuelta y se perdió entre la clientela.
Lav… hola. Bueno, puedes ver que hay mucho trabajo–
Pude verlo– Dijo la rubia levantando una ceja. – Vine por ti. Quiero invitarte a mi casa esta noche– la chica sonrió coquetamente mordiendo su labio inferior– Mis padres no estarán y no quiero dormir solita– dijo con voz mimada.
Eh… yo...–
Vamos… Dile a tu padre que tienes que hacer algo importante–
Lavender… tendrías que esperarme. Esta noche hay demasiado trabajo. No puedo irme así como así–
Lavender se apoyó en la barra dejando a la vista del muchacho su escote pronunciado. Levantó una mano y le hizo señas para que se acercara. Ron, nervioso al ver a la distancia a Molly que ponía los brazos en jarras al percatarse de la presencia de la chica, se acercó rápidamente para terminar con eso pronto. Aún así sus ojos quedaron pegados en el escote.
Si te vienes conmigo ahora… cumpliré una de tus fantasías– le susurró la chica antes de morderle el lóbulo de la oreja.
Lav, por favor. No me tientes–
Es una propuesta… tú decides– le dijo la chica
Dos cremas de cacao para la 6, hola Lavender. Te recomiendo no te apoyes así en la barra. No resiste tanto pech… peso– Dijo George- Además te pido no distraigas a mi barman. Como ves, el lugar está a reventar–
A Lavender no le pareció mucho el comentario de su cuñado, pero intentó no demostrarlo. Sacó un lápiz de su bolso y garrapateó algo en una servilleta. Después tomó la mano de Ron para dejarle la nota. Le lanzó un beso con la mano y se retiró contorneando descaradamente las caderas. Ni George pudo abstraerse a ese bamboleante movimiento.
– Linda chica, pero demasiado traviesa diría yo– Dijo George
Ron no dijo nada. Solo abrió la mano y extendió la nota.
Te espero en mi casa en una hora… estaré en la cama completamente desnuda… besos
Lav, Lav
Ron tragó saliva. Miró el lugar. Todas las mesas estaban llenas. Su madre incluso se disculpaba con algunas personas pues ya no podían recibir más clientes. Su padre sacaba platos una y otra vez y a Hermione incluso ya se le escapaban rizos del moño que llevaba de tanto trabajar. Miró el reloj. Eran las 12. Si todo seguía igual el restaurante recién cerraría como a las 3 de la mañana. En su mente se balanceaban por un lado la responsabilidad de seguir trabajando y ayudando a su familia, por el otro la oportunidad de buen sexo con Lavender. Apretó el papel. Sus ojos se desviaron a unos chocolate que de pronto estaban frente a los suyos y los encontró tan hermosos que su mente quedó en blanco.
¡Ron!–
¿Ah?–
El pedido… los mango sour de la 9– Dijo la chica a la cual ya le molestaba uno de los rizos el cual dejó detrás de una oreja.
Una hora pasó y Ron no se movió de su puesto de trabajo. La banda había pedido ronda tras ronda de tragos y tuvo que recibir la ayuda de su padre para poder cumplir el pedido. Su celular vibraba continuamente en su pantalón pero no contestaba. No tenía ni un segundo de tiempo. A la hora y media recién pudo darse un respiro y llamó a su novia para disculparse. Lavender le dio una nueva oportunidad diciéndole que máximo lo esperaba a las 3 en su casa. Ron le dijo que estaría allí a como diera lugar y se apresuró a servir tragos a destajo.
A su padre no le pareció que se retirara antes que los demás y que dejara su barra sucia y llena de vasos y copas, pero Ron no prestó mucha atención. A las 2 y media, cuando recién se cerraría a las 3, Ron tomaba su chaqueta y desordenaba cuidadosamente su cabello para presentarse a la cita. Hermione se cruzó con él en la puerta y le lanzó una mirada algo resentida para luego adentrarse en el local. Ron, incómodo por ese gesto, retiró su mirada y la levantó al techo. Sabía que hacía mal, pero necesitaba una mujer que lo consintiera. Lavender lo divertía mucho y si se le daba la oportunidad no la desaprovecharía.
Eran las 4 y Albus terminaba de ordenar la cocina. Afuera se sentía el ruido característico del mover de sillas y mesas y Arthur entraba a la cocina con el rostro muy cansado. Hermione se había marchado solo hacía diez minutos y George apilaba las sillas mientras Molly pasaba la escoba. Esa había sido una excelente noche.
Albus, amigo. Pensé que ya se había marchado–
No. Estaba dando los últimos toques al menú de mañana. Iré al mercado temprano. Se nos acabaron las provisiones. Así en la noche todo estará muy bien–
Don Albus. No necesita ir al mercado mañana. Yo iré luego de ir a visitar a mi Ginny como lo hago habitualmente. Váyase a su casa. Necesita descansar–
No me molesta ir. Si quiere puedo llevarme una copia de la lista. Uno nunca sabe que puede pasar. A veces un hecho muy inesperado nos cambia toda la rutina. Hay que estar preparado siempre– y le guiñó un ojo.
Entonces el teléfono sonó.
Arthur dio un brinco. El pecho le dolió fuertemente. Dio la vuelta y miró el lugar en donde descansaban dos aparatos. Uno rojo y el otro negro. El rojo tenía pegados unos corazoncitos brillantes que su nieta Victorie había pegado hacía un tiempo y ahora vibraba estridentemente. Arthur extendió su mano temblorosamente sobre el auricular en el mismo momento en que Molly llegaba corriendo a la cocina con George detrás de ella.
¿Cuál es, Arthur? ¿Cuál es?– decía en la marcha.
Arthur no dijo nada. Solo puso el auricular en su oído y una voz saltarina se escuchó del otro lado.
Aló. Aló. ¿Señora Molly? ¿Don Arthur? Soy Luna–
Hija– dijo el mayor de los Weasley con la voz estrangulada– ¿Qué… qué pasa? ¿Qué le pasa a mi Ginny?–
¡Llegó! ¡Llegó un corazón para Ginny!– se escuchó ruidosamente. Molly se tapó la boca y las lágrimas le saltaron de inmediato. George se apoyó en la puerta y se abrazó al umbral respirando muy hondo. Arthur temblaba. Don Albus en cambio sonreía y le brillaban los ojos.
¿En serio? ¿Van a operar a mi niña ahora?– preguntó Arthur emocionado.
Si. En este instante están entrando a la habitación para preparar a Ginny–
Nos vamos de inmediato. Gracias Luna. Gracias por cuidar a mi hijita– Arthur colgó el teléfono y abrazó a Molly quien ya lloraba sin parar. George tomó el teléfono negro y marcó el número de Hermione para avisarle– Esta es la mejor noche que hemos tenido en años, Molly. La mejor y la primera de muchas más–
Váyanse pronto. No se preocupen por el lugar. Yo cierro.– Se ofreció el cocinero– Y después los alcanzaré en el hospital, claro si no les molesta –
Pero amigo mío. Nunca nos molestaría. Lo esperaremos con ansias–
Los Weasley se metieron al automóvil todo lo rápido que pudieron. George manejaba, pues Arthur estaba demasiado impactado para hacerlo. En el camino recogieron a Hermione que los esperaba también muy nerviosa. El auto no demoró demasiado en llegar al recinto hospitalario y muy pronto estaban todos en el ascensor.
¡Ron!... ¿Alguien le avisó a Ron?– preguntó Molly aferrada a su marido
Yo–Dijo Hermione– Yo le dejé un mensaje en su celular pues estaba apagado. Espero que cuando tenga un momento lo vea– a pesar de la emoción que la embargaba, la mirada de Hermione se nubló al terminar su oración.
Al llegar al piso correspondiente los Weasley se toparon de lleno con la camilla que llevaba a la menor de su clan. Ginny llevaba una gorra en el cabello y catéteres en el brazo y lado derecho del pecho. Luna venía con ella tomándole la mano y hablándole bajito. Ginny temblaba por el susto y la expectativa.
Mira… ya llegaron… ya están aquí–
Ginny giró suavemente la cabeza. Su madre sonreía en medio de las lágrimas, Su hermano George levantaba los pulgares y le guiñaba el ojo. Hermione le miraba con ojos húmedos y brillantes. Su padre se acercaba a ella para tomar la mano que Luna dejaba libre.
Tranquila, pequeña. Todo va a salir muy bien. Te amamos mucho–
Yo… los… amo… tam… bien…– dijo y sus ojos se aguaron– Los… amaré… para… siempre…–
Ánimo, hermanita– Dijo George– Lo que me tiene más feliz de todo esto es que pronto me darás una mano en el restaurante. Ya no doy abasto–
Ginny emitió un gemidito que bien podría interpretarse como una risita. Pronto frunció la frente.
¿Y… Ron?– preguntó pestañeando afligida. No podía ser que su hermanito regalón no estuviera allí justo cuando más lo necesitaba.
Pronto vendrá. – Dijo Arthur– Y Bill y Percy también. Ya deben estar por llegar todos. Tranquila. Todos te acompañaremos, mi pequeña–
Permítanme, por favor– habló la enfermera. El séquito había seguido el andar de la camilla por los pasillos y ahora una puerta doble los interceptaba.– Debo entrar a pabellón con la paciente–
La camilla cruzó las puertas y los Weasley quedaron del otro lado. Molly se abrazó fuertemente a su marido. George se sentó en una silla cercana y Luna y Hermione se tomaron las manos para luego sentarse junto a George. Ahora todo estaba en las manos de los médicos.
Voy a la capilla– Dijo de pronto Arthur– Iré a pedir apoyo al más grande–
Sus pasos lo alejaron de los suyos y una pequeña habitación lo recibió con una luz tenue. Las banquitas estaban desocupadas, excepto una en la que una enfermera rezaba. Arthur cruzó el lugar y tomó uno de los cirios que estaban bajo una cruz hermosamente tallada. Lo encendió y este pasó a acompañar a otros compañeros que ya iluminaban con sus pequeñas lengüitas de fuego. Arthur se acuclilló frente al altar y cruzó sus manos en plegaria.
Estoy aquí ante ti. Estoy aquí para pedirte todo tu amor y tu apoyo. Tú como yo sabemos lo que es ver morir a un hijo y no poder hacer nada para poder salvarlo. Los dos sabemos el dolor que eso nos ha provocado. Ahora te pido por mi pequeña niñita. Ella es mi luz, mi dulce alegría. Te pido con toda el alma que la protejas y la ayudes. Creo en tu misericordia y confío que le darás toda tu bendición–
Luego. En murmullos, Arthur empezó una plegaria. Su voz sonaba como una melodía ininteligible pero serena. Mientras, el fuego de los cirios danzaba en un vaivén rítmico y hermoso. Una tibieza se fue expandiendo y Arthur aspiraba el aire delicadamente.
George bebía un café. Luna se acurrucaba en el hombro de Hermione. Molly no dejaba de mirar por la ventana. La llovizna ahora era una tenue cortina que más parecía rocío. Hermione miraba una y otra vez al ascensor e involuntariamente hacía pequeños pucheritos.
Cuando llegó Don Albus todos lo saludaron como aletargados. A los breves minutos aparecieron Bill con su esposa Fleur y un nervioso Percy. Arthur demoró un poco más pero llegó trayendo un par de vasos plásticos que humeaban un poco dejando uno de ellos en las manos de su esposa. Ya eran las 4:50 y aun quedaba largo tiempo de espera.
De pronto las puertas del ascensor se abrieron y un pelirrojo con el cabello humedecido llegó corriendo. Todos se dieron la vuelta para mirar al recién llegado y Percy frunció el ceño bruscamente.
¡Éstas no son horas de llegar! – le regañó de entrada.
Recién vi el mensaje. No… no tuve tiempo antes– dijo Ron incómodo, evitando la mirada de su madre y la de Hermione.
Si no te hubieras marchado detrás de es…– continuó Percy su ataque, pero Arthur lo interrumpió.
Lo bueno es que ya estás aquí– Le dijo sereno.
Ron bajó la vista y apretó los labios. Se acercó a su padre como esperando un castigo, pero Arthur solo lo abrazó por los hombros
¿Cómo estaba? ¿La viste antes que entrara a pabellón?–Preguntó afligido el muchacho. Ron estaba aterrado y su padre lo advirtió en sus ojos de cielo.
Estaba inquieta, pero la vi feliz. Preguntó por ti. Espero que cuando despierte pueda verte y sepa que has estado con nosotros acompañándola–
Ron pestañeó y se acurrucó en el pecho de su padre. Tenía miedo. Ginny era su hermanita adorada. Su mejor amiga. La amaba demasiado. Rogaba para que su operación saliera bien. Como se odiaba a sí mismo por haberse ido de juerga justo cuando Ginny más lo necesitaba.
La puerta se abrió lentamente. Hedwig ululó como bienvenida. La avecilla parpadeó varias veces y estiró el cuello para mirar bien. Luego inclinó su cuello extrañada. Por la puerta había entrado su amo Harry y venía con su ropa manchada de sangre y algo en un brazo. Detrás de él venía ese humano loco que siempre estaba riendo, pero que esta vez tenía los ojos llenos de lágrimas. La puerta se cerró. ¿Y su amita Cho? ¿Dónde estaba su amita Cho?
Gracias por todo, Seamus– Dijo Harry suspirando hondo
Mañana iré al aeropuerto por los padres de Cho. No te inquietes por nada. Yo me ocupo de todo–
Gracias–
Seamus abrazó a Harry y lo apretó contra él. El llanto ya lo tenía con la garganta destrozada y tragó saliva con fuerza para aplacarlo una vez más.
No me iré. Me quedaré acompañándote– Dijo de pronto.
No. Tranquilo. Yo… yo estaré bien. Solo necesito un poco de silencio–
No quiero dejarte solo–
De verdad… estoy bien–
Seamus aspiró. Exhaló con fuerza. Miró a Harry a los ojos y le palmeó un hombro. Luego dio media vuelta y se marchó cerrando la puerta. Harry pudo escuchar su llanto a través de ella.
El moreno se giró lentamente y su mirada se topó con la oscura de su ave. Hedwig ululó de nuevo y Harry lo interpretó como una pregunta. Una pregunta que no quería contestar.
Ve a tu cuarto Hedwig. Te has quedado aquí casi toda la noche. Pronto amanecerá–
Pero el ave no se movía.
Hedwig… por favor. Ve a tu cuarto–
Hedwig no obedeció. Ululó una vez más y voló de su percha hasta quedar frente a la puerta. Agitó una pata y empezó a golpear la madera mirando a Harry.
Nadie más va a venir, Hedwig. Vamos. Yo te llevo a tu cuarto–
Con el brazo sano tomó al ave y la fue llevando para la cocina, pero Hedwig soltó su brazo de pronto y se posó otra vez frente a la puerta golpeando con el pico. Ululó más fuerte, más angustiada.
No, Hedwig. Ven conmigo. Nadie vendrá. Vamos–
Pero el ave no quería obedecer.
¡Que no me escuchas, pájaro idiota! – Dijo Harry de pronto lleno de rabia y dolor– ¡Nadie vendrá! NADIE–
Hedwig agitó las alitas y enturbió la mirada. Agitó la patita y golpeó otra vez la puerta.
Era tan angustiada la mirada de la lechuza que Harry ya no lo pudo soportar más. Se fue desmoronando lentamente hasta caer de rodillas junto al pájaro. El llanto le ahogó y el cuerpo le tembló incontrolablemente. Hedwig se acercó a su amo y Harry le abrazó destrozado.
No volverá, Hedwig. Ella no volverá nunca más– un gemido doloroso escapó de su garganta– Se fue… se fue muy lejos… Se nos fue, Hedwig… ella no vendrá–
Hedwig no comprendía demasiado lo que su amo le decía, pero sabía que era algo terrible. Abrió las alas y acunó al hombre quien rompió en un llanto desgarrado. Hedwig tembló también. Algo pasaba con la amita. Hedwig tuvo miedo.
Yo la maté, Hedwig… ella quería conducir y no la dejé… El que debió sentarse en ese asiento debí ser yo… ella estaría viva… viva…–
Harry quedó acostado en el suelo con Hedwig apoyada en su estómago. El Ave le acariciaba con la cabeza y él lloraba sin parar. Que importaba que el piso estuviera frío y un poco mojado. Que importaba que la madrugada avanzara ligera para reventar en amanecer. Que importaba el brazo roto que palpitaba violentamente dentro del yeso. Ella se había ido. Ella no lo despertaría nunca más con un beso en cada párpado. Ella no le daría un tibio desayuno otra vez. Nunca más besaría sus labios ni le embriagaría con su delicioso perfume. Su calor se perdería para siempre. Su voz… su mirada, su sonrisa… todo perdido para siempre.
Nunca más escucharía el latido de su corazón.
Hedwig estaba echada con la cabeza apoyada en un costado de Harry. Él mismo estaba tirado en el suelo sin una manta que lo abrigara. Dormía luego que el dolor y el llanto lo derrotaran. El reloj del living movía sus manecillas en la penumbra como único vestigio de que el mundo seguía existiendo. Marcaban las 6:30 de la mañana.
Solo el tic tac y las respiraciones de Harry y Hedwig se escuchaban en el ambiente.
El pabellón estaba en pleno ajetreo. Las manos de los doctores se movían con precisión y rapidez. Las máquinas sonaban en ritmos apagados. Los instrumentos médicos trabajaban sin parar. Era tan delicado el proceso. Mover un nervio, separar una arteria, cortar una vena. El más mínimo error y todo estaría perdido. Las pantallas mostraban en grandes imágenes al cirujano lo que sus manos estaban haciendo. La arsenalera le entregaba el bisturí indicado, la pinza requerida. Solo faltaba un corte, uno más…
Un corazón atrofiado, cansado, fue retirado del cuerpo inmóvil y dejado en una bandeja de metal. Luego otro corazón. Uno rojo de vida, con músculos fuertes y sanos fue tomado con la más dedicada de las delicadezas y puesto en el espacio que el otro había ocupado.
El médico sudaba. El trabajo era intenso. Empezó a unir fibras, venas, arterias…
Esas prodigiosas manos se esmeraron. El cirujano se sentía en su día de suerte. Cada movimiento estaba saliendo perfecto. Como si tuviera una ayuda externa, una ayuda divina. Procedió a la última conexión y estimuló al órgano para que se moviera en su nuevo hogar. Mientras una chica dormida seguía soñando con una esperanza más tangible.
Tun, Tun. Tun, Tun. Tun, Tun…
El corazón volvió a latir. El médico sonrió complacido de su trabajo.
Tun, tun. Tun, Tun. Tun, Tun…
Una energía comenzó a irrigarse en las venas de la chica dormida. Una fuerza nueva la embriagaba de una felicidad desconocida.
Tun, Tun, Tun, tun. Tun, Tun…
Harry abrió los ojos de pronto. Pestañeó y respiró nervioso.
Tun, Tun. Tun, Tun. Tun, Tun.
Lo volvió a oír. Su pecho se llenó de una emoción extraña.
Tun, tun. Tun, tun. Tun, tun…
Creyó que se volvía loco… estaba seguro que escuchaba el latido de un corazón.
