Hola:

Como lo prometí a una simpática lectora, aquí dejo el nuevo capítulo de este fic. El resultado fue producto de mi necesidad de poner un poco de alegría a mi corazón. No hace muchos días perdí a un familiar al cual amo demasiado y quise levantarme el ánimo escribiendo.

Espero les guste lo que dejo. Prometo el nuevo capítulo muy pronto pues ya lo tengo bien esbozado.

Un abrazo a todos los que me leen,

Emily Weasley

Capítulo 4: Empezar de nuevo

Eran ya las 8 de la mañana. Aún no había noticias de la operación y ya Ron no podía con sus nervios y su miedo. Miró a todos en la sala de espera. Molly estaba acurrucada en el pecho de su esposo y ambos hablaban muy bajito. Tan bajito que solo ellos mismos se escuchaban.

Fleur dormía en el hombro de Bill. Luna y Percy conversaban. No hacía mucho rato que Charlie había llamado desde Bulgaria y había avisado que le habían dado una semana libre para poder viajar a Inglaterra. Él también quería estar cerca de la menor de sus hermanos.

Los ojos de Ron de pronto se quedaron pegados a los de su amiga castaña. Hermione estaba mirando por la ventana con las manos juntas. Parecía rezar.

Ron la contempló. Después bajó la cabeza. Hermione había estado junto a su familia cuando él estaba de lujurioso por ahí. Ella había trabajado frenéticamente hasta muy tarde y ahora estaba allí, atenta y pendiente de personas que no llevaban su sangre. Era Maravillosa.

"Es demasiado perfecta. Jamás podría alcanzarla" pensó abatido.

Alzó la vista otra vez y unos ojos protegidos por unos lentes pequeños de media luna lo miraron divertido. Ron pestañeó. Don Albus le sonrió e inclinó la cabeza como invitándolo a acercarse a Hermione. El muchacho se sonrojó y prefirió dar la vuelta y caminar. Al dar la vuelta en la esquina del pasillo se apoyó en el muro. Se dio pequeños golpes en la cabeza con el muro y algunas lágrimas asustadas llenaron sus ojos.

Tenía demasiado miedo por Ginny.

Los recuerdos de una infancia incomparable le llegaron de los lejos y descubrió que cada uno de ellos estaba adornado con los cabellos rojizos y en cascada de su hermana. Recordaba que a ella siempre le gustó jugar con barro y quedar toda sucia. Y allí tenía él que sacarla de la poza que ella hacía con baldes de agua. Era tan agobiante y divertido verla con la carita toda embarrada y una sonrisa grandota.

"deja jugad, Don… salta barro… salta soble Ginny" le decía juguetona cada vez que él le tiraba de la pequeña mano.

Otros recuerdos lo llevaban a carreras por la calle. Los cabellos de Ginny volando en el aire y él evitando que cayera y se lastimara.

Tantos, tantos recuerdos de su enana.

"Eres… el hom… bre… que… más… amo… des… pués… de Papá" Le había dicho una noche luego que ella sufriera una crisis y Ron rompiera a llorar a su lado en la cama del hospital. Siempre habían sido inseparables. Ella siempre tratando de descubrir el mundo y él vigilando sus pasos protegiéndola.

Pero ahora no podía estar con ella para cuidarla. Desde que ella enfermara Ron se había sentido un inútil. Y ahora se sentía además un imbécil. Él no había estado ahí cuando ella entrara a pabellón. Ella quizás pensara que la había abandonado.

Ginny… enanita… Perdóname— susurró.

Hermione seguía mirando por la ventana. Estaba nerviosa, pero al mismo tiempo muy esperanzada. Si todo salía bien, Ginny en poco tiempo más podría volver a su casa y muchas cosas cambiarían. Los Weasley estarían muy felices y ella tendría a su mejor amiga junto a ella. No quería pensar en otra cosa que en la pronta recuperación de Ginny y no se permitió pensar en Ronald ni en Lavender. No era el momento. Ahora todo debía girar en torno a su querida amiga.

Linda—

Hermione salió de su ensoñación y miró al señor Albus. Éste sonrió paternalmente y le tomó del hombro.

¿Sucede algo, señor Dumbledore?—

Pues, dos cosas muchacha. Una, que la señorita Weasley mejorará, no te preocupes por ello. Ella está en buenas manos y estoy seguro que ahora es dueña de un corazón poderoso. Pero lo que me preocupa en la segunda cosa. Un joven muy angustiado se ha ido por ese pasillo. Lo vi muy mal. Quizás tú puedas acompañarlo en estos momentos. Sé que le tienes mucho aprecio—

Hermione miró a su alrededor y luego volvió su mirada otra vez al señor Albus. Luego bajó la vista. Ron se había ido quizás a donde y ella no se atrevía a seguirlo. De seguro Ron quería que fuera Lavender quien estuviera a su lado en esos momentos. Ella, Hermione, no lo quería molestar.

Lo más probable es que quiera estar solo— susurró.

Yo lo dudo. Y ante la duda es mejor averiguar. Yo soy muy viejo y feo para que el muchacho me preste atención. En cambio tu eres joven y muy bella, y un joven siempre estará encantado de que alguien como tú quiera consolarlo— la chica lo miró nerviosa— Ve, no creo que haya ido muy lejos—

La castaña se levantó y luego de sonreírle brevemente al anciano empezó a caminar por el pasillo. A cada paso su corazón saltaba más fuerte. Ella quería ir con Ron, pero ¿Si él se molestaba?

Lentamente giró en la esquina. Allí poyado contra el muro y mirando hacia el cielo raso del pasillo contiguo Ron estaba perdidos en pensamientos muy profundos. Una lágrima tímida estaba recorriendo su mejilla pecosa. La muchacha se le quedó mirando lo más silenciosa que pudo. Se había sentido una intrusa al invadir la privada inquietud del pelirrojo. Pero aun así quería ir con él y consolarlo, apoyarlo, acogerlo para hacer su angustia más liviana. Hermione era consciente de que la operación a la que Ginny estaba siendo sometida era muy complicada y riesgosa, y sabía que eso tenía a Ron aterrado. Ella era testigo del gran amor fraterno de ambos pelirrojos. Sabía que Ron sufría.

Lo siguiente que hizo solo fue el acto reflejo de su necesidad de arrullarlo. Sin proponérselo se acercó a él y le tomó la mano más cercana a ella. De inmediato Ron bajó su rostro extrañado a su mano para luego dirigir su mirada hacia la persona que lo tocaba. El joven pestañeó al encontrarse con esos ojos color miel y con su mano libre secó la mejilla. Se había avergonzado.

Yo… eh… eh…–

No te aflijas. Comprendo muy bien. Sé que estás angustiado por ella. Es lógico, es tu hermanita. Yo… yo quiero que sepas que si quieres conversar o simplemente quedarte en silencio yo estoy dispuesta a acompañarte – Luego la chica apretó sus labios con duda – Y claro… si quieres estar solo, yo entiendo –

Ron permaneció callado bajando la vista. Hermione lo interpretó como el deseo tácito de Ron de estar solo. Sonrió tristemente y dio la vuelta soltando la mano que sostenía. Era obvio que había sido una tonta en escuchar al señor Albus. Un dolorcito arrasador se hundió en su pecho y quiso marcharse lo más rápido posible.

Pero la mano que soltó apretó la suya.

No quiero estar solo –

Hermione se giró hacia Ron y vio sus ojos azules asustados y húmedos. Una súbita ternura se esparció en su interior. Sin proponérselo otra vez, su mano libre fue hasta el rostro de él y le acarició la ceja con el pulgar. Los ojos de ella también se humedecieron. Entonces Ron dio un tironcito a su mano atrapada y la atrajo para atraparla en un abrazo.

Mione… tengo miedo… tengo mucho miedo…–

Calma… ya verás que todo sale bien… tranquilo, tranquilo – Ron la apretó un poco más contra su cuerpo mientras ella le frotaba la espalda con delicadeza – Ella es una mujer fuerte, y de seguro su corazón nuevo también lo es – Él se escondió en el hueco de su cuello.

La quiero mucho, Mione. Desde que Fred murió y ella enfermó he vivido en el infierno –

Pero todo terminará hoy, Ron. Y todos vamos a estar felices cuando ella vuelva a bailar –

Cuando ese otro corazón se fundé en el tuyo complementándose, el tiempo parece dilatarse. Pareciera que cada segundo fuese una hora y que todo se detuviera a tu alrededor. Ron y Hermione permanecieron no supieron cuando rato así. Abrazados. Entrelazados en un abrazo cálido y dulce. Ron, como un niño pequeño, sollozó un poquito y ella subió su mano para acariciar su cabello consolándolo. Hasta ese momento, y a pesar de que la situación era inquietante, Hermione jamás se había sentido tan feliz. Él estaba en sus brazos.

Eres maravillosa – susurró Ron de pronto – Debes estar cansada, trabajaste hasta muy tarde. No has dormido nada y estás aquí consolando a un cretino – Sonrió y fijó sus ojos en los de ella – No merezco tanta dulzura –

El corazón enamorado de la castaña latió aun más fuerte. Estaba muda. No podía hablar ni sabía que decir. Pero sus ojos gritaban lo que sus labios no podían pronunciar.

¡Doctor! ¿Cómo salió todo! ¿Cómo está mi Ginny? –

Las palabras fuertes y ansiosas de Molly los despertó de ese ensueño en el que se habían sumergido. Ron tomó firme la mano de la chica y la llevó consigo a donde toda la familia esperaba casi acorralando al médico. Éste no había podido decir nada pues todos lo atosigaban a preguntas.

Calma – Dijo con voz un poco cansada – Fue una operación larga pero todo salió estupendo. Ginebra ya tiene un nuevo y vigoroso corazón. Si mi diagnóstico es correcto la joven podrá salir muy pronto del hospital. Eso sí, deberá tomar las drogas supresoras con rigurosidad intachable –

Por supuesto, doctor. Yo voy a dedicarme a ello por completo – Dijo Molly emocionada y abrazada al pecho de su marido.

Todos ahora dibujaban en sus rostros una sonrisa amplia y radiante. Ron estrechó la mano de Hermione y la miró aliviado. Ella le sonrió y le correspondió el apretón.

Caminó por la cocina como un sonámbulo. Después de muchas horas al fin estaba solo en la casa. No quiso quedarse más tiempo en la de su padrino, en donde había tenido el agobiante deber de atender a todos los que fueron a dar su último adiós a Cho. Sirius se había encargado de todo pues él no tenía cabeza para nada. Solo sabía que la tumba estaba en el mausoleo familiar y que los trámites ya estaban hechos.

Sirius le había propuesto quedarse unos días con él, pero Harry necesitaba aire. Además Hedwig se había plantado en el recibidor y no había forma de moverla. Harry se había visto obligado a llevarle el agua y la comida pues el ave seguía esperando. Esperando a alguien que no vendría.

Se sirvió una copa de vino. Luego caminó hasta el living se tendió en el sillón con la cabeza apoyada en el respaldo.

¿Cómo había llegado a su casa?

No recordaba mucho. Su mente se había cubierto de una neblina espesa desde el momento en que tuvo que ir en busca del cuerpo de su esposa. De allí el recuerdo saltaba a una habitación iluminada tenuemente y olor a flores. Un cajón… si, un cajón estaba en medio. Más tarde su recuerdo saltó a una caminata entre lápidas para llegar a un recinto de mármol y piedra frío. Después solo dolor. Un dolor en su cabeza, en su brazo y sobretodo en su corazón. Y luego estaba allí, sentado en el sillón con una copa en la mano.

Solo, completamente solo.

Como pudo soltó el nudo de la corbata. Odiaba las corbatas. Cho siempre lo tenía que estar regañando para que se pusiera una y ella era siempre la encargada de colocarla en su correcta posición. ¿Quién ahora lo regañaría para que usara una?

De pronto se hizo demasiado consciente del silencio. Ya ni Hedwig ululaba. Una desesperación le tironeó de los cabellos y tembló.

¿Qué voy a hacer ahora? No puedo soportar esto… Has estado conmigo casi la mitad de mi vida… Aun te siento en el aire - Se tapó los ojos llorosos con los dedos - Incluso aun creo escuchar tu corazón… -

Seamus fue a verlo al día siguiente, pero Harry no deseaba ver a nadie. A pesar del ostracismo con el cual se comportaba, Seamus tuvo la paciencia de ignorarlo y preocuparse de ordenar un poco la casa y alimentar a Hedwig.

Seamus no era su amigo íntimo en verdad. Era el mejor amigo de Cho y quizás por eso, por una gran lealtad a la amiga fallecida, Seamus había decidido estar al lado de Harry todo el tiempo que fuera necesario. Aunque al principio solo se había convertido en una molestia, con el paso de los días fue convirtiéndose en la única conexión con el mundo, aparte de Sirius.

Pronto su padrino se dejó caer en su casa. Lo zamarreaba para que se bañara y lo obligaba a comer. Había arreglado con una señora lavar su ropa y limpiar la casa, pero ella se atemorizó con Hedwig. Las otras cuatro señoras que entrevistó después tuvieron el mismo comportamiento. Solo logró que una aceptara cuidar del jardín y entregar la ropa lavada y planchada, pero nadie quiso enfrentarse a la lechuza. Sirius pensó que quizás eso sería bueno. Así Harry tendría que verse obligado a asear su casa y preocuparse por su mascota. Tendría cosas que hacer.

Con el trabajo era lo mismo. Harry había pasado dos semanas ignorando sus obligaciones laborales, pero su padrino le recriminó. Su dolor no debía ser escusa para ser negligente. Había proyectos y personas que esperaban un buen trabajo de su parte. Había personas que dependían de él. Familias. Harry no podía darse el lujo de abandonarlo todo.

Harry al comienzo no le importaba nada de lo que Sirius dijera. Todo le daba lo mismo, pero entonces el moreno le dijo algo que le encendió la sangre.

Supe que van a comenzar con el proyecto del hábitat del gorila. Creo que lo licitarán, pero según me contó Seamus… Malfoy Architecture se lo adjudicará –

¡¿Qué?! -

Sí, parece que Lucius Malfoy le cederá el proyecto a su hijo. Hay que reconocer que le tiene confianza al muchacho –

NO ¡Ese proyecto es mío! ¡Le prometí a Cho que le construiría un hogar a Arnold! ¡No me lo pueden quitar! –

¿Acaso has hecho algo para reclamarlo? No creerás que los accionistas del Zoológico vendrán a tu puerta para rogarte que les hagas el trabajo –

Ese proyecto me pertenece – gruñó el joven y un relámpago se cruzó en su mirada – No dejaré que nadie más lo haga. Mucho menos Draco Malfoy. Sé lo prometí a ella y lo voy a cumplir –

A primera hora del día siguiente Sirius lo vio salir de la casa decidido. Black sabía que Harry iba a mover cielo y tierra para conseguir adjudicarse la construcción del hábitat de Arnold y Helga. Aspiró aire satisfecho de si mismo. Había movido los hilos con maestría. Ahora Harry tendría un objetivo para seguir viviendo. Para cuando terminara la construcción, el padrino del joven viudo esperaba que las heridas emocionales de Harry cicatrizarán y que encontrara otras motivaciones.

– Quizás una hermosa chica pudiera cruzarse en su camino. Harry merece ser amado. ¿Qué piensas tú, Hedwig? – Le preguntó al ave que hacía guardia en el recibidor mientras le acercaba el cuenco con comida – A lo mejor algún día tengas una nueva ama. Y conociendo a mi ahijado sé que será una chica grandiosa –

Hedwig solo ululó algo resentida. Sirius le sonrió con tristeza.

Sé que también la extrañas, pero tanto tú como él necesitan volver a querer a alguien –

La luz empezó a molestar sus ojos. Poco a poco fue abriéndolos en pequeños pestañeos. Estaba algo cansada, pero ya sentía el correr de su sangre como un corriente interminable. Tomó aire y enfocó la vista. Cuatro pares de ojos la estaban mirando. Unos castaños y sabios, los otros azules y soñadores. Dos sonrisas amplias. Esbozó la suya.

Luna… Hermione –

Hola, pelirroja – Saludó la señora Longbottom – Creo que te diste la gran siesta. Hace mucho que esperábamos que despertaras –

Ginny ¿Cómo te sientes? – Preguntó la castaña tomándole la mano –

Como si hubiera… dormido una larga siesta… por años –

Te ves radiante – continuó la rubia – A penas nos den permiso arreglaremos tu cabello y pintaremos tus labios. Tendrás muchas visitas y tienen que verte bellísima –

Luna, Ginny debe descansar. La operación fue muy exhaustiva –

Pero no tiene que dejar que la vean ojerosa y pálida. Ahora todo es distinto. Ahora debe disfrutar la vida al máximo –

Pero, Luna, ella…–

¿Cuándo podré… irme a casa? –

Él médico no ha dado una fecha todavía – contestó Hermione – Pero está muy optimista. Dijo que todo encajó en el momento justo. Tú aún no estabas completamente devastada por la enfermedad, El corazón que te dieron es joven y muy fuerte. El procedimiento fue exitoso –

Es obra de la Providencia. Tu ángel guardián hizo un muy buen trabajo – contrarrestó, Luna – Y tu padre rezó mucho por ti. Dios te ha dado una nueva oportunidad –

Bueno, se puede creer que hubo alguna intervención "Divina", pero la verdad es que se complementaron un sinnúmero de factores – Alegó Hermione – El cirujano es uno de los mejores. Este Hospital es muy bueno. Y Ginny fue diagnosticada con mucha antelación –

Sí, Hermione. Pero el corazón no apareció por obra y gracia de los médicos. Fue Dios. Ya, mujer, libera tu cabeza de los nargles – sonrió la rubia. Hermione solo rodó los ojos.

Ginny miraba divertida a ambas mujeres. Le encantaba cuando chocaban en sus opiniones. Hermione tan centrada en la lógica, Luna fantaseando con lo increíble. Las quería a las dos.

¿ Y los demás? –

Tus padres están con el médico. Bill y Percy tuvieron que volver a sus trabajos. George junto al señor Albus se están haciendo cargo del restaurante y Ron – y allí Luna le guiñó el ojo a Hermione – Está afuera pues solo nos permiten entrar de a dos a verte –

Quiero verlo… déjenlo venir – sonrió la pelirroja.

Voy buscarlo – se apresuró a decir Hermione quien estaba colorada por el gesto de Luna

Claro que no. Iré yo. Además tengo que ir a casa para ver que desastre tiene Neville y los niños. Estoy segura que hay una torre de loza sucia y que apenas si se han cambiado calzoncillos –

Luna le dio un beso en la frente a Ginny y otro en la mejilla a Hermione. Tomó su chillón bolso de colores y salió tarareando una melodía. Ginny entonces miró a Hermione interrogativamente, pero su amiga no pudo responder nada pues un pelirrojo asomaba por la puerta sonriente.

Hola, enana –

Hola, tonto –

Ron dio una pocas zancadas y se hizo lugar al lado de su hermana. Le besó el dorso de la mano y su mirada se volvió acuosa.

Perdóname por no haber estado aquí cuando entraste a pabellón –

Eso depende –

¿ De qué? –

De que una vez… que salga de aquí… me lleves a andar… en bicicleta al campo. Como cuando éramos chicos –

Te lo prometo – afirmó Ron

Y Llevaremos… A Hermione – Dijo entonces la pelirroja girándose a la amiga que miraba la escena enternecida – La liberaremos… de los nargles – y sonrió.

Al cabo de tres semanas Ginny al fin pudo volver a su hogar. Los Weasley hicieron una hermosa recepción en donde invitaron a todos aquellos que estuvieron con ellos en los momentos más difíciles. Luna corría por el restaurante detrás de Tomás y Jack para evitar que hicieran algún destrozo pero muy pronto dio una orden enérgica a Neville de hacerse cargo. El pobre Neville aspiró aire resignado mientras George y Ron reían de su desgracia.

Eso te pasa por embarazarla tanto, Neville – dijo George – y espérate a cuando nazca el diablillo que ella lleva en la panza. Ahí si que no darás abasto –

No me digas eso, George – dijo Neville asustado – Que si vuelve a salirnos un travieso más, Luna me dijo que nunca más me permitía tocarla –

Entonces empieza a comprarte una muñeca inflable – Porque como se comporta Luna estoy seguro que viene otro bandido – remató George provocando que Ron riera más fuerte.

¡Neville Longbottom! ¡Ve y encárgate de tus hijos! ¡ Jack se está subiendo a la barra! – Le dijo Luna cruzándose de brazos

Ya voy… ya voy – se fue diciendo el moreno.

Los pelirrojos volvieron a reír. Hacía tanto tiempo que no se reían de esa manera. Desde que Fred muriera la alegría se había perdido en la Madriguera y George tuvo que pasar por muchas cosas para poder reponerse a la pérdida. Las cosas empeoraron cuando Ginny empezó a manifestar concretamente que ella había heredado la misma enfermedad. Pero ahora la más pequeña de los Weasley volvía a casa con la promesa de una vida. George sentía que ella estaba viviendo tanto su propia oportunidad como la de Fred.

Ginny aun no podía hacer mucho esfuerzo físico por lo cual tuvo que resignarse a los mimos exagerados de su familia. Su padre la cargaba a todo lugar. Su madre le atendía hasta en el más mínimo detalle. Sus hermanos la atosigaban. Sus amigas la complacían. Los únicos que la trataban como a cualquiera eran su sobrinita Victorie y los pilluelos Longbottom. Ah, y el señor Albus, quien le había dicho que no se acostumbrara mucho a los regaloneos.

Eres muy joven para que estés acostada todo el día, muchacha. Empieza a ejercitar esas piernas pues cuando menos te los esperes te llegará un regalo. Afuera hace un sol muy lindo. Y tú tienes la piel muy pálida. Necesitas broncearte –

La fiesta estaba en su apogeo. El restaurante había sido cerrado para solo albergar la fiesta familiar. Bill y Feur, Percy algo molesto por el ruido que los niños causaban, Luna y Neville que casa cierto tiempo batallaban con sus hijos para que se quedaran tranquilos. George que junto a Ron servían tragos. Don Albus que había hecho una excelente comida. Lee Jordan, un amigo incondicional de los gemelos y que ahora era el pilar en donde George se apoyaba. Dos familias más que los acompañaban y Hermione con su madre. Todos estaban contentos y Ginny solo quería terminar de cortar las cuerdas que aun la amarraban para poder volar con alas extendidas.

Te has puesto muy guapa, Ginny. Si no fuera porque tus hermanos me darían una paliza te invitaría a salir – bromeaba Lee

Pues no quiero hacerme responsable de un crimen, Lee – rió la chica

Ni yo quiero que tus hermanos me destrocen mi perfil griego – contestó también el negrito – En todo caso te digo que pronto tendrás que andar con cuidado. Una vez que puedas quitarte a tu familia de encima y puedas caminar sola por la calle, te lloverán los pretendientes. Y yo, como buen amigo de Fred, me veré en la obligación de reemplazarlo al momento de las palizas –

Ni se te ocurra, Lee. Y ve ya diciéndole a mis hermanos que ni se atrevan a hacer algo así. Mira que cuando recupere mi salud por completo los tendré cortitos a los cinco –

De pronto Ginny entrecerró los ojos y una sonrisa pícara se dibujó en sus labios. Ron había dejado solo a George en la barra y ahora estaba muy animado conversando con Hermione en un rincón del comedor. La castaña sonría nerviosa y sus ojos brillaban. Ron también.

Ay, que bien. Creo que las cosas están mejorando más de lo que pensaba – susurró para si misma. – suspiró y poco a poco se puso melancólica. – Ojala algún día apareciera alguien que me tuviera arrinconadita en un rincón del comedor a mí también – Volvió a suspirar

Si alguien te tuviera así contigo tan cerquita, tus hermanos se vuelven locos – sintió la risa de Luna – Que suerte para Ron que Hermione no tenga hermanos. Se ven lindos juntos –

Mucho – contestó la pelirroja

Pronto ese corazón que cargas te llevará con ese ser especial, Ginny – Dijo Luna – tengo la impresión que lo único que lo mantiene fuerte y latiendo es volver con su verdadero dueño –

¿Qué dices, Luna? –

¿Acaso no escuchas su voz? – le dijo su amiga apoyando su oído en el pecho de la joven – Dice, volveré a ti, volveré a ti. Ese corazón está enamorado y cuando menos lo esperes te lanzará a los brazos de ese hombre que ahora solo aparece en tus sueños –

Eres una romántica, Luna – dijo Ginny moviendo la cabeza

UUUUUU… mucho. Sino ¿Por qué ya tengo dos pequeños bandidos y un tercero en camino? Desde que vi a Neville por primera vez supe que iba a ser mío y luché hasta conseguirlo. Jajaja, claro que ahora no me lo puedo sacar de encima… ¡Tomás! ¡Deja de ahorcar a tu hermano! ¡Sino tu padre querrá otro hijo más! –

Y Luna salió rápidamente a rescatar a Jack de las manos de Tomás y a regañar a Neville por no estar atento. Ginny los miraba sin dejar de reír.

Entonces algo inesperado sucedió. Una mujer voluptuosa se metió a la fiesta de improviso y caminó directamente a la pareja que conversaba en el rincón del comedor. La sonrisa de Ginny desapareció de inmediato y miró con angustia a George que también se había percatado de la presencia de la mujer. El pelirrojo intentó apresurarse e interceptarla pero a Lavender no la podría detener ni siquiera un muro.

¡Ro-Ro! –

Ron dio un salto y miró a la recién llegada con sorpresa. Luego miró a Hermione con aprehensión. A la castaña se le subieron los colores al rostro y rivalizaban con las mejillas encendidas y la mirada relampagueante de la rubia.

¿Qué haces aquí, Lav?–

¡Pues yo me pregunto que hace ésta aquí! –

Hermione es amiga de la familia y ésta es una celebración familiar, Lavender – devolvió el muchacho molesto

¡Y yo soy tu novia, Ro-Ro! ¡Y no fui invitada! –

Voy a ver como está Ginny – fue lo que dijo Hermione para salir de allí. Se había sentido mal al escuchar que Lavender aún era la novia de Ron –

Hermione… yo…–

Deja que se vaya. Ella no tiene porque estar con mi novio –

Lavender, ¿Te das cuenta que estás haciendo un escándalo en mi casa? ¿Con toda mi familia presente? – gruñó Ron ya enojado – No quiero que Ginny pase un mal rato –

Ginny ya está bien. ¿No tiene acaso un nuevo corazón? En cambio yo estoy dolida, ofendida –

No te podía invitar. Solo podían venir los amigos de Ginny y la verdad es que no le caes muy bien –

¿Y sabes la causa? Es por esas dos arpías. Luna y Hermione siempre la pusieron en mi contra. Como no soportan que yo sea más linda me dejan mal con la hermana de mi novio. Sin contar que esa Hermione tiene otras intenciones además –

No seas tonta, Lav. Nadie ha puesto a Ginny en tu contra. Solo que no le caes bien y punto. Y No sé que intenciones tendría Mione de dejarte mal con mi hermana –

¡¿Mione?! ¡¿Tanta confianza se tienen ahora?! –

Ron la tomó del brazo y la fue sacando del comedor antes que su madre llegara donde ellos estaban. Todos ya eran testigos del berrinche de la rubia y Ron temía el huracán que su madre pudiera causar.

¿Puedes calmarte? Ahora tendré que aguantar el regaño de mi madre –

¡Yo solo reclamo lo que es mío! Tengo derecho a estar en esta fiesta porque soy tu novia. Tu mujer. Tu familia tiene que aceptar que nos amamos –

Lavender… yo… –

La muchacha no quiso escuchar algo que pudiera resquebrajar su relación. Se lanzó al cuello de su novio y lo besó con lujuria. Ante aquel impulso Ron chocó contra el muro y se dio un golpe en la cabeza. Pero Lavender no lo soltaba. A cada momento el beso se volvía más candente y el instinto del hombre se despertó. Apretó a la chica de las caderas y la atrajo a las suyas.

¿Ves, Ro-Ro? Me necesitas tanto como yo a ti – Le susurró ella contorneándose y tentando la virilidad del joven – Estamos hechos el uno para el otro –

Esas palabras cayeron como rocas sobre el corazón de Hermione que los había visto. Se alejó cuanto pudo y escondida en el patio trasero, junto al huerto de la señora Molly se puso a llorar.

Los días recientes ella había vivido en un sueño. Ron estaba siempre con ella y conversaban, se miraban. Él le agradecía su compañía y su disposición para con su familia. Y ella lo había mal interpretado. Él solo la veía como una gran amiga… Pero a Lavender la veía como a una mujer… su mujer.

Por la ventana la miraba Ginny. Estaba triste por su amiga. No sabía que hacer para que Ron se despabilara y comprendiera que Hermione era la mujer perfecta para él.

Parece que amar no es tan bonito como dicen… quizás duele mucho más que tener un corazón enfermo – susurró y bebió de su jugo.

Lo había conseguido. Había tenido que pelear con medio mundo pero al fin se había adjudicado el proyecto de construcción del hábitat de los gorilas. Incluso había estado a punto de irse a los puñetazos con Draco Malfoy. Pero ahora el proyecto era suyo.

Te vas a arrepentir de esto, Potter – Le dijo el rubio – Te aseguro que no te dejaré en paz hasta que el proyecto vuelva a mis manos –

Ni lo sueñes, Malfoy. Voy a ser el único que le construya un hogar a Arnold. Porque eso era lo que quería mi esposa –

Estúpido sentimental. No eres ni la mitad de talentoso que yo. Pero claro, yo no tengo santos en la corte como tú. Fue muy sucio engatusar a Slughorn para que te financiara el resto del proyecto. Pero me las vas a pagar. Te lo juro –

Las palabras odiosas de Malfoy quedaron suspendidas en el aire. A Harry lo tenían sin cuidado sus amenazas. El enojo de un hombre resentido acostumbrado que le dieran el gusto en todo le resbalaba. Harry solo tenía en mente preparar los planos y luego levantar el hábitat. Nada más importaba.

Es por eso que no tomó en cuenta nada más. Ni la invitación a irse de vacaciones con Sirius a Escocia ni las invitaciones de Seamus a distraer la mente y beber un poco. Todo su ser estaba centrado en la construcción del hogar de Arnold. Después de eso… no tenía idea que iba a hacer.