Hola:

Tanto tiempo lejos de este fic y añorando continuarlo.

He estado muy ocupada actualizando "El Cazador" y dejé todo lo demás abandonado. Pero ya volví con un nuevo capítulo.

Espero que les guste lo que he escrito.

Un saludo enorme a todas.

Yaem Gy

Capítulo 5: Un año después

Salió de su habitación y bajó las escaleras casi como si flotara. Dio un giro gracioso y su pelo siguió el movimiento como si fuera una estela. Era lunes, y tenía una cita con el médico para que le indicase como estaba evolucionando después de tanto tiempo. Fue al pequeño huerto para darle un tierno y sonoro beso a su madre y luego giró alrededor de George como si fuera una mariposa a punto de posarse en una flor.

Me mareas. Deja de moverte así, mosquito – le dijo su hermano echándola de su lado como si fuera un bicho – shuu, shuu… que me vas a espantar a la linda chica que viene a ofrecernos sus productos –

Pero si solo venía a darte un tremendo beso – Y lo agarró del cuello para golpearle el rostro con un beso – de despedida. Voy al médico. Después paso a casa de Luna a cuidar de Vivian. Esta noche ella y Neville tienen una cita –

Uuuuuuuu, eso quiere decir que en nueve meses más tendrás que cuidar a otro bebé. Esos dos parecen abejas trabajadoras. Se les va a llenar la casa de chiquillos –

Ginny rió de buena gana y se alejó de su hermano agitándole una mano. Entró de nuevo al sector donde estaba el comedor y bar del restaurante y se miró al espejo. Arregló algunos cabellos que se habían salido del orden y metió la mano al bolsillo de su suéter del cual sacó un frasquito. Untó un poco de crema maquilladora en el borde del escote. Se miró otra vez, pero no quedó muy complacida del resultado. Se llenó los dedos de otra porción de crema y volvió a maquillar el rastro visible de su cicatriz. Cerró su suéter para esconderla y suspiró un poco triste. Esa cicatriz era lo único feo que conllevaba tener un corazón nuevo.

Si tú la olvidas todos los demás también la olvidaran – escuchó a su padre, cuyo rostro se reflejó en el espejo – No creas que por ella te ves menos hermosa –

No me gusta. Y no me gusta que todo el mundo se quede mirándola – gruñó la pelirroja .

Ya te dije, ignórala – trató de consolarle Arthur.

Si, si – dijo la chica un poco cansada de la misma conversación – me voy al médico y después donde Luna-

Te puedo llevar en la camioneta o pedirle a George que lo haga – ofreció solícito el padre.

Puedo ir en mi bicicleta. No queda tan lejos –

¿Pero si te cansas? ¿O si te encuentras con un mal conductor? ¿ O si… –

¡Papá! – protestó Ginny

Es que aun estás muy delicada. Necesitas que te cuidemos –

Yo pienso que Ginny ya puede andar por el mundo sin escolta, señor Arthur – intervino Don Albus – Y el día está muy bello para un paseo en bicicleta-

Pero tuvo un transplante. Y la bicicleta puede agitarla…–

No quiero estar dependiendo de ustedes para todo, papá. Yo ya estoy bien –

Vamos, señor Arthur. Deje que la chica se vaya sola – ayudó el anciano – Ve, Ginny. Que tengas una linda tarde –

Don Albus le guiñó un ojo a la chica y ella sonrió. Se apresuró antes de que su padre retomara las aprensiones y salió del lugar casi a saltitos. Buscó su bicicleta, la cual estaba enganchada a un enclave y salió pedaleando con una sonrisa. La bicicleta era ya algo vieja y tenía ciertos problemas con los frenos y la cadena, pero a Ginny le gustaba. Lo único que lamentaba era que no tuviera un canastillo en donde poner cosas entretenidas que llevar.

La brisa le revoloteaba los cabellos. El aire golpeaba suavemente su faz. Fue bajando la pequeña cuesta y admiró la hermosa fotografía que el entorno le regalaba. Mientras bajaba de su boca salieron melódicos sonidos de una antigua canción.

Era casi feliz… al fin era casi feliz… casi.

En la consulta médica trató de entablar con el médico una conversación, El doctor tomaba los signos vitales y anotaba en el expediente. La enfermera le tomaba el pulso. Eran tres en esa salita, pero Ginny sentía que estaba sola. Ellos solo se preocupaban de su trabajo y no escuchaban sus reflexiones sobre su situación en particular.

Ginny se sentía agradecida de la vida. Ésta le había dado una nueva oportunidad, pero su felicidad estaba cimentada en la desgracia y el dolor de otros seres. Alguien había muerto y gracias a eso ella estaba viva. Y a pesar de que no era su culpa, ella se sentía veces un poco angustiada. No sabía quienes habían sido aquellos a quienes le debía seguir respirando. Cuando quiso averiguarlo, la comisión de transplantes le había negado la información de cómo ubicarlos.

"Políticas de la entidad, le habían dicho.

Lo único que le ofrecieron era ser receptores del agradecimiento que ella entregara. Le habían dicho que podía mandar una carta a los familiares del donante a la dirección de la corporación y que ellos se encargarían de entregar el mensaje a la mayor brevedad posible.

"Algo es algo" pensó en su momento la muchacha, pero no se encontraba satisfecha con la alternativa.

Habló y hablo de sus pensamientos, pero ni el médico ni la enfermera la escucharon. Estaban demasiado concentrados en su trabajo. Solo balbuceaban monosílabos a modo de contestación a sus dichos.

Nuestra siguiente cita es en dos meses. Sigue con tus medicamentos. Un gusto de verte, Ginny – Le dijo el médico, ahora si atento a la despedida.

Lo mismo digo – dijo la chica con cierto tono de ironía – Agradezco el tiempo que me dedica –

Oh, es un gusto charlar contigo. Salúdame a tus padres –

La chica salió de la consulta meneando la cabeza.

El viaje a la casa de Luna fue tan entretenido como el hecho a la consulta. Cuando Luna abrió la puerta, Ginny pudo observar un campo de batalla. Tomás estaba saltando en el sillón, Jack colgaba de los barrotes de las escaleras. Vivian lanzaba juguetes al aire. Luna los regañaba y regañaba a Neville que agarraba a sus dos hijos mayores de la cintura y los dejaba colgando de sus costados mientras ellos pataleaban sonrientes.

Neville Longbottom. Si no controlas a tus hijos de una buena vez, vete despidiendo de la cita. – le amenazó con un dedo.

Ya escucharon par de revoltosos. Si no se controlan no saldré con su madre y si no salgo con su madre les enterraré en el jardín de cabeza –

¿Me saldrán raíces de las orejas, papá? – Preguntó Jack riendo

¿O tal vez hojitas de los pies? – apoyó Tomás.

No lo creo, pero las hormigas les comerán los ojos – Protestó Neville tirando de Jack que se había sujetado de uno de los barrotes de la escalera. – Se quedan sentados y tranquilos y se portan obedientes con tía Ginny. Una sola queja de ella y los lanzo por la ventana –

¡Neville! – reprobó Luna

Solo bromeaba – se disculpó su marido – Les pondré mucha ropa encima antes de lanzarlos… así rebotan –

Ginny reía de buena gana. Era todo un desafío hacerse cargo de los niños Longbottom. Desde que Luna y Neville se casaran esa casa era un caos, pero ellos eran felices con sus pequeños terremotitos. Jack y Tomás eran unos pilluelos y siempre mantenían muy activa y atenta a su madre. A su padre no le daban tregua pero aunque Neville pusiera cara de ogro con ellos, los chicos se lo ganaban. Al menos tenía esperanzas de que la pequeña Vivian fuera toda una damita delicada y no le diera dolores de cabeza.

Pero al ver a la bebé lanzando juguetes y gritando alocadamente, vitoreando las locuras de sus hermanos, parecía que las esperanzas de Neville eran vanas.

¿Cómo has estado? – preguntó Luna a Ginny una vez que los chicos se calmaran y jugaran entre ellos un rato mientras Neville recogía los juguetes lanzados por su hijita.

Bien… como siempre… –

¿Alguna novedad con la academia de danza en Irlanda? –

Nada aún. Además mi padre se muere si me sale la beca y me marcho. Apenas pude zafarme hoy. Quería traerme en la camioneta a todo lugar a donde iba –

Debes comprenderlo. Aun no se acostumbra a que ahora puedes ser independiente –

Hola, Ginny – saludó Neville – Bueno, nosotros estaremos de vuelta en dos horas y espero que para entonces estos monstritos ya estén dormidos –

Difícil después de que se te ocurriera darles tantos dulces. Los llenaste de azúcar y ahora se desquitarán con Ginny – Se quejó Luna – Ay, amiga. Siempre lo hace y después me toca a mí cuidarlos. Te compadezco –

No te preocupes. Yo me las puedo arreglar bien. Vayan tranquilos –

Bien – sonrió Luna ampliamente – Cualquier cosa me llamas – Luna se giró hacia sus hijos y los miró amenazante con los brazos en jarras – Y ustedes, par de traviesos. Que yo sepa que le hicieron algo a Tía Ginny – masculló.

Ambos chicos pusieron cara de miedo.

Neville tomó su chaqueta con una mano y la cintura de su esposa con la otra. Se acercaron a la puerta y entonces él dio la vuelta para decirle una última cosa a Ginny.

No hagas planes para el jueves. Tendremos un invitado –

¿Invitado? – preguntó Ginny curiosa.

Oh, si. Al cabezota de mi esposo se le ocurrió ser cupido. Te quiere presentar a un amigo suyo. –

¿Qué? NOOO – dijo la pelirroja meneando la cabeza.

Oh, que tiene, Ginny. Eres muy linda y es una lástima que no tengas un novio. Además a mi amigo ya le conté que te operaron del pecho –

¿Queee? ¡Pero, Neville! De seguro tu amigo cree que me pusieron… – y Ginny hizo un gesto con ambas manos abarcando su busto a la distancia – ¡Estás loco! –

Eso mismo le dije yo – intervino Luna

No sean histéricas. Ya verás Ginny que mi amigo te agrada. Bueno, Nos vemos más tarde –

Pero… pero… –

La puerta se cerró y la pelirroja quedó plantada al piso. Jack y Tomás, al ver que no hacía movimiento alguno, saltaron del sillón y se subieron a la mesa para bailar en ella al ritmo de la canción que se escuchaba en la radio. Vivian daba grititos como si cantara y movía las manitos moviéndose en su sillita sin parar.

All the other kids

With the pumped up kicks

You´d better run, better run

Outrun my gun…

De pronto la pelirroja se despabiló y vio el escándalo que los chicos hacían. Internamente sonrió al verlos tan efusivos saltando y cantando sobre la mesa, pero por fuera puso cara muy seria y avanzó hasta la radio para apagarla.

¡Firmes! – lanzó un vozarrón de mando

Los chicos de inmediato se detuvieron y se pusieron muy tiesos uno al lado del otro. Vivian pestañeó contrariada para luego ponerse a llorar.

Si quieren cantar y bailar háganlo en el pasillo y sin tocar nada. Ya saben que si me quejo con su madre se las verán muy feas y además su padre los plantará en el jardín. Así que si se portan bien, podremos jugar un buen rato –

¿Podremos jugar a las luchas? – preguntó Tomás

Siempre y cuando no se maten – respondió la tía Ginny tomando a la bebé en brazos – Ven aquí cosita bella – Y le secó las lagrimitas.

¿Y hacer tiendas en la sala con sábanas? – preguntó ahora Jack.

Tienen dos horas, ustedes vean si alcanzan. Lo que sé es que para cuando sus padres vuelvan los quiero acostados y dormidos; y con la sala impecable –

Te amamos Tía Ginny – dijeron ambos al mismo tiempo.

Vayan a hacer su travesuras antes que me arrepienta y los meta en la cama – dijo ella sonriente.

Los chicos hicieron un caos controlado. Vivian mientras tanto jugaba con Ginny. El tiempo fue pasando tan rápido que para cuando la pelirroja vio el reloj ya casi se habían cumplido las dos horas.

Rígida y con voz sonante ordenó a los chicos arreglar el campo de batalla, comer algo, lavarse los dientes y meterse a la cama. Estos, felices y agotados de tanto juego, la obedecieron sin rechistar y para cuando Neville y Luna asomaron por la puerta, los tres terremotitos Longbottom ya estaban dormidos inocentemente.

Gracias por soportarlos – dijo Luna sonriente – Tienes el don. Sabes manejarlos –

Tantos años viendo a mamá lidiando con George y Fred me sirvieron de escuela – dijo la muchacha – Me divierto mucho cuidándolos.

¿Pensaste en la cena del jueves? – intervino Neville.

No es una buena idea – contestó Ginny – No me gustan las citas a ciegas –

Ten fe. Veamos que pasa –

No debiste invitar a tu amigo sin consultarle a Ginny – se quejó Luna – En todo caso – se giró su amiga – El tonto de mi esposo tiene razón en algo, linda. Eres muy joven y hermosa para estar sola. No puede ser que tu mejor panorama en la noche es ser la niñera de tres pequeños revoltosos –

Antes que Ginny pudiera abrir la boca se escuchó el claxon. Al mirar por la ventana la pelirroja vio la vieja camioneta de su hermano Ron estacionada en la acera.

Lo pensaré. Me voy a casa. Besos – Dijo sus amigos y salió. Ron tomó la bicicleta y la puso en la parte trasera.

Papá parecía león enjaulado. Quería venir el mismo a buscarte, pero Don Albus lo atajó a tiempo. Me dijo que si no te llevo a casa en cinco minutos me va a lanzar por el tejado –

Papá ya debería entender que ya estoy bien – se quejó la chica

Será muy difícil hacerlo entender. Ven, enana. Entra ya y marchémonos –

El camino de vuelta a casa fue silencioso. A Ginny aun le daban vuelta en la cabeza las palabras de sus amigos y la repentina cita a ciegas a la que Neville la estaba forzando.

No era la primera vez que alguien le metía en una cita a ciegas. No hacía mucho tiempo que Lee Jordan la había interceptado en plena faena en el restaurante para presentarle a "un amigo". Lee solo le dijo antes de lanzarla al vacío que el tipo comprendía muy bien la situación de ella porque también era transplantado. Al tironear de ella y sentarla en la mesa, Ginny pudo ver a un hombre de más de diez años mayor que ella con cara de ansioso y con un cuero cabelludo muy raro. Por supuesto, Lee desapareció como si de un mago se tratara y la pobre chica tuvo que soportar estoicamente el bochornoso momento. El tipo le habló de su trabajo, de su vida y sin que ella preguntase nada le comentó de su transplante.

" – Yo estaba pelado como huevo y me pusieron este cabello pelo por pelo – le había dicho – Fue un trabajo arduo y aguanté lo que no tienes idea. Ahora luzco diez años menos. ¿Lo ves? – le dijo señalando su cabello – está brilloso y muy fuerte – ¿Lo quieres tocar? –"

Ginny había puesto cara de espanto ante la proposición y agitó la cabeza negativamente con violencia. Solo le había comentado que desde su lugar se notaba lo fuerte que se veía el cabello, pero el tipo insistió tanto que ahora no se caía, que le tomó la mano y le hizo tirar de él. Ginny había puesto su peor cara de asco y dio el tironcito a lo cual el hombre dio un pequeño grito, retirando la mano de ella de su cabeza para decir solamente que ese sector era particularmente delicado.

Eso había sido suficiente para ella.

Lo más educadamente posible ella le había argumentado que estaba en horario de trabajo y que no podía abandonar sus labores y… viendo que una desafortunada Hermione pasaba por el lugar, se levantó, tomó a Hermione de los hombros y la sentó en su silla presentándosela al hombre para luego salir huyendo como si fuera una condenada a la horca.

Al recordar ahora le causaba un poco de risa culpable.

Tan callada – Dijo Ron al momento de virar a la derecha.

Neville me hizo una cita a ciegas –

Ese Neville. ¿No bastaron el tipo del bisoñé pegado a la cabeza y el ex cura que te presentó Lee? –

Es que se preocupan de que esté sola –

Yo también me preocupo, pero no voy a estar presentándote perdedores por eso. Es como si quisieran decirte que no mereces nada mejor –

No sé… en mi condición, tal vez esa sea la realidad. Tengo una enorme cicatriz que me cruza el pecho. No puedo ofrecer mucho –

Ron paró la camioneta en una frenada repentina y se giró a su hermana. Movió la cabeza negativamente y le dio un pequeño coscorrón en la suya a la muchacha.

Que no vuelva a escuchar semejante tontería otra vez, enana. Eres una chica muy linda. No sabes cuanto alaban tu belleza los clientes que se sientan en la barra para tomar una copa y conversar conmigo. Según ellos eres avasalladora y por eso se sienten cohibidos y no se atreven a invitarte a salir. Bueno, eso y que yo les pongo una cara de tres metros y llamó a George para amenazarlos diciéndoles que somos tus hermanos y que les romperemos la cara a golpes – Esta vez fue Ginny quien le dio un coscorrón algo más fuerte en la cabeza – Ay… la cosa es que no te sientas menos. Eres linda, inteligente y astuta. La más astuta de todos nosotros. No le eres indiferente a los hombres, solo espero que el que ose llegar a ti sea el que mereces. O más bien, que él merezca tener como novia a una chica tan divertida y bonita como tú –

Gracias, pero al final las cosas no cambian mucho. Todos me ven la cara pero cuando me vean el pech…–

¡¿Cómo eso que te vean el pecho?! ¡¿Por qué tienen que verte el pecho?! ¡¿Alguien se a atrevido a pedirte que le muestres el pecho?¡ ¡Deja que le cuente a George, a Bill y a Charlie. Lo molerem…!-

¡No, Idiota! ¡Nadie me ha pedido nada! ¡Lo que quiero decir es que en algún momento si llegara a tener novio, le deberé contar lo de mi transplante y él se enterará que tengo una cicatriz en el pecho! – Ginny hizo un puchero – Y entonces… entonces ya no seré atractiva para él… y querrá terminar todo y huir –

Si fuera así los chicos y yo lo buscaríamos y le daríamos una paliza por imbécil –

Pero es la verdad, Admítelo. Ustedes se fijan mucho en el físico. Primero ven el cuerpo y después se preocupan de lo que ese cuerpo tiene dentro. ¿Acaso tú no estás con Lavender por sus curvas sin preocuparte de que dentro de ella no hay nada? –

Lavender no es tan hueca como piensas. Es más, he notado que es bastante astuta. Si no fuera así ya me hubiera librado de ella hace mucho –

No sé como aun sigues siendo su novio. Incluso ya estoy temiendo que aunque todos roguemos será inevitable que ella entre a la familia –

Que dices – protestó el pelirrojo – Yo jamás me voy a casar con ella. No es la mujer que quiero tener a mi lado el resto de mi vida. No la quiero de madre de mis hijos –

Pero tal vez ella si quiere todo eso contigo y si es tan astuta como dices no pasará mucho tiempo antes que te des cuenta que estás casado con ella –

No, no, no – dijo Ron asustado – No ella… no la amo… –

¿Entonces quien? - interrogó Ginny regalándole a su hermano una mirada afilada.

Ron encendió otra vez el motor sin decir nada. Manejó silencioso y sin darle una sola mirada a su hermana. Al llegar al restaurante salió de la cabina y sacó la bicicleta de la chica para dejarla enganchada. Ginny resopló molesta. Odiaba cuando Ron se quedaba callado como estatua.

Voy a atender a los clientes. No demores, George ya debe estar reclamando de que no estás en la barra – Le dijo pero Ron solo movió la cabeza de arriba hacia abajo.

Entró, el ambiente estaba relajado. Los clientes cenaban en armonía. Al menos el trabajo de esa noche sería tranquilo.

Azotó la puerta del pequeño container habilitado como oficina. Lanzó los planos en la mesa y pateó la pobre silla que se había cruzado en su camino. Desde afuera de la ventana su ayudante y uno de los trabajadores lo miraban con aprensión. Puso los brazos en jarras y aspiró profundo con los ojos cerrados para tratar de controlar la rabia que estaba sintiendo en ese momento.

Todo estaba mal… todo estaba condenadamente mal.

Llevaba siete meses de construcción ardua, pero siempre pasaba algo que retrasaba el trabajo. O le rechazaban los planos o le cambiaban lo ya construido. Además lo abrumaban por la demora y le reducían el presupuesto como medida de presión. Pero no solo era eso.

Malfoy había estado cumpliendo su promesa de atosigarlo. Dos veces había comprado gente para que le destruyeran los planos o le arruinaran los materiales de construcción. Lo malo es que aunque tenía la certeza de que era él quien le estaba desbaratando el proyecto, no tenía las pruebas para acusarlo.

Estaba a punto de abandonarlo todo y olvidarse de su promesa.

Recogió la silla del suelo y se sentó en ella. Se tomó la cabeza con las manos y llamó a Cho en voz baja dos veces.

Dame fuerza para seguir adelante. Dime que el esfuerzo no es en vano –

Alguien tocó a la puerta.

Ya dije que no quiero ser molestado – gruño.

A mí no me lo dijiste – pronunció Seamus asomando la cabeza por la puerta.

No quiero hablar con nadie –

Harry, es que el directorio quiere verte. Quieren un informe de los avances –

¡,Qué avances?! ¡Si cada vez que intento despegar con esta condenada construcción a ellos se les ocurre que gasto mucho dinero o que quieren una maldita tienda más para vender porquerías! –Lanzó el ingeniero mirando a Seamus como si fuera un enemigo.

No te enojes conmigo. Sé lo odiosos que son, pero… bueno… trabajas para ellos –

YO NO TRABAJO PARA ELLOS.¡Si no fuera por la promesa que le hice a Cho ni muerto acepto esta construcción! –

Ay, Harry. Trata de calmarte un poco. Mira, solo tienes que poner tu mejor cara y decirles que todo marcha bien. Ellos quedarán conformes y te liberarán de su yugo por un rato –

Haré algo mejor – Dijo el moreno y se levantó de la silla para salir de la oficina dando un pequeño empujón al veterinario. Este lo siguió y pudo ver como todos aquel que se cruzaba en el camino de Harry se alejaba con celeridad para no ser el objeto de su descarga.

Finnigan caminó todo lo rápido que pudo manteniendo una prudente distancia de Potter. Lo vio entrar en el edificio de dos pisos que funcionaba como entidad administrativa del Zoológico y subir de a dos peldaños la escalera.

Harry ni siquiera se molestó en hablar con la secretaria ni de golpear la puerta.

Ustedes los de corbata horrenda y trasero cómodo en la silla – empezó. Seamus se tapó la cara con la mano con gesto de lamento – Si no fuera por mi esposa nunca hubiera aceptado este proyecto. Es un tema personal y no voy a seguir permitiendo que me sigan boicoteando todo. No quiero más rebajas al presupuesto ni más tienditas inútiles agregadas a los planos. Además quiero mayor vigilancia pues no estoy dispuesto a que el cemento se vuelva a arruinar o las vigas amanezcan dobladas e inservibles. Ni mucho menos que cuente cincuenta pieza de madera y que al día siguiente solo encuentre quince. Me van a dejar trabajar en paz y sin rechistar –

No permitió recriminaciones, se giró en sus talones y abandonó el lugar, furioso. Seamus alzó las manos para calmar la molestia del directorio, lo que le impidió ir detrás de Harry hasta mucho tiempo después.

Lo encontró sentado sobre una viga y con la mirada perdida. Le dio la impresión de ver a un león herido y peligroso.

Quedaron muy enojados. No debiste hablarles así –

Me tienen harto. Ellos y Malfoy. Lo único que quiero es terminar con esto para largarme lo más lejos de este lugar. –

Seamus se sentó a su lado pero a prudente distancia. Suspiró levemente y miró a un punto inexistente.

Cho amaba este lugar. Amaba a sus animalitos y sobre todo adoraba a Arnold. Es en este lugar en donde siempre encontrarás algo de ella –

Lo sé – admitió Harry – Pero ya estoy cansado. Ya es un año sin ella y todo me sale mal. La extraño demasiado –

Lo que necesitas es salir, amigo. Tomar una copa, conocer a una linda chica. Distraerte –

No –

Pero, Harry –

No quiero. No me interesa –

No puedes estar encerrado toda la vida. Date una oportunidad –

Harry no quiso hablar más. Seamus no se resignó y le dijo que una noche lo secuestraría y que lo llevaría a una cita como fuera.

Conocí a un par de bombones que te mueres. No es que no me la pueda con ambas, pero creo que compartir es ser un buen ser humano. Vamos, Harry. Déjame concretar una cita doble. Te juro que te dejo la más buena –

No insistas, Seamus – Harry miró la hora y se levantó – Me voy a casa. Nos vemos mañana –

Caminó hasta la camioneta y se marchó con prisa. A la distancia vio a Hedwig volando en su salida vespertina pero no desvió su camino.

Abrió la puerta y un caos enorme le dio la bienvenida. Todo estaba desordenado. Había ropa en las sillas y sillones. Platos sucios en la mesa. Comida de ave en el hall del recibidor. Entró y sin querer pateó el posillo de agua de Hedwig, derramándola en el lugar. Maldijo en voz alta y luego tomó algunas hojas de diario que encontró tiradas en el suelo para ponerlas sobre el charco. Tomó el posillo de comida de la lechuza y fue a la cocina a llenarlo. Al sonar el timbre vio como Hedwig asomaba por la ventana de la cocina y pasaba por su lado. Al llegar al recibidor, el ave ya estaba en su puesto de vigía.

Hola, señor Potter – le saludó un alto chiquillo de cabello rubio – Hegwig se portó muy bien hoy. Aquí tiene su cena. Son quince con cuarenta –

Gracias, Steve. Toma – sacó algunos billetes de su bolsillo – Hoy es quince, día de pago –

Gracias, señor Potter –

¿Ya tienes suficiente para comprar tus nuevos patines? –

Creo que con lo que me está dando ahora ya tengo lo que necesito. Bueno, me voy. Nos vemos mañana –

Hasta mañana, Steve –

Harry cerró la puerta y se volteó para mirar a la lechuza. Ella seguía empecinada en esperar a Cho cada noche. Por más que Harry le hablara, o luchara con ella para llevarla a su cuartito, Hedwig no tranzaba.

Mira lo que te tengo, Una deliciosa ración y es toda para ti – le dijo moviendo el posillo – Hedwig miró el recipiente y agitó las alas – Si te portas bien esta noche y vas a comer tu cena en tu cuartito, te prometo darte doble ración –

Fua avanzando con el plato. Hegwig los siguió, pero solo llegó al pasillo con ella. La lechuza se le paró sobre el plato y no tuvo más remedio que ponerlo en el suelo. Entonces el pájaro se deleitó comiendo para luego volver a su puesto fijo.

Al menos hoy llegaste hasta la mitad del pasillo. Es un progreso –

Harry tomó la bolsa con comida que Steve le entregara y se ubicó en el suelo también. Comió tranquilo hasta que llamaron otra vez a la puerta y esta vez una chica le entregó una torre de ropa limpia. Le pagó y la muchacha le dijo que estaba convenciendo a su madre para que se atreviera a hacer la limpieza de la casa..

Porque si sigue así, Señor Potter, no tendremos más remedio que llamar a sanidad. Casi estoy segura que hay un nido de bichos viviendo en su sala –

A Harry le causó gracia el comentario, le pagó a la chiquilla y luego de cerrar la puerta volvió a su cena.

Tuvo una grata conversación con Hedwig hasta que se dio cuenta que si seguía así, los vecinos no solo llamarían a sanidad por el estado horrendo de su sala, sino también por su salud mental.

Subió su habitación, pero no tenía sueño. Por un momento quiso llamar a Seamus y aceptar su invitación a salir, pero después prefirió salir solo. Sin preocuparse de cambiar su ropa tomó las llaves y subió a su camioneta. Vagó sin rumbo fijo por un buen rato hasta que la luz y el sonido de un restaurante llamó su atención.

"La Madriguera" – Leyó en la fachada – No suena mal.

Dejó las llaves al valet y entró tímidamente. El ambiente se veía familiar y festivo y esto le resulto un poco doloroso. En un costado había un pequeño escenario y allí tres personas tocaban una melodía irlandesa. Eso le dolió mucho más. Quiso dar la vuelta y marcharse pero alguien le tomó del codo. Se giró y una mujer rolliza y de cabello rojo le saludó con una sonrisa.

Buenas noches, mi nombre es Molly. ¿Pensaba irse ya y sin probar mi comida? Le aseguro que es la mejor de toda la ciudad –

Harry sonrió con educación.

La verdad es que solo estaba buscando un lugar donde tomar una copa –

Oh, aquí también va a encontrar la mejor cerveza irlandesa y los tragos son muy deliciosos. Mi hijo sabe hacer unas combinaciones que son vitoreadas por los parroquianos. Quédese, le aseguro que aquí encuentra todo lo que busca –

Harry intentó resistirse a la ternura maternal de la mujer, pero al final terminó aceptando su propuesta. Ella lo tomó de la mano con toda la confianza del mundo, algo que lo descolocó un poco, y lo dejó sentado en una de las butacas de la barra.

Ron, atiende bien al joven – Se volvió a Harry – Si al final se decide a probar mis platos solo llame a la linda chica que está atendiendo esa mesa –

Molly se retiró agitando su melena rojiza y Harry contempló a la muchacha que tomaba la orden unas mesas más allá. Era bonita, su cabello era castaño y parecía muy lista, pero a él no le llamó demasiado la atención. Se giró y se encontró de golpe con unos ojos azules que lo miraban algo ceñudos.

Ho… hola – Fue lo único que dijo

Buenas noches. Mi nombre es Ron. ¿Qué desea de tomar? –

La señora dijo que aquí venden la mejor cerveza irlandesa de la ciudad –

Si, traída directamente desde Dublín y conservada en toneles de madera de roble. ¿Desea una pinta? – La voz del pelirrojo sonaba tranquila, mas no amable. Harry sospechaba que no le había gustado que mirara a la chica.

Una pinta estaría bien –

La señora tenía razón. Esa cerveza estaba fantástica. No probaba una cerveza aspa desde hacía muchísimo tiempo. La fue bebiendo a sorbos lentos pues quería degustarla en todo su esplendor. Era un exquisito y desgarrador sabor. Le recordaba a Cho, le recordaba a las vacaciones que nunca tomaría con ella.

Callado, se mimetizó con el ambiente. Observaba a los comensales sumergidos en sus propios mundos privados. Vio a la pequeña banda que tocaba una movida tonada que el barman tarareaba sin detenerse en su trabajo. Vio a la señora entrar y salir de la cocina llevando platos que ponía en las bandejas de la castaña y de un alto joven pelirrojo. Todos parecían felices y tranquilos, todos.

Harry sentía que no entonaba mucho en el lugar.

Hay mucho ajetreo hoy ¿verdad? – preguntó al pelirrojo que preparaba unos margaritas.

Si, es quince y viene mucha gente. Lo malo es que coincidió con el día libre de mi padre y de mi hermana y no tendremos su ayuda hoy – le contestó este y se dispuso a partir unos limones de pica en cuatro piezas cada uno.

Harry se quedó callado otro rato hasta terminar su pinta. Otro tipo se instaló en la barra y le buscó insistente conversación al barman, el cual respondía algo molesto a las preguntas.

Pero dime, ¿la chica tiene novio? –

Si, es un tipo muy alto y musculoso y golpea a todo aquel que se acerca a ella. Así que le aconsejo que no se atreva a hacerlo – Le dijo el joven con mirada encendida

Que lástima. Y que suerte tiene el hombre. A esa castañita ya la tendría acorralada contra la pared y la manos… –

Mira, una palabra más y te saco del lugar a patadas – Dijo el muchacho tomando al tipo del cuello de la camisa – Mejor será que te tomes tu trago y te marches en paz –

Harry Se escondió detrás de su pinta.

El atrevido tipo hizo caso al pelirrojo y se marchó rápidamente. Harry entonces pidió otra pinta y se quedó cómodo en su estratégico lugar viendo como el barman se ponía nervioso y atento a todos los movimientos de la mesera castaña cada vez que ella se acercaba a pedirle los tragos anotados en su libretita. Ella trataba de mantener un aplomo serio, pero Harry poco a poco notaba que ella también se inquietaba y se ruborizaba cuando el barman le rozaba la mano al darle los tragos.

Sonrió con tristeza. Era simpático ver a otros amarse. Eso era algo que él ya no volvería a vivir nunca más.

Ya con dos pintas en el cuerpo y con otra en la mano. El moreno ya sonreía sin disimulo cada vez que el pelirrojo se quedaba perdido en los ojos de la chica.

¿Es tu novia? – le atrevió a preguntar

¿Por qué lo pregunta? – le devolvió el otro.

Es que la miras como si fuera una diosa –

Creo que ya bebió suficiente cerveza –

Mi nombre es Harry Potter. El tuyo es Ron , Cierto? –

Ron Weasley y ella no es mi novia. Es solo… una amiga –

Pero te gustaría que fuera algo más que eso… Se ve en tu cara –

¿desea algo más? – inquirió Ron ya enfadado.

No te enojes, era solo un comentario. Si, quiero otra pinta –

Creo que ya es mucho. ¿No quiere un plato de comida? El Menú de hoy trae Puerco asado –

Ya comí antes de venir. Solo quiero otra pinta –

Tres pintas y una cuarta en la mano hicieron rebalsar el dolor contenido por casi doce meses. De a poco los recuerdos se enredaron en su pecho y las lágrimas silenciosa fueron mezclándose con la cerveza.

¿Está conduciendo o alguien lo vendrá a buscar? – preguntó Ron ahora preocupado

Mi camioneta está afuera –

Déme un número de algún amigo para llamarlo. No puede conducir en esas condiciones –

Estoy Bien. Solo necesito ahogar la pena – Y Harry se sirvió otro trago de cerveza.

¿Es por una mujer? – interrogó el Barman.

La única que he amado hasta ahora –

¿Su novia? –

Mi esposa –

¿Qué pasó? –

Ella se fue y no va a regresar nunca más –

¿Lo abandonó? –

Murió – Al decir esto Harry emitió un suspiro.

El Barman pestañeo y se mordió los labios. Lo miró en silencio por un momento y luego llenó otro poco la pinta de Harry.

Lo lamento –

¿Por qué? Tu no la conociste –

Pero imagino que debió ser una buena esposa. ¿Murió hace poco? –

Hace casi un año –

Debe amarla mucho –

La amo demasiado. Desde que ella no está a mi lado no sé que hacer conmigo mismo. Cada día es un sacrificio, una tortura. La vida me regaló diez años a su lado y siento que no los aproveché para nada. Ella era – Harry bebió otro sorbo – grandiosa, dulce, tierna. Cada despertar en sus brazos era maravilloso. Fui su amigo, su compañero. Ahora estoy solo. No tengo motivos para seguir adelante –

Pero no puede dejarse morir. A lo mejor alguien llega a su vida algún día –

No lo creo. No puede haber nadie que tenga un corazón tan hermoso como el que ella tuvo –

¿Qué le sucedió? –

Un maldito borracho nos chocó. Y el muy desgraciado apenas tuvo una contusión. En cambio ella recibió todo el golpe. El miserable me la destrozó – Y la garganta de Harry se desgarró por completo. Ron lo miró con un dejo a aflicción y llamó a al otro pelirrojo que atendía las mesas para que buscara al valet que tenía las llaves de Harry.

Mire, usted ya está muy borracho. No puede conducir –

No quiero llamar a nadie. Todos me atosigan con frases de consuelo que me tienen harto. No quiero lástima –

Mire… ¿Harry? Comprendo que esté aburrido de que todos se sientan con derecho a sentir lastima de su desgracia, pero me veo en la obligación de impedirle que siga bebiendo y que conduzca. Si lo dejo ir así como está… usted puede ser el causante del dolor de otro hombre. No quiere destrozar a la bella esposa de otro tipo, ¿verdad? –

Harry Levantó la cabeza y miró al barman con ojos llorosos. De pronto el recuerdo de esa noche funesta se agolpó en las paredes de su cerebro. Escuchó sus propios gritos llamando a Cho. No quería que por su culpa otro sufriera lo que a él le había pasado.

No, no quiero. Este dolor no se lo deseo ni a mi peor enemigo –

Entonces me va a dar su celular y llamaremos a uno de sus buenos amigos. Él vendrá por usted y podrá volver a su casa sin causar daño a nadie, ¿Qué dice? –

Harry trató de pensar. No quería llamar a nadie. Si llamaba a Sirius este lo regañaría con rudeza por imbécil. Si llamaba a Seamus, este lo regañaría por no invitarlo.

¿No podrías llevarme tú? –

Aun tengo mucho trabajo –

Puedo esperar. Nadie me espera en casa –

El pelirrojo se resistió por un momento pero al final tomó a Harry y lo sentó en un rincón en donde éste se quedó muy callado y quieto. La noche fue pasando sin que nadie se percatara de la presencia del moreno y para cuando Ron lo fue a buscar, Harry ya estaba un poco más conciente.

Bien, Lo dejo en su casa, pero tendrá que mandar a buscar sus llaves mañana. ¿Lo llevaré en mi camioneta –

En Harry fue contándole al barman de cómo había conocido a su esposa, los años vividos en pareja y los proyectos que habían dejado truncados. Ron lo escuchaba y cada cuanto le conversaba de vuelta. Al llegar a la casa de Harry, éste le tendió la mano en gesto de agradecimiento.

Muchas gracias por tu paciencia. Hace mucho que no hablaba con alguien –

No hay problema. Vuelva a "La Madriguera" cuando guste, pero a cenar y a beber con moderación. Lo estaré esperando –

Harry sonrió.

¿Te puedo dar un consejo de borracho? Dicen que nosotros y los niños decimos verdades –

¿Cuál sería ese consejo? – preguntó Ron correspondiendo la sonrisa.

No pierdas más tiempo con la chica. No dejes que el tiempo se te escape, Yo dejé escapar el mío y ya no hay vuelta atrás –

No entiendo – Dijo Ron un poco abrumado.

Harry se apoyó en la camioneta y cruzó los brazos.

La mesera. Es muy bonita y ya sabemos que atrae la atención de muchos patanes. No vas a dejar que te la quiten en tus narices. Yo que solo te conozco de algunas horas ya me di cuenta que estás loco por ella –

Ya debo irme – cortó el aludido.

No tengas miedo de lanzarte al vacío. Una chica como ella vale la pena. Vive, aprovecha cada segundo… y si la consigues… ámala con cada fibra de tu ser. No sabes cuando el destino te tienda su trampa y puedas perderlo todo. Amar a una mujer es lo más increíble que le puede pasar a un hombre. Ellas son nuestro aire, amigo. Toma a la tuya y no la dejes escapar nunca. Peléasela hasta a la mismísima muerte. A mi me quitaron a la mía… no dejes que nadie te arrebate a la tuya –

El pelirrojo lo contempló en silencio para luego extender su mano y estrechar la de Harry con amabilidad. Harry se tambaleó hasta la puerta de entrada a su casa y luego de agitar torpemente la mano en signo de despedida se metió a la casa. A la mañana siguiente el dolor de cabeza le recordaría la rara aventura de la noche pasada.

Conducir a casa fue más largo de lo que fue salir de ella. La noche no estaba tan fría por lo cual abrió un poquito la ventana para dejar pasar el aire.

"El tipo ese si que estaba borracho" pensó y el rostro melancólico y la mirada triste del hombre que se emborrachara en su barra se grabó en su mente.

También se quedaron grabadas en ella sus palabras.

"No tengas miedo de lanzarte al vacío. Una chica como ella vale la pena. Vive, aprovecha cada segundo… y si la consigues… ámala con cada fibra de tu ser. No sabes cuando el destino te tienda su trampa y puedas perderlo todo…"

Pero si para ella no existo – susurró – Y si alguna vez tuve una oportunidad ya la perdí –

Tragó saliva para calmar el ardor de su garganta. Hermione había cambiado mucho durante ese año. Ahora siempre estaba distante. Lejana. No había logrado acercarse a ella nunca más. Evitaba mirarlo y diluía los momentos a solas con maestría.

Y eso había horadado profundamente el corazón de Ron.

Ahora solo podía observarla a la distancia. Besarla solo con la mirada. Ya no había conversaciones agradables y roces de dedos sutiles. Él la buscaba, intentaba llamar su atención, pero ella lo ignoraba. Y para colmo estaba más bella que nunca. Ya había tenido que espantar a muchos mal nacidos que querían ligar con ella.

Entre los que espantaba por ligar con Ginny y con Hermione lo tenían agotado.

Antes al menos me permitía dejarla en su casa después del trabajo – murmuró – ahora ese honor solo es de George.

Inconcientemente dobló a la izquierda en una calle y se dio cuenta que allí vivía la castaña. Miró la hora. Eran las dos y media. Hermione ya debía haber llegado.

Reprochándose a si mismo detuvo la camioneta frente a la casa de la chica. Se quedó mirando la luz encendida y sintiendo ese dolor típico que roía el corazón de un despreciado.

Estaba desilusionado. Era novio de una mujer a la cual no quería pero de la que no sabía como librarse y estaba muriendo por un solo beso de otra que había olvidado que él existía. Recordaba el breve tiempo que en ambos habían estado tan cerca luego de la operación de Ginny. Habían sido las cuatro semanas más inolvidables de su vida. Conversaban, se reían, él la acompañaba a su casa y se quedaban hablando hasta que la madre de Hermione encendía y apagaba las luces del ante jardín.

Cuantas veces se habían quedado en silencio solo admirando su sonrisa y ella le miraba confundida para luego ponerse colorada por la intensidad de su mirada. Cuantas veces había tenido que refrenar el deseo poderoso de robarle un beso.

Y ahora ella ni siquiera me mira, no me sonríe. Está tan lejos y yo deseo tanto un beso…–

Un beso… Eso era lo que necesitaba como al aire. Un beso… un beso para poder seguir viviendo.

"No tengas miedo de lanzarte al vacío. Una chica como ella vale la pena…"

No… no puedo… no debo …–

"…Vive, aprovecha cada segundo…"

Ron salió de la camioneta y caminó hasta la puerta. Alzó la mano para golpear pero ésta quedó paralizada a medio camino.

Sería una locura – susurró.

"No dejes que el tiempo se te escape"

Golpeó la puerta y su pecho tronó enloquecido.

Hermione la abrió y lo miró sorprendida.

Ron… ¿Qué pasa? ¿pasó algo con Ginny? – le preguntó asustada.

Nooo... yo… es que… –

¿Qué, Ron? –

El pelirrojo aspiró aire y quiso dar la vuelta. Quiso salir corriendo y perderse en la oscuridad de la noche. Perderse, hundirse y no aparecer nunca más.

Nada… olvídalo –

Dio media vuelta y quiso deshacer todo el camino hecho. Al mismo tiempo quería deshacer su corazón en miles de pedazos y lanzarlos al vacío.

"Que imbécil soy" -Se escupió en la mente- "Dejo emborracharse a un loco y termino yo haciendo la locura"

Había avanzado hasta la mitad del jardín cuando una mano delicada le tomó del antebrazo. Ese mínimo contacto le estremeció hasta los huesos. Bajó el rostro y cuando ella lo giró para buscar sus ojos, él los escondió un poco más.

¿Qué te pasa? ¿Por qué estás aquí a mitad de la madrugada? – Hermione le preguntó nerviosa.

No me pasa nada… solo soy un imbécil – y sonrió con tristeza sin levantar la vista

¿Estás jugando? ¿Viniste a mi casa a asustarme solo para divertirte? – Le empezó a reclamar, molesta.

No – Al fin levantó la vista y la miró serio – Solo me dejé llevar por un impulso, un tonto e incontrolable impulso… perdón si te molesté –

No estoy molesta. Estoy preocupada. No sé que impulso loco es ese que te deja caer en mi puerta. Me inquieta –

Ella lo miró a los ojos y Ron al fin pudo ver en su plenitud esas gemas que lo hacían perder la razón. Su corazón saltó vibrante, su respiración se cortó. Su cabeza le gritó otra más de las frases de ese borracho loco y enamorado de los recuerdos.

"… y si la consigues… ámala con cada fibra de tu ser. No sabes cuando el destino te tienda su trampa y puedas perderlo todo."

Ron no se permitió pensar. Ya estaba allí, ya estaba haciendo la locura de su vida. ¿Qué más podría perder?

La tomó del rostro con ambas manos y la besó temblando. Ella quedó paralizada y por un momento lo miró con los ojos muy abiertos. Luego los cerró, pero no pudo hacer nada más. Ron interrumpió el beso y la miró aturdido.

Ese impulso… perdón… adiós –

Salió corriendo y se metió a la camioneta a toda velocidad. Partió raudo por la calle y no se detuvo hasta que llegó a "La Madriguera". Una vez allí escondió la cara en el volante y se recriminó cruelmente.

Idiota… ¿cómo pudiste? Ella no te va a perdonar nunca –

Se saboreó los labios. Ese había sido el primer beso más dulce que había dado en su vida. Aun sentía el fuego de la boca que había probado.

Y se dio cuenta que necesitaba más que un solo beso.