Hola:

Y al fin salió el esperado capítulo. No tenía planeado escribirlo, pero cuando me dieron ganas dejé que la inspiración trabajara.

Espero les guste.

Le dedico este capítulo a mi niña Victoria que acaba de perder una muela y a Pop_rock que me pedía que actualizara ya.

Saludos

Yaem Gy

Capítulo 6: Esa nueva sensación

El dolor de cabeza era terrible. Sentía el cuerpo cortado en dos. Harry creyó que el mundo caía sobre él cuando levantó la cabeza de la almohada al sentir el sonido del despertador. Una punzada horrenda le cruzo el cráneo.

A duras penas se puso de pie y miró el reloj que reinaba en su mesita de noche. El bestial aparato volvía a sonar en ese momento y el ruido acrecentaba su tormento.

Luego de un baño demasiado necesario, se vistió con toda la prisa que su resaca le permitía.

No recordaba ya cómo demonios había llegado a su casa ni mucho menos como había logrado ponerse el pijama para dormir.

Encontró su billetera y su celular, pero las llaves de su camioneta no aparecían por ningún lado. Se maldijo. Nunca se había emborracho de tal manera.

De un humor de perros, llegó a su container en la construcción. Su ayudante apenas si se acercó y él no permitió que se le molestara hasta que la jaqueca disminuyera un poco.

A media mañana, cuando el café al fin estaba despejando un poco su mente y la aspirina calmado su torturado espíritu, una estridencia repentina casi lo volvió loco.

Desesperado, buscó en sus bolsillos. En el bolsillo de su chaqueta pudo encontrar al culpable, que vibraba en cada ring.

¡Aló!- gritó rabioso.

¿Señor Potter? Le habla Molly Weasley, del restaurante "La Madriguera"-

La madri…- dudó el moreno- ah, sí. Anoche me emborraché en su local-

Sí- rio un poco la mujer- lo llamo para avisarle de las llaves de su camioneta. Hijo las dejó conmigo esta mañana y le aviso para que pueda recoger su vehículo-

Eh… claro- murmuró Harry- Le pediré a alguien que vaya a buscarlas-

Bien, cuando venga esa persona, que pregunte por mi hija Ginny. Ella estará en el restaurante este día-

Bien, gracias-

Señor Potter…-

¿Sí?-

Beba un jugo de tomate fresco y la resaca desaparecerá pronto. Un beso. Adiós-

Harry no alcanzó a despedirse. Solo oyó el click desde el otro lado de la línea.

Fue entonces que escuchó que alguien estaba detrás de él.

Así que anoche saliste de parranda y no me invitaste. Y por tu cara puedo suponer que te bebiste hasta el agua de los baños.-

No fue algo planeado. Ahora me arrepiento de haber salido. La cabeza me duele horrores-

Una resaca es buena de vez en cuando. Pero siempre que la compartas con un amigo- dijo Seamus- ¿Irás a buscar tu camioneta hoy?-

No, solo quiero irme a casa-

Bueno, puedo ir yo por ella. Así conozco el lugar que te causó ese lamentable estado-

Como quieras- dijo Harry alzando los hombros con indiferencia- El Lugar se llama "La Madriguera". Es un resto Bar irlandés. La dirección te la anoto aquí. Pregunta por una tal Ginny. Ella tiene mis llaves.

Resuelto el problema de la camioneta, Harry solo concentró sus esfuerzos en poder mantenerse en pie hasta el fin de la jornada. Al llegar a casa dejó que Hedwig comiera y durmiera donde quisiera y solo se limitó a recoger un pantalón que adornaba el piso de la que alguna vez había sido su sala.

Una hora después un bocinazo lo hizo despertar de un salto del sillón.

El timbre lo obligó a levantarse y para su desgana, Seamus venía muy sonriente jugando con las llaves de la camioneta.

Lindo lugar es "La Madriguera". Lindas también sus meseras. Una pelirroja preciosa me entregó tus llaves y una castaña de ensueño la acompañaba-

No me acuerdo de ninguna pelirroja, pero a la castaña déjala tranquila. El Barman está loco por ella y si te acercas te mata-

No vi a ningún Barman- se encogió de hombros el veterinario- Aquí tienes tus llaves. Para otra borrachera, invítame. Nos vemos-

Harry agradeció que Seamus se marchara. Solo deseaba dormir por todos los siglos de los siglos. Amén.

La cita había sido un completo fiasco. Ginny había soportado estoicamente al pobre tipo que Neville había llevado a cenar. Resultó que era un joven fotógrafo que trabajaba para la National Geografic y que acababa de llegar de un viaje al Congo. Colin Creevey no era para nada mal parecido, es más, tenía una linda sonrisa, pero era tan nervioso que todo lo tiraba. Perecía un animalillo asustado que saltaba a cada momento y miraba a todos lados en alerta constante.

Es que he pasado días terribles- se excusaba- En solo un pestañeo te puede comer un león-

Pero aquí no hay leones, Colin- se quejaba Neville tomándose la cabeza con la mano- pero si sigues así te llevaré al zoológico para que te encuentres en tu ambiente- Luna le dio una feroz patada en las canillas al ver como el fotógrafo se ponía pálido como la cera más clara.

Ginny solo trataba de no burlarse del pobre hombre. Otra vez le habían presentado a un completo desastre. Parecía que estaba destinada a conocer solo hombres con mucho desatino y muy poca suerte.

Es emocionante ver los amaneceres en la sabana. Tengo muchas fotos, claro, casi no dormía a causa de las hienas- continuaba Colin.

Debió ser una experiencia extenuante- complacía la pelirroja con lástima.

Sí, esos animales dan tanto susto que no puedes contener tus esfi-

Vamos a obviar eso- Neville acercó su cara tanto a Colin que a éste le saltaron las órbitas- ¿Cierto, Colin? Las chicas no tienen que saber ciertas cosas que te pasan… a veces-

Luna se acercó a Ginny y le susurró al oído con muy poca sutileza.

¿Seré prudente que sirva el pavo? No vaya a salir corriendo al verlo-

Luna-

Dejé al gato afuera de la casa porque Neville me dijo que se aterra con todos los felinos. ¿Te imaginas lo divertido que sería invitarlo al zoológico? Moriríamos de la risa-

Y él del miedo. No seas mala, Luna-

¿De qué hablan tanto?- las interrumpió Neville.

De que tantas historias sobre África nos han entusiasmado tanto a Ginny a mí que he decidido llevar a los niños al zoológico.

¿Al zoológico?- preguntó asustado Colin.

Oh, no te preocupes, Colin. Avisaremos con tiempo para que alimenten a los leones antes que llegues. Además estás tan flaquito que no creo que les parezcas muy apetitoso- Dijo Neville muy sonriente.

Otra patada le llegó por debajo de la mesa.

Qué decir de ti, cariño. Los puedo llevar a todos y yo sería la mejor beneficiaria. Si tengo suerte me ofrecen una buena cantidad de dinero por los muchachos y tú por fin conocerías a tu familia de orangutanes. Oh, podría venderte a ti también-

Ginny sonrió. Era una pésima cita. Pero la estaba pasando de lo mejor con las intervenciones de Neville y Luna.

El resto de la velada no dejó de ser lo mismo. Al final, y para mala suerte de Colin, el gato encontró una manera de entrar a la casa y cuando saltó sobre el sillón para jugar con una madeja de lana que Luna había olvidado allí, el fotógrafo se aterró tanto que no dudó en poner fin a la cita y salir corriendo como alma que llevaba el diablo.

Bueno, al final el pavo estuvo muy delicioso, Luna-

Gracias, pero debo decir que la escapada de Colin fue lo más divertido que he visto en mucho tiempo. Ginny, estaba pensando en que no es mala idea lo del zoológico. Los muchachos necesitan estirar las piernas y la bebé tomar aire. Podemos ir este sábado-

Me encantaría. Desde hace muchos años que no puedo ir a un lugar así. Será divertido-

Siii, sobre todo lograr meter a mis hijos en la jaula de los monos- rió Luna- imagínate, me liberó de esa carga y solo los tengo que visitar cada fin de semana. Es muy práctico-

Luna- rió la pelirroja- no puedes estar ni cinco minutos lejos de tus hijos-

Pero claro, los dejo solos y hacen un desmadre-

Llegó a casa a las 12:30. No quiso pasar por el bar, pues sabía que George la bombardearía en bromas por tener otra cita fallida. Mejor se fue a dormir. Pero no pudo hacerlo de inmediato. Su corazón latía de una forma muy inusual. Estaba como emocionado y la pelirroja no entendía por qué. Era como si ese corazón quisiera salir de su habitación e ir no sabía a dónde. Ella respiró muy hondo y se arrebujó en las sábanas, obligando al corazón a clamarse. Tomó nota mental del incidente, se lo comentaría a su doctor en la siguiente cita. Tal vez él le explicara que rara circunstancia había afectado su pulso.

A la mañana siguiente, muy temprano, bajó al restaurante a barrer. La noche anterior había sido día de pago, por lo cual el local había estado lleno y ahora todo era un alboroto. Se recogió el cabello en un pañuelo y tomó la escoba con determinación. Tenía mucho que barrer.

Estaba de lo más concentrada en su labor cuando una silla en un rincón oscuro del salón se movió, asustándola. Al mirara bien, observó que Ron estaba echado sobre la mesa con la cabeza escondida bajo los brazos. No sabía si estaba despierto o dormido, por lo cual decidió pagarle con la misma moneda. Se acercó sigilosa y le pegó con la escoba en la espada no con tanta sutileza como había calculado. El pelirrojo saltó y se quejó antes de mirarla con rabia.

No necesitabas golpearme-

¿Qué haces aquí a esta hora? Yo te imaginaba enredado en los brazos de Lavender-

Ron no contestó. Solo echó la cabeza sobre los brazos de nuevo.

Peleaste con ella- afirmó su hermana.

No-

¿Entonces?-

Hice algo peor-

Terminaste con ella. Bueno, según mis parámetros, eso no es nada peor, es grandioso-

Ya basta, Ginny. No es gracioso.-

¿Terminaron?-

Tampoco-

¿Qué fue lo que hiciste entonces? ¡Oh, no!… ¡la embarazaste!-

Ron levantó otra vez la cabeza y le mostró los dientes a la chica.

No tiene nada que ver con Lavender. A ella no la he visto desde el lunes-

La pelirroja se cruzó de brazos sin entender que cosa terrible estaba atormentando a su hermano.

Bueno, suéltalo. No me gustan los misterios-

Hice una locura. Ahora me preguntó cómo pude hacer algo así.-

Ginny se sentó al lado de su hermano, dejando la escoba apoyada en otra mesa.

Habla por Dios, me estás asustando-

Luego de lo que para la chica parecieron horas, su hermano se quedó mirando a un punto fijo al otro lado del salón y habló muy quedadamente.

Besé a Hermione-

Ginny solo atinó a abrir los ojos como platos.

¿Hiciste qué? – se tapó la boca- Dios… dios… dios… eso es… ¡eso es grandioso!-

Ron la miró como si fuera una loca.

¿Grandioso? Fue una estupidez. No debí, no debí hacerlo-

¿Pero por qué no?... uff… cuéntamelo todo-

Entonces el pelirrojo le relató la extraña experiencia con el borracho de la noche anterior y las extravagantes frases que le dijera. Le contó cómo sin proponérselo había llegado a la casa de la castaña y como, en un arrebato impredecible, le había robado un beso.

OOHHHH… que lindo… que emocionante… le robaste un beso- pero luego le pegó un coscorrón antes de volver a hablar- ¿Cómo fuiste tan tonto?-

Lo sé, lo sé… no debí besarla-

No, idiota. Me refiero a como fuiste tan bruto de salir corriendo de allí. Debiste hablar con ella. Debiste decirle que la quieres, que siempre la has querido-

¿Yo?- preguntó su hermano asustado.

Ron, te conozco desde que no tengo memoria, te conozco incluso mejor que nuestros padres. Estas perdido por Hermione desde hace años. Pero eres tan bruto que no lo quieres admitir. Tienes que hacer algo. Tienes que aprovechar el momento-

¿Estás loca? No puedo ni acercarme a ella ahora. Hermione debe estar pensando lo peor de mí. Soy un tremendo idiota. Ella se debe estar riendo-

Sí y no. Eres idiota, pero ella no debe estarse riendo de ti. Por todos los cielos, atrévete a hablar con ella.-

No. Ella debe estar enojada. Yo a ella no le intereso. Ni me habla-

Uy, Ronald Weasley… ¿por qué demonios eres tan terco?-

Bueno, soy así… y no me digas más lo que debo hacer. Mejor me voy a mi cuarto-

Ginny movió la cabeza negativamente. Tenía que hacer algo con la ya absurda inseguridad de su hermano. Pero estaba contenta, Ron había dado el primer paso, ahora tenía que saber que iba a hacer Hermione al respecto.

No había podido dormir. Estaba como flotando en un sueño del cual no quería despertar. Todo había sido tan sorpresivo que no podía asimilarlo.

Ron le había besado.

¿Era sueño o realidad?

Desde que él apareció en su puerta, Hermione había pasado por un variopinto de sensaciones. Nerviosismo, temor por Ginny, enojo y al final… emoción.

Se tocó los labios por enésima vez. Aun podía sentir el calor y el aliento de Ron. De solo recordar se quedaba sin aire. Suspiró. Se miró al espejo para arreglar su cabello.

¿Por qué te fuiste? ¿Por qué huiste?-

Con premura terminó su desayuno y se dirigió a la facultad. Ese día tenía muchas, pero muchas cosas que hacer, pero casi no podía prestar atención a sus clases. Tenía la mente alborotada, llena de imágenes que repetía una y otra vez.

Al terminar sus clases sintió un apretón en el estómago. Era hora de ir al restaurante y sus nervios la estaban matando. Miró nuevamente su celular, pero no había ninguna llamada perdida.

Ron no la había llamado.

No quería desilusionarse. De seguro él estaba tan nervioso como ella y no sabía ahora como enfrentar los nuevos acontecimientos. Lo más probable era que Ron había estado pensando también en ese beso. Repitiéndolo en su cabeza de la misma manera en que ella lo estaba haciendo.

Tan rápido como pudo, llegó al local. Allí se encontraba la sra. Molly ayudando al señor Dumbledore en la cocina y Ginny se afanaba con los manteles. Hermione miró a la barra, pero allí se encontraba George. Pestañeó varias veces para digerir esa pequeña decepción.

Tranquilizó a la fuerza su pecho desbocado y comenzó el trabajo.

¿Qué más podía hacer?

Hola, Hermione- la saludó Ginny con una inmensa sonrisa- ¿Cómo amaneciste hoy?-

Eh… yo… bi… bien… ¿Por qué?-

Solo preguntaba. Es que te ves… algo distinta hoy- y la pelirroja volvió a sonreír.

La castaña la miró nerviosamente. ¿Sabría Ginny que Ron la había besado? ¿O solo estaba viendo cosas en donde no las había de puros nervios?

Estoy como todos los días- le devolvió la sonrisa- Bueno… este es un bonito día-

Ginny cerró los ojos aun sonriendo. Suspiró. Luego siguió haciendo su trabajo.

George tuvo que salir a cumplir con un mandado y las chicas quedaron en el lugar. A cada rato Hermione miraba a su alrededor con lo que ella creía la mayor de las discreciones, pero de Ron no se veía ni un pelo. Eso le apretó aun más el estómago.

Trató de concentrarse en su labor, por lo cual no le prestó atención alguna al hombre que llegó al restaurante a buscar unas llaves. Menos notó que el tipo había intentado coquetearle. Todo su ser estaba enfocado en que ese pelirrojo que la tenía por las nubes llegara de una vez. Al final ya no pudo resistirlo y tuvo que preguntar por él.

Ginny se había mordido los labios un segundo. Eso no era buena señal.

Le pidió permiso a Papá porque tenía… que hacer algo.- le dijo como cuidando sus palabras. Mas, pronto se apresuró en añadir- Pero de seguro ese asunto ya está concluido y ya debe estar por volver-

Tenía… ¿tenía que hacer algo con Lavender?-

Eh… no lo sé… no me dijo…- le respondió la pelirroja dubitativamente.

Al poco rato el susodicho cruzó el umbral de la entrada. Miró todo el lugar y al encontrar sus ojos con los de ella, se había ruborizado. Bajo la vista y se escondió en la cocina.

Hermione se inquietó.

Más tarde, el vaivén del trabajo no les dio tiempo de conversar. Ron se dedicó exclusivamente a sus labores y Hermione fue bajando de la nube tramo a tramo hasta que se vio pisando el suelo. Él no le había dirigido la palabra en toda la jornada.

A la salida no sabía qué hacer. Quería hablar con él, pero al mismo tiempo sentía que no era ella quien debía aclarar las cosas. Al final, Ginny la tomó de la muñeca y la había invitado al zoológico al día siguiente. La chica le sonrió con tristeza y aceptó la invitación. Así podría distraerse.

Te advierto que deberemos encargarnos de los pequeños gnomos. Deberemos estar alerta- le dijo su amiga.

Si… buenas noches, Ginny-

Hermione… no te sientas deprimida. Ron es un poco bruto y muy lento-

¿Cómo?- preguntó ella abriendo los ojos.

Hablamos mañana ¿vale?-

Tomó el primer taxi que apareció y se encerró en su mundo todo el trayecto. No reparó en la luz de la luna en el firmamento, ni en la camioneta que seguía el recorrido del taxi hasta su casa.

Entró y se fue a la cama directamente. Ya no quería seguir sintiendo esa triste sensación.

Afuera de su casa, Ron se sentaba en el portal, imposibilitado de golpear la puerta. Una hora después se marchaba arrastrando los pies y con la cabeza gacha.

Buenos días, Ginevra. Hoy será un ajetreado día. Buenos días, sol. Oh, buenos días, señorita azucena-

Ginny se había levantado con mucho ánimo. Sentía el calorcito de comienzos de Julio entibiarle la piel. Se dio un fresco baño y vistió su cuerpo con un pantalón de mezclilla. Una blusa rosada de cuello cerrado y unas zapatillas concluyeron su atuendo. Peinó su cabello y lo amarró en una trencita coqueta. Se maquilló suave y puso un poquito de perfume en su piel. Se sentía contenta de tener un panorama para ese sábado.

La luz de la mañana se filtraba por la ventana. Ginny se metió al baño y salió llevando un vaso con agua, regó a una bella flor azul que habitaba un bonito macetero y la dejó en el balcón para que tomara el sol.

Tomó su chaqueta. Su padre no la dejaría salir de la casa si no llevaba algo con que abrigarse. No importaba que estuvieran en pleno verano. Su padre no tranzaría con ello.

Se vio en el espejo y alzó los hombros con resignación y una sonrisa. Ya estaba lista.

Bajo los ojos y vio el sobre que descansaba en su mesita. No sabía si llevarlo o no. Había al fin escrito la carta de agradecimiento a la familia que le había donado el corazón y ahora le asustaba mandarla. Cerró los ojos con fuerza y metió el sobre en su morral. Así era mejor. Ya vería si lo enviaba o lo dejaba olvidado en el fondo de su bolso.

El parque zoológico era impresionante. Ginny lo contempló con asombro. Un inmenso letrero daba la bienvenida a los visitantes y desde fuera ya se escuchaban los ruidos que algunos animales emitían. Ginny remeció suavemente a la pequeña Vivian para entusiasmarla y ella le regaló un gritito de emoción. Hermione había atrapado la mano de Thomas, mientras Luna luchaba con Jack que insistía en colgarse de la reja de entrada.

Suelta eso, Jack. Te juro que si sigues así, voy a pagar yo para que te quedes con los monos-

Ginny ya no recordaba cuando había sido la última vez que había disfrutado de una visita al zoológico. Como si fuera una niña pequeña, se fue acercando a todas las jaulas, alzando los pies para mirar mejor. Una a una, el pequeño grupo fue observando las atracciones. Hermione aun seguía distraída y desde luego eso fue aprovechado por Thomas para liberarse y brincar sobre las bancas imitando el movimiento de los chimpancés de una jaula. Luna rió un rato y después lo correteó para agárralo y mantenerlo bajo vigilancia. Jack ya se entretenía rugiendo como león o como puma y se encaramó para observar mejor al elefante que en ese instante refrescaba su cuerpo lanzándose chorros de agua con la trompa.

De verdad estoy agradecida de que hayan venido conmigo. Estoy segura que estos niños nos van a agotar a las tres y caeremos como plomo en nuestras camas en la noche. Solo espero que ellos también se cansen-

Perdóname, Luna. Trataré de estar más atenta a los niños- se disculpó Hermione

No te preocupes, solo aléjalos de los leones. Los monos no les van a hacer nada porque son familia-

Hermione rió bajito.

Mira, Vivian, mira esos pajaritos. ¿Acaso no son preciosos?- decía Ginny sonriendo a plenitud.

Estás más emocionada que mis hijos, Ginny-

Es que no había hecho algo así en tanto tiempo-

Bueno, podríamos ahora ir a ese lugar- dijo Hermione quien leía el folleto del zoológico- es el hábitat provisorio de los gorilas-

Mmmm… gorilas… si, me gusta la idea- dijo Luna moviendo las cejas con travesura.

Entraron y vieron la jaula principal. Al fondo se encontraba un gran gorila dando la espalda al público. Ginny se distrajo pues Vivian había descubierto que su rojo cabello era una buena entretención y había enredado sus deditos en él, tirándolo un poco.

A la distancia, muy cerca del vidrio que separaba el hábitat del público, un hombre de lentes miraba la inscripción en un monolito. Le había sacudido un poco de polvo y observaba ahora al primate. Se le notaba apesadumbrado.

De pronto el hombre empezó a caminar en dirección a las tres mujeres. Parecía que él no estaba prestando atención a lo que ocurría a su alrededor, por lo cual no midió la distancia entre él y Ginny. Como la chica aun estaba en su faena de liberar su cabello de la garrita de la bebé, tampoco prestó atención al hombre que venía hacia ella. El hombre miró entonces a su derecha al mismo tiempo que Ginny miraba la suya propia y solo se dieron un ligero topón de hombros. Él hombre no se molestó en pedir disculpas por el breve percance, alejándose. Solo siguió su camino.

Ginny sintió el pequeño roce en el hombro, pero eso no fue lo que le alteró. Sorpresivamente su corazón saltó como un loco, haciendo que ella se detuviera en seco y se llevara una mano al pecho. Vivian la miró con curiosidad y tanto Luna como Hermione se apresuraron en ir a verla.

Ginny, que pasa. ¿Te sientes mal?- preguntó Hermione, nerviosa.

A lo mejor hemos caminado mucho y te agitaste. ¿Te duele?- añadió Luna.

No- dijo la pelirroja un poco extrañada- sea lo que sea… no me dolió. Pero es la segunda vez que siento esto esta semana-

Creo que lo mejor es que pidas una cita con tu médico- dijo Hermione- No es normal-

No hay problema, Herms. Solo fue un latido más potente. Hasta se sintió emocionante- sonrió la chica.

De todos modos pediremos esa cita- sentenció Luna- es mejor prevenir que curar.

Vivian estiró entonces sus bracitos hacia su madre, dejando al fin el cabello de Ginny en libertad. Toda la pandilla se dirigió al vidrio que los separaba de los gorilas y los chicos empezaron a llamarlos.

Ginny se aproximó al vidrio para mirar mejor. Fue cuando el gorila giró su cabeza en su dirección. El primate entonces se levantó y caminó hacia ella con premura. Ginny sintió otro saltito en el pecho, mitad de impresión, mitad de misterio. El animal la observó directamente a los ojos y se le llenaron los propios de lágrimas. La chica lo miró con curiosidad y no supo porqué apoyó su mano derecha en el vidrio por sobre su cabeza. De inmediato el gorila apoyó su palma sobre el vidrio en el mismo lugar en que Ginny lo hiciera, por el otro lado del cristal. Luego, Ginny apoyó su izquierda cerca de su cadera. El gorila la imitó en un segundo.

¡Miren, tía Ginny es una domadora de gorilas!- gritó Thomas abriendo mucho los ojos.

Te imita- dijo Hermione sorprendida.

Si, ¿no es extraño?- contestó la pelirroja.

Uyy... miren esos músculos. ¿Acaso no se sofocarían si vieran esos brazos en un hombre?- agregó Luna con picardía- Un par de comidas más, y Neville tendrá esos brazos-

¿Le dijiste gorila a mi papi?- preguntó Jack-

Luna no contestó. Solo rió de buena gana.

En la tarde se tomaron un descanso cerca de la compañía de correos. Ginny les había comentado a las chicas que había escrito la carta de agradecimiento y ahora Luna la alentaba para que terminara de mandarla.

Vamos, Ginny. Si ya la escribiste ¿Por qué no darle fin al asunto?-

¿Y si a ellos les molesta?-

No creo que se molesten- dijo Hermione- Se sentirán bien al saber que te preocupas por ellos.

Bueno- se levantó Luna de su banca- Vamos todos a la oficina. Chicos denle hurras a tía Ginny para que sienta fuerza y envíe su carta. Es muy importante-

Todos la acompañaron, pero Ginny se quedó casi paralizada al momento de entregar la carta al funcionario. Entonces todos empezaron a aplaudir y a decirle "Hazlo, hazlo, hazlo". La chica por fin asumió su cometido y entregó el sobre. Al mirar a sus compañeros, Hermione y Luna la miraban muy sonrientes.

Ahora, aplaudamos la valentía de Tía Ginny. Acaba de hacer algo muy bonito- decretó la rubia.

Al dejar a Luna y los niños, Neville ya los estaba esperando. De inmediato Thomas le dijo a su padre que su mamá había dicho que se parecía a un gorila. Neville miró a su esposa con una ceja levantada.

Si, papi- continuó Jack- Dijo que tenías brazos de gorila.

No… yo no dije eso- se excusaba la mujer con media sonrisa en los labios.

¿Ah, sí?- dijo Neville y entonces les habló a los chicos- y cuando pasaron junto al elefante ¿No les comentó nada de mí?-

¡Neville Longbottom!- Se sonrojó Luna.

Ginny y Hermione no pudieron detener la carcajada.

Al llegar al restaurante, la pelirroja estaba agotada. Tuvo que darse mucho valor para atender a los clientes. Hermione también estaba cansada, pero al igual que ella, trabajó como correspondía. Cuando el restaurante cerró, Ginny se fue a su cuarto y se cambió para caer completa en la cama. Sentía todos los músculos reclamando, pero eso le agradó. Ese había sido un buen día.

Puso la mano en el pecho. Aun recordaba ese extraño tamborileo en el corazón. Una sensación tan nueva que solo deseaba volver a sentirla otra vez.

Hermione no podía encontrar su arete. Era su favorito y temía haberlo perdido en el zoológico. Se agachó de nuevo y buscó debajo de su casillero. Pero el arito no aparecía. Se sentó en el suelo y sintió ganas de llorar. Estaba muy cansada y lo único que quería era irse a su casa. Escondió la cabeza entre las piernas y se quedó quieta por un instante.

No podía terminar peor esa semana. Primero ese beso que la había descontrolado, luego la indiferencia total de Ron y ahora la pérdida de su arito preferido.

¿Por qué tengo tan mala suerte? ¿por qué cuando creo que todo va a mejorar, empeora?-

Un llantito empezó a emanar de su pecho. Se sentía frustrada. Enojada, decepcionada. Para colmo había descuidado sus notas en la facultad y no se lo perdonaba.

Soy un desastre- susurró.

Al poco rato se oyeron unos pasos, pero Hermione estaba demasiado ocupada lamentándose que no les prestó atención. El recién llegado al verla, apresuró la caminata.

¿Qué pasa? ¿Hermione?-

El solo sonido de su voz la estremeció hasta los huesos.

Nada- fue lo único que ella dijo.

No es normal que uno llore por nada-

Se me perdió un arete. Creo que lo extravié en el zoológico- berreó la chica- era mi favorito-

¿No sabías si lo traías cuando llegaste?-

No… no recuerdo-

Lo vamos a buscar. Ya verás que aparece-

Hermione levantó la vista y le miró. Ron estaba agachado junto a ella y la miraba con preocupación.

¿Qué haces aquí? Creí que ya te habías ido-

Eh… yo… hoy no iba a salir y escuché un ruidito aquí-

Hermione se levantó repentinamente. Se enjugó las lágrimas y tomó su bolso. Ya no sacaba nada con seguir buscando el pequeño objeto. Lo que en verdad deseaba era poner distancia entre ella y el pelirrojo.

¿A dónde vas?-

A mi casa, ¿no es obvio?-

Pero… y el arete-

Ya se perdió. Para que seguir ilusionada con que lo voy a recuperar-

La chica caminó todo lo rápido que pudo. Salió a la calle y maldijo su suerte al ver que los taxis brillaban por su ausencia. Ahora que George estaba enamorando a una chica al otro lado de la ciudad se había olvidado de ella y si no encontraba un taxi, se vería en la obligación de caminar hasta encontrar uno.

Y le dolían tanto los pies.

A unos metros de caminata, una camioneta la alcanzó y el conductor había bajado el vidrio para hablarle.

Te llevo-

No-

Hermione-

Déjame en paz-

Pero…-

¡Uy!- Hermione caminó hasta la ventanilla y le gritó a todo pulmón- ¡Vete al diablo!-

Se alejó furiosa, casi corriendo. Pero no alcanzó a dar la vuelta a la esquina. La fuerte mano de Ron se ciño en su muñeca y la giró para que lo viera a los ojos.

¿Qué culpa tengo yo de que se pierda un arete? Lo único que quiero es dejarte en tu casa. Es muy tarde y es peligroso-

Y yo no quiero que te acerques. ¿O que estás planeando? ¿Volver a besarme y dejarme tirada de nuevo en mi puerta? ¿Quién te crees que eres?-

Lo de la otra noche fue… fue… un impulso. Estaba un poco… Me sentía…-

Por todos los santos… ¿No eres capaz de terminar siquiera una oración?-

No me sentía bien esa noche. Estaba solo y no sé… estabas linda… ¿Y por qué tanto escándalo? Solo fue un beso-

Claro… solo un beso. Tienes la sensibilidad del tamaño de una cucharadita de té. Déjame en paz-

Pues no… no pienso obedecerte-

La cogió del codo y tiró de ella hasta la camioneta. Mientras tanto, Hermione la golpeaba el cuerpo con el bolso. Ron la subió dentro y partió sin importarle los alegatos de la castaña. Al llegar, la chica se bajó y dio un fuerte portazo al vehículo. No se despidió, solo caminaba recto a su casa. El joven la miró enojado y también se bajó de la camioneta para seguirla.

Que majadera. Ten un poco de educación y dame las gracias por lo menos-

Yo no te pedí que me vinieras a dejar-

Pues lo hice de todos modos. Eres una desagradecida-

La chica dio la vuelta y caminó hacia él amenazadoramente, Ron involuntariamente retrocedió un par de pasos.

Solo te voy a decir una cosa, Ronald Weasley. Yo no soy como esas mujeres a las que estás acostumbrado. No me ando besuqueando con el primero que golpea a mi puerta. Quizás tus amigas tengan el hábito de besuquearse contigo cuando se te da la gana, pero yo no soy así. ¡A mí me respetas!-

¿Y qué tanto con el beso? Deberías agradecerme. Hace tanto que no tienes novio que de seguro ya no recordabas lo que es besar a un hombre-

¡Idiota!-

¡Fastidiosa!-

¡No vuelvas a hablarme! ¡No quiero que vuelvas a ponerme ni un solo dedo encima de nuevo!-

Oh, se ofendió la señorita mojigata. Apenas te toqué el rostro y te espantas. Haces un berrinche por un leve roce de labios. ¿Sabes qué? Te voy a dar razones de peso para que te enfurezcas-

Y la tomó de la cintura y la nuca. Le atrapó la boca y la besó con enojo. Hermione forcejeó pero eso no lo detuvo. La apretó contra su cuerpo y profundizo el beso hasta que ella se quedó quieta en sus brazos.

Poco a poco, el fastidio se estaba transformando en pasión pura. Ron enredó su lengua con la de Hermione y la dejó sin aire, sin voluntad, sin conciencia.

La soltó antes de perder por completo el control.

Reclama- dijo agitado- ahora si tienes… razones para reclamar-

Temblorosa, Hermione demoró un par de segundos en volver a abrir los ojos. Ron la miraba con la vista encendida, respirando a jadeos. Un montón de emociones le atacaron la garganta y los ojos se le humedecieron otra vez.

Eres un imbécil- sollozó- Te odio, te odio-

Y se fue corriendo a su casa. Allí se lanzó al sillón más cercano y dejó que el llanto la agotara por completo.

Ron la vio marcharse y un dolor sordo fue creciendo en su interior. Quiso correr, alcanzarla, decirle que lo sentía, que había sido un completo idiota, pero ya no le quedaban fuerzas.

Las había entregado todas en ese beso.

Apesadumbrado, se subió a su camioneta y partió al restaurante. Al llegar se dio de cabezazos contra el muro y liberó la congoja que lo torturaba. La pequeña ventana cerca de él dejaba pasar la tenue luz de la Luna. Ron miró el suelo y muy cerca del muro opuesto vio que un punto destellaba. Se acercó y al agacharse vio un arete que yacía solitario. Lo tomó y lo acarició con los dedos. Lo metió a su bolsillo.

Eres mío ahora- fue lo único que dijo.

Varios días habían desde esa condenada resaca. Ya era miércoles y Harry estaba muy ocupado arreglando el último desastre que Malfoy había dejado en la obra. Ya estaba que mandaba todo al diablo. Había pensado en tomarse unas vacaciones. Por qué si seguía así, muy pronto iba a matar a alguien.

Buscó un cigarrillo y lo prendió. Había dejado el hábito hacía años, pero ahora necesitaba uno. Si Cho lo viera le hubiera dado un coscorrón.

La puerta de su tráiler se abrió y por ella pareció Seamus con una sonrisa bandida. Harry levantó una ceja y se acomodó en si silla para esperar a escuchar que nueva locura le traía el irlandés.

Te tengo una nueva-

¿Qué?-

Tenemos una cita-

¿Tú y yo? No te ofendas, Seamus, pero no eres mi tipo-

Jajja… vaya, tu sentido del humor está regresando, eso es bueno. El viernes tenemos una cita doble con dos lindas señoritas-

No-

Al decir esas palabras, Harry se levantó de su asiento y dejó a Seamus solo en el tráiler. Unos segundos después, el insistente veterinario ya le estaba pisando los talones.

Vamos, Harry. Te aseguro que te va a gustar-

Te dije que no-

Mira, te propongo algo. Te dejo a la más buena.-

Por favor, Seamus. No tengo interés-

Pero tienes que salir. Con compañía, ya sabemos lo que te pasa cuando sales solo. Piensa que vas a sacar la mejor parte… una buena cena, un buen cuerpo… una buena noche… con un buen cuerpo-

¿No sabes el significado de la palabra NO?-

Mira, por último las llevaremos a un lugar conocido para ti. Ya hice la reserva. Viernes a las 9 en "La Madriguera". Nos juntamos en el lugar. No puedes dejarme solo con las dos-

Tenía entendido que te la podías con dos chicas-

Claro que me la puedo, pero la idea es que ambos la pasemos bien. Vamos, di que si-

No insistas, no pienso ir -

Al final se deshizo de su compañero y continuó con el trabajo. No estaba dispuesto a perder el tiempo en cititas.

Seamus no claudicó y lo hostigó todo el jueves y el viernes en la mañana. Pero Harry lo esquivaba. A las 6 llegó a su casa y vio que Hedwig hacía guarda como cada día frente a la puerta. Al ver bien, vio que en el piso había un sobre. El remitente era de la Corporación del trasplante. No lo quiso abrir. Se fue a su cuarto y vio el desastre que tenía. Dejó el sobre encima de una cómoda, junto a su colección de música y se lanzó sobre la cama. No tenía nada que hacer y al poco rato ya estaba aburrido como una ostra. Pensó en las lindas veladas que había compartido con Cho y recordó que ella siempre le decía que lo más bello de la vida era vivirla.

Entonces tomó la decisión. Llamó a Seamus y le preguntó si la cita doble aún estaba en pie. La voz del veterinario se oyó feliz al otro lado de la línea. Apenas colgó fue a bañarse y pronto estuvo listo.

No se había puesto un esmoquin pero no lucía mal. Se puso unos pantalones de paño negro, con zapatos relativamente lustrados. La camisa era blanca, con un ligero suéter y una chaqueta. Hizo un pequeño amago en su cabello y tomando sus llaves y su celular salió por la puerta.

Esperaba que esa noche no fuera tan mala como lo había sido esa semana.