Hola:
Y ya volví. Estaba tan ansiosa de escribir este capítulo que no me demoré tanto en actualizar. Creo que me porté muy bien.
Muchos saludos a todos.
Yaem Gy
Capítulo 7: Agua al estilo Irlandés
Había muchas mesas ocupadas. George brincaba por todo el lugar llevando las bandejas con un ritmo tan divertido que al pasar dejaba como estela un murmullo y un canto de risas. En el escenario se encontraba otra vez aquella banda musical que los había acompañado un año antes, la noche en que Ginny había sido trasplantada. Todo el ambiente embriagaba, casi se podría decir que el restaurante se había convertido en un portal directo a la bella isla color esmeralda.
Ginny, estaba emocionada, los pies se le iban solos, tenía unas enormes ganas de bailar. Al ritmo de la música giraba su falda de tablillas y dejaba volar su cabello atrapado en una linda cola de caballo. Su blusita blanca de cuello redondo la hacía ver tierna y luminosa.
Hermione también se veía bonita esa noche. Se había recogido el cabello hacia un lado y un par de rizos caían con gracia por su hombro. Usaba también el mismo tipo de blusa y falda que Ginny, pero algo más larga. Y a pesar que su mirada era melancólica y su sonrisa breve, tenía un halo de ternura.
Ron la miraba ir de aquí para allá sin dedicarle ni la más mínima de las miradas. Para colmo, ella había llegado a un acuerdo con George en el cual todos los tragos que se pidieran los encargaría el pelirrojo y ella se encargaría de todos los platos que les pidieran a los dos, las propinas las ganarían a medias.
Así ya no había manera que Ron y Hermione cruzaran palabra en toda la noche.
El pelirrojo suspiró derrotado. Tomó una de las botellas y vertió el contenido en una copa de Martini. Tenía que hacer algo, tenía que conseguir hablar con ella. Tenía que pedirle perdón por ser tan bruto. La extrañaba, y lo peor de todo, necesitaba besarla desesperadamente una vez más. Se saboreó los labios al solo recordar el sabor de esa boquita rosa. Tenía sed… tenía sed de un beso de ella.
Sacudió la cabeza y trató de concentrarse en lo que hacía al ver que la copa rebozaba y mojaba la barra.
Demonios- dijo entre dientes.
Aquí tierra, aquí tierra a Ron perdido en el planeta Hermy- dijo George mirando el desastre- si sigues así se agotarán nuestras reservas de licores-
Cállate, George- gruñó el barman.
¿No me vas a contar que estupidez hiciste para que ella haya olvidado que existes?-
No te importa-
Pues si me importa. Este trato de los tragos no me gusta mucho. No me ha permitido coquetear con la mesera nueva-
¿Qué no tenías novia, George?-
Bueno, lo que es decir con todas sus palabras novia, no, solo es una amiga que me tiene un cariño especial- al decir esto, George movió las cejas con picardía.
Eres un cretino. De seguro tienes ilusionada a esa chica y ahora quieres coquetear con Angelina-
Tú no haces nada mejor. Te encamas con Lavender, pero bien que cortas las huinchas por que Hermione te de una chance-
Toma tus tragos y lárgate- volvió a gruñir el pelirrojo a su hermano- Y déjame en paz-
George meneó la cabeza negativamente asomando una sonrisa resignada en los labios. Palmeó el hombro de Ron y cargó sus copas. Ron le siguió con la mirada resentida, hasta que se topó con esa cabellera castaña que le fascinaba. Hermione caminaba muy concentrada terminando de anotar algo en su libreta. Ron la contempló embobado, amaba ese gesto de concentración en el rostro de ella.
Alooooo… ¿hay alguien aquí?- escuchó el muchacho antes de ver unos dedos que chocaban frente a sus ojos. Se dio la vuelta y vio a Ginny mirarlo con algo de fastidio
No tienes porqué tronar los dedos, Ginevra- le contestó
No me vuelvas a decir Ginevra- frunció el entrecejo la chica- Este lugar está lleno y tú solo te dedicas a seguir con la vista a Hermione a todo lugar a donde va. Te demoras con mis tragos-
No la estoy siguiendo- protestó Ron moviéndose lo más rápido que podía para preparar los pedidos que le traía su hermana.
Si claro, solo se te van los ojos solitos…- al decir esto Ginny rió.
Mejor preocúpate de esas personas que están llegando-
Ginny se giró y vio a tres personas asomar por la puerta. Aprovechando que Ron aun no terminaba de completar el pedido se aproximó a ellos para atenderlos.
Buenas noches, bienvenidos a "La Madriguera"-
Muy… muy buenas noches- dijo el único varón del trío sonriéndole galantemente- Reservé una mesa a nombre de Finnigan y Potter-
Oh, sí, acompáñenme por favor- les invitó ella con amabilidad.
Caminó con ellos hasta una de las mesas que estaba cerca del escenario. El grupo musical interpretaba una danza contagiosa que incitaba a Ginny a moverse rítmicamente.
Oh, pero no puede darnos este lugar- dijo de inmediato una de las mujeres- Ese ruido solo va a alterar mis nervios-
Oh, ¿encuentra muy alta la música?- preguntó Ginny con simpatía.
¿Eso es música?- atacó la mujer otra vez. Ginny la miró con los ojos entrecerrados.
Oh, Romilda, tranquila- había dijo el hombre- claro que es música. Solo está un poquito alta. Esa es una danza del sur de Irlanda, lugar de donde proviene mi familia. Solo tienes que acostumbrarte un poco y de seguro terminarás amando su melodía-
Seamus, querido, es que no se puede comer con tanto ruido. El yoga dice que la calma promueve la buena digestión, el ruido solo hará que encuentre todo con un sabor amargo-
Será por tu lengua, bruja- susurró la pelirroja poniendo su mano en los labios.
¿Perdón? ¿dijiste algo niña?- la enfrentó la tal Romilda.
Sí- contestó Ginny sonriendo con hipocresía- que puedo cambiarlos a una mesa más calmada. Síganme por favor.
El grupito caminó a otro lugar y Ginny les mostró una mesa pequeña en un costado del restaurante.
Es la mesa reservada a la familia, pero a mi madre nunca le ha gustado mucho comer sin ruido-
Sin esperar respuesta de la morena antipática, la pelirroja se giró para volver a buscar sus tragos.
¿Por qué les diste la mesa de mamá?- fue lo primero que Ron le preguntó al verla llegar.
Por qué una de las tipas se le amarga la comida al escuchar música-
Al entregar sus tragos, de inmediato la joven se acercó a su hermano mayor.
George, ¿puedes atender la mesa de mamá?-
No, lo sabes, no es mi sector-
Pero, George…-
Habla con Hermione, aunque tampoco creo que pueda, la mesa queda muy lejos de nosotros dos-
Ginny buscó a su amiga, pero no pudo lograr convencerla, buscó entonces a Angelina, pero ella estaba muy afanada con las mesas del fondo. Se maldijo a sí misma. No le quedaba más remedio que atender a la señorita amargura y compañía.
A lo lejos vio a Hermione dar tumbos con una de las bandejas.
La castaña ya no podía más. Le había tocado el trabajo más pesado. Pero estaba dispuesta al sacrificio con tal de ni siquiera mirar a Ron. Después de ese beso robado a la fuerza, la chica se había sentido desmoronada.
Para Ron era tan insignificante que ni siquiera se molestaba en respetarla.
A pesar de que el beso le había hecho temblar y quedarse sin aire, no podía olvidar que Ron se lo había dado en un arrebato caprichoso. No había pasión en sus labios, solo fastidio.
Así Hermione no quería que nadie más le diera un beso en la vida… mucho menos Ron.
Acomodó los platos y se dio ánimos para repartirlos. Pero la bandeja estaba muy pesada.
En un momento tropezó con una de las esquinas de una mesa, su bandeja se le escapaba e irremediablemente se le derramaría el contenido en el suelo. Pero algo lo impidió.
Unas manos grandes y fuertes sostuvieron la bandeja, evitando el desastre. Al mismo Tiempo un cuerpo ancho detuvo la caída de la chica. Al tratar de aferrarse para no caer, Hermione se había apoyado en un brazo fuerte. Con ojos abiertos miró a su salvador y éste se giró para hacer exactamente lo mismo con ella.
Oh, perdón… gracias, gracias. Me salvó del desastre-
No hay prroblema. Perro debo decirrte que esta bandeja es muy pesada para alguien tan delicada como tú-
Al decir esto, el desconocido le había sonreído suavemente de medio lado.
Hermione pestañeó. Observó al hombre y sonrió tímidamente. Era bastante atractivo. Su cabello corto y negro hacía juego con unos ojos profundamente oscuros, que le daban un toque de misterio. La barba corta le daba un toque de tibia rudeza.
Gracias- volvió a repetir la chica, tratando de recuperar su bandeja. Él hombre se la fue entregando con calma.
Busco la mesa que ocupan unos búlgarros brrutos, ¿sabes cuál es?-
Eh… sí… es hacia el fondo. Estaban encantados de que les tocara en una esquina-
Si, les gusta encontrrar un lugar en donde puedan observarr pasarr a las chicas lindas. Son muy tímidos parra hablarrles- y parecía que él también era tímido. Se había sonrosado un poco luego de decir esas cosas.
Esto le pareció muy adorable a Hermione.
Le guío hasta su mesa, sígame-
Grracias, perro si me perrmites, quisierra llevar la bandeja porr ti-
Con su ayuda, Hermione no demoró nada en dejar los platos en las mesas mientras lo guiaba a la que le tocaba al hombre. Este nada decía, solo la seguía obedientemente. Al llegar, los amigos del hombre vitorearon y aplaudieron. Este solo miró a Hermione con una sonrisa de disculpa.
Su mesa, que disfrute de la cena-
Ya es un placerr desde que crrucé la puerta- le contestó él-
Hermione no supo porque se había puesto tan nerviosa. Solo le sonrió y dio la vuelta para continuar con su trabajo, pero el hombre le tomó de la muñeca y al sentir el contacto, ella se giró.
Disculpa, perro…- parecía que el hombre buscaba valor- ¿Me dirrías tu nombre?-
Eh… Eh... yo… eh… Hermione, Hermione Granger-
Él joven bajó su mano para tomar la de ella y apretarla con suavidad-
Viktor Krum, parra salvarrla cada vez que una bandeja quierra escapar de sus manos-
Testigos de ese momento inusual, los amigos de Krum solo se miraban entre ellos y sonreían cómplices.
Encantada, señor Krum. Pero le pido me disculpe…-
Clarro, clarro… el trrabajo no esperra-
Muy alterada por ese primer encuentro con el moreno, la castaña se alejó a los tumbos. Se sentía inquieta y una sonrisita nerviosa la abordó. Mientras acomodaba otra rebosante bandeja, cada cierto tiempo miraba de reojo al fondo del local, descubriendo que ese Viktor no le quitaba los ojos de encima.
Y así como los ojos de Krum no dejaban de posarse en la muchacha, unos ojos azules no dejaban de mirarle a él. Pero el tono en la mirada de mar no era de suave embelesamiento como la que él le prodigaba a Hermione.
Camino al restaurante, Harry empezó a arrepentirse. En verdad no quería conocer a una chica nueva. Además, conocía el tipo de amigas que Seamus tendía a frecuentar. No quería ser discriminador, pero no veía que encontrara nada en común con alguna de ellas. Al llegar al estacionamiento tomó las llaves y volvió a encender el motor. Con la otra mano buscó su celular para llamar a Finnigan y decirle que la cita estaba cancelada, pero después pensó en el dilema en que dejaría al castaño.
Bueno, solo me quedo un par de horas como máximo. Pero no vuelvo a dejarme envolver por Seamus-
Antes de entrar miró la fachada del local, La casona era de extraña construcción, pero tenía un dulzón toque campestre. Como arquitecto, Harry observó los detalles y sonrió. El que hubiera construido ese lugar de seguro tenía conocimientos muy básicos de arquitectura.
Pero sin embargo… se mantiene en pie como por arte de magia- susurró.
Al abrir la puerta se vio de pronto transportado muy lejos. No pudo evitar la emoción. Buscó con la mirada a sus acompañantes, pero el lugar estaba tan abarrotado que simplemente no los pudo encontrar. A los pocos segundos que ingresara, la mesera castaña se le acercó para atenderlo. Harry, sin poder evitar a la barra en un vistazo, le comunicó a la chica a nombre de quienes estaba la reserva.
Oh, claro, su mesa estaba cerca del escenario, pero fue cambiada a la que está en ese rincón. A una de las comensales le molestaba la música-
Harry frunció el ceño. ¿Cómo a alguien le podría molestar la buenísima música irlandesa que estaba sonando en ese momento?
La cita estaba comenzando muy mal.
Se dirigió hasta el lugar que le indicara la chica y mucho antes que pudiera llegar Seamus ya se había levantado para recibirlo.
¡Harry! Ya empezaba a creer que no vendrías-
Bueno… aquí estoy-
Sin que ambos hombres se percataran, la chica que estaba sentada al lado de Seamus le había pegado un leve codazo a la tal Romilda.
Bien chicas, les presento a mi buen amigo Harry Potter. Ellas son Dina Ferras y la linda chica aquí es Romilda Vane- Y al decir estas palabras, Seamus le guiñó un ojo.
Harry trató de ser amable y amistoso, total esas chicas no eran culpables de nada. Seamus entonces empezó a lanzar un arsenal de bromas que hacían reír mucho a las chicas pero que a Harry solo le provocaban una sutil sonrisa.
… desde entonces atiendo a su gato… jajajaj- reía el veterinario.
Sí, adoro a los gatos, son tan independientes- acotó Romilda sonriéndole a Harry de oreja a oreja.
A mí me gustan los perros, y tengo una lechuza- dijo Harry al sentir que la chica le pedía con la mirada que le hablara.
¡¿Una lechuza?! Pero, ¿ese no es una clase de bicho salvaje? ¿Con parásitos y todo?- se horrorizo la mujer.
No más parásitos que las pulgas que lleva un gato- se limitó a decir el moreno, no le había gustado que trataran a su Hedwig de bicho salvaje.
Brandon no tiene pulgas. Es muy aseado- dijo la chica un poco cohibida.
Ehh, si Harry, Brandon es un gato limpio- trató de arreglar Seamus- y Romilda, Hedwig es una lechuza hermosa y sumisa-
Harry levantó una ceja, Hedwig era cualquier cosa menos sumisa.
¿Qué nadie atiende aquí? – se quejó Romilda para romper la tensión del momento- espero que nos atiendan bien, la chica esa que nos recibió al principio se comportó algo grosera-
Oh, vamos, no es una belleza… digo… una mesera excelente- dijo Seamus al escucharse a sí mismo y percatarse de las miradas de Romilda y de dina. Harry lo miró con indiferencia.
Y Harry de pronto sintió unos pasos que se acercaban a sus espaldas.
No estaba para nada contenta de atender la mesa de su madre, pero no podía seguir esquivando el bulto. Caminó hasta la barra para entregarle los últimos pedidos a Ron para luego armarse de paciencia y atender a esa morena antipática.
Pero pobre de ella si la seguía provocando.
¿Y? ¿Los vas a atender o no?- le preguntó Ron preparando un tequila margarita sin mirarla- mira que acaba de llegar con ellos el loco borracho que te mencioné el otro día.
No quiero… Ron, te pago por atenderlos, yo mientras hago los tragos-
No, no me gusta ser mesero, sabes que me carga. Lo siento, hermanita. Tendrás que hacerlo tú-
Pero, Ron…-
No… no… y no-
Está bien- gruño la pelirroja- pero te acabas de perder la oportunidad de no decirme que rayos le hiciste a Hermione. Te juro que no te salvas de mi acoso hasta que me lo digas-
La chica acomodó el mandil y movió el cuello para relajarse. Tomó su libreta de notas y caminó hasta la mesita del rincón. A cada paso que daba su corazón empezaba a dar más saltos inexplicables.
No sabía porqué al solo vislumbrar la espalda del hombre sentado frente a ella, una emoción ciega le había atacado en el pecho.
Eh, bueno, me ha tocado ser su mesera-sonrió a todos- ¿qué tragos desean pedir antes de elegir su comida?-
A mí me gustaría un whisky irlandés, uno de la costa si es posible- le dijo el hombre que había reservado la mesa con una gran sonrisa.
Yo quiero un margarita- dijo la otra mujer.
Pues yo quiero un jugo de frambuesa, sin pepas, sin hielo, sin agua, y sin azúcar- dijo la molesta morena.
¿y usted? – preguntó al hombre que la había empezado a mirar de una forma que la estaba haciendo estremecer.
¿yo?- preguntó como si recién se estuviera dando cuenta que ella le hablaba- eh… yo… un jugo... con hielo y pepas, no hay problema- sonrió.
Ginny creyó morir cuando lo vio sonreírle.
Hey… muchacha… quiero que me traigas algo más-
La voz de esa mujer ya estaba volviéndose insoportable, le estaba arruinando un momento que Ginny no sabía interpretar.
Claro, dígame-
Tengo mucha sed, y como sé que vas a demorar horrores con mi jugo, quiero que me traigas agua suiza-
¿Cómo?- dijo la pelirroja.
Agua suiza, ¿no me oyes? no francesa, la francesa me mata, ni alemana tampoco, suiza, en botella, sin congelar y con bombilla-
Agua suiza… claro-
Si agua suiza, pero asegúrate de leer la botella antes de traerla. Una vez me dieron agua francesa y sufrí horrores… ¿recuerdas, Dina, esa terrible noche en Madrid?-
Oh, si la recuerdo- contestaba la otra mujer que casi apenas hablaba.
Pues, trae agua suiza, ¿Porqué no estás anotando? ¡lo vas a olvidar!-
No se preocupe, su pedido lo tengo muy claro, señorita- dijo Ginny con ironía.
Se alejó de la mesa, pero entonces recordó que el atractivo hombre, de esos ojos verdes que ella había encontrado tan bonitos, no había dicho de que era el jugo que deseaba.
Disculpe… su jugo ¿de qué lo quería?-
El hombre le sonrió otra vez. Parecía que estaba empeñado en matarla.
De… piña… si…- Ginny trató de marcharse para no desmayarse allí mismo, pero entonces ese hombre le tomó la muñeca- disculpa… ¿nos conocemos?-
Eh… no sé… tengo la leve sensación de conocerlo de antes pero… no… no lo creo- y le sonrió. Es más, no podía controlar esa extraña felicidad dentro de ella.
Mi agua suiza, muchacha… demoras mucho-
Ginny estuvo a punto de meter su libreta en la boca de la fulana esa, pero se contuvo. No quería que el hombre de los ojos bonitos pensara que era una salvaje.
Si, de inmediato- se limitó a decir.
Y al llegar a la barra y darle el pedido a Ron se limitó a decirle.
Pásame una botella de agua suiza-
Fue solo verla y sentir que todo alrededor se había desvanecido. No podía explicar porque se había sentido tan atraído a la mesera que los estaba atendiendo en ese momento. Ya le había escuchado a Seamus comentar que la mesera pelirroja de "La Madriguera" era hermosa, pero ahora creía que la palabra no le hacía justicia a la chica.
Pero más que belleza, esa chica encerraba algo más que lo atraía, algo que no podía explicar.
Impedido de controlar su mirada, se había quedado pegado mirándola. Le habían gustado sus ojos azules, y sus cabellos rojos atrapados en una coleta. Cerró los ojos por un segundo, su aroma era delicioso.
A lo lejos había escuchado la voz chillona de la cita a ciegas que Seamus le había conseguido. Pero solo rezongos y reclamaciones se distinguían. Ahora sabía quien había sido la culpable de que los cambiaran de mesa. Hablaría con Seamus después para reprocharle su mal tino.
¿y usted? – le había preguntado la linda pelirroja. El cruce de sus miradas le hizo ensanchar el corazón.
¿yo?- preguntó dándose cuenta que ella le hablaba- eh… yo… un jugo... con hielo y pepas, no hay problema- sonrió.
Hey… muchacha… quiero que me traigas algo más-
Harry vio en el rostro de la chica que estaba juntando paciencia para no lanzarse encima de Romilda. A él también lo estaba cansando.
Al final su cita había dado estrictas instrucciones sobre un agua suiza que quería beber. A Harry le pareció estúpidas todas las indicaciones. Pero nada dijo, solo se limitaba a mirar como la mesera trataba de controlar un carácter que, él descubría, parecía muy fuerte.
Cuando ella se marchó, sintió como si todo otra vez se volviera fútil. Pero la chica de pronto había regresado a él.
Disculpe… su jugo ¿de qué lo quería?-
Harry le sonrió otra vez. Algo en esa chica le encantaba..
De… piña… si…- la mesera trató de marcharse, pero Harry sintió que algo en ella le parecía demasiado familiar. Algo muy íntimo. Entonces le tomó la muñeca y le dijo - disculpa… ¿nos conocemos?-
Eh… no sé… tengo la leve sensación de conocerlo de antes pero… no… no lo creo- y ella le sonrió. El corazón de Harry empezó a correr a mil kilómetros por hora.
Mi agua suiza, muchacha… demoras mucho-
Como quiso cerrarle la boca a esa mujer. Pero por sobre todo era un caballero. Debía comportarse con propiedad. Además, si él hacía un desmadre, ¿qué pensaría de él la bonita mesera?
La vio irse y su mirada la fue siguiendo. Entonces un celular empezó a sonar y Romilda en una broma que quizás intentaba acercarlo, dijo que el trasero de Harry sonaba. Por primera vez Harry sonrió con sinceridad y tomó el aparato. Lo estaban llamando de la obra para informarle que los guardias ya estaban apostados en el lugar para cuidar los insumos. Harry les pidió permiso a todos y se levantó. Le dijo al hombre que estaba al otro lado de la línea que lo esperara para encontrar un buen lugar donde ubicarse y sin querer llegó al lado de la barra. Ron lo miró y lo saludó con un movimiento de cabeza, a lo cual Harry contestó de muy buena gana.
Frank, quiero que me llames en diez minutos, ni uno menos y ni uno más. Sígueme el juego cuando te hable. ¿Vale?-
Estaba de lo más bien hablando con Frank cuando miró al frente y vio a la linda pelirroja haciendo algo que le hizo sonreír de oreja a oreja. Ella se volteó y al verlo mirarla se había puesto de todos colores.
-Agua suiza, agua suiza. Condenada tipa, primero critica mi amada música irlandesa, luego me trata como si yo fuera la peor de las meseras, y ahora quiere una estúpida botella de agua suiza. Ya verá lo que hago yo con su famosa agua suiza-
Furiosa, tomó la tapa de la botella y la abrió, luego y con una terriblemente linda sonrisa de maldad dio vuelta la botella y vertió todo su contenido en el lavamanos que se encontraba al lado de Ron. Muy contenta empezó a tararear la contagiosa melodía que la banda interpretaba esperando a que la botella se vaciara por completo. Luego abrió el grifo y una cristalina agua de tubería empezó a ocupar el sitio que la delicada agua suiza antes tuviera. Para rematar le pidió a Ron una bombilla y coronó su obra maestra metiéndola por la boquilla del recipiente. Suspiró y contempló su bello trabajo.
Agua suiza… pues aquí no tenemos agua suiza… solo tenemos la mejor agua al estilo Irlandés-
Satisfecha, se giró para poner la botella en la bandeja junto a los otros jugos y tragos. Y entonces…
"Demonios, demonios, demonios" pensó al ver al hombre de los ojos verdes mirarla hacer toda su travesura.
Se puso colorada como un tomate y le hizo una mueca de disculpa que él devolvió con otra sonrisa asesina y un guiño de uno de sus lindos ojos.
Él se alejó y ella esperó un minuto para seguirlo. Esperaba que no la delatara.
Harry se la estaba pasando en grande. La cita había sido un fiasco, pero conocer a la mesera lo había fascinado. Al descubrirla en su travesura, quiso decirle que la comprendía y al llegar a su mesa no se molestó en delatarla. Acomodó su chaqueta al sentarse y al girar para ver a sus acompañantes, la dichosa Romilda se había quitado su propia chaqueta y había dejado a vista y paciencia de todos un escote que rayaba en el insulto. Harry quitó la vista de inmediato y buscó en que distraerse mientras Romilda le hablaba con azúcar en la voz. La trató con cortés indiferencia hasta que la simpática mesera regresó.
Su bebidas-
Romilda de inmediato tomó la botella.
Oh, Agua suiza- dijo Harry- Se ve muy sana y deliciosa- y sonrió nuevamente tratando de mitigar la carcajada. La mesera se había sonrosado otra vez.
Romilda bebió un trago largo y luego suspiró de deleite. Harry se mordía el labio, casi era imposible controlarse.
Oh, Sí, a esto me refiero. El agua suiza es la mejor del mundo. Fresca y liviana-
Harry miró a la chica, ella le miró en forma fugaz por un segundo. Al moreno le pareció genial compartir con ella ese pequeño secretito.
Bueno, ¿ya desean pedir sus platos?-
Pues que no nos has dicho cual es el plato de la casa, niña- dijo Romilda con un dejo de desdén.
Ginny entrecerró los ojos de nuevo, por muy placentera que se sintiera esa complicidad con ese hombre, no olvidaba que estaba en planes de venganza.
Pues ¿Qué es lo que nos recomiendas, linda?- le preguntó el hombre que había reservado la mesa.
Tenemos…- sin poder controlarse, sus ojos se fueron hacia el moreno que estaba sentado a pocos centímetros de ella. Él también la quedó mirando, cómplice- tenemos…-
Ay, ¿Qué no hay otras meseras aquí?- dijo la antipática.
Controlando ese ímpetu inexplicable que la atraía sin remedio a ese hombre, Ginny afirmó su libreta y levantó una ceja para mirar directamente a su contrincante.
Pues tenemos carne irlandesa, Crema y cordero. Todo con sus guarniciones-
El cordero suena bien- dijo de pronto el hombre que le había puesto más nerviosa de lo que ella podía imaginar.
¿Qué no tienen cosas sanas aquí?- dijo Romilda- no sé, cosa sin grasa-
Pues podemos cocerle la carne con agua suiza para que quede conforme- dijo Ginny ya sobrepasada, provocando que el moreno escupiera el sorbo de jugo que había tomado.
¿Qué dijiste, insolente?- le recriminó la mujer.
Puedes…- le dijo ese moreno lindo limpiándose la boca con una servilleta- ¿puedes darnos un momento?-
Claro- dijo Ginny ahora un poco avergonzada para alejarse a buena distancia de la mesa.
Harry volvió a secar su suéter. No había podido controlar el impulso cuando ella nombrara de nuevo la ya famosa agua suiza, derramando su jugo sobre el mismo al venirle el ataque de risa. Apenas la chica se alejara, Romilda empezó a reclamar el pésimo servicio y trató de levantarse para hablar con el dueño del local. Harry le pidió que se calmara y que no era necesario alterarse.
Pero es que deberían despedirla. Su trato es altanero-
Vamos, Romilda- dijo Seamus, quien también se estaba fastidiando con la chica- disfrutemos de la velada. Puedes pedir una guarnición de verduras sin grasa y todo arreglado-
El vibrador del teléfono de Harry empezó a moverse. Esta vez Harry lo tomó de inmediato. No pensaba quedarse al lado de esa mujer un segundo más.
Lo contestó e inventó que Malfoy de nuevo le estaba arruinando los materiales de construcción. Al colgar le dijo a Seamus que tenía que marcharse y aunque éste protestó y le dijo que no podía abandonarlos, Harry hizo caso omiso y se despidió de todos. Antes de marcharse quiso saludar al pelirrojo de la barra, dejando su celular en ésta.
Hola, ¿noche agitada?-
Un poco… ¿desea un trago?- le contestó el barman.
No, esta noche no tengo ganas de beber. Solo pasé a saludar-
Pues, gracias por el gesto-
¿Cuándo nos vamos a tratar de tú? Casi tenemos la misma edad-
Bueno, no tengo costumbre de tutear a los clientes- se excusó el pelirrojo.
Harry iba a agregar algo cuando Seamus le alcanzó.
A mí no me engañas. Lo del nuevo boicot de Malfoy es mentira-
Es cierto. Tengo que marcharme-
Pero, Harry, te garantizo que Romilda es genial, solo que esta no es una buena noche-
No te he dicho nada en contra de ella. Tengo que marcharme… ah… dile que disfrute a concho su agua suiza. Nos vemos… ¿Ron?-
Ron, Ron Weasley-
Nos vemos, Ron-
Sin escuchar a Seamus. Se dirigió a la puerta. Estaba por salir cuando alguien le tomó del codo.
¿Ya se marcha?-
Al mirar quien lo retenía. Sonrió complacido.
Sí, tengo que hacerlo-
¿Sus… amigos y su novia… se quedarán?-
No es mi novia- afirmó con la necesidad de aclarar de inmediato el asunto- y sí, ellos van a quedarse. Lo lamento-
Bueno, puedo poner más agua al estilo irlandés en la comida de ella-
Y estoy seguro que lo disfrutará al máximo- sonrió el moreno.
De pronto la mesera castaña se aproximó con un recipiente. La pelirroja la miró y sin pedir permiso se lo arrebató y se lo entregó a Harry con algo de coquetería.
Una gentileza de la casa. Gracias por no delatarme-
No lo agradezcas. Me divertí mucho con esa travesura-
Eh, disculpen, pero… te llaman-
La castaña había mirado a la pelirroja y le había indicado con la cabeza que la estaban llamando de la mesa de la pesada. La chica le miró y se encogió de hombros con resignación para luego decirle adiós.
Por un momento, Harry sintió sus pies clavados al suelo. Pero al ver que Romilda se levantaba en su dirección sacó fuerzas para salir casi corriendo del restaurante.
Al estar afuera del local, vio que la castaña se hacía cargo de la mesa y que la pelirroja se acercaba al escenario para ponerse a danzar sin mucho esfuerzo con uno de los integrantes de la banda.
La vio girar y reír. La oyó cantar algo de dialecto celta.
Ella le estaba pareciendo fascinante.
Se fue en su camioneta no hasta su casa, sino hasta el zoológico. No supo porqué quería la compañía de Arnold. El gorila, que desde el accidente de Cho se había mantenido alejado y deprimido por la ausencia de su amiga, había cambiado su comportamiento desde hacía una semana. Se notaba animado, se notaba más cercano a sus congéneres como con los visitantes. Parecía que Arnold era feliz otra vez.
Hola, amigo ¿cómo has estado?- le preguntó. Arnold se acercó y se sentó junto a la jaula- traje algo de comer. Veamos que es-
Un cordero con verduras y puré adornaban el recipiente. Como buenos amigos se repartieron la comida quedándose Harry con el cordero y Arnold con las verduras. Comieron en silencio hasta que Harry le habló mirándolo a los ojos.
Sabes, hoy conocí a alguien que aun me tiene sorprendido. Hay algo en ella que no puedo explicar. Es alegre, es divertida… quizás estoy loco, pero siento que se parece un poco a Cho-
Arnold solo lo contempló un segundo para luego robarle un trozo de cordero.
Tienes razón… estoy loco-
La noche había sido muy buena. Ginny y Hermione se encargaron de acomodar todo pues misteriosamente Angelina y George habían desaparecido. Hermione trapia en las manos una billetera, unos guantes y una chaqueta, Ginny había encontrado una bolsa y una pañoleta.
Todo terminó en la caja de cosas perdidas que Molly dejaba en la barra cada noche.
Para ser una noche agitada no se quedaron olvidadas muchas cosas- dijo la castaña.
Ginny aun flotaba en su nube privada y casi no le prestó atención.
Eh, Hermione… se quedó aquí un celular es del tipo de la otra noche. Mamá tiene su teléfono-
Bien- fue lo único que la chica le contestó para dejar el equipo en la caja.
Te… ¿te vas sola hoy?-
No, Don Albus me va a llevar… adiós-
Hermione se alejó con premura. Ron solo pudo suspirar con tristeza.
¿Ya te vas a dormir?- le preguntó entonces a Ginny.
Pero Ginny ya soñaba despierta.
Ginny… ¡Ginny!- y ahora fue él quien tronó los dedos frente a la cara de su hermana- ¿se puede saber qué te pasa?-
Nada- la chica sonrió- cierra y vete a dormir.
Llena de una emoción nunca antes vivida, Ginny se marchó a su cuarto y luego de cambiarse y acomodar su cabello en una trenza floja, se acostó pero sin dormir.
No podía dejar de pensar en esos ojos verdes esmeraldas. Esos ojos verdes como la hermosa tierra de Irlanda.
El sueño llegó delicadamente y Ginny se durmió, flotando al ritmo de música celta.
