Hola:
Mis queridas lectoras, sé que había dejado este fic un poco abandonado, pero ya regresé con nuevo capítulo
Dedico este a María Victoria que estaba ayer de cumpleaños. Perdona, monita, por demorar el regalo.
Les quiero avisar también que tengo página Web en donde iré colgando los capítulos de este y de los otros fics que estoy escribiendo. A partir del próximo voy a actualizar primero en mi página y después en esta.
Les dejo el link para que le echen una miradita.
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Un saludo a todos
Yaem Gy
P.E. Les dejo el link de la canción, Just a kiss de Lady Antebellum
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Capítulo 9: Solo un beso
Se levantó temprano. No respetó ni siquiera el sueño de Hermione. La llamó apenas abriera los ojos y le pidió que ella y Luna le fueran a ver a su casa. La castaña y la rubia llegaron cuarenta y cinco minutos después con toda la tropa Longbottom.
Neville tuvo que soportar con estoicismo las burlas de George por quedarse de niñera de sus propios hijos mientras Luna y Hermione se ponían al día de todo lo que Ginny quería contarles.
La pelirroja casi danzaba por todo su cuarto contándoles lo adorable y magnético que era el señor Potter, que su voz no era profunda, pero era suave. Que sus ojos verdes la habían hechizado desde el primer momento en que lo viera y que esa sonrisa que le regalaba cada vez que se veían la tenía al borde de la locura.
Les contó como él había guardado el secreto de la travesura del agua suiza y como se había esmerado en ayudarla a cubrir sus plantas.
Me dijo que mi pelo olía bien- sonrió-. Yo estaba con bata, gorra en el pelo y la cara como papel, pero él no dejaba de mirarme- suspiró.
¿Qué fue lo que olió?- preguntó Luna
Mi máscara para el pelo- rió la pelirroja- era de frutilla y almendras.
Ohh… o sea que cada vez que pruebe una frutilla te recordará- se emocionó la rubia- que romántico.
¡Me invitó a salir!- Clamó Ginny y se sentó en la cama pues su corazón latió con potencia.
Tanto Hermione como Luna se alarmaron y se sentaron junto a ella.
Linda, tienes que calmarte un poco- dijo Hermione- recuerda que no puedes tener emociones muy fuertes…-
¿Qué me calme? Hermione, no me pidas eso. Siempre me sentí como un fantasma que no lograba sentir nada. Ahora creo que recién estoy conociendo la vida. Me siento plena. Mi cuerpo tiembla… antes nunca sentí esto-
Pero tu salud…-
Mione, si nunca me sentí más sana que en este momento. Me siento viva-
Se nota, cariño.- Dijo Luna- tu semblante está radiante-
Pero, Luna. Tienes que decirle que debe cuidarse. No debe recibir emocio…-
Ay, Hermione. La chica al fin dejó de ser una planta. Deja que salte, que baile, que grite si quiere. Si ese hombre la está haciendo feliz…-
¡Pero es peligroso! ¡Su corazón puede afectarse!-
¡Pero es que ya no quiero seguir siendo una muerta en vida!-
Luna y Hermione miraron a Ginny que se había levantado. Respiraba agitadamente. Sus ojos brillaban.
Chicas, yo nunca antes me sentí así. No me pidan que me reprima. Me salta el pecho cuando lo veo. Me pongo nerviosa. Cuando me invitó a salir quise dar brinquitos. Él es tan guapo, y me mira de una manera-
No te vamos a reprimir- dijo Luna- pero comprende también que te queremos mucho y que nos preocupamos-
Solo promete que serás prudente- dijo Hermione por su parte.
Lo intentaré.- sonrió Ginny- Pero ahora estoy muy nerviosa. No sé que ponerme.-
Bueno, para eso estamos Hermione y yo. Vamos a escoger un lindo atuendo y te haremos un peinado con el cual te verás preciosa.
Como buenas amigas, Hermione y Luna se preocuparon hasta del más mínimo detalle. Hermione fue a su casa en busca de un perfume muy delicioso que había comprado, Luna escogió una faldita a tablas y una blusita hermosa.
El revuelo frunció el ceño de los hombres de la casa. George interceptó a Luna, pero solo se ganó el que ella lo mandara a traer refrigerios a las chicas en la habitación.
Como si de una muñequita se tratara, Luna y Hermione se entretuvieron vistiendo a la pelirroja.
Hermione completó inteligentemente el atuendo con unas botitas que realzaron las estilizadas piernas de la chica.
Vamos a abrir un poquito el cuello…- empezó a decir Luna.
¡No!- Ginny quitó las manos de su amiga y cerró el botón para luego taparse el cuello.
Pero linda, si con esa blusa no se nota la cicatriz- le dijo la rubia
Es cierto, Ginny- agregó Hermione- es solo un botoncito-
No, así me veo bien. No quiero que él note nada. No quiero que él vea algo y…-
La chica había hecho un puchero que rompió los corazones de sus amigas.
No se va a notar nada- repitió Luna-
Pero ¿si la llegara a ver? ¿Qué tal si se horroriza de mí y no quiere volver a verme?-
Sería un idiota- dijo Hermione
Pero, - dijo Luna- si él quiere continuar viéndote, tendrá que enterarse de tu cicatriz algún día-
Pero no hoy- suplicó la pelirroja- Hoy todo tiene que ser muy lindo-
Hermione y Luna se miraron. En ambas asomó una nube de preocupación en sus ojos.
Está bien. Déjate la blusa cerrada- dijo Hermione acariciando los rizos que le estaba haciendo a Ginny.
Espero ansioso la hora. Se miró al espejo y se preguntó si ella lo encontraría guapo con esa camisa de jeans. Se había puesto gel en el pelo para domarlo y pasado la peineta un montón de veces. Como resultado su cabello parecía el de un muñeco de plástico.
Se veía horrendo.
Se quitó la camisa y fue al baño a lavarse el cabello. Lo secó con la secadora y se dio por vencido. Lo dejó ser.
Ya vestido, tomó su camioneta y se dirigió a su cita. No podía creer que después de tanto tiempo iba a tener una primera cita con otra chica.
No podía creer que se sintiera tan emocionado.
Al llegar hizo una mueca de nerviosismo. Los hombres Weasley estaban de guardia en la puerta de la casa. George estaba reclinado en el muro y Ron estaba de brazos cruzados y las piernas abiertas justo delante de la puerta. En la ventana se veía la cara de Arthur Weasley.
Esos pelirrojos realmente intimidaban.
Armándose de valor salió de la camioneta y caminó resuelto hasta donde los guardianes estaban.
Hola- dijo el moreno con una sonrisa.
Hola- dijo George- ¿Se te perdió algo?-
O más bien- dijo Ron- ¿quieres perder algo?-
Eh… bueno, yo… tengo una cita… con Ginny-
No nos consultaste a nosotros, Potter- dijo George- En Irlanda necesitas el permiso de los hermanos mayores de una chica para salir con ella-
Entiendo- dijo Harry-, pero que yo sepa, no estamos en Irlanda-
Da lo mismo- alegó Ron-, ella es nuestra hermanita consentida. La más pequeña. Si quieres conservar los dientes, Potter, será mejor que mantengas tus manos lejos de ella-
¿Insinúas que lo golpearemos? Ron, no podemos golpear a un hombre con lentes- Dijo George. Ron lo miró extrañado- nos podemos enterrar los vidrios en las manos- dijo con cara de horror- mejor se los quitamos antes.
Ya, muchachos, dejen al señor Potter en paz- dijo Arthur saliendo a la calle- disculpe, es que Ginny ha pasado por muchas cosas y eso nos ha puesto aprensivos a todos-
Harry se quedó mirándolo, pero antes de preguntar la mesera castaña salió a la calle también.
Hola, ¿Harry? Entra, Ginny está por bajar-
El aludido la saludó con un gesto de cabeza y entró a la casa aun mirando con algo de aprehensión a los hombres. Arthur tomó a ambos muchachos de los codos y los sentó a prudente distancia del invitado.
El silencio se hizo tenso hasta que Molly llegó y le ofreció un refresco al joven, quien lo recibió con gusto, más que nada por ser atento y amable.
Unos niños llegaron corriendo y se sentaron cada uno al lado del moreno. El hombre que los perseguía miró escrutadoramente a Harry y levantó una ceja en forma amenazante.
¿Este es el patán que quiere salir con Ginny?-
Si- dijo Ron- pero ya sabe que su siguiente comida será una papilla si no se porta bien-
Tanto Neville como George rieron.
De pronto, dos chicas bajaron las escaleras, la rubia iba delante y llevaba una niña en los brazos. Detrás de ella… venía una princesa.
Todos la quedaron mirando. Ginny se veía muy bella. Su cabello tenía rizadas todas las puntas y un pequeño lazo le adornaba la cabeza. Junto a la blusa llevaba una chaqueta que hacía juego con la falda. Su maquillaje era suave pero destacando el inmenso azul de sus ojos.
Si hasta los niños quedaron boquiabiertos.
Harry sintió como si el estómago se le cayera al piso y luego se le subiera a la garganta en un segundo.
Ho… hola- dijo Ginny
Hola- respondió él.
Bueno, váyanse ya- dijo Molly al ver que ambos se quedaban estáticos solo mirándose- no regresen muy tarde.
Harry obedeció de inmediato invitando a Ginny a salir de la casa. Todos los Weasley, con los Longbottom incluidos, se asomaron a las ventanas y no les perdieron de vista hasta que ambos se marcharan en la camioneta. Ron no perdió el tiempo y salió raudo para poder subirse a su propia camioneta.
¿A dónde se supone que vas?- escuchó.
Quiero saber a dónde se llevan a mi hermana-
Pues tú no vas a moverte de aquí-
Pero…-
Nada de peros, Ronald Weasley- llegó Hermione y le quitó las llaves de la camioneta- te vas a quedar muy tranquilito en la casa y esperaras hasta que tu hermana regrese-
No seas odiosa, Mione. Perdón, Hermione. Es que no conocemos a ese tipo.-
No voy a permitir que le arruines la cita a tu hermana-
Hermione dio la vuelta y entró a la casa dejando a Ron afuera. El pelirrojo gruño bajito, pero tuvo que resignarse y seguirla.
No quedaba más remedio que esperar.
Parecían un par de adolescentes. Harry sentía los mismos nervios, la misma ansiedad y emoción que tuvo en su primera cita con Cho hacía doce años. Ginny en cambio, en realidad estaba teniendo su primera cita. Nunca antes había salido así con un chico. Cuando Fred enfermó ella sacó de su cabeza y corazón cualquier interés por los chicos y cuando ella misma enfermó, quiso olvidar, renunciar a toda posibilidad de sentirse atraída a un muchacho. Sentía que era una tonta ilusión querer amar con un corazón que no pudiera resistir ese sentimiento.
Pero ahora…
Harry la llevó en su camioneta al parque. Allí caminaron casi tocándose las manos. Miraron a las personas a su alrededor y rieron con las improvisadas pero lamentables bromas que Harry quiso hacer. Se detuvieron ante un carrito que vendía comestibles. Ginny, entusiasmada, tomó una porción y cuando ya le estaba dando la primera mordida Harry le dijo que no llevaba dinero para pagarla. La chica abrió los ojos y casi se atragantó con la comida, entonces Harry rió a todo pulmón para luego pagarle al vendedor.
Se sentaron en un banco y ambos comieron sin dejar de conversar. Hablaron de sus gustos, de sus creencias. Harry le contó sobre Cho, de su matrimonio y posterior pérdida. Ginny le contó sobre su pasión por la danza, su amor por Irlanda, su sueño frustrado de estudiar danza en ese país.
Pero, ¿por qué no has podido hacer realidad su sueño?-
El corazón no me lo permitía…-
¿El corazón?-
Ginny se puso muy pálida. Se mordió los labios y trató de pensar con rapidez.
Es… por… mamá… mamá sufría del corazón… estuvo muy… muy enferma…-
Vaya, ahora parece tener muy buena salud-
Es que mejoró- dijo la chica- estuvo mal… pero ya está bien. Fue… algo milagroso… además… mi hermano Fred sufrió del corazón. Murió y desde entonces no tuve mucho interés por viajar lejos-
Bueno, espero que ahora surja ese interés. No puedes dejar que tus sueños queden truncados. Eres joven, hermosa… Te vi danzar la otra noche… te veías muy feliz-
Cada vez que danzo soy feliz. Cuando era más niña hacía pareja con mi hermano Ron. Ganamos un concurso de danza irlandesa una vez…-
Vaya, con lo gruñón que parece tu hermano es difícil creer que baile-
Baila, lo hace muy bien. Pero no lo hace desde hace muchos años. Ya debe estar oxidado-
Caminaron otro poco hasta que Harry le tomó del codo y la miró profundamente.
Quisiera mostrarte algo. ¿vienes?-
Claro, claro que sí-
Se marcharon en la camioneta. Las calles pasaban raudas por la ventanilla por la cual Ginny miraba. Cuando el vehículo se detuvo, la chica miró al alto edificio que se alzaba orgulloso ante ella.
¿Te gusta?-
Es bonito-
Lo construí yo-
Ginny miró a Harry y luego a la mole de cemento que llegaba lejos, arriba.
Ven- dijo el moreno.
Ambos entraron y subieron al ascensor. Harry apretó el botón del último piso y vieron los dos como los números se sucedían en una pantallita. Cuando el cubículo se detuvo Harry invitó a la chica a salir y caminar la escalera que daba al tejado.
Al ver la ciudad en todo su esplendor desde ese sitio tan especial, Ginny se emocionó. Estaban a 25 pisos del suelo. La brisa era ya fría debido a que estaba empezando a oscurecer. Ginny se arrebujó en sí misma, minimizada ante el panorama que contemplaba.
Este fue el primer edificio que construí. Estaba casi recién salido de la Universidad y tuve muchas aprehensiones. Cuando se inauguró no cabía de alegría-
Es lindo, alto… me gusta-
¿De verdad?-
Ginny se estremeció al ver esos luceros verdes que la miraban. El ocaso y las luces de la ciudad que empezaban a encenderse lograban darle un brillo que hacía latir a su corazón con una fuerza arrolladora.
Sí, una se siente segura aquí-
Ginny…-
¿Sí?-
Pensarás que es muy cursi pero… ¿podría tomar tu mano? Hace mucho que no tomó la mano de nadie-
La petición casi hizo desmayar a la chica. Era una petición tan inocente, tan pura y dulce que provocaba un arrebato atronador en toda ella. Harry no le pedía nada osado ni atrevido, pero Ginny sentía que acariciar la piel de la mano de él era lo más emocionante que hubiera vivido hasta entonces.
Sí… si puedes-
Ambas manos se entrelazaron tiernamente. El calor de Harry recorrió el brazo izquierdo de Ginny y llegó directo a su corazón. Éste respondió con una aceleración que dolía y deleitaba tanto a la pelirroja que tuvo que respirar hondo para no sucumbir ante el desmayo.
El retorno a la Madriguera fue lento. Harry no deseaba despedirse de Ginny. Quería seguir escuchándola hablar, quería que le cantara otra linda canción en irlandés. Se sentía demasiado a gusto con ella, se sentía en paz, sentía que podía estar así con ella por toda la eternidad.
Para sorpresa del moreno… se sentía feliz.
Harry detuvo la camioneta a una cuadra de la casa de la chica. Quería caminar con ella otro poco. Ginny, sabiendo que todos los hombres Weasley estarían asechando la entrada, tomó el codo de Harry y lo guió a la parte trasera en donde una pequeña entrada daba al jardín y a la huerta.
Si vamos por el otro lado mis hermanos…-
No le temo a tus hermanos... bueno… a Ron un poco… pero no he hecho nada malo. ¿verdad? No he tratado de propasarme ni ofenderte…-
La chica lanzó una pequeña risita.
No, has sido todo un caballero-
Al llegar a la reja Ginny sintió una pequeña punzada de tristeza. La verdad era que Harry había sido demasiado correcto y educado. Lo más lejos que había llegado había sido tomarle la mano. Era un tierno príncipe… pero ella moría porque él le robara un beso.
No sé que pienses tú, pero creo que el tiempo pasó volando- dijo el hombre apoyándose en la reja.
Yo también creo lo mismo- contestó ella- pero fue una linda salida-
De pronto Harry se incorporó y para sorpresa de Ginny llevó ambas manos al cuello de la blusa de la chica. Al sentirlas, Ginny puso su cuerpo en total alarma… reaccionando de una manera completamente funcional.
Una cachetada resonó en el ambiente. La cara de Harry giró por la violencia del impacto. El hombre se llevó una mano al rostro y su gesto evidenció que el dolor crecía en él.
¿Por qué…?-
¡¿Qué hacías?!-
¿Yo? Solo trataba de cerrar tu cuello porque está haciendo frío-
¿Viste… viste algo?- Ginny hizo un doloroso puchero al hacer esa pregunta
¿Ver? No, claro que no… yo no me atrevería… Ginny-
No mientas… me viste-
No… en serio… no vi nada… te lo juro-
Oh… perdón, perdón, perdón…-
No importa… entiendo. Mi movimiento fue precipitado. Es comprensible que te asus…-
Unos labios cereza acallaron las palabras del moreno. Ginny había perdido todo estribo y había atrapado la nuca del hombre con ambas manos para robar ese beso que ella tanto necesitaba.
Harry quedó completamente desarmado con ese acto. Aturdido, mareado, extasiado, no supo hacer otra cosa que quedarse muy quieto y dejarse besar por esa linda y espontanea chica. Cuando su cuerpo quiso reaccionar y aferrar a la muchacha, Ginny ya se había escapado, cerrando la reja sonriendo emocionada, y corriendo hasta su casa para encerrarse en ella después de decirle con voz temblorosa un delicado adiós.
Perplejo y fascinado, el hombre demoró en volver en sí. Se frotó otro momento la mejilla adolorida, pero la sonrisa dominó sus facciones en su totalidad. Su paso se tornó pausado hacia la camioneta, girando cada cierto tiempo para mirar a la ventana que se había iluminado en esa simpática casa. Su atención pasó por alto a todos los pelirrojos que se agrupaban en la entrada principal. Él no los veía, él solo estaba pendiente de esa ventana, estaba ansioso porque una bella pelirroja asomara por ella.
Condujo todo el camino de vuelta a su casa flotando en una nube. Sentía dicha, emoción. No comprendía que aun pudiera sentir algo así, pero lo sentía y por primera vez en mucho tiempo quería vivirlo. Esa había sido una bonita primera cita, pero el toque especial lo había puesto Ginny con ese beso que le había robado.
No me importaría otra bofetada si vuelve a terminar con otro beso de ella- se dijo a sí mismo con una sonrisa.
¡¿Qué pasó?! ¡¿por qué llegaste así?!-
Mierda, mierda, mierda-
¡Ginny! Pero ¿porque estás diciendo palabrotas?-
Sal de este cuarto Ronald Weasley-
Hermione indicó enérgicamente hacia la puerta con su dedo índice, pero Ron vadeó el obstáculo y se hincó frente a su hermana con el semblante angustiado.
¿Qué pasó? ¿qué te hizo se imbécil?-
Mierda, mierda, mierda-
Ginny no dejaba de abrazarse a sí misma y repetir la misma palabra.
Ay, Ginny, por favor, di que te pasa- dijo la castaña sentándose al lado de la aludida.
Lo arruiné… lo arruiné-
Ginny, habla de una vez- dijo el muchacho nervioso.
Sí, por favor- continuó Hermione.
Ginny suspiró y se llevó los dedos a la boca. Cerró los ojos y saboreó sus labios. Aun podía sentir el sabor y el calor de los de Harry. Luego hizo un puchero. Lo había echado todo a perder.
Su boca sabe tan bien- susurró.
¿Qué?- preguntó el pelirrojo- ese… ¿ese cuatro ojos se atrevió a besarte?-
¡Ron!-Él
Voy a matarlo- el joven se levantó del suelo e intentó marcharse- cuando le cuente a George no dudará en ayudarme a darle una pali…-
¡Tú no harás nada de eso! ¿entendido?-
¡Hermione, el tipo se propasó con mi hermana!-
¡Claro que no!- se levantó y la voz la pelirroja- Él se comportó como todo un caballero… fui yo…-
¿Tú qué?- dijeron Ron y Hermione al mismo tiempo.
Yo… yo me lancé…-
¿Qué?- preguntó su hermano con los ojos muy abiertos.
Yo… yo le robé un beso-
A ron se le cayó la mandíbula de la impresión, luego las piernas no le sostuvieron más y cayó sentado en el borde de la cama, perplejo. Hermione exclamó del asombró y se tapó la boca con una mano. Ginny solo miraba a la nada y seguía suspirando.
¿Él se enojo?- preguntó entonces la castaña.
No sé… no le di tiempo de nada… solo lo besé y luego salí corriendo-
Vaya… parece que todos los Weasley tienen ese hábito- se le escapó a Hermione, quien al darse cuenta de ello, se puso roja y evitó mirar a Ron. Éste la miró de reojo mientras sus orejas se ponían de un brillante color carmesí.
Ay de mí… ¿cómo pude? ¿cómo pude?-
No te aflijas, amiga, de seguro le gustó…-
¿Tú lo crees?- Ginny se aferró a los brazos de Hermione con desesperación- ¿Crees que le gustará luego que le abofeteé?-
¿Por qué le pegaste?-
Pensé que me había visto el pecho…-
¿Ves, Hermione? ¡Ese tipo si se merece una paliza!-
¡NO! No entiendes- dijo la chica a su hermano que se había levantado de nuevo- Es que… él quería abrigarme y yo creí que me había visto la cicatriz-
¿No lo hizo?- preguntó Hermione.
No… él fue tan atento, tierno, respetuoso… yo… yo primero le pego y después le robo un beso. ¿Qué va a pensar de mí ahora?-
Pensará que eres una completa loca-
¡Ron! si no tienes nada bueno que aportar, será mejor que salgas de aquí- gruño la castaña tomando a Ron del suéter y empujándolo hasta sacarlo de la habitación- Y no te atrevas a contar nada de esto abajo-
Estás abusando, Hermione, primero las llaves, ahora esto… no soy un hombre con mucha paciencia-
Tu paciencia me tiene sin cuidado. Ahora quiero conversar con mi amiga, a solas. Adiós-
Un portazo le indicó al pelirrojo que ya no tenía nada más que hacer en ese lugar.
No va a querer volver-
Ginny se había arrojado a la cama a abrazar la almohada. Se acariciaba los labios y no dejaba de lamentar su arrebatada actitud.
No te inquietes. Ya verás que si vuelve. Debes haberlo aturdido con tu impulso-
Claro que lo aturdí. Le di vuelta la cara de la cachetada-
No, cariño. Me refiero a que fuiste tan tú que eso debió fascinarle-
No me ilusiones, Hermione. No lo hagas… mira que lo único que quiero es volver a verlo... volver a besarlo-
Harry llegó casi bailando a la construcción. Todos sus colaboradores lo miraron como si fuera un bicho raro y estaban expectantes al momento en que volviera a ser ese hombre gruñón que le gritaba a todo el mundo.
Pero Harry no lo hizo.
Al terminar la jornada, el moreno llegó a su casa y abrió la puerta para sacar a Hedwig. La lechuza salió volando alto y él la siguió con su camioneta por varias cuadras hasta que el pájaro decidió que era hora de regresar.
Luego, mientras Hedwig comía en la antesala, Harry se bañó y vistió lo mejor que pudo para salir de la casa y manejar hasta la Madriguera. No había podido dejar de pensar un solo instante en Ginny, en su sonrisa, en su voz, en el brillo de sus ojos.
En ese beso que ella le había robado.
El estómago lo tenía en total tensión cuando la vio a través de la ventana. Su pecho retumbaba a causa de los fuertes latidos.
Entró y se deslizó hasta una mesita que calculó podría ser atendida por ella. Al sentarse se escondió detrás del menú y esperó paciente a que ella apareciera.
Buenas noches, bienvenido a La Madriguera, ¿puedo tomar su pedido?-
Lentamente la Carta con los platos fue bajando para dejar a la vista de Ginny los ojos intensamente esmeralda que la contemplaron con fervor.
¿Puedo pedir lo que yo quiera?-
Ginny hacía verdaderos esfuerzos por controlarse a sí misma. Estaba loca de felicidad de verlo otra vez. Estaba temblando de la emoción.
Claro-
Pues…- Harry dejó la carta en la mesa- Quisiera otra cita esta noche… si es que puedes-
La sonrisa floreció en los labios de la pelirroja.
Harry esperó con serenidad a que Ginny terminara su turno. La chica hizo todo el acopio de tranquilidad que pudo y solo tres platos, dos vasos y una jarra de cerveza sufrieron los percances de sus nervios. Sin contar que debió soportar la rabieta de Ron y los bromas de George.
Al finalizar su turno, corrió a cambiarse y a arreglarse. Hermione se escapó unos minutos del suyo y le acomodó el cabello. A pesar que sería una cita corta, ya era bastante tarde, Ginny no cabía de felicidad. Casi asfixió a Hermione al abrazarla con todas sus fuerzas, ya totalmente presa de la ansiedad.
Salió a la entrada del local, pero Harry estaba casi dando la vuelta de la esquina. El moreno la llamó con los dedos y la chica no dudó en seguirle. Al final ambos se encontraron en la parte trasera de la casa, junto a la reja.
Hola-
Hola-
Lástima que sea tarde. Me hubiera gustado sacarte a pasear-
Creí que no volverías. Como te pegué tan fuerte…-
Dolió-
Ginny se mordió los labios
Lo siento- dijo afligida.
Si hago algo ¿prometes no pegarme?-
¿Hacer qué?-
¿Lo prometes?-
La chica pestañeó y escondió los pulgares en las palmas de las manos.
Lo prometo-
Harry la miró con tal intensidad que ella sintió que le traspasaba. Luego acercó su mano a la tersa mejilla y con la yema del dedo índice acarició la boquita roja.
Sin aviso alguno, el hombre atrapó esa boca con la suya. A mismo tiempo, su mano derecha cogió la nuca de la chica, mientras su brazo izquierdo encadenaba la cintura pequeña.
La atrajo y vibró al sentirla en sus brazos. Ginny no demoró nada en abrazarle y acariciarle la espalda con sus manos.
El beso fue más prolongado que el primero que ella le robara. Harry quería disfrutarlo al máximo. Quería adueñarse de la tibieza de Ginny, del dulce sabor de su boca, de su embriagante aroma. Cuando el aire les faltó, fue liberando los labios de la chica con extraordinaria lentitud.
Ahora me tocaba a mi robarte un beso- le susurró labio a labio, aun con los ojos cerrados- no vas a golpearme, ¿verdad?- abrió los ojos y la miró sonriente.
Si lo haré- al escucharla Harry abrió más los ojos por la sorpresa. Eso divirtió a la chica- lo haré con otro beso-
Se besaron y mimaron por un buen rato, hasta que George fue a arruinarles el momento para decirle que Harry que la boca también servía para decir buenas noches.
Ya sabiendo que no podían extender por más tiempo su encuentro, Harry le dio un casto beso en la frente a Ginny como despedida.
¿no te enojaste por la bofetada?-
Lo habría hecho si después no me hubieras robado ese beso. Quedé fascinado-
Buenas noches, Potter- escucharon Harry y Ginny que decía George, ahora acompañado por un Ron que había salido con un bate de baseball.
Me voy, o tus hermanos me matan- dijo el moreno- pero antes quiero preguntarte…-
¿Qué?-
¿Quieres ser mi novia?
Ginny extendió su sonrisa mientras sus ojos brillaban.
Sí… sí, sí, sí-
Harry la calló con un último beso para luego decirle buenas noches y despedirse de los jóvenes Weasley con un movimiento de cabeza.
Una vez él se marchara tanto George como Ron fueron a hostigar a la chica, pero ella estaba tan feliz que no les dio tiempo y los atrapó a los dos del cuello para darles un fuerte abrazo.
¡Los amo! ¡Los amo tanto!-
Y se fue corriendo para perderse detrás de la puerta de la cocina.
Vaya que quedó lerda, El Potter ese la besuquea y ella termina amándonos a nosotros- dijo George.
Solo espero que no le haga daño- dijo Ron- no podría soportar que él la hiciera llorar-
No lo hará, hermanito. Si él ama sus partes íntimas no hará que ella derrame una sola lágrima-
Harry se tendió en la cama. Estaba tan feliz que se asombraba de ello. Ginny era su novia. Suya… al fin suya.
Se saboreó los labios y comprendió que en verdad la situación era al revés.
Era él quien le pertenecía a ella.
Era suyo desde ese primer beso.
¿Era posible quedar encadenado a alguien con tan solo un beso?
