Hola, hola:

Luego de quizás dos años sin actualizar. tengo hecho al fin el nuevo capítulo de esta historia. Bueno, sé que ha pasado demasiado tiempo, pero he determinado que este fic finalice al fin.

Desde siempre fue un fic corto, así lo planeé. Por lo cual solo quedan 3 capítulos.

Espero que todas las viudas de este fic re aparezcan y se deleiten con lo que he escrito.

Les dejo la canción que acompaña las palabras. Es el tema que imagino escuchan los corazones de Ron y Ginny en un momento muy tierno del capítulo.

Se llama Angel standing by de Jewel.

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Abrazos.

Yaem gy

Capítulo 10: El miedo de perderte

Ron estaba afanado reponiendo los licores en las repisas del bar. George y Hermione agendaban los turnos de los meseros para ese mes, anotando en el libro de asistencias. Ginny ordenaba en la barra los cubiertos, contándolos y apilándolos para luego montar las mesas. Una de las meseras nuevas trapeaba el piso con la ayuda de Molly. Arthur había ido al mercado con don Albus para proveer la despensa del restaurante.

Todos, como buenas abejas obreras, trabajaban en total concentración.

El pelirrojo aun estaba molesto por la forma en que Hermione lo había lanzado fuera de la habitación de Ginny. Pero no solo estaba molesto, estaba muy preocupado. El joven permanecía en total alerta a causa de la reciente relación de su hermana. Podía ver que ella estaba contenta, que sonreía, que giraba sobre sí misma como si fuera un pajarito. Pero eso le asustaba. No conocía bien al Potter ese y estaba aterrado que ese tipo le hiciera daño a su pelirrojita. Y, aunque su nuevo cuñado se comportaba bastante bien, Ron mantenía sus reservas.

De pronto llamaron a la puerta de la Madriguera, Molly le pidió a la chica nueva que fuera a ver quién era. Después, el teléfono sonó y la matriarca de los Weasley dejó el escobillón en el balde con el piso aún muy húmedo. Los demás seguían absortos en sus labores, por lo cual nadie advirtió el potente peligro.

George garrapateaba en su libreta para luego pasarle el cartel con los turnos confirmados a Hermione. Ella, que estaba aprovechando el tiempo para leer sus notas para un pronto examen en su facultad, se levantó de su silla, llevando en una mano el cartel, y en la otra el libro que leía, sin mirar por donde iba.

Ron estaba de espaldas, poniendo las últimas botellas. Ginny ya montaba las mesas…

La castaña caminó con una velocidad inusitada hasta para ella misma, tan concentrada estaba en la lectura. Iba por buen camino, hasta que el balde lleno de agua y el piso húmedo se interpusieron ante ella. La chica chocó con el obstáculo, trastabillando en el piso mojado. Resbaló, aun teniendo las manos ocupadas, y fue a dar de lleno con la barra. Su cabeza dio un fuerte golpe y más tarde sus pies inestables en el piso, resbalaron de nuevo para hacerla caer de la peor forma.

Ginny solo atinó a pegar un grito. George se levantó de su silla, tirándola al suelo. Ron dejó caer una botella de Vodka, para luego saltar por sobre la barra. Molly llegó corriendo y solo atinó a taparse la boca de la impresión.

¿Hermione? ¡Hermione!- gritó Ginny llegando con su amiga.

Pero Ron ya estaba al lado de la castaña. La frente de la chica sangraba, sin contar que se podía ver que su brazo izquierdo tenía un horrendo doblez. Pero Hermione no gritaba, ni lloraba.

Hermione- dijo Ron con todo el control que pudo hacer en su voz- Hermione, despierta.

Oh, Dios mío- dijo Molly en ese momento- fue mi culpa… mi culpa.

George rodeó a la chica por el otro extremo e intentó tomarle el pulso, pero Ron, quien parecía un animal rabioso, le empujó la mano para hacer el intento él mismo.

Ron, tenemos que llevarla a urgencia- le dijo, alarmado.

Pero Ron no escuchaba. Solo atinaba a llamar a Hermione en un tono demasiado plano.

Ron, por favor, deja que llevemos a Hermione al médico- suplicó Ginny cuando ella también quiso tocar la otra mano de Hermione, recibiendo otro empujón.

Ron no les contestó a ninguno de los dos. Con cuidado tomó el maltrecho cuerpo de Hermione y la alzó en brazos para ir a la salida del restaurante, rápidamente. Ginny y George se miraron y éste último salió corriendo, elevando la velocidad para rebasar a su hermano y llegar hasta la camioneta. Ginny solo pudo correr detrás, pues para ella era imposible alcanzar a sus hermanos.

Ron no esperó a que George hiciera partir el vehículo. Siguió corriendo con la chica en sus brazos y Ginny casi saltó a la camioneta, cuando George la encendió para ir detrás de Ron. Tocó la bocina tres veces antes que Ron parpadeara y reaccionara al fin, metiéndose dentro.

El camino al hospital fue tenso. Hermione gemía en semi inconsciencia. Ron apretaba la herida en la cabeza, para evitar lo posible la pérdida de sangre. La aferraba a su pecho y no miraba nada que no fuera la castaña. George y Ginny se miraron, ambos en total silencio, nerviosos tanto por el estado en que se encontraba su amiga, como también por el comportamiento de su hermano.

Linda… abre los ojos… Hermione...

Ginny se mordió los labios. Hermione se quejaba en sueños.

No pasaron ni tres segundos desde que George aparcara la camioneta en el estacionamiento de urgencias cuando Ron salió raudo de ella llevando su tesoro.

Otra vez los hermanos debieron perseguir a Ron que no se detenía ni un instante. Pero no hablaba, era Ginny quien gritaba pidiendo ayuda para su amiga.

Los enfermeros que los recibieron, tuvieron problemas para sacar a Hermione de los brazos de Ron. George tuvo que agarrarlo por detrás y tirar fuerte, mientras los enfermeros libraban a la chica del férreo abrazo.

¡Ron! ¡Ya basta!- le dijo - deja que atiendan a Hermione.

Suéltame… ella me necesita… ¡Suéltame!

Un enfermero más tuvo que ayudar a George a controlar a Ron. Ginny no pudo hacer nada, pues George la empujó para evitar que interviniera.

¡Detente, Ron! ¡Piensa en Ginny! ¡La asustas!

Ron resopló y aspiró aire hasta que se fue calmando. Entonces pestañeó varias veces para luego mirar a su hermana que lo miraba teniendo una mano en el pecho. Los ojos muy abiertos.

Yo… ¡Ginny!- Se soltó de los cuatro brazos que lo sostenían y corrió a ver a su hermana- ¿te sientes mal? perdón… perdón.

Solo me siento agitada…

Vamos, que te vea un doctor.

No es necesario, estoy bien. La que necesita ayuda es Hermione.

La aflicción recorrió el rostro del pelirrojo. Miró a Ginny, luego a George. Al final miró a las puertas por donde Hermione había entrado en una camilla.

Calma- dijo George- ellos la van a atender bien. Ahora siéntate y relájate.

¿Y Ginny? Ella necesita un doctor.

Me siento bien. De verdad me siento bien.

Arthur y Molly llegaron diez minutos después que ellos, los padres de Hermione solo dos minutos más tarde. Todos estaban nerviosos en la sala de espera. Ginny frotaba la espalda de Ron, quien se había quedado doblado en sí mismo, las manos tomadas, mirando al suelo.

Luego de lo que les pareció una eternidad, el médico de turno llegó hasta ellos para decirles que la chica estaba ya estable. Que había tenido un TCE cerrado y la quebradura del radio y cúbito izquierdos.

La muchacha está delicada en estos momentos, pero se restablecerá en algunos días.

¿Podemos pasar a verla?- preguntó la angustiada madre de Hermione.

Sólo los parientes directos.

Ron bajó la cabeza, y luego de ver a los padres de la castaña entrar por las puertas, se alejó de todos para dejarse caer en las escaleras que se escondían detrás de gruesos muros. Nadie fue a molestarlo por un rato, todos sabían que necesitaba liberar la aflicción que llevaba dentro. Ginny se preguntó si de la misma manera Ron se había sentido cuando ella estaba en pabellón la noche que recibiera su nuevo corazón.

A pasitos lentos se acercó. Con un cuidado extremo llegó y abrió las puertas que separaban las escaleras de los pasillos del hospital. Vio entonces que Ron se encontraba sentado, las manos aferradas a los barrotes de la escalera. La mirada perdida, los ojos húmedos.

Ella ya va estar mejor. El médico lo dijo- no pudo evitar decir.

Ron agitó la cabeza, ocultándose, llevando la mano a la cara para secarla. Ginny se acercó más y se sentó junto a su hermano. Quiso tocar su brazo, pero dudó. Al final llevó sus manos al regazo y siguió hablando.

El que me preocupa eres tú. Reaccionaste muy mal ¿Cómo te sientes ahora?

Bien

¿No quieres hablar? pienso que eso te ayudaría mucho.

No

Aun estas asustado.

El silencio se sentó en medio de los hermanos. Ron seguía mirando al rincón más lejano, Ginny le miraba a él. Agradeció que nadie interrumpiera intentando subir o bajar las escaleras. Con nervios, extendió su mano y al fin tocó el brazo de él. Ron se estremeció y se giró lentamente hasta mirarla a los ojos.

Perdóname. Pude provocarte un infarto.

Me asusté, pero sabía que tenía que controlarme. Mi corazón supo mantener la calma.

No me hubiese perdonado nunca hacerte daño... te lo juro.

La voz de Ron se quebró.

Ya todo está mejor, en serio.

Cuando te operaron - empezó a decir el joven, su semblante estaba arrasado-, yo quería golpearme a mí mismo. No había estado contigo desde el principio y me sentí como una bestia. Te había abandonado…

No… yo sé que no.

Lo hice, Ginny- sorbió la nariz-. Siempre había estado a tu lado, pero esa noche te fallé.

Ron…

Cuando llegué, Percy quería matarme con la mirada. Sé que los demás también estaban molestos. Pero yo ya me estaba recriminando. Tuve miedo- tragó saliva- esa noche tuve más miedo que en toda mi vida… hasta hoy.- La garganta de Ron dolía. Ginny le acarició el cabello- Fue Hermione quien me contuvo esa vez. Ella me decía que todo iba a salir bien. La abracé tan fuerte, porque era el único pedestal que tenía para no derrumbarme en el miedo. - se pasó la mano por la cara húmeda- Cuando la vi en el suelo hoy… cuando vi como sangraba su cabeza, creí que me volvería loco. Ella no respondía a mis llamados, ella no abría los ojos. No supe de nada, apenas era consciente de que George y tú venían tras de mí cuando me la traje. Solo pensaba en que tenía que llegar pronto al hospital. Que alguien me la tenía que salvar. Volví a sentirme al borde del abismo. Por un instante me imaginé sin ella. - Ahora lloraba sin remedio- No puedo estar sin ella. No me veo en la vida sin ella. ¿Se puede seguir viviendo cuando a quien tu más amas se va de tus brazos y no lo puedes evitar?

Ginny pestañeó, sus ojos también se humedecieron. Sonrió mientras un par de lagrimitas caían por su terso rostro. Abrazó a Ron y él la apretó en sus brazos, refugiándose en el hueco de su hombro.

Yo no podía hacer nada mientras te veía morir ante mis ojos. Y esa noche me sentía tan inútil… hoy me sentí igual. Cuando me la quitaron de los brazos y se la llevaron… me sentí idiota, bruto… quería golpearme la cabeza contra el muro. Yo te amo, Ginny. Y a ella… la adoro.

Ya… ya.- le acurrucó en sus brazos- Ella está mejor. El peligro ya pasó. Ya verás que en un par de días vuelve a regañarte por cualquier cosa. Yo voy a estar contigo aquí hasta que te sientas bien. Yo también te amo. Sé que sufriste mucho por mi causa. Gracias hermanito por quererme.

Se quedaron abrazados. Ron se fue calmando. Al poco rato llegó George con un abrigo para Ginny y los volvió a dejar solos. Los más pequeños de los Weasley se quedaron sentados en el mismo lugar hasta que Ron sintió que estaba muy frío para que Ginny siguiera allí.

Cuando les aseguraron que Hermione estaba bien, la familia Weasley se marchó a casa. Ya tendrían oportunidad de ver a Hermione. George conducía, pero no tenía copiloto. Ginny seguía unida a Ron, quien suspiraba de vez en cuando.

Pero aunque la chica seguía preocupada por la salud de su amiga, una pregunta retumbaba una y otra vez en su mente.

¿Se puede seguir viviendo cuando a quien tu más amas se va de tus brazos y no lo puedes evitar?

Pensó en Harry. Pensó en la terrible noche en que él había perdido a su esposa. Se imaginó verlo en una sala de espera, sin noticias y asfixiado por la desesperación. Le imaginó aterrado.

¿Cómo había podido resistir perder a la mujer de su vida?

El hielo recorrió su médula.

"La mujer de su vida"

Ginny era consciente de que Harry había amado mucho a su esposa. Probablemente aún la amaba. ¿Algún día podría quererla la mitad de lo que la había querido a ella?

La tristeza la invadió. Cerró los ojos y aparentó dormir. No quiso que nadie se diera cuenta de su inquietud. Por primera vez comprendía que Cho podía ser más que un recuerdo en el corazón de Harry. Sentía que su energía estaba más presente de lo que imaginaba. Que ella se cernía como una sombra. Y tuvo miedo que no le dejara conseguir el amor de Harry.

Cada día de visita, Ron llegaba puntual para poder conseguir un par de minutos al lado de Hermione. Intentaba ser el mismo de siempre, pero ya era imposible disimular que ella era algo demasiado importante en su vida. Ella lo esperaba impaciente cada día. Le pedía a su madre que la ayudara a verse bien, con la excusa que no quería espantar a sus visitas. Su madre la arreglaba y le miraba con indulgencia. Una sonrisa expresaba que su hija no podía engañarla.

Pasadas dos semanas, cuando los médicos confirmaron que no había ningún peligro, la castaña se preparó para marcharse a casa.

Ron llevaba la silla de ruedas, la señora Granger caminaba a un lado. El señor Granger esperaba con el automóvil en marcha. Aunque el señor Granger quiso cargar a su hija para subirla al vehículo, su esposa le detuvo y fue Ron quien cargó a la chica, siendo lo más cuidadoso posible.

Al llegar, tampoco le fue permitido al padre de Hermione llevarla a su habitación. Un poco huraño se fue a la cocina a comer un poco. La señora Granger caminaba presurosa delante de Ron para abrir la cama y así el pelirrojo pudiera dejar delicadamente a la chica en las tibias sábanas. Luego dijo que tenía que traer agua para los medicamentos de su hija y desapareció por la puerta.

Ron se quedó parado junto a la cama, los brazos a los lados y rígidos. Hermione acaricia la suave tela de la cama nerviosamente con la mano libre.

¿Estás cómoda? ¿Necesitas que te ponga más cojines?

Eh… sí, por favor.

Ron tomó uno que la señora Granger había dejado en una silla y se acercó para acomodarlo detrás de la cabeza de la castaña. La cercanía los impacientó a ambos. Los nervios traicionaron al muchacho, al cual se le escapó una sonrisa al quedar a solo centímetros de la joven. Se miraron un momento, pero Ron se alejó, manteniendo una respetuosa distancia.

Gracias- dijo entonces la chica- , gracias por todo lo que has hecho por mí.

No es nada. Tú estuviste a mi lado en los momentos más difíciles cuando Ginny estuvo enferma.

¿No quieres sentarte? subiste cargándome las escaleras, debes estar cansado.

No- sonrió el joven otra vez -. No pesas nada.

No mientas, Ronald Weasley. Sé que estoy muy pesada últimamente. Ven, siéntate.

Ron miró a su alrededor y tomó la silla que ahora estaba vacía. Hermione mitigó su decepción, ella quería que él se sentara en la cama.

¿Te duele mucho el brazo aún?

No, a veces hago algún movimiento sorpresivo y duele, pero eso sucede poco.

¿Y tu cabeza?

Bueno, aun tengo jaqueca.

Un mechón de cabello se desarregló del lado izquierdo de su cara y Hermione se movió pues le tapaba la visión, pero entonces Ron se levantó diciéndole que él lo arreglaba. Volvió a acercarse, sentándose en la cama, y su mano se movió temblorosa al tocar los rizos. Los acomodó lo mejor que pudo, para después arreglar, sin que Hermione se lo pidiera, los cabellos del lado derecho con la otra mano. Se vio de pronto tomando con ambas manos el rostro de la chica, quien apenas podía respirar de la emoción.

Se volvieron a mirar, ahora con más profundidad, sin perder el iris ninguno de los dos. Callados, permanecieron en la misma posición por un lapsus de tiempo que ellos no supieron contar. Cada uno percibía el aroma del otro. Cada uno sentía el calor del otro.

Te diste un buen golpe- dijo Ron al fin.

Fui una tonta. Debí ver por dónde iba.

Ron acarició la mejilla con el pulgar.

Sí, tenías metida la nariz dentro de ese libro- sonrió.

Aún no sé cómo no me maté. Casi me quebré el cra...-

Me asustaste tanto- susurró el joven con un tono muy grave y sentido.

Lo siento- respondió ella en otro susurro.

No vuelvas a asustarme así otra vez.- el fervor en la mirada de Ron no podía esconderse.

Hermione no pudo contestar nada. Estaba hipnotizada por ese mar que la miraba con tanta fuerza. Casi podía atrapar el aliento de Ron con los labios. Estaba a punto de romper la poca distancia que la separaba de él. Por dos semanas había esperado ansiosa que ese aliento se mezclara con el suyo.

Pero Ron levantó el rostro y le besó dulcemente la frente. Ella cerró los ojos y dejó que el aroma en el cuello de Ron la envolviera.

Alguien se aclaró la garganta detrás de Ron. Éste se alejó de la chica, dejándola pronto, haciéndola sentirse huérfana. El joven se giró y la madre de Hermione caminó hasta poner en la mesita de noche el vaso con agua y los medicamentos.

Tu padre está subiendo- fue lo único que dijo.

Solo un par de segundos después, el señor Granger asomó por la entrada. Venía con el semblante serio y miró fijamente a Ron antes de endulzar la vista para mirar a su hija.

Mi niña, ¿te sientes mejor?

Sí, papá. Mucho mejor.

Bueno, - dijo Ron - Yo ya tengo que irme. Hay mucho trabajo en La Madriguera.

Sí, sí. Buen día, chico. Adiós.

Ron se despidió de la señora Granger con un educado ademán. A Hermione le sonrió para luego mover rígidamente la cabeza ante el señor Granger. Giró en sus talones y desapareció por la puerta.

La señora Granger miró por la ventana disimuladamente mientras preparaba los medicamentos y vio como Ron, al salir por la puerta de entrada, miraba hacia arriba para observar la ventana. Ella no se dejó ver, pero sonrió cómplice.

Más tarde, cuando ya el padre de Hermione estaba otra vez en el trabajo, se sentó al lado de su hija para acompañarla.

Ron ha sido todo un caballero- dejó caer de repente.

Sí, se ha portado muy bien.

Y a ti te ha gustado ser la damisela rescatada.

Mamá… eh… yo… no…

Cariño. No tienes que decirme nada. Cada vez que él aparece te electrificas toda. Es tan evidente que te tiene enamorada…

¿Qué dices? Claro que no... Es mi amigo... Solo eso.

¿Y quieres que siga siendo… solo tu amigo?

Hermione agachó el rostro. Su cara se puso triste. Empezó a dibujar con los dedos sobre el cubrecama.

Solo es un amigo.

Te gusta mucho, ¿verdad?- La chica afirmó con la cabeza, pero no dijo palabras. Siguió dibujando en el cubrecama- Yo creo que tú también le gustas mucho.

Hermione suspiró. Levantó el rostro y quedó mirando a su madre con ojitos resignados.

Una vez yo también creí que le gustaba. Pero no fue así. Su ex novia supo atraerlo a su lado. Ella es tan espontánea. Más audaz, más mujer…

¿Dijiste ex novia? eso quiere decir que ahora es un hombre libre.

Pero yo no le intereso como mujer.

Hija, ese muchacho no se separó de ti en ningún momento desde el accidente. Ha estado pendiente de todo lo que gira a tu alrededor.- le tomó del mentón y le sonrió- He visto como te mira. He visto como ha sufrido por tu salud. Su tono de voz cambia cuando te habla. Esa chica a la cual mencionas podrá ser muy hembra y todo, pero no creo que él la haya mirado alguna vez como te mira a ti. ¿Por qué crees que tu padre está tan huraño? Porque él reconoce esa mirada. Es la misma que me da a mí.

Mamá…

Ten más fe en ti misma. Ese muchacho ya casi es tuyo.

La castaña sonrió tímidamente. Una lucecita de esperanza se afirmaba en su corazón.

Harry había llegado temprano. Estaba de muy buen humor. Los Weasley le habían invitado a su torneo de bolos. Casi todos irían, excepto Hermione que estaba convaleciente por un accidente y Ron que le haría compañía en su casa.

Vio venir a la tropa pelirroja, sonrió. Los señores Weasley arreaban a sus hijos. Ginny venía más atrás, acompañada de Luna, quien traía también su extraño y divertido marido.

Ginny estaba muy linda, pero Harry pensó que debía sentir frío, pues llevaba un suéter delgado pero de cuello de tortuga.

Armaron los dos grupos rivales. Él quedó junto a Ginny en el grupo B. Harry esperaba tener suerte esa noche, pues hacía muchos años que no jugaba a los bolos.

Al poco rato pudo notar que el grupo A, cuyos integrantes eran el señor Arthur, George y Luna, estaban muy bien preparados. Luna había hecho un juego perfecto y celebraba dándole un sonoro beso a su marido.

Mientras lanzaba George, él fue por un café. Volvió pronto y se lo ofreció a Ginny. Ella le sonrió. Abrió un poco los ojos, pero recibió con gusto el brebaje. Entonces él tomó su bola y dedicó su tiro a la chica con todo su cariño.

Lanzó y su bola fue a parar a la canaleta al lado de la pista. Su tiro había sido todo un fiasco.

Mientras, Ginny con disimulo se abría el cuello del suéter con los dedos.

¿Qué te pasa?- le preguntó Luna.

Tengo mucha calor.

Entonces, ¿para qué te pusiste eso?

Es que no tenía algo apropiado para jugar. Las blusas podrían abrirse…

Dios, Ginny. Algún día tendrás que decirle la verdad.

Pero no hoy…. no hoy.

Harry se acercó y le puso la bola en las manos. Le sonrió con dulzura y le ofreció espacio para tirar. Ella se sintió en las nubes.

Lejos, en la barra, asomó la silueta de Seamus. Pidió una cerveza, pero miró a todos lados hasta que encontró a Harry abrazado de la señora Weasley. Se alarmó y luego de pagar con rapidez el trago, se acercó al grupo. Harry los presentó y los incluyeron en las apuestas. Después que un hombre moreno lanzara una chuza y se pusiera a bailar como loco para luego besar a una rubia, se acercó a Harry.

¿Qué crees que haces?

Jugar bolos, ¿no lo ves?

Me refiero a la chica.

¿Qué pasa con ello?

Harry, has estado saliendo con la misma chica por un mes y medio. ¿Al menos has logrado algún beneficio?

Harry lo miró con severidad, luego sonrió.

Claro. Su compañía. Su sonrisa, su dulzura.

Harry…

Todo está bien, Seamus. Todo está muy bien.

No pudieron seguir hablando porque de nuevo era el turno de Harry para lanzar. Hizo su mejor esfuerzo, y al menos pudo botar tres pinos. Justo lo que se necesitaba para vencer al equipo contrario.

Luego de dejar a Ginny en su casa. Ambos amigos se fueron en la camioneta de Harry. Seamus trataba de convencerle de que volvieran a salir juntos, pues estaba seguro de que era peligroso estar demasiado tiempo al lado de la misma mujer. Mas, el moreno no quiso escucharle. No necesitaba conocer a otras. Estaba contento con tener todas sus tardes para una sola chica. Todo su tiempo era de Ginny.

Luego su semblante se inquietó. Ginny había estado extraña. Hacía días que lo estaba. Parecía sumergida en una gran preocupación, la cual no quería compartir con él. Estaba así desde el accidente de su amiga Hermione. Harry se preguntaba qué podía estar afligiendo su corazón.

Sin embargo, su relación fue prosperando más y más. Se veían casi todos los días. Ella salía a pasear con él los sábados. Habían llevado a Hedwig a volar una tarde y el ave voló enloquecida dando giros sobre la cabeza de Ginny, para después posarse con suma delicadeza en su brazo. El ave había inclinado la cabeza y la chica le había acariciado el plumaje. Harry miraba la escena con la boca abierta. No podía creer que Hedwig fuera tan atenta con una desconocida. Nunca antes se había comportado así.

Le gustas- dijo sorprendido- ella no es así con nadie.

Es una lechuza muy linda. A mí también me gusta.

Creo que aceptará que vengas a pasear con nosotros más seguido.

Por mí, encantada.

Al término del paseo, Hedwig voló hasta la casa de Harry. Él y Ginny iban en la camioneta y la contemplaron entrar por el patio.

Se quedará allí hasta que yo regrese. ¿Te llevo a tu casa?

Sí, por favor.

¿No quieres pasar a mi casa un momento?

El estómago de la chica se puso frío. Ella se agitó.

No puedo. Tengo… tengo que trabajar hoy.

Claro. Bueno, vamos a tu casa.

Hacía tiempo que había decidido invitarla a su casa. Cenar juntos, conversar a gusto. Para ello se había dedicado a hacer un aseo completo a su propiedad. Pero ella aun no se atrevía a estar a solas con él. Harry sabía que Ginny era muy correcta y que de seguro temía a la posible intimidad.

La llevó a su casa y antes de salir del vehículo le dio un dulce beso. El problema era que ese beso se fue intensificando. La tomó de la cintura y empezó a besar el lóbulo de la oreja. Pronto empezaba a bajar por el cuello. Pero Ginny le detuvo. Puso su mano entre la boca de Harry y su sensible cuello y balbuceó que tenía que irse. Que la esperaban. Harry, algo frustrado, accedió a dejarla partir.

Yo… lo siento.

¿Por qué?

Tengo que irme. Te amo- le dio un corto beso- adiós.

Ginny había escapado. Harry suspiró. Estaba cada vez más atraído por ella y lo atrapaba más que ella se le escapara de entre los dedos. Parecía una niña dulce que temiera al poder de la pasión.

Luego de conducir y llegar a su casa, Vio a Hedwig que le esperaba alegre. El ave se quedó mirando la puerta aleteando. Harry inclinó la cabeza, curioso.

¿A quién esperas, Hedwig?

La lechuza seguía mirando a la puerta. Harry se agachó y le acarició la cabeza.

¿Esperas a Ginny por casualidad? ¿Tanto te gustó? - Hedwig parpadeaba- Bueno, le diré que la invitas a cenar una de estas noche. ¿Qué te parece?

Harry sonrió y buscó el alimento del ave. Nuevamente trató de hacerla comer en su cuartito, pero de antemano sabía que era trabajo perdido. Al final trajo su propia comida y se sentó junto a la lechuza, para así comer acompañado.

Ginny en cambio no dejaba de dar vueltas en su cuarto. Luna estaba al teléfono y trataba de apaciguar las dudas de la pelirroja.

Creo que lo mejor es que te lances de cabeza ya. El muchacho se ve bueno, no creo que se arranque así como así.

No sé, Luna. Cada vez lo siento más cerca. Sé que él quiere más intimidad y ya no sé cómo persuadirlo.

Algún día no tendrás más remedio. Pienso que no es bueno que le ocultes algo tan importante.

Tengo miedo, Luna. Más ahora.

¿Por qué?

Porque yo lo amo… pero no estoy segura si él ha podido darme un trocito de su corazón.

Suenas a Hermione.

Luna…

Es cierto. Hermione siempre anda con la misma cantaleta. La muy ciega no se da cuenta que tiene a Ron arrastrando la cobija. En tu caso es lo mismo. Yo he observado bien a Harry. Él te quiere. Eso lo doy por seguro.

¿Y ella?

¿Quién?

Su esposa.

¿Aún le temes a su recuerdo?

Cada día.

Bueno- Luna hizo una pausa- , a ella no la olvidará nunca. Pero no sería bueno que disputaras su recuerdo. Ella fue un lindo pasado para él. Pero tú tienes algo que ella no.

¿Qué?

Un futuro lleno de promesas.

Y Ginny quiso creer que podría tener un hermoso futuro con Harry.

Todos estaban en el campeonato de bolos. A regañadientes George le había dejado partir, sabiendo que era su mejor jugador.

Espero que ese Potter sepa jugar- había dicho con tono de resignación.

Pero a Ron no le importaba. Si Hermione no podía estar en el partido, a él le daba lo mismo quien ganara. Él jugaba bien y hacía su mejor esfuerzo para impresionarla y si ella no estaba, sabía que jugaría de mala gana.

En cambio, prefirió ir a visitar a la chica. No quería dejarla sola. Luna y Ginny no podrían ir a verla y él deseaba estar a solas con ella aunque fuera por un corto tiempo. Tenía que darle algo.

La señora Granger lo recibió con una sonrisa amplia. Su esposo llegaría en una hora más por lo cual le dijo que debía apurarse en ir al cuarto de su hija. Ron sintió los colores en la cara, pero le devolvió la sonrisa y subió los escalones de dos en dos.

Al entrar, la vio preciosa. Tenía el cabello recogido hacia su lado izquierdo en una bonita trenza. Tenía delicadamente los ojos maquillados y los labios bañados en un brillo perfumado a frutas.

Hola

Hola

Ambos sonrieron. Hermione estaba sentaba al borde de la cama. Ya no estaba todo el tiempo acostada. Podía pararse, pero solía aferrarse con firmeza para no perder el equilibrio.

El pelirrojo se aproximó y tomó la silla que estaba en un costado. La acomodó y se sentó junto a la chica. El yeso en el brazo de ella tenía ya varios dibujos y firmas. Lo contempló un momento antes de hablar.

¿Cuánto tiempo más tendrás que llevar ese yeso?

Al menos una semana más.

¿Es muy agotador?

Hermione sonrió.

Desesperante. A veces me enloquece. Quiero tirarlo lejos y que se quiebre en mil pedazos.

Gracias a Dios yo nunca me he quebrado un hueso.

Espero que eso no pase nunca. Es terriblemente molesto usar esta cosa.

Ron se acomodó en la silla. Estaba muy inquieto.

¿Te pasa algo?

Bueno, - Ron se llevó la mano al bolsillo de la chaqueta- yo tengo algo que es tuyo. Solo espero que no te enojes mucho conmigo.

La chica lo miró extrañada.

¿Qué cosa?

Lentamente, el joven metió la mano al bolsillo interior, de allí sacó una pequeña cajita y la abrió ante los curiosos ojos de la castaña.

Lo encontré hace un tiempo.

Hermione observó la joya con ojos muy abiertos. Abrió la boca en gesto de sorpresa. Miró a Ron directamente y exhaló aire.

¿Dónde? ¿Dónde estaba?

Se te cayó en los vestidores. Lo encontré debajo de los casilleros. Bueno… lo cuidé por un tiempo.

El siguiente gesto del muchacho fue de aprensión. Ya casi podía escuchar los gritos de furia de la castaña.

Pero ella tendió a la emoción.

¿Hace cuánto que lo tenías contigo?

Desde la misma noche que lo perdiste. Pero estabas tan enojada conmigo que temía que me mandaras al diablo por tenerlo. Lo he conservado y pensé que ya era hora que regresara a manos de su dueña.

Hermione sonrió.

Sí. Quiero ponérmelo.

Entonces- dijo el pelirrojo-, ¿dónde está su compañero?

La chica señaló una linda cajita de madera, Ron la abrió y vio varias alhajas, pero la que buscaba estaba en una suave bolsita de encaje. La sacó con sumo cuidado y la reunió con su hermana. Luego se acercó a Hermione y le mostró lo que llevaba en la palma de la mano.

Esos aros me los regaló mi madre. Son mis preferidos. Pensé que nunca más los tendría en mi poder otra vez.

¿Quieres que te los ponga?

Sí.

Las manos de Ron temblaron antes de poder tocar la delicada piel de la oreja. Estaba tan nervioso que sentía que le temblaba el estómago. Intentó relajarse lo mejor posible y con movimientos torpes logró poner en su lugar el primer aro. Otro esfuerzo sobrehumano le costó dejar al otro acomodado en la otra oreja. Miró entonces a su amiga y sucumbió ante su belleza. Ella tenía los ojos brillantes y las mejillas coloradas. Pero sus ojos se desviaron a la boca que despedía un embriagante olor a frutas. Tragó saliva e instintivamente se saboreó sus propios labios.

Ese gesto logró erizar la piel de la muchacha. Ella sentía que su pecho estaba retumbando. Y al ver la boca de él humedecerse, casi se lanzó en busca de lo que tanto deseaba.

Ron cerró los ojos y aspiró el dulce aroma. Estaba perdiendo la batalla ante tamaña tentación. Se quedó allí, a escasos centímetros. A un paso de atrapar esa boca.

Ya no puedo más. Ya no resisto más- susurró

¿Qué… cosa?- casi gimió la chica.

Besarte.- continuó susurrando el pelirrojo- Estoy loco por besarte.

Y yo de que lo hagas.

Ron eliminó el breve espacio y tomó posesión de esa boca dulce. Su pecho vibró al sentir el contacto.

Fresas. Los labios de Hermione sabían a fresas.