Capítulo 2

El tiempo se fue volando, desde aquella ardiente noche de pasión de los reyes de Tokio de Cristal, habían pasado ya diecisiete años. Todo ellos que lucían igual que en aquella época gracias a lo que paso, vivían muy felices. Rini estaba en su habitación estudiando cuando…

-pequeña, pequeña dama.

-que no me digas así Luna—dijo apartando el fastidioso libro de matemáticas—dime.

-la reina la necesita en el salón principal, dice que se apresure.

Ella salió, en su hermoso vestido de princesa se veía igual que su madre en el pasado. Ella era idéntica a Serena cuando tenía su edad con la diferencia que se había cambiado el color del cabello, Rini que era una chica rebelde, se lo había cambiado de color sin permiso. Lo cual le acarreo un fuerte castigo por parte de su disciplinado padre. Con el tiempo, ellos se acostumbraron a verla así, peli rosa. Ella era de tonalidad blanca, muy blanca, sus ojos azul zafiro como los de su padre y con la bella figura y escultural de su madre. Ella era una adolescente muy hermosa, una de las más hermosas de todo el reino.

-hola mama ¿me mandaste a llamar?

-mira quien vino a verte—dijo muy sonriente mientras el salía.

-¡Hector!

-¡Rini!—dijo feliz y abrazándola—tú cada día más hermosa prima, estas divina.

-¿Cuándo llegaste?

-ayer, solo que mi mama quería que estuviera más tiempo con ellos antes de salir a ver a todos mis amigos ¿Cómo ha ido todo por aquí?

-lo de siempre—dijo riendo—fue un verano muy largo. Es una pena que mañana tenga que volver a clases.

-disculpe Neo reina—dijo una linda señorita de cabello negro y linda figura—dice mi mama que si les ordena te o algo su majestad.

-no Diana, gracias.

Diana era la hija de Luna y Artemis, era una niña dulce, tierna y muy educada. Sus padres eran muy estrictos con ella, sobre todo su madre. De cabello liso negro largo, ojos color miel, finas facciones y cuerpo delgado aunque bajita era una chica muy atractiva y muy dulce.

-espera Diana—dijo el apuesto rubio de ojos verdes—no te vayas. Vengo a pedirte permiso tía.

-¿y como que será Hector?—dijo Serena sonreída—tu siempre metes en problemas a mi hija con su papa. Recuerda lo que paso la última vez.

-pero esta vez no tengo la moto tía—dijo riendo—mi papa me la quito. Vengo a pedirte permiso de que las dejes ir conmigo a una fiesta en Elisión, hoy llega el príncipe Helios. Hotaru me mando la invitación ¿y la tuya Rini?

-no se—dijo confundida—nunca me llego.

-seguro tu papa tuvo que ver con eso—dijo muy pensativa—está bien, pueden ir.

-disculpe Neo reina—dijo Diana en un bello vestido gris claro—no creo que mi madre me deje ir.

-no te preocupes por ella—dijo sonriente—yo me encargo, anda Rini ve con Diana y se arreglan. Hector te espera aquí ¿verdad Hector?

-¿ah?—dijo Hector que no dejaba de ver a Diana—si, si reina. Lo que tú digas tía.

-¡Hector!

-¡madrina!—dijo él mientras ella soltaba las bolsas y lo abrazaba—hola madrina ¿Cómo estás? Hace mucho no te veía madrina.

-si mi amor—dijo ella llenándolo de besos por todo el rostro— ¿Qué tal tus vacaciones? ¿Te gustaron?

-¡si madrina!—dijo muy feliz—fueron las mejores vacaciones de mi vida, gracias madrina.

-como siempre tu consintiendo a Hector ¿no Mina?

-no me molestes Serena—dijo yendo con ella mientras Yaten bajaba una cantidad de paquetes del auto—la gira de los chicos estuvo muy buena, ahora van a grabar en la disquera. Qué bien, voy a poder estar más tiempo con mis sobrinitos y mi querido ahijado.

Mientras Serena les pedía a algunas chicas que trabajaban en el palacio que ayudaran a Yaten con los paquetes, Hector hablaba con Mina. La única que no tuvo hijos, fue Mina. Ella después de hacerse muchos tratamientos y cansarse de escuchar la misma respuesta una y otra vez, dejo de intentarlo. Aunque le deprimía a veces no haber podido darle un hijo a Yaten, era feliz consintiendo a su ahijado y a sus sobrinos.

-listas ¿no vamos?

-¡hola Rini!

-¡tía Mina!—dijo ella abrazándola— ¿Cómo estás?

-bien, bien nena. Te traje esto—dijo sacando una cadena—espero te guste, combina perfecto con tu ropa nena.

-gracias tía Mina, eres tan buena—dijo poniéndosela.

-toma Diana—dijo sacando un paquete—esto es para ti.

-gracias sailor Venus—dijo sonrojada—no debió molestarse.

-no es molestia nena—dijo algo enojada—voy a hablar con Artemis, ese par te molestan mucho princesa. Oye Hector ¿en que se van a ir para Elisión?

-mi papa me prestó su camioneta—dijo sonreído—me costó mucho trabajo que me la prestara madrina.

-me imagino—dijo riendo— ¿necesitas dinero o algo mi amor? es un viaje largo.

-hablando de eso—intervino Serena—solo te dejo ir Rini porque tu papa no está. El no debe enterarse que saliste del palacio y mucho mas a una fiesta ¿han entendido todos?

-sí, si mama—dijo sonriendo—no sé cómo te aguantas a ese hombre tan gruñón mama, no sé como haces. Es insoportable ¿siempre ha sido así?

-siempre nena—dijo Mina riendo junto a todos—adiós muchachos, que se diviertan.

-¡adiós!—dijeron todos muy felices.

Rini iba vestida de una forma que nadie que no la hubiera visto antes, sabría que ella era la princesa de Tokio de Cristal. Con jean, blusa color rosa, zapatos altos, maquillaje suave y esa bella cadena adornada sobre su pecho, iba de camino a conocer al amor de su vida.

Después de una larga hora de viaje….

-¡Hotaru!

-¡Rini!

Hotaru era seis años mayor que Rini, pero a pesar de la diferencia de edades ellas eran las mejores amigas. Hotaru se había casado hacia tan solo seis meses con el hermano mayor de Helios, el príncipe Damián. Este príncipe era alto, rubio pero no tan rubio como Helios, ojos azules como el cielo y era un hombre muy musculoso y atractivo. Hotaru vivía feliz a su lado, el era un hombre complaciente y muy dulce con ella.

-qué bueno que pudiste venir ¿te llego la invitación amiga?

-no—dijo refunfuñando—mi papa. Ya sabes como es.

-ni hablemos de papas—dijo riendo—ya viste el numerito que armo Haruka cuando me case.

-es un gusto tener a todos los amigos de mi hermosa esposa aquí—dijo el bello príncipe en elegante traje.

-¿Cómo has estado Damián?

-Hector—dijo dándole un abrazo—bien, bien, lo mismo de siempre. Menos mal que mi hermano llega hoy, el que es un buen soldado me va ayudar mucho cuando asuma el trono ¿y tu como has estado? ¿Viviendo la buena vida?

Todos se saludaban afectuosamente, luego al percatarse de su descortesía, los invitaron a pasar al salón. El palacio de Elisión, era igual de grande o más que el de Tokio de Cristal. Cuando ellos entraron se encontraron con…

-¡Michael! ¡Kate!

-¡primos!—saludaron ambos atractivos chicos.

Michael era el hijo de Nicolás y Rei, el había heredado las facciones y los ojos oscuros de su madre y el carácter de su padre. Un chico alto, de 16 años, cabello corto negro, muy negro y contextura delgada, era un chico muy dulce. Luego estaba Kate, ella era la hija de Amy y Taiki. Alta como su padre, de 16 años también (siendo mayor que Michael por unos meses) ojos color café oscuro, lentes y cabello color chocolate, había heredado la inteligencia de su madre y el carácter pesado de su padre.

-¿a qué horas llega el dichoso príncipe Helios?

-Kate…no seas impaciente—dijo Hotaru apenada con su esposo—no debe tardar.

-buenas tardes a todos.

-¡Helios!—dijo su hermano abrazándolo— ¿Por qué tardaste tanto?

-tuve que rescatar este lindo gatito de un árbol—dijo muy sonriente—siento mucho haber llegado tarde. Hola cuñada ¿Cómo estás?

Helios era un príncipe divino, alto, rubio tan rubio que parecía plateado, ojos color miel claros y transparentes, musculoso y con una bella sonrisa. Helios había estado por un largo año viajando, estudiando en diferentes partes del mundo y haciendo lo que más le gustaba hacer, ayudando animales. Con tan solo dieciocho años, era un joven de muchos talentos.

-lo siento, Helios ellos son Hector, Diana, Michael, Kate y la señorita es…

-la princesa Serena, alias la pequeña dama ¿verdad?

-solo Rini—dijo extendiendo su mano—fue muy noble lo que hizo príncipe, se ensucio su traje por salvar a este bello gatito—dijo mientras lo acariciaba.

-ningún traje vale más que la vida de un inocente animal ¿no cree…Rini?

-totalmente de acuerdo príncipe Helios—dijo con el gatito en la mano y sintiendo su intensa mirada.

-solo Helios Rini ¿Qué clase de caballero seria si solo yo pudiera llamarla por su nombre?

-el peor—dijo sonriendo.

Hotaru y Damián que se dieron cuenta de todo, halaron a los demás para que los dejaran platicar a solas y más a gusto. El destino tenía preparado que ese día, Rini conociera al príncipe Helios y quedara maravillada por sus palabras y por su atractivo físico. El otro que no perdía el tiempo, era Hector. A él siempre le ha gustado Diana pero como Luna y Artemis son tan estrictos, nunca tenía oportunidad para hablarle. Pero esa noche…

-¿bailas conmigo Diana?

-claro—dijo sonrojada y dándole la mano.

-¿sabes? Me da mucha alegría que hayas podido venir Diana—dijo con las manos en su cintura y mirándola a los ojos—esto no sería divertido sin ti, estoy seguro.

-que cosas dice Hector—dijo apenada y quitándole la mirada.

-hey—dijo levantando su rostro—mírame. Háblame de tu ¿sí? soy solo dos años mayor que tu, solo dos.

-eh…está bien. Hector, eres muy amable al habernos invitado. Mucho más por traernos en tu auto.

-Diana, tengo que decírtelo. No lo soporto mas, nos conocemos hace muchísimo tiempo y siempre me has gustado. Eres hermosa y me encantas Diana, me fascinas.

-eh…yo, no sé qué decir. Yo…-dijo muy sonrojada.

-solo di, que al menos lo pensaras ¿Qué dices dulzura?

-si—dijo sonriente—te prometo que lo pensare, lo pensare seriamente pero ¿y mis papas? ¿No te preocupa eso?

-para nada—dijo sonriendo y halándola a su pecho—es más, es mucho más divertido si es prohibido. Tú me gustas tanto, que no me da miedo.

Todos estaban disfrutando muchísimo la fiesta en especial Helios que entre más hablaba con ella, más le gustaba su voz y lo que hablaba. Descubrió que tenían muchas cosas en común, el pequeño gatito estaba jugando con la cadena de Rini mientras ella sostenía esa amena conversación con él, cuando de pronto…

-¡vámonos! ¡Vámonos Rini! Me llamo mi papa y me dijo que tu papa vuelve esta noche.

-¡¿Qué?!—dijo levantándose de golpe sin poder evitar que el gatito arrancara su cadena—adiós príncipe, fue un gusto haberte conocido. Mucha suerte con tu examen de admisión, nos veremos después.

-¿lo prometes princesa?—dijo sosteniendo la cadena perfumada en su mano— ¿Cuándo?

-llámame—dijo sonriente—Hotaru tiene mi numero, bye gracias por la fiesta.

Ella salió presurosa de la mano de Hector y con Diana, aunque preocupada por llegar después que su gruñón padre y ganarse un castigo, se iba feliz. Feliz porque había conocido a aquel encantador, amable y dulce príncipe. Ella se había identificado mucho con él y se moría por volverlo a ver. Mientras ella en compañía de sus amigos iban en el auto rumbo al palacio, Helios escucho que le dijeron…

-¿te gusto la princesa verdad Helios?

-cuñada—dijo sonriendo aun con la cadena en la mano—es una chica hermosa y muy dulce ¿Cómo no me va a gustar? Es aun más hermosa de lo que vi en tus fotos.

-Helios—dijo preocupada—ten cuidado, tú no tienes idea de cómo es el rey Endimión. No sabes, su papa es un hombre muy temperamental y sobre protector con Rini. Seguro no te deja verla Helios.

-oh mí querida cuñada—dijo sonriendo mientras llegaba su hermano—mejor aun. Mucho mejor, así es más emocionante. Luchare por volverla a ver, ya lo veras.

-Helios ¿acabas de llegar y ya te vas a meter en problemas?—dijo sonriendo y abrazando a su esposa por la espalda.

-pero ¿de qué hablas?—dijo muy sonriente mientras llegaban Kate y Michael—yo no me voy a meter en ningún problema, te lo aseguro. Pero de que la vuelvo a ver, la vuelvo a ver.

-ah…-dijo Kate—por eso no hay problema príncipe. Hector nos dijo, que quiere organizar una fiesta de disfraces. Seguro la tía Mina nos presta su casa y él se las arregla—dijo riendo junto a Michael—siempre lo hace. Allá podrá verla de nuevo.

-¿bueno? ¡Mama! Tranquilízate mama—dijo Michael asustado—vine con Kate en el auto de su papa, eh…bueno….solo nosotros—dijo entrecerrando los ojos—si mama, enseguida salgo para allá. Tranquilízate quieres, no tardare. Adiós mama.

-¿se enojo mucho la tía Rei?—dijo Kate sonriendo—ummm, no me quiero ni imaginar el regaño que te espera.

-mejor vámonos Kate—dijo muy aburrido junto a ella—gracias por la fiesta príncipes, pero ya debemos irnos. Fue un gusto conocerlo príncipe Helios.

-solo Helios—dijo muy sonriente—el gusto fue todo mío ¿me le darían saludos a la princesa si la ven?

-¡claro!—dijo Kate sonriendo—nos estaremos viendo, gracias por la fiesta pero mejor voy y llevo a este antes de que mi tía Rei lo vuelva cenizas.

-que solidaria eres amiga, muy amable—dijo el sonriendo al igual que los demás—hasta pronto, adiós Hotaru. ¿Qué le digo a tu mama?

-que la quiero mucho—dijo riendo— y también a Haruka, mándales mis saludos. Ojala vengan pronto a visitarme y se le pase el enojo.

Finalmente ellos se fueron, ellos se quedaron disfrutando un poco más de la fiesta pero durante toda la fiesta, el se había quedando pensando en ella. Viendo esa cadena y respirando discretamente de su penetrante aroma, la recordaba con mucho gusto. Había quedado encantado. Mientras los chicos viajaban presurosos y Helios caía en las redes del amor, Rei decía:

-¡es el colmo Nicolás! ¿Cómo dejaste que nuestro hijo se fuera tan lejos? ¿Qué tal y le pase algo? ¡Estoy furiosa contigo!

-cálmate Rei—dijo acercándosele como quien se le acerca a un animal salvaje—tranquila. Nuestro hijo es un buen muchacho, jamás nos ha dado un problema ¿Por qué lo haría ahora? Tú eres muy estricta con el Rei, lo único que hace es estudiar. Casi nunca sale y por eso le di permiso.

-mira Nicolás—dijo casi echando fuego por los ojos—como no puedo desautorizarte delante de Michael, no le diré nada. Pero en el futuro, tienes que consultarlo conmigo. Yo adoro a mi hijo y me moriría si le pasara algo ¿te quedo claro?

-clarísimo mi poderosa fiera—dijo riendo y yendo con ella—mejor, ¿estás muy cansada? ¿Quieres un masaje en los pies para que te relajes mi poderosa diosa del fuego? Ven y te das un baño y luego te cocino algo ¿quieres mi amor?

-ay Nicolás—dijo sin poder evitar reír y yendo con el—tú buscas cualquier excusa para verme desnuda ¿verdad?

-¿yo?—dijo divertido y levantándola en brazos—para nada, yo solo quiero cuidar de mi dulce y fuerte esposa ¿tiene eso algo de malo?

-eres el colmo—dijo riendo—por eso te amo, eres el único que me trata bien sin importar que.

Después de que él y solo el que sabía como debía hablarle para calmarla, la vio sonreír mientras llegaba al baño. Ellos ya tenían más de veinte años juntos, luciendo tan jóvenes como al inicio cuando se conocieron ellos eran muy felices y con el tiempo su relación se volvió cada vez más fuerte.

Mientras Rei era consentida por su esposo en la tina, Kate estaba manejando el convertible de su papa. Mientras se burlaba muy alegre de su amigo y lo veía muy afligido, sonó su celular. Ese era su papa, que aunque él la adoraba y le daba gusto casi en todo, estaba preocupado.

-hola papa, si, si, estamos de camino. Estamos cerca, creo que en veinte minutos estoy en casa papa. Si aquí está conmigo—dijo viendo a Michael que estaba aburrido-¿de verdad? ¿Hasta allá se escucho? Ojala el señor Nicolás, la haya calmado él es el único que puede. ¿Y mama? ¿Ya llego? Oh ya veo, le toco el turno de la noche. Ok papa, en un rato nos vemos. Adiós y gracias por prestarme tu auto.

-quien fuera tu Katherine—dijo riendo.

-¡oye!—dijo enojada—no me digas así, sabes perfectamente que no me gusta.

-oye ¿Por qué no viniste con tu novio?

-¿Cuál novio?—dijo aun conduciendo—ese infeliz, lo vi besando a Mary el otro día. Pero después de darle su buena bofetada, lo deje ¡ja! A mí no querido, a mi no me iba a ver la cara.

-ay Kate—dijo riendo—pobre imbécil, me imagino lo que le debió haber dolido. El entrenamiento con Haruka, es muy duro. Por eso todos somos más fuertes que los demás.

Mientras Michael se relajaba un poco hablando con su mejor amiga, Hector estaba llegando al palacio. Rini que se dio cuenta todo el camino como uno de sus mejores amigos miraba a Diana, bajo primero y entro rápidamente al palacio para dejarles espacio. Se despidió con un gesto y entro presurosa. Mientras que…

-hasta muy pronto preciosa Diana, cuento los minutos para verte de nuevo.

-Hector…-dijo avergonzada— me da mucha pena.

-a mi no—dijo y se acerco a ella.

Sin poder resistirse a la suavidad de sus manos sobre su rostro y su cercanía, cayó rendida ante su beso. Su beso era delicioso, era suave, dulce, tierno y con un leve sabor a licor pues durante la fiesta había bebido un poco. Pronto ella se relajo tanto que dejo que el introdujera muy delicadamente su lengua inquieta.

-Hector no, no más—dijo casi sin aliento—podrían vernos.

-ummm—dijo muy complacido—que rico y delicioso beso, fue lo que siempre soñé. Me encantas Diana, vendré mañana. Lo prometo.

-hasta mañana Hector—dijo sonriente entrando al palacio—gracias por una buena noche, me divertí mucho.

-no más que yo dulzura—dijo muy sonriente entrando al auto y luego grito de alegría— ¡hasta mañana preciosa, eres divina!

-¡adiós Hector!—dijo muy sonriente cuando él se fue.

Ella entro y apoyándose sobre el gran portón del palacio, acaricio sus labios recordando aquel primer beso que le habían dado en su vida. Le alegraba que hubiera sido él pues a ella siempre le había gustado, luego recordó y fue a su habitación sin saber que allá la esperaba su madre. Mientras Diana iba a su habitación para ser regañada, Rini hablaba con su madre. Le contaba y le contaba muy feliz que había conocido a Helios, Serena se sonreía porque ella ya sabía lo que venía. Ella era feliz de ver a su hija tan sonriente y tan ilusionada hablando de él, ellas eran las mejores amigas y se querían y contaban casi todo. Serena era una madre dulce, complaciente y cuando tenía que serlo, muy estricta también. Pero, generalmente ese papel lo tomaba Darien.

-me alegra que te hayas divertido hija, me alegra mucho. Pero…

-papa—dijo muy aburrida— ¿ya llego?

-no, de la que te salvaste—dijo riendo con ella—no debe tardar en llegar. Ve y duerme mi amor, mañana ya hablas con él. Descansa corazón, hasta mañana.

-hasta mañana mama—dijo sonriendo y dándole un abrazo—eres increíble y te adoro.

Rini fue presurosa a su habitación, cambiándose de ropa y quedando en un cómodo camisón rosa de seda se acostó y esa noche soñó con él. Con esos bellos ojos que habían despertado todo su interés.

Mientras ella dormía, Lita decía….

-¿pero como estas de contento esta noche mi amor?

-¡si mama!—dijo abrazándola y dándole vueltas—fue una noche increíble mama, increíble.

-ay hijo—dijo Andrew levantándose del sofá—eso seguro es por una chica ¿o me equivoco? Y te digo mas ¿imagino que es por Diana verdad?

-¡Andrew!

-¿Qué? ¿No me digas que tú no te diste cuenta Lita? Yo si decía que tú no ibas tanto al palacio solo por Rini, ay hijo tú eres muy parecido a mí—dijo riendo y yendo con su esposa—oye Lita mi amor ¿quieres salir? ¿Qué dices? Volvamos a ser adolescentes.

-¡me encanta la idea!—dijo abrazándolo— vámonos. Hector, nos vemos mañana. En la cocina hay de todo para que prepares tu desayuno, ya vuelvo mi amor—dijo dándole un beso a su esposo—voy a ponerme bonita.

-¡tú eres hermosa sailor Júpiter!—dijo riendo mientras ella entraba a la habitación.

-ay papa—dijo Hector avergonzado— ¿no te da pena?

-¿Por qué?—dijo el apuesto rubio parecido a su hijo—yo amo a tu mama, la adoro. Hijo—dijo mas serio—ten cuidado con Diana, ella es una niña de su casa. No vayas a jugar con ella ¿has entendido? Podrías meterte en un problema con sus padres, ya sabes como son.

-no digas eso papa—dijo el levantándose del sofá y entregándole las llaves—yo siento algo muy especial por ella, jamás le haría daño. Te lo juro papa.

-eso espero—dijo recibiéndole las llaves—mira que tu y mi ahijada, nos han dado muchos dolores de cabeza Hector.

-estoy lista amor—dijo Lita en un jean ajustado y blusa pegada al cuerpo color verde manzana— ¿nos vamos?

-si—dijo sin dejar de mirarla—vámonos ya. Hasta mañana hijo, nos vemos.

Hector solo se sonreía de ver a sus padres como un par de adolescentes salir de la mano muy enamorados, ellos que se veían tan jóvenes, lo parecían más al demostrarse tanto amor todo el tiempo. El era afortunado porque había crecido en un hogar lleno de amor y alegría. Andrew que era un buen esposo y muy complaciente, llevo a su esposa a bailar. A ella le encantaba bailar y como era tan conocida por ser una de las sailor scouts, no tenía problemas al querer entrar en cualquier lugar. El la embriago bastante y después de estar bailando por horas y horas sin parar le dijo al oído halándola por la delgada cintura:

-¿nos vamos ya mi amor? quiero encerrarte en un lugar y oírte gritar.

-ummm Andrew—dijo también a su oído y con aliento alicorado—si, vámonos ya.

En efecto el pago la cuenta y la llevo a un lujoso motel, algo apartados de la ciudad el entro a ese lugar para amarla sin cesar.

-oh si mi sailor…mas…mas, mucho más…

-oh Andrew—dijo ella sobre él y completamente excitada y ebria— ¿así o más duro?

-oh si…-dijo nalgueando su trasero—mas….mucho mas…hazlo. Haz eso que me gusta.

-¿seguro?—dijo muy divertida—mira que no estoy muy concentrada en este momento.

-hazlo mujer—dijo muy sonrojado bajo ella—hazlo ya.

Ella al igual que las demás sailor scouts, con el tiempo se habían vuelto más fuertes. Fue por eso que ante los ruegos de su esposo, ella lo hizo. Ella al igual que las demás, controlaba perfectamente su elemento sin estar transformadas. Ella se concentro y con sus dedos índices, empezó a electrocutarlo. Ella concentro su energía y le daba pequeños corrientazos de energía en el pecho que aumentaban su adrenalina y lo excitaban cada vez más. Ella siguió moviéndose sobre él mientras él, completamente excitado y casi a punto de llegar, abrió sus nalgas e introdujo unos de sus inquietos dedos en ella. Luego la miro y le pregunto muy sonriente:

-¿te gusta? ¿Me lo quieres dar ya?

-ah…ah…. —dijo con los ojos cerrados y sin dejar de moverse—si, si Andrew. Si quiero ya…oh más….mucho más….

El la tomo por las caderas y ayudando a su movimiento bajo ella, la halo y la acomodo en su pecho cuando ella llego al orgasmo. Entre gritos y gemidos de ambos que eran muy fuertes, ambos estaban felices. Muy sonrientes y complacidos, escucho cuando él le dijo:

-oh mi amor, eres increíble. Te amo.

-y yo a ti—dijo besándolo en los labios— ¿cansado mi apasionado esposo?

-para nada, quiero mas mucho mas de ti mi poderosa sailor—dijo levantándola y acostándola en la cama—ahora quiero esto.

-¡ah…!—gimió ella cuando el humedeció su trasero—está bien pero hazlo suave.

-oh si…-dijo con una sonrisa llena de satisfacción y tomándolo en su mano—así lo haré.

El se introdujo en su trasero, ese que lo volvía loco. Ese que le encantaba coger pero que por más que se concentrara, no podía aguantar tanto placer. Por eso después de estárselo haciendo en esa posición y que sus fuertes quejidos y gemidos lo excitaran aun mas, el no aguanto y se vino en el después de diez minutos. El fue al baño a lavarse para volver con ella. Ella se levanto y entrando en la ducha y abriendo el agua caliente lo miro y le dijo:

-ven y te bañas conmigo, estas muy sucio mi amor. Tengo que limpiarte bien.

El entro inmediatamente al estar hipnotizado por las hermosas curvas de su atractiva y hermosa esposa, pronto se abrazo a ella y disfruto de la calidez de su cuerpo y el agua caliente mojándolos. Luego cerraron la llave, ella empezó a enjabonarlo. Con mucha espuma sobre su miembro grande y erecto lo miro y le dijo sonriendo:

-ahora si va a quedar muy limpio mi amor.

-muchas gracias hermosa y poderosa mujer—dijo abriendo la llave—siempre puedo contar con usted.

Ambos se enjuagaron y ella iba a salir para secarse cuando, él la apoyo contra la pared y la penetro por sorpresa. Entrando en ella de golpe, le alzo una pierna para hacerlo más profundamente. Ella lo estaba disfrutando muchísimo, disfrutaba de su olor a limpio, de la frescura de su cuerpo y del calor de sus besos en su boca. El que era un hombre en verdad dulce y apasionado, alzo sus dos piernas y agarrado de su voluptuoso trasero le dijo que se dejara ir de nuevo. Que el sabia que ella quería, mordiéndolo un poco en el labio inferior no tuvo otra opción. Cuando el intensifico sus embestidas y succiono su seno, ella se vino escandalosamente al igual que el. Más que satisfechos por tanto placer, ella sonriendo le dijo:

-menos mal que aun estamos en la ducha. Mira como me dejaste—dijo riendo.

-tienes toda la razón hermosa y sensual scout—dijo abriendo la ducha—límpiate y vamos a dormir.

-¿dormir?—dijo con una sonrisa picara—bueno…si tú quieres…

Ellos muy divertidos y siendo una pareja que había tenido que atravesar por muchas cosas, terminaron de bañarse y fueron a la gran cama de esa linda habitación a seguirse amando una vez más.