Disclaimer: sigue siendo obvio que Assassin's Creed no me pertenece.

Nota de autor: ¡he aquí el segundo capítulo! Quiero dar un agradecimiento especial a todas las personas que me han estado leyendo y suscribiéndose por igual, también a sus críticas constructivas y la adición de esta historia a la comunidad de Asesinos y Templarios. ¡Los adoro! Y para ustedes, lectores, espero que disfruten de este capítulo. Bueno, sigamos con la historia.

Notas de la traductora: hola de nuevo. Para los que hayan leído Interrupted, espero que les haya gustado, personalmente, a mí me divierte en gran manera traducirlo aunque hayan ciertas expresiones inglesas que me provoquen dolores de cabeza… En fin, espero que disfruten.

Como deben saber, el desarrollo de la historia pertenece a Crimeson-plasma cuyo link de FF he dejado en mi profile. Lo único de lo que me apodero es de la traducción.


Interrupted

Capítulo dos

Los cuatro asesinos miraron con sorpresa a las dos presencias, preguntándose quiénes eran. Uno de ellos vestía una antigua armadura y sostenía al otro hombre por su pecho. El individuo que era maniatado, no llevaba ninguna armadura en absoluto salvo unos trapos que ya estaban hechos jirones. Desmond rápidamente cayó en cuenta de quienes se trataba.

El hombre que sostenía al otro sujeto de repente lo soltó con una fuerza sorprendente, haciendo que éste moviera sus manos con desesperación, tratando de apoyarse en algo, pero de igual forma cayó al suelo.

Las luces se encendieron nuevamente, revelando esta vez las dos figuras. Cesare Borgia estaba tendido en el frio piso de piedra, un rictus de sorpresa dibujado en su rostro; el otro individuo, Ezio Auditore, poseía también la misma expresión en su morena cara, incapaz de pensar con lógica una razón ante el repentino cambio de escenario y al hecho de por qué Cesare Borgia no estaba muerto.

Miró alrededor de la cámara, reconociendo el lugar de inmediato.

Monteriggioni —murmuró para sí mismo.

Ezio luego posó su mirada sobre las otras personas que habitaban la cámara y en los objetos desconocidos que yacía en esta, al instante sus ojos centrándose en la presencia que indudablemente era idéntica a él, incapaz de poder decir o hacer algo ante lo que veía.

El tenso silencio reinó en el recinto.

¿Cómo había sucedido aquello? ¿Cómo los dos hombres del renacimiento italiano habían aparecido en el futuro?


Ezio continuó mirando a Desmond, sin saber qué decir o a qué razonamiento coherente llegar. ¿Quién era ese desconocido que era exactamente igual que él? Silencio absoluto se instaló en el recinto unos momentos más en el que nadie supo cómo reaccionar. Lucy, Rebecca, Shaun y Desmond observaba llenos de consternación al templario y al asesino, aquellos individuos que deberían haber fallecido hacía mucho tiempo atrás.

Sin embargo, Ezio estaba más concentrado en escudriñar a Desmond, tratando de averiguar cómo era posible que algo así sucediera y Cesare, bueno, se estaba deteniendo unos momentos para mirar fijamente a todos los individuos sin llegar a una conclusión razonable.

Por supuesto que estaba conmocionado. Hacía unos momentos atrás estuvo a nada de caer por la gran muralla de Viana. En lugar de sucumbir a un abismo, apareció repentinamente en un sitio desconocido. Como resultado del profundo shock había tropezado, cayendo con estrépito en el suelo de roca en un golpe fuerte que, curiosamente, todo mundo ignoró.

Pero todo aquello quedó en el pasado cuando un pensamiento comenzó a florecer en la cabeza del joven Borgia.

«No estoy muerto. Ezio no logró matarme» pensó con regocijo, esbozando una sonrisa torcida. Sabía que tenía razón: la fortuna no lo abandonaría. Movió la mano hacia donde su espada debería estar, la mueca en sus labios creciendo a medida que se daba cuenta de que, efectivamente, ella aún permanecía allí. «¡Fantástico!» exclamó mentalmente, apoderándose de su arma fiel una vez más.

Lentamente se incorporó del suelo, todo su cuerpo magullado resintiéndolo. Probablemente tenía hemorragia interna, o bien puede que sea menor el daño y sólo tuviese heridas externas, pero eso sólo era gracias a su pelea anterior con el maestro asesino. Tal vez el otro hombre estaba pasando por lo mismo, pero no le importaba.

— ¡Auditore! —Cesare gritó cuando estaba sobre sus pies finalmente.

Ezio rápidamente se dio la vuelta y lo miró, un poco desconcertado, como si no hubiese esperado que todavía siguiera con vida.

Merda —Ezio masculló voz baja, apoderándose de su espada también y preparándose para continuar la batalla contra el otro hombre.

«Él ya está muy desgastado, no va a ser muy difícil», Ezio pensó mientras examinaba las heridas visibles en el cuerpo de Cesare.

«Aunque yo también estoy herido, después de todo fue una cruenta y larga batalla» el asesino pensó con gravedad, analizando la situación. Comenzó dando vueltas alrededor, acechando y a la espera de que uno de los dos diera el primer asalto. Ezio de repente saltó y atacó a Cesare, las espadas chocando en un sonido aciago y funesto.

Y una vez más, los dos hombres estaban involucrados en otra batalla. Pronto fueron dando vueltas por la habitación, espadas chocando en un chasquido ruidoso, exudando chispas doradas disonantes. En ningún momento les importó que al proceso, ellos destruyeran parte de aquellos extraños equipos.

Sólo entonces cuando los espectadores volvieron en sí y observaron el desastre que se creaba a su alrededor, lograron reaccionar.

— ¡Deténganse, no podemos perder los equipos! —Shaun, obviamente, gritó alarmado.

Desmond sin pensarlo mucho, entró a la acción y corrió hacia los dos hombres. No sabía bien qué hacer para detenerlos, por lo que actuó con su intuición. Cuando estaba cerca de los dos hombres que luchaban, saltó en el momento en que estaba justo detrás de Cesare y lo empujó con todas sus fuerzas.

Cesare, que no esperaba ese "ataque", no pudo resistir el empuje y cayó hacia Ezio, que estaba bastante cerca en ese momento. Trató de evitar la caída y decidió empujar contra lo primero que se encontró en su camino, pero la trayectoria de impacto había recaído completamente en el asesino, su enemigo, así que hizo lo primero que se le ocurrió: rápidamente empujó el pecho del italiano, tratando de recuperar el equilibrio.

Mala idea. Cesare logró frenarse un poco, pero Ezio, que ahora estaba cayendo también, agarró la camisa de Cesare, tratando así de permanecer en pie. Un fracaso total, los dos hombres pronto cayeron estrepitosamente al suelo con un fuerte golpe. Uno encima del otro. Desmond se congeló en desconcierto, pues no esperaba ese resultado, pero feliz, claro: había detenido con éxito a los dos hombres.

Al instante, Rebecca y Lucy abrieron la boca, claramente sorprendidas por la escena.

Shaun sin embargo, sólo se limitó a observar, no sabiendo qué opción era la más acertada: reír o llorar. Las dos espadas pudieron escucharse cayendo con un fuerte ruido que poco de él podía interesar, pues el silencio que había ante la escena presenciada, ignoraba todo ruido o eco del exterior que tuviese la intención de interrumpirles.

Cesare y Ezio escupieron sangre al instante gracias a la caída que acrecentó sus profundas magulladuras. Pero pasó algún tiempo para que ellos se percataran de la posición en la que se encontraban. Ninguno de los dos se avergonzó del asunto, nadie entendía el por qué. Sin embargo, casi al instante lo comprendieron: el suelo bajo ellos se convirtió en un lago carmesí, destacando la gran pérdida de sangre, lo que ocasionó, obviamente, la inevitable inconsciencia.

Rebecca, Shaun, Desmond y Lucy se miraron, no sabiendo qué hacer de momento. Por lo menos el Animus había dejado de echar humo y chispas, todo parecía estar bien nuevamente, a excepción de...

—Lo mejor será atenderlos antes de que mueran, y esta vez de verdad —habló primeramente Shaun, luego del tenso silencio anterior que era más por incomodidad, a decir verdad.

Los otros tres asintieron, pronto apoderándose de ambos cuerpos.


Desmond estaba sentado en una silla cercana donde su antepasado y su némesis, el templario, yacían inconscientes. Habían sido despojados de sus camisas, o al menos de lo que quedaba de estas, unas vendas ahora con tintes carmesí cubriendo sus pechos. Transcurrieron varios minutos, solamente escuchándose a Rebecca tratando de arreglar el Animus, sin resultado alguno.

— ¿Por qué no funciona? ¡Parece estar perfectamente bien! —Rebecca se quejó de forma audible.

—Examínalo un poco más, tiene que haber una explicación razonable —Shaun inmediatamente contestó, sonando un poco molesto.

— ¿Cómo puede haber una explicación razonable para dos hombres que deberían estar muertos; pero en cambio son transportados al futuro? —Desmond masculló el quid de la cuestión.

De repente, Ezio se despertó y se levantó inmediatamente, con un siseo de dolor causado por sus heridas aún abiertas. Desmond le observó y una vez más, el silencio incómodo resurgió.

— ¿Estás bien? Las heridas parecen graves —preguntó Rebecca, un poco preocupada.

Ezio volvió su atención a ella, sorprendiéndolos a todos cuando habló:

— ¿Quién eres y por qué estás en mi propiedad? —Ezio preguntó de inmediato, una mirada amenazante cubriendo su rostro moreno.

Pero eso no era lo que había impactado, sino del hecho de que había hablado perfectamente en inglés. ¿Acaso sabe el idioma, siquiera?

—Nosotros no estamos en la Italia Renacentista… es un periodo diferente al tuyo y al de Cesare Borgia —explicaba Shaun, pausadamente—. Ambos fueron repentinamente transportados aquí —terminó de hablar, como si fuera la cosa más simple y sencilla del mundo. Ezio le observó como si estuviese frente al mismísimo eslabón perdido.

— ¿Y en qué año estamos entonces? —en un pesado acento italiano, la voz sorprendentemente tranquila de Cesare Borgia interrogó.

Todos miraron, atónitos, al otro hombre vendado, que había permanecido al lado del maestro asesino, impertérrito. ¿Cuánto tiempo Cesare Borgia había estado despierto?

—El año 2012 —Lucy respondió—: Actualmente en Siena, en una cámara subterránea —terminó de explicar.

Los ojos oscuros de Cesare se iluminaron.

— ¡Es así como te escapaste del ataque! —exclamó, como si hubiese resuelto un gran enigma.

Ezio le obsequió una mirada punzante, llena de rencor.

—Pagarás por la muerte del tío Mario y por todas las vidas que arrebataste —masculló en un siseo bajo, pero Cesare le dedicó una gran sonrisa.

— ¡Nunca lograrás derrotarme, Auditore! —gritó en tono burlón, haciendo que el asesino frunciera el ceño profundamente, al instante, tratando de buscar su espada, cosa que no encontró de inmediato. Es más, cualquier otra arma hubiese servido, pero no había nada a la vista.

— ¿Dónde están mis armas? —preguntó segundos después y los cuatro asesinos se miraron a los rostros, una expresión de circunstancias dibujada en sus miradas.

—No podemos permitir que lo asesines, incluso si es tu mayor enemigo… —habló Shaun, intentando apaciguar el ambiente

—Si lo haces, es probable que no puedas volver a tu tiempo —y Rebecca terminó de hablar a bocajarro.

Ezio miró a su alrededor, bastante confundido y consternado.

—Mientes —fue todo lo que dijo antes de que se incorporara ágilmente.

Entonces, comenzó a correr por el oscuro pasaje que le llevaba al exterior. Cruzó la habitación completamente destruida, aquella que utilizaban para contener y estudiar todos los fragmentos del códice.

— ¡No lo dejes ir! —Lucy gritó desde el interior y Desmond inmediatamente saltó de la silla en que estaba sentado, siguiendo a su antepasado.

Casi de inmediato, encontró Ezio mirando con sorpresa todo a su alrededor, su rostro moreno contorsionado en una mueca de asombro e incredulidad.

—Eso no puede estar sucediendo —susurró bajo, aún profundamente conmocionado por la vista que contemplaba, sin percatarse siquiera que Desmond caminó hacia adelante, colocando una mano sobre el hombro desnudo de su antepasado, en un ademán lánguido de vago consuelo.

Continuará.