Disclaimer: Harry Potter le pertenece a Rowling. No me beneficio de nada salvo de los reviews que alegran mi día.
Advertencia: recuerden que esto está basado en el libro seis y siete, también que será Slash. Habrá otras parejas, pero la principal es Tom/Harry que progresará en capítulos posteriores.
N.A: gracias por los comentarios, en serio me alegran el día, la noche, en fin (?, espero que disfruten de esta locura que comenzará a partir de ahora con la aparición-que-no-es-aparición de Tommy.
Memorias destrozadas
~O~
Tenía que ser un sueño. ¡Sí, exacto, un sueño! Era una clase de pesadilla, algún escarmiento por lo que le hizo anoche a Hermione o por lo que ha hecho en toda su vida, ¿quizá en su niñez? Bueno, pero los Dursley no contaban. Ah, claro, es alguna especie de castigo divino. Sí que debe ser eso, porque es imposible que el bastardo de Tom Riddle esté ahí, frente a sí, en su cama, en la Torre de Gryffindor, como un maldito fantasma o lo que sea que fuere.
Seguro que era eso.
Ay, el auto-convencimiento se sentía fantástico.
—Debo corregirte, Harry —dijo Tom, rompiendo el tenso silencio—. No es un sueño y creo recordar que la última vez que comprobé mi origen, seguía siendo hijo de Merope Gaunt y Tom Riddle —lo último lo escupió en un siseo—; y ah, sí, no soy un «maldito fantasma»
Al instante, Harry soltó un quejido lastimero.
—Deja de leer mis pensamientos —espetó con el entrecejo fruncido. Tom Riddle se encogió de hombros por respuesta.
—No es como si pudiera evitarlo —respondió con sinceridad la entidad que ahora era Tom Riddle, su peor pesadilla—. Después de todo, soy parte de ti. Percibo lo que sientes, como si fuésemos alguna clase de… ¿mellizos?
Cuando escuchó esa analogía tan asquerosa y proterva, Harry deseó que no hubiera dicho aquello. ¡Lo hacía aún peor! ¿Cómo demonios podría sobrellevarlo? Tener a Voldemort deseando cazarle como si se tratara de un ratón huyendo de una gran serpiente ya de por sí se sentía bastante horrible, para que también tuviese al fantasma-que-no-es-fantasma de Tom Riddle acosándole.
—Creo haber dicho anteriormente que no era un fantasma —por alguna razón, sonaba irritado.
Pero a Harry le importó una mierda.
— ¡Deja de leer mis pensamientos, maldición!
Gritó, lanzando en contra una letanía de improperios que dejarían a Malfoy boquiabierto; se desahogó como un niño de cinco años. Nunca antes había hecho una pataleta de tal dimensión, casi se catapultaba a la galaxia de lo que no es Harry, pues una actitud así le quedaría mejor a alguien como su primo Dudley o Malfoy… pero la ocasión realmente lo ameritaba.
No sabía si sería capaz de soportarlo por mucho más tiempo.
Lo único que supo de todo aquello, es su infinito agradecimiento al que creó los hechizos de privacidad.
Segundos después, quizás minutos, Harry respiraba con dificultad, aún sentado en la cama con las piernas alzadas y sus brazos abrazándolas protectoramente, su cabeza hundida entre ellas, buscando algún modo de auto-consuelo. Cosa que no obtenía con nada.
Ni siquiera un pensamiento feliz podía recrear.
— ¿Terminaste? —preguntó Tom, su voz plana e impersonal.
—No es como si me quedara de otra, ¿verdad?
Casi al instante, como si fuera sin deliberación, escuchó un sincero bufido lleno de incredulidad.
—Ya sé por qué él desea con tanto ahínco matarte —siseó Tom, molesto—. De poder, te estrangularía.
Con lentitud alzó la cabeza apoyando la barbilla en ambas piernas flexionadas. Observó a Tom Riddle durante un buen lapso de tiempo, ignorando adrede el hecho que había dicho lo último y cavilando en que, efectivamente, parecía un fantasma con esa forma casi etérea. La leve oscuridad que cubría a su cama gracias a los doseles rojos le daba un aspecto más tangible, pero no dejaba de parecer alguna especie de espectro enviado del más allá.
No se veía gris como los fantasmas normales, parecía más bien de un matiz acartonado, como si perteneciera a una película antigua, como si… como si fuese el recuerdo de Tom Riddle. El que enfrentó en su segundo año.
—Ahí tienes razón, Harry —respondió Tom, nuevamente rompiendo el silencio.
Vagamente se preguntó por qué éste le llama por su nombre de pila cuando Voldemort prácticamente escupía su apellido. Contempló como en los labios de Tom Riddle se dibujó una débil sonrisa.
—Porque yo no soy él.
— ¿Qué quieres decir con eso? —inquirió con el ceño fruncido.
—Tengo una parte esencial de él, sí, pues aún sigo siendo Tom Marvolo Riddle —explicó con un ademán compendioso de su mano. Quizá con ello quería hacer parecer que no se sentía afectado, pero el odio en sus orbes era notable—. Pero —hizo una breve pausa, posando sus orbes índigo sobre las de Harry—, también tengo una parte de ti. Sería absurdo tratarte como él cuando somos tan íntimos, ¿no te parece?
Luego de decir aquello, esbozó en sus labios una sonrisa más amplia, completamente descarada. Harry frunció el ceño, negándose en redondo, tozudo.
—No te creo.
—Tú mismo, Harry —respondió al instante, realmente importándole poco la negatividad. Esbozó una sonrisa leve, prosiguiendo con su explicación anterior—. También podrías sentirme, así como yo percibo tus pensamientos. Sólo tienes que esforzarte un poco.
Harry tampoco le creía eso, ¿percibir sus pensamientos? Ya quisiera él poder sentir las cavilaciones homicidas y de dominación mundial todo el tiempo en su cabeza. Sería desquiciante.
Tom Riddle delineó una sonrisa divertida, pero no mencionó nada al respecto.
Al momento, volvieron a sumirse en un tenso silencio. Harry no sabía qué decir, o qué hacer. ¿Cómo lidiar con la situación? ¿Y si lo veían? ¿Qué coño dirían? Qué diría el director, ¿cómo sería capaz de enfrentarle ahora? Seguro terminarían por mandarlo a San Mungo para que le examinaran.
—Eso no sucederá —respondió a sus pensamientos. Harry bufó en respuesta, medio indignado por su espacio personal violado y medio molesto por la seguridad con la que Tom Riddle le respondía—. Es en serio. Ellos no podrán verme aunque quieran.
Harry parpadeó unas cuantas veces, no creyéndose lo que él había dicho.
—Pero si dices que no eres un fantasma… ¿cómo demonios no podrán verte? Hasta donde sé, hay fantasmas que son capaces de pasar desapercibidos. Y tendrías que ser un completo humano para poder hacerte invisible… no comprendo.
¿Acaso le estaba tomando por idiota? Debía ser eso. No sabía qué era Tom Riddle ahora, pero no era humano. Parecía uno, pero no enteramente de este mundo. Sin embargo, también negaba ser un fantasma. De verdad que no lo comprendía.
Al menos le gustaría ser capaz de entenderlo, luego pensaría en cómo deshacerse de él.
—No te estoy tomando por idiota. Y ah, sí, eso tampoco sucederá —volvió a decir Tom Riddle, sonriendo con descaro.
—Oh, cállate —escupió Harry con rencor—. Dime cómo demonios no te verán.
—No soy una simple aparición.
En respuesta, Harry soltó lo primero que se le ocurrió.
—Entonces eres un dementor —siseó, al instante Tom frunció el ceño, no gustándole la comparación—. ¿Qué? Has succionado mi jodida felicidad.
—Muy gracioso.
—Gracias —fue la escueta respuesta de Harry.
Y una vez más, volvieron a sumirse en otro incómodo silencio, mucho peor que el anterior. Harry constantemente pensaba en cómo hacerle para no pensar y que así Tom Riddle no violara su hermosa privacidad. ¿Cómo demonios le haría de ahora en adelante si no se deshacía de él?
Harry sintió otro gemido miserable pugnar en su garganta.
—Oh, por las barbas de Merlín, esto no funcionará —una vez más, Tom Riddle rompió el silencio—. Deja de pensar en cómo no pensar. Es imposible, a menos que seas un buen Oclumante, cosa que obviamente no eres.
—Bueno, ahora ya sé de dónde vienes —masculló, sus ojos cargados en odio puro. Tom Riddle negó con la cabeza, parecía decepcionado.
—Incorrecto. No vengo de tu cabeza, al menos no tan literal —expuso casi de forma monótona. Parecía como si diera algún tipo de anuncio o como si estuviese explicando alguna clase. Daba esa sensación. Por un momento, Tom Riddle no dijo nada, concentrándose sólo en escudriñarle. Su expresión era plana, pero algo le decía a Harry que sus ojos eran lo contrario. Luego de unos segundos, habló—. Nací, por decirlo de alguna forma, en cuarto año.
Harry sintió que la boca se le secaba.
— ¿Qué? ¿Desde cuarto año has estado dentro de mí?
Harry supo que debió avergonzarse hasta el olvido cuando vio la expresión de circunstancias en el rostro de Tom Riddle.
—Por supuesto, Harry —corroboró Tom, sonriéndole cínico—. He estado dentro de ti desde cuarto año —ante eso, Harry se sonrojó, desviando la mirada a otro punto lejos de la expresión burlesca en el rostro contrario. Tom decidió ignorarle, prosiguiendo con la explicación—. Pero no he podido manifestarme sino hasta que él decidió ingresar a tu mente. Perdiste a tu padrino a causa de ello.
Tan rápido como Tom Riddle mencionó lo de Sirius, el rostro de Harry se oscureció completamente. Tragó saliva con lentitud, no hallando nada con qué pasar el doloroso nudo que se formó en su garganta. El dolor volvía a estar tan presente como hacía una semana.
—Pero eso fue en quinto año… —Harry respondió, lacónico. No vio que Tom se sentía incómodo por las asfixiantes sensaciones de malestar y dolor.
—En quinto año él seguía en tu mente.
Harry deseó que cambiaran de tema, para así olvidarse de todo el dolor que sentía. No sería fácil, pero por alguna razón, centrar todo su odio en Tom Riddle hacía las cosas más llevaderas.
— ¿Por qué sigues llamándole 'él'? —preguntó inesperadamente.
Tom enarcó una de sus oscuras cejas, esbozando una sonrisa leve, casi divertida.
—Él es Lord Voldemort, yo soy Lord Voldemort.
Un juego de poder, pensó Harry oscuramente. Ahora que Tom Riddle aparecía, ¿qué sucedería?
Por la sonrisa torcida esbozada en los labios de Tom, supo qué estaba pensando. En sus orbes índigo yacía matizado el carmesí desquiciado al que tanto le temía. Había cruel locura en su mirada y un millardo de emociones crudas que no pudo identificar, ni aunque lo deseara con fervor.
Aquel hombre no le gustaba en lo absoluto.
—No me has dicho por qué no podrán verte —murmuró Harry, deseando con ímpetu que aquella expresión se desvaneciera en las profundidades de su mente.
—Tengo mis medios —respondió Tom, compendioso.
Harry negó con la cabeza, casi con pesar. Aquella situación no le gustaba para nada, le hacía sentir inseguro, como en su segundo año cuando le tocó enfrentarlo una vez más. ¿Se habrá vuelto loco y Tom es su eterno tormento? No, eso sonaba bastante absurdo hasta para él.
Seguro Tom Riddle tendría mejores cosas de las cuales encargarse que hacerle de verdugo o ejecutor.
— ¿Por qué me dices todo esto? —inquirió en un murmullo, su voz sonando cansada, casi derrotada. Sabía que de momento, no podría hacer nada, mucho menos decir todo lo que acontecería de ahora en adelante en Hogwarts. Nadie podría verlo.
Oh, aquello era tan risible.
Tom le contempló unos segundos sin responder. Daba la impresión de estar meditando algo, pero Harry no estaba seguro.
— ¿Por qué no decírtelo? —fue la pregunta con la que respondió.
La cabeza de Harry comenzaba a incomodarle, pero no era a causa de Tom Riddle (cosa muy buena, la verdad) sino por la migraña. Ya no percibía esa molestia pugnar en la frente donde su cicatriz desvaída aún parecía vivir con más vehemencia que antes, pero nada de aquello dolía como hubiese esperado, casi ansiado. ¿Tal vez con eso tendría una excusa para ir con el director y confesarlo todo? Sinceramente, lo dudaba.
Intentando ignorar la figura silenciosa de Tom Riddle lo más que podía, Harry se incorporó de la cama finalmente. Decidió que por más jodida que estuviera su vida ahora, seguiría adelante. Con fantasma o sin fantasma, aparición o no, él seguiría adelante.
—No soy un fantasma.
Harry le ignoró deliberadamente. No se percató que Tom Riddle estuvo todo el tiempo sentado en su cama.
No estaba para nada contento, se sentía completamente desdichado. Había puesto cada gramo de su voluntad en ignorar la presencia de Tom Riddle, pero parecía imposible con sus incómodos comentarios con respecto a cada uno de los integrantes de la mesa de Gryffindor.
Se había impuesto a sí mismo a no dejarse llevar por el ataque verbal, mas no pudo. Un grito había resonado en todo el Gran Comedor, silenciando las pocas conversaciones aquella mañana de ipso facto. En honor a la verdad, estaba defendiendo a sus amigos, pero aun así no pudo evitar ganarse miradas llenas de extrañeza e incredulidad. Otros ya estaban comentando que el chico dorado por fin había sucumbido a la locura interior.
Y Hermione, oh Hermione le veía con más sospecha que cualquier persona en todo el Gran Comedor. Su amiga era muy perceptiva, pero como claro, al muy bastardo no podían verlo, nada podrían hacer de momento.
Lo bueno de todo aquello es que ahora podía insultar a Tom mentalmente, lo malo, no podía ignorarlo.
«Eres un completo incordio, ¿no puedes mantenerte en silencio?»
Y así tal vez podría ignorarle… en lo que cabe.
De camino al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, los integrantes de sexto año, Gryffindor y Slytherin por igual, iban marchando hacia el tercer piso.
— ¿Por qué habría de hacerlo? —respondió Tom con descaro.
Era obvio que se lo estaba pasando en grande, pensó Harry con rencor.
—No te molestes, Harry —dijo Tom, a su lado caminando igual como si fuese un estudiante más.
Pero no era un estudiante en toda regla. Ahora que Harry lo examinaba bien, se veía mayor que en el recuerdo del diario, como si tuviese veinte o veintidós años. Ni siquiera tenía el uniforme de Hogwarts, sino un traje oscuro perfectamente inmaculado y, extrañamente muggle.
Harry frunció el ceño incapaz de analizar la información recabada, Tom Riddle esbozó una pequeña sonrisita divertida.
—Tengo más de sesenta años—respondió a la retahíla interior de Harry—, pero este cuerpo tiene veintiuno, si querías saber.
«En realidad no quería saberlo. Deja de leer mis pensamientos»
—Si no leo tus pensamientos, ¿cómo respondo tus problemas existenciales?
Chasqueó la lengua, resuelto a ignorarle ahora que estaba ingresando al aula. Hermione y Ron ya estaban dentro. Su amiga estaba sentada, cosa bien extraña, con una ceñuda Lavender. Al parecer había frustrado sus planes de sentarse al lado de Ron y bueno, éste alzaba su mano en dirección a Harry con fervor para que así se sentara a su lado.
Negó con la cabeza, divertido ante esa inverosímil situación.
—Es un Weasley —murmuró Tom Riddle para sí mismo, Harry contó mentalmente hasta diez.
Caminó unos cuantos pasos en dirección a su amigo, sonriendo con la imagen de una desdichada Hermione y un presuroso Ron que instaba a que se sentara con él. Le dio una mirada de infinito agradecimiento a su amiga que respondió con un encogimiento de hombros. Pero antes de poder sentarse siquiera, Severus Snape entró como un vendaval al aula, ondeando su oscura capa tras cada caminar.
—Ah, señor Potter, tarde como siempre —espetó Severus Snape—. Siéntese.
—Oh, él es nuevo profesor —otra vez el murmullo silencioso de Tom tras sí.
Harry una vez más le ignoró, efectuando la orden del profesor rápidamente. No porque fuese una demanda, sino porque realmente iba a sentarse.
—Tranquilo, hermano —murmuró Ron a su oído, mientras Snape no estaba viéndoles—. Debe estar que rebosa de felicidad, no te ha quitado puntos.
Por ahora…
Asintió a Ron sin decir nada en respuesta y con el entrecejo fruncido en molestia, se dispuso a sacar sus libros, con la entera disposición a aprender y no incordiar al nuevo profesor. Defensa seguía siendo su clase favorita aunque esté el profesor Snape, odioso o no.
Mientras el antiguo profesor de Pociones daba el introductorio, no se percató que Tom Riddle también tenía el ceño fruncido tras él.
—Guarden los libros que tengan sobre la mesa —la voz de Snape resonó en el recinto. Todos acataron menos Hermione que parecía más infeliz que cuando se sentó al lado de Lavender—. Hoy practicaremos hechizos no verbales, leerán el tomo de Enfrentarse a lo Indefinible.
Todos se miraron las caras, pero Hermione, presurosa, sacó el tomo asignado mientras esperaba ansiosamente que el profesor diera la orden. Harry enarcó una ceja cuando Snape frunció profundamente el ceño, regalándoles una mirada de odio absoluto, sobre todo a él.
Harry se preguntó, no sin extrañeza, por qué Tom no había interrumpido con una de sus frases pintorescas e incómodas.
No se percató que estaba más ceñudo que él.
— ¿Qué esperan? ¡Página doscientos trece!
Bueno, lo esperaban a él, pero nadie iba a contradecirle. El sonido de las hojas pasando, rasgaba el silencio tenso que se percibía en el ambiente. El profesor Snape tuvo que realizar un movimiento de su varita para que las páginas del libro de Ron se posaran en donde el profesor quería.
Cuando Harry vio el título, abrió la boca para expresar su desconcierto y desacuerdo, pero nada salió; en cambio, al parecer Hermione sí, su jadeo lleno de sorpresa le siguió ante un murmullo colectivo que inundó el aula.
—Profesor… —comenzó Hermione, pero una mirada dura de Snape bastó para callarla, eso era extraño.
Hermione ni siquiera con él dejaba de expresar lo que pensaba o sentía.
—Hoy comenzaremos con la maldición Cruciatus.
Tragó saliva, comenzando a sentirse extrañamente aprensivo. Ron a su lado parecía enfermo y Hermione estaba pálida. Ni siquiera quería mirar tras él, donde los Slytherin, pues tendría que enfrentarse a Tom Riddle. Harry no estaba seguro de querer verle ahora.
Cuando salió del aula con Ron y Hermione a su lado, no supo cómo debía sentirse al respecto. Era chocante, no había perdido puntos y eso que se le había dado bastante mal, pues no tenía la disposición para ejecutar la maldición, ni siquiera practicarla. Sabía que el profesor Snape estaba bastante extraño, más cuando se acercaba a él.
—Deberíamos hablar con el director —una vez más, Hermione comenzó. Pero Ron negó pesadamente con la cabeza.
—No dirá nada, es Snape.
Harry silencioso, asintió. Por alguna razón, ahora que Tom Riddle yacía a su lado como una figura más en silencio absoluto, le hacía más consciente de su presencia. No lo comprendía, pero mientras se mantuviera así…
— ¡Potter! —en la lejanía, la voz del profesor de Defensa se escuchó. Harry soltó un quejido.
¿Qué demonios había hecho ahora?
Las cuatro figuras en el pasillo se giraron, Hermione y Ron dándole silenciosas miradas de apoyo incondicional, Tom tras él en completo mutismo; pero Harry podía sentirle ahora más que nunca. Era una especie de energía que no se podía ver ni percibir por cualquiera, pero estaba allí.
Cuando Severus Snape llegó a donde yacía Harry, quizá a unos cuantos pasos de distancia, no lo sabía con exactitud, éste se detuvo con el ceño fruncido. Observó el aire a su alrededor, como si buscara a alguien o algo. Luego se enfocó en él, frunciendo aún más el ceño, los ojos entrecerrados en sospecha.
Terminó de llegar a donde estaba, parándose estoico, pero no como solía ser, daba la impresión de estar muy tenso y receloso.
—Potter, tu desempeño académico es lamentable —siseo el profesor, ¿quizá como saludo?, apenas estuvo frente a Harry. Hermione y Ron a su lado eran presencias silenciosas que le apoyaban, pero la figura etérea de Tom Riddle era más tangible ahora, lo podía sentir. Ante el silencio, Snape prosiguió—. Sin embargo, hablaremos luego de ello. El director te requiere en su Despacho, después del té.
Con eso se marchó, ondeando su capa al girar. No quitó puntos, no insultó más de lo necesario. Harry casi podía percibir que lo había hecho por obligación, pero era imposible, ¿verdad? Se supone que el profesor Snape siempre le había odiado, eso no iba a cambiar.
— ¿Por qué crees que Dumbledore te mandó a llamar? —preguntó Ron, rompiendo el silencio—. Y más con Snape-
— ¿Le mencionaste algo sobre el libro, Harry? —preguntó esta vez Hermione, pero a diferencia de la otra noche, esta vez no había molestia o reprobación en su voz. Se notaba preocupada.
Harry negó con la cabeza a ambas preguntas. No tenía idea y sinceramente, aquello no terminaba de gustarle.
Casi sin darse cuenta, mientras caminaba por los pasillos con sus amigos hacia la Torre de Gryffindor, Harry ansió que la presencia etérea de Tom Riddle tras él le incordiaría o preguntara al respecto como Ron y Hermione lo habían hecho anteriormente.
Pero no dijo nada. Incluso después del té, cuando marchaban a la Torre del Director, Tom se mantuvo en silencio, caminando a su lado.
Continuará.
