Disclaimer: Harry Potter le pertenece a Rowling. No me beneficio de nada salvo de los reviews que alegran mi día.
Advertencia: recuerden que esto está basado en el libro seis y siete, también contendrá será Slash. Habrá otras parejas, pero la principal es Tom (Voldy)/Harry que progresará en capítulos posteriores.
N.A: Hola, hola, una vez más vengo yo por aquí para incordiarles con mis cosas gays. Espero que les guste este capítulo, en especial porque comenzaremos con un POV de Tommy para así entrar en materia y ver qué pasa por la cabecita de nuestro Voldy. Será de introductorio, no se esperen mucha acción, aunque prometo traerles más. Agradezco inmensamente sus comentarios, en serio, me alegran el día y los valoro mucho. En fin, espero que lo disfruten. Ah, y para la chica, PelusitaBlack93, creo haber mencionado en los capítulos anteriores que esto sería Slash, Tom (Voldy)/Harry, para ser más precisa. Sí, Hermione quedará con una persona en esta historia, pero no será ni con Harry ni con Voldy, ella para mí es hermana de Harry, es sólo que aún no sé si dejarla con Draco o con Ron, ¿qué opinan ustedes? ¿Hago de pareja secundaria Ronmione o Dramione? Personalmente al Dramonie no le veo nada de especial, pero creo que si lo escribo, puede que le encuentre el gustico.
En fin, basta de cháchara, lean mejor.
Memorias destrozadas
~O~
En referencia a lo posterior, una semana había transcurrido, más o menos, Tom aún no era capaz de calcularlo debido a su desligue del mundo hacía años atrás; pero desde que salió del despacho del director en conjunto con Harry Potter, el único sentimiento que poseía en, lo que podría decirse su cuerpo (aunque en realidad es espíritu), era la intrínseca rabia ligada con rencor.
¡Ese maldito viejo! ¿Cómo se atrevía?
Decir que Tom Riddle estaba molesto sería un eufemismo.
Por supuesto que está molesto, oh, sí que lo está. Aquel maldito viejo había tenido la osadía de investigar sobre su protervo pasado familiar y no sólo eso, también mostrárselo a un alumno con la vaga excusa de la profecía (aunque esa parte, lo admite, le inquietó); le sulfuraba que Harry Potter haya conocido aquel fragmento de recuerdo, esa oscura memoria que tanto le perturbaba y le hacía sentirse terriblemente endeble. Las ansias por asesinar y destruir nunca había sido tan intensas como ahora.
Odiaba a Dumbledore por hacerle eso, mostrarle aquello a Tom aun cuando no haya sido consciente de la actual situación que padece el niñito-que-vivió.
Tom Riddle apretó los dientes con fuerza, rechinándolos. Una feroz expresión de ira surcó su tez unos segundos antes de que ésta desapareciera rápidamente, observando a su vez de soslayo la figura dormida que yacía a su lado.
Con un suave fruncimiento de sus cejas, llegó a la inevitable conclusión de que ni en un millón de años cósmicos, pensaría encontrarse en una situación así, compartiendo un cuerpo con su enemigo en su propia habitación y cama en la torre de Gryffindor. Harry dormía a su lado, incapaz de ver (quizá un poco) el peligro que le acecha como un predador aguarda en las sombras.
Ojos índigo observaron la figura trémula, contemplando el acompasado subir y bajar de su torso, los rítmicos latidos de su corazón bombear en un suave badump-badump. Sería tan sencillo apagar finalmente la existencia de ese niño: mano ascendiendo por la suave piel perlada, tocando lentamente… con deleite, y aquel cuello expuesto, sumiso a sus dientes y garras; un sólo movimiento bastaría para que el color carmesí tiñera todo a su paso en un perfecto cuadro de horror.
Tom no fue consciente que su mano estaba comenzando a apretar la garganta de Harry.
Con rapidez se alejó del chico, sentándose en la esquina inferior de la cama, todo mientras contemplaba con avidez los trémulos suspiros. Últimamente Harry no dormía, por eso cubre todo con los doseles y hechizos. Eso era para evitar que otros oídos atendieran las pesadillas que Tom Riddle deliberadamente le provocaba en represalias a lo vivido con el maldito viejo en su despacho.
No estaba para nada contento y sabía que el niño no tenía la culpa, pero esa era la única forma de apaciguar un poco aquella ira que como consecuencia, a Harry le provocaba un intenso dolor en la cicatriz.
Cosa extraña.
¿Debería investigar ello más a fondo?
No. No tenía sentido si aún permanecía anclado a ese chiquillo hormonal, sintiendo todos sus pensamientos y emociones, más aun referente a una pelirroja de aspecto simple que se le hace levemente conocida.
¿Sería…? No le interesa. Tom Riddle aún no recupera todos los recuerdos debido a la fragmentación, cosa contraproducente e irónica tener que recuperarlos si desea liberarse de aquella subyugación.
Sus cejas oscuras volvieron a unirse, acentuando la profundidad de la mueca mientras observaba el tembloroso cuerpo contiguo a él.
Lo mejor que podía hacer (por ahora y para entretenimiento propio) era provocarle pesadillas. No era tan burdo como para que estuviese relacionado a Voldemort o a cómo le mataría, no, Tom Riddle había estado el tiempo suficiente vagando por la mente del pequeño niño, ordenándola y tratando de bloquearla a intrusos como para saber cuáles eran sus demonios interiores: aquella historia familiar.
Era interesante. De alguna forma le atraía que ese chico tuviese un pasado un poco similar al suyo, y extraño por un lado que él no hubiera sucumbido a la oscuridad.
Supone que eso es lo que los hace enemigos.
Así que Tom Riddle había estado investigando un poco en las memorias de Harry, averiguando cada pedazo de información concerniente a lo que éste sabía de Voldemort, la profecía y el retorno de él en aquel cuarto año de curso en Hogwarts.
Si su otro yo hubiese utilizado legeremancia con el chico, hacía rato que la batalla estaría ganada. Tantas veces que tuvo la oportunidad y la desperdició.
Pero él lo sabe, sabe porque actuaba así y las consecuencias de ello: desesperación y locura.
Tom Riddle tenía suerte que sus memorias en el tiempo hayan sido congeladas hasta la creación de su tercer horrocrux. Sin embargo, las reminiscencias de Voldemort no estaban absueltas de ser absorbidas por él, después de todo, ambos provienen del mismo fragmento cuarteado de alma.
Y él era Voldemort.
Claro, ayudaba que su otro yo haya violado las remembranzas de Harry en su quinto año. Poseía ahora una idea general de la situación.
Entonces, mientras Tom Riddle cavilaba todo lo sucedido desde el retorno en cuarto año, no se percató que había subyugado la privacidad del chico. Por supuesto, no le interesaba, había recolectado un interesante material que usaría a su conveniencia en algún futuro cercano.
Cuando recuperara su cuerpo finalmente, iría tras los familiares de Harry.
¿Por qué? Tan sencillo como que nadie toca lo que le pertenece.
Y sí, Harry le pertenecía aunque él no estuviera enterado de ello.
¿Que debía asesinarle? Ya es de su conocimiento lo que dice la profecía, pero Harry no tiene por qué saberlo. Sin embargo, todos sus planes se irían al traste si él decidía cazar al chico, aunque eso fuese inevitable.
Pese a todo, mientras sus ojos índigo se posaban sobre el cuerpo trémulo del chiquillo, notando los leves murmullos que se perdían entre los doseles gracias a los hechizos de silencio, llegó a la conclusión, al inevitable resultado que había una oscura fascinación en contemplar al chico sufrir a causa las pesadillas que le inducía.
Lentamente y con sigilo, se colocó encima de Harry, sus manos a cada lado de su cabeza, su rostro cerca del contrario, aunque lejos para evitar que se despertara. La respiración acompasada que el niño exudaba en vahos blancos de sus labios entreabiertos era embriagadora. Tom inhaló ya sabiendo que no había un aliento de vida que le caracterizara como ser vivo, pero no le importaba.
No faltaba mucho para vivir de todas formas.
Con reverencia, se colocó al lado del chico, y este automáticamente rodó para enterrar el rostro en su torso. Tom Riddle le observó, enarcando una ceja lentamente. No podía sentir la calidez proveniente del cuerpo de Harry, sólo la sensación de solidez. Estar más de un año en su cabeza le había dado el poder suficiente para materializarse, pero no el adecuado para mermar la frustración que pugnaba de sí como miasma que contamina todo a su paso.
Aunque no sintiera la suave calidez o el aroma de Harry… al menos podía tocarle, acariciar la cicatriz y deleitarse de los temblores que le provocaba al chico. No se cansaría de los embriagantes sollozos desgarrados ante las pesadillas que le provocaba, un justo castigo que le complacía.
Oh, cómo le maravillaba escuchar a Harry gritar su nombre entre jadeos y lágrimas amargas. Podía atender el suave y necesitado: por favor, no me dejes con ellos. Era fascinante de alguna forma.
Y sabía a lo que se refería el chico cuando suplicaba aquello: no quería ser abandonado una vez más en donde esos asquerosos muggles que decían llamarse familia.
Sabía que Harry estaba quebrado, sabía que el chiquillo poseía un intrínseco rencor al ser dejado en una familia que siempre le maltrató.
Se aseguraría de estimular adecuadamente ese odio.
Con lentitud se relamió los labios, sus frios dedos acariciando obsesivamente la cicatriz esbozada en la sudorosa frente de Harry, los mechones salvajes de su cabello creando un lago oscuro en la suave almohada. Su rostro se contorsionaba en dolor que sólo crecía cuando Tom presionaba con saña la herida que le había inducido hace quince años atrás.
Le encantaba la cicatriz del chico y podría considerarla su nueva obsesión, en conjunto con el dueño, claro está.
Esta emitía un poder oscuro y seductor que se extendía como látigo, quemando su espíritu… ansía más de ese calor.
Mientras la acariciaba con su dedo índice, hubo un instante de silencio absoluto. Luego vino el chispazo, y en la súbita revelación, se percató de algo. Tom frunció el ceño en meditación y casi al instante, los temblores y sollozos de Harry dejaron de sonar, ahora respirando con alivio. Maldijo internamente, había perdido la concentración.
Bueno, a Tom no le importaba mucho, ya había maneras de torturar al niño por su desobediencia cuando terminara de averiguar qué había detrás de aquella oscura cicatriz.
Tom Riddle pronto aprendería a no quebrar sus pertenencias.
Había transcurrido una semana, y Harry aprendió muchas cosas, pero la más importante: no irritar a Tom.
No le tenía miedo… no tanto. En realidad no temía por él, sino por sus amigos, más preciso: Hermione. Ron nunca era consciente de lo que sucedía a su alrededor a menos que éste le golpeara el rostro, y Hermione, bueno, ella era agua de otro estanque.
Hermione vio en Harry mucho más allá que cualquiera. Había visto los temblores, había escuchado leves susurros y contemplado las bolsas grises bajo los párpados. Hermione sospechaba, Harry lo sabe con certeza universal, pero ella tampoco había decidido enfrentarle. ¿Quizá por falta de pruebas? No lo sabe.
Los dioses, Merlín quizá, le concedieron cierto tiempo para pensar, en lo que cabe. Meditar con un Tom Riddle hurgando en su cabeza no sería del todo meditar, pero ya comprenden, Harry sabe que nunca se acostumbraría a tal violación de su privacidad, pero mientras Tom no hiciera nada más que observar, Harry lo soportaría por el bienestar de su cabeza.
Así que Harry había meditado, por supuesto, tanto fue en su meditación que se olvidó momentáneamente que Tom existía y consideró la opción de confesarle todo a Hermione, decirle que sí, tenía razón, siempre la ha tenido y suplicarle algo de ayuda y sopor.
Mas no puede.
Cada vez que Harry flaquea con aquellos traicioneros pensamientos, es de regla magistral que a la noche sufrirá a causa de Tom.
Es horrible creer que puede acostumbrarse a su irritante ira sin poder hacer nada para remediarlo.
Y Harry había explotado.
— ¡No puedo evitarlo! —gritó con ira y amargura en la soledad de su habitación compartida.
Hoy jugaban Quidditch, al menos la práctica de entrenamiento y Harry sabía que como capitán debía evaluar a su mejor amigo, pero debía lidiar con la presencia silenciosa que ahora era Tom Riddle en la habitación de Gryffindor.
Con un suspiro tembloroso, Harry se pasó ambas manos por la salvaje cabellera negra, alborotándola aún más.
—No puedo evitarlo, y no tengo por qué rendirte lealtad —Harry siseó, la amarga rabia contaminando el repentino silencio que se había creado.
Tom le observaba en medio de la habitación, cerca de su cama. No se había movido de su sitio y su rostro ilegible no demostraba nada, pero la intensidad de sus orbes decían lo contrario. A Harry poco le importó, le dio igual todo, sabía que no podría evitar lo que sucedería a continuación aunque quisiera.
Tom Riddle era un mal arraigado en su mente, en su espíritu. Era un mal que no tenía forma ni color, pero apestaba a ira rencorosa y sabía que eso lo alimentaba, pero había llegado a su límite, intentó alejar a sus amigos para evitar que ellos sufrieran y lo único que obtuvo fue más soledad y un montón de problemas.
Por supuesto que quería estar solo para así lidiar con Tom Riddle, pues era su culpa. No sabía cómo o por qué, pero era por su causa, y él solo debía enfrentarlo.
Pero ahora no, ahora él se rebelaría.
Con un giro de sus talones, caminó en dirección a la puerta de la habitación. La abrió, sus únicos pensamientos en torno a su mejor amigo y su práctica. Harry salió como un vendaval de la habitación, azotando la puerta en el proceso.
Aquel día, Harry estuvo tan contento con la unión de Ron al equipo que no se percató que Tom Riddle nunca le siguió.
Hermione siempre se había jactado de ser inteligente. Resolvería los problemas que se presentaran aun cuando estos fueran imposibles para los mayores, pero Hermione lo haría, no porque se cree lo suficientemente capaz o única como para lograr tal cometido, sino porque gracias a eso, ella podría ser de utilidad a su querido Harry.
Ella conoce el modus operandi. Tan sencillo como eficaz que Hermione siente un suave calor extenderse por su pecho ante los recuerdos guardados, pues sabe que cuando Harry estaría en problemas, iría a su encuentro, le observaría con esa sonrisa que expresa disculpa y un poco de vergüenza, mano derecha rascando su nuca con nerviosismo, y entonces ahí él le pediría su ayuda para resolver las circunstancias que le atañen.
Cinco años han transcurrido de la misma forma, ahora iniciando sexto, y Hermione no sabe qué fue lo que hizo mal.
Sabe que algo le sucede a Harry, le conoce mejor que nadie porque ella sí se ha tomado las molestias en contemplarle. Al principio él había sido su obsesión, había creído que era un cariño que prontamente se transformaría en amor, pero ahora que lo ve, ahora que está consciente de las largas jornadas transcurridas y Harry sigue alejándose constantemente de ella… no sabe qué pensar.
¿Es amor? ¿Es cariño? ¿Es amistad?
Ama a Harry, pero también ama a Ron, con todo y sus estupideces descomunales.
Entonces… ¿se pondría celosa si Harry estuviese con alguien más? No está del todo segura, pero sí le dolería en gran manera que Harry la eche a un lado.
El sólo pensamiento hace que sus ojos marrones se cristalicen, tiñéndose de dolor. Apretó los ojos, parpadeando para alejar el sollozo que amenazaba con salir. Aquello no tenía sentido. A Hermione no le dolería que Harry estuviera con alguien más, pero sí le gustaría ser la primera en enterarse de tal evento.
Siente que, al menos, se merece eso.
¿Y si es por aquello que Harry últimamente se ha estado alejando?
No… Hermione no es idiota, y además, no tiene ningún sentido. Harry debería sentirse feliz y realizado si tuviera alguna pareja, no así, como ella siempre le ve, todo desanimado y taciturno, unas bolsas grises bajo sus ojos que con cada día se oscurecen un poco más.
No, esa no era la cara de alguien que tiene una pareja.
Apretó sus labios, una fina línea de tensión dibujándose en su tez. ¿Acaso nadie veía lo mal que lo estaba pasando Harry? ¡Algo le sucede! ¿Pero qué?
En la oscuridad de su cama cubierta por los doseles, el lumos tintineante de su varita le reflejaba etérea y fantasmal, pero Hermione no estaba al pendiente de ello, más concentrada en buscar en su libro enciclopédico algunas maldiciones con los síntomas visibles que presenta el cuerpo de su querido Harry.
A la única conclusión plausible que podía llegar es que alguien había hechizado a Harry.
Y ya tenía su lista hecha pero aún no había hallado sospechosos potenciales salvo Draco Malfoy, pero hasta ese estaba desaparecido.
Otra cosa extraña.
Y no había llegado a nada preciso con su investigación, no sin hechos concretos.
Con un resoplido de frustración, alejó el libro de sí dejándolo reposar en la cama. No iba a llegar a nada esa noche y sabía que necesitaba dormir, debía estudiar para los exámenes y quiere estar preparada.
Pero primero necesita un vaso de leche.
¿Sería bueno salir a esa hora? Bueno, Ron y Harry ya le enseñaron dónde queda la cocina y una buena caminata nocturna le haría bien.
Después de todo, sigue siendo Prefecto.
Con ello en mente, se dispuso a colocarse su chal beige sobre la vestimenta de dormir aún sintiendo un leve frio pese a los hechizos de ambiente. Salió lentamente a los pasillos, descendiendo las escaleras y pronto llegando a la sala común de Gryffindor.
Iba directo al retrato cuando ahí, frente al mueble de la chimenea, un trémulo y asustadizo Harry yacía acurrucado en el sofá que está frente a la chimenea.
Hermione parpadeó unas cuantas veces, incapaz de creer lo que veía. ¿Qué hacía Harry allí, a esas horas? Bueno, lo último ciertamente es normal, pues Harry siempre había vagado a altas horas de la madrugada, pero lo normal sería estando despierto y no así… dormido y tembloroso.
Frunció el ceño, recolectando la información rápidamente en su biblioteca mental. ¿Será que los muchachos le jugaron una broma?
— ¿Harry?
No respondió, seguía temblando ahí en el sofá bermellón, ajeno a todo.
Casi con cuidado, Hermione se acercó por atrás su mano alzándose hasta la altura del hombro y palpándolo con un dejo de temor. Al principio no hubo reacción alguna y Hermione comenzó a preocuparse.
Afianzó su agarre en el hombro, moviéndolo con más fuerza.
— ¡Harry!
Hermione tuvo un momento de shock cuando Harry, más asustado que antes, despertó con un salto, mirando con sus orbes desenfocadas tras las gafas apenas caídas y frenesí impetuoso a los rincones de la sala común, como si esperara a alguien… más bien como si quisiera asegurarse de algo.
No pudo evitar fruncir el entrecejo, contemplando a Harry así, frenético y asustado, pero temeroso de algo… ¿o de alguien?
— ¿Harry? —Hermione susurró con cuidado, su mano temblorosa apenas tocaba el hombro de su amigo, pero este no le contestaba, seguía perdido.
Rápidamente rodeó el sofá, sentándose con premura al lado de su amigo. Ella le observó con preocupación creciente cuando se percató que aún seguía perdido, sus hermosos ojos verdes desenfocados y constantemente buscando algo de lo que no tiene conocimiento. Tragó saliva silenciosamente, notando también otro síntoma visible: los labios de Harry se movían, susurrando palabras inconexas y suspiros ahogados apenas contenidos.
¿Qué clase de maldición era esta?
— ¿H-Harry? —una vez más, Hermione intentó llamarle, su voz quebrándose un poco ante la sensación de impotencia que crecía en la boca de su estómago. No sabía qué hacer salvo llamar a su amigo, pero hasta él parece perdido en los confines de su mente.
Entonces, a los segundos, casi por obra y gracia de los dioses, los ojos verdes de Harry dejaron de temblar, centrándose únicamente en la cara de Hermione, pero costó unos segundos más para que el esmeralda brillante volviera a emanar el calor del que se acostumbraba a ver.
— ¿Herm? —Harry susurró, con miedo y un deje de inseguridad. Como si no creyera que su amiga fuese real.
Hermione no supo por qué, pero tenía ganas de llorar. No lo hizo, sólo se le lanzó al cuello de Harry, apretándolo con fuerza, sus pequeños brazos temblando de miedo pero con tintes de alivio.
—Oh, Harry, ¡pensé que no responderías! —ella gimió, y tuvo que inhalar unas cuantas veces para detener los sollozos. Su amigo entraría en pánico si la veía llorar, así que suspiró, alejándose un poco antes de que la situación se tornara incómoda.
Harry le observó de vuelta, una pequeña sonrisa dibujándose en sus labios.
—Estoy bien, Herm-
—Pensé que tendría que levitarte hasta la enfermería —ella espetó sin darle tiempo a continuar la frase.
No pudo evitar cruzarse de brazos mientras elevaba la barbilla. Bien puede que no se viese demandante ni intimidante con su chal y el cabello revuelto, pero quería darle a entender a su amigo que estaba ligeramente indignada por su poca precaución y la poca importancia que le da a su preocupación.
Por suerte, Harry pareció comprender y su rostro se tiñó de un ligero carmesí. Casi con cuidado, él llevó su mano temblorosa a los brazos de Hermione, y desenvolviéndolos los unió a los suyos, apretándolos.
—Gracias, Herm… —susurró Harry, pero luego le dio una sonrisa que apenas tembló en las comisuras—. Pero ahora estoy bien, gracias a ti.
Hermione no pudo evitar el rubor que se extendió por sus mejillas. Podría atribuirlo al calor que desprendía la chimenea crepitante, quizá, pero ella sabe que su corazón comenzó a latir desbocado cuando Harry susurró las últimas palabras.
Así que no, no fue por el calor de la chimenea.
Balbuceante, inquirió.
— ¿En serio estás bien?
De inmediato, Harry asintió lacónico, sus mechones salvajes yéndose en cualquier dirección. Era gracioso, de alguna forma.
Sin embargo, Hermione no estaba del todo convencida.
— ¿Seguro que no debemos ir a la enfermería?
—No te preocupes, fue solo una pesadilla.
Y Harry supo que no debió decir nada, Hermione vio cómo su rostro se volvió ilegible porque estaba consciente de la reacción de su amiga a continuación.
— ¡Harry! —exclamó en un susurro ahogado, removiéndose nerviosamente en el sofá—. ¿Podría ser- podría ser él? ¿Por qué no dijiste nada? ¿Cuánto tiempo ha sucedido esto? ¡Harry!
Él no respondió a la diatriba y Hermione sintió un peso creciente en sus entrañas, un horror absoluto de comprensión.
¡Harry estaba así por Voldemort!
¿Pero por qué no le había dicho nada? Un leve dolor surcó su rostro ante la comprensión que llegó a su cabeza. Harry observó su expresión con insultante facilidad.
—No Herm, no es por él —balbuceó rápidamente—. Confío en ti más que nadie Herm, pero estas pesadillas, es… solo estoy- estoy cansado —se justificó, pero Hermione no le cree ni un poco.
Sin embargo, se mantuvo en prudente silencio.
A los segundos, Harry suspiró con cansancio.
—Tengo pesadillas, pero no son visiones… no es como el año pasado, es… no lo comprendo —susurró con impotencia, rechinando los dientes al momento.
— ¿Por qué no nos has dicho nada, Harry?
Hermione esperó, quiso darle el beneficio de la duda pero el sordo dolor de la impalpable traición empañado de decepción seguía presente.
¿Acaso Harry no confía en ella?
Pero al parecer, Harry le conoce. Abrió sus ojos ligeramente, verdes esmeraldas mirándole con leve conmoción. Había visto sus dudas con tanta facilidad en su rostro que Hermione comenzó a pensar que quizá debería practicar más su Oclumancia.
—No es que no haya querido, o desconfíe de ti y Ron —se explicó con torpeza—. Es sólo que es difícil ponerlo en palabras Herm… es tan difícil-
Hermione quiso gritarle por ser tan idiota, por ser… así de, de- ¿de qué? No lo sabe, sólo sabe del amargo sentimiento que le invade y deseo descargarse con él, decirle que podía confiar en ella para lo que fuese aun cuando le costara titánicamente hacerlo, pero no pudo. Permaneció callada, viendo la gama de emociones surcar la tez de su amigo, se veía tan claro… como el agua cristalina.
Y ella comprendió, quizá no todo, pero entendió la impotencia que sentía su amigo, la desesperación que padecía y ella lamentó no poder ser más de ayuda, lamentó tanto no poder comprender lo difícil que era la situación para Harry, aun cuando no estuviese consciente de qué o de la magnitud de la misma, pero sabía que era grande.
Con un suspiro cansino, llevó la mano a su morena mejilla, acariciándola apenas en un ademán lánguido de consuelo. Quería transmitir yo estoy aquí, pero las palabras no salían. Así que sólo se conformó con acariciar la suave piel de Harry, sonriéndole levemente mientras que él simplemente se apoyaba en sí, como si ansiara más de ese contacto que creía perdido.
Hermione sabía que Harry era completamente terco y testarudo cuando se lo propone, o cuando sale su mártir interior; pero también sabe que cuando el peso es lo suficientemente grande sobre sus hombros, este se refleja por sí sólo, así como ahora, aunque le cueste a él mismo admitirlo. Pero ella no dirá nada, no como en otras ocasiones. Evitará que Harry se encierre nuevamente.
Lo conoce.
Se relamió los labios, y dubitativa, inquirió.
— ¿Debemos decirle al director?
Harry de inmediato negó con la cabeza.
—No —lo dijo demasiado rápido, con tanta premura que Hermione lo vio definitivamente sospechoso.
Tenía que investigar más por su cuenta, ella no se quedaría de brazos cruzados.
Descubriría qué demonios le sucede a su amigo.
Pero mientras, ella sabe que ahora no puede hacer nada y que lo mejor sería idear un poco de distracción. Sonrió levemente, Harry de inmediato le devolvió la sonrisa que pareció más una mueca de la misma.
— ¿Qué tal una cita de tres a Hogsmeade mañana? —ella enarcó amabas cejas, y Harry se rió un poco, al parecer bastante aliviado y relajado.
—Me encantaría, señorita.
Bueno, ahora faltaba decirle a Ron. Hermione sabía que él se encontraba un poco triste y extrañado por la ausencia de Harry, pero con esto compensaría un poco la falta.
—Luego del almuerzo… hay que avisarle a Ron, estará feliz.
El rostro de Harry se ensombreció un poco, pero no mucho, y Hermione no tuvo por qué preocuparse esta vez. Estaba bien que recordara a Ron de vez en cuando.
—La seguridad será una mierda-
—Ese lenguaje, Harry —reprendió, pero él le hizo caso omiso.
—Aun así quiero salir con ustedes —terminó y le regaló una sonrisa pequeña, pero deslumbrante y más cálida que la chimenea de la sala común.
Hermione asintió con ímpetu y se lanzó a los brazos de Harry, apretujándolo contra su cuerpo. Él correspondió el abrazo con torpeza, pero a ella no le importó demostrar tanto cariño en una noche. Harry lo necesita.
Harry le necesita.
Y ella averiguaría qué era lo que acaecía para que así le siga necesitando.
Continuará.
