Capitulo 2: El Banquete de Bienvenida

Faltaba poco para que se hiciera mediodía cuando Spike se presento al puerto. Solo estaban un zeppelín común y la nave insignia de Concordia atracados ahí. La nave era el doble de grande que cualquiera que haya visto. El globo estaba hecho de una tela dorada con relieves rojos. La nave estaba hecha de reluciente madera roja. La quilla y los barandales de cobre, finamente floreados, le daban aun más elegancia, y la proa adornada con un alicornio de oro. Cuanto lujo en una sola nave… pero a Spike poco le importaba.

— ¡Hola Spiky! —saludo Shining al dragón que estaba presentando boleto a un guardia de Concordia — ¿y ella es…? — pregunto al ver a una pegaso gris de mirada graciosa detrás de él.

—No preguntes— solo contesto, molesto. Si, molesto porque el boleto extra había caído en cascos indeseados. Estaba a punto de pedirle a Twilight que fuera con él para Arabia Equina. Ya se estaba haciendo a la idea de que Rarity no soportaría los calores del desierto, pero preguntar no estaba de más. Estaba saboreando la idea de la unicornio morada como su ayudante. Y no pudo contra los deseos de un poni desconocido.

Sin más que decir abordó dejando atrás al unicornio blanco con más preguntas en la cabeza.

—Derpy Hooves— se presento la pegaso con una inocente sonrisa.

—Shining Armor—. Devolvió el saludo —Capitán de la Guardia Real. — Derpy dejo escapar un aullido de admiración. Al capitán lo halagó un poco eso.

—Señorita— Llamó el guardia —su boleto, por favor. – Derpy, abochornada, se dio cuenta de que no había presentado boleto al guardia.

Pisadas de cascos resonaron desde un pasillo que conducía directamente a la cabina de pilotaje, el unicornio se dio vuelta. Era la capitana Firefly vestida con un collar de tela con flecos, un velo corto y un manto, todos de colores verdes y adornados con bordados de plata. Los cascos vestían herraduras del mismo material y la pata delantera izquierda adornada con intrincados brazaletes de metales preciosos.

—Capitán Shining Armor— llamó la pegaso rosa —¿el embajador Spike no ha llegado todavía?

Derpy inclino la cabeza hacia un lado confundida. Shining responde —Si, capitana Firefly. Spike se fue a su camarote apenas subió.

Firefly notó a la pegaso gris —Es algo irrespetuoso de su parte el irse así nada mas cuando las etiquetas nos obligan a hacer una última presentación antes de irnos— se acerco a Derpy y extendió un casco—Capitana de la Séptima Legión de la Guardia Real de su Majestad la Princesa Concordia, Firefly.

—Uhm— balbuceo la pegaso gris un poco intimidada—Derpy Hooves de Ponyville. Estoy aquí de vaca…—Shining, intuyó que la poni no sabía por qué estaba ahí, por lo que rápidamente interrumpió a Derpy

—Ella es la secretaria del embajador.— rio nerviosamente.

—¿La qué?—dijo Derpy confundida. Shining Armor le susurró entre dientes —Después te explico todo. Ahora sígueme el juego.

—¿Cuál juego?—pregunto aún mas confundida.

—Tú ahora eres la secretaria de Spike.

—¡Oooh!— comenzó a comprender cuál era la situación —¡Sí! discúlpeme, a veces soy olvidadiza, soy la secretaria de Spike. —mostró una gran y brillante sonrisa. Firefly tenía una ceja levantada abanderando la duda que había colonizado su rostro. Derpy sintió que la estaban perforando con la mirada y su sonrisa se petrificó.

—Bien— Finalmente dijo Firefly. Derpy y Shining soltaron un suspiro —Zarparemos dentro de quince minutos. Iré a supervisar el embarque del equipaje. Ustedes busquen al embajador. Nos vemos en el Salón principal dentro de diez minutos.

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El Salón principal era quizás más lujoso que la Sala del Trono de la Princesa Celestia. Sus paredes estaban tapizadas de colores rojos intensos llenas de floreados victorianos. Las columnas que sobresalían del suelo eran de granito verde y, sus bases y capiteles, dorados. Las alfombras eran enormes mándalas de colores diversos. El lugar lo dominaba una ancha escalera de madera blanca que se detenía en un entrepiso con un gran ventanal y se dividía en dos direcciones opuestas hacia los camarotes. Los barandales contaban con urnas del mismo material finamente tallados ubicadas en las puntas y las esquinas. Un fresco que se extendía por todo el techo retrataba a ponis pegasos jugueteando entre las nubes. Y en los bordes estaban ponis terrestres y unicornios uniéndose a la diversión. Una enorme araña surgía del centro del fresco. Era dorada y si te parabas justo debajo de ella te daría la impresión de que es un enorme sol, y los pegasos bailando alrededor de él.

Derpy, Shining y Spike estaban sentados en una de las múltiples mesas, curva, ovalada y de madera oscura. Era una mesita de café. A juego la rodeaban un sofá de tres plazas y dos sillones tapizados con terciopelo color musgo.

Spike le había pedido disculpas a Derpy, no porque se sintiera mal, sino porque el unicornio lo obligó.

En el camino al camarote del Dragón, Shining le contó a Derpy el propósito de por qué hacían este viaje a Arabia Equina. Ella estaba escéptica al principio. No podía creer que asignaran como embajador a un bebé dragón. Era demasiado inclusive para ella estar encerrado en largas y aburridas sesiones políticas. Sin embargo Shining le aseguraba que Spike había ayudado en los asuntos del reino de Equiestria varias veces. "Para él" decía "cualquier cosa era mejor que estar todo el día encerrado en la biblioteca de Canterlot." Esperaba que las aventuras de su hermana en Ponyville no lo hayan afectado y se le tornase aburrido estar en medio de las negociaciones "aunque ya de por si eran aburridas" afirmaba el capitán. Firefly se unió al trió en cuanto terminó la tripulación de subir el equipaje restante.

—Perdón por la demora— dijo —Bienvenido sea, Embajador Spike, a la Nave Insignia de vuestra Majestad la Princesa Concordia.

Spike estaba confundido. Le dijeron que la capitana estaba muy molesta con su inmediata excursión a los camarotes y no haberla esperado. "Se sintió insultada" le habían dicho. Sin embargo le estaba hablando como si recién hubiera subido al zeppelín. Shining Armor le dio un codazo a Spike —¡Oh, sí! Me siento honrado por la hospitalidad que vuestra princesa nos ofrece.

—Nos sentimos igualmente honrados al tenerle aquí. Partiremos dentro de cinco minutos. El viaje durara un día y llegaremos al palacio mañana al atardecer. Espero que su estancia le sea placentera.— Y sin más palabras se fue a la cabina de pilotaje.

—Tendrás que moderar tu temperamento jovencito— regaño Shining —No queremos que se manche la reputación de la Princesa Celestia.

—Lo sé— Gruño apenado Spike —Lo siento.

—¡Tranquilo!— dijo Derpy —Un error lo comete cualquiera.—El unicornio miro de reojo a la pegaso gris. Ella se encogió un poco —Ehm ¿Por qué no terminamos de instalarnos y después venimos a almorzar?

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El almuerzo no se serviría sino hasta dentro de media hora después del despegue. Por lo que los viajeros decidieron recorrer el zeppelín hasta entonces.

La nave contaba con tres plantas y una cubierta. El piso más bajo se dividía en una gran sala de maquinas, la bodega de carga y un almacén al que únicamente se accedía por la cocina. En el piso de en medio estaban el Salón, dos Halls de abordaje flanqueándolo, la cocina, uno de los dos pisos de camarotes y la cabina de pilotaje. El superior estaba dedicado únicamente a camarotes y en la parte frontal había un amplio bar con vista panorámica. Finalmente, en la cubierta había un par de piscinas, pequeños puestos de bebidas, mesas con sombrillas y reposeras. Funcionaba principalmente como mirador. Spike podía ver desde allí toda Ponyville, tan pequeña que creía que podía caberle en la mano. Tan lejos estará de casa durante quien sabe por cuánto tiempo.

El viaje no lo hacían solos. Había comerciantes y turistas compartiendo la nave, pero no los suficientes como para ocupar la mitad de los camarotes. Spike podía identificar fácilmente quienes eran ponis de Equestria y cuales oriundos de Arabia Equina, pues estos últimos, cada vez que se cruzaban con él lo saludaban con una reverencia. El dragón mágico, según el consejo de Shining, tenía que devolverlo con una inclinación de la cabeza. Pero tantas veces lo hizo que para la hora del almuerzo ya le dolía el cuello.

La comida no tenía mucho de especial. Tarta de manzana acompañada con una ensalada de margaritas y dientes de león. Spike comió solo la tarta, la ensalada era muy amarga para él. Derpy no se sentía particularmente bien. Tenía la sensación de que si ingería algo, un rato después lo iba a devolver, así que solo se limitó a tomar agua. En cuanto a Shining, devoró su plato de una manera poco decorosa, y lo mismo hizo con el de Derpy después de preguntarle si comería algo.

Una vez que todos terminaron, Firefly se acerco a ellos.

—¿Disfruta del viaje embajador?— preguntó.

—Em ¿sí?— el dragón no estaba muy seguro de que decir.

—No me siento muy bien.— dijo Derpy, que ya no soportaba los mareos.

—Descuide— le dirigió la palabra la capitana —es muy común, le pasa a muchos ponis.— extendió un ala —déjeme escoltarla a la enfermería.

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Derpy se quedó en la enfermería hasta que se sintió un poco mejor. La doctora le aconsejo que descansara unas horas más en su camarote hasta que las nauseas cesaran.

El resto de la tarde transcurrió con normalidad. Spike se entretuvo charlando con algunos ponis que se le cruzaban. Shining bebiendo unas copas de sidra con los guardias que estaban fuera de turno.

Cuando cayó la noche, el zeppelín estaba cruzando el océano. Spike jamás había visto tal inmensidad en su corta vida. Sentía que la nave de Concordia era diminuta y él aún más. Empezaba a tomar conciencia de que el mundo era mucho más grande de lo que en un principio pensaba. Solo se puede saber cuan inmenso y ancho es si lo miras desde la altura correcta.

El sueño empezaba a caer sobre el pequeño dragón mientras contemplaba el firmamento nocturno. Se encontraba en una galería en el piso superior. Hacia un buen rato que se había perdido entre su pensamientos, el océano, las estrellas y la Luna. No se dio cuenta, sino hasta que decidió retirarse a descansar, que varios ponis estaban sentados a lo largo del lugar, con los ojos cerrados y sus hocicos apuntando al cielo. Susurraban. Entre ellos estaba Firefly haciendo lo mismo.

Era inquietante la manera de actuar de todos ellos, más por parte de la pegaso color salmón. Pero creyó conveniente no interrumpirlos y salir rápido de aquel lugar. Ya por la mañana, con la cabeza más fresca, preguntaría sobre el extraño comportamiento de aquellos ponis.

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Los mares de arena se extendían hasta donde la vista llegaba. Firefly lo llamaba el Mar de Fuego. Decía que las dunas eran como olas, que estaban en constante movimiento. Los ponis evitaban recorrerlo a pie porque era fácil perderse. Solo se podía recorrer en globos o Zeppelines pequeños. O en pequeñas caravanas guiadas por estos.

Recientemente, hace algunos años, habían avistado un monolito surgir de la arena. Muchos arqueólogos se interesaron por el particular hallazgo y excavaron allí. Descubrieron una estructura antiquísima alrededor del monolito, intrincadas y complejas cámaras y túneles, objetos de todo tipo de material, plata y oro, esculturas de barro adornadas con gemas preciosas, telas exóticas. Tuvieron que fundar un museo en El Caimel, la capital de Arabia Equina, para salvaguardar todos los tesoros que se habían encontrado.

Sin embargo las cebras constantemente atacaban las caravanas de los arqueólogos y se robaban los objetos.

—Sin mediar palabras— explicaba Firefly a Spike mientras contemplaban el desierto desde la cubierta —Solo atacaban y se llevaban lo que podían. Cuando los primeros asaltos fueron reportados tuvimos que dar protección a los ponis de la excavación. Las primeras veces nos tomaban desprevenidos, pero poco a poco nos defendíamos mejor. Hasta que el año pasado Concordia decreto el cese de las actividades arqueológicas. Tuvimos que abandonar el lugar. Hasta ahora ningún poni se atrevido a pisar las ruinas del monolito.— Agrió la cara como si estuviera recordando algo desagradable—A excepción de una pegaso terca y presumida.

Una de las dunas se abrió para revelar una aguja que surgía de la arena. Alrededor de ella había pequeñas construcciones que estaban siendo devoradas por el desierto. Spike se maravillo ante la postal que las ruinas le daban. El dirigible se acercaba lentamente hacia las ruinas y Spike divisó un pequeño grupo de figuras reunidas delante del obelisco. Eran pocas, suficientes para contarlas con los dedos de una mano. Pero una se destacaba de las demás. Su tamaño era mucho mayor al de sus compañeros. Al estar más cerca del lugar, Spike notó que eran ponis, o parecían serlo, pero tenían rayas cruzándole todo el cuerpo.

El poni grande empezó a moverse y todos los demás lo siguieron. Pero no dio más de diez pasos, antes de parar abruptamente. El dirigible estaba lo suficientemente cerca como para que el dragón advirtiera con claridad cada movimiento circundante a las ruinas. El enorme caballo alzó la cabeza y lo miró. No estaba seguro, pero sentía que él lo estaba observando. Un escalofrío le recorrió la nuca y apartó la mirada. Pero la curiosidad era demasiado fuerte y echó otro vistazo. Esta vez uno de los ponis pequeños se acerco a su compañero de tamaño mayor y le dijo algo. El poni de mayor tamaño solo asintió con la cabeza y emprendieron de nuevo la marcha.

—Siempre me he preguntado— dijo al fin Firefly —¿cómo hacen para no perderse en El Mar?

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La ciudad de El Caimel estaba a la vista y el Sol se preparaba para dar paso a la Luna. La ciudad parecía de mármol blanco reluciendo de la arena. Los pastos eran mucho más verdes que las llanuras que rodeaban a Ponyville. Los techos rojos relucían cuán rubíes a la luz del anaranjado astro. Cuando los locales vieron al zeppelín acercarse, empezaron a ovacionarlo.

Al entrar la nave en la ciudad, los viajeros tuvieron la oportunidad de admirar, con lujo de detalle, las calles del mercado rebosantes de alegres ponis y lonas coloridas. Shining, Derpy y Spike estaban maravillados con el paisaje. Ansiosos por salir a recorrer las calles y conocer, explotar y comprar. Spike pensaba en regalarle algunas telas a Rarity, pero todavía no se decidía qué llevarle a Twilight, o a las demás.

La nave desaceleraba lentamente conforme se acercaba a una plataforma que sobresalía del castillo.

Pasado un rato de delicada maniobra, el zeppelín por fin había atracado. Firefly ya tenía puesta su armadura cuando los viajeros llegaron al Salón. Los guardias a su mando lo habían dividido en dos secciones, para así Spike y compañía salieran desde uno de los accesos y todos los demás por el otro. Spike estaba ansioso. No estaba seguro de que tan bien podría desempeñar el papel de embajador ¿Y si no cumplía con las expectativas? ¿Cómo un dragón bebé podría con la carga de llevar paz a dos especies?

La escotilla se abrió, Los soldados bajaron primero. Spike estaba temblando. Firefly hizo una seña para que la siguieran. Spike no se movía. Shining, que estaba detrás de él junto con Derpy, le dio un empujón para que avanzara.

Afuera los guardias de Celestia flanqueaban la tabla y en medio del puerto se encontraban dos ponis rodeados de Guardias de Concordia. Mientras bajaba de la nave, Spike se fijo en los dos ponis. Aunque eran machos, ambos rebosaban de una belleza y un porte orgulloso que cautivaron al dragón.

Uno era un unicornio color vainilla de ojos magenta; y serenos. Su cola era lacia y alborotada, y ,al igual que su crin, de color cian. Sin embargo no se podía saber con certeza si su crin era larga o no, ya que llevaba un enorme turbante, rayado, azul Francia y crema. También una chaqueta a juego con los ojos. Su Cutie Mark era una balanza con una pesa en un plato y dos monedas en otro.

El otro era un poco intimidante. De cuero carmín y crin y cola negros. Llevaba una capa y turbante, más pequeño que el de su compañero, también negros. Sus ojos tenían el fuego del atardecer en ellos y una severidad que te advertía pensar dos veces antes de hablarle. Desafortunadamente no se le podía ver su Cutie Mark, pero algo le decía a Spike que era mejor no saber.

—¡Bienvenidos!—Se adelanto el poni vainilla alegremente—¡Bienvenidos sean todos a Arabia Equina! Yo soy Ibrahim—hizo una reverencia—Jeque de la Princesa Concordia. Sería algo así como un Ministro de Economía ¿Cómo les ha sentado el viaje?

—¡Excelente!—dijo Spike un poco animado por la actitud del semental—Gracias por preguntar.

—Oh, es un honor para nosotros recibir al embajador de la Princesa Celestia ¡Y cuanta astucia que ella posee! ¡Un dragón! Ni poni, ni cebra. Nunca se me habría ocurrido.

—Deje sus halagos para después, jeque Ibrahim.— Dijo severamente el poni rojo acercándose a la pegaso rosa. —Bienvenida a casa, Capitana Firefly.

La aludida apenas frunció el seño. –Muchas gracias, visir Giafar.

Spike percibió una leve tensión entre los dos ponis. Empezaba a ponerse nervioso. No sabía qué hacer. Entonces, Giafar continuó.

—Espero que su estancia en el palacio les sea cómoda, Embajador.— dijo inclinando la cabeza en señal de reverencia —Mi nombre es Giafar y soy visir de la Princesa Concordia. En términos simples, Consejero Político. Síganme, por favor. Nuestros guardias les escoltaran a sus respectivas estancias una vez terminado el banquete.

El puerto del castillo estaba conectado a un pasillo que bajaba directamente a la Sala del Trono y ocasionalmente lo cruzaban corredores secundarios.

Mientras lo recorrían. Spike notó que no estaba vestido para la ocasión. Literalmente no estaba vestido. Shining llevaba su uniforme de gala rojo y Derpy, un vestidito blanco de múltiples volados. No era sobresaliente, pero al menos tenía algo. Inclusive los guardias de Celestia tenían sus características armaduras doradas. Shining sorprendió al dragoncito mordiéndose las garras.

—¿Pasa algo, Spike?— preguntó el unicornio blanco.

—No traje nada de ropa.— susurro Spike. Ibrahim lo escuchó claramente y se acercó a él.

—¡Oh, no se preocupe Embajador! Nosotros mismos le confeccionaremos algunas prendas. Pero me temo que tendrá que ir tal como está al banquete.

Entonces hizo aparecer un metro, un lápiz y una libreta. Midió el ancho de hombro y de vientre, y el largo del torso. Lo anoto todo en una hoja que arrancó y se la dio a un guardia de Concordia.

—Llévale esto a Latifah. Dígale que haga siete modelos distintos con estas medidas…

Spike no pudo oír más. La escota siguió avanzando dejando atrás al unicornio de los ojos magenta y al guardia. Spike se sintió un poco avergonzado.

—¡Tranquilo!— Derpy trató de levantarle el ánimo. —Ya verás que bonitas prendas te van hacer.

—No lo sé. No quiero abusar de su hospitalidad.

—Es un honor el tenerlo aquí, señor embajador— Dijo Giafar —Y es nuestro deber como anfitriones el complacerlo.

Spike relajo los hombros y dejo escapar un suspiro.

—Pero sería sabio de su parte conservar ese temor. —Continúo el poni carmín, haciendo que la poca tranquilidad que el pequeño dragón pudo reunir, se esfumara. —Entiendo que la Princesa Celestia confía plenamente en usted, pero aún así es un niño. Trate de no abusar. Ya llegamos.

Al final del pasillo había una gran puerta doble cerrada. Se podía oír la música y el bullicio que había detrás de ella. La comitiva se detuvo unos metros delante. Giafar se dirigió a los centinelas que la guardaban. Intercambio unas palabras con ellos y después volvió con el grupo.

—No crucen la puerta hasta que la Capitana Firefly haya dicho sus nombres.— dijo el visir.

Él y Firefly entraron al salón. Los guardias dejaron el pasillo y quedaron solos Shining, Derpy y Spike. Mientras esperaban, el unicornio aprovechó para alizar sus ropas. Derpy lo imitó, aunque no sabía muy bien el por qué.

Spike no tenía nada mejor que hacer que mirar a su alrededor. Los muros y columnas del lugar eran de piedra pulida, de tonos beige. Las terminaciones, de granito rojo. El techo gozaba de una exquisita combinación de patrones de madera blanca y roja. Y el piso, de una combinación extraña de todo. De pronto, del otro lado de la puerta se silenciaron las voces.

—¡Damas y Caballos!— se oyó decir a Firefly —Es un honor para mí presentar ante ustedes al embajador enviado de Equestria.

Los guardias abrieron la puerta de par en par e hicieron señas para que avancen. Spike y Derpy por delante, Shining atrás.

—¡El Embajador Spike, el Dragón! ¡El Capitán del Doceavo Regimiento de la Guardia Real de su Majestad la Princesa Celestia, Shining Armor! ¡Y su secretaria personal, Derpy Hooves!

Todos en el salón aplaudieron a los aludidos cuando entraron. Bajaron una larga escalinata, mientras la música y el ruido de la fiesta volvían a ser protagonistas de la velada.

El lugar era amplio. Tan amplio como el destinado para fiestas y reuniones en Canterlot. Había varias mesas redondas distribuidas estratégicamente a un lado y al otro, y una mesa larga en forma de "U" en el fondo. Una segunda entrada se erguía del otro lado del salón. Serpentinas y telones surcaban el cielo raso. Ponis iban y venían con bandejas llenas de bocaditos o bebidas.

Uno a uno ponis de aires importantes se presentaban ante Spike con reverencias y floreos. Cada uno se vanagloriaba enorgulleciéndose de que su familia era de "sangre pura" o de su poderío económico.

Filósofos, mercaderes, autoridades, profesores, doctores, abogados. En general todos los presentes no eran si no los ponis más aburridos y pedantes que el pequeño dragón habían conocido. Más pedantes incluso que los unicornios presumidos que asisten a la "Gran Gala del Galope.

Sin embargo, había contadas excepciones. Un Arqueólogo aventurero que aprendió a cuarenta ladrones prácticamente él solo llamado Alí Babá. Aunque su mujer lo desmiente, afirmando que tuvo que ser rescatado de los ladrones por la Guardia Real. Simbad, un excéntrico marinero con un curioso tic en la maltrecha oreja izquierda. O Aladino, un extraño mercader obsesionado con una vieja lámpara; que extrañamente se parecía a una tetera. Decía que un breezie vivía dentro de ella. Constantemente la pule creyendo que así saldrá el breezie.

La música cambio su alegre y festiva melodía por una más solemne y grave, anunciando la llegada de las cebras. La segunda entrada se abrió de par en par, permitiéndoles el paso. Un severo silencio calló sobre todos los presentes. Los músicos seguían tocando, pero mientras más se adentraban las cebras al salón, mas notas erraban.

Eran un grupo numeroso, alrededor de unos veinte. Todos hinchando el pecho, con la cabeza erguida y la mirada serena. Salvo una, más pequeña que las demás, que parecía un gatito asustado, y otra que la igualaba en altura no por tamaño, sino por el peso de su edad. Al contrario que la joven, la anciana sonreía despreocupada.

Una superaba en tamaño, y con creses, a todos los presentes. Tenía, a diferencia de sus compañeros, el cuero gris oscuro y las rayas claras. El iris de sus ojos era rojo como la ira de la guerra. Su crin en cresta estaba cortada por dos finas trenzas, una adornada con semillas, la otra nada. Él y otras cinco llevaban consigo rudimentarias lanzas y jabalinas.

Spike tuvo el impulso de correr a verlas, pero fue detenido por un casco de Shining Armor, en señal de que debía quedarse donde estaba. Derpy, "disimuladamente"; retrocedió hasta ocultarse detrás del unicornio.

La capitana, el jeque y el visir se aproximaron a su encuentro. Ibrahim habló

—¡Bienvenidos a El Caimel y al Castillo de Nuestra Majestad la Princesa Concordia! Espero que su viaje haya sido tranquilo.

Al término dio una profunda reverencia. Un silencio incomodo surgió en el lugar. Las cebras intercambiaron miradas entre ellas, salvo la enorme que tenía los ojos clavados en la nuca del unicornio. Al cavo de un instante, devolvió la reverencia seguido de todos los presentes, ponis, cebras… y dragón.

Firefly, al incorporarse, tomó la palabra y se dirigió al gigante.

—Según el tratado provisorio, ninguna de las partes negociantes debe tener en su posesión armas. Tengo entendido que usted es uno de "Las Seis".

A Ibrahim casi se le salían los ojos de las cuencas alarmado por la prepotencia de la capitana, pero la cebra no mostro cambio alguno en su inexpresivo rostro. Con un elegante movimiento, retiro de su bolsa de viaje la lanza, el par de jabalinas y un cuchillo de piedra, y se los entrego a uno de sus guerreros.

Un guardia resonó su corno desde lo alto de las escalinatas

—¡Señor visir, Señor califa, jeques, capitanes, embajador y compañía, miembros de las partes negociantes, miembros de la guardia hoy presentes, personal del castillo, invitados! Hace acto de presencia la soberana de los Ponis del Desierto, Princesa Concordia.

Una yegua de tamaño levemente mayor al de los demás ponis cruzó el umbral. Su cuero era de color crema, aterciopelado, y su cola y crin del color del ciprés en pleno otoño. Una princesa y una unicornio de gran belleza y brioso porte. Vestía herraduras, collar y corona de oro rojo, ambas con un enorme topacio imperial adornándolos, y una capa fina y transparente de color carmín. Todos los ponis de nuevo inclinaron la cabeza.

Cuando la princesa se detuvo ante las cebras, Spike pudo comprobar que el titán le llevaba una cabeza. También cayó en la cuenta de que se había aproximado hasta estar frente a ambos. Derpy y Shining quedaron atrás y el dragoncito se paralizo por su actual situación. Sin embargo las cebras y la princesa no notaron que el pequeño dragón empezaba a temblar, o no parecía importarles.

—¡Gloriosa sea esta velada porque estáis aquí!— dijo Concordia —Siéntanse cómodas mis queridas cebras. Goza la noche mi pequeño dragón ¡Esta fiesta es en honor a vosotros!

La fiesta continuo sin sobre saltos un rato mas antes que el Mayordomo del castillo anunciara la pronta servida del banquete. Entonces los mozos guiaron a los invitados a sus respectivas mesas.

En el brazo derecho de la meza en U acomodaron a las cebras. En el otro, estaban Alí Babá y su esposa, Shining, Derpy, Spike y Firefly. Finalmente en el tablón que comunicaba ambos brazos estaban sentados, Concordia en el centro, a su izquierda el visir Giafar y un poni anciano vestido con una túnica blanca, y a su derecha el jeque Ibrahim y un pegaso tan grande como el unicornio blanco. Se notaba que tenía un rango más alto que la capitana, probablemente era General.

Los mozos sirvieron la comida en grandes bandejas de plata, y en cantidades abundantes. Tartas de toda clase de frutas, quesos de todas las variedades; uvas grandes y jugosas, verdes rojas, azules; damascos en almíbar, dorados como la miel; peras verdes y rojas que se deshacían en la boca; tomatitos cherry tan rojos como jugosos y dulces; pimientos agridulces; cebollas acarameladas; berenjenas negras como la noche en vinagreta, salpicadas con perejil; rebanadas de Okra fritas en aceite de nuez. Las opciones eran infinitas.

Para Spike, se había servido la más abundante y exquisita variedad de piedras preciosas. Zafiros del azul más profundo que el pequeño dragón haya visto; Amatistas tan purpuras que le recordaban a Twilight; Topacios de los más diversos colores; jugosas esmeraldas; ámbares tan suaves y dulces como la miel; rubíes y diamantes en cantidades ridículas; y muchas delicias mas.

Derpy observaba, anonadada, como el pequeño dragón devoraba bizarramente y con tanta facilidad rocas casi indestructibles. Y Spike hacia lo mismo con el Gigante, pero de manera inconsciente. Era difícil dejar de verlo. Tamaño semejante no había visto en su vida, salvo la Princesa Celestia. Desde que llego jamás pronuncio palabra, sin embargo parecía comunicarse perfectamente con los demás de su especie. Era inevitable que los ponis sintieran un automático temor hacia el gigante o, algunos un poco más valientes, un profundo respeto. Pronto hace una pausa de su plato y mira al dragón. Cabecea levemente. Spike cae en la cuenta y rápidamente desvía su mirada hacia la pequeña cebra que está al lado del gigante. Ella lo miraba de forma perdida. Spike tuerce un poco la cabeza, extrañado por el comportamiento de la cebrita, y ella reacciona rápidamente y oculta su rostro en su plato.

Spike no le dio mucha importancia y continuó comiendo. Sin embargo, lo que él no sabía es que la pequeña cebra quedo hechizada por el dragón desde que surgió de entre tantas cabezas coloridas. Ella jamás había visto una criatura como esa. Le pregunto a la sabia anciana Hubub que era. Hubub le respondió.

—Eso, mi pequeña Tohfa, es un dragón.

La pequeña Tohfa, aún entre las cebras, no cumplía la mayoría de edad. Tendría alrededor de 14 primaveras cuando se fijo en el dragoncito. La matriarca de su tribu le había contado historias de dragones del tamaño de montañas, que eran capaces de convertir en cenizas todo un bosque, y solo para anidar. Que dormían durante mil años y ennegrecían los cielos otros diez mil.

Todas las cebras se abrazaban y temblaban de miedo ante tales historias, pero no Tohfa. Ella, al contrario de sus hermanos, se maravillaba por tales criaturas y fantaseaba con que algún día conocería a una.

Ahora que tenía por primera vez en frente a un dragón, Tohfa se dio cuenta de que era todo lo contrario a los que su matriarca describía, salvo en el nombre. Para empezar, él no superaba su tamaño. Era pequeño y temeroso. El lugar le era extraño al igual que a ella, se notaba en sus grandes y brillantes ojos esmeralda. Sus escamas eran algo maravilloso de apreciar. De colores brillantes y bien cuidadas, resaltaban una belleza única que cautivaba a la cebrita.

Entonces notó que el dragón la estaba viendo. Su corazón dio un vuelco. Sobresaltada y sin saber qué hacer, ocultó su mirada entre las hojas de eucalipto de su plato. Seguido, sintió que sus mejillas se encendieron y la risa de Hubub hizo que toda su cara le siguiera.

Spike desvió su atención entonces hacia los platos de los demás ponis. Pronto notó que en el de Ibrahim había solo pastura. Se le hizo extraño, así que pregunto a Firefly.

—El Jeque Ibrahim está cumpliendo un voto sagrado de su familia.— respondió —Hicieron un juramento a la luna de que todos sus miembros se remontarían a los orígenes, comiendo solo pasto y tomando solo agua. Así hasta que uno perpetre la sexagésima generación de sangres pura.

—¿Y de que generación es el señor Ibrahim?— pregunto Shining

—Él es el poni más puro de Arabia Equina siendo de la generación número sesenta y cuatro.

—¿Y tú?— preguntó intrigada Derpy.

La capitana no dijo nada y siguió comiendo su plato de damascos en almíbar con cebolla acaramelada, con salsa blanca y verdeo. Su mirada se había vuelto gris. La pegaso bizca sintió que había metido la pata. Quiso disculparse, pero no sabía muy bien el por qué.

La comida continuó normalmente por una hora más. Spike estaba descansando el estomago desde hacía un buen rato. Se había dado el mayor atracón de su corta vida y quería hacer espacio para el postre. Podrán ser las más exquisitas gemas que haya tenido la suerte de probar, pero aun así no sería una cena excelente sin un buen postre.

Los mozos entraron de nuevo al salón y se llevaron las bandejas junto con los platos. Vacios o no, el tiempo del plato principal había concluido. Al cabo de unos instantes los mozos vuelven a entrar, cargando consigo bandejas con tapas y colocaron una para cada comensal.

En cuanto todo estuvo dispuesto, el Mayordomo Maestre les deseo buen apetito a todos y dio una señal a los mozos, que levantaron las tapas de las bandejas.

Derpy, Shining y Spike quedaron shockeados cuando vieron cual era el postre: un gran escorpión negro. Era algo increíble que, siendo ellos ponis, comieran animales. Concordia vio de lejos las reacciones del dragón y sus acompañantes. Estaba más que claro, que ellos desconocían muchas costumbres de los ponis del desierto. Y temió de dar una mala impresión por un simple mal entendido. Iba a dar orden de retirar el postre inmediatamente, pero la capitana de su guardia se había adelantado.

—Veo que no está familiarizado con este platillo, embajador.

Spike miró a Firefly con los ojos como platos. La pegaso rosa continuó.

—Hace siglos atrás, cuando nuestro pueblo estaba apenas asentándose, cayó una terrible sequia que amenazó con matarnos de hambre. Todavía no teníamos control del clima, las lluvias estaban a merced de los caprichos del destino. Estábamos al borde de la inanición cuando los pegasos consiguieron domar el cielo. Trajeron consigo las primeras lluvias, pero para cuando las cosechas estuvieran listas, ya no habría ningún poni con vida para disfrutarlas. La sequia había arrasado con todo. Mandar a cualquier poni a buscar comida era una sentencia de muerte. Fue durante las lluvias cuando brotaron estos pequeños. Cientos de ellos salieron de la arena y, desesperados por el hambre, nuestros ancestros se alimentaron por primera vez en meses. Es un postre que conmemora el periodo más infame de Arabia Equina. Y lo rememoramos comiéndolo. Es un plato sagrado.

Shining Armor le había aconsejado a Spike que respetara todas las costumbres de los ponis del desierto, por mas alocadas que sean. Pero el unicornio jamás pensó que tendrían que comer un arácnido por un ritual sagrado. Spike tuvo que armarse de coraje. Seguiría al pie de la letra su consejo, aunque el unicornio estaba pensando en hacer una excepción. Agarró a la criatura y masticó un pedazo, con una expresión de repulsión. Sorprendentemente se encontraba sabroso. Era dulce y ácido a la vez, asaltó el paladar del dragón, cambiando el asco por el placer.

—¡Esta delicioso!— dijo Spike con una sonrisa de oreja a oreja, devorando el plato.

—Los dejamos estacionar en almíbar de limón por tres días.— comento Firefly que de pronto sonreía.

Derpy y Shining habían perdido el color, y la gravedad venció sus mandíbulas, cuando les mostraron su postre. No pudieron controlar su estomago cuando vieron al pequeño dragón comerse el escorpión, y todo lo que habían ingerido en la cena principal, lo estaban largando en el piso del salón. A Firefly se le borró la sonrisa de su rostro y los miro fijamente.

—Al menos el embajador respeta nuestras costumbres más sagradas.— les recriminó.

Todos los ponis de Arabia Equina comían del platillo como si fuera parte de su dieta natural, incluido Ibrahim. A los ponis que no se animaron a comerlo, los abordaron los guardias de Concordia y se llevaron el "manjar" a sus bocas. A las cebras se les sirvió frutos secos glaseados y confites de fruta, en vez del escorpión. Firefly dijo que era por respeto a las cebras.

La cena concluyo con un discurso de la Princesa que Spike no le prestó mucha atención. Estaba más concentrado en luchar contra el sueño. Concordia tuvo que interrumpir abruptamente su discurso por un momento cuando el dragón dio un fuerte cabezazo a la mesa. Una vez terminado, un guardia escolto al dragón (más bien, lo cargo en su lomo) a su habitación.

El Caimel calló su agitada voz, pro esa noche. Las calles desiertas, los negocios cerrados, las luces apagadas. Salvo el de una lámpara que deambulaba temblorosa por los pasillos del castillo. Descendió hasta las profundidades más oscuras. A medida que se acercaba al lugar acordado, su portador temblaba más y más. Rogaba a la Luna que no estuviera allí. Pero para su pobre suerte, lo estaba.

—¿Y bien? ¿Qué piensas del nuevo embajador?— dijo la figura al cobarde.

—Em… pues… verá usted… Es un dragón.— El tembloroso no era muy lúcido a la hora de responder bajo presión. Pero para su sorpresa era lo único que la sombra quería oír.

—¡Sí! ¡Un dragón! La desgraciada es muy lista. Debí suponer que esto pasaría ¡Bruja!— Arrebato contra un mueble que estaba pudriéndose en aquel lugar desasiéndolo en pedazos. —Sin embargo, este nuevo giro solo hace al juego más interesante.

Con un sopló la figura apago la última luz en la ciudad.


¡Al fin! el segundo capitulo esta aquí. Perdón por tardar una banda. Espero no tardar tanto con los otros. Que lo disfruten y dejen sus comentarios n_n