Capítulo 3: La Cámara de Negociaciones.
La luz de la mañana husmeaba en la ventana de una gran habitación. Acariciaba las paredes azules y las terminaciones blancas. Luego, descendió hasta el piso de mármol, y se arrastró entre las pintadas ramas doradas de laurel. Detuvo su marcha al ver dormitando un dragón de escamas purpuras entre las sedosas sábanas rojas de una amplia cama, dueña de todo lo que había allí.
Un concierto de trinos, orquestado por la colección de aves exóticas de la Princesa detuvo su incesante danza en los jardines preguntándose que retenía a la luz de la mañana en esa habitación. Trepó hasta la ventana y encontró allí a la luz matutina trepada a la cama, mirando con grandes ojos de ensueño al dragón.
Entonces tuvo una idea y se la susurró a la luz. Ambas se miraron compinches, traviesas. Se acercaron al dragón con cuidado de no despertarlo. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca del reptil, los trinos empezaron a hacerle cosquillas en las orejas, mientras que la luz se dedicó a jugar con su nariz.
Spike sonrió.
De pronto, un violento portazo cortó con toda diversión y juego. Dos intrusos entraron por la ventana y tres desaparecían por la misma: los trinos, la luz y el sueño de Spike.
¡Buenos días, Embajador! —vociferó la Capitana Firefly.
Spike trataba de orientarse en la confusión de su mente. Firefly chocó dos veces los cascos y en la habitación entraron siete sementales de vigoroso porte.
¡Preparen al embajador para el desayuno!
—Escucho y obedezco —Acataron la orden al unísono, con una reverencia.
Firefly, sin disculpas ni explicaciones, dejó solo a Spike lidiando con su sentido de la orientación, más siete siervos que lo llevaban a quién sabe dónde.
—0—
El salón principal del castillo servía para múltiples fines. Juicios, coronaciones, bodas, reuniones, celebraciones de índole importante y, más que nada, como comedor. Allí, la noche anterior, se celebró el banquete y ahora era desayunador. La mesa en U ya no estaba y en su lugar había un largo tablón exhibiendo frutas, quesos, dulces, semillas y cereales. En cada una de las mesas redondas había un par de cartas de menú, una azucarera de plata fina y manteca fresca.
Derpy Hooves estaba sentada cerca del tablón, esperando su orden. Vestía un top y una falda aguamarinas, de costura simple, adornados con monedas doradas. En la cabeza un velo semitransparente del mismo color; por la frente asomaba una fina cadena de plata con un ámbar en el centro; en su pata delantera izquierda, varios brazaletes de oro intrincados de gemas de la más fina variedad y en su cuello una gargantilla a juego.
Spike tardó en reconocerla. A primera vista parecía una de las doncellas del castillo, excepcionalmente hermosas. Sin embargo su característica mirada y sus efusivos movimientos para llamarle la atención, la delataron.
¿De dónde sacaste ese atuendo? —Preguntó el dragón mientras tomaba asiento.
—Me lo regalaron las chicas después del Hamman. Se parece al Spa de Lotus y Aloe, excepto que es más como un gran baño. Curioso ¿no crees?
—Sí, curioso. —dijo ácidamente el dragón.
Quería evitar recordar la humillante experiencia del baño. Después de forcejear en vano tuvo que aguantar ser aseado y acicalado por los siete machos mientras el resto de los ponis presentes lo miraban como la novedad de la feria. Al salir uno de los siervos le extendió la chaqueta que ahora llevaba puesta. Era simple, abierta y sin botones, de color índigo. Los bordes del cuello y la cintura eran dorados. Espigas y espirales nacían de las esquinas, y en ellas se posaban pequeños pajaritos celestes y limones.
Tomó un menú de la mesa para evitar continuar con el tema. Uno a uno leyó los platillos que servían, pero no encontraba el que quería. Pronto llegó el mozo con la orden de la pegaso: una bandeja repleta de muffins varios y un gran vaso de leche.
Una vez que concluyó sus servicios con Derpy, dirigió su atención a Spike.
—Buenos días, embajador ¿Desea ordenar algo?
Spike desistió de seguir buscando en el menú.
—Si ¿Tendrán, de casualidad, escorpiones?
Derpy no pudo evitar ahogarse en su vaso cuando el dragón preguntó. Estaba tranquila tomando de él para bajar los tres muffins que había tragado previamente.
—Lamentablemente no, mi señor —Contestó el siervo—. Los escorpiones son un plato para eventos especiales, como el Día de la Cosecha o la Noche de Luna.
—Ok —Dijo Spike algo desilusionado—. Entonces que sea un té y un tazón de amatistas.
—Escucho y obedezco. —dijo con una reverencia, tomó el menú y volvió a la cocina.
Mientras esperaba su orden, Spike observaba asombrado a Derpy devorando la montaña de muffins como si no hubiera comido durante todo un día. Se le ocurrió, entonces, iniciar una conversación; si iba a ser su "secretaría" durante su estadía, al menos debía conocerla.
—Te deben de gustar mucho. —dijo el dragón.
¡Oh sí! —respondió con entusiasmo la pegaso—. Es mi comida favorita de todas… después de la acelga, claro. Siempre digo que es una delicia que solo los malvados detestan.
— ¿O sea, que si te gustan los muffins eres bueno? —preguntó el dragón ante la extraña aclaración.
—Sip, es una verdad absoluta.
¿Y qué pasa si a alguien malo le gustan los muffins?
Derpy lo fulminó con la mirada. Lo que el pequeño dragón dijo era absurdo: Es imposible que a alguien malvado le gusten los muffins.
Estuvo a punto de contradecirlo de manera no muy educada cuando se presentó Firefly vestida con un sari color amarillo pastel.
—Buenos días, Embajador —Dijo con una inclinación de la cabeza—. Señorita Hooves.
Ambos devolvieron el saludo. El de Spike fue algo mordaz.
¿Cómo los trataron los sirvientes?
"Tenía que preguntarlo" pensó el dragón.
—Muy simpáticas las chicas —Dijo Derpy—. Nunca conocí a nadie que se entusiasmara tanto por Ponyville o que le gustara tanto mis historias. Estas ropas me las regalaron en agradecimiento.
—Si, a nosotros los Árabe Equinos nos deleita mucho el escuchar historias de tierras lejanas. Ponyville es un lugar muy importante para nosotros, ya que atestiguó el regreso de nuestra amada Luna.
Spike casi se atraganta con un muffin, que robó previamente de la bandeja de Derpy, por el hecho de que la poni describía el regreso de Nightmare Moon como un feliz acontecimiento.
— ¡¿Perdón?! —Dijo el dragón fuera de sus cabales—. Toda Equestria estuvo a punto de hundirse en la Noche Eterna ¿cómo puede alegrarle algo como eso?
Firefly adoptó una expresión que la pegaso bizca vio anteriormente en el dirigible. Sin embargo esta vez era más severa.
La capitana estaba realmente ofendida.
—Cualquiera puede tener una caída —dijo—. Celestia no debió tomar el extremo de desterrarla. Estamos en deuda con los nuevos portadores por habernos devuelto a nuestra querida princesa. Tenga cautela de lo que diga sobre ella aquí.
Spike tragó saliva amedrentado por las palabras de Firefly. Miró a su alrededor y comprobó que la mitad del salón lo miraba enfadado. Inclinó la cabeza, en parte por temor, en parte por vergüenza.
—En diez minutos comenzará la primera sesión de negociaciones No se demore.
Dio media vuelta para irse, pero antes, volteó la cabeza.
—Por cierto, linda chaqueta. Latifah nunca decepciona.
—0—
La pegaso y el dragón estaban sin aliento cuando llegaron a la entrada de la Cámara de Negociaciones.
Las panzas hinchadas por el desayuno, más un largo trecho hasta la sala y un apremio por llegar a tiempo, son una desagradable combinación que, en el menor de los casos, provoca un leve dolor de estómago o, en el peor, una descompostura. Para el caso de Derpy y Spike fue, afortunadamente, lo primero.
Los guardias que custodiaban la puerta miraban indiferentes al dragón y a la pegaso, inmóviles. Spike, recuperado de la carrera, los contempló con la extraña sensación de haberse olvidado de algo. Buscó en su chaqueta solo para darse cuenta de que no tenía bolsillos. Se rascó la cabeza repasando todo lo que hizo en la mañana (si, incluido el baño) hasta que Derpy le preguntó:
¿Por qué se quedan ahí parados? ¿No deberían anunciar que ya llegamos?
Spike se pegó la frente por no haberlo notado antes.
¡Claro! Gracias Derpy.
La pegaso sonrió, pero no comprendía por qué le agradecía. Spike se dirigió a uno de los centinelas.
—El Embajador Spike y su Secretaria, la señorita Hooves, presentándose a la primera sesión de negociaciones del tratado de paz entre las tribus de las Sabanas y Arabia Equina.
Sin cambio alguno en la expresión de los guardias, uno dio media vuelta y abrió la puerta presentando al dragón y a la pegaso ante el comité ya reunido, que era decir todos. Seis cebras, siete ponis árabes (entre ellos Firefly), Shining Armor y La princesa Concordia.
La cámara era circular, de piedra vista gris, y techo cúpula. Las paredes estaban forradas con banderolas rojas de bordes dorados. Un gran vitral era toda la fuente de luz que había ahí. En él estaba representada la fundación de El Caimel: la llegada de los ponis a Arabia; la gran sequía; un enorme escorpión rojo en el centro, retratado como un salvador, haciendo surgir pequeños escorpiones de la arena, y finalmente una ciudad fértil surgiendo triunfante. En el centro de la cámara había tres mesas curvas con panel frontal de madera roja, que juntas formaban una "C" y diecisiete sillas de respaldar alto de madera blanca, con finos dibujos tallados.
—Es algo indecoroso su llegada tarde, Embajador. —dijo divertida la princesa.
—Lamento mucho la demora, su majestad —dijo Spike con una reverencia, recordando cómo se disculpaba muchas veces ante Celestia—. Juro ante usted y el resto de los presentes no volver a cometer la misma falta.
—Comprendo que el viaje fue agotador para usted y estoy segura de que no se repetirá.
Spike y Derpy se ubicaron entre las cebras y los ponis, en la mesa del medio. En cuanto tomaron sus lugares Shining le pasó una lista a Derpy, quien no entendía qué hacer con ella.
—No te preocupes —le susurró el capitán—. Solo lee en voz alta lo que está escrito ahí. ¡Ah! Y trata de tomar notas de lo que suceda en la sesión.
Shining le entregó a la pegaso un cuaderno y un lápiz. Pensar que iban a ser unas vacaciones excitantes fue algo tonto de su parte. Ahora se encontraba atrapada en un aburrido debate político que solo Celestia podría saber cuándo terminará.
Tomó una bocanada de aire y empezó a leer la lista.
—Antes de comenzar la primera de las sesiones pasaré lista de los respectivos representantes de cada parte ¿todos aquí presentes están de acuerdo? (esperar a que todos afirmen).
—No es necesario que leas en voz alta lo que está entre paréntesis. —le corrigió Shining entre risas nerviosas. La pegaso dejó escapar un pequeño "upsy".
Todos aceptaron la petición de Derpy. Entonces continuó.
—Jeque Ibrahim Al_Hajage.
—Presente. — respondió el Jeque.
—Visir Giafar Al_Barmaki
—Presente. — respondió el visir.
— Califa Ha…Harún Al_Ra…Ra…shid. —leyó con dificultad.
—Presente. —Respondió el viejo califa ofendido.
De pelaje celeste pálido y crin casi inexistente, su cutie mark no tenía forma reconocible. Vestía una sotana y un fez blancos.
—General Dah…na…seln ben Fork…tasch.
—Dahnaseln ben Forktasch, presente. — dijo el general.
Pelaje azul grisáceo, crin roja y ojos anaranjados. Su armadura combinaba piezas de acero pulido y oro, y parecía increíblemente pesada. Spike se imaginó que ese poni, ligeramente más grande y robusto que Shining, era de temer en batalla. Su cutie mark eran dos lanzas chocando frente a un escudo roto.
—Capitana Firefly Rosebutton.
—Presente.
—Doctor Alí Baba Mawassif y su esposa Zein Al Mawassif.
Alí Baba era un poni blanco, de crin rebelde dorada y ojos turquesa. Estaba vestido con una camisa beige y su cutie mark era una cuchara enterrada en la arena. Zein era de color crema, su crin escarlata recogida en un rodete, sus ojos rubís, y su cutie mark un pétalo de rosa enrollándose en una espina.
—Presentes —respondió la esposa.
—Y supervisando la parte de los ponis del desierto, Princesa Concordia Árabe Equina (esperar a que… ¡Ah no! Eso no lo tengo que leer, cierto.
—Presente.
—Cebras de las Sabanas: —continuó leyendo—. Hubub ¿Elemento de la Naturaleza?
—Presente —dijo la vieja cebra divertida por la sorpresa de la pegaso.
Era la más anciana de las cebras. Su pelaje era oscuro y sus rayas apenas se diferenciaban de él, sus ojos mostraban un hermoso violeta intenso y su crin caía hacia un lado. No llevaba adorno alguno.
—Sauab, Elemento de la Familia.
—Presente. —respondió el rayado.
Joven, de ojos naranjas, su crin era más tupida que la de los demás. Llevaba en el cuello un collar de hilo grueso entretejido, de color marrón. De él se balanceaban colgando una piedra azul, un mechón de crin negro enredado en uno blanco, y una cáscara de algún tipo de fruto seco que sonaba al ser agitada.
—Zumurrud, Elemento de la Tradición.
—Presente.
Era el segundo más anciano del grupo. Pelaje claro, ojos verdes y cara amarga, apenas si conservaba algo de crin. En su pata derecha llevaba una larga colección de brazaletes de tela, cada uno con un dibujo distinto. La nariz perforada por tres agujas, una negra, otra roja y otra azul.
—Massaud, Elemento del Guerrero.
—Presente. —Tronó el gigante, de voz profunda y gruesa.
Además de los dos mechones, su oreja izquierda estaba perforada por dos agujas amarillas y portaba un collar con tantos colmillos que al dragón se le estrujó la boca al verlo.
—Ibaat, Elemento de la Clarividencia.
—Presente.
Sus ojos eran de un azul profundo. Vestía un velo en red que cambiaba de color a medida que se iba extendiendo desde su centro, siendo sujetado por una cadenita de oro con varias monedas colgando alrededor. La misma premisa del velo seguía el poncho y cada hilo terminaba atado a una piedra de diferente color. Tenía brazaletes de distintos materiales en ambas patas delanteras y un par de alpaca en las traseras. De sus orejas colgaban diversas cadenitas de distintos metales y un par de gemas azules. Era sin duda la más estrafalaria de las seis.
—Tohfa, Elemento de los Espíritus.
—Pre…presente.
La más joven de todas las cebras, no tenía nada que hacer ahí. Era demasiado chica como para participar en una discusión política. Spike lo era más, sin embargo él ya había lidiado con problemas así antes, no al extremo de ser un mediador, pero sí de participar en esas cuestiones. Aun así, ahí estaba la pequeña de ojos celestes. De pelaje más claro que el de los demás y rallas más oscuras también. Su crin era un poco más corta que el del resto. En cada oreja colgaba un aro de ramas con una red entretejida dentro de ellos. En el centro había una piedra negra y, colgando debajo del aro, una pequeña pluma blanca manchada. Su collar intercalaba plumas y semillas, y un pequeño saquito en el medio.
El dragón sentía curiosidad por los elementos de las cebras. No hace más de un mes atrás, después del regreso de Luna, se enteró de que Twilight y sus amigas eran los nuevos Elementos de la Armonía y ahora estaba en presencia de otros elementos que no parecían tener relación alguna con ellas. No había collares ni joyas resplandecientes representándolos. Las edades de cada cebra variaba del niño al viejo. No había una lógica clara.
Derpy terminó por nombrar a Shining y a Spike poniendo fin a la toma de asistencia y declarando, tal y como estaba escrito en la lista, que estaban todos presentes. Spike tomó la palabra.
—Gracias, secretaria Hooves —Dijo—. Se abren las negociaciones del tratado de paz entre Arabia Equina y las Sabanas. El primer punto en la agenda es el bosque de Palmeras Rojas y Blancas. Exponen argumentos primero las cebras y luego los árabes.
El Elemento de la Familia, Sauab, se levantó del asiento y empezó a hablar. Su discurso básicamente exponía que el Bosque es un lugar sagrado para ellos y el "hogar de todo lo que existió y existirá". Su constante explotación por parte de los ponis del desierto lo ha puesto en peligro y está a punto de corromperse. Ibaat, la clarividente, expresó que el bosque y las regiones aledañas se salvarían si, y solo si, cesan la tala del bosque y lo declaran parte del territorio de las Sabanas.
Ibrahim contendió la propuesta diciendo que la madera de esos árboles es muy demandada en el mercado y si se frenaba la "extracción del material" sus precios se dispararían a niveles ridículos, provocando una hiperinflación sin precedentes. Alí secundo al jeque sin mucho decoro hacia las cebras, su mujer, Zein, lo apoyó con un meneo de cabeza.
—Ustedes no entienden —Dijo Tohfa—. Ellos están molestos y cada árbol que derriban los ponen más iracundos.
— ¿Ellos o ustedes? —Acusó Alí—. No nos engañan. Los ataques a los pueblos cercanos al bosque no los causó ningún "ellos".
—Nosotros también, señor Mawassif, ataques hemos sufrido —Dijo Hubub—. La ira de los espíritus no es cosa de niños.
—Eso es la mentira más…
—Doctor Mawassif —interrumpió Giafar—, sugiero que se limite a defender el punto que le atañe. Del bosque nos encargamos Ibrahim, Rashid y yo.
—0—
Larga, lenta y tediosa había transcurrido esa mañana. Fueron tres horas de discurso, tras discurso, tras discurso. A la primera hora, Derpy cayó dormida, vencida por el aburrimiento. Spike tuvo que cubrir tosiendo cada ronquido que se le escapaba a la pegaso gris, hasta que vio una oportunidad de despertarla con un codazo sin que el resto de los presentes lo notara.
Ninguno de los dos bandos quería ceder ante las demandas del otro, y la situación se volvió insostenible. En gran parte gracias al matrimonio Mawassif, que no se quedó callado a pesar de las múltiples llamadas de atención de parte de Giafar y las palabras de conciliación de Ibrahim.
Derpy no notaba lo que estaba pasando, puesto que eran tenciones ocultas, que no se dejan ver ante ojos inexpertos. Pero Spike había asistido a suficientes reuniones diplomáticas como para encogerse en su silla cada vez que alguien abría la boca.
Shining apremió con la mirada al pequeño dragón para que interviniera. Spike no sabía qué hacer, así que empezó a balbucear en voz baja para ganar algo de tiempo. Concordia, que trataba de calmar a sus súbditos, lo vio y aprovechó la oportunidad:
—Guardad silencio mis vasallos —dijo en un tono firme, pero dulce a la vez—, nuestro árbitro quiere decir algo.
Massaud, en similar acción, golpeó el suelo callando del susto, no solo a las cebras, sino a toda la sala. Hubub, que siempre tenía una expresión serena y alegre, fue la única que miró al gigante con severo enfado.
La sala había entrado en silencio y todas las miradas se posaban en el escamoso purpura. "Piensa Spike ¡piensa! La reputación de Celestia está en juego." Estaba a punto de tener un colapso nervioso, cuando recordó la primera vez que asistió a la Princesa del Sol. Tenía cuatro años, recién cumplidos, habían viajado al Reino de los Grifos para mediar los cambios en la ruta de migración de los dragones y él solo se encargaba de llenar los vasos de agua.
En una de las sesiones, la discusión entre los grifos y los dragones se tornó tan violenta que paralizó de miedo al pequeñín. Celestia trataba, en vano, de calmarlos con palabras dulces. Pero al ver a Spike temblando, abrazado a su jarra de agua como si su vida dependiera de ello, firme, más no feroz, dijo:
— ¡Mis Señores! Con mucho pesar tendré que pedirles suspender la sesión hasta que tenga una oferta que satisfaga a todos.
Spike uso esas mismas palabras, no con el fin de calmar las aguas, sino más bien para zafar.
—Habrá un receso de dos horas —agregó.
—0—
—Difícil situación ¿eh? —comentó Sining después de dar un gran sorbo a su licuado de frutilla.
Había llegado la hora del almuerzo y el trio estaba comiendo en el Salón Principal… O, al menos, dos de ellos lo hacían. A Spike los nervios le habían quitado el apetito. El comentario del unicornio trató de relajar la atmosfera, pero lo único que logró es hundir al pobre dragón aún más en su depresión.
—Estoy frito —se rindió escondiendo su cabeza entre sus brazos—. No se me ocurre nada y en media hora tenemos que volver a la sala.
—Veintisiete minutos para ser exactos —apuntó Derpy, hundiéndolo más.
—Quizás si dices que necesitas sesiones privadas con los miembros de ambas partes por separado —sugirió Shining—, aclarando que es para echar mejor luz sobre el caso, tendrías la excusa perfecta y tu reputación no sería dañada.
— ¿Se puede hacer eso? —preguntó Spike.
— ¡Siempre! —Dijo el unicornio dándole un golpe en el hombro al dragón—. Es un truco muy común.
—Además, tendrás tiempo privado con la cebrita —insinuó Derpy haciéndole ojitos.
Ella había observado que Tohfa no le quitaba los ojos de encima al dragón. Lo primero que pensó fue que le gustaba contar las escamas que Spike tenía, pero después escuchó a Shining susurrar "Espero que no sea atracción" y tuvo una percepción diferente de la situación. Luego de la declaración del dragón notó que la cebrita dejó de parpadear y un pequeño rubor en sus mejillas apareció. Entonces cayó en la cuenta de que la pequeña cebra podría tener el corazón flechado.
Spike no entendió la indirecta por partida doble: por ser niño y por ser hombre. Es más, interpretó que ambos estaban jugando con él. Cosa que le molestó mucho y los regañó por no ayudarlo a resolver el problema.
—Mira —dijo molesto el unicornio—, puedes decir que no encontraste una solución y necesitas más tiempo o puedes quedarte lloriqueando y decepcionar a la Princesa Celestia. Tú decides.
Spike se cruzó de brazos y largo un bufido. A pesar de que Shining no se había disculpado por haberle jugado tal broma de mal gusto, se vio forzado a darle la razón al unicornio y accedió a usar su consejo.
De pronto, un grupo de soldados cruzó galopando el salón con las picas de sus lanzas en alto. En sus caras se reflejaba el apremió que tenían.
— ¿Qué sucede? —preguntó Derpy.
—No lo sé —respondió Shining e inmediatamente se dirigió a uno de los guardias que pasaban—. ¡Soldado!
El semental paró en seco y Shining se aproximó a él.
—Capitán Shining Armor de la comitiva de Equestria ¿Qué está pasando?
—Será mejor que me siga, señor —dijo el poni—. También mi señor embajador y mi señora Hooves.
La respuesta tenía carácter severo. Apoyada por el preocupado rostro del poni, todos lo siguieron sin titubear.
Terminaron de nuevo a la entrada de la Cámara. Spike no daba crédito a sus ojos. Las mesas destrozadas con vehemencia; las sillas, algunas tiradas, otras astilladas; las banderolas arrancadas y rasgadas; ni el precioso vitral se habían salvado de la furiosa destrucción. Un guardia estaba sentado a la entrada, siendo tratado por una herida en la pata izquierda.
Además del trio, estaban presentes el general Forktasch, Ibrahim, Giafar y la Princesa Concordia. Coordinando a los demás soldados estaba un pegaso ligeramente más grande que sus subordinados, de brioso porte y mirada seria. Pelaje gris oscuro y crin carbón. Tuerto del ojo derecho, en su lomo llevaba un halcón peregrino. Uno de los soldados salió de la Cámara y le susurro algo al oído. Él asintió con la cabeza y se dirigió a los demás.
—Mucho me temo, mis señores, que no se podrá continuar con la sesión de hoy.
Un silencio paralizador dominó a todos los presentes, salvo a Spike, que por impulso se arrodilló y extendió los brazos al cielo.
— ¡Gracias! —gritó.
Todos abrieron los ojos y, desconcertados, miraron al dragón. Este se dio cuenta de que había metido la pata y rápidamente trató de corregirse forzado un acto de lamento.
—Em, quiero decir ¡No! ¿Por qué? ¡¿Por qué?!
—Alguien vino durante el receso y destruyó todo lo que había aquí —respondió el pegaso—. Todo apunta a un sabotaje contra las negociaciones, no falta nada y dejaron varias cosas detrás de sí.
— ¿Hay algún sospechoso, capitán Sinabad?— pregunto Forktasch.
—Me temo que no estoy autorizado a revelarle información, general. Artículo 17 del tratado provisorio.
— ¡Noche sin luna! —El general se volvió a Concordia—. Princesa, no puedo seguir formando parte de esta comisión si hay alguien atentando contra el reino. Solicito que me dé de baja en las negociaciones.
— ¿Está seguro, general? —La unicornio estaba desolada—. Su presencia nos hará mucha falta.
—Me hiere el orgullo decirlo, pero Firefly podrá encargarse perfectamente de mis deberes en mi ausencia.
Giafar frunció el ceño y balbuceó algo al oír las palabras del general, pero nadie lo notó.
—Muy bien —dijo Concordia— Puesto que tu nación te necesita y haz declarado ser incapaz de continuar con las negociaciones del tratado de paz, yo, Princesa Concordia de Arabia Equina, con mucho pesar le doy de baja, General Dahnaseln ben Forktasch.
El gran poni solo inclinó la cabeza y soltó un solemne "Gracias". Shining dio un paso al frente y se dirigió al general.
—Solicito entrar en la investigación, general.
—Lo siento, pero no puede.
—Este es un atentado a las negociaciones y la integridad del embajador está en juego. Como capitán de la Guardia de Equestria estoy a cargo de su seguridad. Si no puede adherirme, exijo entonces que adhiera a dos oficiales bajo mi mando.
Forktasch lo analizó un momento. El capitán equestriano estaba contemplado dentro de las partes negociantes, pero el tratado no decía nada acerca de sus subordinados. Sonrío ante ese hueco legal. "Hecha la ley, hecha la trampa" pensó.
—Muy bien —dijo al fin—. Dos, ni uno más.
—Gracias, general.
—Sin embargo las actividades programadas se suspenderán por hoy —continuó el general—. Hasta mañana no se autorizará ningún tipo de reunión. Vayan y disfruten del resto del día.
Capitulo nuevo aqui.
Un infinito tiempo sin inspiración mas tu disco rígido rompiéndose y que no pudiste recuperar tu avance hacen un año si subir nada U_U
Como dije en mi otro fic subiré capítulos cuando estén terminados, sin hacer promesas de que se subirán mas seguidos. Pero no todo es desgracia. la buena noticia es que subiré capitulo doble en El Poder del Vapor, solo por esta vez.
¿Cuándo? cuando los dos capítulos estén terminados.
Hasta entonces y dejen comentarios n_n
