Disclaimer: Pokémon no me pertenece es propiedad de Satoshi Tajiri .
Notas de autor: Extrañaba escribir de estos dos uvu.
Advertencias: Posible OoC.
Alerta roja: Si vienes a joder porque no te gusta el yaoi considera que lanzaré una maldición sobre ti.
Gracias.
"Lo que esconden tus ojos, esa es la razón por la que me gustas."
Silver intentó no gruñir mientras se daba la vuelta para no ver a su acompañante. Odiaba a ese Hippie de cabello verde que hablaba con los pokémon, más que nada odiaba esa sonrisa tranquilizadora mientras se secaba unos cuantos mechones húmedos.
Era culpa de N que ahora ambos estuvieran empapados, porque no contento con haber hecho reír a su Feraligatr éste los había empujado hasta qué ambos cayeron en una charca. Por lo que ahora estaban en su guarida después de tomar un baño, donde el pelirrojo apenas y pudo escapar de un "tiempo compartido" con él.
—Cheren decía que era normal— murmuró N completamente distraído con su tarea de acomodar su ropa—, ¿me habrá mentido?
«Sólo vete», Silver se golpeó la frente. Sin embargo, antes de que moviera un músculo sintió el cuerpo del peliverde tras él y de la nada se vio apresado en un abrazo.
—¡¿Qué estas haciendo?!— El pelirrojó casi saltó y fue un casi, porque con lo apretado del abrazo difícilmente pudo moverse.
—¿No se siente bien?
—No— contestó tajante, ignorando el hecho de que pequeñas gotas de agua provenientes del cabello de N ahora escurrían por su cuello, el chico al notarlo las lamió como si nada.
—Eres muy cálido...¿lo sabias?— Silver intuyó la sonrisa en su voz, pero aquello sólo sirvió para volver la situación aún más incomoda para él.
—Santo Arceus, de verdad; vete antes de que te mate—amenazó, pero sus palabras no fueron tomadas en cuenta por sus mejillas completamente como las de un Pikachu.
—Los abrazos son buenos, la gente solitaria los atesora aunque no lo digan—. N sonrió soltándolo y dirigiéndose a la entrada mientras los pokémon de Silver observaban su espalda y como su entrenador gruñía, lo conocían lo suficiente como para saber que aquellas palabras eran verdaderas, pero no entendían para nada la reacción de su entrenador.
Los ojos verde-azulados se dirigieron al cielo y Zekrom bajó hasta encontrarse con N, el peliverde acarició con cariño al pokémon.
—Lamento que te sientas tan solo— se disculpó el chico, notando que los orbes rojos se quedaban mirándolo fijamente—, Reshiram debe sentirse igual.
—¿Tú no la extrañas?
—Mentiría si dijera que no la extraño— N sonrío con melancolía—, pero no puedo regresar si mis pensamientos no están en orden.
El pokémon legendario asintió solamente, dejando que aquel humano que lo había despertado de su letargo dejara impregnado el calor de sus palmas en su piel. Fue entonces que reparó en el pelirrojo con sus ojos grises fijos en ambos y una pregunta rondó en su mente.
—¿Que sientes por él?
La mano de N se detuvo al instante, la primer palabra que vino a su mente fue curiosidad; el pelirrojo rara vez reaccionaba como esperaba (igual que Touko) y aquello lo divertía e intriga al mismo tiempo.
—¿Es por que te recuerda a ella entonces? — Insistió el pokémon, como si quisiera sacarle la verdad y N solo le dirigió una enigmática sonrisa.
Ni él mismo se explicaba aquello, por lo tanto no podía darle una respuesta a su amigo y esperar ser sincero como siempre lo era.
Antes de que N se moviera, algo impactó contra su nuca y cuando volteó una toalla fue lo primero en ver antes de que Silver -más avergonzado que molesto- lo jalara para ser capaz de secar su cabello. El chico extranjero le sonrió con tal alegría, que el pelirrojo le tapó la cara empezando a frotar el cabello con violencia, escuchando la risa de N antes de que este lo abrazara alzándolo hasta quedar a su altura.
—¡¿Qué crees que estas...—Silver se detuvo a mitad de la pregunta cuando sintió al chico temblar en el abrazo, entonces con suma lentitud llevó sus propias manos a su espalda para devolver el gesto.
—Gracias.
N depositó un beso en su frente antes de soltarlo y caminar para adentrarse en la vegetación, dejando a Silver mas que confundido por su actitud, pero sobre todo; preguntándose porque le estaba afectando tanto su presencia.
Zekrom lo miró un segundo antes de desaparecer en el aire, lo que ambos humanos desconocían él ya lo sabia con solo verlos. Su entrenador había viajado para encontrar sus sueños, ahora el pelirrojo se estaba convirtiendo en uno.
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras:"como manosearme la teta y salir corriendo."
Hayden
