Hoolaaaa. Bueno, acá está el segundo capítulo. Muchísimas gracias infinitas a todos los que le dieron una oportunidad a esta historia. La semana pasada estaba tan emocionada por publicar que me dejé de lado lo más importante de la historia: revisarla y corregir los errores. Tuvo algunos la historia y me quería disculpar. Pero esta creo que está bien, al menos la revisé.
Un juego de a dos
"Soy Kagome, ¿Querés ser mi amigo?"
Esa simple oración estuvo repitiéndose una y otra vez en su mente desde el momento en que ella terminó de formularla. ¿De verdad alguien finalmente estaba interesado en conseguir su amistad? ¿Encima era la "niña demonio" Kagome? Definitivamente la vida no podía ser mejor. Si cualquier otro chico de la aldea se lo hubiese pedido, lo hubiera pensado, pero ella… le tenía un cariño especial. Ella era especial. Era diferente. Tenía poderes sobrenaturales que le permitían saber cuándo una persona estaba detrás de ella. ¡Era cómo él!
Durante la cena, estuvo tan emocionado que no aguantaba quedarse en silencio. Moría por decirle a su madre las buenas noticias. No obstante, esa alegría era aplacada al momento de recordar su advertencia de mantenerse especialmente alejado de la pequeña princesa. No, su madre jamás le iba a permitir acercarse a ella. Aunque se sintió dolido al principio por tener que mantener por primera vez en mucho tiempo un secreto de su madre, se lo iba a guardar celosamente. Era su secreto y el de Kagome porque… ella no le diría a sus padres, ¿no?
Su emoción era tal que ni siquiera logró conciliar el sueño. Inclusive los más poderosos youkais debían dormir por lo menos un rato. Él encima estaba creciendo. Pero no le importó. Quizás por primera vez pueda cantar esa canción de ese juego en particular que tanto le gustaba… aunque si eran sólo dos iba a ser muy fácil adivinar quién estaba detrás de quién. Más si se tenían en cuenta los poderes que ambos poseían. Iban a tener que inventar un nuevo juego. No es que a él le interesara mucho que clase de actividad hicieran. Aparte de su madre, iba a tener una nueva compañera. Ya no iba a estar tan solo. Ahora iba a estar con ella. Ahora debía proteger a dos personas. A su madre y a Kagome… Qué lindo que sonaba. Su corazón puro pero lastimado se hinchó de felicidad. No todos los días alguien se acercaba a él. No todos los días alguien aceptaba que lo protegiera de los demás. No todos los días recibía como respuesta a su presencia una sonrisa en vez de insultos. Por último, no todos los días alguien le ofrecía su mano para caminar juntos. No, ya no iba a estar sólo.
Inuyasha siguió dando vueltas por un tiempo más. La Señora Izayoi dormía plácidamente a su lado. Una tímida sonrisa asomando en la comisura de sus labios. Y es que ella lo sentía a pesar de que su razón no quería creerlo. Fueron muchísimas las desilusiones que se llevó en el corto tiempo que estuvo compartiendo con su hijo. Sin embargo, su instinto de madre se lo gritaba a los cuatro vientos fuerte y claro. Su bebé estaba más inquieto de lo usual. Tenía un extraño pero hermoso brillo en sus peculiares ojos dorados. Estaba más predispuesto a recibir el nuevo día. Ni siquiera hizo ese pucherito que tan triste la ponía al saber que ella iba a tener que estar todo el día lejos de él. Tenía que admitir que no estaba acostumbrada a compartir a su hijo con alguien más. Ella era lo único que Inuyasha tenía y lo pensaba proteger con su vida si fuese necesario. Pero… ella no era nadie para negar ese brillo. Si su pequeño era feliz, entonces ella también.
Kagome, Kagome
El pájaro se encuentra en la jaula…
Susurraba despacito Inuyasha para no despertar a la persona que dormía a su lado.
¿Cuándo la abandonará?
En la noche o el amanecer…
Se podía ver a él mismo tomado de la mano de los demás niños, girando alrededor de Kagome.
La grulla y la tortuga se deslizan
¿Quién se encuentra detrás de ti?...
"Inuyasha"… Oyó la voz de su nueva amiga retumbando en su cabeza. Finalmente logró conciliar el sueño. Por primera vez, madre e hijo se fueron a dormir con una sonrisa en la cara. A veces, sin saberlo, una simple sonrisa, puede hacer un gran cambio en el receptor. Al fin y al cabo dicen que la alegría es contagiosa y Kagome, sin saberlo, logró llegar con su alegría a dos personas más.
Tiempo después de la hora del almuerzo del día que llegó, se podía observar a una niña recogiendo flores mientras tarareaba una canción. Despreocupada de la vida e ignorante de cualquier tipo de tristeza. Cerca de ella, un niño con un largo pelo plateado y extrañas orejas de perro la observaba detenidamente con un leve rubor en sus mejillas. Estuvo tan feliz y emocionado ayer por la noche, que pasó por alto el pequeño detalle que él es realmente tímido. ¿Cómo interactuar con alguien? Gran pregunta sin respuesta. Y peor aún, ¿cómo interactuar con alguien del sexo opuesto? Es verdad, su mamá era una mujer, ¡pero era su mamá! No contaba. Lo único que recibió toda su vida fueron rechazos, golpes, insultos y más rechazos. La única que siempre le mantuvo los brazos abiertos fue su amada madre. Pero ahora… ¿Qué debía hacer? Ver quién corre más rápido… quién salta más alto… Inuyasha negó con la cabeza. Se estaba desesperando y no encontraba respuesta a su gran duda. Ella parecía divertida juntando flores y eso lo frustraba más.
-Soy un hombre, yo no junto flores.- Suspiró resignado. El juego con la canción tampoco serviría. Mínimo se precisaba de tres personas. Podría hablarle sobre… -¡Arrg! No sé que hacer.- La resignación se convirtió rápidamente en enojo. Él no era un chico de palabras, él vivía para la acción. Hacer amigos era más difícil de lo que pensaba. –Ella parece cómoda conmigo, ¿por qué siempre tengo que ser el raro?
Estuvo a punto de levantarse e irse corriendo. Ya no aguantaba más esa presión. Era demasiado. Prefería mil veces soportar la actitud del hielo que adoptaban los demás seres que esto.
-Mentiroso- masculló. Podría estar incómodo ahí pero por lo menos ella no lo iba a dañar y eso ya era algo positivo.
-Tomá Inuyasha… son para tu madre.
Se giró a ver qué es lo que le estaba ofreciendo, sólo para encontrarse con un collar de flores. ¿Kagome le había hecho un presente a su madre?
-¿Para mí mamá?
Ella asintió.
-Te las hubiera regalado a vos, pero no creo que te gusten las flores. Puedo hacerte otro collar si querés.
Cualquier sensación de duda, incomodidad o enojo se esfumó rápidamente. Un regalo… ella iba a hacerle un regalo. Única y exclusivamente para él.
-En… ¿en serio?- Aunque estaba verdaderamente emocionado, aprendió a no dejarse influenciar por sus emociones. Era impulsivo para actuar. Pero para mostrarse débil ante los demás, para mostrarle una sonrisa a alguien… aquello requería un poco más de trabajo.
-Sí. Me gusta hacer collares. A veces es aburrido estar sola todo el día en el palacio.
-Eso me gustaría mucho.- Y se permitió sonreírle. ¿Por qué no? La sonrisa que tenía Kagome era tan grande que terminó despertando a la de Inuyasha.
-Estoy aburrida.- Soltó luego de terminar de hacer el collar de Inuyasha y uno para ella. Los cuellos de ambos estaban decorados con flores de diversos colores.
-Yo también.
-¿Querés jugar a algo?
¡Sí! Al fin. Formuló la pregunta que tanto estaba esperando. Quería estar con Kagome, pero fueron demasiadas flores por un día. Un juego. Estuvo todo este rato esperando a que Kagome propusiera un juego. Pero, ¿qué juego? Toda su emoción se aplastó cuándo tuvo que reconocer que él sólo sabía un juego.
-Yo…-Sus ojos se opacaron y sus orejitas se pegaron a su cabeza. Estaba triste otra vez. –Yo… no sé ningún juego.- Sus últimas palabras fueron casi inaudibles. Tenía miedo que ella lo considerara raro y aburrido y se fuera. Recién se estaban conociendo. Pero Kagome era impredecible.
-Te puedo enseñar alguno.
-Todos los juegos necesitan más de dos personas Kagome.
-Mentira.
-Verdad.
-Mentira.
-Verdad.
-¡Mentira! Eso es porque estás jugando mal.
Para este momento, ambos niños estaban sobre sus pies gritando a todo pulmón, defendiendo su opinión con los puños cerrados.
-¡Feh!- Y se volvió a sentar ignorándola.
-Podemos inventar un juego… un juego de a dos.
Las orejitas de Inuyasha se movieron en dirección a Kagome. Pudo distinguir su dulce risa. ¿Qué era lo gracioso? Ah… sí. Ella estaba viendo sus orejas. Los humanos tenían un problema con ellas. O las odiaban o las amaban.
-¿Qué juego podemos inventar?
-No sé, estoy pensando.
Y así estuvieron. Ambos ofreciendo la misma imagen. Piernas y brazos cruzados. Los labios en una extraña mueca que demostraba concentración. Sus frentes estaban fruncidas. El único ruido existente, era el de la naturaleza.
-¡Ya sé!- gritó Kagome tan repentinamente que hizo que Inuyasha saltara asustado. –Yo puedo jugar a ser una prince y vos- exclamó emocionada, poniendo su dedo índice sobre el pecho de él- sos mi valiente príncipe que me salva de los peligros.
-Keh, ese es juego de niñas. ¿No podemos luchar contra monstruos?
-¡No es un juego de niñas! Me podés salvar de los demonios y monstruos.
-No quiero ser un príncipe.
-Bien, podés ser mi héroe.
-Tampoco quiero eso.
-Bueno, decime que se te ocurrió a vos entonces.
-Eeh… yo…
Kagome lo miraba con una sonrisa de superioridad en su rostro. Estaba decidido, ella había ganado. Iban a jugar a la princesa y el príncipe o héroe o quien sea que quiera ser Inuyasha. Como sea, ella era la princesa en apuros y él, la salvaba.
-Mañana elijo yo el juego.
-Tratá de venir con una idea divertida entonces, tonto.- Le sacó la lengua.
El resto de la tarde, se la pasaron corriendo de un lado a otro. Aunque no lo quisiera admitir, Inuyasha estaba divirtiéndose mucho. No era tan terrible tener que ser el héroe de Kagome… mejor dicho de la princesa. A veces, su compañera de juegos, simulaba ser un demonio y lo atacaba. Él se tenía que defender. Aprendió, de la peor manera, que Kagome era más débil que él por lo que tuvo que controlar su fuerza. También era más lenta y se cansaba más rápido. Inuyasha creyó que esto se debía a que ella ya tenía energía gastada por todos los juegos en los que participaba diariamente con los niños de la aldea. En cambio él, se venía conteniendo desde el día que nació.
Para el atardecer, estaban los dos tirados en el pasto, buscando formas en las nubes. Estaban realmente agotados y hambrientos. Inuyasha se sintió por primera vez en su vida como un niño inocente, aceptado y querido.
-Inuyasha, ¿cuántos años tenés?
-Nueve. ¿Vos? Oh, ahí veo un conejo.
-Yo veo un pájaro más que un conejo. Ocho. ¿Por qué nunca viniste a jugar con nosotros?
-Mi mamá no me dejaba. Y es un conejo.
-¿Te va a dejar seguir jugando con migo? Y no es un conejo. Mirale las alas.
-Espero que sí, sos mi amiga. Son las orejas, esas no son alas.
-Tengo que irme.- Dijo ella. –Mis papás se van a preocupar si no me ven en casa. Ya es tarde.
-Yo también tengo que irme.
Kagome se alejó un par de pasos. Después volvió corriendo y le dio un rápido beso en la mejilla.
-Gracias por rescatarme hoy de los demonios... y… era un pájaro.
Dicho esto se fue corriendo. Inuyasha estaba tan muerto de la vergüenza que ni siquiera pudo contestarle. Nadie tenía permitido darle besos. Sólo su madre y porque ella insistía. Un hombre no brindaba ese tipo de cariños. Cuándo pudo levantar la cabeza y reaccionar lo que ella le había gritado, le contestó,
-ES. UN. CONEJO.
Pero era tarde. Ella ya se había ido hace rato. Aunque mañana se iban a ver devuelta. Él lo sabía, ella no lo iba a defraudar. Era su amiga y era su turno de elegir un nuevo juego. Tenía toda la noche para pensarlo.
-Tengo una amiga.- Volvió a repetirse para sí mismo. Este sentimiento era tan abrumador y surreal que necesitaba repetirlo varias veces para poder creerlo.
Y por segunda noche consecutiva se fue a dormir con una gran sonrisa en su rostro. Izayoi volvió a ver el brillo en sus ojos aún más grande. Sea lo que sea en lo que su hijo estaba metido, le estaba calentando el corazón, e indirectamente, calentaba el de ella. Al igual que él, la mujer se fue a dormir con una sonrisa en su rostro. Ya no era tímida. Algo le decía que las cosas de a poco iban a ir cambiando. Solamente le rezaba a Kami que sea lo que sea que tenía tan feliz a su pequeño Inuyasha, sea duradero y no una ráfaga de viento.
Rya16: Gracias por leerlo, acá está el segundo capítulo. Espero que te haya gustado.
Laylahimemiya: Voy a intentar actualizar una vez por semana. Ahora empiezo a rendir finales en la Universidad, pero igualmente voy a intentar actualizar. Comprendo el sentimiento de que nadie actualice por eso solo suelo leer historias completas (gran publicidad que me hago jajaj). Pero muchísimas gracias por haber leído. Espero que este capítulo también te haya gustado tanto como el anterior. En cuanto a Sesshomaru, honestamente no tenía pensado incluirlo ya que esta historia apareció un día en mi cabeza y escribí un breve resumen como para no olvidarla. Pero sí, ahora que pensé en él muy probablemente lo incluya.
Además, quería agradecerle a toda la gente que puso como favorita la historia o la está siguiendo y obviamente a todos los que leyeron. Nunca imaginé tener tantos views en tan solo una semana. Me hacen muy feliz, en serio.
Gracias a:
Rya16
Laylahimemiya
Gato bicolor
Tsuki no Koi
LovesInu
