La puerta se abrió con un pequeño chasquido.
Le hice una señal a Jem para que entrara en el pequeño apartamento en el que vivía desde hacía algunos años, suficientes para que los vecinos empezaran a sospechar sobre lo misterioso que era que no envejeciera ni cambiara lo más mínimo. Después de que pasara, pulsé un interruptor, y varias luces amarillas inundaron la casa, dejando ver los pocos muebles que la decoraban. Aparte de los básicos, solo había cuadros y estanterías con libros, muchísimos libros. Algunos de ellos eran ejemplares muy antiguos y que probablemente había leído cientos de veces, especialmente uno de ellos, que no estaba en la estantería, sino apoyado en una mesita que estaba al lado de un sillón.
Miré a Jem, que me dirigíó una reconfortante sonrisa como siempre hacía, y, cómo no, lo consiguió. Siempre lo había conseguido: cuando estaba con él, siempre me sentía mucho más tranquila y todos los problemas desaparecían. Esa sonrisa tenía el mismo efecto en todo el mundo, no era nada extraño.
-Siéntate si quieres. ¿Quieres algo? Agua o algo de comer o...
-Tess -me interrumpió-, no hace falta que seas tan formal, nos conocemos muy bien.
Me quedé en silencio, realmente lo estaba tratando como si fuera prácticamente un desconocido. Por algunas complicaciones no habíamos podido vernos en cuatro o cinco años, y eso nos había distanciado un poco. Cuando lo miré, algo incómoda, vi que se había sentado en un sofá rojo, y parecía algo afligido..
-Tessa -repitió, ahora en voz más baja, al ver que no había dicho nada en casi treinta segundos. Se levantó del sofá donde se había acomodado, ágilmente, y se acercó a mí, con paso algo dudoso-. Sé que no debería preguntar esto, pero... ¿Me sigues amando? Yo nunca he dejado de amarte durante todos estos años.
Yo asentí.
-Claro que te amo, Jem. Siempre te he amado, aunque estuviera casada con Will.
Antes de acabar de pronunciar aquellas palabras, sentí unos fuertes brazos a mi alrededor, y los labios de Jem volvieron a unirse a los míos, con suavidad y dulzura. De nuevo, el beso duró bastante, aunque tanto él como yo hubiéramos querido que fuera eterno. Lo abracé con fuerza para sentir su cercanía, para buscar alguna manera de convencerme de que él realmente estaba ahí, abrazándome. Cuando nos separamos entreabrí los ojos, que se cruzaron con los suyos. De nuevo permanecimos varios segundos sin decir nada, abrazados el uno al otro, hasta que yo me atreví a romper la espesa niebla que parecía rodearnos.
-Jem -susurré, sin voz apenas, y también sin aliento por el beso-. ¿Desde cuándo?
-Me recuperé hace casi un año -sonrió, feliz-. Te envié una carta, pero, al parecer, nunca te llegó... de todos modos, no importa. Ahora estoy aquí. Tenía muchísimas ganas de verte y de estar a tu lado... de ser felices juntos.
-Juntos... suena tan bien -sonreí, ahora más ampliamente. Su sonrisa aún permanecía, y destacaba más que una sonrisa normal ya que la acompañaba el brillo de sus ojos, que podría haber cegado a cualquiera, y a mí me dejó hipnotizada. De nuevo, nos fundimos en un beso, con algo más de pasión contenida, pero este duró apenas unos pocos segundos ya que oímos algo romperse, en la habitación de al lado. Enseguida nos separamos, algo sobresaltados ya que alrededor reinaba un completo silencio, quitando nuestras voces cuando hablábamos.
-¿Qué ha sido eso? -preguntó Jem.
-Bueno, vamos a ver... -abrí con cuidado la puerta, y entré primero, James siguiéndome. Lo primero en lo que ambos nos fijamos fue en un jarrón que anteriormente contenía un ramo de orquídeas, pero que ahora estaba roto en el suelo. Al ver que la ventana estaba abierta no me sorprendí, ya que el jarrón había estado cerca de ella, expuesto al viento y a cualquier golpe.
-Espera, los recogeré yo -me dedicó una sonrisa, acariciando mis manos-. No vaya a ser que te cortes.
-No voy a quedarme quieta, Jem -esbocé una sonrisa y empecé a recoger, al igual que él. En cuanto cogí el primer fragmento, el más grande que vi, me quedé muda. Debajo había un papel, arrugado y ahora mojado, aunque se podía leer un nombre claramente, con una letra que parecía haber sido escrita a toda prisa.
Jem.
