Cerré cuidadosamente la ventana, aún con el papelito entre manos, pero una fuerte ráfaga de viento la volvió a abrir, violentamente. Jem me apartó a tiempo para que esta no me diera ningún golpe, aunque parecía tan sorprendido como yo. Escuché el sonido del viento con atención, y como me pasó en el cementerio, me dio la impresión de que este murmuraba mi nombre, de nuevo. Un escalofrío me recorrió la espalda.

Tessa. Tessa, Tess. Tess...

James.

-Tess -dijo en voz baja-. Tengo que contarte algo.

Yo asentí, mirando la ventana. En las últimas semanas siempre me había parecido escuchar mi nombre cada vez que el viento soplaba contra mí, y no sabía qué ocurría exactamente. ¿Me estaba volviendo loca?

Me dirigí con James de nuevo al salón, donde nos sentamos, con tensión en la sangre, y cuando vimos que no ocurría nada más, nos relajamos un poco. Él fue el primero en romper el silencio.

-Llevo como dos meses soñando con Will. Pero no son sueños normales, él... me pide ayuda, que lo salve.

-Yo también he tenido sueños parecidos -dije con los ojos muy abiertos por la sorpresa-. Y... a veces tengo la sensación de que cuando hay viento, alguien dice mi nombre, muy bajito, sobre todo cuando pienso en Will. ¿Crees que...?

-Parece que tiene problemas, aún después de haber muerto, y somos los únicos que podemos ayudarlo. -James me agarró delicadamente las manos-. Quería hablarte de eso, Tess... Nos necesita, y no puedo dejarlo de lado. Aunque hayamos pasado por tanto, sigue siendo mi loco parabatai -esbozó una sonrisa-. Me ayudarás, ¿verdad?

Las lágrimas empezaron a luchar por salir de mis ojos, pero decidí retenerlas y ser fuerte, tanto como siempre había sido y como ahora tenía que ser por obligación.

-Claro que ayudaré -susurré tras unos segundos. Él se acercó a mí y me abrazó suavemente, ante lo que yo lo abracé también y cerré los ojos, apoyando la cabeza en su hombro. Cuando me acordé de algo, los volví a abrir-. Jem. Tengo algo que enseñarte.

Me separé de él y me dirigí a las estanterías, donde decenas de libros estaban perfectamente colocados y ordenados. Me quedé unos segundos buscando hasta que saqué con cuidado uno de los libros cuya portada era azul y negra, aunque algo desgastados por el paso del tiempo, y en cuya portada se leía "Will Herondale". De nuevo, me acerqué a Jem y le entregué el libro.

-Antes de que Will nos dejara, me dio un mensaje -susurré-. Había escrito un libro y lo publicó, tuvo mucho éxito en su época y lo he leído cientos de veces, pero... en la carta pone que él quería decirte algo cuando ya no fueras un hermano silencioso, por lo que debía guardar esto hasta ahora. Y ese algo está en este libro, en forma de código, y me dijo que solo tú sabrías descifrarlo.

Jem miró atentamente el libro, acariciando sus tapas, luego me miró y asintió.

-No creo que tenga que ver con esto, pero me acabo de acordar.

-Se empieza a hacer tarde... ¿Nos vemos mañana? -Me dedicó una de sus típicas sonrisas, y no pude evitar sonreír yo también, y asentir.

En cuanto oí el timbre acudí a abrir la puerta, por la que se asomó Jem con una cajita de bombones en el regazo, y con el libro de Will. Lo invité a pasar y lo llevé a la cocina. La mesa ya estaba servida ya que me había pasado la tarde cocinando para intentar distraerme, por lo que había de todo un poco. En el centro de la mesa había un mantel con orquídeas, las flores favoritas de Jem (Nota de autora: Sé que en After the bridge se mencionaba cuáles eran las flores favoritas de James una vez, pero no recuerdo exactamente cuáles eran). Él, al verlo todo, no pudo evitar sorprenderse.

-No hacía falta que hicieras todo esto, Tess -sonrió dulcemente, dejando lo que llevaba en una esquina de la mesa y abrazándome. Yo lo abracé también, reconfortada.

-Estaba algo nerviosa.

Tras comer tranquilamente Jem se dispuso a contarme el mensaje oculto del libro. Me explicó que cuando él y Will eran pequeños solían coger un libro y leer solo la primera palabra de cada página para luego unirlas todas y formar frases, que no solían tener sentido. Pero Will había organizado del libro de tal manera que si alguien hacía lo mismo que hacían ellos de pequeños, se formaba un mensaje.

A mi bastardo desleal.

Si estás leyendo esto es que por fin te has recuperado totalmente y ya estás con Tessa. Tengo que decir que me alegro mucho de saberlo. Sí, lo sé, he de admitir que soy un mago. Mejor que Magnus y todo. ¿A que no te lo esperabas? El mensaje que quiero transmitirte y que sé que no podré darte porque la muerte me acecha ya como si yo fuera un maldito conejillo del monte, consiste en que quiero que pases tu tiempo con Tessa, que vivas feliz con ella. Y que os caséis, como ibais a hacer en un principio. Tess se merece alguien con quien estar, y quién mejor que tú, mi parabatai.

Deseo volver a verte, aunque creo que será mejor que no sea pronto. De todos modos, así lo decía nuestro juramento. A donde vayas, yo iré. Pero se equivocaba en algo, el vínculo no termina con la muerte de uno de los dos. Porque me sigues considerando tu parabatai, ¿verdad?

Atentamente, William.