La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.

Me alegra que les haya gustado, tantos comentarios merecen una continuación. Gracias por leer!


Capítulo 2

—No tenemos que seguir haciendo eso del minero.

—Es una tradición.

—Inventada por Regina.

—Ayuda a recaudar dinero para las obras sociales que realizan las monjas y permite que todos tengamos un bonito festival para socializar con otras familias.

—Solo significa más trabajo para mí. Si pretenden que trabaje en mis ratos libres voy a querer un aumento y un montón de ayudantes.

—Leroy siempre está predispuesto a ayudar.

—Solo porque le gusta impresionar a su novia.

—¡Emma! Astrid es una monja.

—No son monjas reales.

—Es un hada, y las hadas no pueden relacionarse con nadie, en especial con enanos.

—Me agradabas más cuando solo eras Mary Margaret… la amante de David Nolan.

—¡Emma!

Salí de casa antes de ganarme un buen regaño por decir la verdad. El día se prestaba para quedarme en casa, ver una buena película de acción, comer algo delicioso y beber una cerveza helada, debajo de un montón de mantas que me protejan del frío. ¿Por qué soy la única que debe ser responsable mientras los demás se divierten? No es justo.

Caminé hasta la casa de la responsable, ni siquiera tuve que usar mi llave, la puerta siempre está sin seguro, una terrible costumbre que tengo la intención de corregir. Regina se merece un buen regaño de mi parte.

—¡Re! —Mi grito murió en mi garganta—. ¡Wow!

—¿Se puede saber que estás haciendo aquí?

¡Qué diablos! Ella estaba… wow.

—Deja de mirarme.

No estaba mirando. Bueno sí. Tendría que no tener ojos para poder dejar de mirarla.

—¿Por qué estás en toalla?

Para ser exactos, una mini toallita que a penas la cubría.

—Esta es mi casa.

—Pero está helando. No puedas andar por ahí desnuda.

—No estoy en mitad de la calle. —Dijo enojada—. Esta es mi casa, y no estoy desnuda. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?

—¿Qué estabas haciendo? ¿Por qué estás en toalla en mitad de la sala?

—No hay luz.

—Y te desnudaste para hacer una protesta.

—Iba a tomar un baño. No había agua caliente y me percaté que no hay luz. Voy a encender el generador.

—¿En toalla?

—Esto es el colmo. Entras sin llamar y me interrogas como si fuese un vulgar delincuente.

La seguí por la casa hasta el cuarto de bodega en el sótano, por suerte para mí el interruptor del generador eléctrico no estaba al alcance de mi pequeña Reina Malvada.

—Déjalo. No queremos que pierdas tu toallita. Esto debe ser hecho por un adulto.

—Estás lejos de ser un adulto.

—Pero yo alcanzo los interruptores que están fuera del alcance para que las niñas malas y pequeñas no se metan en problemas.

—Eres una idiota.

Encendí el generador y mi recompensa fue un golpe en el brazo.

Ella fue a darse su baño, mientras tanto, robé comida de su refrigerador y vi un poco de televisión acostada en los caros sofás de su estudio.

—Hasta que terminaste, mujer. —Dije al verla—. Pensé que te quedarías en la ducha por siempre.

Estaba vestida impecable, su cabello lucía increíble y su maquillaje era perfecto. Seguro que usaba magia para arreglarse.

—¿Por qué sigues aquí?

—Te estoy esperando.

—¿Por qué?

—Fue tu idea crear una falsa tradición y ahora estoy obligada a trabajar en mi día libre.

—Lo dices como si en serio trabajaras.

—Es tu día de suerte. Vas a apreciar de primera mano el arduo trabajo que realizo como sheriff de esta ciudad. Serás mi asistente.

—No estoy de humor para tus juegos.

—No es un juego. Necesito ayudantes, estoy escasa de personal.

—¿Me veo como un ayudante de sheriff?

—Te ves caliente. Voy a entretenerme solo con verte sentada en mi patrullero. —Reí al ver su reacción. Es tan fácil molestarla que me da pesar.

—Llamaré a tus padres y les diré que entraste a mi casa sin permiso solo para acosarme.

—En serio eres una niña pequeña.

—Baja tus pies de mi sofá.

—Eres una niña mimada que va a acusarme con mis padres. ¿Qué crees que van a decir cuando les diga que no quieres colaborar con el tradicional día del Minero?

—No me importa lo que digan. Todos ustedes son unos idiotas.

No puedes decir que no cuando Mary Margaret pone a su nieto como supervisor de actividades. Ese pequeño niño es un explotador, y afortunadamente para mí, ni siquiera Regina puede negarse a seguir las órdenes de nuestra loca familia.

—Creo que voy a enfermarme. Puedo tener un resfriado.

—Seguro que lo tienes, en especial después de ese baño de tres horas que tomaste.

—Iré a casa y descansaré un poco.

—Puedes hervir en fiebre y aun así vas a estar pegada trabajando conmigo. Ten, hacer algo útil no va a matarte.

Torció los ojos y tomó las luces de navidad que le entregué. Lo hice a propósito, solo porque me gustaba imaginar todos los problemas que iba a tener intentando colgarlas.

—¿Qué estás mirando? —Gritó Ruby en mi oído.

—¡Dios, Ruby! Apareces de la nada como un fantasma.

—Joder, eso es sexy. —Dijo mirando a Regina subiendo por una escalera—. Iré ayudarla, no queremos que se caiga y se rompa un tobillo.

—Alto ahí, loba. La Reina está bajo mi estricta vigilancia.

—¿Estás comiendo de su fruta prohibida?

—¡Ruby! Cierra la boca.

—¿Su manzanita es dulce y jugosa? —Siguió bromeando.

—Basta. No hables así de ella, nunca más. No está bien, es la madre de mi hijo.

—Lo siento tanto. Olvidé por completo que ella es tu señora, Swan.

—No es gracioso.

—Lo siento, no volveré a molestar a tu señora nunca más. Lo prometo.

Ruby es como una adolescente, pero al menos me hizo darme cuenta que fue una mala idea poner a Regina a colgar luces, todo el mundo estaba mirándola subir y bajar de esa escalera. Son unos pervertidos.

—Hey. Ya es suficiente, pondré a uno de los enanos, no quiero que te caigas y te rompas una pierna.

Sostuve la escalera mientras ella bajaba.

—¿Me liberas de mis responsabilidades?

—¿Dónde está tu abrigo? Vas a congelarte.

—Creo que lo dejé en tu horrible patrulla o alguien lo robó.

—¿Lo perdiste? Eres como una niña pequeña.

—Odio cuando dices eso. Solo eres unos centímetros más alta, y soy mayor a ti.

—Si admitieras que eres pequeña quizá no te molestaría tanto.

—¿Dónde se meten? —Mi madre corrió hacia nosotras—. He estado buscándolas.

—Estamos aquí, mamá. Trabajando.

—¿Por qué no llevas un abrigo, Regina? Está helando.

—Acabo de decirle lo mismo

—Tomaremos un descanso para almorzar en familia, le diré a David que te dé su abrigo.

—No voy a ponerme nada de las cosas horribles que él usa. —Dijo torciendo los ojos.

Le presté mi chaqueta. Realmente alguien había robado su abrigo, me divertí viendo a Henry reprenderla por ser descuidada con sus cosas. Almorzamos en familia, como lo hemos venido haciendo durante las últimas semanas, como parte del plan de mi madre para integrar a Regina en nuestra familia.

—No dejes sola a Regina, y no le permitas ir a encerrarse en casa. Quiero que tenga una muy buena celebración.

—El año pasado se divirtió mucho por su cuenta pintando tu auto ¿recuerdas?

—Mantenla alejada de todo tipo de vandalismo, y practica tus habilidades sociales. No me gusta tu espíritu, no voy a dejar que te conviertas en la oveja negra de esta familia, así que compórtate y cuida de Regina.

Me gusta ser una oveja negra.

Corrí hasta donde estaban Regina y Henry conversando.

—Tengo muchas responsabilidades, mamá. Estoy a cargo de todo, es mi deber como príncipe.

—Bueno. Mi pequeño príncipe no tiene permitido comer dulces ni quedarse trabajando hasta tarde.

—Por favor mamá, quiero estar allí cuando cuenten el dinero que logremos recaudar.

—Tu abuela y Azul pueden ocuparse de eso.

—Pero yo quiero estar ahí. Dormiré en casa de la abuela, y no comeré ningún dulce. Lo prometo.

—Está bien. —Sonreí al verla besar su frente.

—Te amo, mamá.

—Yo también te amo.

—Te amo, ma. Cuida de mamá. —Corrió alejándose de nosotras.

—¿Por qué todos asumen que necesito ser cuidada por ti?

—Quizá es porque mi madre sabe que yo soy la oveja fuerte de nuestra familia, y tú eres la más débil y pequeña. ¡Ayyyyyy!

Me dio un fuerte pisotón y se alejó de mí. Mis pobres dedos de los pies sufrieron las consecuencias de mi buen humor. Sirvió para que se me quitaran un poco las ganas de molestarla.

Ayudamos comprando unos cuantos paquetes de velas. Dimos un par de vueltas y no necesité convencerla para escaparnos de mi madre.

Compré cerveza de raíz y una pizza. Acordamos tener nuestro día de descanso en su casa viendo una película, en especial porque ninguna de las dos queríamos seguir congelándonos en la nieve en un aburrido festival.

—Hay luz. —Se percató al entrar en casa—. Iré a apagar el generador.

—Yo lo haré.

—Puedo hacerlo. Pon esa pizza en platos y elige una película decente.

La dejé ir y fui a la cocina por platos. Llevé todo al estudio, que era en dónde veríamos la película y encendí la chimenea, iba a escoger una película pero escuché un ruido extraño.

—¡Regina! ¿Está todo bien? —No recibí respuesta. Fui a verla y la encontré en el piso—. ¿Qué pasó?

—Tropecé —Sonaba adolorida.

—Déjame ver. ¿Te torciste el tobillo? —Me agaché y ella quitó sus manos para dejarme examinar su tobillo.

—Duele.

—Lo bueno es que no parece roto.

—¿Puedes asentarlo?

Podía, pero le dolía mucho. Así que la cargué y la llevé al estudio. Se acomodó en el sofá y me permitió quitarle los botines sumamente altos. Elegí una de esas películas cursis que le gustan tanto, y sostuve sus pies sobre mis piernas para poder sostener una toalla con hielo sobre su tobillo.

—Lo hiciste a propósito para obligarme a ver esto.

—Mi tobillo quedó sensible después de tu intento de asesinato ¿recuerdas?

—Lo que recuerdo es que al día siguiente te pusiste tacones.

—Me gustan los zapatos.

—Solo los altos porque eres muy pequeña.

Intentó patearme con su pie no lastimado. No tenía idea con quién se había metido. Se ganó un ataque de cosquillas.

—¡Basta! Estoy herida —Dijo entre risas.

Se sentó para poder sujetar mis manos y evitar que yo siguiera haciéndole cosquillas en su pie sano.

—Admite que eres pequeña.

—Ok. Ok. Soy pequeña.

Me detuve. Ella respiraba agitada, sonrojada y luciendo igual de perfecta que siempre. Mis manos se movieron por su cuenta y acariciaron sus mejillas.

—Vas a besarme ahora —Preguntó bromeando.

—Sí. Voy a besarte ahora. —Decirlo en voz alto me sorprendió incluso a mí, pero era exactamente lo que quería hacer, y lo hice.

Sus ojos se abrieron en sorpresa, pero de inmediato se cerraron, y permitió que sus labios se fundieran en los míos.