Hola nuevamente, espero disculpen la tardanza y este nuevo capitulo sea de su agrado.

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-Bra, si es niña se llamará Bra-

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De noche, al volver a la Corporación Capsula, Vegeta inicio una pelea con Bulma por el simple gusto de gritarle a alguien. La científica había preparado ella misma la comida de esa noche y, si bien no era lo más delicioso que Vegeta hubiera probado en su vida, estaba comible.

El saiyajin se sentó a la mesa de la cocina y espero en silencio sus alimentos, mientras Bulma le daba los últimos toques de sal a la salsa.

Al llegar el primer aroma al olfato del príncipe y detectar algo agrio y chamuscado, tuvo la terrible certeza de que no fueron los robots o la rubia de perene sonrisa los responsables de la cena de esa noche.

Bulma, contenta con su creación, le sirvió algo que tenía apariencia de carne con una salsa roja encima y se la alcanzo sonriente al príncipe, quien parecía estar recibiendo una cajita sorpresa. Se sentó frente al padre de su hijo a la espera de que él diera el primer bocado y, aunque esperar una felicitación le era imposible, por lo menos escuchar un "mmm" que delate que la comida había sido de su agrado, pues Bulma se había esmerado bastante en cocinar ese día, tanto que inicio la preparación casi desde el mediodía, dejando de lado su trabajo en el laboratorio y poniéndose a buscar la receta perfecta, para ser cocina de manera perfecta y finalmente ser servida por la chica perfecta a uno de los hombres más fuertes y hambrientos del universo. Con esa combinación ¿Qué podría salir mal?

Cuando paladeo el primer bocado, Vegeta vio la oportunidad de iniciar una discusión.

-Sabe extraño ¿Qué demonios le pusiste?- pregunto el saiyajin masticando la carne y sosteniendo el tenedor con una mano.

-Paprika ¿te gusta?- respondió Bulma expectante.

Vegeta saboreo otra cucharada del platillo con una expresión de crítico culinario y después de unos segundos dio su veredicto.

-No-

Desatando, con esa simple palabra, la furia de Bulma que comenzó por gritarle lo mal agradecido que era, y lo mucho que le había costado preparar la comida.

Vegeta, lejos de tratar de aplacarla, le contesto que no entendía porque se demoró tanto si la carne sabia horrible, dando inicio así a una serie de gritos y amenaza que Vegeta en verdad disfruto, disfruto cada mirada cargada de enojo, disfruto cada frase despectiva, disfruto por un insignificante momento el tener a alguien.

Bulma por su lado se sintió más cerca de Vegeta, pues las discusiones eran una forma que tenían de conocerse; no era que no hubieran tenido momentos tranquilos y serenos, era solo que durante una pelea ella podía mostrarse como una igual ante Vegeta, y mostrarle a él que lo amaba más allá de lo gruñón, terco y frio que fuera.

La pelea finalizo con Vegeta sosteniéndola por la cintura y estrechándola contra su cuerpo. Aunque Bulma sintió el calor del cuerpo del saiyajin y vio esa expresión en Vegeta que no podía significar otra cosa que "cállate" Bulma continuo gritándole que era un simio, un idiota y que la soltara, lastimando con la agudeza de su tono los oídos del príncipe logrando que este la soltara.

Sabiendo en lo que posiblemente terminarían las cosas, Bulma se dirigió al piso superior y antes de correr escaleras arriba le dijo –esta noche no. Me hiciste enfadar- pues Bulma sabía que en este sentido convenía no estar siempre disponible para ningún hombre ya fuese este un simple beisbolista o como en este caso un príncipe alienígena.

Vegeta se fue a su dormitorio pasando de camino por la habitación de Trunks. Dudo en entrar… no le encontraba la practicidad en hacerlo, pero algo lo empujaba, algo similar a lo que sintió cuando creyó muerto a Trunks del futuro. Al llegar a la cuna y verlo dormido supo que esa fuerza que lo llevo allí fue el orgullo de saberse padre de un ser con potencial incalculable y que podría vencer fácilmente a cualquier vástago de Kakaroto, pero solo eso. En ese ínterin le prestó especial atención al cabello en tono lavanda del niño.

El cabello…

El cabello le molestaba, ese color lila que hacia aún más evidente su medio origen terrícola, desafiando toda su raza y siendo la prueba de en lo que se había convertido el príncipe de los saiyajin.

Cuando ya se iba, de improvisto el niño abrió los ojos y lo miró fijamente poniendo la mirada de ceño fruncido idéntica a la de él, como si le dijera "mírame, soy tu hijo, no solo tu sangre"

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Dos días después Vegeta volvió a la cascada, era un lugar tranquilo, cómodo en alguna medida, y sobre todo solitario. Afortunadamente ese día y los siguientes Milk no apareció, ni nadie más tampoco, así el príncipe podía descansar ¿de qué? De todo y de todos. La soledad le sentaba bien.

Pero Milk no regreso a la cascada porque tenía mejores cosas que hacer. Criar sola a dos niños era una tarea ardua, y se convierte en titánica cuando los niños son saiyajins. El cocinar adquiere un nuevo sentido y cambia a COCINAR. Las actividades encillas como el zurcir o comprar juguetes se complican, pues estos tienen que ser literalmente a prueba de todo.

Después de casi una semana y media Milk encontró un poco de tiempo para ella y para regresar al lugar que le había gustado y, si la suerte estaba de su lado, el inoportuno sujeto no estaría allí.

Con cada paso que se acercaba a la cascada,Milk escuchaba el agua en caída golpear contra las rocas. El aire se hacía más fresco, húmedo y dulce, y la vegetación parecía rebosar de un verde aún más verde y vivo que metros atrás.

Y lo vio…

Vegeta al parecer descansaba en el margen del rio apuesto al de ella, de pie pero apoyado en una roca con los brazos cruzados y la mirada fija en un punto muy distante.

Esta vez Milk no dudo en seguir, solo se acomodó en la orilla e hizo como si el no existiera. Ya no le tenía miedo, ahora solo le inspiraba cierta apatía. Vegeta hizo exactamente lo mismo y soporto estoicamente la presencia de la patética mujer.

A diferencia de otras veces, Milk termino de lavar la pequeña ropita blanca, celeste y amarilla y la puso a secar sobre unas enormes rocas lisas. Satisfecha se sentó en la yerba a descansar un ía trabajado duro esa mañana y el día anterior a ese y el anterior y el anterior. La brisa fresca y ligera que jugaba con las mechas de cabello a los lados de su cabeza y el olor dulzón de las flores a la vera del rio hacían ese descanso relajante. En ese momento se olvidó por completo de Vegeta, solo tenía conciencia de ella y la yerba que le hacía cosquillas en las palmas de la mano.

Dio un profundo suspiro, no dejaría que él arruinara su día.

Y los minutos pasaron…

Con la ropita ya casi seca Milk la recogió en una cesta y se marchó, tenía un poco de hambre y mientras caminaba de regreso a su casa pensó que la próxima vez llevaría algo de comer, porque efectivamente habría próxima vez.

Y la próxima vez llego unos seis días después. Para alivio de Milk el príncipe no estuvo allí. De todos modos su ausencia la tenía sin cuidado. Mientras la ropita escurría, Milk saco una caja de bento con algunos postres dulces y antes de darles una mordida, y sin tener la más remota idea del porqué, se preguntó si esos postres le gustarían a Vegeta. Pero tan corto y descabellado fue ese pensamiento que no merecía ponerle atención e instantemente lo olvido.

Por su parte Vegeta no pensó en Milk ni una milésima de segundo ¿Por qué hacerlo? No había razón. Después de todo, estaba pasando días agradables con Bulma; peleaban, si, y ella se había empeñado en que se vistiera de otra forma y lo había logrado sin que Vegeta supiera en que momento exacto o porqué había accedido; el no entrenar lo estaba haciendo susceptible a las tretas de Bulma. Pero lo que jamás olvidaría seria suplicio de ir de compras con la mujer de pelo azul, dar vueltas y vueltas por las tiendas, detenerse a ver cada estúpida cosa puesta en cada estúpido escaparate y pagar para llevarse montones de cosas inservibles, sin olvidar los zapatos…parecían infinitos, Bulma había comprado más pares que los que usaban las tropas de Freezer en conjunto. Y el escandalo aumentaba cuando pasaban por la sección de ropa para hombres, donde Bulma tomaba cada atuendo que le llamaba la atención y lo ponía delante de él diciéndole lo atractivo que se vería con él. Afortunadamente la tierra tenía un sol solitario y los días no duraban tanto como en otros planetas, y con el despertar de la noche terminó también su odisea.

Días después, dejando a Bulma dormida en su habitación, Vegeta salió casi de madrugada hacia la cascada e inmediatamente al llegar hizo sus ejercicios ligeros de calentamiento.

Milk, que no había vuelto al lugar en casi una semana, curiosamente elegiría el mismo día para visitar el sitio, esta vez para ponerse a tejer un poco después de haber alimentado a Goten y dejarlo dormidito en su cuna al cuidado de Gohan.

-No te preocupes, estaremos bien- le había dicho su hijo con una sonrisa mientras la despedía ese día.

Al llegar vio a Vegeta dormitar sobre la yerba. Así que se acomodó más allá, y se puso a tejer un pequeño suéter mientras se preguntaba como estaría la relación de Bulma con el saiyajin.

Minutos despues Vegeta desperto y bosteó por instinto, se levantó a recoger un poco de agua con sus manos y lavarse la cara; terminaba de hacerlo cuando noto a Milk sentada haciendo quien sabe qué diablos y se preguntó cuánto tiempo llevaría ella allí.

Milk, al ver al príncipe despierto, se levantó y pensó que el ambiente ya se había agriado y que era mejor irse, así que se levantó y mientras sacudía y alisaba su falda escucho ese sonido tan característico de un saiyajin hambriento, un rugido de estómago que retumbo por todo lo ancho del bosque provocando que Vegeta se sonrojara.

Sorprendida con la vergüenza ajena Milk se sonrojo también pero hizo como si nada hubiera pasado y se fue a su casa con el suetercito de lana casi concluido.

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Casi una hora después Milk estaba de nuevo camino a la cascada maldiciendo su bondad, esperando que Vegeta no estuviera allí, pues no quería hacer lo que fue a hacer.

Había sentido tanta pena de camino a su casa, que casi inmediatamente al llegar se había puesto a preparar varios platillos con el objetivo de dárselos al saiyajin y asi acallar su conciencia. Ahora a unos cuantos minutos de su destino ya se había arrepentido. Pero al llegar Vegeta aún estaba allí rodeado de corazones de manzanas y restos de otras frutas. Milk, gran conocedora del apetito saiyajin, dudaba que eso lo hubiera satisfecho por completo y decidida se acercó, con sus cajas de bento envueltas en una tela blanca, hacia le guerrero. Vegeta ni se molestó en mirarla y continuo con los brazo cruzados tratando de ignorarla, mucho trabajo no le costaba.

Milk se había pasado todo el camino rogando que Vegeta ya no estuviera, que no pensó que decir o hacer si lo encontraba. Frente a él se quedó callada pensando…

-yo…- fue lo único que salió de la boca de Milk

Al escuchar el monosílabo Vegeta rodo los ojos y la miro con el ceños fruncido reteniendo en la punta de la lengua todo lo que pensaba de ella.

Milk enojada ante esa mirada tan irritante para ella, tomó el paquete con la comida y casi la arrojo a sus pies gritando -¡solo cómetelo!- acompañando la frase con el ademan del puño cerrado a la altura de la cara de Vegeta a manera de amenaza, agarrando al saiyajin por sorpresa. Inmediatamente Milk dio media vuelta y se fue refunfuñando entre dientes que quien la mandaba a ser tan caritativa.

Al verla alejarse, Vegeta que antes pensaba que la era insufrible e irritante, ahora tenía la certeza de que estaba completamente loca.

Cuarto de hora después el saiyajin aún no había abierto el contenido del paquete, pero su olfato le decía que era comida y que estaba deliciosa. Mientras más minutos pasaban más apetitoso se le hacia el aroma hasta que no puedo más y lo desato encontrando dentro un banquete digno de un príncipe…y después de todo él era uno.

Con el primer bocado, no sin cierta desconfianza, comprobó que era lo más delicioso que había probado.

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Ya de noche, después de cenar, Milk le pidió a Gohan que recogiera los bentos que había dejado cerca a la cascada, sin decirle para quien los había dejado. Un poco extrañado Gohan partió con una linterna, encontrando las cajas cerradas y acomodadas dentro de la tela blanca.

Con Gohan de vuelta en casa, Milk sonrió al descubrir que Vegeta había barrido con toda la comida sin dejar ni una migaja, al parecer ni el príncipe de los saiyajin era inmune al sabor de su comida.

Al día siguiente e impulsada por un sentimiento de amabilidad mezclada con una pisca de vanidad, Milk preparo comida suficiente para un saiyajin más. Antes de salir de su casa le dijo a su hijo mayor – vigila a Goten, volveré enseguida-. Goten de inmediato notó lo que su mamá llevaba y le pregunto –Mamá ¿a quién le llevas esa comida?, sin detener sus paso Milk volteó y le dijo – a Vegeta- y salió de su casa dejando a Gohan con una mirada de confusión preguntándose si en verdad había escuchado bien.

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Gracias por leer y hasta la próxima.