Disclaimer: Todos los personajes que aparecen aquí no me pertenecen a mí, sino a la gran Naoko Takeuchi, la historia es totalmente original de su servidora.
LA ESTRELLA DEL DESTINO
CAPITULO III: "Un llamado al corazón"
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El cielo estaba pintado de un naranja intenso, con pinceladas de fuego, anunciando una puesta de sol muy cercana. Sobre la vereda se encontraba Amy, ansiosa por su encuentro, miró su reloj que ya daban veinte minutos pasadas las seis de la tarde. Ella vestía una linda blusa color rosa y una falda tableada de un color aguamarina, la cual era algo corta y solo llegaba hasta la mitad de sus muslos, dejando al descubierto sus largas y esbeltas piernas.
La muchacha se encontraba impaciente por la tardanza de aquel joven castaño que la había invitado a salir. Miraba para ambos lados de su vereda buscando encontrar el rostro de ese apuesto e intelectual muchacho.
— ¡Ay! ¿Por qué tardara tanto Taiki? Él nunca es impuntual... —Se planteó ansiosa. La peliazul giró su cabeza hacia su derecha, y luego de acomodar un mechón de su cabello que el viento había despeinado y caía sobre su rostro, se encontró con los ojos violáceos de aquel muchacho castaño que la miraban con cariño y a la vez le sacaban una radiografía de su cuerpo.
Taiki se acercó a Amy y con delicadeza sujetó su mano y la besó — ¡Hola Amy! Perdón la demora, lo compensaré —y le guiñó el ojo —. Te ves hermosa —dijo seductoramente el castaño.
La joven se sonrojó y agachó su mirada con timidez. Con su voz ligeramente suave y algo titubeante, ésta, le agradeció el cumplido —Gra... gracias Taiki...
—-Y bien... ¿nos vamos? —El castaño le sonrió amablemente y con su brazo en forma de horqueta la invitó a que lo sujete.
— ¿Y dónde me piensas llevar? —Preguntó la peliazul mientras sujetaba el brazo de su acompañante completamente enrojecida —Seguramente será a un restaurant elegante, a una confitería, o ¿por qué no, a un teatro a ver la ópera? —Pensó la peliazul en sus adentros un poco desmotivada, mientras miraba aquel brazo bien torneado que la sujetaba con firmeza, como no queriendo que ella se le escapara.
—Pues cuando lleguemos a destino te darás cuenta —contestó el joven sonriendo pícaramente.
Ambos caminaron sin rumbo alguno, solo charlando, sonriendo divertidos, como si ese día fuera el último de sus vidas. Disfrutaban cada segundo que pasaba, como si fueran los únicos caminando en las calles.
Amy no podía evitar sentirse nerviosa de estar sujetando el brazo de ese muchacho que la hacía estremecer con tan solo una mirada. Sonrojada cual carmesí, bajaba su rostro con timidez cada vez que él le regalaba una sonrisa.
De pronto Taiki se detiene frente a una boletería —Buenas tardes, dos boletos por favor —le dijo a la persona que se encontraba detrás del vidrio.
Amy comenzó a mirar a su alrededor; las luces de colores del lugar, el olor a dulces caramelos, la música y la gente riendo a su lado, le hizo comprender que no irían a ningún teatro a ver la ópera; se trataba de una feria con muchos puestos de comidas, juegos y sorprendentes rarezas. También tenía situado en medio de la feria un parque de diversiones, del cual ella con sus ojos como platos miraba lo alto de la montaña rusa.
—Taiki, ¡me sorprende que frecuentes este lugar! Yo ni siquiera pude venir con las chicas cuando me invitaron —le dijo la peliazul en tono de sorpresa.
—Bueno, no es que lo frecuente muy seguido —contestó el castaño —. Pero una vez dimos un concierto aquí y todos estos juegos llamaron mi atención, ¿a ti no te parece interesante? —Preguntó Taiki mirando a Amy arqueando una ceja y esperando una respuesta.
—Eehh... sí, ¡es interesante! Solo que...
—Solo que no lo esperabas de mí, ¿es eso? —Taiki la interrumpió —Bien, si no es de tu agrado podemos irnos si quie...-
— ¡Ay no! No, ¡claro que no! Me parece estupendo, solo que me has sorprendido —la peliazul sacudió sus manos y su cabeza para indicarle que no quería irse y con una amable sonrisa le confirmó su gusto de estar ahí.
—Pues bien, entonces ¡entremos! —Taiki la tomó de la mano y la dirigió hacia la entrada, juntando sus cuerpos demasiado cerca uno del otro.
Amy se sintió tan acalorada que sin darse cuenta su mano comenzó a sudar demasiado.
—Amy, ¿te encuentras bien? Toma —dijo el castaño entregándole su pañuelo.
— ¡Aayy pero que tonta! Disculpa Taiki, no quise... ¡ay perdón! Estoy bien, gracias —se secó las manos totalmente avergonzada por lo sucedido y luego le devolvió el pañuelo a Taiki.
— ¡Jaja! No te preocupes Amy, sé que le tienes miedo a la montaña rusa y que no te animaras a subir —dijo Taiki burlándose y desafiando a la peliazul.
— ¡Eso no es cierto! No me dan miedo ni las alturas, ni la montaña rusa y mucho menos la adrenalina que esa experiencia representa —dijo Amy mofada —. Además si haces los cálculos correctos, veras que las probabilidades de que...
— ¡Ay Amy por favor! solo se trata de divertirse, sin cálculos, ni estrategias, ni nada científico, ¡solo pasarla bien! ¿Puede ser por esta tarde así? —la interrumpió el castaño invitándola con un ademan a que se formara en la fila para la montaña rusa.
Amy observó la grandeza de la montaña rusa y a toda la gente formada esperando para subir, riendo sin preocupaciones.
—Aaahhh... ¡está bien! —soltó un suspiro y se dirigió a la fila.
Taiki la siguió detrás, el reducido espacio que quedaba entre ambos, más la gente que empujaba ansiosa por subir hacían que el corazón de Amy latiera aceleradamente cada vez, que por culpa de algún empujón, Taiki acercaba su cuerpo junto al de ella.
El momento de subir había llegado y la peliazul se sentía petrificada del miedo.
-No temas, yo estoy a tu lado y nada va a pasarte —dijo Taiki tomándola de la mano y ayudándola a subir al carro del medio del tren de la montaña rusa.
Amy sonrojada subió y se puso los seguros.
—Espera, te ayudare con eso, es que no lo has ajustado lo suficiente —dijo el castaño mientras que con sus manos sobre la cintura de Amy ajustaba los seguros de su carro.
La peliazul ya no temblaba de miedo por lo que podía sucederle en ese juego, sino que temblaba de nervios y se estremecía al sentir las manos de Taiki rozando su cintura.
El corazón de ella se aceleraba demasiado — ¿pero que me sucede? ¿Por qué reacciono de esta forma cada vez que Taiki se me acerca? —pensó Amy con sus mejillas cual manzanas.
— ¡Listo! Así quedas bien sujeta —le dijo el castaño regalándole un guiño de ojo.
El carro arrancó y comenzó a subir lentamente hasta alcanzar la cima y de un golpe se soltó al vacío en picada sobre los rieles de acero pintados de verde.
La adrenalina en el corazón de Amy había subido por completo y del mismo impulso que el juego le daba la hizo cerrar sus ojos y lanzar un grito aturdidor.
De pronto sintió algo que sujetaba su mano lo cual hizo que ella dejara de gritar y abriera sus ojos para contemplar la calidez de la mano de Taiki sujetándola y la tierna sonrisa que le mostraba, haciendo perder cualquier miedo posible.
—Tranquila Amy, yo estoy a tu lado. Además, esto es súper geniaaaal... —dijo Taiki soltando un grito en otra de las bajadas repentinas que tenía ese juego — ¡Vamos Amy! ¡Es divertido!
—Siiii… Aaahhh! —gritaron a dueto impulsados por la sensación de la caída. El juego se había tornado divertido para ambos y reían a carcajadas sin parar.
Luego de bajar del carro, la peliazul se sentía súper relajada y con completa soltura, tanto así, que no le preocupaba que el sol ya se hubiese ocultado y que haya olvidado que al día siguiente debía rendir uno de sus exámenes.
Juntos recorrieron cada puesto del lugar, jugando juegos, probando comidas y tomando un helado. Se divirtieron en el juego de las tazas, autos chocadores, las sillas voladoras, el tren fantasma y hasta en el cuarto de espejos. Todo era muy distinto a lo que ambos habituaban hacer, pero se sentían muy bien disfrutando y divirtiéndose juntos. Ninguno pensaba por un instante en las responsabilidades rutinarias.
Taiki había ganado en un juego de tirar aros y embocarlos en un palito, y al momento de reclamar su premio vio en el gran estante un bonito oso de felpa color celeste, con una diminuta flor rosa decorando su cabecita, un pedacito de fino alambre formando unos pequeños anteojos y en sus manos un librito abierto.
— ¡Deme ese por favor! —Dijo el castaño señalando el oso de felpa —Toma Amy, es para ti —sus ojos violáceos miraron fijamente a los ojos azules de la muchacha.
—Ay Taiki, que amable eres, ¡es muy bonito! Gracias —contestó la joven abrazando al oso y mirando con ternura a aquellos ojos purpura que la observaban.
—No lo sé, lo vi y pensé en ti —Taiki le sonrió.
-Jaja! Pues creo que si nos parecemos un poco —Amy sonrió también y colocó al oso al lado de su rostro en forma divertida para compararse —. Gracias Taiki, lo conservare con mucho cariño.
—Me alegra saber que te ha gustado. Y ¿bien? ¿A cual juego quieres ir ahora?
—Pues no sé, hemos ido a varios —dijo la peliazul mirando los juegos a su alrededor.
— ¿Qué tal ese? —dijo el castaño señalando la enorme rueda de la fortuna.
A Amy le dio un sobresalto en todo su interior, sabía que ese juego no era igual a todos los demás, sino que era algo más especial, un juego donde dos personas se podían encontrar de una manera más íntima.
—Y bien Amy, ¿qué dices? ¿Vamos? —La voz de Taiki la trajo de nuevo al momento actual y al ver esa sonrisa que él le regalaba no podía pensar en otra cosa que no sea subir a ese juego en su compañía.
—Bueno está bien, vayamos a ese —dijo la peliazul.
Luego de esperar la larga fila para subir, al fin había llegado su turno. El colaborador del juego sujeta uno de los carritos colgantes de la rueda de la fortuna, Amy ingresa y se sienta, luego la sigue Taiki y se sitúa en el asiento junto a ella. Luego de haber llenado con gente todos los carritos del juego, éste comienza.
El bamboleo del carro hacia chocar suavemente los cuerpos de Amy y Taiki, lo cual permitía que sus brazos se rozaran.
La peliazul con disimulo sujetó su brazo para detener ese roce entre ambos, pues ya no podía disimular los nervios que esa situación le estaba provocando. Para cortar el silencio Amy comenzó la charla:
—Taiki —dijo con voz suave —, ¿cómo va el grupo?
—Bien, el mismo éxito de siempre, cada vez más sponsors que se interesan en nosotros, etc...—dijo el castaño con decepción.
—Aahh, ya veo... Mina me ha invitado varias veces a los ensayos, pero yo no he podido asistir, porque el tiempo no está de mi lado de ocio. Jaja —dijo Amy con sarcasmo.
—Suerte que el tiempo estuvo de mi lado hoy y has venido conmigo —le dijo el castaño mirándola con ternura.
La peliazul se pintó de rojo la cara, por culpa de sus sentimientos y solo asintió con su cabeza y se dirigió a mirar por la ventanilla del carro que ya había alcanzado el punto más alto del juego.
-Ay mira Taiki, desde aquí se alcanza a ver toda la feria —dijo Amy en su intento de cambiar el ambiente acalorado en el que se sentía.
—Si así es, y desde este punto alto también, la luz de luna que entra y se posa sobre tu rostro, te hace ver aún más bonita —inquirió Taiki acercándose a Amy por detrás de su espalda, con ninguna intención de cambiar de tema.
El castaño la tomó por los hombros para hacerla girar y poner sus rostros frente a frente. La peliazul no podía dejar de temblar de los nervios al encontrarse con esos nobles ojos color violeta, que sin dudas brillaban de una manera especial al momento que la miraban. El corazón de la muchacha latía tan fuerte que parecía que se le iba a salir del pecho.
De repente Taiki tomó la mano de la joven y la extendió con la palma hacia arriba.
De su bolsillo sacó un delicado pañuelo de seda fina doblado en varias partes, el cual lo apoyó sobre la palma de la mano de ella y lo desdobló para dejar al descubierto un pequeño, pero muy brillante fragmento de un raro cristal color morado.
—Toma Amy, esto es para ti.-
Amy no comprendía lo que eso significaba, se encontraba anonadada con esa situación. —Pero Taiki, ¿qué es esto? ¡No comprendo! —preguntó la peliazul desorientada.
—Bueno, pues... este es un pequeño fragmento de la estrella fugaz que me trajo hasta la tierra por primera vez y quería regalárselo a la persona más especial para mí en este mundo; ¡Tu! —contestó Taiki.
Amy abrió sus ojos asombrada.
—Pero Taiki, yo... no creo poder...
—Por favor Amy, ¡consérvalo! Significa mucho para mí —dijo el castaño cerrándole la mano a ella para guardar el cristal en su interior.
Luego el joven se acercó al rostro de ella y le dio un tierno beso en la mejilla. Al momento de que ella reaccionara, el juego se detiene y el colaborador les abre amablemente la puerta del carro.
Taiki bajó y extendió su mano para invitar a la joven a bajar del carro.
—Bueno, Taiki muchas gracias por este cristal de estrella, lo conservare —dijo Amy guardando el cristal, envuelto en el pañuelo de seda, en uno de los bolsillos de su falda.
—No tienes que agradecérmelo Amy, ya te he dicho que era destinado a ti, porque gracias a esa estrella yo pude conocerte —contestó Taiki.
La joven agachó su mirada tímidamente y se quedó sin palabras — ¿Especial para él? Pero, ¿por qué motivo me vera así Taiki?—La peliazul no quería soltarse al llamado que su corazón le hacía con cada atención que Taiki le daba. Pensaba que lo que le estaba sucediendo no podía ser posible, que no era parte de sus planes, pero que igualmente era más fuerte que cualquier otra cosa que había podido sentir alguna vez.
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Ambos se dirigieron a la salida de la feria y con una atmosfera de silencio y distancia entre los dos tomaron rumbo hacia la casa de Amy. Llegando a la vereda del edificio donde ella vivía, el castaño rompió el silencio que los había congelado a ambos.
— ¿Sabes una cosa? Yo te agradezco a ti Amy, por haberme regalado tu bella compañía esta tarde —dijo Taiki sonriéndole y tomando las manos de la muchacha.
La peliazul se ruborizó y aunque su cuerpo no dejaba de temblar, tomó un impulso hacia el joven y lo besó en el rostro.
—Gracias a ti por la invitación y por haberme hecho pasar la tarde más maravillosa. Nos vemos, adiós Taiki —Amy sonrió y huyó dentro del edificio escondiendo su nerviosismo y timidez.
El castaño quedó sorprendido por la acción de Amy. Solo la vio marcharse y metiendo sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón, continuó su marcha para dirigirse a su hogar, caminando en la noche siendo alumbrado solamente por la luz de la luna y de aquella única estrella que brillaba más que las demás, sin ocultar la enorme sonrisa de felicidad que llevaba en su rostro.
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Quiero agradecer a todos los que pasaron a leer mi historia, tanto anónimamente como a los que dejaron su Review.
Espero que les haya gustado este capítulo y una gran disculpa por no actualizar antes.
