Capítulo 3. Clase de vuelo y revancha...

-Entonces, ¿cuándo tenemos pociones otra vez?

Albus puso los ojos en blanco. Suficiente tenía él con lo que se avecinaba aquel día como para andar aguantando a Jack desde el día anterior, con su incansable cháchara acerca de la profesora Perivale.

-Vamos colega, no me mires así -venía diciendo-, está buena y lo sabes.

-Tío, a mí me parece un poco espeluznante...

En ese momento intervino una muy exasperada Rose:

-El hecho de que la mujer lleve la minifalda de cuero más minúscula que hayas visto, no la hace estar más "buena" -farfulló, escupiendo la última palabra-, y es obvio que viste así a propósito, ya que sabe de la natural imposición de las hormonas frente a las neuronas del sector masculino... además, a mí me parece muy poco profesional llevar tacones a clas...

-Deja la envidia, Rosie -la interrumpió el aludido-. Y, ¡claro que lo hace a propósito! Para impresionarme. Seguro que me vio en el Gran Comedor. No véis que no dejaba de mirarme en clase...

-Sí, hombre. Al menos espera a que te aparezca una mínima sombra debajo del bigote, Casanova...

Albus ignoraba la discusión entre su prima y Jack, mientras caminaba con ellos, un poco más adelantado, hacia los jardines del castillo. Al cruzar las puertas sus esperanzas de que un vendaval o huracán hicieran imposible lo que estaba a punto de suceder se esfumaron: el día estaba espléndido y el cielo azul lo saludó con una alegría que no era propia de un día de Septiembre.

-¿Y a tí qué te pasa, con esa cara de funeral? -preguntó una voz a su izquierda.

Albus se lo pensó unos instantes antes que responder. Pero ciertamente Holden no tenía culpa de que aquellos dos hubieran decidido amargarle la existencia, ni de que tuvieran la primera clase de vuelo en 10 minutos.

-No me gusta volar.

En ese momento los dos de detrás dejaron de gritarse y se adelantaron para situarse a su otro lado.

-Pero qué dices, tío... ¡si tu padre era una leyenda! Y tu madre...

-Déjalo -murmuró Rose. Como siempre, parecía entender a su primo.

Y era cierto. Una vez más, Albus se dejaba llevar por su inseguridad. Había volado antes, por supuesto, incluso había participado en los partidos que inevitablemente su familia organizaba en casa, pero no era lo mismo. Estar en Hogwarts, para él, implicaba el temor a ser comparado con sus antecesores en cada paso. Y no era precisamente que no hubiera mucho con lo que comparar...

Sin más, llegaron a la explanada donde sus compañeros, la mayoría, ya estaban esperando. Unas treinta escobas los esperaban sobre la hierba verde, alineadas en dos filas. Y al final de ellas, de pie, con su pelirroja cabellera recogida en una cola de caballo, estaba...

-No. No, no, esto es el colmo, ni en broma...

-Venga ya, Al -Jack lo sujetó por el brazo cuando éste hizo ademán de darse media vuelta hacia el castillo-, no seas cobarde. Le diré al Sombrero que se equivocó. Que te mande a Hufflepuff, con los demás...

-¿Qué se supone que ibas a añadir ahí, pedazo de cabezahuecaconpatas?

Jake reaccionó justo a tiempo para esquivar las chispas rojas que una chica con pinta menuda, trenzas color negro y suaves pecas en el rostro le acababa de lanzar. A pesar de que el chico le sacaba alrededor de cabeza y media, se encogió sobre sí mismo acobardado, ya que la Hufflepuff ofendida lo miraba con bastante imposición. Albus tragó saliva, dejando que Jack se ocultara un poco tras su espalda, la chica le recordaba a su Abuela, y aún más a su madre cuando regañaba a James.

-¿A quién llamabas cobarde? -murmuró a su amigo, mientras Holden, Rose y la chica de Gryffindor con la que había estado desahogándose tras su pelea con Jack, reían con ganas.

A Albus casi se le había olvidado el motivo de todo aquello. Pero lo recordó de golpe cuando centró la vista de nuevo en la "Profesora" de vuelo.

-Mamá... ¿qué demonios haces aquí?

Ginny lo miró, con una sonrisa espléndida.

-¡Hola, cielo! -Albus deseó que se lo tragara la tierra- No quise decirte nada antes para que fuera una sorpresa... ¡Rose, querida! Tu madre te manda besos.

A continuación, se dirigió al resto de los chicos:

-Acercáos un poco más, por favor. Eso es. Las escobas ni muerden ni hacen nada, os lo prometo. Como veréis, hay una para cada alumno. Si tenéis la amabilidad de situaros a la izquierda de una de ellas... -los chicos, unos con más entusiasmo y otros con menos, la obedecieron.

La parte de conseguir que la escoba saltara a su mano abierta no fue ningún problema; al fin y al cabo, Albus había volado bastantes veces anteriormente. Se quedó observando cómo sus compañeros se las ingeniaban para conseguirlo poco a poco, a excepción de una chica con el uniforme de Ravenclaw que no lo consiguió para nada.

Se quedó la última, con la mano extendida sobre el palo de la escoba, sin dejar de murmurar "arriba, arriba, ¡arriba, por Merlín!", durante cinco minutos después de que todos los demás hubiesen conseguido sostenerlas al vuelo, claramente avergonzada. Ginny se acercó a ella:

-Anna -llamó su atención. La chica levantó la vista, y Albus se sorprendió al ver que sus ojos estaban llorosos-, está bien, cielo. No te preocupes. A ver... déjame probar.

La chica se apartó dejando que Ginny ocupara su lugar.

-Mirad a McConnor... -susurró Jack al lado de Albus.

El chico de Slytherin que se encontraba justo enfrente de ellos miraba cómo Ginny intentaba los mismos movimientos que Anna con los ojos desorbitados, y rápidamente le vieron sacar su varita y agitarla con disimulo hacia ellas. Algo translúcido salió de ella y justo en ese momento, la escoba salió disparada hacia la mano de la Profesora Potter.

-¡Había encantado la escoba! -murmuró Holden, al otro lado de Jack.

Como si los demás no se hubiesen dado cuenta...

Pero lo peor fue que la chica de Hufflepuff, Anna, hundió la cabeza entre sus hombros aún más y, farfullando una excusa, salió disparada hacia el castillo. Todos se quedaron mirando hasta que su pelo color cobrizo hubo desaparecido tras una esquina del patio.

-Bien. Quedáos aquí. A quien se le ocurra tocar un solo pelo de esas escobas, os aseguro que no se le olvidará en su vida. Y no, no voy a fiarme -añadió Ginny, más para sí misma-: Inhaero ad aream -las escobas volvieron al suelo de un golpe seco, soltándose de las manos de los en un minuto.

Los chicos se miraron. Los murmullos empezaron a su alrededor y los alumnos intentaron dispersarse, sabiendo que tras ese hechizo las escobas no se despegarían del suelo.

-¿Por qué haría eso? -preguntó Rose, con expresión preocupada- Visteis la cara de la pobre Anna... parecía muy afectada.

-Seguramente creía que era ella la que no había conseguido algo que todos los demás pudimos. No sabe que fue efecto del hechizo del maldito McConnor... -objetó Jack.

-¿Qué queréis decir? -la amiga de Gryffindor de Rose seguía a su lado y los miraba, con la curiosidad reflejada en el rostro- ¿McConnor tiene la culpa de que Anna haya tenido problemas con la escoba?

Jack miró a Albus, como pidiéndole confirmación de si contarle a la Gryffindor sus sospechas o no. Éste se encogió de hombros.

-¿Cómo te llamas?

-Lucy Spencer. Si sabéis algo, me lo tenéis que decir... conozco a Anna, se sentó conmigo en el Expreso de Hogwarts y es una niña muy buena... seguro que esto le va a sentar muy mal -Parecía preocupada por su amiga.

-Bueno, es bastante simple. Cuando Ginny intervino, McConnor estaba más pálido que un patronus, y por la manera en la que la profesora consiguió levantar la escoba justo en el momento en el que él lanzaba algo con su varita... Sí, me parece que él tenía mucho que ver.

Lucy miró al aludido con el ceño fruncido.

-Pues voy a hablar con McGonagall...

Albus la sujetó por el brazo. Tenía algo en mente.

-No... no dejes que te tachen de chivata, te irá mucho peor. Déjanos a nosotros...

La chica lo miró, como evaluando lo que acababa de decir, y finalmente retiró su codo de la mano del chico con brusquedad y asintió.

-Está bien. Lo haremos a vuestra manera. Pero de ninguna forma os "dejaré" a vosotros. Nos vemos este Sábado en la sala común, a las once y media.

Sin más, se alejó con su amiga. Jack y Holden se miraron.

-¿Qué te traes entre manos, Albus?

-Bueno... resulta que este tal McConnor me cae, digamos, solamente regular -apostilló, con amargura, y a continuación la primera mirada pícara que los otros dos habían visto desde que lo conocieron apareció en sus ojos verdes-. Y resulta que tengo a la persona perfecta para, digamos, hacer justicia a la persona que ha humillado públicamente a una chica que no había hecho absolutamente nada malo.

Holden soltó una risita de las suyas.

La Sala Común tardó más de lo habitual en vaciarse aquel Sábado, y a las once y veinte, Albus estaba de los nervios, empezando a planear cómo tirar una de las preciadas bombas del sueño de la tienda de sus Tíos George y Ron que guardaba con cuidado en su habitación de primer curso, aunque había pensado guardarlas para ocasiones especiales.

Sin embargo, finalmente las dos chicas que cotorreaban acerca de un tal Craig de Ravenclaw, se fueron a su habitación.

-Maaaaadre mía, pero qué pesadas son las mujeres -suspiró Jack una vez hubieron desaparecido.

Rose lo fulminó con la mirada. Abrió la boca para replicar con un gesto al que Albus empezaba a acostumbrarse, pero éste la cortó.

-Ros, por favor, déjalo en paz -ella lo miró ofendida pero, tras dedicarle una segunda mirada de odio a Jack, volvió a desaparecer tras el libro más enorme que los chicos habían visto en su vida-. Creo que voy a buscar ya a mi hermano. Lucy no tardará en bajar.

Holden y Jack intercambiaron una mirada emocionada, que molestó ligeramente a Albus. Aquellos dos estaban de lejos demasiado emocionados con conocer al Oh-Gran-James-Potter para su gusto, pero no dijo nada.

Instantes más tarde volvió con una sonrisa triunfante, y James detrás de él. Lucy no tardó en llegar y para el asombro de todos, traía a otra con ella.

-Pero, ¿qué clase de misión es ésta, enano? -inquirió James a su hermano-, ¿tú te crees que se puede llevar a cabo una broma de revancha en condiciones con... -contó con la mirada- seis renacuajos compinches?

Las niñas no parecieron ofendidas en absoluto, y simplemente se sentaron en un sofá a la espera de ser informadas del plan.

-A ver. Resumen.

-Esta mañana después de... -empezó Rose.

-No, tú no, que no entiendes el concepto de resumen. Tu transformas un texto de 3 pergaminos en un "resumen" de 7 con facilidad -cortó James, provocando la risa apresurada de Jack-, venga tú, el rubio.

-Pues... McConnor de Slytherin.

-Me gusta ese comienzo -James pareció animarse.

-Hechizó la escoba de Anna de Hufflepuff para humillarla delante de todos.

-Bastardo, a quién se le ocurre usar a una inocente señorita para probar un hechizo... algo que a un caballero no se le ocurriría jamás -ironizó James, consciente de que él mismo lo había hecho más de una vez y más de dos.

Tras un rato discutiendo las distintas opciones, todos quedaron satisfechos con la decisión. Se dividieron en dos grupos: Albus, Holden, Jack y Rose irían a la lavandería a por el encargo de James, y éste, junto a Lucy y su amiga Becca, irían al armario del aula de Pociones (porque James ya había estado varias veces y se sabía los trucos para esconderse lo mejor posible) a por la parte delicada del asunto.

Jack y Rose discutían en susurros cada vez que había que decidir qué pasillo o escalera tomar, y lo cierto era que andaban bastante perdidos. El castillo era lo bastante grande como para liarse de día, así que de noche era totalmente una misión.

-A ver, Rose, te lo he dicho. La lavandería está en el pasillo central del segundo piso... ¡es imposible que las ventanas den al jardín delantero!

-¡Si se ve el campo de Quidditch! ¿Cómo va a ser el delantero?

-¿En qué lugar ves tú el campo de Quidditch?

-¡Pero si ahí mismo están los aros!

-Que son árboles, pesada...

-No, son los aros.

-Callaos -intervino Albus, deteniendo al grupo.

Una sombra asomaba en uno de los huecos de los ventanales. Con la máxima cautela, se acercaron manteniéndose prudentemente ocultos entre las sombras de las armaduras, lo más alejados posible. Escucharon un suspiro propio de alguien que no estaba precisamente en su momento más feliz.

-Es Malfoy -comunicó Albus con voz casi inaudible.

Tomaron el pasillo más cercano que, irónicamente, les condujo directamente hacia el lugar deseado.

Tras rebuscar y tomar lo que buscaban, volvieron apresuradamente a la Sala Común y, tras un pequeño rebote de la Señora Gorda, que custodiaba la entrada, lograron que les dejara pasar. James y las niñas estaban esperándoles impacientes.

-Chicos, he olvidado que tenía algo que hacer... -dijo Albus de repente, y sin más desapareció de nuevo por el hueco del retrato.

-¿Qué mosca le ha picado? -se preguntó Jack, con cara de desconcierto.

Sin embargo, nadie tenía nada que añadir. Entregaron a James la bufanda de Slytherin que habían recogido de la lavandería, y tras un intercambio más de datos y acordar los últimos detalles de lo que iban a llevar a cabo al día siguiente, todos se marcharon a dormir.

La luna había hecho su aparición finalmente, tras una nube, y a Albus le pareció que el pelo del chico, con aquella luz, era más platino que nunca. No se atrevió a acercarse a menos de un par de metros. Simplemente se quedó allí, observando, como si de aquella forma fuera a entender lo que pasaba por la mente de aquella persona de cuya familia tanto había oído, pero de quien realmente nadie parecía saber nada.

Scorpius no se giró en ningún momento, ni mostró signos de percatarse de que hubiera una presencia observándole desde las sombras. Sin embargo, casi una hora más tarde, cuando se levantó para irse a dormir, giró suavemente el cuello y murmuró:

-Volvamos a la cama.

Albus recorrió aquel par de metros y juntos, volvieron a la Sala Común sin decir palabra.