Punto de vista de Haru

Haru solo quiere nadar, no entendía porque debía sonreír a los demás o entablar conversaciones que realmente no le importaban. No era como ese novato que entró al equipo junto con él que a cada rato invitaba a los sempais a alguna fiesta en su departamento, o se esmeraba por llevarles el café con tal de ganar su atención. Solo le importaba llegar, nadar cuanto pudiera y marcharse cuando lo echaran de la piscina, no antes y si fuera por él sería mucho después.

Fuera del equipo de natación las cosas eran similares en las clases, él llegaba se ubicaba en su esquina y de cuando en cuando hablaba con alguien.

En los pasillos, cuando se topaba con Makoto, siempre lo veía rodeado de algún grupo de personas. Sabía lo sociable y buena gente que era su amigo, por lo que no sintió celos pero sabía que el pelicastaño estaba preocupado por él y no le agradaba ser la fuente de tristeza de su mejor amigo.

Eso y su deseo de poder empezar a ganar su propio dinero para pagar sus cosas, le motivó a buscar empleo.

Encontró como mesero en un pequeño restaurante, con dos compañeros de trabajo y como novato al fin aceptó la orientación necesaria. Uno de ellos le recordaba en parte a Nagisa, hiperactivo, siempre alegre y era la vida del local. Muchas chicas iban solo para verle corretear por el local entre pedidos y pedidos.

La otra persona que encontró, era a quien menos esperaba ver, Sousuke, y era con quien menos sabía relacionarse. La última vez que estuvieron cerca, el otro parecía odiarle con todo su ser ¿Qué haría ahora? ¿Le trataría bien? Por unos segundos temió que no lo hiciera.

Sousuke pareció notar el nerviosismo de Haru y se acercó a él, - No te preocupes, reconozco que me extralimité en el pasado, así que disculpa. ¿Podemos reiniciar como si no hubiera pasado nada?

Yo nunca tuve un problema contigo, así que no veo por qué no.

Una pequeña conversación, cuando nadie está predispuesto contra el otro, puede ayudar a iniciar cualquier cosa.

Aunque, al principio la confianza de Haru no fue inmediata, mantuvo su reserva durante un tiempo, a veces poniendo en duda alguna recomendación del más alto, pero cuando pudo comprobar en verdad que Sousuke ya no le tenía esa animadversión confió más en él.

No recordó cuando le dio su número de teléfono ni cuando empezaron a comunicarse. Solo fue consciente de ello cuando un día le preguntaron por la razón de la tardanza de Sousuke. Ahí fue consciente que su centro gravitaba imperceptiblemente cerca del otro.

Buscaba estar cerca para que Sousuke no forzara su hombro, procuraba asegurarse que el otro estuviera ahí al iniciar su turno, hasta en un momento fue reloj despertador cuando llamó a Sousuke una mañana para que pudiera llegar a tiempo a una clase en la que estaba teniendo problemas y si hacía el más mínimo esfuerzo podía recitar el horario del otro de la misma forma que el suyo.

Pero fue más consciente de lo mucho que interactuaban entre ambos cuando una tarde, mientras tomaba su receso en el trabajo, el más alto se acercó a él y le dijo, por encima de su hombro - ¿Te gustaría ir a la piscina este sábado? ¿No tienes clase verdad?

Y de repente Haru descubrió que habían demasiadas terminaciones nerviosas en esa área del cuerpo que el aliento de Sousuke tocaba y rezaba porque el otro no se diera cuenta la forma en que se erizaba su piel, por lo que le respondió un simple – puedo ir, estoy libre.

Y fue ese sábado, y aunque tuvo oportunidad de conversar con el agua y exponerle todo lo que traía su cabeza hecha un nido en esos días, no pudo controlar la forma en que el aire escapó de sus pulmones al ver el pecho de Sousuke al descubierto.

A Haru nunca le ha interesado el ámbito personal, hasta el momento su cuerpo solo se emocionaba con la idea de ser libre, nadando, por ende no se dio cuenta de la mirada que le estaba dando a Sousuke ni como seguía embelesado aquella gota que cayó desde el su cabello hasta perderse en la gran masa que conformaba la piscina.

Tampoco se dio cuenta que sus pensamientos, inconscientes o no, estaban llegando a su destino, hasta que los ojos turquesa de Sousuke se acercaron a él y le miraron fijamente. – Debes estar viendo algo muy delicioso porque tienes rato saboreándote los labios.

El tono de Sousuke le gustaba y su mirada también - La verdad es que sí ¿Tienes algún problema con eso?

Tan directo como siempre.

Y fue la primera vez que sus labios se conectaron con los de alguien, que su cuerpo se emociona al sentir otro cuerpo presionándolo contra la pared de su otro amor, la piscina.

Desde ahí hasta el momento en que confesara a sus amigos que salen juntos, han sido incontables las emociones que el otro le ha hecho sentir. El concepto que mucho había escuchado del amor tuvo sentido en los brazos de aquel nadador.

Está seguro que habrá muchos momentos más y está dispuesto a nadar en ese mar sin cansarse.