Sinopsis: Luego del letargo de Fanfiction donde estuvo en cuidados intensivos les comparto otro capítulo. Debo unas respuestas, lo haré en estos días, una disculpa. Quien quiera hacer contacto en FB me encuentra como Morthred Dankworth, gracias!

Estaban afuera de la Sala de Menesteres.

Estaban afuera de la Sala de Menesteres rodeados por un vendaval y parpadeo veloz de sombra y brillo, ambos dentro de un gran cono borroso que se ampliaba hacia delante en volutas aplanadas y blanquecinas removiéndose. El pasaje finalizaba a unos metros, en formas imprecisas que se agitaban, es decir, hasta donde llegaba la luz de la Linterna Mágica.

No abandonaron la Sala con el hechizo de Aparición, sino que encendieron la Linterna desde dentro. Eso abrió el vértice y golpeados por la corriente de aire que lo atravesaba, cruzaron la puerta sólida. Aquí sentían moverse, pues el corredor del castillo de la Sala de Menesteres se removía lento y elástico al otro lado del cono semitransparente, que centellaba sin parar.

Snape había colgado la Linterna del cuello de Hermione, un objeto mágico sujeto a una cadena, una pieza con forma de disco de cuarzo azul engarzado a un anillo de broce, labrado con signos aritmánticos. En guardia, Hermione apuntaba con la varita a la boca del embudo y la luz de la Linterna iba hacia allá. La Linterna creaba el Vértice del Tiempo.

El entorno parpadeaba una y otra vez. La razón era que su enemigo no podía tocarlos por hallarse fuera de aquel embudo, por lo que, identificando su presencia, regresaba repetidamente en el tiempo para tratar de atraparlos al salir, saturando el sitio de maldiciones. Los destellos eran los Avada que él les lanzaba, uno cada dos o tres minutos, pero por estar dentro del embudo, para Hermione y Snape ocurría más rápido, cada medio segundo, captando el tiempo comprimido en ese titilar.

—¡Los Avada no nos tocarán porque para él ya no estamos aquí! –gritó Snape, en el vendaval- ¡Él regresa en el tiempo, pero nos hemos movido! ¡Vamos a ritmos diferentes! ¡Debemos acoplarnos a nuestro enemigo, para atraparlo!

Hermione veía brotar la luz de la Linterna Mágica hasta tocar el límite redonde de aquel vértice: las formas al final, humanas, se veían aplanadas, unidimensionales: el futuro que se insinuaba.

La castaña dio unos pasos adelante, pocos, dos o tres, y con eso su percepción cambió.

Rodeada del viento, a través del embudo distinguió los vitrales de arriba, y en ellos el Sol cruzando el cielo en bólido, un cometa que surcaba la misma trayectoria continuamente, más o menos brillante si estaba más cerca o lejos de la Tierra. Era el paso del astro durante meses. A intervalos, el cielo oscurecía. Las horas corrían hacia delante a gran velocidad.

Hermione estaba asombrada. Desconocía este efecto del giratiempo, es decir, vislumbrar el futuro, aunque entendía que era visible para ellos por el encendido de la Linterna Mágica… La Linterna permitía entrar en ese cono o embudo llamado Vértice del Tiempo creado por el giratiempo, pero inaccesible a su portador.

En los momentos de oscuridad –semanas de noches, meses de noches comprimidas-, la Luna se transformó, pues el aceleramiento en dirección al futuro redujo la percepción de los días hasta ser menos de un parpadeo, hasta dominar en lo alto una aparente sola noche y en ella un satélite blanco inmóvil, que pasaba por fases en segundos, menguando y llenándose, despareciendo y creciendo. El movimiento de las estrellas se veía en continuas líneas irregulares y lentas como rizos blancos.

Un estallido alrededor cimbró a Hermione, haciéndola mover por reflejo: una explosión iluminó Hogwarts y ella pudo ver la noche por un increíble boquete en lo alto del castillo, en el paso de días acelerados. ¿Qué fue?, se preguntó, asombrada, ¿fue un estallido, es una batalla en el colegio?

—¡Hacia delante está la Luz del Futuro! ¡Uno muy lejano! –gritó Snape- ¡Al terminar el camino a la salida del Vértice, saldríamos seiscientos años a partir de hoy! ¡Regresa!

Hermione volvió sobre sus pasos, girando sobre sí, como le señaló Snape:

—¡Allá! –insistió él, señalando con la varita- ¡A la Luz del Pasado!

Al enfocar en esa dirección, la Linterna Mágica abrió otro cono, pero ya no se vio la Sala de Menesteres, sino un camino largo, con menos viento, aunque en esta sección el Vértice giraba sobre su eje, grande y notoriamente. Por un segundo la castaña se vio en el encuentro de la parte estrecha de dos embudos y alrededor, las líneas arquitectónicas de un Hogwarts diferente: más basto, ciclópeo, de formas barrocas y torpes y casi monstruosas y sintió temor de ver las figuras de ojos inhumanos en los vitrales.

—¡Es el no-tiempo entre pasado y futuro! -aclaró Snape; el aire rugía- ¡Es el Presente Que No Ha Sucedido! ¡Nunca vayas allá!

Le colocó una mano en la espalda, haciendo que los dos caminaran en dirección el pasado, apuntando al frente con las varitas.

Era un camino más corto, por depender del usuario del giratiempo, de su posición que vista desde el vértice era aescasos metros, porque su enemigo había empezado a usar el objeto hace pocos días. Aquí tiempo era igual a distancia.

Con pocos pasos, lo lograron: primero fue un vaho plano al fondo, en el final de la Luz del Pasado que era como un velo, luego apareció una sombra de largos cabellos y por fin notaron que era un hombre: su enemigo, usando el giratiempo.

Él no los veía, por estar fuera del Vértice. Se mostraba como una sombra irregular, distorsionada or aplanarse donde terminaba la galería de la Linterna.

Snape se adelantó, rápido con la varita en la mano. Hermione lo siguió.

A la castaña fue evidente que Snape no sólo trataba de emboscarlo, sino de darle una probada de su propia pócima. El profesor aclaró:

—Está en uno de los primeros sitios donde lo intentó, sígueme, sígueme –enfatizó y en el borde de la luz, sin más, lanzó un hechizo.

El rayo salió de la varita, cruzó el embudo expandiéndose en forma de garra y la sombra al otro lado se estremeció, como si hubiera sido tocada. Era difícil de saber por el movimiento alrededor y por ser él una silueta negra. Hermione quiso saber, al constatar que la sombra desapareció:

—¿Le diste?

Snape no perdía detalle del final del embudo; el viento, que era el viento de las eras, seguía corriendo:

—Es posible, pero el encantamiento no cruza este camino como en el mundo normal; el hechizo puede haber salido del vértice, segundos después que lo envié.

Snape no perdía mirada de la salida al pasado, pues habiendo localizado al enemigo, la Luz del Tiempo lo seguía: el gesto de seria determinación del profesor sorprendió a la castaña. Snape iba a cobrarle a aquel enemigo haber atacado a Hermione: tenía un aire personal.

Una vez ubicado, la Linterna lo rastreó, moviéndose en faro con ellos dentro, yendo tras su enemigo, atraído por el giratiempo que aquel cargab. Ambos elevaron su perspectiva, cruzando segundos y minutos en metros, pero lo que parecía moverse era Hogwarts: una mole propulsada por alguna palanca titánica elevaba en torno a la castaña y Snape, los corredores, aulas, recintos, desplegando torres contra un cielo nuboso de lluvia, que subía hacia las nubes; vieron el castillo por fuera y cuando volvieron a sumergirse en picada estaban en el séptimo piso, atravesando salones como fantasmas y cruzándolos, cuando volvieron a ver a su atacante.

El rayo de la varita de Snape brotó hacia el final de la luz y ahora vieron a aquella sombra rara, estremecerse.

—Él ve esto como encantamientos que salen de la nada; debe estar espantado o preocupado, no sabe que somos nosotros –aseguró Snape; parecía un frío cuervo de venganza-. Lo herí, esto fue antes del ataque en el Vestíbulo. Esto quiere decir que para entonces él ya estaba herido: por eso no nos dejó verlo nunca. Creo que desde que te intoxicó, él ya estaba preocupado por estos ataques de la nada.

El castillo giraba alrededor de ellos en arcos, columnas, galerías, cuadros y escaleras, y Hermione comprendió que iban de vuelta al presente.

El Vértice se desplazó bajando por la Gran Escalera, empujando minutos, hacia el solitario Hall de Entrada. Destellos en la oscura zona de las estatuas de armadura revelaron que su atacante estaba animándolas.

—No puedo atacarlo ahí, ahora -razonó Snape, el viento seguía-, si lo detengo antes de cuando que nos atacaron las estatuas, crearé una contradicción y no volveremos a nuestro tiempo fácilmente.

Aunque consideraron que verían pronto a su enemigo, súbitamente el embudo se movió en la ilusión de hacerlo el castillo y en un vuelco veloz regresaron a la Sala de Menesteres. Reapareció el parpadeo y después hubo algo extraño, pues el embudo enfocado al pasado, se alargó.

—¿Qué significa? –preguntó Hermione- ¿Significa que vamos más hacia atrás?

Snape asintió, serio, estudiando el final de la luz de la Linterna.

—Creo que eso es. Es porque él está huyendo. Se sabe acorralado, Huye o se le acabó la oportunidad de matarnos y quiere intentarlo de nuevo, yendo al principio de estos días.

La luz continuaba brotando del disco que portaba Hermione, quien afirmó:

—Pero eso es un error… corre el riesgo de encontrarse consigo mismo… O si logra herirnos en horas anteriores, cuando no lo hizo la primera vez, creará una paradoja…

El vértice se movía por Hogwarts, persiguiendo al enemigo, quien retrocedía al pasado nuevamente . Debía estar muy preocupado, aterrorizado a decir verdad, como para intentarlo de esta forma. Significaba que la oportunidad se le terminaba. Por eso, estaba a punto de equivocarse gravemente.

—Es una idiotez de su parte –remató Snape–; al tratar de matarme o llevarte en una segunda oportunidad, yendo otra vez por lo ya hecho, se va a embrollar con las modificaciones que haga.

Snape lo pensó dos segundos. La Luz del Tiempo se acortaba, señal que su enemigo estaba por detenerse.

—Hay qué dejarlo ir, Hermione –decidió Snape-; se perderá en el tiempo; en cuanto actúe y eso coincida con un pasaje ya vivido, creará una bifurcación que lo llevara a otro universo y cuando eso suceda, nunca volverá a Hogwarts.

—¿Cómo lo sabremos?

—Cuando el vértice se doble en cualquier dirección. La posición normal es una recta…. bueno… es una curva infinita, pero no la vem…

Snape se interrumpió, pasmado. La Luz del Pasado se aclaró y en el centro de la boca ancha del embudo, su atacante paró el giratiempo y lo vieron, perfectamente iluminado en la oscuridad.

Enorme, de barba y gran cabellera, rasgos robustos, con el giratiempo en las manos. Hermione lo reconoció gritando:

¡Hagrid!

Rubeus Hagrid.

Snape sopesó las posibilidades y dictaminó, aunque igualmente sorprendido:

—Está bajo control de un Imperius… Por eso cuando leí su mente no capté nada extraño. El cambio debió ocurrir mucho antes de estos días, semanas o meses atrás… Debió querer atacarnos desde la Torre, la primera vez… Por eso tanto pensar sus ataques. Mano a mano aun por sorpresa tenía probabilidades de morir, pero ahora lo invadirá el pánico y sólo obedecerá al Imperius. Apaga la Linterna, vámonos.

—¡Severus! –Hermione exigió, preocupada- ¡No podemos dejarlo! ¡Es Hagrid!

Snape se humedeció los labios y se la pensó: miró hacia todos lados sin mover la cabeza: el Vértice no estaba doblado sobre sí. Habría sido capaz de dejar a Hagrid para salvar a Hermione, pero todavía se podía rescatar al semigigante.

Cuando Snape dio un paso hacia Hagrid, he aquí que éste quedó dentro del embudo.

Hagrid volvió a usar el giratiempo y por hacerlo cerca del vértice, éste lo buscó y alagándose, lo atrapó. Hagrid se hizo del todo visible y lo más probable fue que sin saber dónde estaba, sostuvo el mecanismo de retroceso.

¡No! –gritó Snape lanzándole otro encantamiento.

Al golpearlo, Hagrid salió brutalmente disparado hacia atrás, en un gran destello.

—¡Apaga la Linterna! –ordenó Snape.

Girando el disco, la Linterna se apagó, con lo cual el embudo desapareció en neblina inmóvil.

No se movieron. Ni viento, ni ruido. Era de noche y estaban en Hogwarts. La galería se alejaba con sus arcos.

Hermione corrió tras el giratiempo en el suelo, lo recogió y se lo colgó. Hagrid, desmayado en el piso, ya no podía atacarlos con esa ventaja.

—No trae el paraguas –observó ella.

Snape buscó entre las ropas del caído y sacó una varita.

—Sea la suya que esconde u otra… se la guardó.

Atendiendo, Hermione escuchó el rumor de la llovizna afuera.

No obstante, eso no lo dio seguridad. Por lo que entendía del funcionamiento de la Linterna Mágica, el que Hagrid usara el giratiempo dentro del embudo pudo causar que el proceso los lanzara mucho más atrás de su época.

Snpe captó el curso de los pensamientos de la Gryffindor y completó:

—Es la misma época del año, pero debe ser más atrás de nuestro siglo. Distancia es igual a tiempo en el Vértice, y Hagrid estaba bastante lejos de nosotros.

Hablaban en susurros. La castaña entendía que si era así, si habían ido a un siglo anterior, pese a estar en Hogwarts podían no estar en buenas manos. El colegio tuvo varias épocas peligrosas, como la de ellos.

Finite Incantatem –declaró el de Pociones, haciendo el pase sobre Hagrid.

—¿Servirá?

—No lo sé. Confío que la voluntad de Hagrid se imponga. Incluso sospecho que parte de su mente se ha resistido a lastimarte, Granger. Su aspecto era muy conflictuado.

—Salgamos de Hogwarts –indicó ella.

Snape aplicó el Incarcerous al desmayado Hagrid, dejándolo atado y después le aplicó el hechizo para dormir. No podía hacer mucho más.

Con otro pase, se encontraron en Diagon. Aun sin mayores referencias les era del todo probable que no estaban en su propio tiempo.

Y Diagon, con los negocios conocidos, estaba sumido en la sombra, y el piso encharcado por la lluvia que caía. Curiosamente, a Hermione le pareció que esa penumbra tenía otra cualidad. Los fuegos mágicos eran escasos a lo largo del callejón, como si sus habitantes estuvieran muy acostumbrados a estar en sombras durante la noche. Era una oscuridad densa.

Hermione aplicó a todos el Impervius, para protegerse de la lluvia, y Snape llevó al dormido Hagrid a una callejuela entre dos comercios, apoyándolo contra un muro. El silencio era pesado.

—¿Cuál es nuestra situación? –preguntó Hermione– ¿Podremos regresar?

Snape asomó por el callejón, asintiendo.

—Al haber apagado la Linterna, nuestra cadena de sucesos nos atraerá. No sé si es fortuna o no el hecho de que cada ser está atado a su red de causas y efectos. Por lo pronto, debemos guarecernos. ¿Tienes idea de qué época es? No quiero mover nada, ni para buscar un calendario.

—Oh…

—¿Qué? –la miró; ella observaba del otro lado de la calle.

Al voltear allá, Snape leyó el rótulo de un comercio: Pociones para Embellecer de Madam Primpernelle.

—¿Te revela algo? –indagó él.

—Me llama la atención la casa al lado, el número 277 –comentó, pensativa-. Sí estamos en el pasado. Esa casa ya no existe en nuestro tiempo.

Snape no era con ella como la mayoría, de opinar "sólo tú puedes saber eso". A él le provocaba admiración verla desplegar sus conocimientos:

—Esa casa que ves, será demolida y vuelta a edificar en 1922 –explicó Hermione-. La que tenemos enfrente es de un hermano de los Primpernelle, pero tendrán problemas por el negocio y él se marchará. Otra familia, una rama de los Ollivander, la reedificará más a su gusto… no te contaré la historia, la supe al estudiar la historia de la fabricación de varitas… –y concluyó- Estamos en 1800.

Snape pensó a su vez. Ellos hacían excelente equipo para pensar y actuar. De haber trabajado juntos en la guerra, habrían hecho la mejor mancuerna de todas.

—Debemos esperar a que el vértice nos rebote –consideró él-. Y no es buena idea escondernos en Diagon, además reteniendo al tonto de Hagrid –lo reacomodó de espalda a la pared-. ¿Qué dices ir al mundo muggle?

Ella se interesó y de hecho sus ojos brillaron con curiosidad.

—¿A dónde?

—Es la misma época del año que en nuestro Hogwarts. Hay una estudiante de Ravenclaw que está de vacaciones -se limpió las manos-. Vive en Bath. Es Jane. Jane Austen.