Card Captor Sakura
Sakura / Syaoran
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Capítulo II
Tal como había predicho, Syaoran no quiso escucharme. Intenté hablar con él durante las siguientes tres semanas, pero aparentemente él se había dado a sí mismo el objetivo de nunca dar conmigo, porque no lo podía encontrar jamás en ningún lugar, ni por los pasillos, en el comedor, tampoco en la tienda de la escuela y no estaba segura cómo, pero cuando intenté en distintas ocasiones esperarlo fuera de su salón, él se desvanecía haciéndome quedar como una tonta esperándolo; el mensaje estaba claro. Él no deseaba oírme.
A esas alturas ya todos sabían que Eriol Hiragizawa, el chico que me amenazaba, y yo éramos "novios". Cada vez que él se acercaba incitaba en mi la necesidad de cavar un hoyo y enterrarme ahí, para que jamás me encontrara, pero no tenía tanta suerte. No creo haber sido tan desdichada en mi vida como lo estaba siendo ahora. Cada vez que le pregunté por qué hacía lo que hacía él sólo respondía con una sonrisa que me hacía querer agarrarlo del cuello y asfixiarlo; parecía como si todo para él fuera una broma y no cuantificaba cuánto daño me estaba causando. Procuré nunca decírselo para no darle más poder sobre mí.
La distancia con Syaoran me dolía. Lo extrañaba y cada vez que lo veía a lo lejos hacía que me cuestionara si realmente había sido alguien para él, y que tal vez todas esas señales que me pareció ver alguna vez las había creado yo y mi vasta imaginación, eso además del humano sentimiento de buscar y querer sentirme correspondida por el ser que al uno quería.
Después de cuatro meses empecé a preguntarme si lo que había compartido con Syaoran había sido real. Hiragizawa seguía chantajeándome con esas fotos, que parecían ser la única evidencia de que lo que tuvimos Li y yo no había sido producto de mi imaginación.
El tiempo comenzó a pasar cada vez más rápido, y era lamentable aceptar que a pesar de lo que uno quisiera, el mundo sigue girando aún cuando uno no esté demasiado dispuesto a seguir ese ritmo, si no que por mera inercia se avanzaba.
Eriol, quién me exigió que lo llamara por su nombre, comenzaba a ser mi única compañía, aunque me costara admitirlo. Las amigas que tenía comenzaron a alejarse de mí y de mi apática actitud… y no las culpaba, yo también me hubiese alejado de mi misma en caso de haber podido ser posible.
Eriol en cada receso me esperaba sagradamente fuera del salón. Nunca me exigió nada, y el único beso que había tenido que darle fue ese fatídico día en el cuál todo comenzó hacía ya seis meses. Al menos podía creerle que era una persona que hacía valer su palabra, y si no fuera porque siguió amedrentándome con las fotos, podría haber empezado a pensar que se sentía culpable por lo que me estaba haciendo. Lo cierto era que comenzaba a acostumbrarme a tenerlo cerca y no mucho tiempo después simplemente acepté que lo de Syaoran y yo era algo que era parte del pasado y que había sido algo unilateral. Si él hubiese estado realmente interesado en mí, me hubiese dado la oportunidad de explicarle lo que había pasado y cuando razoné eso decidí que debía dejar de alimentar las falsas esperanzas que pude haber conservado e intenté empezar a pasarlo mejor con lo que tenía, no con lo que aspiraba a tener. Me concentré en mis estudios, en los deportes y si Eriol era el único que, por razones que aún desconocía, quería estar cerca de mí a tal punto de obligarme para poder lograrlo, iba a aceptar su compañía.
Hiragizawa por lo que deduje, era una persona solitaria. Un día me dijo que él se consideraba "amigo de todos y de nadie" y comprendí a lo que se refería, porque aunque nunca lo vi con nadie de su mismo grado, parecía llevarse bien con todos. Eriol parecía disfrutar el jugarme bromas de mal gusto, decía que era "muy despistada" y no podía refutar aquella aseveración, porque seguía cayendo en sus jugarretas, hasta que incluso comenzó a darme risa a mí también, si trataba de olvidar el asunto de la extorsión – y realmente no podía - él hubiese sido una de mis personas favoritas. Reí con un juego de palabras que no entendí en ese preciso momento, pero que comprendí segundos más tarde, reí de verdad, como no lo hacía mucho tiempo. Nos encontrábamos fuera de mi salón y repentinamente, después de meses, vi a Syaoran Li a menos de tres metros de mí y reconocí el olor del suavizante que solía usar en su ropa. Me congelé, comencé a temblar. Él caminó frente a mi sin siquiera dirigirme una sola mirada y me di cuenta que cualquier avance que pude haber hecho a lo largo de esos meses, se fue directo al tacho de la basura. Su presencia hizo de pronto que me sintiera culpable de haber intentado ser un poco más feliz, porque había sido un intento realmente infructuoso y pobre. Todos los sentimientos que tenía por él, que podía clasificarlos entre un profundo deseo y el enojo propio de quien se sabe no correspondido, más bien conocido como despecho, se agolparon súbitamente en mí, y no supe cómo había sido realmente capaz de sobrellevarlo en esos segundos que me parecieron eternos. Hiragizawa lo notó y trató de acercarse, pero todo resentimiento que se había apaciguado con el tiempo acerca de lo que él había provocado, renació. Syaoran Li seguía doliendo tanto como hacía seis meses y si él no hubiese intervenido, probablemente todo seguiría estando bien nosotros.
Calmadamente fui al baño y me encontré con una chica de pelo largo y oscuro que me pareció de algún modo familiar, ella me quedó mirando extrañada y hubo algo que encontré en esos ojos que me hablaban de una autentica preocupación hacia mí, y sin cuestionarme los motivos la abracé y lloré lo que no había llorado en todos esos meses de tensiones acumuladas. Ella se quedó conmigo esa hora de clases y aceptó junto conmigo el castigo que más tarde nos dio el profesor por no aparecer a inglés sin perder en ningún momento la sonrisa. El nombre de esa chica era Tomoyo Daidouji y resultó ser mi compañera de clase. Me sentí abochornada cuando recién después de ese suceso me di cuenta de que ella existía y me hizo percibir que por estar tan concentrada en mí no estaba notando cosas que tal vez podrían ser importantes. Tomoyo nunca preguntó qué había pasado y se lo agradecí.
El fin de año se acercaba a pasos agigantados y el sólo hecho de dejar de ir a la escuela era el panorama más prometedor en mi futuro más próximo. Eriol no estaría el próximo año y eso auguraba un mejor porvenir. Hiragizawa prometió terminar con la amenaza tan pronto llegara fin de año y quedaba un mes y unos días para que esa tortura acabara. Sabía que eran sólo palabras, pero no me quedaba más que confiar en él.
Tomoyo fue una luz en el oscuro callejón de soledad al cual estaba guiando mi vida. Desde pequeña no tenía una amiga principal, de esas que te acompañan incluso a hacer una larga fila para poder hacer un trámite engorroso, que te llevan las tareas cuando estás enferma para ir a clases y de las que hacen los trabajos contigo aún cuando sabe que es posible que tenga que hacer la mayor parte.
El año escolar terminó y Eriol finalmente se graduó. Sentí como el aire era menos pesado, el día era más brillante y era como si además me hubiesen quitado una gran mochila de los hombros después de haberla cargado muchísimo tiempo. Fue revitalizante ver que esta pronto a desaparecer de mi vida.
No podía creer cuán rápido pasó el tiempo y por lo mismo sentí que las vacaciones duraron menos de lo que dura un suspiro. A paso lento llegué a las tarimas donde estaban anunciados los cursos y los salones asignados a estos. Busqué mi nombre esperanzada de seguir este año con Tomoyo, pero comencé a pensar egocéntricamente que la persona que se encarga de la reestructuración de cursos tenía algo personal contra mí, porque justo cuando pensé que podía ser todo mejor, me encuentro de frente con la realidad de que no estaría con ella. Resoplé de frustración y fue inevitable que mi decepción no se manifestara en mi rostro. Iba ya resignada a mi nuevo salón de clases, medio cabizbaja, he de aceptar, cuando alguien me agarró de la muñeca bruscamente y repentinamente una voz que no reconocí del todo me habló.
—¿Estás decepcionada de que tu querido Eriol no esté este año? ¿O es que te molesta demasiado el que volvamos a ser compañeros de curso? – dijo Syaoran con altanería tomando completamente desprevenida.
Después de casi un año sin oír su voz que casi no reconocí porque sonaba distinta y más grave, y sin sentir sus manos tocándome, mi cuerpo reaccionó como si no hubiese pasado ni siquiera un día. Un calor impropio se apoderó de mi cuerpo, sentí como mi rostro adquiría una tonalidad carmesí y mis extremidades inferiores se debilitaron. Me encontré a mi misma hiperventilando, pero había aprendido a no dejarme en evidencia. Había adquirido esa habilidad después de haber sobrevivido a las amenazas de Eriol.
—Suéltame – exigí no deseando realmente que lo hiciera.
Syaoran me soltó la muñeca bruscamente y tan pronto lo hice extrañé el contacto. Lo observé mejor y había crecido por lo menos veinte centímetros desde que habíamos estado así de cerca. Él me miró desafiante y me regaló una sonrisa sarcástica que personalmente odié.
Desde ese primer día de clases, aunque estábamos en el mismo salón, no hubo más contacto y pasó una semana completa. Imaginé que así sería el resto del año. Verlo a diario hacía que el estómago me doliera como si viviera en una constante angustia y yo debía ser masoquista, porque buscaba encontrarme con su mirada que no tenía para mí un solo ápice de calidez. Eso pensé hasta que después de la clase de educación física, esa primera semana, la última hora de clases, Syaoran me acorraló dentro del vestuario de mujeres. Me había demorado porque había sido la encargada de guardar los materiales que habíamos usado en clases y era la única que quedaba en esas inmediaciones. Me asusté, pero al mismo tiempo sabía que no era miedo lo que su cercanía me causaba. Él me miró de una forma que había visto antes y juro que por un instante, cuando me levantó y se metió conmigo a la ducha que yo había abierto justo antes de darme cuenta de su intrusión, no comprendí que era lo que pretendía, eso hasta que pude percatarme de que él estaba excitado. El agua había transparentado mi camiseta blanca y se podía apreciar a través de esta mis pechos que él miró sin ninguna clase de disimulo. Él posó su mano en mi seno izquierdo y cerré los ojos al reconocer ese contacto. Lamió mi cuello y ascendió hasta acercarse a mis labios. Hizo alrededor de tres amagos de besarme, pero cuando estaba a punto de hacerlo se alejaba y me desafiaba. Mi corazón estaba latiendo a mil, no podía creer lo que estaba pasando. Deseaba sus labios y sin poder aguantar más ese juego lo atraje hacia a mí y fue explosivo el sentir su lengua contorsionarse con la mía. Quise quitarle todo el aire a través de aquel contacto tan anhelado, no deseaba acabar con el beso y él en apariencia tampoco lo quería, porque me besaba con tan profundidad que la intimidad era casi tan intensa como si estuviéramos teniendo sexo, y fue cuando pensaba en eso que Syaoran tan mojado como yo lo estaba, dejó en evidencia el estado de su excitación que yo había podido sentir pero que verlo fue algo completamente distinto. Comprendí entonces lo que él quería; él no me iba a obligar, Syaoran buscaba que le demostrara con hechos qué era lo que yo esperaba que pasara a continuación y mirándolo sin siquiera pestañar una sola vez, considerando que abajo sólo tenía la ropa interior que no había alcanzado a quitarme, desvergonzadamente la corrí para darle el acceso que él, sin demasiada sutileza, había solicitado. El agua seguía corriendo y él en una mirada fogosa y un rápido movimiento, me invadió. Había pasado poco menos de un año desde la última vez y no sé si fue eso o él se había hecho más grande en ese transcurso de tiempo, pero me costó un poco acostumbrarme. Había perdido la práctica. Me afirmaba de sus hombros y con mis caderas ayudaba a que las penetraciones fueran más profundas. Traté de controlar mis gemidos respirando sólo muy agitadamente en su oído y la verdad no necesité mucho más. No estaba segura de si era por el tiempo que había estado sin él, porque era él Syaoran o la situación fue muy sensual, pero alcancé el orgasmo tan pronto sentí que él se abandonaba al suyo. Terminamos jadeando buscando aire y pude notar cómo él perdía vigorosidad, en el amplio sentido de la palabra. Parecía como si su fuerza se hubiese visto disminuida después de aquel desgaste evidente de energía. Syaoran cortó el agua de la ducha y fue como si la magia de aquel encuentro se evaporara junto con esa acción, porque ambos salimos del transe en el que la lujuria nos arrastró y al menos yo recién entonces me di cuenta de que estaba en los vestidores de la escuela, a vista y paciencia de quien se le ocurriera entrar. Syaoran adquirió una expresión extraña en su rostro, comenzó a acrecentar la distancia entre ambos, se arregló como pudo, sin hacerlo demasiado bien y salió corriendo sin que yo alcanzara a decir algo. Me resbale y quedé sentada en la fría y aún humeda baldosa de la rudimentaria ducha, aún atónita por lo que acababa de vivir. Sin detenerme a estudiar la situación me di una ducha de agua helada y me vestí en tiempo récord.
El fin de semana, a diferencia de cómo había sido el flujo de tiempo antes de aquel más que inesperado encuentro con Syaoran, pasó lento. Lo agradecí porque aún no estaba segura acerca de cómo debía enfrentar la situación. Todo me indicaba que no las cosas no iban a cambiar, pero quería creer que si lo harían, sobre todo al notar cómo me dolía mi intimidad que hacía que fuera un constante recordatorio de lo que había hecho. Sin embargo, tal como había imaginado en un principio, al llegar a clases temprano ese día lunes, Li, que era como había determinado que le diría a partir de ese día, aún sabiendo que yo había llegado porque lo vi mirándome por el rabillo del ojo, no se volteó. Tomé en ese mismo instante la resolución de cambiar mi actitud, ya era suficientemente malo que Tomoyo y yo no estuviéramos en el mismo curso como para hacerme las cosas más difíciles a mí misma. Estaba harta de la autocompasión. No me habían criado para ser una sombra entre la muchedumbre y yo tampoco me sentía demasiado conforme en lo que había terminado convirtiéndome. Ni Li ni nadie debían tener ese poder en mí.
Saludé a todos, y algunos que me miraron extrañados por mi repentino interés pero aún así me devolvieron el saludo, pero no le di la más mínima importancia a quienes me ignoraron.
Empecé a prestar más atención a las clases y a mis compañeros, quienes fuera de aislarme, me facilitaron la existencia al permitirme unirme a ellos. Era destacable como la vida se hace más llevadera si uno está empeñado en no creer que es una víctima de las circunstancias. Era un cliché y cosas de ese tipo me que perturbaban, pero cuando oía decir a la gente que "si la vida te da limones, has limonada" empezaba a comprender a cabalidad a qué se refería. Tenía un grupo de compañeros de curso con los que me juntaba y terminaba haciendo las tareas, eran tres chicas y el novio de una de estas. No compartía con ellos como lo hacía con Tomoyo, pero pasaba un rato agradable a su lado.
Ese día me levanté pensando en cuánto quería comer chocolate, pero al salir tarde de casa no tuve el tiempo suficiente para poder adquirirlo de camino a la escuela, por lo que en el receso les dije a mis compañeros que iría al negocio para poder obtener mi precioso derivado del cacao, pero cuando pasé por el corredor que estaba en el primer piso, que era un atajo para llegar más rápido a donde necesitaba ir, Li apareció de la nada y me arrastró hacia un salón que estaba en desuso. Corría el rumor de que ese salón se encontraba cerrado no por causas normales y era todo un mito escolar acerca de qué había en ese lugar; unos decían que habían frascos con animales muertos, otros que lo habían clausurado porque un chico había tenido un accidente y había muerto tras golpearse la cabeza en el escritorio y que la sangre aún podía verse, y el más irreal y descabellado era que esa sala no era normal y que al entrar se distorsionaba el tiempo y el espacio. Debo reconocer que el último y que pensaba que era el más idiota de todos, fue lo que más parecido tuvo con lo que viví en ese salón. Perdí la noción del tiempo cuando Li buscó mis labios. Su respiración se oía agitada y había tanta pasión en cómo me tocaba que apagó mis sentidos: el de alerta y el común. Él estaba excitado y buscaba que le correspondiera, y aunque me gustaba y quería, sabía en una pequeña fracción de moralidad que me quedaba, en una proporción de una a cien, que si daba cabida a que él hiciera esa clase de cosas cuando él estimara conveniente no me respetaría más. Traté de negarme sin hacerlo demasiado convincente me imagino, porque subió mi falda y sin que alcanzara a evitarlo, dos de sus dedos alcanzaron mi punto más sensible más rápido de lo que creí posible, anulando cualquier atisbo de reticencia que pudiera haber quedado en mi. Sus dedos me exploraron con maestría y dedicación y comencé por primera vez a imaginar si él en todo ese tiempo había estado con otra mujer. Herví en mis propios celos al imaginarlo en una situación tan intima como la que estábamos nosotros ahora. Conmigo no había caso; estaba enamorada de él y reaparecía para hacerme la vida más difícil cuando esta empezaba a ser más admisible. Li seguía hurgando en mi interior, haciéndome suspirar cada vez que sentía aquel roce acercarme al clímax. Él sabía lo que hacía y me hacia desesperar cuando estaba al borde de alcanzarlo y se detenía. Me encontraba completamente húmeda a esa altura, estaba demasiado estimulada y receptiva con sus caricias, y creo que él hubiese seguido torturándome un rato más de no haber oído el timbre que anunciaba el fin del receso y el inicio de un nuevo periodo de clases. Retiró su mano casi al instante, sacándome de ese estado sublime en el que me encontraba, sin hacerse responsable de lo que él mismo había iniciado. Me dio la espalda para marcharse y no lo soporté, lo afirmé de la ropa y le demandé que se volteara, le exigí que volviera a darme la atención que me estaba dando no hacía mucho. Desabroché su pantalón y vi como en sus ojos la expresión dura y burlona que había adoptado desapareció para reemplazarla ahora por una de lujuria, que fue la misma que recordé de esa ocasión en el vestidor de mujeres y junto con eso y mis irrefrenables deseos de él… firmé mi propia sentencia…
Continuará...
¡Muchísimas gracias por la recepción que tuvo esta historia y los buenos comentarios! Cada uno de ellos hacen que me motive a escribir más rápido, porque cuento con el tiempo (vacaciones de la universidad) y las ganas :D
saku-princess: ¿En serio? Ojalá que no se haya quedado sólo en un promesa... espero saber qué piensas de este capítulo ;)
Camili: Jajajaja ¡tu review fue muy chistoso! No es mi intención ser cruel... pero a veces uno debe serlo... conseguí que me dejaras saber tu opinión, ¿ves? De verdad espero que el embrujo siga y no se termine... sé de primera mano cuan decepcionante es leer una historia que pierda su magia... y si, esta historia tendrá muchos lemon, espero que eso no desvie tu atención =X
Sakura Kinomoto Amamiya 26: ¡Hola! ¿Avanzó como esperabas? ¿Para bien o para mal? Espero que me dejes saberlo con otro maravilloso review en este nuevo capítulo. ¡Saludos!
roxelanali: Lamento haberte provocado tristeza 8( Espero compensarlo de alguna forma con este capítulo... y si no, en los siguientes. Cuídate, ¡muchos saludos!
ValSmile: ¡Holaa! Tiempo sin saludarte. Espero que todo esté bien. Qué gusto me da verte aquí también. Tenemos gustos medio parecidos jajajaja. En fin, todo un gusto, como siempre, obvio, en leer tu opinión, espero seguir contando con tu apoyo. ¡Gracias!
kirkxD: ojalá y no se quede sólo en un inicio interesante y que si te parece que asi fue, me lo hagas saber para compensarlo y remediarlo ;)
A todos quienes agregaron además la historia a favoritos y la siguen, muchos saludos también.
