Card Captor Sakura
Sakura / Syaoran
Advertencia: clasificación M (+18)
Capítulo IV
Su saliva tuvo el efecto buscado, porque fue como un analgésico a la angustia que se apoderó de mi mente y que repercutía en un punto entre la faringe y la garganta. Había pensado en hacer lo que Li sugirió antes en su departamento, pero cuando él me lo dijo primero arrojó mis planes por un precipicio. Leí el mensaje escondido entre líneas, tras la palabra "amigos". Era para ponerle un fin a lo que fuera que tuviéramos y hubiese sido más fácil ser quien pronunció esas palabras que ser quien las receptó. Estaba tan abstraída con mis pensamientos que besaba a Eriol por impulso y quise tanto dejar de pensar que demandé más cercanía con él. No sentía lo mismo que con Li, pero me hacía sentir algo parecido a lo que se siente cuando estas bajo anestesia local. Me empiné y lo abracé y fue cuando él me alejó suavemente. No quería que viera mi rostro, así que escondí mi rostro en su pecho y permitió que me quedara ahí hasta que lo solté por voluntad propia.
—Muchas gracias por venir – susurré sin mirarlo.
—Si hubiese sabido que me recibirías así, hubiese llegado en la mitad del tiempo que me demoré – contestó él coquetamente.
Reí. Necesitaba eso, y él me lo proporcionaba sin esforzarse demasiado.
—¿Puedo preguntar el por qué? – consultó dudoso.
—¿Me contarás por qué estás de regreso? – respondí con otra pregunta.
—De acuerdo. Te contaré y tú me dirás a mí cuál es tu problema – concedió.
Lo observé cruzarse de brazos y buscar una banca. Estábamos en el Parque Pingüino, por lo que encontrar una no le fue demasiado difícil. Me invitó a sentarme a su lado con un gesto y yo obedecí.
—¿Sabes? Toda la vida pensé que era muy inteligente y todos me lo decían, por lo que comencé a creerlo en serio. Nunca estudié y sin embargo aprobaba con sobresalientes, pero al salir de este pueblo... Allá donde fui hay gente mejor que yo… infinitamente más capaz… y me di cuenta de que el nivel de dificultad era mayor al que creía. Traté de llevar la misma vida allá, sin estudiar y cuando comprendí que debía tratar de hacerlo como las personas normales, y me quemaba las pestañas estudiando hasta la madrugada y no obstante aún así fracasaba una y otra vez… simplemente no pude más. Huí. Esa es la verdad. No sirvo para eso y no pude con las expectativas que tenía de mi mismo – confesó sentidamente
Ahora comprendía el por qué evitaba hablar del tema. Sin conocerlo demasiado podía decir que era una persona orgullosa y un hombre seguro de sí mismo. Aquello debió haberle afectado mucho. No era nadie para opinar o decirle algo así que opté por responderle con mi parte del trato.
—Syaoran y yo nunca tuvimos una relación formal, que digo formal, ni siquiera normal. Eso incluye ese tiempo en el que tu muy oportuno, como siempre, nos encontraste. Él terminó lo fuera que tuviéramos hoy y me pidió que fuéramos… amigos– solté de golpe y no pude evitar hacer hincapié en la palabra "amigos". No le di más detalles.
—Vaya… - acotó él.
—Si… vaya… - recalqué yo.
Eriol se acercó de nuevo y rodeó su brazo izquierdo por sobre mis hombros e hizo que mi cabeza se apoyara en él. Me sentí protegida y totalmente contenida. Creo que ambos lo necesitábamos porque sólo nos quedamos ahí, mirando a la gente pasar sin que una sola palabra perturbara la tranquilidad recientemente adquirida y tan necesitada. Me atrevía a decir que por los dos.
Mi relación con Eriol era casi platónica. Todas las chicas mencionaban la bonita pareja que hacíamos y que él parecía muy devoto, yo sólo sonreía ante los comentarios. La verdad es que él me gustaba en cierto modo, habíamos llegado a acercarnos más después de ese día, pero cuando Tomoyo y él se juntaban era como si mi existencia pasara a un plano astral. Me sentía mal por Eriol, veía en sus ojos que ella le agradaba de verdad. Nunca lo expresó, pero el poco entusiasmo que manifestaba era cuando hablaban de sus gustos en común, gustos de gente con veinte o treinta años más de los que ellos tenían. Aún cuando ya no lo odiaba, hacía como que no me daba cuenta sobre lo que pasaba. Creo que de algún modo retorcido quería hacerle pagar por el chantaje que sufrí el año anterior, y elegí seguir viviendo la fachada de aquella falsa relación que muy de vez en cuando y por breves momentos dejaba de ser ficticia. Compartimos más de par de besos en ese periodo. Sin embargo aunque Tomoyo parecía absorta y muy inmersa en sus conversaciones con Eriol, no había un solo indicio que me indicara que ella tuviera alguna clase de interés en él. Ella era muy hermética, a veces demasiado.
Por otro lado estaba Syaoran Li, mi nuevo flamante "amigo". Tenía que reconocer que él se esforzaba más que yo por esa "amistad". Sentía que cada gesto hacia mí era como restregarme en la cara que él no era alguien a quien pudiera tener. A veces sentía enormes ganas de gritarle todos lo que sentía por él, de pedirle disculpas si es que lo había lastimado y de rogarle a quien fuera que por favor me cambiaran de grupo para no tener que pensar esas cosas mientras se supone que debería estar ocupada aprendiendo contenidos formales.
Mis notas sufrieron una caída estrepitosa. Nunca destaqué demasiado en nada, menos aún en matemáticas y música y exceptuando educación física mi rendimiento era menor al del promedio, pero de igual manera aprobaba acomodadamente las asignaturas. Últimamente lo peor tortura era cuando entregaban los resultados obtenidos de los exámenes y los profesores tenían la manía de entregarlos en orden descendente, y la mía si no era la última me sentía agradecida, pero tampoco nada para enorgullecerse, porque era la penúltima.
Una vez que terminó la hora de clase, el profesor me dio una mirada desaprobatoria al revisar mis ejercicios y me citó después de que acabaran las clases ese mismo día. Estaba asustada, nunca era nada bueno que el profesor titular te llamara a conversar con él a solas. Entré tímidamente al estrecho habitáculo predispuesto para esos fines, y después de preguntarme delicadamente si tenía alguna clase de problema en casa que estuviera desviando mi atención de "lo importante y que era mi única obligación" fue directo y claro: estaba arriesgando repetir el curso. Las lágrimas comenzaron a caer y sabía que estaba haciendo sentir incomodo al profesor pero era autenticas e incontrolables, y todos sabíamos que era rudo, pero que en el fondo era muy suave y entre sollozos le pedí si por favor me podía cambiar de salón. Me interrogó sobre si sufría alguna clase de abuso por parte de mis compañeros, y le explique que simplemente no me sentía agradada. Me preguntó serio si estaba segura de que un cambio de curso era lo que necesitaba para mejorar y yo fui enfática diciéndole que sí. Dijo que no me prometía nada, pero que haría todo lo posible, me sequé las lágrimas y un poco más esperanzada salí de ahí.
Me fui a casa a paso lento. Nadie me esperaba de todos modos así que si me demoraba un par de minutos más nadie jamás lo sabría. Anhelaba acostarme, después de llorar siempre sentía los ojos pesados y me daba sueño. Al entrar cerré la puerta y sólo unos segundos después, mientras me quitaba los zapatos en la entrada, alguien llamó a la recientemente cerrada puerta. Miré la hora y no cabía ninguna posibilidad de que fueran mi padre o mi hermano. Además ellos no tocarían, sólo entrarían. Extrañada abrí y me encontré con Syaoran Li en persona.
—¡Li! – exclamé sorprendida.
—¿Puedo pasar? – consultó con desalentada.
—P-pasa… – le permití el acceso nerviosamente, no entendiendo qué hacía ahí.
Él se quitó los zapatos y nos sentamos en los sillones. Pasados unos minutos ninguno hablaba, y le ofrecí un té, ilusionada de que aceptara para poder ahorrarme esa intranquilidad que sentía de tenerlo en mi casa, aunque fuera por un breve momento, no obstante no estaba de suerte, porque no aceptó. Miraba la hora en el gran reloj frente a mí, como si por estarla viendo todo el tiempo, la hora avanzaría más rápido, hasta que él interrumpió mi fijación recientemente adquirida.
—¿Esperas a alguien? – preguntó con una voz nerviosa.
—No – respondí lamentando no haber sido más lista y haber respondido que sí.
Li se levantó y caminó hacia mí, se arrodillo frente a donde yo estaba sentada. Me incliné hacia la orilla de mi asiento de manera autómata, asombrada por aquel acto de repentina cercanía y quedamos a la misma altura.
—¿Li? – lo llamé por su apellido.
Algo le molestó. Hacía tanto tiempo que no veía esa expresión en esos ojos, pero era imposible que no reconociera esa emoción en él. Sus ojos a veces me hablaban tan claramente...
—Li… Li… Li… ¡Eso es todo lo que sabes decir ahora! – expresó subiendo el tono de su voz, pero sin alejarse.
—¿Qué es lo que te pasa? – pregunté entre irritada y asustada.
—¡Pasa que no soporto que me digas Li! – exclamó iracundo.
—¿Cómo se supone que te diga entonces? – le contesté exaltada también.
—Hubo un tiempo en el que me decías Syaoran – murmuró apenas audible.
—Pero ese tiempo ya pasó…- agregué con pesar - Tú fuiste quien habló de ser amigos.
—¿Y qué más puedo ser si tienes a alguien en tu vida? – consultó colérico.
La distancia desde la que hablábamos no podía ser prudente. No era normal ni sana, pero ninguno de los dos se movía un solo centímetro. Debo reconocer que desde hacía un rato había dejado de oír sus palabras y sólo veía esos labios que se movían y me invitaban a besarlos, pero no quería volver a esa etapa donde ambos nos faltábamos el respeto asaltándonos sexualmente sin considerar la opinión del otro. Humillando al otro, así que simplemente se lo pregunté.
—Quiero besarte, Syaoran. ¿Puedo hacerlo? – le solicité con completa honestidad.
Nunca llegué a oír su respuesta pero si sentí sus labios gentiles sobre los míos. Era un beso de descubrimiento y reconocimiento. Sus manos se posaron en mis mejillas acariciándome tímidamente con ambos pulgares y como reacción en cadena las mías se dirigieron directo a sus orejas. Recordé que a él le encantaba que lo hiciera. Abrí la boca y delineé sus labios con la punta de mi lengua y recorrí su boca con ella. Busqué su lengua y una vez que satisfice mi necesidad de contacto con aquel húmedo órgano muscular. Mordisqueé su labio inferior suavemente y él lo hacía conmigo cuando era su turno. El filo de sus dientes en mis labios era peligroso y sublime: esa era la clase de beso que nos dábamos antes de que todo cambiara. Sin que lo deseara, él se separó de mí, pero no retiró sus cálidas manos de mis mejillas ya acaloradas por la súbita e inesperada emoción.
Apoyé mi frente en la suya y cerré los ojos. La situación parecía un sueño.
—Sakura… – habló el rompiendo la magia de ese momento.
—¿Qué pasa? – pregunté con miedo.
—No te cambies de grupo. No lo hagas, Sakura… - pidió, aunque sonó casi a un ruego.
—¿Cómo sabes…? – consulté sorprendida de que supiera algo que no le había comentado a nadie excepto a nuestro profesor - ¿Estabas escuchando?
Me avergoncé y me alejé de él dándole la espalda. No era que me hubiese molestado que escuchara, si no que estuviera al tanto de toda mi triste situación, y que además fuera testigo de aquella desesperada petición que hice sobre el cambio de salón.
Syaoran se volvió a acercar y sentí sus brazos cruzarse a la altura de mi cintura. Cerré los ojos y me apoyé en él… sentía cómo mi pulso aumentaba y lo sentía constante en mis oídos. Podía escucharlo. Me volteé y ambos volvimos a buscar un beso, y aunque ya me había excitado con el anterior, el sentimiento en este renovado encuentro de nuestras bocas era más pasional.
—Syaoran… – gemí en su oído al sentir su miembro excitado a la altura de mi estómago.
—Me gusta la forma en que mi nombre es dicho por ti – confesó.
Era obvio a donde llegaríamos por lo que lo solté, él me miró decepcionado por mi alejamiento, pero no tardó en darse cuenta de que había ido a buscar sus zapatos a la entrada. A pasos torpes y entre besos efímeros y mojados subimos a mi habitación, que afortunadamente había ordenado hacía un par de días, así que el desastre no era tanto. Nos recostamos en la cama besándonos sin detenernos un solo instante, temía que si dejaba un segundo de hacerlo el momento se esfumaría. Él se mostraba más tímido de lo que yo sabía que era en realidad, por lo que estaba en mí infundirle confianza. Con mis manos comencé a acariciarle el pecho, y como sin querer, en un espacio que dejaron al descubierto unos botones de la camisa que se habían desabrochado, introduje mi mano para tocarlo por debajo de la ropa y me regocijé ante el contacto de su piel suave y cálida. Tembló cuando quité mi mano de la conveniente abertura de su camisa y me sujetó la intrusa mano antes de que lograra quitarla del todo, su mirada era suplicante, pero no cedí… tenía otros planes. Deshice el nudo de su corbata y me posicioné sobre él. Lentamente desabotoné su camisa y le di húmedos besos mientras descendía aventuradamente y cuando ya no quedaban más botones, seguí con el del pantalón. Agradecí que no llevara un cinturón. Syaoran me miraba expectante, y decididamente bajé el zipper, encontrándome con su erección apenas contenida por su ropa interior. Lo miré de nuevo y todo me pareció condenadamente sexy el panorama desde esa altura, el cómo me estaba mirando, su pose, su cuerpo, su excitación… entonces di el siguiente paso, y le pedí que levantara las caderas, a lo que él accedió sin tardarse. Le bajé el bóxer y el pantalón hasta quitárselos, y volví a la posición en la que estaba antes, frente a la enhiesta erección, que se encontraba totalmente expuesta para mí. Lo tomé con mi mano y él reaccionó con un pequeño sobresalto, lo recompensé con movimientos firmes y seguros y a él le gustó, pero supe que le encantó más cuando me acerqué aún más y lo miré sonriendo coquetamente, y una expresión suplicante se apoderó de su atractivo rostro, y aunque no lo hubiese pedido con ese mohín de deseo, yo tenía deseos de hacerlo y sin desviar mis ojos de los suyos, lo tomé con mi boca, humedeciéndolo con mi saliva, por lo que estimularlo con la mano se hizo más fácil. Intercalé mis atenciones con las manos y las fugaces caricias de mi boca hasta que él levanto las caderas y empuñaba sus manos constantemente como signo de cuanto le estaba costando contenerse y no terminar tan pronto. Leí en sus gestos agitados que luchaba contra el impulso de sostener mi cabeza y acabar en mi boca. Debatí si debía continuar con ello y complacerlo o si era una mejor opción detenerme, y después de unos breves instantes en los cuales por supuesto no detuve mis agasajos, finalmente me decanté por la segunda opción, después de todo no era tan altruista. Sin embargo no lo hice con un afán de dejarlo así de frustrado, sino que también necesitaba de él. Subí para encontrarme con su boca y lo besé con deseo, pasión y sin un ápice de disimulo de cuanto me agradaba todo lo que estaba aconteciendo, y él me abrazó y abandonó la sumisa posición en la que se encontraba para reemplazarme. Era mi turno ahora de disfrutar de sus consideraciones, pero antes se quitó lo que le quedaba de ropa, quedando totalmente expuesto para el deleite de mi vista. Si iba al archivero de mis recuerdos, en realidad muy pocas veces nos desnudamos por completo, por lo que guardé esa imagen imponente de él sin ropa y con su hombría en su máxima expresión en un importante lugar de mi mente. Él imitó mi juego previo de desabotonar con detenimiento mi camisa, haciéndolo tan lento que ponía a prueba mi paciencia, pero me pidió que me levantara un poco para poder desabrochar mi sostén, y no tardó nada en lograr su objetivo, aprovechó de quitarme la molesta camisa y el sostén arrojándolos al suelo, dejando mis pechos a su disposición. Los tomó con las manos y jugó con ellos juntándolos, separándolos y estrujándolos, y vi en esa sonrisa lujuriosa qué era lo que estaba imaginando al juntarlos con especial énfasis... Se tomó todo el tiempo del mundo para estimular mi pezones con su lengua y cuando pensó que había tenido suficiente de esa caricia tan deliciosa, que a veces era reemplazada por una succión exquisita, con sus labios los tiraba un poco haciendo que me doliera de un modo placentero. A esa altura estaban tan sensibles que hasta el aire que corría me provocaba suspiros. Dejó de atender mis pechos para seguir más al sur, levantando mi falda y descubriendo que mi humedad ya hacía traspasado la ropa interior, haciendo que fuera evidente a la vista. Creo que aquello produjo algo en él, porque dejó de torturarme con la lentitud de sus movimientos y sin mucha delicadeza me pidió que lo ayudara y me quitara todo. Accedí y me quedé ante él tan desnuda como había llegado al mundo, temblando como una hoja al viento ante el deseo y los nervios. Syaoran subió y se acostó de medio lado junto a mí, pasó uno de su brazo izquierdo tras mi cuello y buscó mis labios que yo gustosa le facilité. Sentí su dureza en mi cadera, tibia y suave, pero dejé de pensar en eso cuando con su mano derecha comenzó a tocarme en mi intimidad y como reflejo mi pierna izquierda se flexionó, haciéndole el acceso mucho más fácil. Sentí cada uno de sus dedos tocándome, recorriéndome. Estaba tan mojada y mi clítoris tan susceptible, que apenas y me rozaba con la yema de los dedos y me dejaba al borde de alcanzar la cúspide. Jugó conmigo y mis espasmos que eran incontrolables, hasta que liquidó su curiosidad de mi, e hizo cuando aún estaba inmersa en las sensaciones que sus dedos me provocaban, que mi espalda quedara pegada a su pecho y sentí su erección en mi trasero. No puedo decir que no me asusté, no sabía si estaba preparada para eso. Él se movió y sentí como se abría paso entre mis piernas, humectándose con la humedad que no era posible reprimir u ocultar. Comenzó a hacerme sentir su dureza y el contacto de su hombría con mí más que dilatada intimidad, e hizo que tuviera que cerrar los ojos para poder controlar aquella sensación tan abrumadora para no tener un orgasmo en ese momento, porque el poder sentir y ver como con esos ritmos movimientos se asomaba su pene entre mis pliegues fue demasiado. Syaoran dejó de hacer eso y me penetró sin que lo anticipara, por donde yo esperaba que lo hiciera. Solté un suspiro de alivio al ya no ser víctima de la incertidumbre de qué era lo que él buscaba, y porque ya estaba sintiendo la necesidad de tenerlo dentro de mí. Con su boca me besaba el cuello y me lamía a instantes, con sus manos masajeaba mis senos y con maldad con su índice y pulgar me pellizcaba los pezones, y más abajo estaba siendo penetrada con suma maestría en un ritmo perfecto. No creo haberme sentido así de saciada en toda mi vida, y lo único negativo de esa posición era que no podía ver su expresión y eso era todo lo que me faltaba para abandonarme al placer absoluto. Nació en ese instante la imperiosa necesidad de ver su rostro, para poder comprobar si para él estaba siendo igual de maravilloso que para mí y haciendo muestra de una fuerza de voluntad que no creí que tuviera, interrumpí el momento y Syaoran me miró como si hubiese cometido un pecado mortal, al parecer el estaba totalmente concentrado en lo que hacía.
—Necesito verte – le dije y él sonrió y asintió.
Él Iba a asumir la posición dominante, pero lo detuve, quería probar otra cosa, así que hice que se recostara y me posicioné sobre él, separando mis piernas e introduje su hombría sin titubear una vez más en mí, volviendo a sentirme llena de él. Me moví tímidamente al principio, buscando retomar el ritmo que tanto me había gustado y no tardé en encontrarlo, pero se sentía aún mejor, porque al estar en esa posición, mi clítoris se estimulaba al rozar la base de su pene y sin un poco de vergüenza seguí buscando ese contacto y alcancé egoístamente mi tan anhelando orgasmo, contrayendo mis paredes vaginales involuntariamente haciendo que sintiera aún más ajustado él en mi interior y no tardé en sentir que él se dejó llevar también, haciéndome sentir un calor interno adicional. No podía detener el temblor de mis piernas y sin realmente quererlo me dejé caer en su pecho, mientras sentía cómo él perdía paulatinamente la robustez, y luego lo liberé de mi peso y me dejé caer a su lado, había sido tanto el desborde de energía que sentía cómo me adormecía poco después.
Estaba sin palabras, acababa de tener una de las mejores sesiones de sexo de mi vida y Syaoran se encontraba a mi lado aún, durmiendo. Miré por la ventana y noté que era de noche. Tomé el reloj que estaba a mi espalda y ya faltaba poco para que fueran las nueve de la noche. Iba a despertar a Syaoran cuando escuche unos golpes en mi puerta y de pronto la situación de ensueño se rompió: estaba desnuda, con un hombre en mi cama y había olvidado que debía hacer la cena. Le grité más fuerte de lo necesario a Touya que ya bajaría, mientras sacudía a Syaoran para que dejara de dormir y todo fue caótico después. Tuve que vestirme rápidamente con lo primero que encontré mientras murmuraba a mi acompañante que se vistiera rápido y que no hiciera ruido. No había manera de que él se pudiera ir o salir de mi habitación siquiera, por lo que tendría que permanecer ahí hasta nuevo aviso, mientras resignada buscaba dinero en mi cajón donde guardaba mis ahorros para llamar a un servicio de entrega a domicilio. Debía aceptar mi culpa y compensarla.
Touya me dirigía miradas desconfiadas. Él me conocía demasiado bien como para no darse cuenta que algo estaba escondiendo. Debo darle crédito por eso y agradecerle que no quisiera indagar más porque estaba cansado, después de todo una especialización no debía ser algo fácil. Cuando finalmente se retiró me apuré en subir a mi habitación llevándole a Syaoran un trozo de pizza que se tardó segundos en engullir. Al parecer estaba famélico.
No había más opción que esperar a que Touya se fuera a a la cama. Ni siquiera podíamos hablar, por lo que le sugerí que nos acostáramos y él aceptó. No sabía cuánto rato tardaría por lo que sólo me limité a abrazarlo y él atinó a cubrirnos y aunque estaba metida en un lío nunca me sentí más en paz conmigo misma.
Desperté en medio de la noche y busqué a Syaoran, pero no lo encontré, debió haberse ido en algún momento e inmediatamente lo extrañé, y lamenté no haberme podido despedir como correspondía y me di media vuelta para poder seguir durmiendo y de pronto comencé a angustiarme sin ninguna clase de explicación. Nunca hablamos sobre un futuro, tampoco nos dignamos si quiera a hablar del pasado y la falta de palabras ya antes nos había jugado una muy mala pasada. Él aún pensaba que tenía algo con Eriol.
Nunca antes anhelé tanto que el fin de semana pasara rápido y amaneciera pronto para poder ir a la escuela. No obstante, por muy temprano que llegué y por más que esperé, él nunca apareció. Tampoco lo hizo al día siguiente o subsiguiente. No llegó en toda la semana y nadie tenía idea de qué era lo que pasaba con él y aunque estaba preocupada por eso tenía dividida mi mente en mejorar en los estudios.
Era sábado y ya la tarde había caido. Recordé súbitamente que Tomoyo tenía un recital de piano ese día y que me había estado hablando de él todala semana. Miré la hora y ya había comenzado. Me sentí pésimo por mi olvido y rápidamente comencé a vestirme más decente, si no podía llegar a tiempo, para ver la presentación inicial al menos intentaría llegar para poder ver a mi amiga, pero por más que intenté llegar no logré hacerlo a tiempo. Iba caminando cabizbaja y triste por haber olvidado algo tan importante para ella y supuse que debía estar en los camarines, así que me encaminé hacia allá, cuando de pronto me encontré con la imagen más extraña que pude haber encontrado: Tomoyo abrazaba a Eriol fuertemente, mientras él le acariciaba la cabeza con demasiado afecto. Sentí algo en mi pecho, una punzada, algo molesto. No me gustó ni si quiera un poco. Comencé a caminar hacia atrás sin dejar de ver esa imagen hasta que choque con alguien que llevaba algo en sus manos que se terminó por caer e hizo un ruido estruendoso que hizo que todos se voltearan a ver qué pasó, así que antes de ser vista por ellos corrí tan rápido como podía hacerlo, hasta que quedé sin aliento y me vi en la obligación de detenerme. Jadeé en busca de aire y entonces la imagen de Tomoyo y Eriol volvió a aparecer. Traté de convencerme que aquello debía tener una explicación, pero no me sentía con ganas de escucharla. Se suponía que Eriol era mi novio… ¿por qué mi amiga lo abrazaba? Sabía que por mucho que lo pensara no llegaría a la respuesta, así que simplemente me fui a casa, no sin antes pasar por un chocolate gigante y con la mayor cantidad de calorías permitidas por los estatutos de salud.
Al día siguiente llamé a Eriol y lo cité temprano al Parque Pingüino y al llegar no había ni una sola alma en el lugar.
—Te advertí desde un principio que no quería que te acercaras a Tomoyo – le dije desafiante.
—¿De qué hablas? – preguntó él desentendido.
—Sabes bien a qué me refiero – dictaminé.
—Nunca dijiste que Tomoyo no debería acercarse a mi – dijo mirándome del mismo modo como lo conocí hacía más de un año y medio atrás.
—Este es tu verdadero yo. Ya me parecía extraño que no mostraras tus garras. Ya veo que te has recuperado de tu ego dañado – contesté con una sonrisa que denotaba la seguridad en mis palabras.
—¿Hubiese sido mejor que siguiera siendo esa persona que realmente no soy? Es que a ti te gustan así ¿no? Un tanto lentos, tímidos y sin mucho que decir – contestó haciendo una clara alusión a Syaoran.
—Con eso no te metas – escupí amenazante.
—¿Por qué no? Ah… ¿Es que has pasado mucho tiempo sin un hombre? Todos sabemos cómo se ponen de irritables las mujeres sin sexo y yo sé muy bien cuánto te gusta - soltó con cizaña.
Me acerqué con la clara intención de abofetearlo pero él detuvo mi mano. Nos miramos desafiantes mientras luchaba con él para que soltara mi mano y de un momento a otro nos estábamos besando como si no cupiese la posibilidad de que alguien pudiera pasar, me colgué de su cuello y rodeé su cintura con mis piernas y lo sentí duro contra mi. Gemí y busqué más contacto moviéndome sobre su erección y él me llevó tras un árbol que debía llevar ahí más años que la ciudad misma. Me apoyó contra él y así, con ropa y en medio de un parque, con movimientos certeros alcancé un orgasmo tan rápido como había empezado todo. Ninguno de los dos supo qué decir.
—Sakura yo… - empezó a hablar Eriol.
—No… no digas nada… no… esto no pasó. Olvídalo – solicité.
Eriol asintió creo que aliviado. Sin decir una sola palabra más me fui completamente desconcertada por lo que acababa de pasar, pero antes de irme alcanzar una distancia en la cual él no me pudiera escuchar, me volteé nuevamente y le advertí.
—Lo de Tomoyo es verdad. Si no te detienes me veré obligada a contarle esto – rectifiqué mi amenaza.
Eriol me miró pasmado y con una cara de horror que nunca le había visto antes y luego de decir eso, seguí mi camino.
Lo que no me esperé es que un poco más allá estuviera Syaoran con ropa deportiva mirándome con una cara de asco tal que tan pronto procesé sentí como si mi sangre abandonara todo mi cuerpo y morir en una lenta y dolorosa agonía…
Continuará...
¡Hola! ¿qué tal? No me demoré tanto como hubiesen querido jajajaja eso sí cada vez se me están haciendo más largos los capítulos. Espero que eso no las desanime 8(
Ya estoy imaginando lo que querrán decirme luego de esto. Voy a esperar sus comentarios con temor...
Como siempre, estoy muy agradecida con sus reviews, espero seguir contando con ellos.
Camili: ¡vaya review! nunca había recibido uno más dedicado y completo como el tuyo. Me hizo extremadamente feliz leerlo. Ahora a las aclaraciones... ¿satisfice tu placer culpable de Sakura y Eriol juntos en este capítulo? De algun modo extraño creo que si... y bueno si, Sakura está un poco OOC pero prometo rescatar su esencia... es sólo que ella realmente lo pasó mal sin su Syaoran y no sabe bien como sobrellevar las cosas y ahora si empieza a tener sentido el título, ¿no? la extorsionaron a ella... ahora es tu turno.
¿Tomoyo y Eriol juntos? Quién sabe... mmm, no creo poder responder eso aún. Aunque tampoco pretendo hacer esta historia eterna ;)
Sakura y Syaoran no hablar cuando pueden... ¿qué será lo que le sucede a ambos? ¿Mutismo selectivo y conveniente? Yo sólo diría que son inmaduros... ahh y bueno Eriol contó parte de su verdad al principio, pero aún falta la verdad que llevó a todo este enredo. No creo que Sakura le cuente a alguien todo por lo que ha pasado. No todavía al menos.
Nuevamente agradezco tu apoyo, muchas gracias. Estaré esperando tu comentario antes de actualizar de nuevo 8(! A todo esto... ¿está bien que pregunte de dónde eres? ¡Saludos y hasta la próxima entrega!
ValSmile: jajajaja ¡sí! has dado justo en el clavo: el desajuste hormonal adolescente se vive en este fanfic, como debo haberlo recalcado nuevamente en este capítulo con un lemon de tres hojas de word... no sé que me pasó, me entusiasmé demasiado parece.
¿El cambio de Syaoran? He estado pensando en un capítulo que cuente su lado de la historia para dejar menos misterios y menos nudos sin desatar ¿qué dices de eso? y respecto a por qué Sakura se besa con ambos tengo una respuesta sensata y muy honesta... porque puede xD jajajaja ¿no lo harías tú? En fin niña, muchas gracias por tu apoyo y espero que me dejes saber si te agradó o no este capítulo. ¡Estamos al habla!
roxelanali: ¡Hola! ahora si hubo lemon, un poco largo creo jajajaj... ¿y cómo dejé la parte final este capítulo? Creo que me estoy volviendo maligna junto con Sakura... muy agradecida con tu constante apoyo, espero seguir contando con el... ¡Mil saludos! Hasta la próxima entrega
Sakura Kinomoto Amamiya: ¡Holaa! tienes toda la razón al pensar que soy mala, me encanta dejarlas con la duda y así chantajearlas emocionalmente para que me sigan dejando estos reviews que tanto amo jajajaja Creo que hice de las mías en este capítulo también, ¿no? dejándolo justo ahí... Muchísimos saludos, cuídate y hasta la próxima entrega.
kirkxD: muchísimas gracias. Sí, por supuesto que es importante... cuando hay demasiado lemon al menos a mi me pasa que se me hace repetitivo y pierdo el interés... hay que ocupar ese recurso cuando es necesario y no abusar de él. Gracias por tu review, espero que me sigas haciendo saber tu opinión :D
Kimi Deathberry: ¡Hola! Quizás entre las dos se hieran mmm aún no estoy segura sobre eso, pero algo dejé entrever en este capítulo. ¿Acoso? Por favor hazlo, tengo la pésima costumbre de dejar botadas las cosas y quisiera que me recordaran constantemente por qué no debo hacerlo ¿y estás conforme con lo largo del capítulo? cada vez se me hace más difícil contar la historia con menos palabras... y no olvido preguntarte ¿estás contenta con el lemon? lo hice lo más dedicadamente posible, sólo para ti que lo pediste jajajaja. En fin, no te aburro más. Muchísimos saludos y espero tu comentario en la próxima entrega. También a ti te extorsionaré con no actualizar hasta que lo hagas 8(
Muchos saludos a todos los lectores que aunque leen y no comentan pasan por aquí.
¡Hasta la próxima!
