Card Captor Sakura

Sakura / Syaoran

Advertencia: +18

Capítulo especial: Perspectiva de Syaoran


La posición de mi madre fue clara desde el principio: debía irme al extranjero y empezar a mi corta edad a valerme por mi mismo. Con eso no se refería a que debiera trabajar y mantenerme, si no que debía aprender a arreglármelas solo como parte de mi entrenamiento para endurecer mi carácter. Sabía que eso en China no era posible porque mis hermanas aunque la respetaban, me consentirían a pesar de las advertencias. Es la desventaja de ser el menor, y el único hijo de la familia.

Mi madre se empecinó con que debía ser Japón, en un pequeño pueblo, para que no corriera peligros. De todos los países del mundo… Japón. Suspiré y acepté la sentencia. Tampoco es que tuviera mucha opción.

No fue tan difícil empezar mi nueva vida allá. Al principio los problemas domésticos como que mis conocimientos en cocina eran limitados y por meses comí lo mismo, y odiar el arroz en oriente debía ser algo así como un pecado capital y yo un pecador de primera línea. Lavar la ropa con la correcta dosificación de detergente y no olvidar el suavizante, planchar y ese tipo de cosas me complicaron, pero con el tiempo llegué a dominar esas técnicas a la perfección.

La vida en la escuela era tranquila y las molestas miradas al principio al ser un estudiante nuevo y además extranjero, cesaban a medida que dejé de ser la novedad. Excepto para una chica que no dejó de verme aunque ya había pasado un año desde mi llegada. No comprendía por qué y no me gustaba que lo hiciera, me ponía de mal humor, pero había logrado con su insistencia que me fijara lo suficiente en ella como para analizar su carácter. Kinomoto, como se apellidaba, era muy alegre, compartía con todos a su alrededor y siempre estaba dispuesta a ayudar, sin mirar a quien y de manera desinteresada. Era una persona que no podía ser real, y sin darme cuenta terminé observándola a diario, esperando encontrar algo que revelara su verdadera personalidad y comprobar mi teoría. No obstante aunque pasó otro año nunca vi nada que la delatara, y eso me crispaba los nervios. No podía ser que mi sexto sentido estuviera tan equivocado, por lo que mis anhelos de descubrir su verdad me hicieron especialmente sensible a su presencia.

Esas pavorosas obras que tanto les gustan en las escuelas organizar anualmente, se presentaba ese año como una maldita costumbre de nuevo. Había podido zafarme los dos años anteriores de una participación activa, y como karma por ello, me tocó el protagónico junto con Kinomoto. Tuve que armarme de paciencia para tolerar las constantes pruebas de vestuario, los cambios en las líneas del libreto que ya había memorizado, y los constantes y molestos ensayos… y eso que aún lo peor no lo experimentaba, porque que la obra finalizaba con un beso entre los protagonistas.

En los ensayos Kinomoto no me miraba directo a los ojos, y aunque practicábamos la parte final, nunca llegamos a concretar el beso, guardando ese momento para cuando no nos quedara más opción que hacerlo. Llegado ese momento sentí la presión de que todo el esfuerzo de mis compañeros y de todos se compensara, y deseé hacerlo bien, así que puse todo de mi parte para hacerlo creíble. Tuvimos que besarnos delante de todo ese público, no sin antes mirarnos profundamente a los ojos por un momento que me pareció eterno, y sólo entonces descubrí por primera vez el verde tan intenso y particular de sus orbes. Quedé embelesado. Nunca me había dado el tiempo de mirarla realmente, y de un instante a otro besarla se me hizo lo más fácil del mundo, lejos de lo que pensé en un principio. Nadie se percató de lo que pasó en ese instante, ya que si alguien lo hizo sólo lo atribuyó a la interpretación de los personajes. Oía los aplausos alrededor, pero yo sol podía pensar en sus ojos, sus mejillas sonrosadas y en ese beso que nos acabábamos de dar.

Los días pasaron y Kinomoto rehuía de mi mirada, lo que era irónico, dado que se la había pasado mirándome por dos años, y ahora que yo finalmente quería que lo hiciera, me evitaba. Hasta que un día nos tocó llegar más temprano a ambos, porque fuimos los designados para ordenar el salón. Ella me saludó como lo hace a diario con todos a todos, dándome los buenos días con una sonrisa en sus labios. No había realmente nada que dijera que yo fuera de algún modo distinto para ella y me pregunté si había sido parte de mi imaginación las supuestas miradas hacia mi persona, cuando sin aviso previo ella de pronto se tropezó y cayó. Su caída había sido graciosa, no había sido de riesgo y sin embargo a mi no se me hizo ni si quiera un poco divertido. Rápidamente fui hacia donde ella estaba y le ofrecí mi mano para ayudarla a levantarse, ella sonriendo aceptó mi ayuda y sin desearlo la levanté con más fuerza de la que calculé porque ella era más liviana de lo que pensé y terminó de una forma extraña aterrizando en mi pecho. Ella no dejó de sonreír e hizo el amago de dar un paso hacia atrás, pero yo no la dejé. Me dirigió una mirada curiosa y nos sostuvimos la mirada de la misma forma que lo habíamos hecho en la obra. Ella se acercó un poco, yo también lo hice. Estábamos probando los límites y ambos los transgredimos cuando buscamos los labios del otro acabando con la distancia al mismo tiempo. Ese fue nuestro primer beso dado por voluntad propia, después de eso no desperdicié oportunidades para volver a hacerlo. Me gustaba mucho la sensación que me provocaba y me costaba recordar constantemente que no debía curvar mis labios, porque una sonrisa se me formaba sin que lo deseara en realidad en momentos que no lo ameritaban realmente.

El tiempo pasaba rápido y sin que me diera cuenta la extraña relación que tenía con Kinomoto perduró. De hecho, cuando estábamos a solas nos llamábamos por nuestros nombres de pila. Tampoco era que habláramos mucho, creo que más por mi causa que por la de ella, no obstante nuestros besos maduraron a medida que nos hacíamos expertos en la materia, y terminé sintiendo mucho más de lo que inicialmente ocasionaban, además el que ella se estuviera desarrollando y adquiriendo volumen en lugares donde antes no había nada, mermaba mi autocontrol. Ella se hacía día a día más hermosa y mis hormonas lo percibían, pero no me atrevía a hacer más hasta que un día ella pasó a llevarme la entrepierna sin querer, percatándose de que esta había adquirido tamaño. Me preguntó curiosa y tímida el por qué, y yo aún más avergonzado que ella le expliqué, y ella asintió comprensivamente. No pensé que sucedería nada más, pero ella me sorprendió, porque segundos después sentí su mano por encima de mis pantalones. No me enorgullezco de lo rápido que terminé en esa oportunidad, pero después de eso el siguiente paso se hizo extremadamente sencillo. Llegamos a conocernos bien. Demasiado bien, pero no tanto como pensaba, porque nuestras sesiones de onanismo dejaron de ser lo mismo después de que tuvimos nuestra primera vez. Fue extraño, rápido y no tan bueno como imaginé, tampoco es que tuviera demasiadas expectativas pero cuando lo volvimos a hacer un momento después con menos nervios y un poco más de conocimiento supe que no podría detenerme jamás. Estaba tan entusiasmado y con tantas endorfinas que terminé hablando con Sakura ese día más de lo que había hablado con ella en años.

Ella aunque vivía con su padre y su hermano, pasaba mucho tiempo sola. Me llamaba la atención ese hecho. Nunca parecía quejarse y no parecía ser de las personas a las que le gustara disfrutar de la soledad, pero me atrevo a decir que aprovechamos y abusamos de esa libertad que ambos teníamos. Sospeché que si tal vez ella no estuviera tan sola, Sakura no me habría dado en su vida la cabida que yo sabía que tenía.

Nadie hacía conjeturas sobre nosotros y era la idea en realidad la idea, pero me costaba permanecer en mi papel indiferente cuando ella necesitaba alguna cosa. Llegué a apreciar los momentos que pasaba con ella estuviéramos teniendo sexo no.

En preparatoria la sorpresa que me llevé al llegar fue desagradable porque ella y yo ya no seríamos compañeros y aunque no lo expresé sentí mucha ira y más cuando noté la mirada de decepción de ella. Traté de darle ánimos aún cuando yo no me sentía muy feliz tampoco y procuré aclararle que eso no interferiría entre nosotros.

Su falta se hacía notar, extrañaba poder observarla mientras trataba de resolver ejercicios de los que era evidente que no entendía nada, quedarla viendo cuando ella no se daba cuenta, ver cómo su mente divagaba mientras miraba por la ventana totalmente ensimismada y me hacía cuestionarme en qué estaría pensando… a veces me gustaba fantasear en que yo era parte de esos pensamientos dispersos.

La consecuencia de echarla de menos era que en los cortos recesos necesitaba de ella. Aprovechaba al máximo cada segundo a su lado para poder tolerar las siguientes horas sin Sakura. A veces las cosas se me iban de las manos, en realidad a ambos. Ella no era mucho de tomar la iniciativa como yo, pero cuando se atrevía no había nadie que pudiera detenerla y ella al explicarle que no podía verla esa tarde por unas tareas, vi un dejo de decepción en sus ojos y no me gustó. Ese día no podía hacer mucho para solucionar ese imprevisto, pero procuraría que no volviera a ocurrir. No sé que hizo que ella se terminara percatando de mi erección, pero lo hizo y lo que se desencadenó luego no lo esperé. Ella se excitó. En mi eso no era novedad, pero no quedaba mucho tiempo y ella buscó su propio alivio y lo consiguió, pero yo no alcancé. No podía creer que tendría que quedarme con esa erección, pero ya me ocuparía de ella.

Volví tardes a clases y tuve que aceptar la llamada de atención de mi profesora de biología. Durante toda la clase pensé en lo decepcionante que fue tener que encargarme yo mismo de mi problema. No era una práctica tan habitual en mí, porque no lo necesitaba, pero también a eso le sumaba la expresión de frustración de ella al saber que esa tarde no iría a su casa y entonces decidí que si iría a su casa, no me quedaría todo el tiempo que acostumbraba pero cualquier momento era significativo si lo compartía con ella. Salí más animado de clases ante la perspectiva de poder estar con Sakura.

Mientras caminaba vi un grupo de personas que aplaudía y ovacionaban. No me llamó la atención, pero vi el color una cabellera que conocía bien. Miré de nuevo y me pareció ver a Sakura con un chico, no podía estar equivocado pero lo deseé con ganas. Me acerqué y vi que ella lo abrazaba. Miré con horror la escena, no daba crédito a lo que veía, pero mis ojos no me engañaban. Era ella junto a un hombre que no era yo… y nunca nada me hubiese podido preparar para lo que sentí en ese momento. Sentí odio, rabia y decepción porque jamás sopesé la opción de que ella pudiera hacerme algo así. Nosotros no éramos novios, no teníamos un compromiso tácito tampoco, pero yo todo el tiempo pensé que había un acuerdo de exclusividad entre nosotros… porque yo no necesitaba a nadie más, pero no pensé en que ese era yo y no ella. Sakura notó que yo la estaba mirando y vi el desasosiego en su mirada y por primera vez en desde que todo había comenzado… no me importo.

Ella intentó buscarme, lo sabía. Sin embargo a mi no me interesaban sus motivos. Ella era libre de hacer lo que quisiera, aunque en el fondo yo no estaba demasiado de acuerdo con eso, pero traté de convencerme a mí mismo. A ella se le veía más apagada y lo sabía porque aunque ella no me veía a mi yo si la veía a ella. Era como una maldición el que por donde fuera me la encontrara. Ella no se daba cuenta porque era muy distraída, y aquello me permitía poder pasar desapercibido a sus ojos. Agradecí que no fuéramos compañeros en ese minuto, porque sería difícil estar en el mismo espacio que Sakura.

Poco después era un secreto a voces que ese ella era novia de ese sujeto. Cada vez que lo oía me daban ganas de arrojar mi escritorio por la ventana y cuando los veía era como si me echaran limón en la herida recién hecha.

Un día estaba tan abstraído que no me percaté que Sakura estaba delante de mí, y no me quedó más opción que pasar por delante de ella. Sentir esa fragancia que ella expelía invadiendo mis pulmones fue como he leído que describen los drogadictos rehabilitados que vuelven a recaer: intoxicarte, sublime y que llenó un vacío existente en el alma y la extrañé.

Después de aquel encuentro fui más cauto. No deseaba volver a sentir eso, porque me sentí débil y mi decisión de no querer oírla se ablandó.

El año terminó y yo pasé las vacaciones con mi familia. Me cuestioné seriamente si debería volver a Japón. Había pasado el suficiente tiempo allá y sabía que mi madre podía reconsiderar su decisión, pero cuando me reuní con ella para solicitarlo, me arrepentí inexplicablemente y no dije una sola palabra sobre el asunto.

El segundo año de preparatorio comenzó y busqué mi apellido y mi salón. No tardé en notar que justo arriba de mi estaba el nombre de ella… maldije mi suerte y me encaminé a mi nuevo salón, rogando que nos dejaran en los extremos opuestos, y entonces la vi caminar a paso lento y no supe qué pero me irritó una enormidad verla caminar como si fuera al matadero. ¿Tanto le desagradaba el que estuviéramos en el mismo salón? ¿O era porque su estúpido y demasiado alto novio ya no estaba más? No lo pude soportar y después de muchos meses le volví a hablar y aunque no lo había planeado la volví a tocar. Sentí un hormigueo en mi mano y mis latidos aumentar al instante. Comprendí que yo estaba completamente vulnerable aún ante ella. Me molestó demasiado que esos meses alejados no me hicieran más fuerte contra Sakura y pensé toda esa semana en ese efecto que ella seguía teniendo sobre mí.

Luché contra los sentimientos encontrados que tenía con ella toda la semana, hasta el viernes, cuando después de la clase de educación física la vi entrar al vestidor de mujeres luego de terminar su misión como encargada de esa semana de guardar los implementos usados en la clase. Las demás ya se habían ido. A decir verdad, ella se había demorado demasiado, como si no estuviera realmente concentrada en lo que hacía, así que sin que nadie me viera me atreví a traspasar ese sitio que para todos los efectos estaba prohibido para el género masculino. Vi a Sakura abrir la llave de la ducha y sólo estaba con ropa interior y una camiseta. Tuve una visión perfecta de sus piernas y de pronto recordé lo que me gustaba que me rodeara con ellas cuando teníamos sexo. El demonio de la lujuria se posesionó de mi cuerpo y sin pensar más en las consecuencias la llevé a la ducha donde ambos nos mojamos. Debatí si debía besarla o no y finalmente no tuve nada más que aceptar cuando Kinomoto dictaminó la última palabra y volví a sentir exactamente lo mismo que antes. Fue como un déjà vu. Y me entregué a ese deseo reprimido. Ya tendría tiempo de arrepentirme luego, pero no pensé que tan pronto terminara lo haría. Me sentí completamente asqueado por la situación y escapé de ella, huí de mi… evadí los sentimientos que se removieron dentro de mí y de lo extremadamente explosivo que fue ese reencuentro.

¿Lo peor de todo? Tras esa situación que vivimos ella parecía estar como siempre. Incluso mejor que nunca… y la odié. Se las había arreglado para obtener amigos y en cosa de segundos lo consiguió. No le costaba nada llegar a la gente; mientras que yo aún tenía que repasar mentalmente las posibles respuestas apropiadas para una simple conversación rutinaria.

Sakura nunca había suscitado ese sentimiento de odio y atracción en mí, y no sabía cómo lidiar con esa mezcla, podía con uno solo una a la vez. Cada movimiento que hacía me enervaba, cada vez que oía su risa me irritaba, cada vez que la encontraba mirándome me exasperaba. Fuese como fuese su presencia evidentemente no pasaba inadvertida para mí y la aborrecía por eso. Sin embargo cuando no la tenía frente a mí, ante la menor evocación de su recuerdo me provocaba una dolorosa y punzante erección.

En uno de mis intentos para no encontrarme con ella, logré dar con la sala que es el mayor misterio de la escuela. Todos hablaban de ella, pero nadie se atrevía a hacer nada distinto a sólo especular y hablar sandeces. La curiosidad pudo conmigo y forcejeé un rato la cerradura con una llave de las mías que afortunadamente e inexplicablemente entró, y después de intentarlo sentí como el seguro cedió. Estaba a penas colocando un pie en el lugar cuando logré oír a alguien caminando por ahí cerca, haciéndoseme raro porque no solía ser demasiado frecuentado ese sector y me escondí dentro, para que nadie me viera, entreabrí la puerta un poco para ver quién fue esa persona que me dio ese susto y entonces supe que no podía ser una coincidencia el que fuese la persona que menos quería ver la que estaba a pocos metros de mi. No sé bien por qué lo hice, aunque si lo sabía a la vez, pero de lo que no estoy seguro es de cómo tuve el valor para hacerlo. Abrí definitivamente la puerta y en unos cuantos pasos secuestré a Sakura hacia esa sala infame y la besé, lo hice tal como quería hacerlo, como tanto tiempo me negué a aceptarlo y la respuesta de mi cuerpo a su presencia fue la esperada. Ella no respondía como yo buscaba que lo hiciese, pero tampoco era que se negara del todo. Al parecer ella estaba librando una batalla interna, tal como me pasaba a mí, pero por otro lado no estaba dispuesto a dejarla ir, y me rendí al impulso y las ganas de tocarla. Me volví loco de deseo al comprobar que su cuerpo respondía velozmente a mis caricias y me sentí poderoso de pronto porque ella estaba en un estado en el que estaba completamente entregada a lo que yo decidiese hacer y fue hipnótico para mi también el saber que era yo y no otro el que estaba así con ella. No estuve seguro de si ella había escuchado que el receso había terminado, pero en lo que respectaba a mí, lo había oído y lo agradecí porque me sacó de ese transe en el que me encontré sin siquiera haberlo notado. Dejé de hacer lo que hacía y me encaminé de vuelta al salón, pero no llegué muy lejos, porque Sakura me afirmó de la ropa y muy segura de sí misma me exigió que terminara lo que había empezado, despojándome de la seguridad que me brindaban mis pantalones y mirándome profunda y necesitadamente. En ese momento supe que haría lo que ella me pidiese que hiciera, pero también me di cuenta de que ella al igual que yo con ella, era condescendiente conmigo, y me iba a aprovechar de eso.

La entrega fue mutua, tanto así que llegué a sentir temor de volver a caer en su embrujo. Había sido tan pasional como el primer reencuentro pero además fue peligrosamente parecido a las cosas antes de que ella decidiera estar con alguien más. Me asusté y volví a huir, puse toda la distancia emocional en aquel impúdico acto físico. No quería volver a ser dañado y la dejé sola en ese lugar con un sentimiento de culpabilidad carcomiéndome el alma.

No obstante, había vuelto a recaer. Obtener el placer de ella y con ella era adictivo para mi, y para Sakura también lo era. Empezamos a luchar contra aquel predominante impulso sexual y era duro admitir que ella era más fuerte que yo. Se hizo buena en el arte del escapismo y se convirtió en una maestra en la técnica de jugar con las expectativas, para ser más claro, las mías.

Las cosas anduvieron de ese modo extraño por un tiempo. Era un juego peligroso, como la ruleta rusa. Nadie entendía como alguien se presta voluntariamente para jugar algo así, de hecho yo mismo me lo cuestioné en alguna oportunidad y sin embargo yo me encontraba apuntándome con un revólver y ella era la bala. Absurdo.

Llegué al salón a recoger mis cosas, había tardado porque pasé al baño y pude oír a las amigas de Sakura hablar hiperventiladamente. Hablaban de ella, para ser precioso y mencionaron un nombre que pensé que ya no tendría que volver a oír: Eriol Hiragizawa estaba de vuelta y Sakura se había ido con él. Justo cuando pensé que las cosas no podían ir peor.

Al día siguiente me arrepentí de haber puesto un pie en el salón tan pronto entré. Escuché cómo interrogaban a Sakura sobre Eriol hasta que una chica mencionó un embarazo y la posible paternidad de Eriol y una visita hacía dos meses. Me quedé congelado. Nunca sopesé que ella pudiera estar acostándose conmigo y con él al mismo tiempo y me vi sobrepasado por un sentimiento que ya conocía: la traición. Volví a sentirme traicionado y lastimado y aquel hoyo en el pecho que sentí se hizo más grande cuando ella se rió y comentó con completa seguridad que aquello no era cierto, que habían métodos para evitarlo. Se me revolvió el estómago y me sentí enfermo de pronto ante el recuerdo de cuando fuimos a Tokio para conseguir sus pastillas anticonceptivas, ya que no podíamos hacerlo en Tomoeda porque alguien podría enterarse. La timidez y lo acomplejados que estábamos ambos no eran parte que ella representaba en ese momento, cuando hablaba con toda confianza sobre su vida sexual activa. Con Hiragizawa.

Entonces me rendí. No quise pelear más. No quería quererla más, no deseaba odiarla tampoco. Sólo anhelé poder extirparla de mi alma, de mi cuerpo, de mi mente y de mi corazón.

En las vacaciones me mentalicé para empezar a actuar distinto y lo más civilizadamente que pudiera, por lo que cuando quedé sentado justo a su lado no hice ningún aspaviento, e intenté pensar que a mi lado sólo estaba una compañera más y de cierto modo resultó. La trataba con incluso más cortesía de la que trataba a los demás. Incluso sospechosamente amable, pero era absolutamente necesario, aunque las circunstancias seguían jugándome malas pasadas al tener que incluso hacer trabajos juntos. Al finalizar la semana le entregué mi dirección. Nunca la llevé ahí a mi departamento, pero en su casa habían demasiados recuerdos que no me sentía con ánimos de enfrentar. No deseaba comprobar mi fortaleza cuando apenas y me estaba armando una forma adecuada y madura de sobrellevar las cosas. Lo de ser masoquista no había resultado y ya lo había comprobado.

Ella llegó a mi departamento, y yo que al ver que estaba cerca de la hora que ella dijo que llegaría, me encontraba cerca de la puerta e inmediatamente le abrí. Intentó comenzar de inmediato con los deberes pero antes la detuve y le pedí que fuéramos amigos. No fue mi idea su reticencia a mi petición, a ella no le gustó, pero no le hice ningún comentario al respecto. Al poco rato vi como me mentía acerca de tener que irse, ella se sentía descompuesta, lo podía asegurar, así que dejé que se fuera sin retenerla más tiempo.

Mi madre me llamó y me informó que una de mis hermanas en un viaje se había enfermado. Me dijo que no era nada grave, y que se recuperaba favorablemente, y que sólo me lo contaba porque no debía faltar a su palabra cuando le pedí, antes de marcharme por primera para venir aquí, que cuando pasara algo debía contármelo. Lo agradecí y decidí ir a Hong Kong en un viaje express. Iba a informárselo al profesor titular cuando oí una conversación entre él y una voz que yo conocía muy bien. Sakura se encontraba con él y hablaban de su compleja situación en los estudios. Había notado que ella no estaba rindiendo pero no me hizo gracias saber que su condición en lo académico era peor de lo que había supuesto, y me sentí peor cuando la oí llorar pidiéndole al profesor que la cambiara de grupo. Volví a sentir un hoyo en mi pecho al saber que ella estaba sufriendo de verdad porque aquella fue la primera vez que la oí llorar. Ese fue un llamado de auxilio de su parte y lamenté que estuviera pasándolo tan mal. Me di cuenta de que no había notado nada extraño en su conducta y que ella fuera de lo que pensé, si podía ocultar bien sus problemas.

La seguí a casa, estaba tan concentrada en sus pensamientos que no notó que yo caminaba nada disimuladamente un par de metros más atrás. Sus pasos eran lentos y me hacía pensar que para mover un pie le pedía permiso al otro. Usualmente ella era más inquieta y sus movimientos más rápidos. Llegó a su casa a salvo y sin pensarlo toqué. Me arrepentí, pero me mantuve firme ahí. Sakura abrió la puerta y pude ver sus ojos enrojecidos, y muy dudosa al verme. De hecho ni yo podía explicarme mi propia presencia en ese lugar.

Ella lucía nerviosa, miraba la hora constantemente y me pregunté a mi mismo si había sido demasiado imprudente y ella esperaba a alguien, por lo que cuando ella me aclaró que no me sentí aliviado.

Me acerqué a ella y Sakura como acto reflejo me imitó. Estábamos muy cerca y no fue mi intención pero el oírla llamarme "Li" nuevamente me sacó de quicio y me encargué de dejárselo saber. Discutimos sin yo haberlo realmente querido, pero su mirada parecía perdida en mis labios, por lo que cuando preguntó con tanto respeto si acaso podía besarme yo sólo cedí a lo que parecía ser el deseo de ambos.

La besé con honestidad sin pensar en todo lo que había pasado, en todos los problemas que habían surgido entre nosotros, en la distancia que había. Me enfoqué en los sentimientos positivos que ella me incitaba a sentir y me entregué a ese beso, no quería castigarla, no buscaba odiarla. Sólo quería ser sincero conmigo mismo y a la vez, con ella.

Estábamos en la misma sintonía y ambos los sabíamos.

Le pedí que no se cambiara de grupo. Me di cuenta de que a pesar de que siempre escapaba de ella me gustaba tenerla cerca. Ella se sonrojó ante la petición y se alejó de mí. Descubrió que había oído su conversación y no comprendió que hablaba desde lo más profundo de mi alma y la abracé con los sentimientos aflorando en mi pecho y Sakura no me rechazó. Me sentí tranquilo y feliz. Hasta que la oí decir mi nombre nuevamente, después de tanto tiempo y alejándose a la vez. Justo cuando pensé que habíamos llegado a entendernos, ella volvía huir, pero no fue lo que pensé lo que pasó, sino que ella fue a buscar mis zapatos en la entrada y me miró de manera cómplice. Entonces supe que subiríamos a su habitación y que no iba a ser un encuentro fugaz como los que habíamos tenido durante meses en cualquier lugar, temiendo ser vistos y encontrados, muy por el contrario. Íbamos a tener tiempo y comodidad.

Sakura estaba especialmente activa. Ella parecía estar completamente inmersa en lo que estábamos compartiendo. Había logrado que no tuviera palabras para explicar cuán bien me estaba sintiendo. Me había robado la voluntad y ella decidía por mí. El sexo oral no era una práctica que no hayamos efectuado antes, pero habían sido sesiones más tímidas y menos enérgicas, no obstante en esa oportunidad no había ni un atisbo de retraimiento, a ella le gustaba lo que estaba haciendo... y a mí me gustaba todavía más ser quien lo recibía.

Cuando fue mi turno finalmente me costó controlar el movimiento involuntario de mis manos. Estaba nervioso porque ella había dejado la vara demasiado alta, yo no quería ser menos, quería demostrarle un excelente desempeño, pero mis deseos de ella y mi impaciencia me jugaron una mala pasada y ni siquiera me sentí avergonzado cuando le pedí que me ayudara un poco.

Quise recorrer cada recoveco de su cuerpo y cuando por fin la tuve desnuda me encontré con el dilema de que tal vez no duraría demasiado. Traté de crear resistencia rozándome con ella pero aquella no fue una buena idea. Llevé al límite mi resistencia cuando volví a sentirme rodeado por ella y su humedad y traté de no pensar mucho y de concentrarme en penetrarla hasta desfallecer y afortunadamente pude con la tarea porque ella terminó antes que yo y por fin pude terminar y dejarme llevar por el éxtasis que sólo sentía cuando estaba dentro de ella.

Sakura cayó agotada a mi lado. Había sido un día pesado para ella y además habíamos desgastado mucha energía poco a poco observé cómo le costaba más mantener sus ojos abiertos hasta que en un momento determinado ya no pudo más y se durmió. Esa era la primera vez que la veía durmiendo. Lucía completamente despreocupada y pacífica y aproveché de observar sus facciones con detenimiento y descubrí que no me cansaba de mirarla. Admito que miré más que sólo su rostro y de que jamás iba a tener suficiente de ella.

Desperté exaltado cuando Sakura me exigió despabilarme. Su hermano estaba tras la puerta y asumo que me sentí un tanto cobarde en esa situación, porque personalmente aunque mis hermanas fueran mayores que ella tampoco me haría ninguna gracias encontrarme con ellas en la misma manera en la que nos encontrábamos nosotros. Ella se vestía a toda prisa mientras yo también lo hacía.

Estaba atrapado en su habitación y aunque la conocía, nunca había estado ahí solo, por lo que silenciosamente la recorrí y observé con detención sus cosas, sus adornos. Todo lo que era parte de su mundo íntimo y personal.

Sakura tardó más de lo que hubiese deseado y trajo consigo pizza. No cuidé mis modales y comí más rápido de lo que lo hubiese hecho en otra ocasión, pero desde hacía ya un rato que mi estómago pedía comida.

Me sentí completamente afortunado cuando ella dijo que no podía irme aún y me sentí plenamente correspondido cuando ella me abrazó tan ajustadamente que apenas y pude moverme lo suficiente para poder cubrirnos.

Dormí un par de horas más y ya podía salir de la casa. Sakura tenía el sueño muy pesado, por lo que no despertó cuando me levanté. Busqué mis zapatos donde yo sabía que estaban y me encomendé a todos los dioses de la naturaleza el que pudiera salir de ahí sin que nadie lo advirtiera.

Hubiese sido bueno que habláramos, pero no se dio la situación y muy seguro de mi mismo me convencí que hablaría con ella una vez que volviera de Hong Kong. Le diría sobre mis sentimientos y le pediría una oportunidad. Sabía que ella me correspondía pero ahora no necesitaba saber sólo eso, sino que deseaba saber qué tanto y si estaba dispuesta a dejar a Hiragizawa por mí. Aunque odiara tan solo pensarlo, debía saber que tan seria era su relación.

El viaje a Hong Kong nunca se me había hecho más largo, ni tampoco la estadía allá. Comprendí que exageré al viajar sin pensarlo con más cuidado y adelanté dos días mi viaje de retorno. Estaba ansioso por volver.

Ese día domingo hablaría con ella, había decidido dejar atrás mis temores y hacerme cargo de mis sentimientos, yo ya no podía seguir negándolos ni batallando contra ellos y también había comprendido que Sakura no era adivina y no tenía cómo saber lo que yo sentía si no se lo decía. Salí a correr al porque estaba nervioso ante la idea de declararme por primera vez en la vida. Nunca se me habían dado bien las relaciones humanas y empezar a cambiar lo que siempre se ha sido tampoco es que fuera algo fácil, pero habían cosas que necesitaban decirse.

Nunca esperé que al ir a correr en las inmediaciones me encontraría con Sakura. Estaba sola y no podía creer mi buena suerte. Iba a acercarme a ella cuando quedé estático al ver llegar a Hiragizawa. Me percaté que estaban discutiendo y nunca la había visto así. Había adoptado una posición en la que parecía estar lista para lanzarse a su yugular. Pensé en que era demasiado bueno para ser cierto que aquello estuviera ocurriendo ese mismo día, observé que ella iba a golpearlo y aquello sí que era sorprendente… a ella nunca la vi tener ni siquiera una sola actitud violenta sin embargo tenía la mano abierta en el aire porque él había evitado el ser abofeteado. Se miraban con ira. Iba a intervenir si tardaban un poco más, pero ellos de pronto empezaron a besarse dejándome boquiabierto ante esa reacción súbitamente pasional entre ellos. Fue doloroso verlo, sentí que todo el valor que había adquirido esa semana se me evaporó. No tendría nunca ninguna oportunidad, no tenía que intentar pedírsela porque en cuanto rodeó sus caderas con sus piernas supe que yo no era particularmente especial para ella, a diferencia de lo que ella era para mí y cuando ese sujeto la llevó tras ese árbol. Agradecí que fuera lo suficientemente ancho para no poder ver qué era lo que pasaba ahí. Antes de que pudiera recuperar la movilidad que la impresión me había quitado ella salía de ese lugar y fue inevitable que me viera porque estaba justo en frente de su camino. Ella me miró horrorizada y pude ver cómo palidecía. Sabía que ella no querría que viera lo que acababa de pasar pero fuera de lo que ella pudiera pensar, sentirlo era infinitamente peor. Sentí como si mis sentimientos y toda emoción se esfumaran de mi cuerpo. Me encontré de pronto en estado automático, porque volteé para dejar ver esos ojos verdes sin ninguna clase de brillo y aunque escuchaba que ella mencionaba mi nombre no tenía la más mínima intención de escucharla…


Hola nuevamente. ¡Muchos saludos!

Les traje esta capítulo especial. He leído que tienen dudas acerca de cómo se sentía Syaoran ante su relación con Sakura y aquí les dejo resumida la historia de ambos, pero desde el punto de vista masculino.

Espero que les agrade, en realidad no es nada nuevo. Todo lo habían leído ya, pero a medida que leo sus reviews y sus ánimos quise regarles algo.

ValSmile: ajajajaj aún después de tus amenazas sigo vida, como ves, asi que tu instinto asesino va a seguir latente porque no he solucionado el conflicto que tanto odiaste en esta entrega. Tendrás que esperar un poquito más. ¿Te gustó conocer un poco más a Syaoran?

Kim Deathberry: Qué bueno que te gusten los relatos largos porque yo creo que los capítulos que queden lo van a ser incluso más. En el próximo capítulo conocerán un poco más de Tomoyo, ya que ha sido casi un personaje de relleno hasta ahora. Tomará más importancia. Muchas gracias por tu review, como siempre soy muy feliz leyéndolo.

Ariadne0x: jajajaj sí, noté que no comentaste el III pero qué bueno que se te juntaron dos, a veces la espera es molesta y mata el interés. Muchas gracias por lo que dijiste, trato de escribir los lemons con ese cuidado a propósito por lo mismo. He leído algunos que llegan a ser molestos y vulgares y yo soy de las que piensan que se pueden escribir las mismas cosas pero con más delicadeza.

monzze: ¡Hola! Un gusto poder leerte y qué bueno que tuviste un poquito de tiempo para hacerme feliz con tu comentario. Te respondo respecto a tu pregunta de qué método anticonceptivo usan, Sakura lo menciona sutilmente en el capítulo III, cuando le preguntan si es verdad que está embarazada y ella responde que no, porque ha tomado precauciones para evitarlo. En este capítulo lo mencioné también. Espero haber resueleto tu duda y ojalá que en otra oportunidad que tengas tiempo me dejes otro review.

Pat: ¡Hola! Si, tienes razón. Suelo decir que odio el drama y quizás se me fue un poco de las manos para lo que en realidad tenía previsto... pero ha sido inevitable.
En cuanto a Eriol, él tiene una razón para haber hecho todo lo que hizo y ya veremos que pagará por haber actuado de esa forma. Al final de IV capítulo vemos que ahora la víctima de la extorsión será él ahora. Y quién sabe qué será de Eriol y Tomoyo... es algo que aún no puedo contestar.
Muchísimas gracias. Escribir lemons es complejo, debo estar muy atenta a cómo describo ciertas situaciones sin que pasen a ser groseras asi que el que lo aprecies es un halago gigante para mi porque me hace pensar que mi objetivo ha sido cumplido. Espero seguir contando con tu apoyo y que te guste como se desarrollará la historia, si no, por favor, hazmelo saber. Escribo a medida que publico asi que estaré atenta a tu review y el de todos los que decidan dejarme uno :D

Sakura Kinomoto Amamiya 26: Espero que te agrade leer y conocer un poco más de Syaoran, aunque no sea el capítulo que esperabas para poder resolver tus dudas. ¡Gracias por tu constante apoyo! Muchos muchos saludos :D

Camili: Me encanta tu estilo, asi por favor nunca te reprimas en hacerme saber todo lo que sientas que debas aclarar.
-Asi que chilena ¿eh? No, no se te nota jajajaja por eso lo preguntaba. Pero es un gusto saber que eres una compatriota.
-En relacion a lo de tu placer culpable jajajaja no sé qué decirte. En algún momento pensé que Syaoran necesitaba algo realmente grande para despertar y dejar salir el hombre que quiere reclamar a su hembra. Quizás que efecto surta el que él viera lo que pasó, porque imaginar y comprobar la realidad es infinitamente distinto.-Serán más largos a partir de ahora, asi que estoy encantada con saber que te agrade eso. Tu opinión es muy importante para mi.
-Con este capítulo pudiste comprobar tu teoría. Él de verdad la quiere. En realidad ambos se quieren, pero han hecho las cosas mal y el ser tan tímidos les ha jugado totalmente en contra. Mmm no se me había ocurrido ¿tal vez sea hora de sacar a Mei Ling al baile? jajaajaja uhh no sé, no sé. Jajajajaj
-Eriol tiene esa aura y es muy ambivalente. Es bueno y la vez no. Quizás se están acercando mucho a lo que él pretende en realidad y se esté viendo acorralado y sólo reacciona acorde a eso.
-¿Tomoyo? Tomoyo es un personaje realmente complejo en el anime y acá te prometo que no será menos. Su participación no pasará desapercibida como se ha visto hasta ahora, relegada a un segundo plano.
-¡Nunca me darían lata tus comentarios! Ni de loca, aprecio con enormidad que te des el tiempo de escribir y darme tu opinión detalladamente. Hace que sienta que el tiempo que invierto escribiendo sea totalmente recompensado al tener esta clase de retroalimentación. Por favor sigue así :D
-Esas uñas... no, ¡qué miedo! Ojalá sigan intactas y puedan esperar un poco más ya que sé que no era este el capítulo que esperabas. Como siempre por supuesto estaré esperando tu opinión. Actualicé pronto ¿ves? Jajajaj estoy completamente comprometida con esto, y de hecho tengo otro proyecto en mente ya. Mil saludos chilena. Siempre es un gusto leerte.

Ice Symphony: ¡Hola! Si, te prometo que llegaran a aclarar sus sentimientos. Lo que no tengo claro es si ellos se daran la oportunidad de hacerlo demasiado pronto... o tal vez si...
Bueno Sakura ha aclarado que Eriol le gusta de cierto modo, pero creo que está mas bien confundida y el que Syaoran se fuera y desapareciera así... yo creo que ella tiene miedo. Gracias por tus ánimos, cuando nos mandan reviews a las personas que escribimos nos infundan ánimos y personalmente me siento más apoyada y con ánimos de seguir escribiendo, por ello es que actualizo de manera regular. Las esperas largas y eternas llevan al desinterés. ¡Gracias! Espero que te siga gustando como avanza esto, aunque en definitiva este no sea el capítulo que continua la historia.

Hasta la próxima y muchas gracias por su tiempo.