CARD CAPTOR SAKURA

SAKURA / SYAORAN

Advertencia: para personas con criterio formado o bien para quienes creen que lo tienen.


Capítulo VII

No comprendía por qué Tomoyo no estaba demasiado entusiasmada con mi propuesta de irnos juntas a alguna parte. A mí la sola idea me hacía infinitamente feliz, pero lo atribuía a que ella era más aterrizada y no se dejaba llevar demasiado por especulaciones. Tenía la certeza que una vez que estuviéramos rumbo al destino que eligiéramos su actitud cambiaria.

Quedaban menos de dos semanas para terminar el año y eso me traía feliz. Había averiguado y con una asignatura insuficiente – matemáticas, obvio- y un promedio con el que contaba podía pasar a mi tercer y último año en preparatoria. No me hacía ni siquiera un poco feliz mi desempeño, pero ya que las cosas estaban así, no me quedaba más consuelo que prometerme a mi misma hacer las cosas mejor el siguiente año.

La clase había comenzado hacía más de diez minutos cuando de pronto escuchamos una interrupción. La profesora no tenía mal carácter, pero odiaba los atrasos. Detuvo su recientemente iniciada sesión y se dirigió hacia la puerta: era Syaoran Li. Ella con su expresión de molestia en el rostro lo encaró por su atrevimiento, pero él se disculpó de tal forma que la profesora no sólo lo dejó pasar a la clase, sino que además le sonrió y le palmeó la espalda, pero lo condicionó, diciéndole que debía pedirnos disculpas a nosotros y no sólo a ella. Él se paró en frente y si no supiera que era imposible, juraría que todo el tiempo de la disculpa me estuvo mirando a mí. La mayoría quedamos extrañados por la actitud de la profesora Tachibana, porque a más de a algunos nos había dejado afuera sin ningún tipo de consideración en más de una oportunidad.

Mientras trataba de prestar la mayor parte de mi escasa capacidad de atención a lo que la profesora enseñaba con tanta pasión, no podía evitar pensar en las vacaciones. Aún no hablaba con mi padre sobre el viaje que tenía pensado. Tenía mis ahorros, tendría el tiempo y la disponibilidad ¿por qué no resultaría? La oposición de Touya sería un hecho, pero no era a él a quien le debía explicaciones. En cuanto llegara a casa de su viaje se lo diría. También hablaría con Tomoyo para que pidiera autorización a su madre, era hora de que empezaran todos a hacerse la idea.

En mis cavilaciones la clase se pasó rápido y como era costumbre guardaría raudamente mis cosas. Quería llegar a casa pronto. Me estiré en mi puesto tan pronto la profesora se retiró, miré hacia afuera y era un panorama precioso. Me encontraba exacerbadamente optimista ese día.

Me proponía salir de ese salón que me había mantenido prisionera durante todo el día, pero antes de poder dar el último paso hacia mi libertad, Li se acercó a mí y me pidió conversar. Miré hacia todos lados pensando que tal vez se dirigía a alguien más, pero no había equivocación, él me estaba hablando a mí. Y habían compañeros aún en el salón, que nos estaban mirando curiosos.

—¿Disculpa? – quise corroborar.

—Quisiera hablar contigo – pidió cortésmente.

—¿Ahora? – exclamé.

—¿No puedes? – preguntó extrañado.

—No, lo siento. Tengo cosas que hacer ¿puede ser otro día? – consulté.

Él asintió y me marché.

Al llegar a casa me alegré al ver que mi padre había llegado un día antes de lo previsto, corrí a su estudio y apenas abrí la puerta, sin que ni siquiera la golpeara, vi que él ya se había levantado de su silla para recibirme; él ya me había oído, mis ruidosos pasos hablaban por mí. Me abrazó muy fuerte y lo sentí extraño. Él era cariñoso y comprensivo, pero no era demasiado efusivo con las demostraciones de afecto físico. Le devolví el gesto y luego de segundos me soltó.

—Sé que es tu turno de preparar la cena, pero ¿podrías permitírmelo esta vez? – solicitó cordialmente.

Asentí, la comida de papá era maravillosa, no tenía que pensarlo siquiera, así que le contesté que por mi parte no había problema alguno.

Llegada la noche la cena me pareció especialmente silenciosa. Touya no hablaba ni tampoco me molestaba, y mi padre lucía nervioso. Lo que era inquietante, porque él era muy calmado.

—Touya, Sakura… tengo que decirles algo- dijo en un tono serio.

Mi hermano y yo nos miramos. En contadas ocasiones papá hablaba de ese modo. Sabíamos que lo que dijera sería algo grande.

—Desde hace un tiempo… estoy saliendo con una mujer – anunció solemne.

Touya y yo nos miramos. Dejamos de masticar ante la sorpresa de aquel anuncio. Ninguno supo que decir. Desviamos nuestra mirada hacia nuestro padre que esperaba que le volviéramos a prestar atención.

—Sé que es repentino, pero es serio. Quisiera no tener que seguir ocultándoles algo tan importante para mí…- confesó.

Sentí mi garganta apretarse. Me costaba tragar hasta mi propia saliva. Estaba confundida. Nunca me lo esperé, sabía que era posible que pasara, pero nunca imaginé que ese día llegaría… Papá merecía ser feliz y llevaba demasiado tiempo solo y lo comprendía, pero era inevitable pensar en mamá… Controlé como pude las lágrimas que pedían salir a gritos. No debía soltarlas y las sostuve apenas… no quería hacer sentir mal a nadie, menos a mi padre.

Touya lo felicitó y le dijo que no tenía ningún problema con la situación y que esperaba conocer pronto a su novia. Para él fue más fácil aceptarlo que para mí. Supuse que tenía que ver que ambos pertenecían al gremio masculino. Cuando llegó mi turno de decir algo, traté de hacer que mi voz sonara menos quebrada, pero no fue demasiado bueno mi intento. Habían tantas cosas a las que les tenía miedo, en especial al de que las cosas cambiaran y de que papá se alejara, no obstante, como siempre mi padre me escaneó con la mirada y supo lo que estaba imaginando con solo mirarme. Con sus ojos fijos en mí ya no pude contener las lágrimas. Él se acercó y se sentó a mi lado. Mi hermano levantó su plato, lo llevó al fregadero y nos dejó solos.

No tienes que tener miedo Sakura. Las cosas no van a cambiar y yo nunca te pediría algo que no quisieras hacer, si no quieres conocerla está bien para mí. Que todo sea a su tiempo – aclaró condescendiente.

—Lo sé… pero… - no sabía qué acotar. Era el recuerdo de mamá lo que más me complicaba.

—¿Crees que olvidaré a Nadeshiko? – contestó. Era como si pudiera leer mi mente. Escalofriante.

No respondí, aquello en si fue una contestación.

—Eso nunca podría pasar – aseguró con tanta determinación que fue una respuesta rotunda.

Asentí y le creí, no tenía motivos para no hacerlo. Me seque las lágrimas y bajo la mirada atenta y sonriente de mi padre terminé mi cena. Las cosas habían cambiado un poco, pero mis planes seguían siendo los mismos. Me había prometido a mi misma que en cuanto papá llegara hablaría sobre mi idea de viajar.

—Papá… quisiera pedirte algo – hablé decidida.

—¿Qué cosa? – consultó sonriendo.

—Deseo irme de vacaciones con mi amiga. He ahorrado dinero y realmente quisiera poder hacerlo – solté sin hesitar ni siquiera un poco.

Se quedó silencioso y pensativo. Al menos no había rechazado la idea con solo oírla.

—¿Qué amiga? – preguntó.

—Tomoyo Daidouji – dije sonriendo.

—Daidouji, ¿eh? – se sorprendió.

—Si, la hija de la prima de mamá – acoté contenta de manejar esa información

Sonrió. Seguramente se sorprendió de que lo supiera.

—¿Han pensando a dónde quieren ir? – interrogó papá aun un poco inseguro.

—No aún, quería primero saber si podría ir y luego ilusionarme más – argumenté sinceramente.

—Puedes ir – aceptó.

Estaba recién asimilando que papá había dado su consentimiento cuando Touya apareció de dónde estaba y gritó.

—¡No! ¡Tú no puedes ir a ningún lugar! – exclamó azorado.

—Pero hermano… - estaba sorprendida por su reacción súbitamente brusca.

—¡Papá! ¡Ella no debe ir sola! ¿y si le pasa algo? ¿y si se lastima? ¿Qué hay si tiene un accidente? ¿Qué haríamos si le pasa algo mientras está lejos? – hablaba como si yo no estuviera ahí.

—¡Touya! Basta. Sakura es perfectamente capaz de cuidarse sola. Estoy seguro de que nunca se expondrá a ninguna clase de peligro – objetó mi padre.

A mi mente vino esa noche que caminé de madrugada sola a casa... Si se hubiesen enterado de eso, me costaría el permiso. Debía seguir en el desconocimiento colectivo.

—¡Pero…! – rebatía aún Touya.

De todos modos quien le da permiso a Sakura soy yo, y yo consiento que vayas, hija – avaló mi padre mirándome sonriente.

Observé a mi hermano arder en ira. Me molestó que tratara de impedir mis vacaciones, pero tan pronto expuso el motivo no pude más que reír. Él me seguía viendo como su hermana pequeña a la que debía proteger. Me provocó hasta ternura su reacción.

—Hermano, me cuidaré lo prometo – prometí con toda la intención de cumplir.

—¡Nada de hombres Sakura! No quiero enterarme que tienes a alguno a menos de dos metros mínimo. No, ¡cinco metros! – amenazó realmente incomodo con la sola idea.

Me sonrojé y reí. De hecho me puse nerviosa. Esa era la verdad.

—No la avergüences, Touya. Ella sabe lo que hace. Confío en ella – aseguró con total confianza.

De pronto me acordé de todo lo que había hecho en esa casa, en la escuela, en el parque y en donde fuera que la lujuria nos atrapó a Syaoran y a mí y no fue necesario ir lejos para hacerlo… Tal vez la aprehensión de mi hermano era algo real después de todo, sólo que a destiempo… y me pregunté qué sucedería si supiera mi verdad…

—Cuando decidan donde ir, me avisas – dijo mi padre a modo de terminar la discusión unilateral de mi hermano.

Papá se marchó a la cocina dejándome con Touya que me comenzó a mirar desconfiado.

—Como que sepa que tienes novio o de que miraste a algún hombre ¡te meteré a un claustro! – me advirtió celoso.

Iba a gritarle que era mi vida y que él no podía pretender vivirla por mí, pero mi padre fue más rápido y me ahorró el disgusto.

—¡Touya! – gritó mi padre desde donde estaba. Había oído su amenaza.

Mi hermano se marchó pero no me quitó la vista hasta que subió por la escalera. Aquello fue espeluznante, porque sabía que era celoso, no obstante eso era abuso. Él pretendía que me quedara soltera y no era que no lo pensara como posibilidad, pero era molesto escucharlo de él. Estaba reconsiderando mi decisión del celibato y soltería solo para llevarle la contraria a ese australopiteco que tenía por hermano.

Subí a mi habitación decidida a hablar con Tomoyo al día siguiente para contarle las nuevas noticias.

Aunque al otro día los planes no marchaban como yo esperaba.

—Tomoyo ¿me estás escuchando? – exigí saber.

Hacía ya rato que por más que hablaba me parecía que ella no me estaba prestando atención.

—¿Has escuchado algo de lo que te dije? – consulté un poco molesta.

—Perdona, Sakura. He estado distraída todo el día ¿Podrías repetírmelo? – pidió amablemente.

—Tomoyo ¿Estás bien? – consulté preocupada.

—Si ¿por qué preguntas? – quiso saber.

—Usualmente soy yo la que existe sólo presencialmente – repliqué.

—Disculpa, no era mi intención – volvió a disculparse.

—¿Quieres ir al viaje conmigo Tomoyo? Dime la verdad, no me enojaré – le pedí saber, sería decepcionante pero no iba a obligarla…

—¡Si quiero ir! No tiene que ver con eso – contestó más rápido de lo que pensó en su respuesta que reveló algo.

—Entonces si te pasa algo – concluí.

—No… es decir sí… no, no es nada – respondió insegura.

—Habla – demandé su respuesta.

—Preferiría no hacerlo – manifestó abochornada.

—¿Estás segura? ¿Puedo ayudarte en algo? – insistí.

—No, si… no… ¡No! Olvídalo – pidió contradictoriamente.

—Está bien, si no me lo quieres decir no te obligaré – corroboré un poco enojada por la situación.

Tomoyo estaba muy extraña. Ella nunca se quedaba así de absorta, siempre prestaba atención a las personas y se veía que aunque quería decirme, algo la detenía.

El timbre rompió el momento incómodo y me preparaba para seguir mi camino, cuando mi amiga me sujeto de la muñeca y sin mirarme a la cara me preguntó.

—Sakura… - me llamó.

—¿Tomoyo? – le contesté.

—Si quiero ir al viaje contigo, mamá ya me autorizó. Si no hay un cambio de planes, es un hecho que estamos yendo – confirmó.

—A la salida conversemos de a dónde iremos – me animé rápido con esa noticia, casi olvidando el comportamiento de ella.

—Lo estaré esperando – respondió ella complaciente.

Pegué un grito de emoción y corrí enérgicamente a mi salón. Estaba tan feliz que ni siquiera el haber pasado al pizarrón y haber hecho un ejercicio tan mal como fue posible, haciendo que mis compañeros se rieran de mi torpeza matemática, consiguió arruinarme el día.

A la salida Li se interpuso entre la salida y yo nuevamente. ¿Qué estaba mal con él?

—Kinomoto ¿podemos hablar ahora? – solicitó formalmente.

—Disculpa, no. Tengo una cita ahora. Otro día – negué.

No me detuve para averiguar nada más y corrí para encontrarme con Tomoyo, que no estaba mucho más allá, haciéndome señas.

Ella miró por encima de mi hombro y me pareció que hizo un gesto a alguien, volteé a ver a quien, pero no vi a nadie. Quizás fue solo mi idea.

—¿Quieres ir a algún lugar en especial? – preguntó Tomoyo.

A decir verdad no lo había pensado – contesté honestamente.

—Ni yo – admitió ella.

Tomoyo yo pasamos la tarde hablando sobre nuestro posible destino pero no llegamos a ninguna conclusión. Eso iba a ser más dificultoso de lo que pensé en un principio.

El jueves llegó y al intentar salir, volví a encontrar a Li entorpeciendo mi salida. No había recordado hasta ese momento que desde hacía unos días era lo mismo. Rodé los ojos ¿qué era lo que quería?

—¿Hoy si podemos hablar? – preguntó tratando de consultar su ansiedad.

—Lo lamento, pero estoy apurada – respondí un poco ruda, pero sin una intención real de serlo.

Observé cómo apretó sus puños. Estaba enojado

—Mañana ¿sí? – consulté indulgentemente.

—Mañana entonces – confirmó él.

Asentí desinteresada. En otro momento de mi vida me habría preguntado qué era lo que buscaba decirme con tanta insistencia, pero eso era parte del pasado. Aquella era la comprobación de que la promesa hecha a mi misma estaba siendo efectiva.

Se observaba en el aire cómo estaban todos preparándose para las vacaciones. Todos se veían más felices y con energías renovadas a pesar de la cantidad de trabajos finales y proyectos por terminar.

A la salida nuevamente me enfrenté al insistente Li.

—¿Hoy sí? – interrogó.

Ni modo. Había olvidado que le había dicho que hoy hablaría con él. Tendría que cumplirlo, solté un sí forzado y el arrugó el ceño. Él notaba mi reticencia y yo de verdad no lo hacía a propósito, pero no me nacía realmente ser de otro modo con él.

—Tú dirás – solté.

—¿Aquí? – exclamó asombrado por mi respuesta.

—¿Y dónde si no? – extrañada consulté ¿dónde pretendía entonces?

—¿Te parecería bien ir a esa sala? – sugirió en un susurro audible sólo para ambos.

No tenía que especificarme a qué sala se refería. Lo sabía. De mala gana asentí y le dije que lo alcanzaría allá, pero al parecer no me creyó, si no que comenzó a caminar unos metros más adelante y se giraba cada dos segundos para comprobar si seguía atrás de él. Me estaba comenzando a crispar los nervios.

Abrió la sala con la llave que no sabía cómo había obtenido y entré tras él. Habían pasado meses desde la última vez que estuve ahí, sin embargo el tiempo no pasaba por ahí. Estaba exactamente como la recordaba.

—Sakura yo… - comenzó el discurso.

—Kinomoto, mi nombre es Kinomoto – rectifiqué. Me incomodó oír mi nombre con su voz.

Él se cortó ante mi interrupción.

—¿Disculpa? Estabas diciendo algo – le pedí que siguiera con lo que había empezado

—Lo sé todo – dijo.

—¿Qué cosa? – consulté, aquel "todo" era demasiado amplio.

—Lo de que Eriol te amenazó con fotos de nosotros dos, en el que era nuestro lugar – soltó con tanta facilidad que me asombré.

Me sonrojé. Independiente de como viera la situación ahora, las cosas que hice sin pensar demasiado antes, en muchas ocasiones seguían teniendo la fuerza para ruborizarme. Probablemente ya no las haría, o eso buscaba creer, que había cambiado. Quizás incluso debería agradecerle la intromisión a Eriol… hubiese sido peor que alguien más y con peores intenciones nos encontrara. Sonreí por aquel pensamiento de "agradecimiento" hacia él.

—¿Y qué? – inquirí.

—¿Por qué nunca me lo dijiste? ¡Lo hubiésemos solucionado juntos! – exclamó él con seguridad.

Si ya tenía una sonrisa en mi boca, aquello me hizo reír con ganas.

—¿Recuerdas lo que hiciste justo después? ¿No? ¿Tengo que mencionar que te negaste a hablar conmigo y que te escondías de mí? No una semana ni dos, sino meses – le aclaré sin contenerme ni siquiera un poco.

Lo vi palidecer. Era bueno que supiera la verdad, pero para mí eso ya no hacía ninguna diferencia y se lo hice saber.

—Al menos ya lo sabes, un poco tarde pero eso nos permite a ambos acabar con el tema. Entre tú y yo no hay nada más pendiente – sentencié.

—Debí escucharte – admitió con arrepentimiento.

—Sigues sin hacerlo aún ahora, ya dije que no hay nada más que tratar – le hice ver - Ya está todo claro entre nosotros.

—Yo… - intentó hablar pero lo interrumpí.

—Lo que vivimos fue ehh… lindo… excepto por como terminaron las cosas no me arrepiento de nada, pero ya fue suficiente. Todo lo que hay entre nosotros es una relación entre compañeros de grado y eso. Quizás y ya ni siquiera estemos juntos el próximo año, quién sabe. Lo que si te diré es que te deseo éxito en tus proyectos, eres un buen chico después de todo – reconocí abiertamente.

Él me miraba como si no me creyera una sola palabra de lo que le decía. Se acercó más de lo que soportaba. Desde hacía un tiempo procuraba que nadie se me acercara lo suficiente para invadir mi metro cuadrado personal.

—Dices eso… ¡pero estuviste evitándome toda la semana! – escupió contrariado.

—No sé si te das una idea… pero tengo vida además de estar en esta escuela. Empieza justo después de la última clase. No era que te estuviese rehuyendo deliberadamente. No es como si fueras alguien importante para mí – disfruté cada palabra dicha en mi aclaración.

Recordé y repetí las palabras que pronunció él alguna vez y pronunciarlas fue como quitarme una astilla que tenía en el alma. Se sintió bien decirlas. Mejor de lo que imaginé.

Sonreí y le di una reverencia a modo de despedida. De verdad no tenía nada más que decirle. Para mí ya había pasado demasiada agua bajo el puente y el que ahora él supiera lo que intenté tanto tiempo decirle, me daba igual.

Syaoran me miró desafiante y eso a decir verdad no lo esperaba. Creí que esas palabras tendrían un efecto más parecido al que tuve cuando fui quien las recibió, un efecto invalidante, pero no.

En dos zancadas estuvo frente a mí. Lo miré pendencieramente, no iba a retroceder y no creía que se atreviera a más, pero con él siempre me equivocaba, y no fue la excepción. Lo miré incrédula como cerraba los ojos y se apoderaba de mi boca. Sentí la húmeda sensación de su lengua abrirse paso a través de mis labios. No le respondí pero tampoco pude apartarme. No supe por qué, simplemente lo dejé hacer lo que estimara conveniente. Fue raro el estar siendo besada y tener la incapacidad de cerrar los ojos, mientras él estaba sumamente concentrado en lo que hacía. Intentó hacer que yo le correspondiera, pero su empeño no logró nada. Estaba completamente inmunizada contra Syaoran Li, ese era mi tan esperado triunfo, pero no se sentía así.

Él se alejó un poco mirándome perplejo y fue como un reflejo, no lo hice a propósito, pero con mi manga derecha limpié cualquier resquicio de su saliva en mi boca. No era asco lo que sentía, pero pude interpretar en sus ojos que él lo vio así. Iba a abrir la boca para disculparme por el gesto que había sido involuntario pero hiriente, sin embargo ni siquiera sabía por qué debía justificar algo así, pero me sentí un poco mal, creo que trasgredí el límite.

El silencio envolvió la ya de por si perturbadora situación. No me atrevía a irme y él tampoco hacía amago alguno. Hasta que habló.

—Tu si fuiste realmente importante para mí, Sakura. Debí decirte antes lo relevante que eras en mi vida. Lamento no haberte dado una oportunidad de explicarme lo que pasaba. Es que tú no tienes noción de lo que fue para mí verte con otro… – reconoció abiertamente.

Mi corazón sin mi autorización comenzó a palpitar más rápido a medida que él revelaba información. No quería que lo consiguiera, no lo dejaría, pero estaba comenzando a desestabilizarme.

—…No se suponía que besaras a nadie más que a mi… pensé tantas cosas, te odié de tantas maneras sin odiarte realmente… pero te seguía queriendo, te deseaba aún cuando tu estuvieras con alguien más, creí que podía compartirte si no pensaba en ustedes dos teniendo sexo… creí que podría… Esa última tarde en tu habitación… Va a sonar vulgar pero ya me siento duro de solo recordarla… - admitió con una expresión anhelante en su rostro.

¿Por qué no se callaba? Estaba hablando más que en todo el tiempo que estuvimos juntos. Quise taparme los oídos y rodearme de murallas con aislación acústica.

—…No quería irme a Hong Kong, mi hermana estaba enferma y si mi mamá me avisaba era porque no debía ser algo tan simple… no debí irme sin despedirme… pero tu dormías tan profundamente no me atreví a despertarte. Después pensé en que debí dejarte una nota, algo para que supieras que estaba decidido a estar contigo como fuera… y después te encontré con Eriol en el parque, yendo a ese árbol que en más de alguna ocasión nos protegió de las miradas de transeúntes cuando nos besábamos más de lo socialmente permitido… - hablaba sentidamente.

Le di la espalda. Mis ojos comenzaron a picar y me llevé la mano a mi rostro. Las lágrimas al igual que mi corazón comenzaron a actuar sin mi consentimiento. ¿Qué era todo eso? ¿Por qué se revelaban contra mí mis emociones?

—Imaginé en cómo lo hacías con Hiragizawa, te vi tan deseosa de él... Tanto como te mostrabas conmigo y yo sabía lo que eso conllevaba... Me convencí de que lo que vivimos no fue nada significativo para ti. Decidí que debía conocer a otras chicas y fue todo un reto…debía dejar de ser yo para que no me ignoraran, se hizo fácil después de que probé el alcohol… después de la cuarta intenté llevar las cosas más lejos… pero ese fue mi límite y te odié por marcarme así… y por castrarme – confesó.

Él estaba en un estado de catarsis y yo al borde de la histeria.

—¿Era con él tan bueno como lo era conmigo, Sakura? – preguntó peligrosamente.

¿Qué se suponía que debía responderle? ¿Qué qué le importaba? Era la clase de contestación que anhelaba darle pero que desde que empezó su perorata ya no me atrevía a hacerlo.

—¿También lo llevaste a tu casa? ¿Lo dejaste dormir en tu cama?– consultó inseguro.

Opté por hablar con la verdad y enfrentaría cualquiera fuese el resultado de ello. Sus preguntas, sus celos, su inseguridad, su confesión… todo eso en conjunto había hecho que me llegaran cada una de sus palabras.

—No hay siquiera algo remotamente cierto en lo que dices – respondí con honestidad desde que empezó la conversación.

Me volteé para mirar su reacción. No estuve segura de si oyó mi respuesta, porque siguió interrogándome.

—¿Por qué si supuestamente era un noviazgo falso… tú… y él…? – pronunciar aquello lo irritaba y no lo escondía.

—¿Necesitas saber eso? – contesté bajando mis barreras voluntariamente ante él.

—Quisiera no saberlo, pero creo que lo necesito – admitió.

—No voy a negar que con Eriol nos besamos en más de unas pocas oportunidades… de algún modo retorcido comenzó a agradarme – reconocí los hechos.

Syaoran escuchaba mi respuesta atento, pero sin mirarme directo a los ojos. Lo comprendía. Escuchar de su boca que había estado con otras chicas había sido molesto, y aunque había intentado ignorarlo, siempre cuando oía los comentarios sobre esa situación tenía que forzarme a mi misma para seguir mostrando indiferencia.

—¿… y si te dijera que eso fue todo lo que pasó con Eriol? – consulté ansiosa de saber su respuesta.

—Te diría que creería lo que tú me dijeras que tengo que creer – contestó maduramente.

Decidí que le revelaría la verdad. No tenía nada que perder. Era tiempo de acabar con la información oculta y las verdades a medias.

—Lo que viste ese día en el Parque Pingüino fue lo máximo a que llegamos. Nunca estuve con él – revelé cohibida.

Sólo cuando le dije la verdad me sentí realmente libre. Era insólito el hecho de que estuviéramos hablando realmente después de tanto tiempo de conocernos, y que nunca lo hubiéramos hecho antes. Eso hablaba fuerte y claro del grado de madurez con el que contábamos…

Él indagó en mi rostro buscando la confirmación de mis palabras y al parecer encontró lo que buscaba.

—¿Puedo besarte? - solicitó debidamente.

—Lo siento, pero no. Tomé una decisión y es que quiero estar sola. No quiero que mi juicio se vea nublado por… - fui interrumpido mi discurso.

Sus labios una vez más se detuvieron en los míos. Mi reacción no fue demasiado distinta a lo vivido con anterioridad, no fui capaz de cerrar los ojos en esa ocasión, pero tampoco los de él se cerraron. Con determinación me abrazó y siguió intentando que le devolviera el beso que estaba comenzando a mermar mi firme creencia de que debía mantenerme célibe, y de que los hombres no traían consigo nada más que problemas. Debí haber sabido que si alguien tenía el poder de hacerme cambiar de opinión, ese con seguridad sería Syaoran.

Traté de ignorarlo y creo que por poco lo consigo. Traté por todos los medios acabar con mis sentimientos por él, pero sólo había conseguido adormecerlos, claro… no los sentía, porque estaban como ausentes, pero seguían vivos en algún lado, y como una braza fue suficiente sólo una brisa para avivar el fuego.

Tímidamente comencé a responderle. Había perdido la seguridad que los años a su lado me habían dado, pero pronto comencé a recordar cómo hacerlo apropiadamente, pero fue hasta que sentí cómo me tocaba un pecho que lo aleje. No quería que atentara contra mi nueva adquirida consciencia y menos en ese lugar donde vivimos experiencias tan sórdidas. No quería volver a lo mismo. Él se disculpó y se sintió raro el que lo hiciera. Nunca antes nos habíamos pedido disculpas por tocar al otro. Había logrado que la situación fuera incomoda ante mi negativa.

—¿Qué es lo que pretendes, Li? – no pude evitar preguntárselo.

El sosiego en el que estábamos inmersos era sepulcral. Quizás mi pregunta fue muy directa.

—Quiero volver a estar contigo… así como lo estábamos antes – admitió.

No esperaba esa respuesta, pero no pude sino evitar hacer que me sintiera decepcionada. Él seguía gustándome. No, gustarme se quedaba corto para lo que realmente sentía por él… pero Syaoran no me estaba ofreciendo nada distinto a lo que tuvimos por años, y yo ya no quería encuentros furtivos, no quería andar escondiéndome. Sentía que no merecía eso, quería más, lo quería todo. Deseaba poder salir con él, tomarnos de la mano, besarnos en cualquier tipo de situación, llevarlo a casa a cenar a veces… simplemente eso…no era tanto pedir ¿verdad?

Él interpretó mi silencio como un rechazo y fue mejor así. Era muy difícil pensar en las palabras para explicárselo.

Syaoran se acercó y sostuvo mi rostro con sus manos, que como siempre estaban muy cálidas. Me dio un beso inquietamente largo en la mejilla, apoyó su frente en la mía, y susurró:

Al menos ya aclaramos como fueron que pasaron las cosas…. Nos hicimos daño y mostramos lo peor de nosotros mismos… Al menos yo me esforcé en hacerlo y no conseguí nada más que culpabilidad al obligarme a hacer cosas que realmente no quería… cuídate mucho, Sakura.

Con esas últimas palabras Syaoran me dio un beso en los labios, dos segundos, no más que eso, que bastaron para hacerme dudar de si estaba tomando la decisión correcta al no aceptarlo y dejarlo ir.

Volví a quedarme sola en ese salón igual que hacía tiempo, sintiéndome incluso más vacía y sola que en ese entonces.

Sin darme cuenta casi, mis pasos me guiaron a casa. Touya no iba a llegar y papá aviso que era muy probable que su trabajo lo mantuviera en la universidad hasta muy entrada la noche, y que era mejor si no lo esperaba para cenar. Estar en casa sola sin siquiera tener una misión como preparar la cena era abrumador.

Intenté llamar a Tomoyo pero ella me había dicho que estaba leyendo un libro nuevo, y como bien sabía eso significaba que hasta que lo terminara no sabría de ella. Respetar los espacios de los demás nunca se me hizo más difícil…

Me abrigué para salir a dar una vuelta, estar en casa me estaba ahogando. Quería hacerme creer a mi misma que era sólo a dar un paseo, pero era demasiado obvio hacia donde me estaba dirigiendo. Lo ocurrido esa misma tarde no dejaba de rondar en mi cabeza. No quise pensar más y lo que faltaba por recorrer para llegar a su edificio lo hice corriendo. Lo echaba de menos, lo necesitaba, esa era la verdad y era más fuerte que mi determinación inicial. No tardé en llegar, golpeé su puerta y apenas me abrió me lance a sus brazos, buscando su boca con apremio. Syaoran me respondió al instante y cerró la puerta usando una fuerza innecesaria una vez que la atravesé.

Nos quedamos mirando fija e intensamente. Sentía mi corazón latiendo en mi oído y las palabras que no pude decirle esa misma tarde fluyeron con facilidad una vez que admití que aún lo quería.

—Hay algo que no te dije – expresé.

—¿Qué fue lo que no me dijiste? – pregunto curioso.

—No quiero volver a estar contigo… - comencé a hablar.

Mis palabras tuvieron un efecto parecido al de la tarde, pero mi intento de discurso fue interrumpido por él.

—Eso si lo dijiste – aclaró.

—No quiero volver a estar contigo – repetí – no como antes al menos.

La expresión que adquirió tan pronto terminé de decir aquello supe que fue de alivio.

—¿Por eso me rechazaste antes? – se sorprendió - No sé qué haremos… soy tan malo usando las palabras como sin hacerlo. Siempre termino equivocándome contigo.

—¿Eh? – exclamé sin entender del todo a lo que se refería.

—No era lo que pretendía cuando hice una alusión al pasado sobre el tipo de relación que tuvimos – explicó.

No le respondí porque ya estaba todo claro. A partir de ese minuto, en ese preciso instante él y yo volvíamos a estar juntos.

Syaoran me llevo a su habitación. Estaba totalmente al tanto de lo que aquello significaba también; mis votos de castidad estaban temblando… casi tanto como yo…

Él se sentó en la cama y me invitó a sentarme a su lado, todavía un poco dubitativa hice lo que él me indicó.

—¿Y si te dijera que no me siento preparada para esto aún? – le pregunté curiosa.

—Te diría que no me importa esperarte hasta que lo estés – respondió con certeza.

—¿Estás seguro de que podrías? – seguí tentando su respuesta.

—Completamente – aseguró con determinación.

—Eso es bueno saberlo, porque yo no creo que realmente pueda negarme – admití.

Él asintió y luego procesó lo que le dije y se me abalanzó tan pronto comprendió. Tomo mis piernas y las dejó sobre la cama de tal forma que quedé bajo él.

—Te he extrañado tanto… creí que hoy era el final definitivo para nosotros… - confidenció.

Él aún usaba el uniforme, como yo, pero la corbata no estaba, sólo usaba esa fina camisa y una camiseta debajo, la que descubrí una vez que le desabotoné pacientemente los botones. No le quité la camiseta, se la dejé puesta, pero se la levanté cuando con mis manos acaricié su torso hasta saciarme de su calor.

—Quiero hacerte tantas cosas contigo, pero no creo que pueda hoy – le dije.

—¿Por qué? – consultó un poco contrariado.

Miré el reloj digital que estaba justo al lado de su cama y pronto serían las nueve de la noche.

—Debo volver a casa – respondí.

—Quédate. Mañana le explicamos a tu padre todo – sugirió valientemente.

Me quedé en silencio y con la boca abierta por su idea. Había sido yo la que quería un cambio en nuestro modo de relacionarnos, pero aquello era un poco – demasiado, de hecho- extremo.

Lo besé apasionadamente y aprecié que estuviera dispuesto a enfrentar el infierno por estar conmigo.

—No creo que sea la mejor forma de presentarte a mi familia – reconocí – quiero hacer las cosas bien.

—Está bien. Me vestiré más decente para ir a dejarte – aceptó.

Él se levantó y empezó a buscar ropa para colocársela, todo ante mi mirada.

—¿Te cambiarás frente a mi – le pregunté incrédula por lo que veía.

—¿Te molesta? – preguntó sabiendo la respuesta

—¿Lo haces con alevosía? – intenté sonsacarle la verdad.

—Posiblemente – admitió.

—Te está resultando… - acepté.

—¿Sí? – consultó él orgulloso de si mismo.

—Sí… creo que puedo considerar el retrasarme media hora – propuse.

Me acerque a él y lo arrastré a la cama. Sus pantalones no estaban, sólo estaba en su ropa interior, a través de la que ya podía apreciar el efecto de mis acciones. Lo desnudé y él no hizo amago alguno de molestarse ante ello. Lo miré atrevidamente. Me encantaba.

Seguía completamente vestida, pero la falda nunca antes fue un impedimento, y tampoco lo fue en ese momento. Él en un movimiento que no fui capaz de prever me la desabrochó.

—Quisiera verte desnuda, pero sé que no tenemos suficiente tiempo – acotó ante mi mirada alarmada.

Observé que estiró su brazo hacia el velador y sacó un preservativo de ahí. Si él no me hubiese dicho que no había sido capaz de estar con nadie más lo habría dejado con esa erección y habría salido corriendo. Calmé mi turbada mente ante esa acción.

—¿Por qué? Nosotros casi nunca usamos… no nos gustaba… - cuestioné.

—Porque si entro en contacto directo contigo… con lo excitado que estoy no duraré ni diez segundos y tú no quieres eso ¿verdad? – argumentó impecablemente.

Me quedé impactada por su respuesta, y con ello acepté que cualquier resquicio de mi ser que no admitiera que lo amaba aún, acababa de caer bajo su hechizo en ese momento.

Tal como lo dijo creo que su decisión de usar un profiláctico fue acertada, porque sin nada de estimulación yo estaba totalmente receptiva a su intrusión. Fue simple, no hubo una posición distinta ni extrema, la clásica: él sobre mí, moviéndose rítmica y deliciosamente haciéndome sentir cada centímetro de su hombría invadiéndome y unos pocos minutos fueron suficientes para hacerme alcanzar aquel orgasmo tan reparador y curativo para ambos. Debo admitir que me hubiese gustado sentirlo terminar dentro de mí, pero aquello hubiese sido demasiado perfecto y nada lo podía ser tanto.

Syaoran fue al baño que estaba afuera y me permitió usar el de él.

Me miré al espejo mi rostro estaba sonrojado y la sonrisa que tenía en los labios no la podía reprimir.

Al salir él me estaba esperando justo afuera y me atrapó contra la pared, en un movimiento claramente arriesgado y dio un beso extremadamente húmedo que logró que volvieran a darme ganas de él.

—Syaoran, tengo que irme – le pedí apenas siendo capaz de contenerme a responderle como deseaba.

—Lo sé, pero no quiero dejarte ir – admitió.

—Si llego demasiado tarde me castigarán y no me dejarán salir mañana – le mentí.

—Aquellas palabras parecieron tener el efecto deseado porque me dio un poco de espacio.

—Vamos – contestó desganado.

Salimos del departamento. Él estaba a mi lado un poco molesto aún, y me pregunté si acaso estaba bien caminar a su lado de la mano o si quizás era demasiado pronto y escogí no quedarme con la duda y lo hice y me sentí feliz cuando el gesto fue aceptado. Era la primera vez que hacíamos eso y me sentí enormemente feliz.

El camino a casa se hizo inoportunamente corto. No me quería despedir de él y si lo hacía no estaba segura de cómo hacerlo, pero no tuve más tiempo para pensarlo porque Syaoran fue más rápido y me besó. Comenzó como un beso simple, pero con los segundos mis brazos se adhirieron a su cuerpo como una boa constrictora atrapa a su presa y mi lengua y la suya comenzaron una batalla sin igual, en la que ninguna parecía que se detendría, eso hasta que escuché una voz dirigirse hacia mí llamando mi nombre.

—¿Sakura?

Solté a Syaoran de inmediato y abrí los ojos encontrándome con los ojos de mi padre mirándome totalmente impresionado por lo que había atestiguado…

Continuará...


En menos de lo que pensé he traido una nueva entrega. En mi país enfrentamos un temporal espantoso (saludos a las chilenas que me leen en especial) y aproveché para no hacer nada (entré a clases el lunes pero aún no me he dignado a aparecer...) así que utilicé mi tiempo para escribir y bueno, lo terminé.

Queda poco, dos o tres capítulos y si es que, un epílogo creo.

Ahora responderé sus preguntas hechas a través de reviews.

ValSmile: El fragmento del libro de Tomoyo es algo que salió de mi pervertida mente querida amiga jajajaja asi que no hay un título que pueda otorgarte. De todos modos el siguiente capítulo (este) iba a ser desde el punto de vista de Sakura, asi que como siempre, espero que te agrade. ¡Saludos! ¿Viste que me estoy portando mejor con la página de facebook de Syaoran y Sakura? jajajaj

Sakura Kinomoto Amamiya 26: y qué tal este capítulo? Ya están juntos de nuevo, finalmente después de tanto drama y malos entendidos. En cuanto a Tomoyo con Eriol... mmm no sé, uno no siempre puede evitar fijarse en las personas menos apropiadas, quizás terminen juntos, quizás no, pero estoy segura de que Tomoyo es alguien que sabría cuidarse de Eriol en ese caso.

Camili: ay Camili, Camili jajajaja creo que has roto tu propio récord sobre el largo del review, lo he leido como diez veces, igual de ansiosa como tu dices que lees mi historia, asi que vamos aclarando esto detalladamente.
-Me encanta que detalles tu ansiedad como lo haces, me da risa porque te imagino y sería bueno como tu dices, verte para darme una idea de cómo reaccionas jajajaja
-¡Oye! ¿Por qué no puedo demorarme? ¡Tengo una vida también! Ehh, no, no realmente jajajaja asi que como ves ya está el siguiente capítulo. De todos modos los reviews de presión tienen su efecto. A veces hay que aceitar los engranajes.
-Ya volvimos al punto de vista de Sakura. ¿Qué tal?
-Syaoran pagó en parte sus culpas con la espera que Sakura lo sometió sin siquiera planearlo. Tuvo que soportar casi una semana mordiendose la lengua. Creo que ella igual lo disculpó fácil... pero que le vamos a hacer, está enamorada y todas sabemos qué conlleva eso...
-No odio tanto el drama... lo que odio de verdad son las tragedias y los finales amargos o ambiguos, asi que no tienes que temer respecto a eso. Pero de verdad, nada de lo que escribo lo planeo, me pongo a escribir y a veces situaciones que no pensé surgen, es extraño, a veces leo mis historias y es como si otra persona las hubiera creado. Syaoran no hizo cosas cursis porque creo que él no lo es, pero tuvo un ataque de sinceridad que fue determinante. No estuviste demasiado lejos acerca de cómo lo perdonó Sakura, igual lo hizo sufrir... al menos por unas horas jajajaja
-Syaoran es extremadamente celoso, lo muestra en la serie, lo hace en esta historia y me encanta que así sea. En este capítulo dio a entender cómo se sentía respecto a saber que Sakura tenía sexo con alguien que no fuera él y lo pasó mal...
-Tengo 2x, peligrosamente cercana a los 30 jajajaja y leo fanfics desde que tengo como trece años (aunque con intervalos de años, debo admitir) y sí, no es algo que uno suela comentar y mucho menos admitir que lo escribo... nooo jajajaajaj, todos saben que escribo pero nadie sabe realmente qué... deben pensar que intento hacerme la interesante. La verdad no me gusta que me vean leyendo cosas eroticas, en el celular cuando viajo, leo fanfics en inglés asi me evito esa verguenza de que lo sepan xD
-En ese caso, como ya expresamos el interés mutuo de conocernos te digo que mi mail es mi nick, tal cual, con un arroba G mail, tan simple como eso ajajajaj. Espero que estés bien con este asunto del mal tiempo, como no sé de dónde eres no sé si estás siendo afectada.
-Entré a clases mujer, pero no me he dignado a ir ajajajaja, dije: "me merezco tener una semana más de vacaciones" y lo hice... mañana las clases se suspendieron asi que quizás me ponga a escribir nuevamente... no sé, lo estoy sopesando ¿qué piensas de eso?
En fin, muchísimos saludos, cuídate y obvio que estaré ansiosa esperando saber qué te pareció este capítulo. Ahora puedes enviarme virus al mail jajajaja

FLEER 99: Gracias por tu apoyo en reiteradas ocasiones. Estoy muy agradecida contigo y sí, tienes razón, no queda mucho y tampoco me tardaré en actualizar. ¡Muchísimos saludos!

HeySmile30: ¿y qué tal? Ya están juntos de nuevo ¿lo esperabas tan pronto? ¿Por qué Tomoyo no canta? Mmm quizás lo descubramos en la siguiente entrega, pero no te preocupes que no te quedarás con la duda. Espero que te haya agradado este capítulo. Gracias por tu constante apoyo, cada review me hace querer escribir rápido para que no se olviden de los detalles jajajjaj En fin, no te aburro más. ¡Saludos!

Stephy: ¡otra compatriota más! ¡Qué gusto!
-¿Por qué pensaste que no tomaría en cuenta tu opinión? Lo que me digas y que me haga mejorar lo tomaré, estoy totalmente dispuesta y abierta a las críticas y sugerencias. Asi que por supuesto que si me das tu tiempo yo también siento que debo retribuirte de alguna manera ;)
-¿Fue tu parte vengativa satisfecha con las pocas horas que hizo sufrir Sakura a Syaoran? jajaja ¡lo siento! No me aguanté, quería reunirlos pronto.
-Créeme que Tomoyo jugará una parte importante ante el castigo que Eriol aún no sufre.
-Si es verdad lo del censo ordinario de hace años jajajaja no sabremos cuantos somos, pero independiente de eso tanto allá en México como en Chile es donde más me lee y me hace feliz, los mexicanos siempre me han parecido gente muy amable y nos regalaron ese doblaje muy bien hecho de Sakura. No puedo más sino estar agradecida con ellos.
-¿Todo bien por allá donde vives? Acá en Valparaíso estamos con alerta roja jajajaj
Me despido yo también. Me agradan mucho tus reviews, espero seguirlos recibiendo... ¡cuídate mucho y mil saludos!

Kimi Deathberry: ¿En serio? No sospechaba que tu personaje favorito era Tomoyo... pero es bueno saberlo, me atrevo a sugerirte un fanfic que escribí con ella de protagonista entonces :)
-Creo al igual que tu que Tomoyo es fundamental en la vida de Sakura, su apoyo incondicional para ella y me encanta la relación de ambas.
-Muchisimas gracias por el detalle de hacerme saber eso de que te gusten mis fanfics. Es cierto, aunque los coloco en distintos contextos de donde pertenecen, trato de respetar al máximo las cualidades y la personalidad de ellos. Creo que esa es la gracia al final, si no serían personajes propios y no es la idea.
-Ánimo con tus ocupaciones, si lo comprendo absolutamente, no tienes que pedir disculpas, es sólo que cuando siempre postean reviews y a veces no lo hacen me pregunto por qué jajaja inseguridad de aspirante a escritor yo creo. Ojalá lo estes sobrellevando todo bien!
-El relato del libro de Tomoyo es invento mio jajajaja. Tienes toda la razón, Tomoyo está empezando a despertar sexualmente y uyyy que saldrá de eso.
En fin, muchos saludos, ¡cuídate y espero leerte pronto!

Saludos a todos los que leen esta historia. Gracias.