N/A: Aquí os traigo un nuevo capítulo. La sonrisa de Dave me dio algunos problemillas pero creo que al final he sabido encaminarlo. No penséis que ignoro vuestras sugerencias, de hecho me han ayudado mucho. Pero por ejemplo, me cuesta definir una sonrisa como experimentada o fuerte. Si viera la sonrisa de David Rossi por primera vez creo que la definiría como en este capítulo.


"La sonrisa es una verdadera fuerza vital, la única capaz de mover lo iconmovible" Orisson Swett Marden


SSA David Rossi

En todos los trabajos se cometen errores. Por supuesto el FBI no es una excepción. Desde fallos con el papeleo a otros más serios en el campo que le podían costar la vida a alguien. Por suerte, Grant Anderson no podía cometer errores de ese tipo, dado que no hacía trabajo de campo. En la UAC no eran muy dados a las meteduras de pata y lo cierto es que pocas veces los perfiladores fallaban. Grant había oído algunos rumores de errores durante algún caso, pero si los había era difícil enterarse; sin embargo, si se enteraba de lo que pasaba en la oficina. Sabía que Rossi era quien más tardaba en entregar un informe, que Strauss había sorprendido varias veces a Emily haciendo un comentario jocoso o una de sus imitaciones, que las bromas de Morgan se habían descontrolado más de una vez o que Hotch había pillado a Garcia y Reid viendo algún capítulo de Doctor Who durante la jornada laboral.

Y por supuesto, él también cometía errores. Nunca olvidaría uno de los peores momentos de su vida, cuando dejó sola a la Agente Greenaway y un psicópata la disparó. Soñó durante semanas con la terrible mirada de Hotchner y con el cuerpo de Elle tendido en el suelo. Pero ahora se encontraba en el bullpen rodeado por Reid, Prentiss, Garcia y Morgan.

-Me va a despedir… -Declaró con el ánimo por los suelos. –Estoy seguro de que me va a echar…

-Oh, vamos, Anderson, verás que no es para tanto... –Le dijo Prentiss para quitarle hierro al asunto.

-¿Tú sabes lo que adoraba esa figurita de cristal? –Se llevó las manos a la cabeza intentando ocultar las ganas de llorar.

-No me puedo creer que te hayas cargado el búho que tanto adora Strauss. Debe costar una pasta… -Comentó Morgan.

-Por la calidad del cristal y las piedras preciosas diría que entorno a tres mil dólares, eso sin contar el valor sentimental... -Calculó Reid antes de llevarse una colleja al igual que Morgan por parte de Prentiss.

-Así no ayudáis.

-Anímate, seguro que podemos pegarlo. –García le consoló acariciándole la espalda.

-Imposible, está hecho añicos.

-Ahora que lo pienso… -Todos miraron a Morgan. -¿Os acordáis de aquella novata que sin querer rompió el perro de porcelana que Strauss tenía en su puerta? –Todos fruncieron el ceño.

-No.

-Normal, nunca se volvió a saber nada de ella. –Anderson dejó escapar un alarido de angustia.

-¡Morgan! –Exclamó Garcia. –Si no vas a ayudar vete de aquí.

-Está bien, preciosa. ¿Qué os parece si lo escondemos y nadie dice nada?

-Eso no está bien. –Opinó Reid.

-Es mejor eso a que despidan a Anderson…

-Es Strauss… Acabaría enterándose… -Opinó Garcia.

-¿Enterándose de qué? –Grant se sobresaltó al oír la voz de Rossi.

-Oh… -Apoyó derrotado la cabeza en la mesa. –De que la cagué.

-Hey. –Notó la mano de Emily en su hombro. –No te puede despedir por esto. –Rossi se acercó y contempló la figurita rota en la mesa, bajo un cleenex.

-Esperad. ¿Todo este drama es por esa estúpida figurita? –Grant levantó la cabeza.

-Esa estúpida figurita que ella adora. –Completó para informarle. Rossi le miró un momento y suspiró.

-Está bien, dámela.

-Imposible, no la podemos pegar. –Intervino Reid.

-No la voy a pegar. Voy a decir que la he roto yo. –Todos le miraron sorprendidos.

-No puedo dejar que mientas a Strauss por mí. –Declaró avergonzado. Rossi cogió el trozo más grande que quedaba de la dichosa figurita y lo estampó contra el suelo. Todos le miraron atónitos.

-Entonces no mentiré. –Dijo guiñándole un ojo.

-Pero he de asumir mi culpa... –Dave pareció meditar un momento.

-Entonces asumámosla juntos. –Anderson asintió ante esa sonrisa que le dio fuerzas para levantarse y salió del bullpen acompañado por el bueno de David Rossi. Lo que creía que sería el camino al matadero resultó ser un poco más agradable. –Una cosa antes. –Dijo el mayor justo antes de abrir la puerta del despacho de Strauss. –Deja que hable yo. –Anderson no pudo evitar sonreír con complicidad.

David Rossi podía torturarle de vez en cuando con algunos temas, pero en el fondo era un tipo legal. Su actitud era resultado de toda su experiencia y eso se reflejaba sin duda en su sonrisa, esa que ahora se le hacía tan familiar a Anderson, capaz no solo de ganarse la confianza de los demás sino de hacer que cualquier Agente recuperara la seguridad en sí mismo.

La sonrisa de Rossi es confiada.


N/A: Estaréis de acuerdo o no en la frase final, pero lo que no podéis negar es que Dave es un amor. ¿Qué os ha parecido? Me falta por decidir la sonrisa de Reid. Se siguen admitiendo sugerencias.

Saludos!