Card Captor Sakura
Sakura / Syaoran
Advertencia: para personas con criterio formado +18
Capítulo IX
Con el estómago apretado observé como Syaoran se alejaba de mi vista. Eriol me miraba con una expresión de arrepentimiento, pero a él no le creía nada.
—Con un demonio, Eriol… siempre llegas a enturbiar mi vida – escupí con rabia cuando me giré hacia él.
—Veo que ya volviste con el tímido – evidenció lo obvio.
—No voy a hablar de eso contigo. Abre la boca de una vez que debo volver con mi novio antes de que se enoje más – contesté impaciente.
Observé que en su rostro formó una sonrisa irónica, supuse.
—Tomoyo lo sabe todo – murmuró.
—¡No le he dicho nada! – exclamé para librarme de la culpa.
—Lo sé, fui yo – admitió.
La quietud e el ambiente nos embargaba y para evitar estar quietos y sin decir nada, comenzamos a caminar. Simplemente lo seguí hacia donde él me llevara. Lo miré, él iba unos dos metros delante de mí y en su postura aprecié que parecía cansado y ensimismado.
—Le dije a Tomoyo que me gustaba… - habló de pronto
Me quedé callada. No sabía qué decirle.
—Dijo que ni siquiera en broma saldría conmigo. No con esas palabras… ella nos las usaría, pero el mensaje era el mismo – siguió con el discurso.
Tomoyo no me había dicho una sola palabra al respecto, nuevamente. Tendría que trabajar con ella ese carácter excesivamente hermético que tenía, así las cosas no me pillarían por sorpresa.
—No sé qué decirte – dije la verdad.
—No me digas nada, sólo quería pedirte disculpas por lo que te hice… nunca fue mi real intención que te separaras de Li – confesó.
—Lo sé… es decir… cooperaste un montón. No obstante… si no hubieses sido tú, hubiese sido cualquier cosa. En ese momento nuestra relación era muy endeble – reconocí.
—¿Estás bien ahora? – preguntó interesado.
—Antes de que aparecieras, si – contesté.
—Lo lamento – volvió a decir.
—No te preocupes, es sólo que habíamos tenido una desavenencia hacía un rato; tu aparición sólo fue la gota que rebalsó el vaso – acoté.
—Volveré a estudiar el próximo año. Me iré a Inglaterra – relató sin un atisbo de emoción.
—¿En serio? ¡Suena genial! – me alegré por él.
—Sí… - contestó.
Por más que Eriol hablaba, no encontraba una sola gota de entusiasmo en sus palabras. Estaba completamente apagado.
—He intentado todo para que Tomoyo se fije en mí, pero ya me rendí – declaró.
—¿Estás pidiendo consejos? ¿A mí? Tú sabes que no te quiero cerca de ella - sostuve mi postura.
—Tuve una relación con una profesora… - comenzó a narrar ignorando lo que dije antes.
Aquella confesión no me la esperaba.
—…las cosas se empezaron a salir de control… habían rumores sobre ella y yo. La quería… pero cuando le expliqué lo que había hecho para resguardar nuestra relación, terminó conmigo de todos modos…- terminó de contar.
—Hubiese dicho que se trata de una persona sensata, pero demostró no serlo al tener una relación contigo – le dije a modo de broma.
Observé que él sonrió verdaderamente por primera vez en la media hora que llevábamos conversando.
—Lo sé, para que me aceptaras te tuve que obligar – reconoció él.
—Eso en parte, pero no me refería a eso, sino a que se involucró con un estudiante – le aclaré.
Los silencios ya no eran incómodos, sólo le daban la cuota de suspenso a la conversación que debimos tener desde un comienzo.
—Nunca olvidaré lo que me hiciste… pero quiero que tengas presente que ya no duele... No puedo seguir refugiándome el pasado para no ser feliz ahora, en el presente… y tú deberías hacer lo mismo. Olvida lo que pasó, vuelve a empezar lo que sea que escojas hacer en Europa. En lo que a mí respecta nosotros no tenemos asuntos pendientes – me liberé de cualquier rencor justo en ese momento.
Él me miró con los ojos brillantes y con un rostro que no podía ocultar su incredulidad ante mis palabras.
—Gracias por darme a conocer el motivo, me tranquiliza un poco que no lo hicieras sólo porque estabas aburrido, despejaste mis dudas.
—En otras circunstancias habríamos sido buenos amigos… - acotó él.
—Estoy completamente segura de eso – admití.
Le sonreí honestamente.
—Eres hermosa, Sakura – me dijo a raíz de nada.
No pude evitar sonrojarme ante su comentario y nos quedamos mirando fijamente un instante. Carraspeé para romper la tensión sexual que se dio en ese momento y ambos volvimos a desviar la vista hacia otro lugar.
—En cuanto a Tomoyo… ¿esto lo haces por ella? - desvié el tema.
—Creí que tal vez me odiaría un poco menos si venía a explicarte mis motivos y si te pedía disculpas… - asintió.
—No sé tampoco qué decir. No eres la mala persona que supuse que eras en un comienzo, pero no sé si me agrades para mi prima… y de todos modos ¿qué caso tendría? Te irás ¿no? – le planteé mis dudas.
—Si, no hay nada que me retenga acá… Allá tendré la oportunidad de reencontrarme con mi persona. Me odio un poco ahora mismo. Y allá también está Kaho… - agregué.
—¿Kaho? ¿Kaho Mizuki? ¿Esa profesora de reemplazo que estuvo hasta el año pasado cuando volvió la momia Tsubaki de su postnatal? – exclamé anonadada.
—Sí, ella – confirmó.
Quedé con la boca abierta. Ella era algo sombría, pero su estatura y estilo la hacían ver como alguien completamente reservada, distante y aún más importante, inalcanzable. Eriol era muy atractivo no lo podría negar, pero no creí que llamaría la atención de alguien que tuviera seis o siete años más que él. Luego recordé sus gustos y no me pareció tan extraño. Él, y al igual que Tomoyo, poseían almas de ancianos.
—Ella se decepcionó de mi cuando supo lo que te hice. No comprendió que lo hice por ella. Me dijo: "si para poder ser feliz debo pasar por encima de alguien, prefiero sencillamente no serlo" – detalló.
Él parecía triste y quise consolarlo, pero sabía que no estaba en mí hacerlo sentir mejor y tenía a alguien más mente a quien debía contentar. Pensé en mi Syaoran y en su reacción; esperaba de verdad que no se hubiese enojado conmigo demasiado.
—Quizás se reencuentren allá – agregué insegura.
—Tal vez… - respondió.
Ya no había nada más que decir, había llegado el momento de separar nuestros caminos de un encuentro que nunca debió darse, al menos no de ese modo tan impetuoso.
—Eriol, me tengo que ir. Te deseo lo mejor en la vida, pero no irrumpas más en la mía – le pedí a modo de favor.
—No te preocupes, no creo que nos volvamos a ver – aceptó.
Tuve sentimientos encontrados al respecto, porque no todo con él había sido malo, y nunca habían sido lo mío las despedidas.
—Tampoco es la idea… - contesté triste.
—Cuídate, mucho Sakura… se feliz… - me deseó honestamente.
El impulso de abrazarlo estaba ahí, pero lo reprimí. Cuidaba ahora con más detenimiento mis iniciativas.
Me volteé para seguir mi ruta y le di la espalda, alcancé a caminar unos metros, pero él me llamó antes de que no lo pudiera oír por la distancia.
—¡Sakura! Acerca de esa ocasión en el parque… - empezó a hablar.
Abrí mis ojos ante la sorpresa de que mencionara aquel incidente. Era un completo desubicado.
—¡Cállate! – le grité.
Volví hacia donde me dirigía sonrojada como un tomate mientras oía como se reía un montón. Ese si era el Eriol que yo conocía y sonreí yo también. Tenía completa certeza de que él estaría bien, aunque en ese momento no lo estuviera del todo. Comprendí que él había sacado el tema a colación para que las cosas no fueran tan pesadas.
Llamé a la puerta de Syaoran, pero él no me abrió. Al día siguiente volví a ir pero no fui afortunada, y no respondió tampoco al teléfono. Él estaba realmente indignado y yo quería arreglar las cosas con él antes de irme y él me lo había prometido, que nunca dejaría de escucharme ante un problema, no obstante a la primera dificultad volvió a hacer lo mismo y en algún momento pasé a ser yo la enojada. Dejé de insistir y me concentré en preparar todo para que mi viaje todo fuera bien.
El viaje con Tomoyo sería en tres días, habíamos ido a comprar los pasajes con nuestros padres y ellos firmaron los permisos correspondientes al ser nosotras aún menores de edad para poder abordar el avión.
Seguía siendo extraño que la novia de mi padre fuera la madre de mi prima, pero al ver que mi padre sonreía mucho más que antes, mandé al basurero mis prejuicios y aprehensiones y traté con todo mi empeño en acostumbrarme a la situación. Si lo miraba desde otra perspectiva y las cosas salían como supuse que saldrían por lo que observaba, Tomoyo ostentaría además de su título de amiga y prima, el título de hermanastra. No sonaba tan mal.
Mi hermano estaba histérico, y aunque faltaban más de cuarenta y ocho horas para que me fuera, no dejaba de seguirme a todos lados, diciéndome cada uno de los peligros a los que me expondría una vez sola y tan lejos de ellos. Aunque en realidad exageraba, porque a Okinawa en avión no eran más que dos horas y unos minutos en avión. Hasta que llegó a un punto en que logró sacarme de mis casillas.
—¡Touya déjame en paz! ¡y búscate una novia que te soporte! – grité.
Mi hermano me miró como si lo hubiese ofendido en lo más profundo de su alma, pero al menos con ello conseguí que me dejara de atormentar con posibles peligros que estaba segura que viajara o no podrían ser de todos modos. Soy de la idea de que cuando se debe atravesar por algo es porque así debe ser, y no importa cuánto se trate de huir, en algún momento eso que esta predestinado va a pasar la cuenta.
Aunque intenté rezagar cualquier pensamiento sobre Syaoran, era imposible y ya no había nada que pudiera hacer, porque en la mañana partiría temprano. A la vuelta él me escucharía fuerte y claro todo lo que pensaba de él y sus enojos dignos de un niño pequeño.
Fui a ducharme porque había tenido un día agotador y necesitaba despejarme, y al volver a mi habitación tuve que ahogar un grito ante la sorpresa de encontrar a Syaoran dentro.
—Pero… ¿qué? – exclamé sorprendido.
—Sakura… - murmuró él.
Al momento que oí mi nombre pronunciado con esa voz profunda que tanto extrañaba cerré mi puerta y salté a sus brazos, sin importarme el enojo que en teoría me convencí de tener.
Syaoran inexplicablemente estaba ahí, había venido a mí…
—Syaoran…- musité excitada.
Besé su cuello, su rostro, lo abracé. Me afirmé de él con mis piernas, no dejando que un solo centímetro nos separara.
El flojo amarre de la toalla cedió y el mismo Syaoran la retiró de mi aún húmedo cuerpo e hizo que me sentara en el escritorio en el cual toda mi vida había hecho las tareas, no sin antes con un brazo botar todo lo que estaba encima. Quedé totalmente expuesta a su vista y sus manos no me hicieron esperar más porque comenzó a tocarme del modo que tanto quería en mi zona más sensible y aunque yo lo hubiese hecho esa misma mañana pensando en él, nunca era lo mismo, y él lo reafirmaba en cada oportunidad. No dejé de besarlo porque aquella era una despedida y quería saciarme de él, compensar los días que no nos habíamos visto y por los días que vendrían, ya que me iría por diez días, que serían largos dado que no lo tendría para complacerme del modo que quería que sólo él lo hiciera, y lo había extrañado,,, y lo haría aún más. El roce de sus duros jeans me lastimaba y me frustraba, lo quería desnudo, lo quería para mí.
—¿Cómo entraste? – inquirí.
Él me indicó con un gesto indiferente hacia la ventana, y la vi entreabierta. Probablemente usó el árbol que está relativamente cerca. Fue algo muy peligroso, sin embargo sus chupetones no me dejaron pensar más sobre el tema, pero le diría luego por su comportamiento temerario.
—¿Cómo supiste que me voy mañana? – respondió.
—Intuición – contestó.
—Esa respuesta no me convenció en lo absoluto, pero lo dejé pasar. No importaba realmente.
Syaoran dejó caer ruidosamente sus pantalones, haciendo que sonaran las llaves y las monedas contra el suelo, hizo que abriera las piernas, logrando que mi rostro se acalorara por la mirada que dirigió a mi entrepierna, porque no importaba cuántas veces me hubiese visto, él siempre lograba que se sintiera como la primera vez y cuando observé su miembro erguido entrando en contacto con mi humedad volví a sentir como no sólo el calor se concentraba en mi rostro, sino que se expandió en todo mi cuerpo, concentrándose especialmente en la zona en la que él rozaba con su dureza. No se estaba valiendo de sus manos para conseguirlo, sólo hacia amago de su firmeza moviéndose contra mí, haciéndome sentir cuan caliente y consistente era su erección. Sentía como me afectaba aquel uniforme vaivén y la respuesta inevitable ante aquella clase de estímulo se hizo patente, comencé a lubricarme para recibirlo, pero él ignoró aquella réplica de mi femineidad, porque siguió con aquella exquisita tortura basada en la deliciosa fricción de nuestros sexos. Ambos mirábamos el punto donde nuestros cuerpos se unían embelesados, sin embargo cuando nuestros ojos se encontraron volvimos a besarnos ávidos uno del otro y no pude ahogar los gemidos que él me estaba provocando con aquel movimiento constante. Traté de acomodarme para que me penetrara, pero él parecía tener otra idea, porque cuando se percató de mi táctica tomó un poco de distancia.
—¿Por qué? – me costó verbalizar.
—Quiero prolongar esto toda la noche, de ser posible – susurró en un volumen muy bajo.
A decir verdad, no estaba muy de acuerdo, quería el alivio a aquella tensión creada más pronto que tarde, pero esa noche me dejaría llevar por él. Bueno, tal vez no toda la noche, pero si en esa instancia.
Volví a sentir el calor que expelía la hombría de Syaoran en mi intimidad, retornando rápidamente al punto en el que él me había dejado antes de la súbita y maligna interrupción. El sonido de la humedad que brotaba de nuestros más que estimulados sexos era audible a esas alturas, y eso hizo que mis pezones adquirieran una dureza tal que hasta el aliento que exhalaba Syaoran me provocaba suspiros de anhelo y deseo. Syaoran concentró sus arremetidas en aquel punto donde él sabía que debía hacerlo y comencé a temblar ante lo que sentía que se avecinaba, y él al notar los incontrolables espasmos que me estaban siendo adjudicados por sus movimientos, se empecinó en insistir con la punta de su miembro en aquel determinado lugar donde residía el placer presto para ser alentado, haciendo que enloqueciera de gusto y que los temblores de mi cuerpo fueran insostenibles una vez que alcancé la cúspide de la satisfacción e inesperadamente en unos movimientos más bruscos y menos racionales él gimió en mi oído y apoyó su cabeza en mi desnudo hombro, y me alcanzó en aquella dicha que aún no se detenía y mientras tratábamos de recuperar el aliento, de recobrar la compostura y con los residuos de nuestros orgasmos a la vista, escuché que golpearon mi puerta haciendo que me paralizara del miedo de que me encontraran en una situación así.
—¿Sakura? ¿Estás bien? He escuchado muchos ruidos.
Entre mi desesperación y mi incapacidad de reaccionar, traté de responder, mientras invoqué a cada uno de los dioses en los que ni siquiera creía, pero que conocía, rogándoles que me consedieran el milagro de que Touya no abriera la puerta…
—S…sí – respondí con la voz quebrada.
—¿Segura que estás bien? Voy a entrar – anunció.
Vi como se giraba la perilla y en ese momento juro que mi corazón se paró. Mis temblores se detuvieron a su vez violentamente.
—¡No entres! – grité con más fuerza de la necesaria - ¡Me estoy vistiendo!
—¿Aún? ¡Pero si saliste del baño hace más de media hora!
—¿Estás con un cronometro controlándome hermano?
—Estás insoportable con lo de tu viaje. Duérmete si no quieres perder el avión, con lo que te cuesta despertar...
Escuché como dijo en voz baja: "ojalá lo pierdas" pero no le contesté y recién volví a sentir alivio cuando oí sus pasos alejarse a su habitación.
Syaoran estaba pálido, parecía casi enfermo. No era el único, porque si me hubiese tardado un segundo más en responder, habríamos sido capturados in fraganti y sin ninguna posibilidad de negar lo que era más que evidente. Suspiré hasta que exhalé el aire residual de los pulmones, e invité a Syaoran a sentarse en mi cama, pero antes se subió los pantalones en una sola maniobra, y yo aproveché de recoger la toalla para cubrirme.
Ninguno hablaba. La tensión había sido demasiada.
—Lo mejor será que me vaya – aseguró.
Mi pecho dolió, no quería que se fuera, pero tampoco me parecía la mejor idea que se quedara. Se puso de pie, pero tan pronto lo hizo volvió a sentarse.
—¿Qué pasó? – le pregunté preocupada.
—Siento mis piernas débiles aún por el susto – reconoció.
Entendía a la perfección lo que le pasaba, yo estaba en unas condiciones parecidas. La situación recientemente vivida con Syaoran de la que no pude recuperarme porque estaba en medio de aquel goce indescriptible y la repentina aparición de mi hermano en la escena mientras estaban en ello habían acabando drenando por completo mis energías.
—Duerme conmigo – le pedí.
Syaoran no parecía del todo convencido, pero no le quedó otra. Se quitó los pantalones y la sudadera que llevaba puesta y se acostó al lado derecho de mi cama, y me invitó a que me acostara a su lado, cosa que hice.
—Deja esa toalla. Está húmeda.
No pude elegir no hacerlo, porque era cierto, pero me había servido para limpiarme sin que él lo notara. Habían cosas que había que cuidar incluso si él había sido el principal culpable. Me metí tal cual, a las sábanas, pero él estaba sobre el cobertor.
—Syaoran…
Llamé su atención mientras él acomodaba su brazo bajo mi cabeza yo me apoye en ese espacio que me convidaba a quedarme ahí para siempre.
—Lo volviste a hacer… - dije con pesar.
Ni siquiera tuve que aclararle a lo que me refería, porque él lo sabía.
—¿Por qué no eres capaz de discutir conmigo las cosas? – consulté.
Él se quedó callado un momento, pero antes de lo que esperé respondió.
—Te pedí que no fueras con él… - sostuvo su postura.
—Y yo te expliqué que debía hacerlo…
—¿Qué más tenías que hablar con él? – preguntó con un tono serio.
—Syaoran, lo queramos o no, lo de Eriol fue un episodio importante en nuestra relación… hablando con él comprendí que si no hubiese sido él, hubiese sido cualquier cosa. Las cosas eran distintas en ese entonces – le aclaré.
—Eso no responde mi pregunta – dijo impaciente.
—Él me explicó muchas cosas, sus razones, sus motivaciones y en cierto modo lo comprendí un poco – le conté sin imaginar que lo afectaría.
Mis palabras fueron las equivocadas, porque Syaoran se movió incomodo, tratando de aumentar la distancia entre nosotros, pero yo no se lo permití y lo agarré amenazante de la ropa, acercándome a su rostro.
—¡Por favor! ¡Tenemos que aprender a hablar las cosas!
—Es que no soporto oírte hablar de él y diciendo que comprendes sus motivaciones… y de que casi que le agradeces porque nos hizo un favor ¡por poco y nos separa para siempre! – expresó furibundo.
—¿No entendiste nada de lo que te quise decir? – interrogué molesta también.
—¿Te gustó él en algún momento? – sacó de la nada el tema.
Su pregunta me encontró con la guardia baja.
—Syaoran…
—¡Responde!
—Él me agradaba…
—Sigues evadiendo mi pregunta
Me senté y me tapé como pude con las sábanas. Él merecía una respuesta sincera, y se la daría.
—Escucha lo que voy a decir y no te alteres.
Observé como él luchaba contra su instinto de huida en momentos donde no podía controlar la situación. Creo que era un patrón de conducta.
—Estaba sola y él estaba ahí, comenzamos a acercarnos y a conocernos y en algún momento admito que las cosas se confundieron. Empecé a sentir cosas por él, no lo voy a negar, ya te había dicho que nos besamos en más de una oportunidad, pero óyeme bien… nunca he sentido por alguien esto que siento por ti, ni por Eriol ni con nadie más. Sólo he estado contigo, y no quiero que sea de otra forma. También podría decirte cosas y ponerme celosa por lo que supe que hiciste en el tiempo que estuvimos separados, pero para mí eso ya no es importante. Los dos cometimos errores y ahora estamos juntos a pesar de todo – declaré casi sin hablar.
Él no me miraba y pude apreciar que sus ojos se veían acuosos. Él no iba a llorar ¿o sí? ¡Rayos! No quería eso.
—Además… a mi me gustas tú… y a él le gusta Tomoyo – agregué rápidamente.
Syaoran sacudió su cabeza y de pronto volvió a ser el mismo.
—Tienes razón, pero es que no puedo quitar mi retina el día que te vi con él – dijo molesto – me enferma.
—Admito que quizás si te hubiese visto como me viste, también para mí sería más duro… ¿pero no te he demostrado que te amo?
Nunca esperé ver esa mirada de sorpresa en sus ojos. ¿A esas alturas de la vida él no podía sacar conclusiones por sí mismo? Volví a mirarlo y lo supe, no, no podía... Recién entonces caí en cuenta de que jamás se lo había dicho.
—Repítelo – exigió.
—No – me negué.
—Repítelo – volvió a requerir.
Ante mi negativa él hizo que me recostara sobre la cama, pero antes observé cómo se le veía la erección a través de la ropa interior. Lo deseé y lo imaginé penetrándome rudamente. Syaoran con una mano sujeto mis muñecas por sobre mi cabeza, y con la mano que quedó desocupada, me destapó, y luego, a través de la abertura del bóxer liberó y reveló ante mis ojos su más que evidente dureza. Él soltó mis muñecas, pero a cambio puso sus manos con las mías y entrelazó nuestros dedos y tras acomodarse sobre mí, sentí su maravillosa hombría deslizarse sin dificultad hacia su objetivo, porque la estimulación previa había hecho la mayor parte del trabajo. No necesité que se moviera mucho, e intuía que él tampoco buscaba eso, lo que había entre nosotros no era lujuria en si misma, no en ese momento al menos, si no que era la reafirmación del amor que sentíamos el uno por el otro. Sentirnos y consolidar eso tan grande que yo tenía plena certeza que existía era el propósito. Lo sentí acabar pronto, no tardé en seguirle porque saber que él había terminado sin demasiado trabajo físico y que se atribuía primordialmente a lo emocional fue el más efectivo de los estímulos, y eso hizo que acabara también poco después que él.
Nos quedamos dormidos en algún momento desperté y sonreí al verlo aún junto a mí. Miré la hora y ya iban a ser las seis de la mañana, el vuelo iba a ser a las nueve, pero a las siete y media quedamos de juntarnos con Tomoyo para irnos en el subterráneo: no queríamos molestar a nadie.
Disfruté de la visión de mi novio dormido a mi lado, pero sabía que no podía hacer durar ese instante para siempre y tuve que despertarlo, pero antes procuré ponerme un pijama… Las cosas entre nosotros siempre se podían tornar "peligrosas"
—Syaoran, debes irte – traté de convencerlo.
Él me ignoraba por completo, pero de pronto sentí como era atrapada por sus brazos.
—Podría acostumbrarme a despertar a diario contigo – lo escuché decirme con una voz ronca de recién despertado.
Me sonrojé ante la implicación que esa frase conllevaba y lo besé hambrienta de él, un apetito que nunca sería saciado.
Syaoran se vistió y yo hice lo mío también, recorrí la casa esperando que nadie se hubiese despertado aún y estábamos de suerte, porque nadie aparte de mi parecía estar en pie. Lo guié hacia la salida con el pecho apretado por la despedida inminente y el estómago en las mismas condiciones. Ni siquiera tenía apetito.
Pude ver que él estaba realmente triste y en mi desesperación porque nadie lo encontrara casi lo eché, aún cuando a él le era realmente imposible esconder sus pocos deseos de que me fuera de vacaciones.
Cerré la puerta intentando no hacer ningún ruido y me encaminé a mi habitación, pero di un paso, luego un segundo, y no tardé en dar un tercero. Traté de convencerme de que iba a ser bueno para los dos separarnos por ese tiempo para reafirmar aún más nuestra relación, pero no pude, deshice los pasos dados, abrí la puerta y salí corriendo tras él. Lo llamé porque no lo veía, pero cuando me oyó también deshizo sus pasos y volvió hacia mí, nos miramos y simplemente fui a su encuentro. Lo besé, y sin un ápice de vergüenza lo abracé y lo rodeé con mis piernas, intentando fundirme con él, y aquello duró un momento hasta que oí algo que de no haber sido tan impulsiva, nunca habría tenido que escuchar.
—¡Sakura! – gritó mi hermano.
Syaoran y yo nos alejamos y los ojos de mi hermano subieron y bajaron analizando a mi novio, y sin decir una sola palabra, lejos de lo que creí que haría de pillarme mi precisamente él, se marchó.
—Syaoran, nos vemos a mi regreso – me despedí.
—¿Estás segura? No prefieres que le expliquemos juntos – ofreció.
—No, todo estará mejor si no te acercas a él – recomendé.
Él se encogió de hombros y tras darme un beso rápido en los labios siguió su camino, mientras yo me armaba de valor para seguir a Touya y explicarle lo más que evidente. No obstante, mi hermano no estaba esperándome en la puerta como había visualizado en mi mente, tampoco en la cocina, ni en la escalera… ni en ningún lado.
Golpeé la puerta de su habitación, pero tampoco me contestó, estaba por rendirme cuando mi padre salió para preguntar que estaba sucediendo.
—Es que Touya me vio con Syaoran – confesé.
—¿A esta hora? – se extrañó.
—Es que vino a despedirse – mentí rápidamente.
Mi padre asintió, miró la hora y advirtió que faltaban dieciocho minutos para las siete. Tenía ocho minutos para hablar con mi hermano, pero mi padre me ayudó.
—Touya, suficiente, no hagas sentir mal a Sakura – habló mi padre serio.
Sólo entonces mi hermano salió de su escondite.
—¿Tú lo sabías? – musitó.
—Si, Syaoran es un jovencito muy simpático, lo sabrías si no lo hubieses espantado – reveló mi padre.
—¡Pero ella sólo tiene diecisiete años! – exclamó horrorizado.
—Por favor, a su edad tuviste un romance con una profesora en práctica y tu madre te tuvo a ti – me defendió nuestro padre.
¿Acaso era una moda de que todos tuvieran aventuras con profesores? A mí no se me habría ocurrido… pensé en mi rechoncho profesor de educación física y sacudí la cabeza tratando de alejar ese pensamiento…
Touya me miró nuevamente y un calofrío de incomodidad me recorrió por entera. Luego volvió a cerrarme la puerta en la cara.
Mi padre puso una mano en mi mejilla y me dijo que no me preocupara, que a la vuelta él ya estaría bien.
Rápidamente fui a darme una ducha ligera y al mirar mi pecho izquierdo pude ver un chupetón. Syaoran me había marcado y no dudé ni por un instante que no había sido casualidad. Mi corazón latió emocionado.
No podía creer que estuviéramos Tomoyo y yo ya en el avión rumbo a esas paradisiacas aguas. Reconozco que el mal rato con Touya se me olvidó tan pronto pisé Okinawa.
La habitación, que fue un regalo de la madre de Tomoyo para nosotras, tenía todo y más de lo que me atrevía a soñar. Era maravillosa a tal punto en que me cuestionaba si era necesario salir de esta. Recorrimos la isla para decidir qué hacer ese día, pero no resistimos la sensación, así que sólo nos limitamos a bañarnos en esas aguas transparentes en las que se podía apreciar a la perfección el largo de las uñas de los pies, y mientras estábamos bajo el sol, para la noche mi amiga sugirió algo que nunca habría creído que haría: propuso que viviésemos nuestra primera borrachera y creo que en el mismo instante que lo mencionó yo lo deseé también. Esa noche prometería.
Ni Tomoyo ni yo habíamos bebido antes, y al ser menores de edad tampoco lo podíamos adquirir, pero sin saber su madre nos había provisto de aquello que por primera vez me emocionaba probar. Estaba lejos, protegida, y en un lugar donde nadie nunca podría decir algo sobre mí. Era la ocasión perfecta para experimentarlo.
En un principio rechacé el alcohol, el olor me desagradó desde siempre y el sabor era aún peor, pero era el placer de lo prohibido lo que me incentivó a seguir, a Tomoyo le pasaba lo mismo, y luego de tres copas de lo que era algo transparente, vodka supuse, ya podía ver su extremadamente pálido rostro con un color rosáceo muy gracioso. Al quinto ya arrastraba un poco las palabras, y al sexto comencé a sospechar que estaba hablando de más de lo que había hablado en toda su vida.
—Creo que Hiragizawa es una mierda – confesó haciendo como que me contaba un secreto.
Yo tampoco estaba en mis cabales, pero el que ella dijera una grosería hizo que casi me pusiera sobria en un segundo. Tomé de un trago el despreciable líquido que tenía en mi vaso. Esto iba a ser interesante, así que lo haría todavía más.
—¿Por qué? – consulté.
—Tu sabes que me gusta… la lectura de corte erótico ¿no?
—Me hacía la idea de que así era ¿es entretenida?
—¡Lo es! – rió – pero supongo que a ti no te gustaría tanto… preferirías practicarlo.
De acuerdo, ella tenía un punto a favor. Era muy gracioso todo, porque en condiciones normales ella jamás hablaría de sexo y menos me diría esa clase de cosas tan directas. No me iba a hacer la mosca muerta con ella, parecía que quería hablar del tema y lo haría, eran las condiciones ideales. No la iba a reprimir.
—Es muy posible – reconocí.
—¿Duele? – preguntó curiosa y acercándose un poco más a mí.
—Personalmente a mi no tanto, fue incomodo al principio, y después cuando ya me costumbre sólo fue agradable, después mejoró en niveles insospechados..
—Me da vergüenza hablar de esto – admitió.
—¿Por qué? Aquí no hay nadie más, nadie te va a juzgar… - recalqué.
—Tú no pareces ebria. Toma más – dijo enojada.
Tomoyo me obligó a beber un quinto vaso rápidamente y ahí si comencé a sentirme mareada. Ella pareció contenta con eso.
Pero no olvidé la primera frase que mencionó sobre Eriol.
—¿Por qué dijiste eso de Eriol, Tomoyo? – indagué.
—¿Qué dije? – consultó desconcertada.
—Que era una mierda – le recordé.
Comenzó a reír a carcajadas y luego se puso seria. Sería raro verla así si no estuviera yo también sintiéndome extraña. Decidí dejarme llevar, esa vez en serio.
—Él descubrió mi placer culpable… y se burló. No me gusta que nadie sepa que leo esa clase de cosas, es algo muy mío… y él lo descubrió… y se mofó…
Aquello le había dolido en serio. Eriol era en verdad una mierda, como ella lo había catalogado.
—¿Sabes que a él le gustas? ¿Cierto?
—Él me lo dijo, pero no importa que me diga que siente por mí porque no le creo. Jugó contigo, te manipuló, te separó de Li… se burló de mi… no hay nada que me interese de una persona como él – dictaminó.
Hubo algo, un no sé qué, que no me convenció en su discurso. Quise estar equivocada pero mi corazón enamorado me decía que no cabía esa posibilidad. Supe que me iba a arrepentir de la pregunta que le haría luego.
—Ignora todo eso, olvida lo que hizo él. ¿Te agrada físicamente? – consulté.
Ella se quedó callada, parecía estar sopesando realmente en serio mi pregunta.
—No quiero pensar en eso – me contestó.
—Tomoyo es muy simple, sólo contesta – le pedí.
—No lo sé, nunca me ha gustado alguien – explicó.
Tomoyo comenzó a hablar de otras cosas, pero en realidad dentro de lo que podía en mi reducida capacidad mental, pensaba en lo que ella dijo y tuve un mal presentimiento.
—¿Cómo se burló de ti Eriol? – volví a encauzar el tema
Trate de recordar las pocas ocasiones en que compartí con ambos y el primer recuerdo que vino a mi turbada memoria fue el momento en el que él la conoció, a él le gusto tan pronto la vio.
—Me quitó un libro que compré y leyó en voz alta un párrafo.
Lo analicé una y otra vez dentro de ese diez por ciento de cerebro que podía unir más de una idea moderadamente decente, y por mucho que le diera vuelta al asunto, leerle un párrafo a alguien en voz alta no me sonaba a burla.
—¿Se rió luego de leerlo?
Ella lo pensó un momento y negó con la cabeza. Después observé como luchaba por no quedarse dormida y lo cierto era que yo también. Me levanté y el mundo giraba, no obstante busqué una manta para cubrir a mi amiga que ya se había rendido. Apenas llegué a la cama cerré los ojos y todo se movía los tuviera abiertos y cerrados, desesperándome un poco, puse un pie en el suelo sin imaginar su efecto mágico, porque todo dejó de girar.
Desperté con un horrible sabor en la boca porque sentía ruidos en el baño. Miré a por la habitación buscando a Tomoyo pero no la veía. Al poco rato la vi salir todavía más pálida de lo usual. Nunca creí que eso fuese posible.
—¿Estás despierta? – preguntó.
—Si ¿qué hora es?
—Ya perdimos el día. ¿Te sientes bien?
—Sí, sólo tengo sed.
Era la verdad, me sentía bien. Al parecer tenía una buena resistencia con el alcohol, a diferencia de mi amiga, que ya solo al anochecer se sintió mejor.
Ese día no fue nada productivo, Tomoyo sólo durmió porque tuvo una mala reseca, lo que me permitió pensar en lo que sin querer había revelado, porque ella no lo sabía, pero inconscientemente había manifestado cierto grado de interés. Era extraño que ella habiendo leyendo tanto libro no se hubiese dado cuenta. Tenía que indagar más.
Los días pasaron tranquilos, sin altercados. Me atrevía a decir que incluso flojos. Tomoyo rehuía el tema de Eriol, hasta que le dije algo que llamó su atención.
—Eriol me contó que se irá a Inglaterra – solté.
Detuvo su grácil caminar, pero siguió su camino como si le hubiese dicho esas palabras al viento. En ese tiempo pude notar que mi amiga no se percataba las miradas coquetas de los hombres hacia ella, era como si ella no tuviera ese sentido de alerta con el sexo opuesto, ni siquiera con las más evidentes y galantes coqueterías. Con razón Eriol se había rendido… ella no captaba nada…
Quedaban sólo dos días para volver a casa y no logré sonsacarle más información a Tomoyo, pero todo intento fue inútil. Ella estaba totalmente decidida a ignorar a Eriol, y no había nada que pudiera hacer.
El viaje de regreso a casa se me hizo más corto que el de ida y no desprecié el hecho de que la madre de Tomoyo en persona nos fuera a recoger al aeropuerto. Ella seguía siendo muy cauta conmigo, hasta a veces me parecía que nerviosa ¿de verdad le daba tanta importancia a lo que yo pensara de ella? ¿Una mujer tan exitosa y hermosa preocupada de la opinión de una adolescente que no le ha ganado a nadie? Debía admitir que aquello me provoco cierto sentimiento de ternura hacia ella, por su genuino interés en mí.
Lamentablemente al llegar me encontré con que mi padre se encontraba en un viaje y que mi hermano aunque ya me hablaba con normalidad, ignoraba cada uno de mis intentos de comentarle de Syaoran. Aún no se hacía la idea, le iba a dar tiempo, porque en lo que a mi respectaba, pretendía pasar todos los días de mi vida con él, le disgustara a quien le disgustara ese hecho.
El reencuentro con Syaoran fue tan apasionado como podía serlo estando yo en mis días y con él aguardando a un metro de distancia y con un rostro que arrastraba por la acera por la decepción. Era casi catastrófico para mi salud mental y física, pero sobre todo para la de él, por lo que tuvimos que recurrir a otros medios y además él se encargó de hacerme saber en cada oportunidad lo sentido que se encontraba conmigo por sólo haberlo llamado tres veces en diez días. A mí sólo me daba risa y eso a él lo irritaba más.
Mi padre al volver de su expedición me llamó a conversar para que le contara de mi viaje y yo como también quería saber del de él me alegré de que se diera esa instancia, y cuando ya nos pusimos al día, él mencionó algo sobre lo que yo había pensado que me había salvado… sobre mis calificaciones.
—Tengo que decírtelo, Sakura. Nunca has tenido las mejores notas y yo tampoco te las exijo, pero esto es un desastre. No te dije nada antes porque has tenido días difíciles, te autoricé a ir de vacaciones porque también es en parte mi culpa, al no estar para apoyarte en los estudios lo suficiente. Me planteé la idea de que repitieras el curso, pero te daré una oportunidad que no volverá a repetirse – advirtió.
Me quedé perpleja ante la dureza de sus palabras en aquel semblante que no se veía estricto en lo absoluto, pero que me pareció de algún modo temible. No me quedó más que asentir y prometerle que las cosas cambiarían en mi último año, todo eso conteniendo las lágrimas que amenazaban seriamente con salir ante la percepción de la decepción en las palabras de mi papá e imaginarme en la preparatoria sin mis compañeros y especialmente sin Syaoran y sin Tomoyo.
Estábamos caminando con Syaoran cuando oí la voz de Tomoyo. Ellos se conocían, pero daba por hecho que nunca habían compartido y me pareció la oportunidad ideal para que dos de mis personas favoritas en el mundo se conocieran un poco. Una oportunidad que no desperdiciaría.
La sorpresa me la llevé yo cuando en más de una oportunidad Tomoyo hizo unos comentarios que hacían enrojecer a Syaoran y yo no lograba captar nada en sus palabras, que parecían tener un mensaje oculto exclusivo para él. Cuando volví del baño y ambos se quedaron callados, entonces hablé, había algo definitivamente raro, evidente hasta para mí.
—¿Qué hay con ustedes? – consulté.
—¿Deberíamos decirle la verdad acerca de nosotros? – consultó Syaoran.
Mi corazón se detuvo. Sus palabras no implicarían algo de esa índole ¿verdad? ¿Y por qué demonios se miraban tanto y con tanta complicidad?
—Sakura… Syaoran y yo… - empezó Tomoyo.
De pronto quise no saber nada, que fuera lo que fuera que compartieran que se lo guardaran para ellos y se quedara en el pasado. Ellos parecían reírse de mí y me estaba sintiendo desagrada, entonces habló Syaoran.
—Tomoyo fue quien me dijo la verdad acerca del chantaje de Eriol y el día que emprenderían el viaje – soltó.
Pestañee una vez, dos veces y aquello no me lo esperaba, no, ni siquiera lo visualicé jamás y un gran alivio me recorrió por todo el cuerpo que sentí incluso hasta más liviano tras despejar ese horrenda conjetura que había hecho. No era nada de lo que había imaginado, sino que era algo infinitamente más reconfortante: el saber que tenía una amiga que se preocupaba por mí a tal nivel que solucionaba problemas que no le correspondían, y que además bloqueaba lo que sentía por el chico que me había hecho daño, haciendo mi cruzada en su contra suya también. Sentí una enorme gratitud hacia ella.
Miré a Tomoyo quien me había estado viendo todo el tiempo y no pude más que abrazarla en agradecimiento por lo que había hecho por mí y que ni siquiera sospeché. Ella había contribuido a mi felicidad como nunca lo sospechó y era el momento de retribuir su invaluable ayuda.
Continuará...
¡Hola! Este día hace un mes, publiqué por primera vez esta historia y a modo de agradecimiento por el apoyo que me han dado estoy publicando el noveno capítulo. Muchísimas gracias, me han devuelto las ganas de escribir, así que ahora deberán atenerse a las consecuencias jajajaja
Con respecto al capítulo anterior debo admitir que no estaba del todo conforme, traté de compensarlo en este.
Quedan tres capítulos (nuevamente) pero no habrá epílogo.
Ahora las respuestas a los reviews:
Pam: no posteaste esta vez, pero si acertaste con lo de Kaho. Era ella ;)
Blouson Der Hertz: ¡Hola! Muchos saludos.
-Tenías razón, fue Touya quien los vio.
-Eriol sabía que no le iría bien pidiendole ayuda a Sakura asi que no lo intentó, pero Sakura va a intervenir aunque él no lo hiciera, no por él, claramente, pero lo hará de todos modos.
-No no no, no tengo intenciones de involucrar yuri en este fanfic ni en ningún otro, no te preocupes por eso.
-Me costó un poco la escena lemon, si, porque no estaba realmente conectada con el capítulo anterior, usualmente no me cuestan tanto y se me hace super natural escribirlos.
-Es muy probable que el siguiente capítulo sea desde el punto de vista de Tomoyo. Casi seguro.
-¿Un embarazo? mmm aún no lo decido...
Gracias por tus buenos deseos, anhelo lo mismo para ti.
Camili: jajajaaja veo el tamaño de te review y me rio sola. Ya, vamos como siempre desmenuzando.
-Oye estuve bien mal la forma en que empezaste tus comentarios 8(
-Sakura está empezando a aceptar a Sonomi ya. Sabíamos que no iba a ser tan difícil, después de todo Sakura tiene un carácter amable.
-Así es, Sakura ya sabe la clase de amiga que tiene a su lado y ahora quiere ayudarla para que sea una persona menos reprimida ¿lo conseguirá? Ya lo veremos.
-En este capítulo te regalé dos momentos uno que me pediste en el review anterior sobre Sakura, Syaoran y Tomoyo, y otro sobre tu placer culpable ¿ya sabes cuál es? Claro que no lo pude extender demasiado porque sino significaría otra dosis de drama y ya casi hemos acabado con él.
-Sakura no quiere juntar por ningun motivo a Syaoran con Eriol ni tampoco con su hermano. Con Eriol ni hablar, teme muchas cosas de hacerlo. Debía enfrentar al demonio sola.
-Jajajajaja esta parte fue la mejor del review: Mi Syaoran, si, porque (YO) defino su comportamiento 8)
Ahora hay algo mal en tu planteamiento... fue Eriol quien le regaló el orgasmo a Sakura y no al revés. Ella prácticamente lo usó y se fue, literal. Pero si, Eriol está tratando de hacer las cosas mejor, si le resulta o no, ya veremos.
-Espero haber mejorado en el lemon en esta entrega, algo mencioné por ahí, pero no estaba conforme con el anterior.
-Estoy realmente agradecida contigo sobre el resumen de lo que faltaba por resolver, ni yo lo tenía tan claro... ocupé tu review como guía para ir tachando lo que me faltaba y escribir sobre eso jajajajaja
-Uyy, es imposible engañarte, aunque mencioné sutilmente lo de su regreso a Hong Kong... lamentablemente no puedo responderte eso, así que te haré sufrir esperando para saberlo.
-Epilogo creo que no haré, a cambio creo que será un capítulo más.
-Es cierto, Syaoran habla, al principio poco decía, pero aprendió la lección y le nace. Ha madurado a través del tiempo.
-La relación de Eriol y Syaoran eventualmente se tendrán que encontrar. Creo que ganas de golpearlo a Syaoran no le faltará, pero Sakura odia la violencia... creo que tendrá que contenerse, pero dudo que se cruce de brazos.
-Misión cumplida con la entrega, como me lo pediste. Tardé poco, el próximo no creo que esté antes del domingo, pero tampoco te daré una fecha específica. Ahora ya sabes lo que viene, aquello está más que conversado... es un trato ajajaja
Cuídate mucho y nos estamos escribiendo como lo hemos hecho hasta ahora: al mas puro viejo estilo de e-mails. Siempre es un gusto leerte.
ValSmile: ¡Hola! ¡Saludos!
-Si, tienes razón, Sakura se comportó inmaduramente en el capítulo anterior, pero de a poco enmendará sus errores.
-Touya ya supo de la existencia de Syaoran y prefirió seguir ignorando la verdad jajajaja
-¿Qué tal la conversacion entre Eriol y Sakura? ¿Era lo que esperabas?
En fin, muchísimas gracias por tu review, espero de verdad que este capítulo sea de tu total agrado.
Stephy: ¡Hola! ¡Qué bueno es leer un review tuyo! No lo esperaba... :como si no te hubiese chantajeado:
-Jajajaja Sakura debería saber cuando cerrar la boca, estamos de acuerdo en eso.
-Las vacaciones de ellas pude haberlas alargado y detallar, pero no quise ahondar en el tema. Sólo supimos más de Tomoyo y algunas dudas que tiene, tan naturales para su edad.
-Touya los encontró e hizo un berriche de niño celoso. Ahora prefiere seguir haciendo como que no sabe nada, aún habiendo visto a su hermana con su hombre (y que casi la pilla en algo más en dos ocasiones)
-Creo que no fue tan loco como lo imaginabas jajaaja ¡lo siento!
-Ya, cumplí con mi parte el capítulo 10 ya está y no me tardé, aunque en realidad es el 9, porque el especial de Syaoran no cuenta como tal :D
-Jajajajaj mujer yo soy de Valparaíso, del puerto, créeme que puedo comprender tus sentimientos de desprecio por el lugar donde vives, acá nunca me ha pasado nada y no vivo en un barrio marginal, pero esta gente se las arregla para invadir incluso donde no habitan... hacen notar su presencia a como de lugar
Muchísimos saludos y como siempre es un gusto leerte. ¡Cuídate!
Kimi Deathberry: ¡Hola!
-Jajajaja me dio mucha risa eso de "la diosa del erotismo" jajajaja
-Sakura fue la cupable de lo que pasó en el cine, ella sabía que él no quería ir y al final se le dio vuelta la situación.
-Tomoyo habló un poco más en este capítulo. Hablará más en el siguiente, viene el segundo y último punto de vista de ella.
-No tarde mucho, como ves.
Estoy infinitamente agradecida contigo, por tus reviews y tu tiempo. Gracias, espero algún día poder retribuirte de alguna forma. Mil abrazos. Cuídate... ahh y ojo ahí con los celos con tu novio jajajaja
Cdpam: ¡Hola! Tiempo que no sabía de ti, es bueno leerte.
-Así es, aunque están juntos, se quieren y lo saben, no es que vayan a madurar al otro día.
-He mencionado antes por ahí que no soy amiga de las tragedias o finales abiertos, pero prometo dar un final digno y "sin fuegos artificiales en el cielo" y todos bien. También me gustan las cosas más apegada a la realidad.
-Sakura no tiene idea de cuánta influencia tiene en Syaoran, él es más sensible de lo que ella ha notado.
-Syaoran es muy inseguro con respecto a Sakura porque teme que hasta el viento se la lleve. No hay que olvidar que él está completamente solo en Japón y ella es todo lo que tiene.
-Jajajaja comprendo absolutamente lo que dices, a mi también me gustan Syaoran y Sakura juntos, pero si he visto que utilizan a Eriol como recurso y también lo aprecio, pero siempre y cuando al final quede con Syaoran. ¿Con Yue? Ni hablar, no tiene sentido.
Espero poder con tus expectativas en lo que queda de historia, que no es mucho la verdad. Muchísimos saludos y aprecio de verdad que me hagas saber tus dudas y conjeturas.
Gracias a las personas que siguen, agregan a favoritos o que simplemente la siguien pero no dicen nada sobre esta historia.
