N/A: Gracias por vuestros comentarios. Me alegra pensar que este fic os parezca original y os saque alguna sonrisa. El próximo capítulo se divide en dos partes: la primera transcurre durante la tercera temporada y la segunda durante la quinta.


"Si no somos capaces de sonreír el mundo no tendrá paz" Thich Nhat Hanh


DR. SPENCER REID

Grant Anderson siempre ha pensado que el Ser Humano es fascinante, aunque hay veces que esa idea peligra debido a todas las atrocidades que ve en su trabajo. Pero si alguien le fascinaba de verdad en la UAC ese era Spencer Reid. Le gustaba oírle hablar y soltar estadísticas; disfrutaba hablando con él de Star Trek y admiraba su gran capacidad intelectual en contraposición con esa inocencia que dejaba ver en algunas ocasiones.

En ese momento, Anderson observaba desde su asiento como el joven Doctor ponía en práctica uno de sus trucos de magia para combatir el aburrimiento.

-Mira en tu bolsillo. –Le pidió a Morgan. El moreno obedeció y sacó una carta de su bolsillo.

-¿Cómo mierda lo has hecho? –Preguntó molesto ante las caras de sorpresa de sus tres compañeras.

-Un mago nunca revela sus secretos. –Contestó solemne.

-¿Es que olvidas que Spence es un genio?

-Yo también se hacer magia, rubita. –Dijo con una sonrisa traviesa.

-Eso habría que verlo… -Se burló el chico, obviando el sentido poco inocente que le había dado su compañero. Sin embargo, Derek arqueó las cejas y buscó algo a su alrededor, reparando en una botella de agua que había en el escritorio de Prentiss.

-Está bien. –Agarró la botella y quitó el tapón, haciendo hueco en la mesa para ponerla encima. Acto seguido buscó en su cartera y puso un penique debajo de la botella. Miró por el tapón y luego se dirigió a Reid. –¿Ves ese penique? –El Doctor dudó, miró por el agujero y asintió antes de que Morgan cogiera una chaqueta y tapara la botella. –La magia es simplemente un puente entre lo visible y lo invisible. –Le dio dos toques con la mano y retiró la chaqueta, agachó la cabeza y volvió a mirar por el cuello de la botella, sonriendo con satisfacción al levantarse. Reid se asomó sin poder creer que su compañero hubiera sido capaz de haber hecho desaparecer el penique, pero rápidamente Morgan apretó la botella con fuerza, haciendo que toda el agua saliera propulsada hacia la cara de Reid. La carcajada del moreno se oyó por todo el bullpen y sus compañeras le siguieron. –Ahí tienes tu truco, genio.

-¡MORGAN! –Exclamó empapado. Anderson, que se había anticipado a la broma, se acercó al grupo y le tendió una toalla al más joven.

-Agente Morgan. –La sonrisa de Morgan se le borró al oír la voz de Strauss tras él, que llegaba junto con Hotch de una reunión. Anderson sonrió al ver como Prentiss y JJ se escaqueaban con agilidad. –Cómo bien sabrá, en el armario de mantenimiento hay una fregona. Espero que sepa usarla y arregle este desastre antes de venir a mi despacho. –Hotch negó con cansancio, como si pensara que no tenía remedio.

-Sí, señora. –Morgan se apresuró a ir al armario de mantenimiento a la vez que Strauss y Hotch volvían a sus despachos.

-A eso lo llamo yo Karma. –Rió Garcia.

-¿Crees en el karma? –preguntó Reid interesado. –No sabía que estuvieras interesada en las religiones dhármicas…

-No creo en la reencarnación, sin embargo pienso que las acciones malas te cargan de energía negativa y derivan en consecuencias negativas. Igual que las acciones buenas derivan en consecuencias positivas.

-No es así. Hay gente que se pasa su vida haciendo cosas buenas y le pasan cosas malas. Tenemos libertad para elegir entre el bien y el mal y eso trae sus consecuencias, pero eso no implica que si siempre haces cosas buenas te pasen cosas buenas.

-Míralo de esta manera: si siembras amor, recibes amor; si en cambio siembras violencia, tienes violencia. –Reid no parecía muy convencido. -¿Tú qué opinas Anderson?

-En realidad no creo en el karma, pero me gusta pensar que hay un equilibrio en el mundo. Que por una acción mala en una parte del mundo alguien hace algo bueno en otra parte. –Antes de que cualquiera pudiera decir nada Hotch les interrumpió.

-Tenemos un caso. –Anunció captando su atención. –En cuanto Morgan acabe de fregar esto nos reunimos en la sala de juntas.

-Espero que alguien esté salvando un panda en este momento. –Dijo Garcia dándole una palmadita a Anderson en la espalda.


Grant andaba por las calles de Quantico para coger el metro. El último caso había sido duro y aunque no había formado parte activa de él, se sentía decaído. Al final habían encontrado a los niños secuestrados, pero varios habían sido asesinados antes. Ver a unos padres recibir la noticia de que su hijo estaba vivo unas horas antes, pero que le mataron al intentar proteger a una niña más pequeña le destrozó. Era desconsolador.

-¡Anderson! –Se dio la vuelta al oír su nombre. Reid se acercó a él. –No sabía que tenías el coche en el taller. –Empezó a hablar acerca del último capítulo de Doctor Who hasta percatarse de que no le prestaba ninguna atención. -¿Estás bien? –Preguntó con gesto de preocupación.

-Sí. –Respondió sin más, intentando acallar esas voces que a veces le amargaban la existencia. Reid pareció leerle los pensamientos y se quedó estático en medio de la acera hasta que Anderson le miró interrogante. -¿Qué pasa?

-Miro a mi alrededor. –Anderson frunció el ceño y le imitó sin entender que pretendía.

No muy lejos de ellos una niña lloraba sentada en el suelo hasta que un niño algo más mayor se agachaba junto a ella y la consolaba haciéndola reír. Una mujer ayudaba a cruzar la carretera a una anciana y al otro lado de la calle, una joven pareja paseaba alegre de la mano hasta que se les acercó un indigente pidiéndoles algo de comer. El hombre sacó su billetera y le dio 50 dólares, haciendo que el indigente le preguntara por qué le daba tanto. "Solo prométeme que harás algo bueno con ello" El indigente sonrió agradecido y cuando se fue la pareja silbó llamando a un perro. "Hoy vamos a comer los dos, Ronnie" Dijo acariciando al animal con cariño.

Reid miró a Anderson y le sonrió de esa manera que solo él sabía.

-A mí también me gusta pensar en que hay un equilibrio. –Dijo antes de emprender de nuevo su camino.

Y es que aunque a veces el ser humano puede ser terrible, por lo general suele ser fascinante. Spencer Reid es una muestra de ello, porque es la mezcla perfecta de inteligencia y humanidad. Por eso…

La sonrisa de Reid es inocente.


N/A: Este es de lejos el capítulo que más me ha costado escribir. Al principio iba a describir la sonrisa de Reid como tímida, porque es como yo la definiría, pero al leer un comentario anónimo que la describía como inocente, pensé en que era una cualidad mucho más interesante por el contraste con su inteligencia. Aún así sigo sin estar muy conforme... ¿Vosotros que decís?

Saludos!