CARD CAPTOR SAKURA
Mayores de 18 años
Tomoyo
Capítulo X
No me di cuenta de cuando de sólo leer un libro cada mes, empecé a leer uno semanal. A veces incluso dos, y aquello no era normal… y lo que comencé a hacer después, que la moralidad indicaba que no era algo que una buena persona haría, según el modo que he vivido en lo que llevo de vida, no lo era tampoco, pero no me importó luego de un tiempo. Mi cuerpo era mío y era libre de explorarlo como quisiera, al menos eso es lo que aprendí después de tantas cosas que he leído y una frase quedó grabada en mi mente: "si hago lo que siempre he hecho, obtendré lo que siempre he obtenido", y ya era suficiente. No le debía explicaciones a nadie sobre lo que hacía en mi habitación, y a partir del día que decidí eso, ese día, comencé a ser una persona un poco más feliz. Aunque sentía que todavía faltaba algo, para mí eso ya era un avance.
Todos los días intentaba hacer algo que se saliera de mis muy delimitados parámetros, de hacer cosas que usualmente no haría, o contra las cuales tenía alguna clase de prejuicio, porque no quería llegar a ser adulta para un día mirar atrás y arrepentirme por ni siquiera haber intentado hacer mi vida más interesante, y uno de esos desafíos fue embriagarme con Sakura, y aunque lo que tuve que pasar después no se lo deseaba ni a mi peor enemigos- a Eriol quizás sí- lo volvería a hacer. Me sentí bien hablando con ella desinhibidamente, a tal punto de que trataría de empezar a conversar con ella esa clase de cosas no sólo cuando estuviera necesariamente ebria.
Estaba contenta con que a mi amiga las cosas le estuvieran empezando a ir bien, se notaba que estaba feliz con Li y eso me alegraba también, pero era inevitable a su vez que tuviera menos cabida en su vida. Ella trataba de hacerlo todo bien, incluyéndome en sus planes, pero tampoco yo quería ser una molestia. Era hora de que empezara a buscar mi propio rumbo, así mi amiga no se sentiría culpable ni responsable de mi escasa vida social.
Fui a mi biblioteca, y de pronto descubrí que había estado tan exhorta en mi lectura que no preví que el libro que me había quedado leyendo hasta la madrugada era el último, y casi entré en pánico. Nunca me había visto desprovista de ellos y ni hablar de leer a través de internet, aquello era un sacrilegio. Nunca nada se igualaría al olor de un libro, la textura suave de las hojas, el sonido de estas al ser cambiadas y aquella pequeña pausa inevitable en lo que se tardaba en dar vuelta la hoja… y aquello, algo digital no lo podría igualar.
Miré la hora y aún no era tiempo de que cerraran la tienda. Si me apuraba podía llegar y escoger un título con calma.
Rápidamente me vestí como lo hacía cuando iba para ese lugar. Le pedí a la conductora que me llevara, pero tuve la buena idea de pedirle que me dejara a una cuadra y le dije que volvería a casa sola, pero ella insistió que prefería que la llamara a la hora que fuera para recogerme. Contesté que lo haría, pero eso no formaba parte de mis planes.
Saludé con un gesto a la encargada que ya me conocía, más de alguna vez me sugirió libros cuando recién me iniciaba y resultaron ser buenas referencias.
Recorrí las estanterías, y grata fue mi sorpresa que para haber estado relegadas a un rincón alejado, seguían estando donde mismo, pero ya ocupaban más de un estante. Lo que aumentaba las posibilidades de encontrar algo interesante. Tomé un libro que tenía una portada interesante, por supuesto estaba familiarizada con el concepto de que no había que juzgarlos por ella, pero fue inevitable, y lo abrí al azar y algo distinto fue lo que encontré, estaba siendo narrado desde la perspectiva masculina y en tercera persona.
"…él no estaba seguro de por qué la deseaba a ella y no a otra. Su amiga llamaba incluso más la atención a primera vista, pero era justamente la falta de confianza en sí misma, el que no estuviera consciente de la belleza de la que poseía la que la hacía distinta a sus ojos. En más de una ocasión se imaginó a si mismo arrinconándola y poseyéndola a la fuerza, sin darle tiempo para rechazarlo, porque el repudio por parte de ella sería devastador, acabaría con su confianza y virilidad… y aunque sonara cursi, le rompería el corazón, porque llevaba mucho tiempo observándola y enfocando su atención sólo en ella, acababa sólo pensando en cómo se sentiría penetrándola, o incluso más inocentemente, besándola hasta que a ambos se le acabara el aire. Odiaba que lo hiciera sentir eso, pero a la vez le gustaba que ella le hubiese dado un sentido a su vida. Había sido un cambio interesante e imprevisto, pero en exceso frustrante…"
—Vaya, para ser una autora femenina no relata del todo mal la perspectiva masculina – oí una voz que reconocí de inmediato.
Miré horrorizada hacia atrás para encontrarme con Eriol, que al parecer tenía un tercer sentido para encontrarme.
—¿Qué haces aquí? ¿Me estás siguiendo? – pregunté asustada.
—No. Te vi entrar y me acerqué, creo que es sutilmente distinto – acotó él incomodo.
Mientras él miraba los libros alrededor no pude sino sentir cómo se me acaloraba la cara. Era la segunda vez que me encontraba en la misma situación.
—¿Has leído este? No es muy popular, no es la clase de lectura que les gusta a las mujeres románticas – contestó.
Miré el libro que indicaba e ignoré su comentario.
—Sakura me dijo que te ibas a ir del país – mencioné al recordarlo.
—Ah, si. Estudiaré en Inglaterra... Tengo familiares allá – explicó él.
—¿Y cómo sabes qué es lo que les gusta las mujeres leer? – pregunté cambiando el tema.
Escuché a la encargada que tan bien ubicaba, llamarlo por su apellido para que ayudara a un cliente y recién entonces comprendí que Eriol trabajaba ahí. Me avergoncé de la acusación que profesé acerca de si me estaba siguiendo. Tomé el libro que había estado leyendo y bajo este, el libro que él me había sugerido e hice lo posible por apurarme a salir de ahí. No quería que descubriera que había aceptado su sugerencia, ni tampoco verlo después del episodio de ego del que fui víctima. Además pensaba en que si él trabajaba ahí cuán difícil sería volver, y ese era el mejor lugar, el que más me gustaba. Evité pensar en eso mientras me alejaba. Me sorprendí a mi misma mirando en más de una oportunidad hacia atrás, para saber si él me seguía, pero no ocurrió.
Al llegar a casa Natsuki, la conductora, me miró ofendida porque no la llamé como había dicho que lo haría, pero en verdad lo que yo necesitaba era caminar y aire fresco, ya que no hacía mucho ejercicio.
Una vez que llegué a mi habitación dejé los libros que había adquirido encima de una mesa, y aunque me causaba mucha más curiosidad el libro que un hombre me recomendara, ignoré esa recientemente creciente sentimiento de indagación sobre las preferencias masculinas y me decanté por empezar a leer el que había sido mi primera opción. Empecé a leerlo y por cada página que avanzaba, miraba el otro libro que no estaba segura de cómo o por qué, pero llamaba mi atención como si estuviera recubierto de luces de neón. Al terminar el primer capítulo, me di cuenta de que aunque había leído no había retenido nada y no tenía idea del contenido o siquiera el nombre de los personajes. Acepté sólo entonces que quería leer el libro que Hiragizawa dijo que le había gustado y abandoné mi absurda porfía.
A medida que leía el libro, este se tornaba más y más interesante, mientras yo no podía evitar pensar por qué él lo conocía, probablemente al trabajar ahí podía hacer su propio estudio de mercado sobre popularidad, pero el mismo había dicho que no era demasiado comercial. Tenía que admitir que tenía su punto al decir que no gustaba mucho al público femenino, ellas compraban romance, y la escenas de sexo, aún siendo más explicitas de lo que estaba acostumbrada, no tenían nada de cursis, aún así, estaban tan bien narradas que comencé a excitarme. Mi respiración se hizo más profunda y mis pezones se volvieron sensibles, recordándome que estaban ahí, aunque obviara su existencia la mayor parte del tiempo… ¿se excitaban los hombres al leer esa clase de cosas? ¿Se habría excitado él? No sabía muchas cosas, y no lo negaba ya que mi falta de experiencia no me avergonzaba o complicaba, sólo tenía diecisiete años ¿qué tanto se suponía que debía saber sobre eso a mi edad?, pero había leído – la fuente de todos mis conocimientos, la lectura - que los hombres necesitaban una clase de estímulo más visual para excitarse, así que no debía ser el caso. Seguí leyendo.
"… él me enseñó dónde y cómo debía estimularme para sentirme incluso mejor. Él no me tocaba a mí, pero me guiaba y me indicaba cómo hacerlo… él decía que no era su intención ni siquiera rozarme, pero si instruirme y era inevitable pensar ¿por qué él quería algo así? Estaba desnuda y dispuesta con mis propios dedos en mi entrepierna hinchada, con su mano grande y cálida sobre la mía. Si él lo quisiera, y no dudaba que él estuviera al tanto, no me negaría… ¿Por qué le importaba que yo aprendiera tales artes pertenecientes al onanismo? ¿Por qué no me tocaba él a mí? Estaba apoyada en su pecho desnudo mientras él estaba recargado en el catre de la cama, en medio de sus piernas, sin embargo no era capaz de sentir su erección, incluso estando a esa inexistente distancia ¿era que simplemente yo no lo excitaba? ¿Por qué quería él que aprendiera a 'masturbarme como era debido'? Esas fueron sus palabras cuando todo empezó…
—Estás pensando mucho – me dijo.
—No puedo evitarlo – le expliqué.
—Déjate llevar y concéntrate en hacerte sentir bien a ti misma – contestó.
—Tócame tú – me atreví a pedir sin poder esconder el deseo en mi petición.
Él se quedó callado y supe que había cometido un error. No debí expresarle lo que quería en el fondo de mi corazón, pero fue imposible que dijera lo que me estaba carcomiendo, pero deseé tragarme mis palabras cuando sentí que se acomodaba para ser ahora yo la que se apoyaba en el catre. Extrañé su calor y su piel, que era lo único que tenía en contacto. Al parecer iba a tener que conformarme sólo con eso… porque desconocía por completo la clase de interés que él tenía en mí, pero claramente no era del tipo que él si había despertado en mi, y se fue de ese lugar, dejándome sóla, húmeda y excitada…"
Me hice parte de la historia, sentía lo que ella sentía. Podía sentir la frustración de la protagonista. Una sensación rara en mis manos y una sensación de angustia ante lo que ella experimentaba, sobre lo que deseaba y no podía tener… me sentí abrumada y cerré el libro como si este me estuviera quemando. Lo dejé a un lado y salí de mi habitación casi huyendo. Choqué con mi madre que se exaltó al verme caminando a paso rápido.
—¿Estás bien? ¿Pasó algo? – consultó preocupada.
—No, mamá, nada. Sólo quería ir por un poco de agua – respondí elocuentemente.
—¿Tienes fiebre? – preguntó alarmada.
Mi madre puso sus labios en mi frente para tomar mi temperatura como cuando era pequeña. Según ella era más efectivo ese método que las manos.
—Parece que sí… - se respondió a sí misma.
—No es eso, es sólo que estaba muy abrigada y me dio calor… - justifiqué.
—Está bien… - asintió.
Observé a mi madre y noté que para ser tan noche estaba impecablemente vestida. De hecho se veía muy bien.
—¿Vas de salida o vienes llegando? – consulté.
Con esa pregunta fue ella la que se le vio acalorada.
—Vengo llegando… ¿no sabes la hora que es?
A decir verdad, no… no tenía la menor idea… negué con la cabeza.
—Pronto serán las tres de la mañana, hija… - me dejó saber mi madre.
¿Las tres? ¿Y cuándo pasó tan rápido el tiempo? Pero lo más extraño era mi madre llegando a esa hora. Si, las cosas habían cambiado un montón y lo seguirían haciendo sin que yo pudiera decir o hacer algo. Todos avanzaban sin analizar si la decisión que tomaban en ese instante sería adecuada en el futuro, dispuestos a asumir las consecuencias. En cierto modo los admiraba por tener esa clase de valor.
Le deseé a mamá buenas noches y fui a la cocina a por mí agua, que al final si quería. Agradecí el líquido que bajaba helado por mi garganta y me puse la fría botella en mis mejillas, tratando de regular la temperatura en ellas, ya que parecía que el rubor había llegado para quedarse.
Sin demasiadas ganas me dirigí de nuevo a mi habitación, dónde absurdamente sentía que me escondía de un libro. De un objeto sin vida, pero ciertamente con la capacidad de amedrentarme.
Intenté dormir, pero no podía. No me sentía ni un poco cansada y lo único que estaba consiguiendo era calentar la cama. Empecé a divagar, yendo de un pensamiento a otro y en algún punto me quedé dormida, pero no lo suficientemente inconsciente para no recordar que tuve un sueño erótico con Eriol Hiragizawa…
Sakura me llamó temprano para que saliéramos, estaba tentada a declinar, pero cuando me dijo que había dejado de aceptar una invitación de Syaoran porque deseaba verme, no me quedó más opción.
—¡Hola Tomoyo! – saludó con una sonrisa de oreja a oreja mi amiga.
Si no la conociera, una clase de saludo tan efusivo me habría hecho sospechar.
Caminamos sin un rumbo determinado hasta que ella habló.
—¡Queda poco para que volvamos a clases! – se lamentó
—Si, en dos semanas más empezaremos nuestro último año – noté por primera vez lo que implicaba aquello.
—¿Tienes idea de lo que quieres hacer luego de terminar la escuela? – consultó curiosa.
—A decir verdad he evitado pensarlo – admití.
—Yo tampoco le he dado muchas vueltas. Tengo un poco de temor – reconoció Sakura.
—¿Por qué? – indagué.
—Syaoran no ha hablado mucho de eso, y a veces lo olvido… pero él no es japonés y una vez mencionó que estaría sólo hasta terminar con los estudios obligatorios – contestó con tristeza.
—¿Has intentado hablar del tema? – insistí.
—No. No sé si quiero saberlo – aceptó ella.
Sakura cambió drásticamente el tema y no quise presionarla aunque me preocupaba el tema. Si ella no quería hablar de eso no la iba a obligar.
—Papá anoche llegó muy tarde – acotó.
—Mi madre también… - agregué - ¿Estás bien con respecto a ese tema ya?
—Sí, tampoco es que pueda hacer nada, no me molesta tampoco, es sólo… raro… - admitió.
—Te entiendo tanto – veneré su respuesta.
Las dos reímos al unísono.
—¿Te imaginas si quieren vivir juntos? – preguntó.
—Es una posibilidad…- sopesé.
—No quisiera dejar mi casa… - habló ella.
—Los hijos no debemos echar raíces en las casas de nuestros padres – respondí.
Sakura quedó pensativa y asintió.
—Sakura… - empecé a hablar.
—Dime – dijo ella enfocando toda su atención en mí.
—¿Has visto alguna vez porno? – solté casi sin pensar lo que decía.
Mi amiga dejó de caminar ante mi pregunta y yo me sonrojé. Era el tipo de reacción que me costaba asimilar. Pero rápidamente ella volvió a la normalidad.
—No he visto nunca ahora que lo dices… ¿por qué? ¿tu si? – interrogó curiosa.
—¡No! Era sólo una pregunta – aclaré.
—Ahh de todos modos, la mía también lo era… ¿por qué la curiosidad entonces? – inquirió dubitativa.
—Quería saber tu opinión al respecto – desvié el tema.
—De todos modos si alguien disfruta de esa clase de cosas y no le hace daño a nadie, no me parece mal que lo haga. Todos somos dueños de nuestras decisiones y sobretodo de nuestros cuerpos, Tomoyo – contestó sabiamente
No lo demostré, pero esa respuesta me dejó sorprendida. Probablemente era la clase de madurez de la que ella podía ostentar al ser experimentada en el tema sexual.
—Si alguien lo hace y lo disfruta, nadie debería juzgarlo – continuó con el discurso – así que si me preguntas si pienso mal de ti porque lo haces… no creas tal cosa.
Me tengo que haber puesto de todos los colores cuando terminó de decir eso y fue peor cuando Sakura se carcajeó del efecto de sus palabras en mi.
—¡No veo pornografía! – expresé avergonzada.
En teoría no mentía. No veía pornografía.
—Sólo estoy bromeando… pero si lo haces, ya sabes que como amiga yo… - bromeó ella.
—¡Sakura! – alcé la voz-
—Está bien, está bien – concedió ella.
La tarde pasó tranquila hasta que nos despedimos.
Pasé por fuera de la tienda de libros y pude ver que Hiragizawa estaba ahí, acompañado de dos chicas sonrientes, y que se golpeaban entre ellas en las costillas con los codos cuando él no se daba cuenta. Ahora comprendía por qué tenía conocimientos sobre dicha sección, al parecer eso otorgaba popularidad.
Al llegar a casa me sentía extrañamente molesta. Agarré rabiosa el libro que estuve rehuyendo y retomé la lectura.
"…él volvió dos noches más tarde a mi habitación, mientras yo no lo esperaba. Deseé que no lo hubiese hecho, que hubiese contenido las ganas de humillarme, no obstante seguía mirándome como si yo hubiese sido la que hizo algo mal. Lo ignoré, lo que él quisiera enseñarme me tenía sin cuidado, no quería ser parte de su juego y eso sólo consiguió hacerlo enojar. Retiró autoritariamente los apuntes con los que estudiaba para mi examen para mañana y quitó de mi boca el lápiz que era el desahogo para aquella fijación oral que padecía y que él en repetidas ocasiones indicó que le molestaba.
—¿Te has equivocado de habitación? La habitación de mi hermano es dos puertas más allá – respondí.
—Por qué te esmeras en provocarme – me acusó.
—¿Provocarte? ¡Eres tu quien viene a mi habitación y entra sin tocar! ¿Por qué mejor simplemente no ignoras que existo – le exigí.
Él sonrió, y se valió de sus brazos para quedar sobre mí sin hacer contacto. Empecé a respirar más agitadamente, desde pequeña él había tenido ese efecto en mí, él lo sabía, y al parecer le gustaba. Si él no existiera probablemente no habría despertado al erotismo y no pensaría en las cosas que constantemente pienso… quizás me hubiese fijado en alguien de mi edad…
—Lárgate – le solicité.
—¿Te has tocado? – me interrogó
—No he necesitado hacerlo yo misma – despejé sus dudas.
—¿Qué significa eso? – me interrogó.
Encontré a alguien que lo haga por mi – mentí – así que no sigas entrando a mi habitación de esta forma. Mi novio podría malinterpretarlo… y yo ya no quiero que lo sigas haciendo de todas formas – contesté decidida.
Él se retiró de la posición en la que estaba y se fue sin decir una palabra. Mi corazón golpeteaba fuerte en mi pecho y solté un suspiro de alivio cuando se marchó, aunque dolía un poco en cierta medida el que se fuera, pero yo ya no quería desearlo más, quería extirparlo de mi vida y seguir adelante sin esperar más por él. Recogí el lápiz que se había caído de mi mesita de noche dónde él lo había dejado, para retomar el estudio donde había sido interrumpido, no obstante debí imaginar que no sería tan fácil seguir con mi vida como lo deseaba, porque él no tardó en volver a entrar impetuosamente.
—Él jamás te tocaría como yo lo haría – aseguró.
—No puedo basar mi juicio en hechos que desconozco – debatí.
—Es mentira que tienes novio – rectificó.
—Cree lo que quieras – contesté despectiva.
—Tu hermano no dijo nada al respecto – siguió intentado.
—¿Acaso crees que le cuento todo a él? ¿O qué crees que te haría si supiera que te escabulles a mi habitación cuando se supone que estás durmiendo en la de él? Tengo una vida secreta, mi vida sexual sólo me concierne a mí. Nunca pensé que fueras tan iluso – sonreí por mi ingeniosa respuesta.
El efecto de mis palabras fue inesperado, porque se recostó a mi lado y con una mirada que ya había visto en él, pero no nunca con tanta decisión, asaltando la poca seguridad que me otorgaba el elástico de mi infantil pijama, sentí sus dos de sus dedos invadiendo mi intimidad, y explorándola con ahínco, siendo aquella la primera vez que sentía unos dedos distintos a los míos en ese lugar. Una vez que percibió que yo no haría nada para evitar aquella inesperada incursión, comenzó a masajear sutilmente toda la zona, como reconociéndola, mientras yo sólo me dejé llevar por la intensidad de lo que sentía con aquel acto que había añorado, pero que jamás se había concretado. Era demasiado distinto a hacerlo uno mismo. La comprobación fue sobrecogedora y mis nervios evidentes, temblaba de gusto y de deseo de más y aunque traté de controlarlo no pude sino facilitarle el acceso hasta el más recóndito recoveco de mi cuerpo y me sentí totalmente expuesta cuando con su dedo índice hizo un trazo y hundió uno de sus dedos donde toda la humedad brotaba, esparciéndola de un modo que alteró cada uno de mis sentidos…"
Nunca me había pasado con ningún otro libro, pero ya a esa altura negar que estaba excitada como nunca en la vida era absurdo. La relación entre la protagonista y el amigo del hermano parecía de tantos modos prohibida, por la diferencia de edad, por la vergüenza, por el miedo… pero esos encuentros furtivos y cargados de una pasión de la que nadie sospechaba nada, me hicieron por primera vez anhelar tener una relación y conocer la intimidad con una persona. Aún cuando en lo que a mi respectaba, él era un cobarde, porque los encuentros se fueron volviendo más y más demandantes y más reiterativos en el tiempo, nunca hizo algo ni medianamente aceptable por ella y nunca se besaron. Eso me creo un conflicto enorme, comprendí sólo en la última página a lo que Hiragizawa se refería cuando me lo recomendó, porque ellos no se quedan juntos, nunca aclararon las cosas y sólo dejaron que la comodidad y la vida les pasara por encima. Era un libro totalmente desesperanzador, que no alimentaba el concepto romántico conocido y esperado.
Ese libro lo único que me dejó fue una excitación frustrada de la que me tuve que hacer cargo tan pronto terminé de leer ese final tan inverosímil.
Toda la tarde reprimí las ganas de ir a tirarle a Hiragizawa el libro por la cabeza, porque lo odié y no podía dejar de pensar en ese objeto que deseaba que se quemara por combustión espontanea… ¿por qué me recomendaría algo así? Fui a su trabajo, otrora mi lugar favorito, aunque me recordaba constantemente de que iba por otro libro y no por otra cosa, pero estaba cerrado. Mire dos veces la hora y aún faltaban más de treinta minutos para la hora de cierre oficial. Miré extrañada a través de la ventana y vi que estaban celebrando algo, y cuando vi en el medio a Hiragizawa, supe sin que me lo tuvieran que decir, que le estaban dando una fiesta de despedida. Se me apretó el corazón con una desagradable sensación, pero la ignoré, y me retiré, esperando no haber sido vista, pero debí dar por sentado que las cosas no me resultarían, porque Yoriko, la encargada, salió por la puerta que no esperé que se abriera.
—Hey, Tomoyo ¿Venías por un libro? – consultó por lo obvio.
—Si, ya sabes que me gusta venir a última hora, así que es mi culpa, no te preocupes. Mañana vuelvo – concerté.
—No, no, entra y únete después de que escojas uno – sugirió.
—De verdad no es necesario. Puedo esperar a mañana – insistí.
—Tomoyo hace meses que vienes y sé que si apareces es porque no tienes más libros y eso no puedo permitirlo. Eres nuestra cliente más fiel – dijo contenta
Ante aquella insistencia, y después de haber sido arrastrada hacia dentro, las otras cinco personas que estaban ahí y que no conocía se quedaron mirándome, y Hiragizawa, que era el sexto, se sorprendió de encontrarme; me hizo un gesto a modo de saludo, y siguió conversando como si yo no hubiese irrumpido en aquel lugar.
Recorrer el recinto sin que nadie más estuviera ahí, ni para recomendar algo o interrumpiendo mi paso fue como una sueño surrealista. Una vez que escogí mi próximo título me acerqué a Yoriko que bromeaba con Hiragizawa y eschuché sin querer la conversación.
—En Londres no tendrás a todas esas chicas de secundaria haciendo como que se interesan en leer sólo para hablar contigo – sostuvo ella.
—Lo que me alegrará, era lo único malo de este trabajo – contestó malhumorado.
—¿Cuándo partes? – consultó.
—Pasado mañana – respondió.
Esa respuesta no la vi venir. Sabía que se marcharía, pero no imaginé que tan pronto. Volví a sentir esa sensación que ahogué, distrayéndome en otras cosas, como el polvo en mis zapatos.
—Lamento interrumpir nuevamente, pero este es el libro que me llevaré – anuncié.
Yoriko asintió y volvió a extender su invitación para unirme, pero la decliné y ella comprendió que no quería quedarme, me despedí de todos, porque aunque no los conociera los ubicaba, y me marché. Evité hacer un nuevo contacto visual con Hiragizawa al despedirme.
Estaba llegando a la entrada de mi casa cuando escuché a Hiragizawa, y al girarme lo encontré mirándome serio.
—El que me gustes no es razón para que me ignores de esa forma – sostuvo.
—No te he ignorado – desmentí.
—Escucha… sé que nada de lo que te diga va a cambiar la opinión que tienes de mí… pero hablé con Sakura, le conté mis motivos. Quería que supieras eso – aclaró.
—Qué bueno que lo hicieras. Era tu deber… para ver si podías compensar de algún modo lo que provocaste – expliqué.
—¿Por qué te molesta tanto? No es que te haya hecho daño directamente a ti… - quiso saber él.
—Ella es una de las personas más preciadas para mí… - respondí honestamente.
—De todos modos… siento haberte importunado con mis sentimientos – cambió radicalmente de tema.
Con una reverencia y con la impresión de que el diálogo estaba incompleto, él se despidió de mí. Se marcharía pasado mañana y ya no lo volvería a ver más... Eso era lo que quería ¿no? No obstante al mirarlo a la cara fui capturada por sus ojos inquisitivos y profundos y la pregunta que tenía en la punta de lengua finalmente fue verbalizada.
—¿Por qué me recomendarías un libro como ese? – cuestioné.
—¿Qué libro te recomendé? – interrogó extrañado.
Saqué del bolso en el que tenía el mencionado libro y se lo mostré.
—No te lo recomendé. Pregunté si lo habías leído, que es distinto. Me sorprende que lo hayas escogido al final… ¿te gustó? – preguntó.
—Ni siquiera un poco. Es mierda, como tú – escupí con desprecio.
No sé qué se poseyó de mí que hizo que dijera tal cosa, pero no se sintió como la primera vez que lo dijera, porque se deslizó de mi lengua con demasiada facilidad. La cara de Hiragizawa fuera de lo que creí, había perdido la seriedad que lo caracterizaba cuando estaba junto a mí y comenzó a sonreír.
—¿Soy mierda? Me parece bien – manifestó.
—¿Te parece bien eso? Es algo desagradable… como para contentarse con algo así – clarifiqué.
—No dije que me alegrara, dije que prefería ser eso a no ser nada, al menos no puedes ignorarla si la tienes cerca – respondió - ¿por qué no te gustó el libro?
—No se quedan juntos... – respondí al instante.
—Tampoco Romeo y Julieta y sin embargo es una obra que todos admiran – contestó.
—Si quisiera leer tragedias iría a esa sección… Nunca más me recomiendes algo – le pedí – además, Shakespeare no me gusta ni siquiera un poco.
—¿Tampoco a ti te gusta? Vaya eres la primera persona que lo admite en voz alta… dejé de decirlo hace años, tenía que explicar demasiadas cosas y… no te preocupes, no podré hacerlo más… - pausó su discurso - aunque insisto que yo no te la recomendé.
Aquella respuesta volvió a hacerme sentir eso que me empeñaba en negar, pero ya no era ni la primera vez, ni la segunda. El que se fuera a ir no me era indiferente. ¿Tampoco a él le gusta Shakespeare…?
Lo miré y volví a recordar el libro y me moví incómoda en mi lugar y teniendo muy en cuenta de que esa era seguramente la última vez que lo vería, me atreví a preguntarle algo que rondaba permanentemente en la cabeza.
—¿Por qué leerías tú libros de ese tipo? – indagué.
Él se quedó callado y pude ver con la tenue iluminación que se sonrojó.
—No te va a gustar la respuesta. ¿Prefieres que fabrique una que te deje contenta o quieres saber la cruda verdad? – me desafió.
La curiosidad me mataba, quería saber la verdad sin ornamentación.
—Prefiero la verdad – rectifiqué.
—Quería saber qué era lo que te gustaba… - contestó rápidamente.
Me sentí incómoda y a la vez todo lo contrario.
—¿Cuál era la verdad que inventarías? – pregunté.
—Iba a decir que desde que leí ese fragmento de tu libro me llamó un poco la atención – reveló.
—¿De qué forma? – insistí en saber.
—¿De qué forma crees tú? -
Sentí como todo el calor de mi cuerpo se concentró en mis mejillas. Él se excitaba con esos libros… tal como me pasaba a mí…
—Pensé que a los hombres les excitaban cosas más gráficas – opiné.
—Es verdad, la mayoría se excita con evidencia más sustanciosa… pero a mí me gustó, y saber que a ti te agradaba hizo su parte también – confesó.
—¿Por qué insistes en decir que te gusto? ¿Qué sabes tú de mí?
Él se quedó pensativo unos segundos y luego contestó.
—Eres hermosa, femenina e increíblemente sofisticada. Te gusta leer, la música docta y sabes de todo un poco, por lo que puedes hablar de lo que sea. Quieres a tu amiga y la proteges con todo lo que tienes y admiro eso en demasía… sin embargo, lo que hizo que me fijara en ti no fue eso – exteriorizó.
—¿Qué fue entonces? – pregunté confundida ¿no eran esa la clase de cosas las que le gustaban a los hombres?
—El primer día que te vi… me pareciste tan vulnerable que deseé ser quien te reconfortara y te protegiera. Quise abrazarte y hacerte sentir segura.
Su respuesta me dejó descolocada. ¿Qué sabía él de vulnerabilidad? ¿Por qué le di esa impresión? ¿Andaba por la vida causando esa impresión de debilidad?
—Básicamente te gusté porque te di impresión de ser un cachorro bajo la lluvia – resumí.
—No, no lo entenderías aún si te lo explicara. Además estás tan dispuesta a hacerme ver como el villano que no importa que te diga o te señale, te empeñarás en tergiversar mis palabras y lo voltearás en mi contra. No tengo ganas ni mucho menos el tiempo.
De nuevo, otra alusión a su partida y sentí como si mi corazón lo estrujaran.
—Adiós, Tomoyo… Hubiese sido grandioso haberte conocido en otro momento, en otras circunstancias… Cuídate – se despidió.
No fui capaz de reaccionar o siquiera de responder a sus palabras de despedida, como indicaban las reglas básicas de cortesía, y sólo pude ver como se alejaba y junto con él la posibilidad que había sopesado en silencio y era que lamentaba que él no me hubiese forzado a hacer algo distinto a hablar.
En todo el tiempo que llevaba con vida nunca ningún chico se había fijado en mí, aún cuando yo sabía que no era porque fuese fea. Sin embargo tampoco era que me interesara… aún así… él fue el primero que manifestó interés en mi y en el momento justo en el que abrí los ojos hacia un mundo que la mayoría a incursionado. Excepto yo… ¿o fue el hecho de saber que alguien me deseaba lo que despertó ese instinto profundamente dormido? No esperé a que la respuesta viniera a mí, sino que fui por la respuesta, siguiendo a Hiragizawa por el camino que él había seguido.
—Hiragizawa… – lo llamé cuando por fin lo alcancé.
—¿Tomoyo? – dijo mi nombre sorprendido.
Miré sus ojos y estaban ligeramente acuosos y perdidos.
—Te irás pasado mañana y no quiero que pienses cosas que no son. Voy a ser directa y clara… no me gustas ni siquiera un poco – declaré.
—Ya lo sabía ¿viniste hasta acá sólo para recalcar lo que ya tenía más que claro? No era necesario ¿sabes? – respondió.
—Quiero tener sexo – reconocí.
—¿Estás drogada? – contestó con una pregunta.
—No. Quiero conocimientos empíricos – rebatí.
—No, lo siento. No creo que estés hablando en serio – asumió.
—Estoy hablando en serio, te estoy ofreciendo que tengamos sexo sin implicaciones. No tendremos que volver a vernos luego de eso. Sé que no querré volver a verte después – hablé más calmada de lo que realmente estaba.
—¿Y qué pasa si yo si quiero volver a verte? – manifestó él.
—Ese no va a ser mi problema – respondí duramente.
—No, no estoy dispuesto a correr ese riesgo – contestó negándose.
Nunca imaginé que un hombre rechazaría una propuesta como esa. Me mostré firma y decidida, pero me sentía muy lastimada en el fondo, porque la única razón por la que le propuse eso era porque pensé que estaba en terreno seguro.
—Si no eres tu va a ser cualquier otro – musité.
Su reacción fue violenta. Nunca imaginé que una persona como él pudiera reaccionar así ante una proposición. Se acercó a mí y retrocedí para evitarlo hasta que terminé apoyada en una muralla y él creó una prisión entre él, sus brazos y esa inoportuna muralla.
—Con el sexo no se juega. No se le debe tomar a la ligera – dictaminó.
Él no comprendió que no era para mí un juego. Quería hacerlo porque mi cuerpo me decía que estaba preparado y también mi mente. Anhelaba vivir eso que reprimí inconscientemente tanto tiempo… y que ahora era todo lo que podía pensar.
—No estoy para que me des sermones. Si no quieres, está bien. Ahora quítate – le exigí.
—¿De verdad serías capaz de acostarte con cualquiera con tal de saciar tu sed de conocimientos? ¿sin implicar sentimientos? – preguntó con lo que pude distinguir como un dejo de decepción.
—Si algo he aprendido es que los sentimientos están sobrevalorados – contesté rápidamente.
—No tienes idea de lo que estás hablando porque nunca te has enamorado – aseguró.
Hiragizawa miró hacia ambos lados de la calle y yo lo imité. No se veía a nadie. Nada extraño, en esa zona sólo se veían autos, no era muy común ver gente desplazándose por sus propios medios. El bajó uno de sus brazos y deslizó una de sus manos hacia mi pecho derecho y mi respuesta fue inmediata: cerré los ojos y crucé mis brazos a la altura de mi busto a modo de protección ante su inminente toque y repentinamente, ante esa situación tuve un recuerdo que pude haber interpretado como un sueño, pero con el temor que sentí en ese instante supe de inmediato que era un recuerdo que había bloqueado… porque una situación así la había vivido antes, con un empleado de la casa y lo había olvidado por completo. Temblé ante ese recuerdo y todo el revuelo que aquello causó en la casa; Hiragizawa me hablaba y aunque lo oía, no procesaba lo que me decía.
—Tomoyo tranquila ¡no te haré nada! ¡No pensaba tocarte! Era para demostrar mi punto ¿Tomoyo? – expresó preocupado.
Me acordé que después de eso mi mamá retiró todo el personal masculino de la casa y contrató sólo mujeres que pasaron un estricto examen psicológico. No sucedió nada con ese sujeto, fue sólo un susto… pero a partir de entonces me alejé de los hombres, no eran confiables y mi madre se alteraba. Saqué la rápida conclusión de que nunca quiso otra relación después de mi padre por temor de que me ocurriera lo mismo, pero ahora que ya estaba grande se permitió a si misma esa posibilidad… la única que había cooperado a su soledad había sido yo… Ya tenía la razón de por qué el escaso interés de mi parte en los hombres. Hasta hace poco.
—¿Tomoyo? – volvió a llamarme Hiragizawa.
Él se atrevió a poner su mano en mi mejilla y la sentí increíblemente cálida. Volví a escuchar mi nombre y finalmente fui capaz de enfocar mi mirada en sus ojos y entonces supe lo que quería. Quería acostarme con él y quitarme ese estigma hasta hace poco desconocido. Sabía que la única manera de crear anticuerpos era la exposición al antígeno.
—Vuelve a intentarlo - solicité
—No voy a hacer tal cosa – siguió negándose.
Aunque anhelaba ardorosamente hacerlo, no iba a rogarle a nadie por algo que no quisieran darme.
—De acuerdo. Si no quieres no hay nada que pueda hacer – acepté finalmente su respuesta.
—¿Estás bien? ¿Te acompaño? – preguntó.
—Sólo… vete… - respondí con mi ego herido.
Me volteé y caminé de vuelta a mi casa, pero no alcancé dar un paso cuando él me agarró de la muñeca.
—¿De verdad si no soy yo será cualquiera? – quiso saber.
Quizás había exagerado con esa declaración, pero en ese momento, en ese lugar me sentía muy dispuesta a cumplir.
—Si – dije segura.
—Sé que después de esto me odiarás más – habló con pesar.
—Quiero aclararte una cosa… y es que no te odio – respondí con la verdad.
Después de eso recibí el primer beso de mi vida. Aparte de nuestras bocas lo único que estaba que teníamos en contacto era su mano aún sujetando mi muñeca. Me solté de su agarre y acto seguido lo rodeé por la cintura. Con tanto libro mis expectativas sobre un beso debía aceptar eran mayores, pero después del tercer y cuarto comprendí que era porque no poseía la técnica, y que la única forma de mejorarla era con la práctica.
—¿Vives lejos? – pregunté interrumpiendo el beso.
—Tu casa está doblando la esquina – recalcó él.
—No podemos ir a mi casa – aclaré.
—Todavía puedes detener esto. Te vas a arrepentir y esta será la última vez que te lo advierta, no creo que vuelva a ser capaz de repetirlo – aconsejó.
—¿Vives lejos? – ignoré su frase recién dicha.
Él comprendió que yo no iba a dar pie atrás y comenzó a caminar. No caminé a su lado, si no atrás, siguiéndolo, sintiéndome cada vez más nerviosa ante la situación que yo había forzado, junto a la persona que había prometido mantener alejada de mí, porque era mierda, pero también sabía de algún modo que las coincidencias no existían y quizás la razón de su aparición en mi vida era para alejar los demonios de mi pasado. Cuando se fuera no tendría que volver a pasar por la vergüenza de volver a enfrentarlo o siquiera mirarlo. No había errores en mi plan.
Luego de lo que me parecieron quince minutos, llegamos a una casa enorme, y que ese hecho me sorprendiera a mi era mucho decir. Los empleados al verlo corrieron a abrirle la puerta.
—¿Están mis padres? – preguntó é después de saludarlos.
—No, ellos ya se marcharon a China – respondieron.
—¿Dejaron algún mensaje? – deseó saber él.
El portero negó con la cabeza con pesar y noté que Hiragizawa asintió. Siguió su camino y yo lo seguí sin levantar la vista. Era obvio que ellos supondrían a qué iría yo allí.
—Este lugar es escalofriante. Odio la opulencia que a mis padres les encanta mostrar. Todo lo que construyen es inútilmente grande. No conocen el concepto de acogedor – comentó.
Llegamos a su habitación después de subir una escalera y al entrar me sentí abrumada al ver su cama, experimenté lo que probablemente siente un prisionero sentenciado a muerte en su última caminata, temblaba por completo, pero estaba decidida, pero si lo seguía pensando me acobardaría. Hiragizawa se quedó apoyado en la puerta, parecía pensativo.
—¿No vas a venir? – pregunté.
—Siento que me estoy aprovechando de ti – respondió.
—Si vas a seguir con eso es mejor que me dejes salir – hablé.
Fui hacia la puerta donde él estaba e hice el amago de empujarlo para que me dejara pasar.
—Te dije antes una cosa, ¿la recuerdas? – dijo con una mirada extraña.
—No.
— La oportunidad para arrepentirte fue en ese minuto... que ya pasó – contestó.
A partir de esa frase no cruzamos más palabras y aunque con sus acciones daba la impresión de estar siendo brusco, no lo era ni siquiera un poco. Me pidió que me quitara la ropa con hechos y pude apreciar lo que daba por entendido con sólo verlo; era tan paliducho como yo, casi se veía débil, pero esa imagen se contrarrestó con otra que se superpuso al quedar sólo con ropa interior y la evidente erección que se evidenció. La situación se tornaba cada vez más real, y aunque no sabía muy bien cómo actuar o qué cara debía poner me acerqué a él y quité la única prenda que entorpecía mi visión de un hombre completamente desnudo, y cuando se la quité y la erección se movió y luego volvió a su lugar mostrándose orgullosamente estoica dejé de pensar en la teoría e hice lo que deseé hacer. Toqué, lamí, palpé. Delineé con mi lengua cada lugar de su cuerpo en el que deseé hacerlo y dejé de lado la vergüenza, sacié mi curiosidad y más, de hecho debía admitir también que fue más fácil hacerlo que dejar que me lo hicieran a mí, porque las sensaciones eran diversas y se manifestaron en mayor y menor medida y la más intensa para mi, más que sentir su boca succionando mi pezón y sus dedos estimulándolos, fue cuando dirigió su mano hacia mi intimidad. Era la sensación que de algún modo estaba más familiarizada, pero había sido abismalmente distinta, porque sus dedos eran más largos, más gruesos…y más hábiles…
—Estás muy caliente y mojada, Tomoyo – susurró con voz ronca.
Me sentí completamente halagada con sus palabras.
—Sabes… es por aquí que me vas a sentir por entero...
Sentí dos de sus dedos y estimulándome donde yo misma nunca había llegado… y si era así de placentero sólo sus dedos ¿cómo se sentiría de bien con él dentro de mí?
Después de eso él cumplió su palabra y efectivamente lo sentí, lo sentí todo… y no fue sólo eso, porque cuando él habló sobre querer más luego de concretar aquel acto, comprendí a lo que se refería, porque ahora que había conocido lo que se sentía, deseé seguir experimentándolo… aunque si hubiese tenido en consideración las consecuencias en las que desembocarían mis actos, como toda la vida las tuve en cuenta, tal vez, sólo tal vez, lo hubiese pensado mejor y no lo hubiese hecho esa noche, quizás no me hubiese dejado llevar como lo hice y habria sido un poco más consciente…
Continuará...
Buenas noches... ¿qué tal? para alegría de unas y decepción de otras, les traigo el último capítulo desde la perspectiva de Tomoyo. Por supuesto seguiremos sabiendo de ella, pero ya no más en primera persona.
Quedan dos capítulos...
Responderé los reviews a continuación:
Kimi Deathberry: holaa, sé que tú serás de las que se alegren con este capítulo. Gracias por tus palabras en el review anterior, por supuesto que son todo lo que quería que pensaras y sintieras y que pudieras visualizarlo aún cuando no fue narrado con tanto detalle me hace feliz de aquí al cielo. Cuídate mucho, un abrazo
Sakura Kinomoto Amamiya 26: ¡Hola! A esta altura ya sé bien cuando te gusta un capítulo o no jajajaja, cuando te gusta me dejas un review y si no te gusta no lo haces, y me parece una transacción justa. Me doy por entendida. ¡Cuídate. Muchos saludos.
Blouson Der Hertz: Acá el capítulo del que hablé la primera vez que te comenté sobre este fanfic, sé que no es del todo algo romántico, pero quién sabe si las cosas cambian de aquí en adelante. Jajajaj me dio risa eso de "todos con todos", si en cierto modo fue así. Esa Kaho… ¡Saludos!
Stephy: ¡Qué bueno que esta lectura se te haga tan agradable! Ojalá te agrade este nuevo capítulo
-He estado en Santiago en cientos de ocasiones, en el metro en hora punta, en un mall, en el centro, en restaurant y en todos lados es un caos… gente por doquier. Recuerdo cuando Feria del Disco hacía eventos en Ahumada… rayos, mejor no lo recuerdo jajajaja ¡Gracias por tu apoyo y tu tiempo! ¡Saludos!
Camili: jajajaja en pos de actualizar pronto no responderé tan largo como suelo hacerlo, sé que lo prefieres de ese modo. Ya sabías que este capítulo sería desde la perspectiva de Tomoyo así que no serás tan feliz. Lamento no haber podido cumplir con mi palabra de actualizar antes, intentaré compensarlo con el siguiente capítulo… ¡Estamos leyéndonos!
ValSmile: ¡Hola! Y que lo digas… pero no importa, igual sé de ti por Facebook, asi que tan desconectadas no estamos. ¡Cuídate!
Pat: Antes que todo, quiero agradecer la delicadeza que tuviste al dejarme dos reviews tan trabajados sobre los dos últimos capítulos, de verdad es un detalle que aprecio mucho.
-Sakura disculpó a Eriol porque está tan contenta con su nueva relación con Li que no hay cabida para nada de malos sentimientos.
-Jajajaja si, lo adelantaste como dos capítulos. Eres una visionaria o yo de verdad muy evidente. Puede que sea incluso ambas.
-Touya debe dejar crecer a su hermana… si supiera haciendo qué y dónde su Sakurita ha estado jajajajaj
-Hay algo que has mencionado en más de una ocasión, y es el tiempo que Hiragizawa y Tomoyo hablan cuando él le quita el libro y lee el fragmento… fueron sólo segundos después de la lectura, y si ella accedió a conversar con él después fue porque mencionó a Sakura… y a Tomoyo que le digan algo de ella y saca dientes y garras. Es cierto, Tomoyo es muy ambivalente, pero en este capítulo (que espero te agrade) dejé saber la razón.
-Hiragizawa va a empezar a pagar a partir de ahora.
-Sakura solo actuará si tiene completa certeza de cómo se siente su amiga. Aquello lo revelaré en el penúltimo capítulo, el que viene. Muchísimas gracias por tu tiempo, lo aprecio de verdad ¡Cuídate!
Gracias a todos, pero hoy ando con poco tiempo...
