Card Captor Sakura
Sakura / Syaoran
Para mayores de 18
Capítulo XI
Después de esa conversación con Tomoyo acerca de la pornografía, no podía parar de pensar en ello. Hasta ahora nunca me lo había planteado porque no lo había necesitado, pero lo cierto es que aquella pregunta despertó mi interés. Me las arreglé y conseguí el material… quería sorprender a Syaoran.
A Syaoran no le gustaba mucho ver televisión o películas, él era como de otro planeta, no entendía su reticencia a la tecnología, pero también tenía muy claro de que podía convencerlo si me lo proponía.
Aun sopesaba si era bueno insinuarle o no algo, así que al final pensé en que sería bueno saber qué pensaba él de eso.
—¿Tú has visto porno, Syaoran? – pregunté curiosa.
Syaoran se alejó de mí, dejando una distancia que casi nunca existía cuando estábamos solos.
—¿Por qué la pregunta? – interrogó.
—Es que… me cuestionaba por qué les gusta tanto verlo a los hombres y si acaso a tu… - dije sin ser demasiado directa.
—Lo he visto – admitió.
—Quiero ver yo también – confesé.
—¡No! ¿por qué quieres eso? - preguntó el motivo.
—Es que despertó mi curiosidad… ¿por qué no quieres que vea? – inquirí.
—¿Quieres vérselo a otros hombres? – sostuvo Syaoran enojado.
Me sonrojé, la pregunta fue muy directa
—¿Es acaso eso algo malo? – necesité saber.
—Tú no puedes ver desnudo a nadie más – dictaminó.
—Ah ¿y por qué no? No es como si fuera a pasar algo con ellos. Estás exagerando – rebatí.
—¿Y qué hay si te empiezan a gustar los hombres que lo tengan más grande que yo? – habló con honestidad sobre su temor.
—¿Y qué hay si te empiezan a llamar la atención esas mujeres exuberantes? – contraataqué.
—Eso no va a pasar – dijo determinante.
—Tampoco me pasará a mi… además ¿alguna vez has oído que me queje de lo que tienes? – susurré en su oído.
Acto seguido con mi mano invadí la privacidad que le otorgaba su ropa, y a través de esta seguí mi camino hasta que lo sostuve su hombría firmemente en mi mano, para luego comenzar estimularlo y conseguir que adquiriera la rigidez que me volvía loca.
—Pero es que no has visto a otros hombres… ¿o sí? – preguntó inseguro.
Seguí tocándolo con aprehensión y no mucho después obtuve el resultado deseado.
—Para mi tenerte a ti así es suficiente. Si no quieres que veamos esa clase de cosas, de acuerdo, no las veremos. Al menos no juntos – dejé entrever.
Retiré mi mano y lo dejé con una erección que llegué a sentir que vibraba y con un último beso corto en los labios me senté en su sofá, a esperar. Probablemente a esa altura Syaoran había descubierto mi plan de manipulación, él no era una persona lenta, pero debía admitir que mis palabras estaban tardando en hacer efecto. Más de lo que creí.
—¿Lo verías sola? – insistió.
Intenté compartirlo contigo, pero si no quieres no hay nada que pueda hacer – comenté.
—¿Y si te excitas? – consultó.
—Syaoran… no es algo que no pueda solucionar por mí misma – quise que supiera.
Su cara fue lo mejor. Intenté no reír.
—O sea que aún teniéndome a tu disposición para satisfacerte ¿no soy suficiente y te tocas cuando no estás conmigo? – dijo notablemente herido.
Eludí dar una respuesta y fingí interés en el programa que acababa de empezar.
Mi novio se dejó caer pesadamente a mi lado. Lucía hastiado y enojado.
—Me siento engañado – declaró.
—Eso no tiene sentido… y con quién te estoy engañando ¿conmigo misma?– respondí.
—¿Cómo consigues que me ponga celoso incluso de ti misma? – habló.
Sonreí y me apoyé en su pecho y él buscó mis labios los cuales no tardó en encontrar. No es como yo se lo hubiese dificultado, en cualquier caso.
—Veamos lo que quieres ¿quieres que lo consiga? – preguntó.
—No es necesario – aclaré.
Me levanté y le mostré un pendrive que saqué de mi bolsillo, y lo coloqué en la entrada predispuesta para eso. Syaoran me miró con la boca abierta. Recién entonces comprendió mi juego.
—Me engañaste – me acusó.
—Quizás – contesté.
—Me manipulaste – aseguró.
—Tal vez – respondí.
No reconocí del todo mi fechoría. Había cosas que era mejor no admitir.
La película empezó y Syaoran no cambiaba su expresión de disgusto, pero si podía ver que a través de la ropa la erección que yo le provoqué seguía latente ahí.
Me acerqué sigilosamente mientras los gemidos de la colorina retumbaban en mis oídos, y tenía que aceptarlo, la herramienta del sujeto era considerable. Era anormal que tuviera ese tamaño. Con toda razón la tipa se quejaba de esa forma al ser penetrada por "eso" y de "esa" forma apremiante. De seguro ella había perdido la sensibilidad en algún punto de aquella noble carrera. Pensé en lo orgullosos que estarían sus padres… y de pronto fue inevitable pensar en mi padre y en mi hermano, y en cómo me verían si supieran que yo era una mujer que anhelaba a tiempo completo a su hombre y cuan demandante era. Supuse que mis pensamientos se estaban desviando del real propósito que había planeado al incitar esa situación, pero cuando Syaoran se acercó, hice como que no me di cuenta.
—¿No estabas sentado más allá? – recalqué.
—¿Por qué no estás viendo la pantalla? ¿Te aburriste tan pronto? – preguntó burlón.
—Estaba viendo – mentí.
—Si, seguro – sostuvo - Si quieres podemos apagar eso y nosotros seguir por nuestra cuenta.
—Quiero seguir viendo – insistí ignorando su sugerencia.
Syaoran sabía que yo había perdido el interés a los cinco minutos, pero hubo algo que ella hizo que nunca se me habría ocurrido de no haberlo visto: ella adoptó una posición en la que quedó frente a él, supuse que lo vendría a continuación sería sexo oral, pero no, aunque lo incluía. Ella afirmó sus senos enormes y él comenzó a moverse justo en el espacio que se al ella juntarnos. Miré de reojo a mi novio como se movía incomodo, probablemente de no haber estado yo ahí, él se habría tocado ya. Supe en sus ojos que lo que estaba viendo le agradó y había echado a correr su imaginación… y yo no podía negar que también había llamado mi atención. Quise verlo autosatisfaciéndote y fueron tanta las ganas que la petición salió de mi boca antes de haberla pensando demasiado.
—¿Estás excitado? – pregunté lo obvio, porque podía verlo.
—Sí, pero no por la película, si es lo que crees – dejó en claro.
—Jamás pensaría tal cosa ¿No harás nada para sobrellevar mejor tu duro problema? – pregunté fingiendo desinterés.
—Pensé que lo harías tu por mi – se atrevió a contestar.
—No esta vez – dictaminé.
—¿Y qué era lo querías conseguir con todo esto? – preguntó extrañado.
—Quiero verte – le dije.
—Me estás viendo – remarcó.
—No, no así, quiero ver cómo te autocomplaces – le dije decidida.
—¿Qué? ¡No! – exclamó.
—¿Por qué no? – quise saber.
—Porque me daría vergüenza – aceptó.
—¿No te da vergüenza que yo te toque? – le dije.
—Eso no me da pudor, es exquisito – dijo sin un solo ápice de decencia.
—¿Y si lo hacemos al mismo tiempo? – consulté dando una solución
Syaoran me miró como si estuviera loca, pero pronto desestimó mi petición. Él me dijo que mientras él estuviese presente yo no tendría que tocarme a mí misma, que él lo haría por mí. Me decepcionó un poco, pero tampoco yo podía pretender manipular todo el tiempo, no me rendiría, por supuesto, pero por esa vez lo dejaría pasar.
—¿Sabes? Tenías razón respecto a la anatomía de un actor de esta clase de filmes... – acepté.
—Ahora te gustan así desproporcionadamente grandes ¿verdad? – preguntó irritado.
—No he dicho eso – aclaré.
—Pues yo te voy a enseñar como lo hace un hombre de la vida real – dictaminó.
Sonreí y dejé que se acercara. Me gustaba provocarlo, porque él caía tan fácilmente en mis tretas sexuales, pero en cuanto comenzó a besarme olvidé mi propósito y me entregué a ese sentimiento combinado con reacción que surgía de nuestra química sexual, tan poderosa que aunque oía los gemidos chillones de la colorina en la pantalla ni siquiera la mirábamos, porque estábamos tan concentrados en nosotros que todo lo demás pasaba a un segundo o incluso tercer plano y supe entonces que no podía imaginarme una vida sin él…
Y él volvía a tener razón, el autocomplacerme jamás se sentiría así de bien como cada vez que él lo hacía por mí, y aunque lo sabía, de vez en cuando era bueno bajarlo del pedestal, sólo para molestarlo y deleitarme en cómo se empeñaba en demostrarme lo contrario.
Ni siquiera me di cuenta cuando Syaoran me penetró, pero cuando lo hizo me retorcí de gusto y eso consiguió que adquiriera más vigor en su erección. No creía que jamás volvería a tener esa compatibilidad sexual con alguien más, no era capaz tampoco de ocultar cuanto me gustaba…
Mi teléfono sonó cuando estaba a punto de alcanzar el clímax, pero eso no me desvió de mi objetivo. Lo ignoré, ese momento era solo de Syaoran y mío.
Más tarde lo revisé y había sido una llamada perdida de Tomoyo, había un mensaje de voz que no le encontré sentido… pero que más adelante entendería…
En mis tres años de preparatoria nunca fui más feliz, ese año Tomoyo había sido trasferida a mi salón. Estaría con Syaoran y con ella por primera vez. El año auguraba ser inolvidable. Lo que nunca imaginé… era cuanto lo seria.
Hacía una semana que Tomoyo había dejado de contestar mis llamadas, pero pensé que era sólo una casualidad. Pero cuando la vi entrar a mi salón, saludarme apagadamente y luego ignorar mi presencia, quise pensar que tal vez era sólo mi idea, pero cuando prácticamente huyó en el receso, mis sospechas se confirmaron.
La busqué y no la encontré. Syaoran me miraba extrañado también. Ella sólo apareció cuando la clase estaba a punto de empezar y no me miró ni siquiera una sola vez.
No sé en qué momento ella adquirió habilidad para el escapismo o para desaparecer delante de mis ojos, pero lo cierto y evidente era que ella no me permitía acercarme. La veía decaída y con unas ojeras que no podían ser normales, y si por casualidad nuestros ojos se encontraban, ella desviaba la mirada como si mis ojos quemaran los de ella.
Traté de hacer memoria y pensar… tal vez yo le había hecho algo, pero por más que pensaba no podía llegar a ninguna a conclusión. La última vez que hablamos incluso ella quedó de avisarme cuando nos veríamos, pero aquello no se concretó hasta el día de hoy. Le daría una semana y si al final de ese periodo ella seguía con ese comportamiento, me iba a escuchar.
Pasaron dos semanas, porque fue difícil conseguir quedar con ella a solas. Ella estaba en su lugar con la cabeza apoyada en sus brazos y su rostro escondido en entre el espacio que se hacía, por lo que no notó que no había nadie más a parte de nosotros. Últimamente lucía cansada siempre, y pude verlo en sus ojos cuando la toqué para llamar su atención.
—Tomoyo – la llamé.
Ella miró a todos lados y leí en su cara que iba a escapar, pero me adelanté.
—Quiero que me digas cuál es tu problema conmigo – exigí.
—No tengo problemas contigo – declaró.
—¿Y por qué me has estado evitando? ¡Hace un mes que entramos a clases! Y dos semanas antes dejaste de responder mis llamadas – detallé los hechos.
—Es sólo tu idea – siguió diciendo.
—No me trates como una estúpida, porque aunque lo parezca, no lo soy – le aclaré.
Tomoyo me miró indignada a los ojos y fijó su mirada fría en la mía un tiempo prolongado.
—Si te hice algo, dímelo y solucionémoslo. Te extraño, eres mi única amiga – le hice saber.
—¡No digas más eso! – contestó horrorizada.
—¿Qué cosa? – consulté.
—No soy tu amiga ¡Te traicioné! – exclamó.
Observé cómo sus ojos dejaron de lucir esa mirada fría que no le venía para nada, para adoptar una acuosa mirada en su lugar.
—¿De qué estás hablando? – quise saber.
—Déjalo así – solicitó desganada.
—Si crees que voy a dejar pasar esto estás muy equivocada. He aprendido de mis errores, y si algo me molesta voy a tratar de solucionarlo hasta el final – rectifiqué.
Aunque iba a ir hasta el final, como le advertí, el receso terminó y rápidamente la gente comenzó a llegar, incluido Syaoran que nos miraba preocupado. Al parecer él se percató de la atmosfera de hostilidad entre nosotras.
Al menos algo había conseguido saber, Tomoyo pensaba que no éramos amigas y que decía que me había traicionado. Miré a mi novio y luego a ella, y no, sabía que por ahí no iba la cosa. ¿Entonces a qué se refería?
Una semana más tarde, cuando en clase de educación física ella se desvaneciera, obtendría mi respuesta…
Estaba histérica. Tomoyo se había desmayado en plena clase de educación física y no podía concentrarme en nada más, porque no era algo que pudiera ignorar. Corrí tras el profesor que la llevó a enfermería rápidamente y él al verme comprendió que no volvería a clases aunque me lo exigieran y asintió cuando le dije que nadie me sacaría de allí.
Tomoyo reaccionó después de veinte minutos de reanimaciones para despertarla, y al verme sentada a su lado intentó hacer como que seguía durmiendo.
—Ya sé que estás despierta. ¿Me puedes explicar qué te está pasando? Van a llamar a tu madre, si es que ya no lo hicieron – le advertí.
—Por favor, evita que eso pase – rogó.
—¿Por qué? Yo no voy a colaborar con que te estés dañando a ti misma – le dejé en claro.
—¡No es eso! – respondió.
Antes de que pudiéramos seguir hablando, la madre de Tomoyo apareció. Al verme me acarició la mejilla tiernamente e hizo que mi corazón sintiera algo confortablemente cálido, y luego fue directo donde su hija a quien besó en la frente. Si ella no estaba sola, podía irme, pero al intentarlo, Sonomi me detuvo.
—¿Por qué te vas? – preguntó.
—Las dejaré solas – remarqué lo evidente.
—No. Quédate con nosotras – era una petición.
—No quiero interrumpir – respondí avergonzada.
—¿Interrumpir qué cosa? Eres miembro de mi familia. Tienes todo el derecho de estar acá – me dijo muy segura.
Me sentí extraña, pero a la vez no. Sus palabras calaron profundamente en mi alma y me quedé, quería ser parte de eso también, ella me estaba involucrando y yo quería ser parte. Ya la había aceptado.
La enfermera solicitó que le hicieran exámenes de sangre para descartar anemia, y aunque Sonomi insistió en que deberían ir tan pronto salieran de la escuela a tomar los exámenes de sangre, Tomoyo la convenció de que sólo había sido que no había tomado desayuno en la mañana. Parecía totalmente convincente, no obstante a mi no me engañó y aunque no lo hice patente no lo manifesté en ese momento. Sin embargo había algo que ella estaba ocultando.
Le avisé a Syaoran que me iría tan pronto terminara la escuela para dirigirme a la casa de Tomoyo que fue retirada antes, por razones obvias. Él me sugirió acompañarme, pero decliné. Tenía que estar a solas con ella.
Llegué a la gran mansión y me dirigí a su habitación. Entré sin siquiera tocar y Tomoyo se cruzó de brazos al verme.
—Hasta aquí toleraré el asunto – dictaminé.
—¿De qué estás hablando? – consultó tratando de desviar el tema.
—Te vi comer en la mañana, Tomoyo. Le mentiste a tu mamá – la dejé en evidencia.
Se quedó callada y me miró furiosa, luego desvió la mirada y habló.
—Gracias por no delatarme, en ese caso – escupió molesta.
—Lo haré… si no me explicas de qué va todo esto – le exigí.
Me acerqué y me senté en su cama y ella se alejó como si yo oliera mal. Después salió corriendo al baño. Creí que era para evitarme como niña pequeña, encerrándose, pero cuando escuché las arcadas supe que no era eso.
Salió todavía más pálida de lo que era y se fue a acostar nuevamente, dándome la espalda.
—¿Comiste algo en mal estado? – consulté-
—No – contestó secamente.
—¿Estás enferma? – insistí.
—No – respondió.
—¿Estás embarazada? – pregunté a modo de broma
Mi amiga se tensó y se tapó completamente. Escuché como empezó a sollozar, para luego largase a llorar.
Quedé con la boca abierta y estupefacta. No pensé que sería eso… pero ¿cómo? ¿cuándo y… ¿de quién? No, eso no era lo más importante, sino ella. Me compuse tan pronto como me di cuenta de que ella me necesitaba firme a su lado y no curiosa ni perpleja.
—Tomoyo quiero verte – le pedí.
—Quiero que te vayas, Sakura – me dijo sin mucha seguridad.
—Basta de decir estupideces. No me iré – le aclaré.
—¿Por qué no me escuchas? – murmuró apenada.
—Porque no estás siendo sensata. Me necesitas, y lo sabes – contesté rudamente.
Ella se quedó callada y dejó de intentar taparse hasta la cabeza.
—No merezco tu ayuda – dijo nuevamente.
—¿Por qué insistes con eso? – pregunté ya molesta.
—Es la verdad – aseguró.
—No puede ser cierto. No hay nada que puedas haber hecho que haga que quiera dejar de ser tu amiga – respondí honestamente.
—Si lo supieras lo harías – insistía.
—Pruébame – requerí.
—No tengo fuerzas para soportarlo. Tengo suficiente con esto y ni siquiera sé que haré – confesó.
—¿Cuántos meses tienes? – pregunté.
—Dos – respondió escuetamente.
—¿Estás segura? – insistí en saber.
—Si – apenas musitó.
—¿De quién es Tomoyo? ¿Él lo sabe? - Necesité conocer la verdad.
Se quedó callada y yo lo interpreté como que él lo sabía y se había escapado. Me iba a escuchar ese sujeto cuando le pusiera mis manos encima.
—¿Te dejó sola? ¡Te dejó sola! ¡Dime quién es! ¡ahora! – le reclamé.
Sabía que lo que ella no necesitaba en ese momento era tenerme a mi alterada, pero era imposible no hacerlo cuando mi amiga estaba sufriendo en silencio y sola, por no atreverse a decírmelo.
—No es así, Sakura… él no sabe lo que pasó. Fue cosa de una sola vez, y aún si le contara… ¿por qué creería que es de él? Nosotros no teníamos una relación como tú y Syaoran… sería totalmente válido que dudara de mi palabra – oí la primera oración larga que lograba sonsacarle.
—¿Pretendes hacerte cargo de esto tu sola acaso? – dije sorprendida.
—¿Qué otra cosa puedo hacer si el error fue mío? – quiso saber.
—Estás equivocada en eso, ese bebé no lo hiciste tu sola. Él también es responsable – expuse los hechos.
—De todos modos no importa. Tengo que contarle a mamá… se va a sentir tan decepcionada de mi… – dijo compungida.
—No estás sola Tomoyo, me tienes a mi – le dije con plena confianza.
—No estoy tan segura de si eso continuará en el futuro – respondió.
—¿Por qué no hablas y confías en mí? – le solicité amablemente.
—Te decepcionarás de mí también – persistió.
—¿Tan poca fe me tienes? – exprese triste de que pensara eso de mi.
—No es eso, es otra cosa – continuó yéndose por las ramas.
—Si no paras de dar vueltas en círculos si me terminaré enojando de verdad e iré donde tu madre y no me comportaré como tu amiga, sino como una hermana que quiere lo mejor para suya – expuse.
Tomoyo dejó de darme la espalda una vez que la amenacé en serio y ella lo notó en mi voz. Me abrazó fuertemente y pude ver sus ojos rojos por el llanto. Quizás cuantos días había pasado en esas condiciones y mi estómago se apretó de angustia por lo que ella estaba pasando, pero seguía un poco sentida con ella por no haber ido corriendo a contarme tan pronto lo supo.
—Sakura no me dejes sola – pidió a modo de favor
Ella tenía que estar loca si pensaba que lo haría.
—No me des la espalda aún cuando te diga lo que te he ocultado además de mi embarazo por accidente – solicitó.
—Tomoyo, no fue un accidente, porque no fue como que te cayeras sobre el padre de tu hijo mientras él estaba excitado por casualidad o que te embarazaras por osmosis o fisión binaria – le contesté.
Observé que ella sonrió un segundo, sintiéndose más animada luego de mi broma. Instantes después, escupió la tan oscura verdad que ella pensaba que era.
—Sakura… me acosté con Hiragizawa… antes de que se fuera a Londres – reveló.
De acuerdo, algo intuía respecto a los sentimientos de ella por él, pero no estaba tan preparada para la confirmación cuando ella finalmente lo admitió. Quería saber todos los detalles, pero tendría que acallar esa impetuosa curiosidad, no era apropiada para ese momento, pero luego, cuando las cosas estuvieran más tranquilas se lo exigiría.
—Sólo fue una vez, lo juro una vez. No te enojes conmigo – rogó.
—Tomoyo, tranquila, no estoy enojada contigo – la calmé.
Pero si sólo había sido una vez y había conseguido embarazarla... era porque mi amiga simplemente no era afortunada.
—No sé lo si sabes, pero él habló conmigo antes de irse y me explicó con detalles la razón de por qué se comportó como lo hizo en un principio. Fue un imbécil, pero él sólo hizo lo que pensó que era lo debía hacer… tampoco fue su culpa que Syaoran no quisiera oír explicaciones luego, no era su intención separarnos en primer lugar – sostuve – además… resolvimos nuestros asuntos y en lo personal ya no tengo ninguna clase de resentimiento en su contra.
Ella asintió y con eso me dio a entender que ella lo sabía.
—¿Qué pasó con Eriol, Tomoyo? – no me aguanté las ganas de saber los detalles.
—Es largo de explicar – trató de escapar de dar una respuesta
—Puedo quedarme acá todo lo que reste del día e incluso la noche – contesté con determinación.
Tomoyo empezó a hablar y fue como una catarsis, pero a pesar de lo que creía, por lo que me contaba nunca habló en realidad de sentimientos. Mencionó necesidades sociales y físicas y fue una sorpresa cuando sonrojada me contó como terminó teniendo sexo con él.
—¿Tú se lo pediste? – chillé.
Se avergonzó ante mi sorpresa de ese hecho que jamás esperé. No sé, imaginé que él empezó en un principio intentando insistentemente hasta que ella finalmente cedió, pero fue todo lo contrario. Ella había sido quien prácticamente lo asaltó a él sexualmente. Sonreí, porque no esperé esa clase de actitud proveniente de ella, que se azoraba con poco.
—El dijo que no quería hacerlo porque sabía que querría más luego… – relató – no le creí y acertó, pero yo no accedí nuevamente. Fue sólo esa noche.
—¿Volviste a verlo después? – curioseé.
—Vino tres veces antes de irse y me preguntó si en verdad quería que se fuera – confesó.
—¿Querías que se fuera? – pregunté.
—Yo no iba a poder darle lo que él quería – desvió la respuesta.
—¿Querías que se fuera? – insistí.
—No lo sé – contestó.
—¿Querías que se fuera? – reiteré.
—De verdad Sakura, no lo sé – aceptó.
—Está bien… pero por favor no tengas prejuicios con él por lo que me hizo a mí. No te hizo nada a ti, al contrario siempre fue atento contigo. Incluso fue a ver ese show donde nadie más se acordó de ir y estuvo contigo ¿lo recuerdas? Y eso que ni siquiera lo invitaste a ir e inventó lo de su primo para explicar su presencia ahí. A mí no me afecta ya, por favor piénsalo, hay alguien más importante que yo en quien debes pensar – recalqué.
Ya lo decidí y de todos modos no hay nada que pueda hacer. No tengo cómo contactarlo allá. Él insistió en darme un contacto pero no lo acepté – me pareció oír un dejo de arrepentimiento. Muy sutil.
—¿Qué decidiste? – pregunté con temor.
—Me haré cargo de este bebé yo sola, le guste a quien le guste – dijo muy resuelta.
Vaya, al parecer él se había esforzado mucho con ella, pero no le resultó. Tomoyo era muy decidida.
Pero si ella creía que iba a permitir que eso sucediera era porque aún no me conocía demasiado bien. Eriol iba a saber lo que estaba pasando y más le valía que se hiciera responsable o se iba a enterar. Averiguaría todo y apostaba a que podría dar con él. Aunque no tuviera por dónde empezar… pero ya se me ocurriría algo.
Me arreglé y salí de la habitación de Tomoyo cuando ella se quedó dormida. Me encontraba en un estado de introspección, por lo que no vi a Sonomi cuando pasé por su lado, y si no me hubiese tocado el hombro, no la habría visto.
—Estás muy distraída – recalcó.
—Si disculpe, se me hizo un poco tarde y pensaba en que no le había avisado a mi padre – traté de desviar el tema.
—Fujitaka sabe que estás acá, no te preocupes. Le avisé – me dijo sonriente.
—Gracias – respondí con sinceridad.
—No, gracias a ti por acompañar a mi hija. La he notado un poco distante estos días… - hizo notar su preocupación.
—¿Sí? – me hice la que no lo había notado.
—Bueno no te quito tu tiempo, hija. Debes tener cosas que hacer. La conductora te llevará a casa – se despidió.
La observé caminar y se apreciaba que estaba cansada. De seguro que se preocupó mucho cuando la llamaron avisándole del desmayo de Tomoyo, por lo que sabía, ella era siempre una persona muy ocupada sin embargo no tardó en estar ahí cuando se le requirió.
Quise negar su ofrecimiento, pero la palabra "hija" obnubiló mi capacidad comunicativa y para cuando pude procesar una respuesta ella ya se había metido en alguna de esas decenas de puertas.
Al llegar a casa no pude dejar de pensar en Tomoyo, y en cómo sería revelarle su condición a su madre. Me puse en el lugar de ella y supuse que estaría peor que ella, aunque a mi edad mi madre ya hubiese tenido a Touya. Sería un doble discurso si mi padre me llamara la atención por eso.
Por más que pensé no se me ocurría como llegar a Eriol, pero no mucho después, encontré algo que había sido mi peor martirio, pero que sin quererlo se transformaría en la salvación de mi amiga.
Estaba durmiendo en la cama de Syaoran luego de una sesión muy demandante de sexo. Últimamente él estaba insaciable, por lo general era yo la que exigía mucho de él, pero desde un tiempo a esa parte, no había un solo momento en el que no lo escuchara respirando en mi oído sugerentemente o diciéndome cosas que él sabía que me excitaban. No es que yo me hiciera de rogar tampoco. Él se levanto al baño y recién cuando las endorfinas bajaron sus niveles noté que me había lastimado un dedo inexplicablemente.
—¿Tienes banditas? – subí mi voz para que me escuchara.
—En mi velador – respondió con el eco característico de un baño de fondo.
Al abrirlo vi ese teléfono móvil que reconocería en cualquier lugar. El móvil de Hiragizawa… ¿por qué lo tendría Syaoran? Olvidé la bandita y lo tomé, si tenía suerte éste prendería, y lo hizo. Crucé los dedos y revisé la agenda de contactos, quizás hubiese algún numero y esperanzada lo investigué. Fui feliz al descubrir que estaba intacto ¡todos los contactos estaban! Al parecer Eriol no tuvo tiempo de borrar porque todo estaba ahí, las fotos (esas fotos) e incluso otras. Llamaría a cada persona de esa agenda y estaba segura que podría dar con él. Mi novio me miró extrañado cuando me vio con el teléfono en la mano y aunque me hubiese querido quedar con él para otra más que deseable ronda no tenía tiempo que perder. No le había contado de la situación de Tomoyo, aunque intuía que había algo raro en lo sobreprotectora que me había vuelto con ella.
Llamé a cada uno de los contactos y aunque nadie quiso darme su número actual, finalmente obtuve su mail después de mucha insistencia. Le escribí un escueto: "Necesito que te comuniques conmigo. Urgente" y esperé a que me respondiera, y cuando finalmente obtuve mi respuesta, un día después, y aunque mi amiga se molestara mucho conmigo, le dije la verdad… y esperé nuevamente. El huso horario me sacaba de quicio.
Syaoran además de demandante estaba extraño, porque si no estaba insinuándose para que lo hiciéramos, y aunque tratara de no hacerlo evidente, evitaba hablar sobre su cumpleaños número dieciocho, a mi ese hecho me hacía feliz, pero al parecer a él no y con sus besos y caricias lograba que me olvidara momentáneamente del asunto. Aunque me llamaba la atención la cantidad de llamadas que estaba recibiendo desde su casa. Tenía un mal presentimiento que escogí ignorar.
Revisé mi correo y mi corazón palpitó al ver que tenía un correo con la respuesta de Eriol, y asustada lo abrí: "vuelvo a Japón tan pronto solucione mis asuntos. En unos días nos veremos". Quizás mi intromisión me costaría la amistad con Tomoyo y lloré de anticipación ante esa posibilidad, pero no podía dejar que pasara por todo sola, yo estaba con ella, pero sabía que no era lo mismo.
El cumpleaños de Syaoran se acercaba a pasos agigantados, y las discusiones en chino eran casi diarias. No entendía una sola palabra de lo que decía él, pero era obvio para mí: le estaban exigiendo que regresara. Él se notaba reticente y no me había mencionado una palabra al respecto, así que seguí haciendo como que no entendía nada, Syaoran cada vez que colgaba el teléfono se ponía especialmente cariñoso, y yo sólo me dejaba querer. No quería pensar.
Al volver a casa me encontré con un mensaje de Eriol: "Llegué. Llámame, este es mi número"
Sentía que estaba haciendo algo a escondidas, pero a todas luces era algo que debía hacer. Se lo hubiese contado a Syaoran, pero Tomoyo no quería que nadie supiera, y ya estaba por cumplir los tres meses y todo andaba bien, habíamos ido a Tokio a un lugar donde nadie pudiera reconocernos para saber si estaba todo en orden con el bebé, y lo estaba, para nuestra alegría. A pesar de las miradas que nos dirigieron al ser tan jóvenes.
Caminé nerviosa y mirando hacia todos lados, no quería ser descubierta y en el puente, finalmente reconocí la figura de Eriol. Lo reconocí por el porte y por su voz cuando me habló al verme llegar… porque estaba más delgado y demacrado de lo que lo recordaba.
—¿Te han tratado mal estos meses en otro país? Te ves como… - no alcancé a terminar, él me interrumpió.
—Como una mierda, lo sé. Tomoyo me dijo que lo era y ahora además luzco como una – respondió rápidamente.
Observé como caminaba de un lado para otro. Estaba histérico y no había un solo resquicio de la elocuencia que lo caracterizaba, porque no hablaba y sólo se movia.
—¿Estás bien? – quise saber.
—Acabo de pelearme con mis padres por haber vuelto después de que juré que nunca lo haría – reconoció.
—¿Qué hay con Tomoyo? – fui directo al grano.
—¿Sabe ella siquiera que estoy acá? – consultó.
Por mi cara él se contestó a sí mismo.
—Le dije que no quería irme y que sólo debía darme una señal y me quedaba, pero yo no le gusto, Sakura. Ni hablar de que me quiera. Intenté olvidarme de ella y de lo que pasó… pero tal como imaginé que sería, el remedio fue peor que la enfermedad… creí que si accedía a lo que me propuso lograría olvidarla, pero sabía que me engañaba a mí mismo… e imaginarla pidiéndole eso a otro… - expresó sentidamente.
—¿Y ahora que sabes que ella está embarazada de ti? – indagué.
—Tengo un sentimiento muy ambiguo, por una lado estoy feliz, un hijo es más de lo que me atrevería a soñar ¡y con ella!... Pero por otra parte siento que le arruiné la vida… no tengo nada para ofrecerle. Mis padres tienen dinero, pero me odian más de lo acostumbrado, porque dejé la universidad nuevamente al venir acá – me confió.
—¿No les dijiste nada sobre la razón de por qué hiciste eso? – pregunté extrañada.
—Primero quiero hablar con ella y saber lo que ella quiere hacer… o que espera que yo haga – aclaró.
—Es posible que si vas con esa actitud sumisa ella te mande al infierno – le advertí.
—Haré lo que ella me pida que haga – admitió.
—¿Dónde está el Eriol determinado que conocía? – lo interrogué.
Su postura, su tono de voz, la determinación con la que alguna vez fue firme contra mí cuando me chantajeó. No quedaba nada de él...
—Supongo que soy un enclenque si se trata de ella – sonrió sin gracia.
Volví a mirar lo pálido que era él, recordé a Tomoyo también… temí que ese bebe fuera transparente…
Me apoyé en la baranda y esperé a que él hablara. Parecía como que le costaba exteriorizar lo que pensaba y no se atrevía a preguntarme por lo que realmente quería saber.
—¿Cómo está ella? – finalmente preguntó.
—Si me lo preguntas, demasiado asustada como para poder admitir que en realidad está feliz – expuse mi parecer.
—Mañana iré a hablar con ella – dijo él con más temor que valor.
—Dile con honestidad como te sientes al respecto – le aconsejé.
Él asintió y se volteó y yo hice lo propio no esperé que muy cerca de nosotros estuviera Syaoran mirando. Por mi mente pasaron mil cosas y conociéndolo, era probable que malinterpretara todo. Dejé la seguridad que me proporcionaba la baranda y adopté una posición en la que podría atajarlo si se ponía agresivo, pero mi novio me esquivó y fue directo hacia Eriol, que al estar de espalda, no lo vio venir.
—¡La embarazaste! ¿Eres imbécil o qué? ¿por qué no la cuidaste? – exigió saber él casi fuera de sí.
Syaoran lo tenía agarrado de las solapas de la chaqueta y aunque era más bajo, se notaba que tenía más fuerza que Eriol. Además que este ni siquiera rebatió o intentó defenderse de ningún modo. De hecho no lo miraba ni siquiera a la cara. Aceptó sus acusaciones sin chistar.
—Tu existencia lo único que ha hecho es arruinarle la vida a quienes te acercas. Lo hiciste primero con Sakura y conmigo y ahora con Daidouji – sostuvo indignado Syaoran.
Los ojos de Syaoran penetraban como flechas envenenadas y me recordó cómo me miraba en esos tiempos en los que estuvimos separados… Un calofrío me recorrió ante el recuerdo y la gélida mirada de él.
—Syaoran, suéltalo – le pedí.
—¿Hasta cuando este sujeto estará en nuestras vidas? ¿Por qué le sigues dando cabida en ella, Sakura? – preguntó enojado.
—Suéltalo – advertí seria.
Syaoran lo soltó pero con tanta fuerza que Eriol quedó sentado en el suelo dos metros más allá. Lo hizo con toda la intención.
—Eriol, soluciona las cosas con Tomoyo – le indiqué.
Me dirigí a Syaoran y le dije decidida.
—Tú, sígueme – le ordené.
Él me hizo caso a regañadientes y llegamos a su casa.
—¿Qué hacías caminando por ahí a esas horas? – manifesté mi extrañeza.
—¿Y tú? ¿Qué hacías hablando con ese sujeto que desprecio? – rebatió él.
—Ya lo sabes. Lo oíste – le contesté desganada.
—¿Por qué me lo ocultaste? Pude haberla apoyado también… estimo a Daidouji… - confesó él.
—Gracias – respondí sonriente.
—¿Por qué? – me pidió conocer la razón de mi agradecimiento.
Por proteger a Tomoyo… y no malinterpretar las cosas – le aclaré.
—Si no hubiese escuchado todo probablemente me hubiese vuelto loco de celos. No quiero que me ocultes cosas – reconoció.
—No puedo prometerte eso, hay cosas que no son exclusivamente mías. Nosotros somos un todo, pero tú y yo tenemos mundos individuales también, y te hago parte del mío en la medida de lo posible, pero siempre y cuando, con eso no pase a llevar a alguien – expresé sinceramente.
Él asintió y me besó hasta que se nos acabó el aire. Syaoran me encantaba… entendía lo que le decía y no se sentía mal por ello. Estábamos a punto de seguir con el ritual acostumbrado cuando empezábamos a besarnos de esa forma, cuando sonó el teléfono.
—Déjalo que suene – solicité.
—No puedo, es mi mamá – dijo él – Si no contesto mandará a alguien que venga a verme.
Miré la hora, iban a ser las diez de la noche. La única razón de por qué seguía dando vueltas era porque Touya no iba a llegar esa noche y papá estaba en la universidad terminando una investigación.
Después de diez minutos yendo de un pensamiento a otro, con tal de no detenerme en el cual sabía que eventualmente tendría que enfrentar.
—Hay algo que tengo que decirte – llegó Syaoran serio a mi lado.
Una sensación fría me recorrió por completo. Quise taparme los oídos y seguir viviendo en mi mundo perfecto.
Últimamente mamá me ha estado llamando de lo habitual, como lo habrás notado. Legalmente seré adulto a los dieciocho años. En mi país es así, no como acá en Japón, que es a los veinte – me explicó.
—¿Y qué significa eso? – no le veía el punto.
—Que debo volver a casa a ayudar a mamá con los negocios familiares – soltó en un suspiro.
—¿Tú quieres volver? – pregunté horrorizada.
—No se trata de algo que quiera o no… Tengo responsabilidades que cumplir – aclaró solemnemente.
—Pero Syaoran, si te vas… tu y yo… nos separaran miles de kilómetros – evidencié lo obvio.
—Lo sé – respondió él.
—Le pedí a mamá que me dejara acá hasta que terminara el año escolar… - dejó la frase inconclusa.
¿Sólo unos meses más? Él lo decía como si quedara mucho tiempo, pero era un lapso corto. Un tiempo limitado. Mi relación con Syaoran tenía una fecha de caducidad…
—Ella accedió – contestó.
En su rostro vi que estaba alegre por el tiempo que había conseguido. Quizás le había costado convencer a su madre y había sido toda una batalla, pero para mí saber que Syaoran no estaría en estas mismas fechas el próximo año conmigo me hacía sentir desolada.
Me arreglé y corrí a la entrada a colocarme los zapatos. Él me miraba, me imaginaba su expresión de desconcierto ante mi reacción que no dudaba ni un poco en que era infantil, pero era más de lo que podía soportar.
—No me sigas – le pedí
Cerré la puerta y a paso rápido y constante me encaminé a casa. Necesitaba estar sola y en la seguridad que sólo me otorgaban las paredes de mi habitación.
Me costó abrir la puerta, parecía como que todo conspiraba en que yo no lograra mi cometido, porque no podía dar con la llave que usualmente reconocía de inmediato, y cuando por fin después de seis intentos frustrados lo conseguí, me dirigí a mi habitación sin siquiera prender las luces para llegar sana y salva a esta.
Me recosté en la cama y descansé, no había notado que tenía un dolor de espalda punzante hasta que este se alivió con la confortabilidad que sólo mi cama me daba. Miré alrededor y mis ojos se posaron en el calendario que tenía. Me paré bruscamente, abrí la ventana y tiré por esta el estúpido calendario. Volví a la cama y me obligué a mi misma a dormir. Mañana iba a ser un largo día.
No sé si esa noche soñé o no.
Desperté, abrí un ojo y luego otro, miré la ventana y tuve que aceptar que el día ya había empezado sin mi autorización. Era día miércoles y decidí que no iría a la escuela.
Quería saber si Eriol se atrevería a hablar con Tomoyo y supuse que eso sería algo que tarde o temprano ese día sabría. Era cosa de tiempo. Tiempo. Tiempo limitado junto a Syaoran. Pensé en las posibilidades, él se iba a ir, me lo dijo, era una realidad y aunque en ese momento pensé en pedirle que se quedara, después pensé en que no podía hacerlo elegir entre su familia y yo.
Pensé todo el día en las posibles soluciones y no veía ninguna, hasta que sopesé algo que no había considerado ¿por qué Syaoran lo tomaba con tanta calma? No dudaba de sus sentimientos por mí, pero me parecía, cuando menos, raro, que no se ofuscara por el hecho de que se iba a ir y nos íbamos a separar. Aquellas divagaciones se vieron interrumpidas cuando Syaoran llegó de uniforme a casa.
—¿Por qué no fuiste? – me llamó la atención
—No quería – respondí desagradablemente.
—Sakura… - susurró.
Se acercó y evité que me besara, como si su toque me repeliera, pero era todo lo contrario… me aterraba que llegara el día en el que no sintiera su calidez.
—¿Por qué no pareces estar enojado con todo esto? ¿Soy la única a la que le afecta? – le reclamé.
Syaoran entró a la casa y cerró la puerta.
—¿Cómo puedes si quiera pensar eso? – expresó dolido.
—Te veo muy calmado con esto – le expliqué.
—Sakura…
—¿Por qué hiciste que me enamorara cada vez más de ti si siempre supiste que debías irte? – solté sin anestesia.
Puedo jurar que no era mi intención que sonara en el tono que sonó, Syaoran me miró con los ojos llorosos y me respondió.
—¿Para qué molestarte en vivir si sabes que un día vas a morir? – contestó duramente.
Se dio media vuelta y se marchó, dejándome completamente rota y arrepentida de las palabras que no sentía ni siquiera en una mínima parte. Seguirlo no tenía sentido, porque independientemente de que no las sintiera, porque no me arrepentía de nuestra relación, ni de los sentimientos que desarrollé por él, no tenía el valor para enfrentarlo en ese momento.
Volví a mi habitación y en algún momento me quedé dormida y desperté con mi teléfono móvil repicando fuertemente. Desganada estiré el brazo y medio dormida contesté; era un llamado de Eriol que sollozaba y por lo que pude entender Tomoyo estaba con síntomas de pérdida, haciendo que me despertara de una vez y colgué sin reaccionar del todo, porque no sabía qué hacer. Justo cuando las cosas estaban yendo en picada con lo de la futura partida de mi novio ahora estaban definitivamente yendo directo al abismo con lo que estaba viviendo Tomoyo…
Continuará
Finalmente llegamos al tan anunciado penúltimo capítulo. ¿Era lo que esperaban? ¿No lo era? ¿Me odian? Espero saberlo en sus comentarios, porque serán leídos y analizados para el final. Para mi es importante saber qué esperan.
Intenté subirlo antes, pero lamentablemente fanfiction presentó problemas desde la mañana de ayer. A todo esto, muy probablemente sea entre el próximo martes y fin de semana cuando actualice, no antes que eso. Estoy en la peor fecha y juro que no es de maldad, pero coincidió con que estoy en un periodo en el cual los profesores necesitan justificar sus clases con notas y por lo tanto estoy en periodo de pruebas, trabajos y presentaciones.
A continuación responderé sus preguntas y comentarios:
Blouson Der Hertz: ¡Hola! Muy acertada en tus suposiciones, Tomoyo quedó embarazada, pero aún no sabemos de si desarrolló o no sentimientos por Eriol. ¿Sabes por qué no di más detalles? Temo caer en lo repetitivo y a veces no me siento muy descriptiva, prefiero evitarlo cuando sé que no será de calidad. Gracias por tu review y tu apoyo. Espero saber la teoría final sobre qué es lo que pasará.
Kim Deathberry: ¿Te gustó el capítulo anterior? Me alegré de saberlo, espero saber qué opinas de este también. Si bien es cierto que no sabemos acerca de cómo se siente Tomoyo hacia él, tampoco es algo que haya sido descartado aún. Estaré atenta a saber cuáles son las expectativas que tienes del que será el último capítulo.
Sakura Kinomoto Amamiya 26: ¿Qué te dejó pensando el último capítulo? ¿Era algo que salió al final en este? Me gustaría saber qué esperas del final. Cuídate y muchísimos saludos.
Camili: Siempre es bueno saber qué opinas y me alegró saber que aunque no eras el capítulo que esperabas, consideraras que era necesario.
-¿Tomoyo estará de verdad tan enamorada como dices que lo está? Aún no lo sabemos, es trama digna de un final jajajaja
-Jajajajja me dio risa que dijeras eso de los fragmentos que escribo de "los libros de Tomoyo"
-Bueno ahora sabes que la relación entre en Tomoyo y Eriol no proliferó como la del los otros dos. Aún no sabemos lo que ella siente, y creo que Tomoyo es bastante compleja a mi modo de ver, muy determinada y llevada de su idea. Más encima ir y quedar embarazada a la primera… ¿te sorprendí de algún modo en este capítulo? Hubo harto de Sakura y Syaoran en compensación del capítulo en el que casi no tuvieron cabida.
En fin, espero saber cuáles son tus teorías para el último capítulo, como sabes no he empezado a escribirlo.
FLEER99: ¡Hola! En este capítulo intenté compensar la falta de acción de Sakura y Syaoran en el anterior. Lamentablemente Eriol se fue finalmente, pero volvió. Ya sabremos en el próximo capítulo cómo terminará todo. Muchos saludos.
Ariadne0x: ¡Hola! Si, has estado bastante perdida. Dijiste que lo leerías pero quedé en ascuas porque no me dijiste si te había gustado cómo avanzó la historia al final… Espero saber tu opinión ¡Muchas gracias por ponerte al día! Sé que es bastante largo. ¡Saludos!
Stephy: ¿Habrá sido realmente poco honesta Tomoyo o de verdad sólo utilizó a Eriol? Lo revelaré en el capítulo final.
-¿Logré que odiaras a Eriol? Jajajaja genial, porque lo merecía y se queda o no… ya veremos…
-¿Te gustó este capítulo? Ojalá me digas lo que piensas que pasará en el que será el último capítulo.
-Gracias por el cumplido sobre la narración y la ortografía, es genial que aprecien esa clase de cosas. Trato de esforzarme al máximo para que sea un producto de calidad para los lectores exigentes como tú :D
ValSmile: ¿YO? ¿cachonda? Creo que te equivocas… es esa tal Tomoyo la que andaba con las hormonas a flor de piel jajajaajaja.
-Qué bueno que te sirvió para esclarecer cosas que tenías en duda, era toda la intención de el capítulo y si te sentiste aludida de algún modo eso es incluso mejor jajajajaj
-Espero saber tus teorías sobre el final, sobre si te gustó u odiaste el capítulo recién leído. ¡Quiero saberlo todo! jajajaja ¡Cuídate y muchos saludos!
¡Gracias por su tiempo! ¡Nos leemos en el capítulo final!
