Card Captor Sakura
SAKURA / SYAORAN
18+
Capítulo XII
Me levanté tan rápido como pude, sujeté lo primero que encontré para abrigarme y corrí hacia el hospital al que apenas si pude entenderle a Eriol cuál era. Era impactante el notar que cuando uno está más apresurado la gente en los alrededores, como si fuera adrede, entorpece el camino. Tuve ganas de llorar cuando no podía pasar y la desesperación incrementaba a cada minuto que no podía cumplir mi objetivo. No importaba cuanto avanzara, el lugar de destino parecía tan lejos como cuando empecé.
Llegué al hospital después de haber luchado contra la muchedumbre y de haber sopesado la idea de que los semáforos se hubiesen coludido para estar siempre en rojo. Después de preguntar a todas las personas a las que encontré en mi camino que me pudiera ayudar a saber lo que necesitaba, llegué al piso que me habían indicado, apresuré el paso sin correr y no mucho andar, me encontré con la madre de Tomoyo sentada sosteniendo su cabeza con ambas manos, y a Eriol justo en el frente con la mirada perdida en la pared. El panorama era escalofriante. Me acerqué lentamente, tanteando el terreno y mientras lo hacía traté de pensar en qué decirle a cualquiera de los dos, pero ninguno de los discursos prefabricados hechos para ocasiones como esta funcionaría, ninguno parecía el suficientemente apropiado. Opté por sentarme tres asientos lejos de Sonomi y adoptar una posición muy parecida a la suya. No quería saber sobre la condición de Tomoyo porque me aterraba un poco, pero la voz de Sonomi interrumpió mis contradictorios pensamientos.
—Lo sabías… ¿verdad? – inquirió.
—Sí… - admití, sintiéndome ligeramente culpable.
—¿Por qué dejaste que viviera en la ignorancia sobre lo que estaba pasando bajo mi propio techo? Pude haberla apoyado… - sostuvo con pesar -¿Tan mal he hecho las cosas que ni siquiera mi propia hija confíe en mí?
—¡No es eso! Estoy segura que Tomoyo sabe bien que puede contar con usted… ella sólo tenía miedo… - respondí con lo que pensaba que mi amiga creía – incluso le costó decírmelo a mí...
—No puedo creerlo aún… mi niña esperando un bebé…- dijo más para sí misma que para alguien más.
Ella levantó la cabeza y se encontró con la mirada de Eriol que la miraba con temor. Observé como ambos se miraron fijos. Admiré la fortaleza de Eriol de no desviar la penetrante mirada de la madre de Tomoyo. No sabía si yo hubiese sido capaz de sostenerla
—¿Quién es él? – preguntó.
Miré a Eriol nuevamente y lucía serio e incluso más apagado de cuando nos reencontramos. Él se levantó y se acercó a ella e hizo respetuosa reverencia a modo de saludo.
—Soy Eriol Hiragizawa. El padre de su nieto o nieta – se presentó.
La formalidad con la que lo dijo me dejo perpleja y me recordó a la actitud de Syaoran cuando fuimos descubiertos con mi padre, mientras que Syaoran se mostró excesivamente tímido, Eriol en un contexto infinitamente peor, se presentó con una seguridad envidiable.
—¿Hiragizawa? ¿Pariente de los dueños de la Constructora Hiragizawa? – preguntó un poco sorprendida.
—Soy el hijo único de la familia – acotó como si le diera asco decirlo.
Sonomi sonrió sarcásticamente. Me pregunté el por qué su actitud. Nunca la había visto actuar así. No parecía la persona que había estado conociendo en este último tiempo. ¿Era acaso que era una persona con algunos y otra en un distinto contexto?
—¿Puedes explicarme por qué mi hija se encuentra en estas condiciones? – exigió saber - ¿puedo saber la razón de por qué te conozco en estas circunstancias y no en otras más amenas?
Eriol se mordió un labio y observé cómo este cambiaba de color por la presión. Observé sus manos en los bolsillos, sus movimientos inestables, y como miraba hacia cualquier lado sin fijarse en nada en especial. Él estaba a punto de ponerse a llorar. Sentí mucha empatía por él.
—¿Sabes que puedo acusarte por haber involucrado con una menor? – amenazó Sonomi - ¿Cuántos años tienes?
—Tengo diecinueve – respondió con hastío, pero sin perder el tono respetuoso.
Sonomi se hundió en el asiento y colocó su brazo sobre su rostro, cubriéndose. Entonces Eriol comenzó a hablar.
—No se preocupe, no tendrá que lidiar conmigo. Estaré aquí hasta asegurarme de que todo esté bien con mi hijo. Tomoyo me dejó claro qué era lo que esperaba de mi, y usted cuando sea el momento puede decirle a ella que lucharé por mi hijo si sale adelante, pero no buscaré involucrarme en su vida – dijo determinado.
—¿Crees que es lo que esperaba escuchar? La embarazas y sales corriendo luego, muy propio de los congéneres de tu familia – escupió con odio.
Vi como Sonomi se levantó con una actitud altiva e indignada y se perdió al doblar la esquina.
Estaba un poco incómoda de ser parte de la discusión, pero supuse que hubiese sido peor si hubiesen estado solos. No dije nada, pero me sentí como la mediadora. Eriol también pareció sorprendido por la acusación hecha.
Me acerqué a Eriol que parecía estar inestable físicamente.
—¿Qué fue lo que pasó Eriol? – interrogué.
—Ella… tan solo al verme comenzó a correr y la alcancé… le dije que sabía lo del bebé y comenzó a sentirse mal… fue muy rápido – habló apenas pudiendo unir frases.
Tomoyo no era muy amiga de la actividad física voluntaria, no creí que correría estando embarazada...
—Hubieses visto su expresión al verme, Sakura. Una mezcla de horror, miedo y repulsión. No soy nadie para ella y yo no intentaré nada más. Tomoyo aún está siendo estabilizada, el feto es débil, pero como nunca había sido sometido a situaciones de estrés no lo había manifestado. ¿Sabes lo que me dijo cuando estuvo consciente un instante? dijo: "este bebé es sólo mío" – expresó con tristeza.
Volví a acercarme a Eriol y puse una mano en su hombro. El sujeto estaba desolado y no había ni una sola alma a su lado ¿no tenía amigos? ¿Familia? ¿Alguien? Él era muy solitario y saqué como conclusión de que Tomoyo estaba sobrereaccionando. Era extraño como se comportaba cuando él estaba involucrado. Esperaría a que saliera del periodo de alerta para tener una conversación sobre los límites. Hay cosas que pueden hacerse y decirse, pero hay otras que definitivamente no, y nunca pensé que iba a ser precisamente mi elocuente amiga la que no notara la diferencia.
Las horas pasaban lentamente y ya se estaba haciendo muy tarde. Mi padre había llegado hacía poco menos de una hora, aún cuando se suponía que volvía en un par de días más. Sonomi que no se había acercado hacia donde estábamos Eriol y yo, pero al verlo a él se apoyó en su hombro y se quedó ahí inmóvil, hasta que por fin salieron a darnos noticias. Nos acercamos con miedo cuando finalmente la obstetra llamó a los parientes de Tomoyo.
—La señorita Daidouji se encuentra estable y también el bebé. No podrá recibir visitas hasta mañana en después del mediodía… - comenzó a hablar la obstetra – ella desarrolló un caso prematuro de hipertensión gestacional, por lo general se manifiesta en etapas más avanzadas del embarazo…
Siguió hablando y explicando sobre la condición de mi amiga pero yo dejé de oír cuando dijo que ella y el bebé estaban bien. Me dejé caer en uno de los asientos cercanos y por fin mis músculos dejaron de estar tensos, y cómo mis tendones se relajaron, sentía como me derretía sobre el asiento. Estaba agarrotada, cansada, emocional y físicamente drenada. Ese era un día perfecto como candidato para el olvido.
Sonomi insistió en que no era necesario que nos quedáramos, y protesté porque quería quedarme, pero sabía que tenía cierto grado de razón, porque no había modo de verla hasta mañana después del medio día.
Esa noche Sonomi se quedó en casa y sería mentir si no admitiera que no sentí algo extraño al ver la puerta de la habitación de mi padre, que siempre estaba abierta, cerrada por primera vez en la vida, no obstante también tenía en cuenta que no había cabida para mis egoísmos infantiles. Menos aún en esos momentos.
En la tranquilidad de mi habitación, siendo de madrugada y estando tan cansada como lo estaba, me encontré en el dilema de que no tenía ni siquiera un poco de sueño. La discusión con Syaoran había sido fuerte, y lo de Tomoyo aún no conocía una palabra adecuada en el diccionario para catalogarla, había corrido como una loca y estuve mucho tiempo en unas sillas que eran tan cómodas como unos zapatos de talla más pequeña, pero el sueño, que podría ser el único que podría liberarme de los pensamientos que no quería tener, había decidido que era un buen momento para abandonarme.
¿Qué es lo que haría con Syaoran si no podía evitar recordar su inminente partida en unos meses más? Con sólo pensarlo sentía como decrecía la poca fuerza que me quedaba. No es que me hubiese proyectado con él, pero era difícil pesar en no volver a verlo cuando hace ya ocho años que nos conocíamos y seis desde que toda nuestra nada habitual historia comenzó. Había probado otros besos, y sería falso si dijera que no me agradaron también, sin embargo nunca me hicieron sentir lo él cuando él era el que me los daba. ¿Era una relación a distancia algo muy alocado y sin sentido? No nos separaría una región ni dos, sino países de por medio, y aunque pudiera verlo y escucharlo a diario a través de los distintos métodos existentes que facilitaban las relaciones a distancia, ¿qué había del olor de él que tanto me gustaba? ¿Y de sus caricias que tanto anhelaba aún habiéndolas recibido poco antes? ¿Y del sexo? No era un tema menor tampoco, ambos conocíamos bien lo sexuales que éramos… ¿Podríamos soportarlo? ¿Podría soportarlo yo? Mañana no podría conversar con él porque Tomoyo era la que importaba en ese preciso instante, pero él no dejó de estar en mis pensamientos en un solo segundo; pero fue inevitable que mis atenciones se desviaran hacia Tomoyo y Eriol, y a partir de entonces mis preocupaciones se desviaron y comencé a pensar en mi amiga y su actitud, porque cuando Eriol me dijo lo que ella le había dicho sobre el bebé, supe de inmediato que era cierto, porque lo había escuchado de ella misma, que ese bebé sería suyo y de nadie más.
Lo cierto es que independiente de que ella fuera mi amiga, creía que no se estaba comportando acorde a lo que se esperaría de una futura madre. No encontraba justo que ella quisiera apartar a su bebé de su padre sólo por los sentimientos que él le generaba. Debió pensar en eso antes de si quiera considerar en acostarse con él. No, estaba siendo egoísta con ella, yo misma sabía bien cómo era cuando el deseo obnubilaba la visión objetiva de las cosas y terminaba uno haciendo cosas deliberadamente estúpidas, y contando con experiencia me sucedía, ni hablar de ella, que era (y es) una novata en el tema. Pensé nuevamente en por qué le era tan difícil a ella hablar del tema… porque si me hubiese dicho algo, si tan solo hubiese insinuado algo al respecto yo hubiese podido aconsejarla y hablarle de las cosas tales como eran… la verdad aunque yo quería a mi amiga, y por supuesto sabía que eventualmente querría a su bebé también, las cosas serían difíciles para ella a partir de ahora, ya que no sería más un secreto su estado de gravidez. Esperaba que ella pudiera sostenerse en mí, aunque lamentablemente estaba segura de que yo iba a resultar ser un caballo cojo en medio de una carrera hípica, pero haría lo posible por hacerlo de la mejor manera.
Al día siguiente no fui a clases nuevamente, pero ese día mi padre me había autorizado. Ninguno podía hacer su vida normal sabiendo lo que estaba pasando, así que alrededor de las diez de la mañana llegamos al hospital y tan solo al llegar, encontramos que Eriol estaba ahí. Aparentemente no se había movido del lugar a juzgar por su aspecto y la ropa, porque era la misma del día anterior.
Me acerqué a él que estaba medio dormido y que al hablarle lo desperté.
—¿Pasaste la noche aquí? – consulté curiosa.
—No es como que pudiera irme sabiendo que aquí está mi hijo sin estar completamente fuera de peligro – respondió con toda la calma del mundo.
Eriol me sorprendía con su actitud de devoción hacia un ser vivo que ni siquiera conocía. Supongo que es algo que sólo se comprende si se atraviesa por ello.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Pagar la cuenta del hospital? Todos saben que aunque seas el hijo de los Hiragizawa no tienes un futuro promisorio – sostuvo Sonomi despectiva y acusatoriamente.
—No sé qué sabe de mi señora, pero usted debería saber bien que no es bien visto prestar oídos a los rumores – respondió con enojo pero con respeto.
¿Por qué Sonomi tenía esa actitud? Ayer había sido lo mismo y no me gustaba. Era como si culpara a Eriol de algo, pero mi padre le sugirió que se sentaran un poco más allá y yo me quedé con Eriol. El silencio era abrumador, nadie decía nada, hasta que la enfermera se acercó con cara compungida.
—La señorita Daidouji ya despertó hace un rato e insiste en ver a Sakura Kinomoto ¿Está ella acá? – requirió la enfermera.
La cara de la madre de Tomoyo se cayó al suelo, porque probablemente esperó ser ella quien sería la primera en verla, pero parecía que mi amiga, para variar, tenía otros planes en mente.
—¿Puede hacer eso? – consultó Sonomi – Ella es menor de edad, ¡aún soy responsable de ella! – exclamó irritada.
—Comprendo la situación, señora Daidouji, pero en situaciones delicadas como esta y siendo hace tan poco que se logró estabilizarla, someter a la paciente a enfrentar situaciones que no quiere no es parte de la política de este lugar – le hizo ver la enfermera con paciencia.
Aprecié como Sonomi me miraba con ira no contenida, pero no me importaba, si era a mí a quien mi amiga quería ver, así sería, me vería.
Caminé hacia el interior de una habitación que si no fuera por los monitores y enseres médicos, bien podría haber sido una habitación del hotel más lujoso y en el centro de ella, mi amiga en la cama sonriéndome tan pronto fue capaz de verme.
—Me has dado un susto digno de un infarto – le reclamé.
—No fue mi intención… - respondió ella con una sonrisa débil.
Se veían dos pantallas, el de las constantes vitales de ella y otro más pequeño, que monitoreaba al bebé nonato, y sólo se escuchaban los sonidos provenientes de estas.
—¿Cómo están las cosas afuera, Sakura? – deseó saber.
Pensé en las posibilidades y si acaso era correcto decirle todo lo que había observado. Entonces comprendí que tenía sentido que me llamara a mí y no a otra persona.
—Quiero la verdad… ahora que mi secreto ha sido revelado no puedo imaginar la reacción de todos… - dijo nerviosa.
—Antes quiero que me expliques qué sucedió… todo estaba bien con el bebé y de pronto pasa esto… - solicité con curiosidad y preocupación.
—Hiragizawa volvió – espetó.
Lo dijo de tal forma que pensé que no sería bueno hablar sobre todo lo que sabía que había sucedido afuera, y que justo en ese momento él estaba a pocos metros sosteniendo una batalla de resistencia de contacto visual con su madre.
—Y me habló del bebé… ¿Tienes una idea de cómo él se pudo haber enterado? – dijo suspicaz Tomoyo, mirándome esperando encontrar algo en mi lenguaje corporal que me delatara. Ella sabía que yo algo tenía que ver.
Me puse nerviosa, había sido encarada sin haberlo previsto, y esa era una pregunta que podía determinar el curso de nuestra relación de ahí en adelante. Abrí mi boca para explicarle los motivos cuando una voz ronca habló antes por mí.
—Siempre cabe la posibilidad de un embarazo cuando tienes sexo sin protección y más si eso involucra a una virgen que no usaba métodos anticonceptivos preventivos. Vine a asegurarme, fue una sorpresa saber la verdad. Caíste en el juego del mentira por verdad – habló con firmeza una voz.
Eriol había entrado sin la autorización de nadie, al parecer se había escabullido y me había salvado de la respuesta que sabía que podía quebrar la amistad entre ella y yo. No rectifiqué ni dije la verdad, porque él me quedó mirando y pude leer en sus ojos que no deseaba que desmintiera lo que él acababa de afirmar.
Tomoyo cambió su expresión nuevamente y Eriol comenzó a hablar. Hice el amago de irme pero Tomoyo me afirmo del brazo en un claro gesto de que no deseaba que la dejara sola. ¿Qué había con las Daidouji que no les gustaba enfrentar sus problemas sin la presencia de alguien parcial?
Hiragizawa observó la reacción de mi amiga al aferrarse a mí de esa forma, y sonrió irónicamente.
—Ya comprendí, Tomoyo no tienes que ponerte así… por favor escúchame y no te alteres: Quiero que recapacites un poco y te des cuenta de que no es justo ni para él o ella que no tenga un padre que si lo quiere y que buscará como sea ser parte de su vida. Acabé contigo, no volveré a buscarte, puedes quedarte tranquila… pero te imploro que por favor no me alejes de mi hijo. Podemos llegar a un acuerdo, pero déjame ser parte de su vida. Desde que sé de su existencia es lo único que me importa. Volveré a Inglaterra y trataré de ser una persona de la que él o ella pueda sentirse orgullosa, pero nunca lo abandonaré.
No podía creer que alguien que conocí de la forma en la que lo hice estuviera rogándole a una persona que desde que la conozco no había mostrado un ápice de egoísmo en su alma, demostrando todo lo contrario, estaban con los papeles cambiados. Eriol imploraba porque no lo extirpara de su vida de su hijo y Tomoyo con una expresión que no le entraba una sola bala ante sus ruegos, como cuando yo le pedía que olvidara lo de la extorsión. Las palabras de él no le estaban llegando y podía decir con seguridad que él estaba siendo completamente sincero. Eran las vueltas de la vida, karma le llamaban otros…
—Adiós, Tomoyo… – se despidió él.
No sabía qué decir o qué hacer. Ella estaba actuando mal. Era como verla asomarse a un precipicio y no decírselo, pero no podía en ese momento tan delicado ¿o sí? Necesitaba pensarlo y para eso requería tiempo.
—Llamaré a tu madre – le avisé.
—Está enojada conmigo, ¿no? – preguntó con temor.
—De todas formas no conozco demasiado bien a tu madre, no podría dilucidarlo – eludí la respuesta.
—Sakura quiero que me digas por favor… ¿qué es lo que se supone que debo hacer? Me siento totalmente perdida… no sé qué hacer - dijo con la voz quebrada y con una mirada implorante.
Recién entendí que Tomoyo no era que estuviera siendo ruda a propósito, sino que lo hacía para no debilitarse. Y yo no había sido capaz de comprenderla.
—Él está diciendo la verdad – le dejé saber lo que yo pensaba.
—Lo sé en cierto modo, pero elijo no creerle – aceptó ella.
—Tomoyo… atrévete a amar. De verdad es cierto que es un arma que le entregas a esa persona, pero al menos si no resulta no te quedarás pensando en que tal vez pudiste haberlo intentado. Además… no debes pensar sólo en ti ¿qué hay con ese niño? Eriol quiere ser parte de esto, y a nuestra edad cualquier otro hubiese huido sin remordimientos al escucharte hablar como lo hiciste. Lo espantaste y sin embargo volvió de otro continente sólo para saber la verdad ¿no comprendes lo que él siente? ¿ni siquiera un poco? – la interrogué.
—Siento mucha vergüenza en este momento – confesó – no puedo evitar culparlo, aunque tengo claro que no es culpa suya.
—¿Por qué? – quise saber.
—Todos saben que estoy embarazada ahora. Mi vida nunca volverá a ser la misma. Nadie nunca creería que quedé embarazada la única noche en la que decidí de dejar de pensar… mi madre debe pensar que soy una mujerzuela y no hay nada más lejano a eso. Ojalá hubiese sido así… ya quisiera haber disfrutado más… - dijo con una risa que no expresaba mucha alegría.
—Debes aceptar que aunque son cosas que pasan, es bastante raro. La única vez y tan efectiva. Quizás era tu destino – sugerí sonriendo débilmente también.
—¿Crees en el destino? – preguntó sorprendida.
—Quisiera creer, pero sólo pienso en que las coincidencias no existen. Sería demasiado fácil que uno tuviese un destino y dejarse llevar, porque de todos modos llegarías a donde está predispuesto – reflexioné.
—¿Y mi mamá? Dime la verdad… - solicitó anhelante cambiando el tema.
—Ella… ella está un poco descolocada con la situación, pero creo que odia a Eriol más de lo que odia la idea de que la convertiste en abuela a una edad tan temprana – respondí su consulta.
Tomoyo se rió y se quedó contemplando el haz de luz que entraba apenas y muy débil a través de la ventana.
—¿Quieres verla? ¿Necesitas que la llame? – adiviné.
Ella asintió y salí a buscar a Sonomi, quien apenas vio que me asomé, en unas pocas zancadas se encontró frente a la habitación. Le indiqué con un gesto que ella estaba lista para verla, ella no esperó un solo segundo y entró. Esa vez sí que no dejaría que me involucraran en sus asuntos. Me acerqué a mi padre que me miraba sonriente.
—Tendremos un bebé en la familia – dijo feliz.
—Sí… - respondí un poco nerviosa.
—Pensé que tu serías la primera – soltó de pronto.
Lo miré sonrojada y quise reclamarle por su atrevimiento, pero él se rió y le sonreí de vuelta.
—¿Sabes que no necesitarías ocultarme nada a mi verdad? – dijo serio, pero sin mirarme.
—Lo sé, papá – le contesté con plena confianza.
—Tenlo presente – declaró.
Me acerqué y lo abracé. Él era el mejor hombre del mundo.
Volví a casa temprano y ya que tenía la certeza de que todo estaba bien con Tomoyo, y que no había nada que por el momento pudiera hacer, me entregué a pensar en mi novio sin cargos de consciencia. No hablaba con él desde la discusión y él no había hecho amago alguno de volver. Estaba bien con eso, porque la que la que la había jodido medio a medio en esa oportunidad… había sido yo.
Un poco insegura fui a casa de Syaoran, tímidamente llamé a la puerta y él al verme, dejó abierta la puerta y me dejó pasar y siguió ordenando como si yo no estuviera ahí. Se mostró menos entusiasta de lo que pensé que se mostraría en primer lugar.
—¿Cómo has estado? – intenté sonsacarle algo.
Intenté comenzar una conversación más o menos normal, pero el ambiente evidenciaba que no había muchos ánimos de parte de él.
—Estoy enojado contigo – dijo sin siquiera disimular que no lo estaba.
Lo sabía, porque para él no era muy fácil hacer como si las cosas estuvieran bien y ello se evidenciaba en su actitud.
—Discúlpame… quiero que sepas que nunca me arrepentiría de haberme enamorado de ti. Aún ahora sabiendo que te irás, no podría elegir no estar contigo y no haberte conocido… - expresé mis sentimientos y pensamientos sin intentar apocarlos.
Él, que había estado haciendo cualquier cosa excepto prestarme su completa atención, se acercó en modo acechador y se colocó detrás de mí, abrazándome desde esa posición muy apretadamente. Me sentí como seguramente la presa de una boa constrictora lo haría.
—¿No pudiste haberme dicho esto unos días antes? – dijo una voz grave y sensual que hizo que ardiera en deseos de él.
Entonces le expliqué todo lo que había vivido en esos días, y al final las cosas se terminaron volteando de tal modo que él me pedía disculpas a mí por no haber estado conmigo.
Esa noche me quedé en su casa y con el completo conocimiento de mi padre. Fue extraño y liberador a su vez.
Lo lamentable y que nunca esperé, fue que al llegar a casa muy temprano en la mañana, mi padre me contó que Tomoyo había perdido al bebé en el transcurso de la noche, que había habido complicaciones con la presión y habían tenido que inducir un aborto.
Corrí hacia donde se encontraba mi amiga, aún cuando mi padre había alcanzado a decirme que no tenía permitida las visitas. Tenía sentimientos encontrados al respecto, me daba una sensación desagradable en el estómago toda la situación, y por otro lado pensaba que si las cosas no habían salido como se suponían también era por algo ¿tendría mi amiga la madurez suficiente para poder soportarlo? Aunque no lo decía yo sabía que ella se había hecho la idea y que en el fondo aunque se negara a pensar en el futuro, había incluido en este a la vida que ya no se gestaba más dentro de ella.
Pasó un día completo hasta que salió de la Unidad de Cuidados Intensivos, otro día hasta que se le permitió a su madre verla, y dos días después de eso, y sin que yo haya podido hablar con ella, desapareció, dejándonos una carta a su madre y otra para mí.
"Sakura,
Si me preguntas el por qué decidí esto, es que simplemente de otra manera no me atrevería a hacerlo. No soy capaz de enfrentar mis propios sentimientos y sólo cuando Eriol volvió a escabullirse anoche para saber cómo estaba después de que nuestro bebé ya no estuvo más, lo comprendí. Quiero estar con él amiga mía, necesito estar con él. Voy a volver, te lo puedo jurar, no soportaría una vida lejos de ti, pero en este momento sólo quiero estar donde nadie me mire con lástima por lo que ocurrió. Las cosas pasan ¿sabes? Y luego de pensarlo y aunque me duela tanto como no tienes idea, este no era el momento para él. Sólo Eriol podría comprender como me siento, porque también fue una parte suya la que dejó de existir. Intenté negarlo hasta que me fue imposible, pero esa noche que pasamos juntos, trajo consigo más consecuencias inesperadas de las que no fui alertada, probablemente tu hubieses podido decírmelo de haber estado yo más dispuesta a hablar y a escuchar, pero no era un problema que tuvieras tu, si no yo y el ser tan reservada. Sé que lo intentaste y te lo agradezco infinitamente, pero tengo la tendencia de sabotearme a mi misma…
Probablemente las cosas sean distintas cuando nos reencontremos, pero algo no va a cambiar y es que tu siempre serás mi amiga, mi hermana y mi prima (¿cuántos títulos puede tener una sola persona en la vida de otra?)
No te preocupes por mí, porque voy a estar bien.
Sé feliz, Sakura, que nadie va a serlo por ti. …"
Terminé de leer la carta que parecía haber sido escrita con prisa, pero que había sido plasmada con profundos sentimientos y entonces, independiente de lo que todos pensaran, yo sabía que mi amiga decía la verdad acerca de que iba a estar bien. Probablemente estaría mejor que nunca. Esperaría ansiosa a tener noticias de ella y a ser testigo de su felicidad.
En la escuela, cuando ya volví el lunes después de una semana como la anterior, se había esparcido el rumor de que Tomoyo había sido transferida al extranjero. Ni si quiera una sola palabra sobre su embarazo, o su fuga. Sonreí porque las cosas estaban resultando mejor de lo que pensé que lo harían. Sólo Syaoran sabía la verdad y así se mantendría.
Inicialmente creí que el saber que ese hombre que me hacía desearlo con sólo existir se marcharía, mermaría la intensidad con la que me sentía unida a él, pero por el contrario, cada segundo que pasaba a su lado lo disfrutaba como si fuera el último. Había decido atesorar cada segundo junto a él, sin preocuparme por cómo sufriría luego. Evitaba pensar en eso.
El tiempo pasó y las noticas de Tomoyo eran esporádicas. Sonomi se había vuelto distante conmigo porque creía que yo sabía dónde se encontraba ella, pero lo único que ocultaba era que tenía más contacto con ella del que los demás sabían, pero tampoco era tanto más, un mail cada dos semanas como mucho. Ella nunca me dijo dónde estaba con exactitud, pero era seguro que estaba dentro del país y no sabía por qué, pero algo me decía que estaba en Okinawa. Qué recuerdos me traía ese lugar.
Aunque evitaba pensar en lo inminente, quedaba poco para la graduación. Menos de veinte días para salir de clases y se sentía en el aire el ánimo de todos. Estaban felices y aunque traté de contagiarme con su alegría, me era difícil disimular que me gustaría volver el tiempo atrás.
Siete días. Habían decidido dejarnos salir antes de lo que estaba estipulado en el calendario escolar a modo de premio por habernos portado apropiadamente durante el año. Aquello sólo hacía más real lo que estaba por venir.
Syaoran decidió que nos quedáramos en la cama teniendo sexo todo el día y yo no era quien para negarme, lo desfrutaba cada vez, pero aquello no hacía más que cuestionarme lo que ya sabía ¿podría vivir una vida de castidad por estar con él a la distancia? ¿Lo querría él? No habíamos vuelto a hablar de eso, pero a pocos días de que el periodo oficial de su estadía expirara, había llegado el momento.
—Syaoran… - llamé su atención.
Él estaba entretenido lamiéndome un pezón y jugando con el otro, mientras yo acariciaba su suave cabello. Sentía la punta de su lengua juguetear con la sensibilidad que él mismo había provocado, para luego desplazarse a la areola y finalmente atraparlo todo y succionarlo con delicadeza. Últimamente Syaoran se había empecinado con mis senos y yo no me quejaba en lo absoluto, pero nunca antes había tenido tal fijación. No pude contener unas lágrimas que me encargué de secar tan pronto como pude, porque no quería que él las viera.
Me concentré en las sensaciones que él despertaba en mi cuerpo y no en los pensamientos que abrumaban mi mente, y resultó bien, porque tan pronto lo sentí invadirme no pude sino enfocarme en eso tan conocido que sentía cuando nos uníamos, pero a la vez tan novedoso en cada oportunidad, porque no importaba cuantas veces hubiésemos repetido el mismo acto, siempre era distinto. Él lo hacía diferente cada vez y no sabía cómo lo conseguía, pero era un hecho y no me avergonzaba admitir que amaba eso de Syaoran.
Sentirlo dentro de mí, sin que ni siquiera se moviera se sentía tan sublime que era suficiente para llevarme al orgasmo, por lo que cuando comenzaba a moverse y a llegar más profundo de lo que yo misma creía que era físicamente posible, era deliciosamente desquiciante por lo que sentir a Syaoran salir de mi era muy parecido a la primitiva sensación que se genera cuando se es pequeño y se pierde al tutor de la vista en un gran centro comercial. Un golpe de realidad que intenté tan duro obviar pero que sin embargo ya me había alcanzado y no era ni sano ni bueno seguir intentando huir.
Le di la espalda porque no creía ser capaz de hablar lo que quería si lo miraba directo a la cara.
—Ya ha llegado, Syaoran – le hablé sin especificar sobre qué.
—Lo sé... – contestó enterado de lo que yo pretendía hablar.
Lo sentí arrimarse a mí desde atrás y me apoyé en él.
—Cuándo… ¿cuándo te vas? – consulté sin tener ganas reales de hacerlo.
—En once días más – respondió secamente.
Sentí un peso en mi alma, porque esas palabras eran una sentencia.
—¿Qué pasará con nosotros? – manifesté con miedo.
—No creo que sea bueno que continuemos con una relación a distancia… no creo que pueda soportarlo… - declaró él.
Sonreí de mala gana, al menos él estaba siendo sincero y no era muy distinto a lo que pensaba yo. Aunque igual me molestó que no hiciera ni siquiera un intento de que lo nuestro perdurara… pero supongo que alguien debía ser el realista.
—¿Qué tienes pensado tu? ¿Qué es lo que planeas hacer en el futuro? – curioseó él.
—En realidad nada en mi futuro más próximo... Con Tomoyo habíamos pensando en tomarnos un año para pensar con detenimiento qué es lo que haríamos de aquí en adelante, pero es un hecho que los planes han cambiado… - exterioricé mis planes que no eran nada claros.
—Si, ¿lo han hecho verdad? Las cosas son muy distintas desde el principio de este año hasta ahora – señaló pensativo
—Sí, es cierto… - aseveré.
Ninguno dijo una palabra por unos momentos. Era duro para ambos, pero Syaoran interrumpió acabando con aquella incómoda situación.
—No estoy listo para dejarte Sakura… y he estado pensando… ¿quieres venir conmigo a Hong Kong? – preguntó con tono de voz que no ocultó la ilusión que aquello le provocaba.
Mi corazón palpitó ante aquella propuesta que jamás vi venir y el tono entusiasta detrás de aquella pregunta.
—Quiero decir… puedes ir y conocer a mi familia, pasar un tiempo allá y ver… quizás te guste, tal vez resulte. No te estoy obligando a nada, pero me gustaría que lo consideraras… yo… yo sería muy feliz – argumentó nervioso.
Nunca había considerado acompañarlo. De todas las opciones que sopesé nunca se me pasó por la cabeza esa. La más natural...
—No me respondas ahora, quiero decir… piénsalo al menos – clarificó nervioso.
Tardé cinco segundos en pensar la respuesta, quise darle unos instantes de incertidumbre, porque yo lo tenía claro. Quería ir con él, iría con él. Recordé a Tomoyo y las palabras que me dedicó justo al final de esa carta que me dejó 'sé feliz' me dijo, y yo sabía que Syaoran era parte importante de la ecuación.
—No tengo nada que pensar. Vámonos, Li. Enséñame tu país, preséntame a tu familia. Lleguemos tan lejos como podamos – le anuncié mi decisión con tanta seguridad como sentía en ese momento.
—¿Estás segura? ¿No quieres meditarlo unos días? – expresó el preocupado.
—Si quieres que lo considere porque te arrepentiste de tus palabras, entonces debiste pensar mucho antes de soltarlas, ya no puedes tomarlas de vuelta – contesté simulando un enojo
Él sonrió contra mis labios y me besó a modo de agradecimiento y de felicidad, y desde la misma posición en la que estábamos, lo sentí crecer en milisegundos y comenzó a moverse y a interiorizarse en mí sin que lo advirtiera antes. Me preparé para la segunda ronda que al menos por mi parte no iba a ser tan larga, porque ya me había dejado agotada con la vez anterior.
Me había quitado una gran mochila de los hombros, pero ahora quedaba todavía hablar con mi padre y mi hermano, y contarles de la decisión que no me tomó más que segundos determinar. Touya iba a escupir fuego.
El mismo domingo, que era el único día que nos juntábamos todos, les contaría sobre mi resolución.
La cena se llevó a cabo con conversaciones sin mucha profundidad. Aun cuando habían pasado meses desde que Tomoyo se fue, el tema era delicado y apenas y si se mencionaba.
—Papá, hermano, Sonomi… Todos saben que Syaoran y yo estamos juntos. Ignoro si conocen el hecho de que él no japonés, pero se marchará dentro de unos días a su país – informé.
—¿Y cuál es el país de donde es originario esa bestia? – preguntó irrespetuosamente mi hermano.
—Él es de China, pero vive en Hong Kong – acoté.
—¿Se larga? Pues se tardó. Nunca debió venir – siguió mi hermano provocándome.
—Eso no es nada amable de tu parte, Touya – mi padre lo detuvo - ¿Estás bien con eso Sakura?
—La verdad es que no, con Tomoyo… - guardé silencio al ver como Sonomi se tensó al oír mencionar a su hija fugitiva – habíamos decidido tomarnos un año sabático para decidir con cuidado qué haríamos en el futuro y aunque los planes han cambiado, de cierto modo no lo han hecho del todo, al menos no para mí – expuse.
—Al grano, me estás mareando con tanta vuelta – siguió Touya quien no podía ocultar una sonrisa.
—He decidido que acompañaré a Syaoran. Me iré a China con él – emití el comunicado de mi decisión oficialmente.
Escuché el clásico sonido de los cubiertos cuando caen abruptamente al plato, y cuando los miré, vi que los tres me miraban con la boca abierta. Mi padre se compuso rápidamente, volvió a tomar los cubiertos que había soltado, y siguió comiendo, muy civilizadamente. Una actitud muy de él.
—No es que me vaya a vivir allá… sólo iré por un tiempo indeterminado y veré que tal… – agregué rápidamente.
—¿Estás segura que es lo que deseas hacer? – interrogó papá.
—Lo estoy – afirmé tan decidida como pude.
—Entonces hija, puedes ir. No tengo que aclararte que no importa ni cuándo ni por qué, siempre tendrás esta casa para volver – aclaró mi padre – Has tu vida y se feliz, Sakura.
Con lágrimas contenidas apenas, recordé nuevamente las palabras de mi amiga, y ahora que mi papá las repetía gané incluso más confianza en la decisión tomada. Continué cenando mientras mi hermano sorpresivamente no dijo una sola palabra acerca de lo que acababa de exponer, pero tampoco volvió a mirarme en lo que restó del tiempo. Estaba en un nivel de furia superior al que nunca haya experimentado antes. Sentía su aura arder justo frente a mí.
Me fui a la cama pensando en lo que estaba por venir, y sólo en la intimidad de mi habitación fue que caí en cuenta de algo… Iba a conocer a la madre de Syaoran. A esa señora que tomó la resolución de enviar solo a su hijo pequeño a otro país. Agité mi cabeza, porque no quería que los prejuicios se interpusieran en mis propósitos, sin embargo ¿llegaría yo a gustarle a la familia de él? Me puse nerviosa de solo pensarlo… ¿le habrá informado ya acerca de que no volvería solo? ¿No sería acaso un problema? A medida que me cuestionaba más y más, sólo llegue al punto de que esas eran cosas que no estaban en mi poder y no había nada que pudiera hacer si así se terminaban dando..
La ceremonia de graduación fue más bien un trámite. Los amigos que alguna vez hice, sabía que difícilmente volvería a encontrarlos, al menos no por voluntad propia. No era nada personal, sólo que no eran trascendentales. Quizás eso sería algo que lamentaría en el futuro, el no haber forjado lazos.
Mi padre me pasó dinero para que fuera a comprar maletas y ropa apropiada para ese clima infernal del que tanto había oído hablar. Syaoran aunque llevaba muchos años en Japón, aún se molestaba cuando con un poco de frío yo no me abrigaba lo suficiente, eso según su criterio, pero no era otra cosa más que él era más sensible al frío y por lo tanto exageraba.
Aunque estaba decidida a irme, había algo que me obligaba a hacer las cosas en un modo casi automático. Sabía lo que debía hacer y lo hacía, pero no era plenamente consciente de mis acciones. Temía que si pensaba demasiado al final terminaría actuando como un animalito asustado y huyendo.
Syaoran dos días antes de la fecha de partida, había ido a hablar con mi padre como parte de la formalidad, y aunque no estuve presente, supuse que habían establecido alguna clase de trato, porque los vi concretar algo con un apretón de manos.
El día de la partida fue devastador. Touya siguió sin hablarme aún cuando me fue a dejar al aeropuerto y sin mucho resultado que trataba de no quedarse mirándome acusatoriamente, como si lo estuviese traicionando. Por mi parte estaba sin palabras, no sabía qué decirle, pero al final sólo me dejó con mis dos maletas enormes en donde quedé de reunirme con Syaoran, a quien hizo como si no lo hubiese visto, me abrazó tan fuerte que tuve que pedirle que me dejara un poco de espacio para poder respirar, y sin mediar palabra alguna, se fue, dejándome con una rara sensación en la garganta.
Syaoran me miraba raro y traté de desviar el tema. No me sentía con ánimos en ese momento de hablar de mi hermano, porque aunque sabía que no me estaba yendo para siempre, estaba dejando a un lado todo lo que había conocido y había establecido como mi realidad, porque era mi mundo cotidiano y eso incluía a mi pesado, pero a la vez adorado hermano mayor.
El viaje no tuvo demasiados contratiempos más que un leve retraso en la hora del despegue. Al llegar al aeropuerto en Hong Kong, dos mujeres altísimas esperaban a Syaoran. Supuse que eran sus hermanas por el modo que se acercaron a él.
Me miraron como si me estuvieran estudiando centímetro a centímetro, y cuando finalmente se acercaron a mí, me abrazaron y comenzaron a decir cosas que aunque no entendía, pero que podía concluir que eran buenas por la sonrisa de orgullo de mi novio.
—Les gustas – tradujo Syaoran muy vagamente.
—¿Ellas no hablan japonés? – pregunté un poco frustrada por la barrera del idioma.
—¿No hablas tu chino? – rebatió él.
Hice una mueca que aparentemente despertó la ternura en sus hermanas y comenzaron a gritar y a abrazarme todavía más. Estaba muy avergonzada.
—No sé por qué, de todas las cosas que me planteé, el idioma no había sido una de ellas siendo una de las cosas más evidentes.
Syaoran anunció que estábamos prontos a llegar a su casa, y comencé a temblar. Conocería a esa misteriosa mujer que le había dado la vida a Syaoran… ¿Le agradaría? ¿Me agradaría a mí?
El auto se detuvo en una casa que tenía unas dimensiones exageradas. Debí suponerlo tan pronto nos subimos a ese lujoso y espacioso auto que no iba a ser de otro modo.
Con temor bajé del auto con la ayuda de Syaoran, quien me tomó la mano, pero lo rechacé y sus hermanas volvieron a gritar encantadas. Eran unas personas muy alegres, lo que me alivió en parte. Ellas no iban a ser difíciles de tratar.
Nos dirigimos hacia un salón enorme, y pude ver que cada detalle de ese lugar estaba perfectamente colocado en su sitio, de hecho no me hubiese sorprendido en lo absoluto que fueran diseños personalizados y exclusivos. Escuchamos unos pasos y todos cambiaron su actitud de pronto, irguiéndose y enseriándose. Era una clara evidencia de que la matriarca se acercaba y la clase de respeto que imponía. Los nervios que se habían calmado en parte volvieron a hacer acto de presencia.
Una mujer de una altura considerable, de figura envidiable y de una elegancia que no se parecía a la de ninguna otra mujer que haya visto antes, apareció. Era increíblemente joven, porque sus hijas eran todas adultas y Syaoran lo era también. No pude evitar pensar en cuántos años tenía cuando tuvo a la primogénita.
—Bienvenido a casa, Syaoran – habló con una voz suave pero firme.
Aquel tono de voz no iba con esa magnífica apariencia.
—Así que tú eres Sakura… Gracias por cuidar de mi hijo y bienvenida también – saludó en un perfecto japonés.
Se acercó a mí, estiró su brazo y una mano delicada, fina y tan blanca que me recordó irremediablemente a mi fugada amiga tocó mi mejilla. Pensé que su toque sería frío, porque ese color era el propio de la nieve, pero me sorprendí al notar la calidez que emanaba y lo suave de su piel.
—Eres muy bonita, Sakura – agregó.
Y así, tal como apareció, se fue, inundando mis pulmones de una fragancia inconfundible y única.
Syaoran estaba aturdido, pero una vez que estuvo seguro que su madre ya no se encontraba en los alrededores, abandonó esa posición casi militar que adquirió.
No pude evitar notar lo raro de la relación de ellos… porque hacía tanto tiempo que no se veían y sin embargo no hubo una sola muestra de afecto físico entre madre e hijo, no, ni siquiera un toque fraternal, y de pronto se me vino a la cabeza que no me imaginaba a esa mujer amamantando a sus hijos.
Me dieron una habitación en el mismo piso que de Syaoran, pero no muy cerca de él. Sonreí malévolamente para mis adentros, porque el estar lejos nunca fue un impedimento antes para estar juntos, pero su intento era válido, por supuesto que sería un obstáculo infructuoso.
Tenía muchos deseos de preguntarle a mi novio si su relación con su madre era siempre así, pero algo me decía que no era la clase de tópico en el que debiera inmiscuirme.
Syaoran llegó a mi habitación en la madrugada como todas las anteriores noches y me sentí un poco más en casa cuando coloqué mi cabeza el brazo que él había facilitado para ese propósito. La verdad es que con el cambio de horario no me había acostumbrado a pesar de llevar ahí una semana, y aunque podía decir que ese colchón era mejor que el que tenía en Japón, no me otorgaban la misma clase de descanso.
El lugar era fantástico y sus hermanas muy amables, pero lo lamentable era que ninguna hablaba japonés. En realidad nadie en esa casa excepto Syaoran, porque no volví a ver a mi suegra desde el primer día. Ella era una persona muy ocupada.
Los días pasaban tranquilos y Syaoran por el día estaba ocupado con su madre en una de las empresas que estaba teniendo problemas, al parecer se estaba familiarizándose con los negocios, porque ninguna de sus hermanas quiso el puesto de mayor responsabilidad.
Cuando no estaba él lo extrañaba, y comenzaba a echar de menos mi vida en Tomoeda, pero ese sentimiento de anhelo se adormecía cuando él llegaba a mi habitación en la noche y me decía las cosas que tanto me gustaba oír de su boca.
Syaoran había decidido estudiar ese mismo año y aquello no me gustó del todo, porque si ya pasaba mucho tiempo afuera y su entrenamiento lo mantenía ocupado mentalmente, ¿cómo sería cuando él estuviera estudiando y además trabajando? No tendría tiempo suficiente para pasarlo conmigo, porque el día sólo contaba con veinticuatro horas, y ya era hora de admitir que con el pasar de las semanas los lugares que me parecían interesantes y novedosos, ya no lo estaban siendo tanto.
Esos sentimientos y pensamientos que surgían a diario, pero por las noches, cuando Syaoran me visitaba, procuraba ocultarlos, porque no quería que él se preocupara por mí, y la verdad es que no me costaba tanto disimularlos, porque con lo que hacíamos se me olvidaba hasta mi nombre por ratos.
Pero cuatro meses después comprendí que el sexo y el amor no era todo lo que necesitaba en mi vida, y cada día me era más y más difícil despejar mi mente de esas cosas que extrañaba y que me había sido imposible reemplazar aún cuando se daban las condiciones para ello..
Un mes y unos días más tarde y después de enojos que en apariencia no tenían sentido, decidí que no podía seguir acallando lo que sentía porque era un engaño para mí misma. Y también hacia él, porque le mentía cuando me preguntaba cómo estaba…
Esperé a que Syaoran llegara a visitarme esa noche y antes de que empezara a besarme y a tocarme, y lograra que me olvidara de lo que había determinado como mi decisión más difícil, hablé.
—Ya he decidido que voy a estudiar Syaoran – dije sin si quiera respirar ni pensar en lo que decía.
—¿En serio? ¡Eso es fantástico! ¿En mi misma universidad? ¿Es otra distinta? ¿Podrás con lo del idioma? Las matriculas aún siguen abiertas…Sé que mi madre ha de haber sido dura con sus clases… - expresó condescendientemente.
—No estudiaré en tu misma universidad – dije cerrando los ojos y evitar llorar.
—Está bien si es una distinta, no te pongas así – dijo él riendo.
—Voy a volver a mi país – solté la bomba sin pensar en lo que decía.
Nunca creí que dar una noticia fuera a ser algo tan duro, pero lo cierto es que lo fue en demasía. Vi como su expresión de felicidad de un momento a otro cambió a otra totalmente distinta.
—Quiero que sepas que no es porque no te ame, amor mío… pero lo he intentado y no me creo capaz de seguir tratando. No es tu familia, no eres tú, suena trillado, pero soy yo. No soy tan fuerte. Necesito a mi familia, necesito poder expresarme, me siento inútil aquí sin siquiera poder hablar con las personas que tan bien me han tratado… y he notado que te has estado esforzando el doble por mí, durmiendo poco para compartir algún tiempo conmigo… - expliqué mis motivos
Pude ver que él intentó negar furiosamente cada una de las cosas que le dije, pero al final sólo se alejó un poco para conversar y mirar cada uno de mis gestos.
—¿Qué estás diciendo Sakura? Todo estaba bien… ¿alguien te dijo algo? ¿Hay algo que no te haya agradado? Por favor dime que hay algo que pueda hacer para hacerte cambiar de opinión – sonó a ruego y me dolió el pecho ante su tono implorante.
—No hay nada que podamos hacer y es algo que he pensado durante un tiempo… Quería hablar contigo y explicarte mis motivos. Lo siento tanto si suenan egoístas…
—¿Por qué? – insistió.
— Me has hecho muy feliz, de verdad no creo que nunca pueda a volver a querer a nadie como te quiero a ti… pero este no es mi mundo. No puedo pasarme la vida esperando a que vuelvas a casa para ser feliz, no me educaron para ser la mujer que espera a su hombre sin realizarse ella misma también. Sé que hay algo más que puedo hacer ahí afuera, y necesito también saber que soy buena para algo… que hay un futuro para mí y que hay algo que solo yo puedo hacer…
—Y ese futuro no es junto a mí… - terminó de decir él.
—Son las circunstancias que nos tocaron. Debe ser que no se está permitido ser tan feliz y ten por seguro que todo el tiempo que he estado a tu lado ha sido lo mejor que me ha pasado – manifesté.
—¿Cuándo te irás? – preguntó sin mirarme a la cara.
—También quería consultarlo contigo – le dije.
—Ya has decidido por ti misma el futuro de los dos ¿Por qué te importa ahora lo que yo opine? – contraatacó indignado.
—Syaoran por favor no te enojes, si lo haces es porque no has entendido nada de lo que te dije – hablé un poco irritada también.
—Lo intento, te juro que lo intento, pero no lo comprendo. Te amo, tú me amas ¿por qué no podemos estar juntos? ¿Qué más necesitamos?
—No me estabas escuchando ¿cierto?
El silencio fue el protagonista de ese incómodo momento y entonces tomé otra resolución.
—Seis días. Me iré en seis días – informé.
—¿Ya tienes el pasaje? – indagó aún más furioso.
—No – contesté tajantemente.
—Entonces ¿por qué seis días? – quiso saber.
—Son los días que necesito – expliqué.
—Harás lo que quieras sin importar lo que te diga. Haz lo que quieras – sostuvo con odio.
Él se fue dejándome con mis sentimientos a flor de piel. Creí que comprendería, pero tal vez necesitaba tiempo. Esperaba que lograra entenderlo antes de los seis días que había impuesto. Esa misma noche hablé con Ielan Li, con quien de un modo que nadie comprendió, nos habíamos hecho cercanas, porque sin que nadie se lo pidiera, ella misma se ofreció para darme las clases de chino que debía tomar. Al principio me asustó el que fuera ella y no otra persona quien me enseñara, porque de todas las personas en el mundo ella era alguien a quien yo quería impresionar y no decepcionar, y probablemente notaría que no tengo demasiado talento en lo cognitivo, pero a pesar de ser tan estricta como se veía y era más misteriosa si se le trataba, con el pasar de las semanas me sentía ansiosa de nuestras clases diarias.
Por cada día que pasó de esos seis días autoimpuestos, pase uno cada uno con una de las hermanas de Syaoran, por turnos. Descubrí que ellas siempre hablaron japonés pero que por órdenes de Ielan, estaba prohibido hacérmelo saber, para que me esforzara más en los estudios. Así pasaron los cuatro días y el quinto, y sin podérmelo creer, porque aun cuando ya le había informado de mi partida, Ielan no permitió que me perdiera mis clases diarias, y entonces a un día de irme, ese día ella me lo dedicó.
—Syaoran es más feliz y una mejor persona desde que te conoció – reconoció ella.
Me sonrojé, porque sabía que era cierto, pero también que no era mentira que mi partida le afectaría sin lugar a dudas.
—Lamento de verdad haberle causado problemas – me disculpé.
—¿Problemas? ¿Cuáles? – interrogó sin comprender.
—Que haya desperdiciado su valioso tiempo junto a mi – respondí cabizbaja.
—No lo considero de esa forma. De todos modos sabía que era una posibilidad. Syaoran también lo sabía – contestó.
—Ha sido un gusto poder conocerla – le hice saber.
—Hay algo que te ha molestado desde el día que te conocí y que no has querido preguntar ¿Quieres decírmelo ahora? – me dio la oportunidad.
Me llamó la atención un poco que ella se hubiese percatado, pero no demasiado, ya que había notado que parecía como si esa mujer leyera mentes o bien adivinara el futuro. Nada parecía tomarla por sorpresa.
—¿Por qué envió a Syaoran tan lejos y solo a otro país? – pregunté casi sin contener mis palabras.
Ella se quedó callada y pensativa.
—¿De verdad pensaste que Syaoran estaba solo? – inquirió.
Aquello me descolocó.
—Habían personas mirándolo todo el tiempo. No ocuparé la palabra "vigilándolo" porque él no necesitaba que hiciera eso. Siempre fue un niño confiable – me informó.
—Pero… ¿por qué? – seguía sin saber la razón
—Porque era parte de su entrenamiento. Es parte de la vida abandonar la casa de los padres cuando se tiene cierta edad. Los lazos entre familiares deben ser sólidos pero nunca deben impedir que te realices como persona.
Hablar con ella era una lección de vida por sí mismo. Ciertamente extrañaría el quedarme pensando sobre sus palabras y sus diferentes posibles significados.
Me fui a la cama con una gran tristeza en mi alma. Syaoran no había vuelto a buscarme después del día que le informé que me iría, y por lo visto no me dejaría verlo de nuevo.
Ese día tenía mi vuelo después del medio día. Coloqué el despertador muy temprano para al menos poder ver a Syaoran antes de que me fuera, aunque era una mera formalidad, estaba segura de que no sería necesario porque no pegaría un ojo.
Cada ruido que escuchaba hacía que mi corazón se agitara pensando que era Syaoran quien finalmente vendría, pero nunca sucedió, y cuando yo sopesé finalmente la opción de ir yo, volví a escuchar un ruido y ya cansada de sufrir decepciones, no hice caso, pero para cuando lo sentí acostarse a mi lado él ya se había instalado.
—Pensé que ya no vendrías – le dije
—¿De verdad lo creíste? – preguntó.
—Si… - reconocí.
Él comenzó a acercarse lentamente y yo a ponerme nerviosa. Lo deseaba y anhelaba desde que podía recordar, ese momento no era la excepción, y esa sería nuestra última vez y aunque intenté no pensar en ello, no me fue posible porque de sentía sus caricias menos efusivas y más tímidas. A él le pasaba lo mismo. Era imposible ignorar el hecho de que nuestra relación de casi siete años llegaba a su fin y no porque no nos quisiéramos, como él lo dijo.
Me tocaba como si yo estuviese hecha de cristal, lo que hacía más obvio el hecho de que esta vez no era como todas las demás, sin embargo yo no lo quería así, por lo que me subí sobre él y yo misma tomé el rol activo, sin ayudarme ni siquiera un poco de mis manos, busque con movimientos precisos el unirme a él y fue como reafirmé algo que de lo que ya tenía conocimiento: mi intimidad se encontraba siempre lista cuando él aparecía, sin importar si esta hubiese sido estimulada previamente o no. Era una reacción instantánea.
—Te eché de menos – reconocí.
—Yo también…
Seguíamos moviéndonos, el hundiéndose en mí y yo buscando sentirlo tan profundo como se pudiera. Teníamos un objetivo en común.
—Hoy quiero que me pidas sin vergüenza alguna lo que desees, quiero saber cuál es tu más grande fantasía – me dijo él, haciendo que temblara aún más por el deseo y la promesa tras esa petición.
Él se acomodó un poco y se apoyó en el catre de la cama, y yo me adecué a la nueva posición, sin apartarme de él un milímetro. Mis piernas se encontraban separadas por su cuerpo y estábamos de frente. Mirándonos, moviéndonos, grabando en la memoria ese precioso momento. Mis contracciones se fueron manifestando a medida que acompasamos nuestras respiraciones y movimientos, y los espasmos que me avisaban que el clímax se acercaba hicieron que me aferrara más a su cuerpo, pero no deseaba dejar de mirar su rostro mientras lo sentía inundar mi interior y como poco a poco iba perdiendo la erección adquirida.
Nos abrazamos luego de cubrirnos con una sábana.
—No creas que no entendí lo que me dijiste Sakura, era sólo más fácil tacharte de egoísta. No estoy resentido contigo si es lo que crees – aclaró.
—Gracias – respondí.
—Siempre lo creí posible, pero al pasar los meses se me iba olvidando. Me concentré en mis nuevos desafíos y no me fijé en los tuyos. Pensé que estabas bien, me acostumbré y eso es lo que me molesta de todo
—¿Qué cosa?
—El que no fueras capaz de decirme cómo te sentías… quizás tu decisión me hubiese tomado menos por sorpresa si me hubieses dado una pista de cómo te sentías en realidad, pero fue mi culpa por no verlo también, por haberte dado por sentada – aceptó – es una mezcla de muchas cosas.
—Lo siento – dije apenas.
—¿Por qué? – preguntó él.
—Por ser tan débil. Por no luchar por lo nuestro – le expliqué.
—Yo no quiero que te sacrifiques. Ninguno de los dos debe hacerlo. Las cosas son como son – dijo sabiondo.
—¿Sientes que con este viaje y mi estadía aquí sólo alargamos la agonía? – pregunté mientras besaba su quijada para acercarme lentamente a su boca.
—No, no creo eso, ¿cómo puede ser esto una agonía si no me siento ni siquiera un poco enfermo?
No entendí a lo que se refería de inmediato. Me di cuenta de que algo de inocencia me quedaba después de todo, cuando él sujetó mi mano y la llevó hacia su miembro nuevamente erecto. No tenía que darme el mensaje dos veces, porque captaba a la primera.
Comencé a masajearlo como él mismo me había enseñado que le gustaba más, y adquiría más dureza y tamaño a medida que me entusiasmaba aquella misión, hasta que lo tuve en su máxima expresión nuevamente y cómo me gustaba saber aquello…
—Dijiste que te pidiera sin vergüenza alguna lo que quisiera hacer – le dije al oído – pero no es algo que quiera que me hagas, es algo que yo quiero hacerte – revelé.
Syaoran me miró confundido por mis palabras y no le dejé tiempo para que pensara demasiado, porque me dirigí hacia el sur y sostuve su erección con mi boca. Él comenzó a mover sus caderas para sentirse más dentro de mi cavidad oral, pero aquello no era tan fácil. Él gemía y aquello era un aliciente para lo que tenía planeado, porque aunque el sexo oral no era tan poco habitual entre nosotros, había algo que había visto cuan interesado había visto un día una técnica amatoria, pero que él nunca me había pedido experimentar.
Dejé mi tarea y subí un poco, mientras Syaoran me miraba con frustración por no haberlo hecho acabar.
—¿Recuerdas esa vez que vimos porno juntos?
—Cómo olvidarla – respondió con una sonrisa.
—No creas que no noté cómo te gustó algo en particular.
Él se avergonzó y supo hacia donde iba con todo el tema.
—No irás a hacer eso – dijo él asombrado.
—¿Por qué? – le pregunté con una sonrisa en el rostro.
—Porque es demasiado pervertido – admitió.
—Lo es – acepté – pero lo deseas ¿no?
Y entonces, en medio de mis senos, coloqué su miembro.
Estaba nerviosa, no sabía bien cómo hacerlo, pero al observar cómo miraba y como se contenía por no acabar pronto, sabía que no estaba mal encaminada.
—Sakura, basta – pidió desesperado.
Al parecer el que adhiriera mi boca y mi lengua al asunto había sido demasiado, porque él bruscamente me recostó en la cama y se acomodó para penetrarme violentamente. Ni él ni yo duramos nada. Aquella práctica había sido demasiado erótica.
—¿Te gustó? – le pregunté lo evidente.
—Eso fue… increíble – reconoció.
Sonreí y seguimos conversando hasta entrada la mañana, olvidando a instantes que yo en unas horas me iba para no volver.
—No te iré a dejar porque no voy a ser capaz de dejarte ir – admitió él.
—Está bien. Tampoco quiero que vayas, porque podrías pedirme que me quede y terminaría aceptando, pero al final te terminaría odiando… y yo no quiero odiarte nunca Syaoran – expresé.
—No quiero que me odies, quiero que me ames como yo a ti. Así que aquí nos despediremos – sentenció.
Nos acercamos y nos besamos profundamente. El beso digno de un adiós, hizo que lágrimas gruesas y húmedas aparecieran.
Se levantó de la cama y cruzó el umbral de la puerta, pero antes de cerrarla, en grandes zancadas volvió a mi lado y volvió para besarme nuevamente de esa manera apremiante y excitante. Y esa fue la última vez que lo vi...
Al llegar a casa mi padre me recibió con los brazos abiertos, sólo preocupándose de preguntarme de si estaba bien, pero nunca expresó deseos de querer enterarse por qué había vuelto. Meses después supe que él sabía los motivos, Syaoran se los había explicado. Resultó ser que mi padre le había pedido a mi ahora ex novio, que si un día yo manifestaba el deseo de marcharme, él me dejaría volver sin imponerse o cuestionarme.
Ellos eran dos hombres que anteponían mis deseos a los suyos.
Con Syaoran volvimos a hablar hace un mes, a través de mails. Habíamos acordado que lo mejor sería no mantener contacto, pero después de tres meses sin saber de él no pude evitarlo. Al principio en tono amistoso y con el pasar del tiempo pasaron a ser cosas más sexuales. Era natural si se trataba de nosotros después de todo, pero después poco a poco así tal como habíamos vuelto a retomar contacto este se fue perdiendo, hasta que difícilmente recibíamos un correo del otro. Era lo mejor, me estaba convirtiendo en una adicta a sus correos y eso era alimentar esperanzas vacías.
Un año y unos meses después de que Tomoyo desapareciera volvió. Me avisó que regresaría, pero no le creí, porque hacían tres semanas que me decía lo mismo, y un día golpearon la puerta, abrí de malagana y resultó que era ella.
La abracé, lloré y reí al tenerla frente a mí. Ella estaba incluso más hermosa de lo que la recordaba.
Hablamos por lo que me pareció toda la tarde, pero en realidad habían sido menos de dos horas, y luego de recibir una llamada me pidió que la acompañara al Parque Pingüino. Supuse que querría algo de ese lugar, pero al ver a Eriol y un bebé en brazos comprendí la razón.
—¿Pero qué es esto? – pregunté anonadada.
—Esto es un bebé, Sakura. Nuestra hija – respondió orgullosa.
Me acerqué a Eriol quien me sonreía embobado.
—Estoy enamorado – me dijo y me mostró presumidamente a la bebé.
Era una bebé tan paliducha como sus progenitores, su pelo negro en contraste con su piel, pero que sus ojos aún no definían su color.
Tomoyo se acercó a mí y mirando a su bebé me dijo al oído algo que nunca pensé que oiría de parte de ella.
—No me gustan los preservativos – confesó y se rió de su propias palabras.
Y yo reí también. Ella había cumplido su palabra. Estaba mucho mejor que bien. Era feliz y yo no podía pensar en alguien que lo mereciera más.
Tomoyo tomó a la bebé y nos dirigimos a mi casa, ella se adelantó para poder alimentar al bebé y Eriol y yo nos quedamos atrás por unos pasos.
—Ella nunca debe saber lo que pasó alguna vez en ese lugar – le dije
—¿Es que acaso pasó algo ahí? – preguntó él haciéndose el desentendido.
Aquello era un acuerdo que sabíamos que ambos cumpliríamos.
La madre de Tomoyo no cabía en sí de felicidad y en algún momento noté que Eriol y Sonomi estaban solos en la cocina, no había sido planeado, pero me acerqué en caso de ser necesario.
—Tomoyo está contenta – dijo ella. No había alcanzado a oír qué le había dicho ella antes.
—Sí – respondió cortante.
—No me gustó que te la llevaras así – explicó ella.
—Según recuerdo eso no era todo lo que le complicaba – dijo él.
—Ah, eso que dije de tus parientes… - comprendió a qué se refería.
—No es que tenga un lazo muy fuerte con los Hiragizawa, pero al menos ¿podría explicarme por qué fui acusado? – solicitó formalmente.
Ella le explico que una historia sobre su abuelo y su tío y de cómo habían tenido hijos y no se habían hecho cargo de ellos, pero luego le pidió disculpas por haberlo inculpado de algo que él no tenía ni siquiera idea.
—No se preocupe, no hay nada que disculpar. Fueron momentos duros para todos – sonrió él.
A partir de ese día Eriol y Sonomi se convirtieron en yerno y suegra con una relación muy sólida, porque incluso ambos se ponían del mismo lado. Tomoyo sólo ponía los ojos en blanco cuando aquello sucedía.
Papá y Sonomi decidieron casarse y él se fue a vivir con ella a la mansión. Me quedé con mis casi veintiún años sola con una casa a mi cuidado. Era el paraíso de cualquier adulto joven, pero no para mí.
La universidad se me estaba dando bien, pero había oído escuchar de compañeros de la misma carrera, pero de cursos más avanzados, que el verdadero reto eran las prácticas, pues ya lo vería, porque aún me quedaba un año para empezar a ir a ellas, sin embargo por lo mismo no podía evitar envidiar de un modo extraño a Tomoyo y a Eriol, quienes no estudiaron en la universidad, pero el tener talentos rentables era algo realmente digno de admirar. Tomoyo había vuelto a cantar y tal como había escuchado alguna vez, ella cantaba más hermoso de lo que tocaba piano. Se dedicaba a interpretar canciones para niños y estaba adquiriendo mucha fama a pesar de no haber iniciado hacía más de dos meses. Ella me contó luego que el querer volver cantar fue algo que surgió después de que nació Ayase y que no se calmaba y que luego las cosas se dieron solas. Eriol por otro lado, que por algún motivo desconocido hablaba chino y también inglés, trabajaba traduciendo textos para los estudiantes de varias universidades y de distintas carreras. Era muy reconocido por la precisión de sus traducciones.
Todos parecían estar encontrando su rumbo en la vida y aunque yo había encontrado el mío, en parte seguía sintiéndome incompleta.
Había intentado continuar sin Syaoran, pero me había quedado en los intentos, porque en realidad yo no le daba cabida en mi vida a nadie en serio. Estaba en un estado en el que bien se podía catalogar como físicamente disponible, pero emocionalmente ajena.
Tomoyo insistía en que fuera a citas y rechacé cada uno de sus intentos de concertármelas, hasta que un día, sin que yo se lo hubiese autorizado, ella acordó una. Sólo dijo que debía presentarme, que no me decepcionaría, que sería de todo mi gusto.
Llegué a la cita en un hotel. Me sentí grande al tener esa clase de cita. Miré mi billetera y contaba con el dinero suficiente. No permitiría que nadie pagara mi comida. El sujeto se atrasó más de diez minutos y a mí nadie me hacía esperar, decidí que si en cinco minutos no aparecía yo me largaría, y rogaba mentalmente para que eso sucediera, porque así Tomoyo no podría reclamarme nada, porque no sería mi culpa. Un minuto más y me liberaría de esa cita por compromiso, comencé a sonreír diabólicamente, incapaz de disimular lo contenta que estaba, y cuando quedaban menos de diez segundos, moví la silla hacia atrás, esa era mi noche de suerte. Tomé un impulso para levantarme pero una mano en mi hombro detuvo mi intento. Mi sonrisa se desvaneció… había celebrado mucho antes de tiempo.
—Quince minutos es el límite, ¿no? Supongo que algunos hábitos nunca cambian – habló una voz que reconocería en cualquier lugar.
Esa calidez transmitida, ese olor, esa reacción de mi cuerpo a esa voz… esa sensación de que se me abrían los poros y se me erizaban los vellos del brazo: era Syaoran. Me levanté y lo miré frente a mí, sin poder creer lo que veía.
Era él, en persona. Más alto, más fuerte, más guapo… más hombre. La imagen de mi recuerdo de sus tiempos de adolescente había cambiado súbitamente. Mis hábitos no cambiaban. Ni mis gustos tampoco.
—¿Me hiciste esperar a propósito sólo para probar tu punto? – pregunté divertida.
—Quería saber si habías cambiado – asintió.
—¿Y qué piensas? – consulté.
—Creo que además de los cambios físicos evidentes, quiero pensar que sólo eso ha cambiado – soltó mirándome a los ojos.
—¿Cómo piensas comprobarlo? – seguí indagando.
—Depende de una pregunta si sabremos esa respuesta antes o después – contestó sonriendo ladinamente - ¿Tienes hambre?
Sabía a qué apuntaba esa pregunta, y respondí.
—Ni siquiera un poco.
—Eso es perfecto, porque entonces lo averiguaremos antes de lo esperado. Sígueme – indicó.
Lo seguí sin preguntarme a dónde me llevaba, porque en realidad poco me importaba y terminamos frente a la que parecía ser su habitación. Entró, lo seguí, cerramos la puerta y me empotró contra la pared a los segundos de ese portazo. Respondí de inmediato.
—Definitivamente algunas cosas no cambian – musitó en mi oído.
Desde ese minuto mi ropa desapareció junto con la de él y volvimos a compartir la noche y a disfrutar de nuestros cuerpos unidos después de años.
A la mañana siguiente, despertar con todo mi cuerpo resentido por la actividad nocturna que no tenía, me hizo sentir viva de nuevo, pero sabía que aquello había sido una eventualidad extraordinaria, y que no debía acostumbrarme. Aproveché de mirarlo dormido y comprendí por qué había sido tan difícil aceptar a cualquier otro. Él era simplemente perfecto… después de él ¿cómo iba a poder conformarme con menos?
—¿A todos los quedas mirando así? – dijo él sonriendo.
—¿A todos? ¿quiénes? – dije desentendida.
—A los que siguieron después de mí – me aclaró.
Esos celos… esos exquisitos celos...
—¿Cuándo te vas? – manifesté mi interés de saberlo.
—¿Por qué evades la pregunta? – rebatió.
Sonreí. No era la única que no había cambiado. Él comenzó a besarme y a hacerme cosquillas, un juego que sabíamos que terminaría con ambos gimiendo de placer.
Volví a preguntarle más seria lo que necesitaba saber.
—¿Cuándo te irás? – volví a indagar.
—¿Cuándo quieres que me vaya? – preguntó a modo de respuesta.
—Syaoran…
—Es algo que quiero que me respondas y luego de saber tu contestación lo decidiré – dijo serio.
Medio en broma, medio en serio respondí.
—¿Y si quisiera que nunca te fueras? – quise averiguar.
—Entonces no me iría.
—Es en serio.
—Lo mío también.
Lo miré fijamente para saber si estaba hablando en serio. Y si, lo era.
—Volví por ti, Sakura – confesó - ¿hay alguien a quien le debo explicar las razones de por qué tú eres sólo para mí?
Mi corazón palpitaba emocionando y feliz, pero no quería crearme falsas ilusiones. Negué con la cabeza.
—¿Estás seguro de esto? ¿Es verdad lo que me estás diciendo?
—Pensé que me costaría un poco más convencerte. Te has ablandado con los años…
Me enojé con su respuesta evasiva.
—Hubiese venido antes de no haber tardado tanto en recuperar el negocio, pero demoré más de lo que tenía previsto – explicó – ¿o de verdad creías que te había dejado ir para siempre? Sólo te di tiempo para que comprobaras que sólo yo soy el hombre adecuado para ti y espero que lo hayas aprovechado bien, porque no volverás a tocar a otro hombre en toda tu vida - sentenció
—¿Puedes prometérmelo?
—Puedo jurártelo. Llegué para reclamarte por tus acciones. Te haré pagar por cada beso que hayas compartido con alguien que no sea yo – me advirtió.
—¿Y cómo piensas hacer pagar por la infinidad de delitos cometidos? – jugué con él.
Sus ojos de abrieron desmesuradamente. Había mordido el anzuelo.
—Por cada beso que hayas recibido yo te daré cinco, no, diez más. Borraré el recuerdo de cualquiera que te haya tocado, hasta que solo relaciones ese tipo de cosas conmigo – reveló.
—Entonces debes empezar ahora en ese caso, porque no terminarás nunca – respondí mordaz.
—Ahora que estás confesa, no hay vuelta atrás – dijo ambivalente.
—Por favor, eso espero. Merezco pagar por cada uno de los crímenes que se me acusan.
Comenzó con su castigo a base de besos y caricias.
—Sí… me declaro absolutamente culpable – dije entrecortadamente
Y así comenzaron los besos infinitos a modo de castigo de crímenes que no cometí de la forma exagerada que dije, pero que sin lugar a dudas fui feliz de confesar...
FIN
Y esta historia ha llegado a su fin. Quiero pedirles disculpas si esto se hizo demasiado largo, porque créanme, fue una sopresa hasta para mi. Tardé en actualizar porque me costó despedirme de este fanfiction, pero ya cumplió su ciclo e inesperadamente, gracias a ustedes y sus amables reviews he recuperado mi confianza como aspirante a escritora. Gracias, es algo realmente importante para mi por lo que agradezco su tiempo, sus opiniones y por sobretodo el que no se aburrieran a mitad del camino.
A continuación la respuesta los reviews del último capítulo publicado antes de este:
Kimi Deathberry: ¡Hola! Espero que si has seguido mi historia hasta estés leyendo esto jajajaja, te lo he dicho capítulo a capítulo, pero no me cansaré de darte las gracias por apoyo demostrado no sólo a este proyecto, si no a todos los que he emprendido. De verdad ha sido un gusto y me encantaría que me dieras la última impresión sobre este fic que ha llegado a su fin ¡Mil saludos y abrazos para ti!
Blouson Der Herz: ¡Holaa! ¿Qué tal? Espero que te haya gustado el final de la historia entre Tomoyo y Eriol, que sin darme ni cuenta comenzaron a tener un rol muy importante en esta historia y creo que eso al final capturó tu atención. En fin, espero saber qué te pareció el capítulo final y darte al menos a través de este fanfic las gracias por el apoyo otorgado. ¡Cuídate mucho!
Stephy: Ahora si que necesito saber qué opinas de este capítulo, y darme finalmente la sentencia: ¿me odias o me amas? Gracias por tus palabras, por tus reviews tan completos en los que resaltabas lo que te parecía y lo que no y en los que recalcabas lo que te había parecido especialmente interesante. Gracias a ellos es que he podido mejorar. Agradezco una enormidad que te dieras el tiempo de idear teorías y de hacermelas saber. Ha sido un gusto leer cada uno de tus reviews. Cuídate mucho, espero seguir contando con tu apoyo en mis próximos proyectos.
Sakura Kinomoto Amamiya 26: ¡Hola! Mil saludos. Gracias por tu último review y en realidad por todos los que me has escrito. Tu apoyo ha sido importante y tus palabras muy motivadoras. Si estás leyendo esto es porque me acompañaste hasta el final en este fanfiction loco y más largo de lo que imaginé que sería.
ValSmile: insisto, yo no soy la cachonda. Son las hormonas adolescentes jajajaja. ¡Hola! Sin lugar a dudas ha sido este fanfic por el cual terminé de conocerte, gracias por leer mis locos proyectos y apoyarme, escribirme un review no sólo acá, sino con los de Digimon también. Espero que no consideraras que el haber invertido tanto tiempo leyéndome y dejandome reviews con el final valiera la pena jajajaja ¡Cuídate loquilla! Nos seguiremos leyendo por ahí.
Camili: esta historia por la cual nos conocimos y nos acercamos ha llegado a su fin. Me reí con tus teorías y con tus mails un montón. Espero tu review, porque tu sabes que es obligatorio y ya discutiremos de las distintas maneras que querrás matarme, o quizás no. ¿Te sorprendí o te esperabas cada una de las cosas que pasaron al final? Eso es algo que debes hacerme saber. Creo que en la relación que hemos desarrollado ya está demás aclarar que me encanta mantener contacto contigo y que espero que siga así. Ojalá me sigas apoyando con mis ideas y proyectos pasados, tu apoyo para llegar hasta acá, al final debo decirlo, ha sido muy muy importante. Gracias por tu tiempo invertido en el fic ¡Muchos saludos!
ciclina: ¡Qué bueno que mi historia te haya gustado! ¿Te gustó el final? Espero que sí, así no considerarás que fue una pérdida de tiempo jajajaja ¡muchos saludos! Espero saber si quedaste conforme o no.
Pat: ¿Logré sorprenderte? Espero de verdad que si, y no sólo por largo que se tornó este capítulo. Tus teorias eran muy interesantes y más de alguna vez acertabas o te encontrabas realmente cerca de lo que yo había planeado, asi que creo que serás una de las personas más exigentes a la hora de juzgar este final. De verdad ha sido un gusto leer cada uno de tus reviews, cuídate mucho y espero que algún día comentes algunos de mis otros o futuros proyectos.
: ¡Hola! Un gusto leerte. El libro que lee Tomoyo y esos fragmentos son sólo escritos que salen de mi mente distorsionada. Gracias por tus palabras, qué bueno que te gustara esta historia.
Laurita: Hola, síí último capítulo sí jajajaa. Llegaste justo al final, me hubiese gustado saber más de ti o de cómo te parecía que la historia se iba desarrollando, pero ya que no fue así, al menos sé que existes y que me lees jajajaja. Muchos saludos chilena, un gusto. Espero que te agrade este último capítulo.
GRACIAS INFINITAS POR SU TIEMPO Y APOYO
HASTA EL PRÓXIMO PROYECTO.
