El viejo Abedul

Cap 2

-¡Torpe!- le grito, doy patadas a todos lados, tirando rocas y arrancando pasto a mí alrededor. Una vez terminado mi ataque de ira, regreso a la casa y me siento en el sofá que mis padres me regalaron.

El viento aúlla fuera, me vuelvo a la ventana que está a mí derecha y lo veo. Ese condenado árbol era lo único que me faltaba para hacerme la vida completamente imposible. El viento susurra a través de sus ramas algo raro. Estoy harta, no lo tolero más, quiero saber que es esa cosa que perece un abedul antiguo. No me confío.

Tomo una linterna del cajón de la cocina y salgo a enfrentar a esa sinuosa planta. Salgo de la casa y camino por el patio, salgo por la valla puerta de la valla que rodea la casa, me encamino hacia el árbol. Mis pasos se hacen inseguros cada que me acerco más, y más, y más. Me detengo y lo pienso mejor; no tengo que ir siempre un paso por adelante de los demás ¿cierto? Regreso, si regreso a casa. Casa. Esa palabra sí que se escuchó a sarcasmo, eso no es mi casa, es una fría cueva de vampiros que me ha hecho prisionera con su indefenso aspecto. Escucho algo detrás del abedul. Risas. Que extraño, no creo que la madre de los niños de la otra casa los deje salir tan tarde. Mis pies se detienen y regresan al abedul, lo rodeo, y de pronto ya estoy detrás del viejo árbol. No hay nadie detrás, hago que la luz de la linterna lo ilumine y me encuentro con una colección de pedazos de ropa: jeans, sudaderas, etc. También hay huesos y… mis temores se confirman cuando la luz de la linterna se encuentra con un zapato de niño y varios juguetes a su alrededor. Me quedo aterrorizada, dejo caer la linterna, respiro y me tranquilizo un poco, sujeto la linterna de nuevo y corro de regreso a "casa". Entro, cierro la puerta y las cortinas de encaje, con las que había cambiado las rojas. Hay algo en ese árbol, y descubriré de qué se trata.

La noche fue terrible, no deje de moverme y retorcerme, cada ruido me ponía los pelos de punta y llegue a drogarme un poco con tal de dormir. A pesar de eso, la mañana estaba fresca y yo ya estaba completamente en mis plenas facultades mentales. Salgo de la cama y me dirijo a la cocina por algo que calme mis nervios: un té de manzanilla. Me siento un poco más tranquila; y me acomodo sobre una silla, abro mí computador y tecleo mi dirección en la barra buscadora, (yo encontré esta casa por internet) doy clic en la referencia correspondiente. Aparece una serie de fechas con información de los antiguos propietarios, y me enfoco solo en una: Okinawa Ryuta. Leo la descripción: se mudó a dos calles de la casa después de que su hija Aiko desapareciera en el bosque, entonces si hay algo en el bosque. Debo encontrar a ese sujeto y preguntar por lo que paso con esa niña.

Voy caminando, Inuyasha se llevó el auto, aspiro el olor del bosque. Doy vuelta por una vereda y distingo una casa entre los árboles y arbustos que rodean la casa. Me acerco, llevo una canasta con frutas y un envase con sopa (es un hombre viejo, solo y dolido, no creo que sepa cocinar). Llego a la puerta de la casa y toco el timbre, no hay respuesta, en vez de eso, Ryuta sale por la puerta con un rifle en una mano y un hacha en la otra,-¡oh, señorita Higurashi, que sorpresa! Pasa por favor- sonrío y lo rodeo para poder entrar a la casa; dentro estaba cálido y una olla con agua se calentaba sobre una estufa, el aire se impregno con el olor de caldo de pollo. Bueno, sabe cocinar.

- ¿Señor, cómo ha estado?- dejo la canasta y el envase sobre una mesa y me dirijo al sofá.

- Muy bien gracias-, Hay un silencio entre los dos y no puedo evitar romperlo.

- Señor, ¿Por qué vendió su casa?-, el rostro del hombre se ensombrece.

- Ya te diste cuneta-.

- ¿De qué?-, Ah ¡vamos!, yo sé de qué.

–De Aiko…-

No lo entiendo para nada, me dispongo a interrumpir sus pensamientos, pero el interrumpe los míos, -…de Ichiro, Rin, Kojo, Yuki, Mizu, Kiya, Toshio…- continua tarareando nombres y se pone en pie, comienza a sacar cosas de un cajón.

-¿Qué hace?- me pongo nerviosa, veo miles de fotos cayendo al suelo (todas son de niños), hay juguetes, dibujos de monstruos hechos con crayones y muchas notas: algunas en papel blanco, hojas de cuadernos, de libretas, servilletas e incluso en papel higiénico; de pronto Ryuta cae rendido en el suelo, corro a ayudarlo, sigue tarareando nombres, - La bestia está ahí, corre Kagome, corre.-

-¿De qué habla?-

-Del demonio, lo que mato a Aiko y a todos sus amigos, lo último que ella me dijo mientras la sujetaba desangrándose fue esto-.

Me muestra algo, es una hoja de papel arrugado que aprieta en el puño, me lo da, lo tomo y él se desmaya de la nada. Me quedo escandalizada y corro, corro hacia mi "casa"; cuando llego tengo la sangre latiéndome en los oídos y mi respiración luchando por seguir a flote. Abro el papel que tengo en las manos e intento leer los garabatos escritos en el: "corre lejos del viejo abedul y del hoyo negro, pero si es que tienes valor quédate a explorarlo…"lo volteo y veo el reverso: "¡Aléjate!"; tengo miedo, sí definitivamente tengo mucho miedo. Pero no lo suficiente como para quedarme de brazos cruzados y no enfrentar el problema de cara a cara.

Llevo mi linterna y una cuerda, me dispongo a entrar debajo de ese árbol, ya lo revise y entro perfectamente por él; amarro una cuerda de una de sus ramas. Me costó mucho trabajo cortar el alambre que lo rodeaba. Amarro el otro extremo por mi cintura y comienzo a descender, no tiene mucho que comenzó a llover, pero eso no hace la madera de las raíces resbalosas ni me impide bajar. Entro en una fosa de aire, esta oscura y enciendo mi linterna; nada, no veo nada, solo hojas caídas y secas, un asqueroso aroma de carne podrida y excremento infesta el aire de la cueva.

Noto que algo se mueve más adentro y me acerco más. Sí que es grande la cueva subterránea, voy entrando más y más. De pronto siento un golpe en mí cabeza, miro hacia arriba, es una tubería… muchas tuberías, estoy debajo de mi casa. La cueva es grande sin lugar a dudas. Escucho algo, es como un bostezo enorme, el sonido de huesos tronando se acerca a mí. Es como si caminara sobre huesos; miro hacia abajo:

Huesos, miles de huesos pequeños rompiéndose bajo mis pies y bajo los pies de aquella cosa, se acerca, sigo viendo hacia abajo y en un impulso de valor alzo la luz de la linterna para verlo. Era una criatura parada en dos patas, le colgaban girones de pelo de su asquerosa piel seca y transparente, tenía dos enormes colmillos en un hocico que terminaba en dos puntiagudas orejas, que estaban, pegadas al cráneo de furia. Suelto a correr, no se sí me persigue y no volteare a comprobarlo; entro entre las tuberías y lo hago perseguirme por ahí, me quedo atrapada entre la tubería del gas y del agua de la cocina, me retuerzo para poder zafarme, pero no lo logro y me quedo inmóvil. Aún tengo la linterna, la apago y me quedo en silencio. No puedo respirar ante la horrorosa idea de que todo el tiempo compartí mi "casa "con esa cosa demoniaca. Un estruendo me hace gritar y el monstruo golpea las tuberías con sus garras, el agua sale de algunas y de otras, gas. Me libero y comienzo a correr, no veo nada y me tropiezo y me rasguño con lo que se encuentre en mi camino, pero sigo corriendo. De pronto choco contra una pared de lodo, y suelto la linterna, tanteo el suelo para encontrarla, escucho la respiración de monstruo acercándose a mí, Mis manos se cierran alrededor de algo redondo y reconozco el tacto frio de la linterna de plástico. La enciendo durante un momento, pero la vuelvo a pagar a él ver a la cosa a tres pasos de mí, contengo la respiración y me preparo, escucho sus fuertes zarpas arañado el suelo preparadas para destrozarme.

– No a mí-, fue casi un susurro, pero la cosa lo escucha y se abalanza sobre mí; pero yo lo tengo planeado y enciendo la linterna tan cerca de sus ojos como pueda, queda cegado por la luz durante un momento, que es suficiente para que le lance una patada en la cabeza. Escucho su chillido estridente y me sujeto de las tuberías rotas que están sobre mí, sangrando agua y gas. Noto un pequeño oyó en el techo de la gruta y recuerdo: ¡mí letrina para obesos!; comienzo a escarbar en el lodo hasta lograr un oyó lo suficientemente grande como para poder entrar por él y salir por el retrete. Comienzo a apoyarme de las tuberías, trepo por ellas y saco una mano por el agujero de escape del retrete, no me importa la fetidez de mi humanidad, solo quiero salir, tengo la mitad del cuerpo fuera y mi respiración se tranquiliza a l ver la regadera y los jabones en frente de mí, saco fuera la mano con la que sujeto la linterna y la pongo sobre el suelo de azulejos azules. Mi respiración vuelve a ser normal, al igual que mis latidos. No dura mucho. Eso comienza a tirar de mis pies, -¡Ya déjame en paz!- es obvio que no lo entiende y me jala aún más fuertemente; sujeto algo delgado en busca de algo con que sujetarme, pero no me sirve de nada la navaja para rasurar de mi ex novio. La cosa me jala hacia la negrura de nuevo. Caigo de un centón y no puedo ver nada sin la linterna, pero sé que la cosa levanta una de sus feroces zarpas para asesinarme; yo levanto mi única defensa: la navaja. Di en el blanco, la cosa se hace un pequeño rasguño en su transparente y delicada piel, lanza otro chillido de dolor y comienza a lamerse la herida con una larga legua. Me arrastro lejos de esa cosa, al poco tiempo me pongo en pie y comienzo a correr, no me importa hacia donde en esa oscuridad solo lejos de eso. Choco de nuevo contra una pared, la cual tanteo buscando alguna cerradura, nada; el monstruo debe estar buscándome. De pronto me doy cuenta de que, de la pared, sale agua. Comienzo a golpearla y a arrancar los ladrillos que la forman, el agua salía cada vez en más cantidad conforme quitaba ladrillos; quito uno más y una enorme cascada me empuja de vuelta al monstruo, por un momento creo sentir su asquerosa piel rozando a la mía. Estoy nadando y me agarro de una tubería, una cosa me araña le pierna, lanzo un grito agudo de dolor y me encuentro con algo parecido a una bola con púas, le doy vuelta a la tubería y la cola de esa cosa me persigue, del otro lado de la tubería aparecen los colmillos gigantes; me agacho y la cola de púas entra directamente en el hocico de su dueño, la bestia lanza un chillido de dolor e intenta sacar su cola de su hocico, pero yo la empujo más hacia dentro, en su garganta, donde la sangre comienza a borbotear; no lo suelto y espero hasta el último espasmo de vida que quede en su asqueroso cuerpo. Deja de moverse y lo suelto, su cadáver cae en el agua; me recuesto sobre la tubería y me relajo, recuperándome de la batalla de la que quede invicta. Siento el agua limpiar la sangre de mis brazos y de mi pierna. El agua. Cierto, me quedaría ahogada junto con esa cosa si no salía pronto; comienzo a nadar y me sujeto de todas las tuberías que pueda. La lluvia hizo que el río se desbordara, y eso hacía que el agua subiera cada vez más rápido. Continuo nadando y encuentro el agujero del retrete, comienzo a tomar apoyo de las tuberías, solo que ahora es más difícil con la pierna herida. Salgo por el retrete por completo, cierro la tapa con furia y luego tiro de la cadena, para finalizar coloco la bañera de porcelana que me dispuse a instalar, en lugar de la vieja regadera, cuando llegue a aquí.

Un mes después…

Voy en mí auto, que me devolvió Inuyasha, al trabajo. Paso por la casa y veo a los nuevos que se mudaron ahí. Me detengo. Bajo la ventanilla y les grito:- ¡Oigan!-, ellos voltean un poco sorprendidos y un tanto indignados; son tres chicas y una niña.

-¿Qué ocurre?- la mayor pregunta, a lo que respondo:

- Tengan cuidado con el viejo abedul-.

Gracias :3, ojalá y les guste.