Disclaimer: Pokemon no me pertenece, pertenece a sus respectivos dueños (Nintendo). Solo soy dueño de la historia.
Karma
Cuando se es un entrenador pokémon, lo más básico de lo básico es capturar pokémones salvajes, y métodos sobran para esta tarea, aún que la más común y favorito de todos sigue siendo usar tus pokémones para debilitar a uno salvaje y luego proceder a lanzar una pokébola y esperar por lo mejor. Claro está, no todos entrenadores optan capturar pokémones, algunos simplemente luchan contra estos para entrenar a los suyos, pero otros… simplemente encuentran placer en hacerlos sufrir… Así que no es de extrañarse que un pokémon salvaje opte por lo mismo…
.
oOoOo
.
Era un adulto joven, rebelde, con rompas de pandillero, de unos veinte años de edad; conocido por todos en su ciudad a la cual regresaba, y aún se encontraba a diez días de camino de su casa; por ser un abusivo y cruel con quien se le atravesara, humanos y pokémones.
―¡Eres débil. Scyther, usa Cuchillada! ―comandó entre a su pokémon.
―Scy… ¡THER! ―el enorme pokémon dejó caer su filosa cuchilla con un movimiento rápido sobre el rostro del Ekans, llevándose su ojo derecho y dejando una marcada cicatriz. El Ekans quedo sobré el suelo, levantando una vez más su cabeza y menando su cascabel, aún que no era más que apariencia, no le quedaban fuerzas para seguir luchando.
―No tengo uso para un debilucho como tú, ¡Scyther, usa Tajo falso! ―ordenó una vez más el muchacho, su pokémon obedeció; acercándose con velocidad enceguecedora al desvalido Ekans, cortando una vez más… o eso aparentaba. El Ekans sufrió daño, pero no el suficiente como para que desmañara.
―Sigue así Scyther, ¡sigue, sigue, jaja! ―repetía frenético y su pokémon obedecía aquellas órdenes insensatas. El pobre Ekans era lanzado de un lado a otro por las filosas hojas del enorme Scyther sin recibir daño "real" como tal. El asalto duró por más de un minutó hasta que el chico se aburrió y regreso su pokémon a su pokébola ―¡Lo tienes merecido por ser débil! ―pronunció entre risas, dándole la espalda al lastimado pokémon, sin percatarse de la mirada llena de rabia que le entrega la serpiente morada.
.
oOoOo
.
Era de noche, se encontraba a ocho días de su pueblo natal y hogar, cuando sintió algo extraño.
―¿Quién anda ahí? ―preguntó al aire, levantándose de donde estaba sentado, estudiando sus alrededores. No vio nada, no consiguió respuesta.
―Huh… seguro y fue mi imaginación ―musitó para sí mismo, pero tan pronto se sentó un escalofrió invadió su cuerpo de nuevo, girándose de golpe, encontrándose una vez más con la nada de compañera, lo único que se escuchaba era el cantar de los pokémones nocturnos. Cada vez que daba la espalda sentía una penetrante mirada clavada sobré él, podía sentir aquel instinto asesino penetrando cada fibra de sus ser. No fue hasta que liberó a uno de sus pokémones que esa sensación finalmente desapareció.
Sin embargo, esta sensación no solo era en la noche… También a plena luz del día. Sin importar por donde fuera o estuviera, podía sentir esa escalofriante sensación. Ni siquiera dormir dentro de un centro pokémon le concedía paz o seguridad alguna…
.
oOoOo
.
Era de día, se encontraba a unas pocas horas de llegar a su pueblo natal y hogar, y aquella sensación no lo dejaba en paz, caminaba cabizbajo y fastidiado mirando los árboles a su lado.
―¡Ya basta! ―gritó furioso deteniéndose violentamente y encarando los árboles― ¡No sé quién seas, pero esto se acaba aquí. Sal, Magmar! ―el joven lanzó su pokébola al aire, de la cual salió el robusto y flamante pokémon.
―Magmar…
―¡Magmar, quiero que conviertas todo cuanto alcances a ver en cenizas, quema el bosque por completo si es necesario!
Ante la orden de su entrenador el pokémon pisó fuerte, aspiró profundamente, para finalmente lanzar una potente ráfaga de fuego contra los árboles, quemando todo cuanto alcanzaba.
―¡Si, sigue así Magmar, quémalo todo! ―el pokémon caminaba dentro del bosque, dentro de las llamas; incinerando todo cuanto su flameado cuerpo tocaba y cuanto sus fuego alcanzaban. Pokémones pequeños corrían en todas direcciones asustados del enorme pokémon de fuego y de la risa histérica del joven.
Veinte minutos fueron los que pasaron y de verde no quedaba nada: madera carbonizada, hojas a punto de ser ceniza, cuerpos de pequeños pokémons chamuscados y un confundido magmar en medio de toda la devastación. Pero más importante, aquella sensación finalmente había desaparecido. Rió victorioso, triunfante; nada ni nadie jamás lo intimidaría porque él, era fuerte.
.
oOoOo
.
La luna brillaba sobre aquel pueblo, hacía un par de días que había regresado a su hogar y aquella horrible sensación finalmente había cesado.
Era pasado de las diez y aquella persona regresaba a la casa de su novia.
―¡Adivina quien llegó! ―se anunció abriendo la puerta de golpe con sus brazos extendidos y tono jovial, sin embargo no obtuvo respuesta. Las luces de la casa estaban encendidas pero eran tenues, un dulce aroma se respiraba en la sala y una melodía provocativa sonaba en el piso superior. Se relamió los labios pues sabía que le esperaba.
Cerró la puerta detrás de él, colocó sus pokébolas en la mesa de noche frente al lado de entrada para comenzar su andar escalera arriba; desabrochó su cinturón y se removió la chaqueta mientras seguía aspirando el dulce aroma que había en el aire.
―Cariño… aquí voy… ―llamó seductor, removiéndose la camisa y dejándola caer en la escalera. Llegó al piso de arriba y se dio cuenta de que había algo extraño, el dulce aroma se mezclaba con uno un tanto fuerte, rancio, y sobretodo… familiar.
―¿Cariño…? ―llamó confundido. La puerta la habitación de su novia estaba abierta como era de esperarse, pero algo… andaba indudablemente mal.
Entre más se acercaba, más pronunciado se volvía ese olor rancio, por más que llamaba, no conseguía respuesta. Empujó la puerta, asomándose dentro de la habitación… Solo para dar un salto de la impresión y ahogar un grito de terror. Si novia yacía en el suelo de la habitación, con las rodillas disueltas y la mitad de su cuello desaparecido, exponiendo el hueso de la columna; sus estomago abierto por completo exponiendo sus vísceras y sus ropas desgarradas.
Tuvo que contener las fuertes ganas de vomitar ante la horrible imagen, y hubiera salido corriendo de no ser por el terrible escalofrió que invadió su cuerpo… Aquella sensación había regresado, más intensa que nunca. Giró rápidamente solo para sentir un potente golpe en su estómago y ser derribado. Antes de que pudiera hacer nada, algo alargado, de gran tamaño y pesado, envolvió su cuerpo, privándolo de moviente y sacándole un grito de dolor.
Los ojos de aquel hombre se abrieron como platos al ver a un impotente Arbok, más aún, llevaba una cicatriz en su ojo derecho. No fue difícil hacer la conexión, era el mismo Ekans con el cual había jugado hacía días… Solo que ahora era un Arbok, había evolucionado
―¡¿Tú…!? ¡ARGH! ―el Arbok apretó con fuerza, la suficiente para causarle dolor, pero no para herirlo de verdad.
La enorme cobra siseó… y con esto otros pokémones salieron a la luz: Rattatas, weddles, spinarks, oddishs, entre otros; todos molestos y mostrando algo en similar… señales de quemaduras en su cuerpo.
―Ustedes son… ―entonces lo entendió, esos pokémons eran los supervivientes del incendió que él había causado. Un crujido, seguido por un grito desgarrador. El Arbok acaba de estrujarle una pierna hasta romperle el hueso.
Sus ojos, llenos de pavor se posaron en la enorme cobra, sus facciones era filosas, serias, no podía ver satisfacción, pero si brotaba el odio y el rencor. Sus labios tiritaron, su cuerpo entero se estremeció y todo esperanza desapareció de su ser en ese instante, adivinar su destino no era difícil, iba a morir.
Pero no sería algo rápido, no; podía verlo en los ojos del Arbok, podía ver la imagen de manera tan clara en su cabeza que sentía que solo repetiría su muerte. El Arbok rompería cuantos huesos se le fuera posible, lo haría gritar hasta que su garganta se desgarrara y brotara sangre de su boca, lo estrujaría hasta que no que no fuera más que una masa deforme, asegurándose no matarlo, y solo entonces, después todo ese castigo… usaría sus fauces para desgarrarle la carne y arrancarle su vida, una vida que nadie extrañaría…
―Débil… ―ese susurró sellaba su condena, pues aquella voz provenía justo frente a él. Entendía lo que el Arbok pronunciaba.― ¿Quién es el débil ahora? ―los papeles habían cambiado, todo cuanto había hecho se le había regresado y revertido... Karma sin lugar a dudas.
Bueno, aquí mi segundo intento de historia de terror con Pokémon. Siempre me han dicho que esto es lo mió, dejare que ustedes juzguen eso xD.
Espero lo hayan disfrutado, en este capítulo, trate de subir un poco más el tono, para el siguiente voy a tratar de llevarlo aún más arriba, mucho más arriba. Nuevamente, he usado un poco del Pokedex para inspirarme para esta historia, el cual es del Arbok del juego de SoulSilver, el cual dice:
"Con una naturaleza vengativa, nunca dejara de perseguir, sin importar cuán lejos, una vez seleccionada su presa"
Espero les haya gustado, como siempre, estaré a la espera de sus reviews, hasta la próxima :)
