Capitulo 5: Intercambio de costumbres.
Lilith relató a Dante entre sollozos, lo ocurrido desde que el misterioso hombre entró en la discoteca hasta que dejó sola a Felicia. El cazador se ablandó ante tal demostración de emociones por parte de la pequeña diablesa, y accedió a ir al callejón para ayudarla.
Armado con sus fieles pistolas y su espada abandonó el Devil May Cry con la condición de que Lilith permaneciera ahí.
Tras una breve caminata, llego al callejón encontrándolo completamente vacío. Había manchas de sangre en el suelo, pero lo que más le llamo la atención fue las marcas producidas por un arma en la pared. Ese corte solo podía ser producido por un extraño material que no se había forjado en el mundo humano. El descubrimiento le preocupó, algún demonio de alto nivel planeaba algo. ¿Pero el qué?
Dante llegó al portal del Devil May Cry y abrió la puerta. Nunca estaba bien cerraba. ¿Para qué, si cada dos por tres alguien la volaba en pedazos o estrellaba una moto contra ella? Al menos así alguna de sus "visitas" podía tener el detalle de entrar tranquilamente, y no obligarle a seguir pagándole la carrera al hijo del carpintero.
Perdido en sus pensamientos, entró confiadamente, pero la escena que se encontró jamás se la habría esperado.
- ¿Pero qué demonios…? –Exclamó Dante.¿Se había equivocado de portal? El local estaba completamente ordenado y limpio. Lilith se giró hacia él y se acerco con una escoba que ni Dante recordaba que existía.
- ¡Ah! ¡¿Encontraste a Felicia?!
- No, no la encontré, pero ¿Me puedes explicar a qué viene esto?
- Estoy muy preocupada y no podía quedarme aquí quieta sin hacer nada. Esto me relaja, ¿Quieres que lo deje?
- No, no. Sigue, sigue… Lo consideraré como un anticipo por mis servicios.
- ¿Felicia estará bien?
- No lo sé… Quien quiera que os atacara parece habérsela llevado y no ha dejado ninguna pista.
- ¿Podrías dejar me mirarme tan fijamente? Me incomodas.
- ¿Desde cuando los súcubos tienen vergüenza?
- Pues la tenemos… Bueno… Yo la tengo y eso me basta. - las palabras de Lilith cada vez eran menos apreciables para el oído el Dante, ya que esta, muerta de vergüenza y sin motivo aparente se alejaba de él y seguía barriendo el local cabizbaja -
- Está bien. Si quieres te echo una mano. – Dijo, mientras se repantigaba en el sofá. -Después de todo, yo soy el anfitrión.
- No, gracias, puedo yo sola... - La pequeña diablesa giró su atención al atento Dante que amablemente se ofrecía a ayudarle, pero la escena mental que tenia, no se parecía ni de lejos a la que se encontró al girarse y ver a Dante tirado en el sofá, vaciando un bote de cerveza que había en la mesa - ¿Pero es que te vas a quedar ahí tirado? ¡Felicia está en peligro! ¿No vas a hacer nada?
- No hay pistas, ni móvil evidente, ni parece que quieran que nos unamos a su fiesta. Lo único seguro es que iban a por ti, así que tarde o temprano volverán.
- Pero… ¿Felicia?
- La mantendrán viva de momento; para intentar usarla de rehén.
- …
- Me ayudaría un poco saber a qué nos enfrentamos. ¿Tu hermana o tú tenéis a alguien lo suficientemente cabreado con vosotras?
- Ja… ¿De verdad quieres una lista?
- ¿Algún cliente insatisfecho? - La pregunta de Dante enfureció a Lilith y partio el palo de la escoba en dos - Eh, no pares, lo estás haciendo muy bien. - dijo Dante con una sonrisa burlona -
- ¿Crees que irán a por mi hermana?
- Es posible.
- ¡Entonces tenemos que ir a avisarla!
- El teléfono está ahí.
- Hm… Hm… Esto… ¡No me acuerdo del número!
- Pensé que estabas de coña. ¿De verdad pensabas llamarla por teléfono?
- Morrigan tiene móvil; pero ella me apuntó el número y no me lo aprendí.
- Si me subo al tejado y me bajo los pantalones seguro que aparece…
Lilith le miró con una cara de entre asco y desprecio que Dante encontró muy graciosa.
- Venga, era una broma. Eres el súcubo más raro que he visto en mi vida.
- Pues no me gustan esas bromas.
- Está bien, señorita remilgos, ¿donde vive tu hermana? Tal vez esté esperando en casa para darte unos azotes por llegar tarde.
- Hmf… No vive lejos. ¿Dónde guardo la escoba?
- Donde la encontraste. Pero en ese estado, mejor es titarla a la basura… para el uso que se le da…
- Aja…¿Metida en el agujero de la pared?
- Sí, así no podrá entrar esa condenada rata.
- No sé como puedes vivir en esta pocilga…
- El alquiler es barato. Venga, vamos a buscar a tu hermanita… Oye, ¿y la caja de pizza que había sobre la batería? Aun no me la había terminado.
- La tiré. Ya tenía hasta hongos.
- Saben a champiñones, ¿no lo sabías?
- Agh… Es la última vez que te limpio la casa…
Caminaron hacia casa de Morrigan con la esperanza de encontrarla allí. Lilith entró en la casa gritando su nombre. Estaría sola hasta que alguien la echara de menos. Dante se acomodó en el sofá y encendió el televisor.
- ¿No tendrás una cerveza?
- ¿Pero que haces ahí tumbado? ¡Tienes que ayudarme a encontrar a Morrigan!
- ¿Yo? ¿Y a cambio de qué?
- Te he limpiado la cuadra, solo te pido que...
- No voy a recorrerme la ciudad en su busca. Pero para que veas que soy todo un caballero, te dejaré que pases la noche conmigo hasta que aparezca. Puedes estar tranquila que conmigo a tu lado no intentarán atacarte.
Lilith no estaba muy conforme con el acuerdo del cazador, pero no le quedaba otra alternativa, por lo menos hasta que su hermana apareciera.
