Mil años después... continuo el fic XD Este capitulo contiene la primera escena lemon! Ya me direis que os ha aparecido, en el próximo capitulo se desvelarán nuevos personajes... A disfrutar!

Capitulo 7: Un momento de paz.

Despertó aturdida, estaba tumbada en una cama, con la habitación a oscuras, levemente iluminada por la luz de la farola que había junto a la ventana. La estancia le era familiar. Si que era familiar… Estaba en la habitación de Dante, se incorporó lentamente, se destapó y vio que iba vestida con una camiseta de manga corta negra. La levanto y observó que su herida estaba tapada con una venda. Aún le dolía, pero se regeneraba rápidamente.

Todo estaba en silencio, ¿cuánto tiempo había estado inconsciente? Puso sus pies sobre el frío suelo de madera e intentó levantarse rápidamente, cosa que le provoco un tremendo calambrazo en la herida, lanzando un hormigueo bastante desagradable por todo su cuerpo. Andaba lentamente hacia la puerta, si se movía con cuidado, la herida no le molestaba para nada. Giró el pomo y abrió la puerta, asomó medio cuerpo al pasillo y se limitó a escuchar en el silencio. Todo estaba tranquilo, pero ella seguía inquieta, quería saber cuanto tiempo había pasado desde la pelea con Dante, donde estaba su hermana, como se encontraba Felicia y que narices hacia allí.

-¿Lilith…? -Salió al pasillo y espero una respuesta-

Unos pasos que procedían del piso inferior se acercaban a su posición por la escalera. El corazón de Morrigan comenzó latir con fuerza, cada paso que escuchaba le provocaba más ansiedad. Se apoyó en la pared cuando vio aparecer a Dante, una sensación de incomodidad, ira y alivio se apodero de ella.

-¿Qué tal te encuentras? ¿Cómo va el corte?

Dante se acerco a Morrigan con paso firme, como si no hubiera sucedido nada importante. Puso sus manos sobre sus hombros, le dio media vuelta y la metió de nuevo en la habitación cerrando la puerta entrando con ella. La acompaño hacia la cama, le acomodo la almohada y la recostó como un buen enfermero.

La diablesa no le quitaba el ojo de encima, le miraba con recelo e impotencia, ya que sabía, que estaba en desventaja si le intentaba atacar. Ya tumbada, cruzo una pierna por encima de la otra y se apoyó en la almohada, con los brazos cruzados mientras Dante le arropaba.

-No me pongas cara de pollo lastimero. Te estabas pasando bastante y no me dejaste otra alternativa.

La mirada del súcubo era imparcial, parecía que la cosa no fuera con ella. Simplemente se limitaba a parpadear y respirar.

-Tu hermana esta bien, esta durmiendo en la otra habitación, no te preocupes, esta perfectamente.

-…

-¿No piensas decir nada?

-¿Cuánto tiempo ha pasado..?- su voz era suave y calmada.-

- Poco… poco mas de un día. Lo que te hice tampoco es para tanto… ¡Te regeneras muy rápido!

-Hmp…!!-un resoplido bastante estúpido fue la única respuesta del súcubo-

-De acuerdo… Cariño… me voy a dormir al sofá, tu ponte buena y mañana será otro día…

Dante se levantó de la silla y salio de la habitación, cerró la puerta despacio para no hacer ruido y despertar a Lilith, se pasó toda la tarde llorando y pegándole hasta que se durmió por agotamiento.

Bajó las escaleras, cogió un bote de cerveza y se tiró en el sofá, merecía descansar, estas dos súcubos neuróticas le habían dejado agotado…

Estaba a punto de quedarse dormido cuando escucho el crujir del suelo, abrió los ojos y vio a Morrigan de pie junto a él. Se incorporó y la siguió con la mirada. Mientras andaba, curioseaba con la mirada. Se detuvo delante de la mesa de billar, giró sobre si misma y se sentó en ella con las piernas colgando.

Dante intuyo que iba a ser una laaarga noche…

-¿Por qué atacaste a Felicia?

-Tu hermana vino a pedirme ayuda cuando estaba siendo atacada…

-¿¡Por quien me tomas!? ¿¡Te crees que no te vi o que!?. ¿Me estas diciendo que tienes un clon?

-¿Cómo? ¿¡Un clon!?... Espera un momento…¿Viste quien atacó a Felicia? –Dante se incorporo de un salto en el sofá.-

-Me estas cansando…

-Te enfrentaste a otra persona que no era yo… Vergil… Era mi hermano quien os atacó…

-¿Hermano?

-Si, un gemelo, no me enorgullezco de ello, ya que es todo lo contrario que yo… Si va detrás de vosotras… Es porque tenéis algo que quiere. Más te vale recuperarte pronto. Volverá… Y no creo que tarde mucho…

-Pero... ¿No estaba muerto?

- ...

- Buenooo... Necesito salir…

- No es muy recomendable en tu estado…

-He perdido mucha fuerza y energía, tengo que recuperarla. Si nos atacara ahora no podría defender a Lilith, ni volver a Makai.

-Ir de desvalida por la vida no pega contigo … La verdad es que estas hecha un asco…

Morrigan soltó una pequeña carcajada falsa. Bajo de la mesa y se encamino al sofá quedándose de pie a escasos centímetros de él. La sujetó por la cintura y la sentó en su regazo, las largas piernas de la diablesa abrazaron a su presa. El cazador las acarició, subiendo lentamente por debajo de la camiseta hasta recorrer su espalda y sujetarla por la nuca arrancándole un lujurioso quejido.

-Sinceramente, no sé para que quieres salir teniéndome a mí…

-La verdad cariño… Es lo mínimo que podías hacer por mí. Tú eres el culpable de mi estado.

-Si con esto, hacemos las paces…

Estuvieron en esa posición durante unos segundos, mirándose fijamente a los ojos. Rozando nariz con nariz, notaban como sus respiraciones se entrecortaban. La diablesa se mordió el labio inferior atrayendo así la mirada de Dante hacia su boca, momento que aprovechó para devorar esos sonrosados y voluminosos labios que imploraban ser besados. El semidemonio apretó su cuerpo contra el de ella, dejándose caer hacia atrás para recostarse en el sofá.

Morrigan bajaba por el cuello de Dante con su lengua hasta llegar a uno de sus pezones que presionó con sus dientes obligándole a pronunciar un leve gemido placentero. Agarró sus nalgas para pegarla contra su cuerpo, sus manos se desplazaban a ambos lados del perfecto cuerpo de la mujer diablo, subió su camiseta hasta dejar al descubierto sus firmes pechos, que envolvió con sus manos y posteriormente devoró con lujuria. Morrigan arqueó su espalda hacia atrás mientras abrazaba la cabeza de Dante que aún succionaba y mordisqueaba sus pezones juguetonamente.

Subió lentamente por el cuello de Morrigan con la comisura de sus labios entreteniéndose en su oreja mordisqueándola y susurrándole. Un gemido escapó del súcubo que rozaba su cuerpo contra el de su presa, notando como su dureza hacia acto de presencia entre sus piernas. Dante se incorporó y subió las escaleras con Morrigan a cuestas hasta llegar a la habitación y cerró la puerta. Cruzó el pequeño cuarto, llegó a la cama y se sentó en el borde. Entre besos apasionados y jadeos, Morrigan quedó tumbada con Dante arrodillado entre sus piernas, lamiendo su abdomen mientras se desabrochaba el pantalón. Levantando una de sus manos, hizo un gesto para que se acercarse. Él, aceptando la invitación, estiró su cuerpo contra el de ella. Aprovechando la posición, utilizo sus piernas para bajarle el pantalón y dejar al descubierto todos los encantos del semidemonio. Poseídos por sus instintos mas primarios, se colmaban el uno al otro de pasionales besos y ardientes caricias. Dante atrapó entre sus dientes la delicada piel del cuello del súcubo, dejándola enrojecida mientras acercaba su miembro peligrosamente a la zona más sensible de su excitada compañera, frotándolo suavemente contra ella. La fricción era cada vez más intensa y prolongada, ambos habían llegado al limite de su excitación. Un tenue quejido implorativo se manifestó en la diablesa. Esa dulce tortura estaba acabando con su cordura, pero por un vez, quería dejarse llevar y ser colmada de placer.

Penetró suavemente al súcubo arrebatándole un gemido de placer. El ritmo era lento pero firme, Morrigan abrazó con sus piernas al cazador para que la entrada fuera mas intensa y profunda. Este, intercalaba golpes violentos y secos, con otros lentos y prolongados. Una de sus manos siseo por detrás de la cabeza de la diablesa, con la otra masajeaba uno de sus voluptuosos pechos. Ella, en un arrebato de pasión, capturó sus labios atrapándolos en un desesperado beso. Dante la hacia estremecerse con el tacto de sus manos recorriendo su sedosa piel. Su ritmo iba acelerándose cada vez mas, progresivamente, los golpes cada vez eran más fuertes. Morrigan se aferró al cuello de Dante obligándole a escuchar sus gemidos y jadeos. El griterío provocó en el semidemonio un desborde de pasión incontrolada. Hundió su cabeza en el cuello de Morrigan capturando su hombro entre sus dientes. La presión provoco una descarga de punzante placer junto con el orgasmo, su cuerpo tenso, se estremecía con el contacto de la sudorosa piel del ardiente cazador. Poco a poco fue disminuyendo el ritmo para que su compañera recuperase el aliento. Acariciaba el rostro del súcubo que aún yacía acalorada entre sus brazos, no pudo evitar besarla tiernamente. Morrigan correspondió el sensible beso y abrazó al cazador que permanecía dentro de ella. Aún estaba caliente y ardiente de deseo. Ahora le tocaba a ella complacerle.

Aparto a Dante a un lado y se incorporó sobre él. Devoraba sus labios, arañaba suavemente su pecho. Sus manos recorrían los musculosos brazos de el semidemonio al que atrapó por las muñecas. Sutilmente introdujo de nuevo su miembro en ella, enviando una corriente de gozo a través de su espalda. El cazador percibía como su erecta piel era cubierta lentamente por ese calor húmedo, tan lentamente que le hacia estremecer. La diablesa sonreía triunfante al oír los gemidos y ver esa mirada viciosa. Dante intentó soltarse, pero Morrigan le sujetaba con fuerza. La situación era morbosa, pero su instinto dominante no le dejaba disfrutar como un simple espectador, se liberó de su captora sin demasiado esfuerzo y agarrándola por las nalgas se puso en pie, caminó hasta la pared más cercana y la embistió con fuerza contra ella aumentando el ritmo a su antojo. Sus cuerpos sudorosos se movían a un compás desenfrenado. Por un instante abrió los ojos, contempló sus rostro, sonrojado, con los ojos cerrados, la cabeza levemente levantada y sus labios entreabiertos jadeando absorta en la más pura lujuria. El cúmulo de sonidos y percepciones lo condujo a la perdida de la cordura ante el deseo y la pasión. Enterró su cabeza entre los pechos de la diablesa y golpeó con más fuerza. Sudorosos y agitados culminaron al unísono.

Con ella aún en brazos, camino hasta tumbarse en la cama. La herida de Morrigan se había curado por completo debido al drenaje de energía. Pero él no tenía fuerzas ni para articular palabra. La diablesa lo recostó en su regazo, el cazador estaba agotado, un humano jamás hubiera sobrevivido a esta situación. También es cierto que había perdido muchísima energía, normalmente no necesitaba acumular tanta. Era increíble que siendo medio humano poseyese tanta fuerza. Sumergida en sus pensamientos y jugueteando con el pelo del cazador, lentamente quedó dormida con Dante entre sus brazos.