Capítulo 8 : Entre dos mundos

Lentamente sus ojos comenzaron a abrirse, se sentía como si hubiese dormido un millón de años . Estiró sus brazos y comprobó que estaba solo en la cama, las frías sábanas hicieron que añorase el cálido cuerpo de la súcubo, podía percibir su olor aun en ellas. Giró sobre su espalda y miró hacia la ventana.
el cielo tenía un color púrpura, estaba anocheciendo, ¿cuánto tiempo llevaba dormido? ¿Donde estaban Morrigan y Lilith?


- Este ataque es imperdonable. No pueden atacar a un miembro de la realeza y salir impunes.
- Debemos averiguar qué intereses son los que mueven al hijo de Sparda en la pequeña.
- No sabemos con certeza si van detrás de ella. Puede que intenten acceder hasta su alteza a través de ella.
- Deberíamos traer al otro hijo de Sparda aquí para interrogarlo.
- ¿Qué ganaríamos con ello? Su Majestad ya dijo que no sabía nada, es más, pensaba que estaba muerto.

Morrigan escuchaba la conversación de la cámara, estaba claro que especulando ahí encerrados no conseguirían más información. Se puso en pie y bajó del trono acercándose al centro de la cámara.

- Creo que estaremos de acuerdo en que aquí encerrados no vamos a encontrar soluciones. Lo más acertado es regresar al mundo mortal e investigar acerca de actividades sospechosas.
Regresaré con Dante, puede ayudarnos. Sabe moverse por esos círculos.
- Majestad, no creemos que sea necesario que quede expuesta a otro ataque.
- Se cuidarme sola, no pienso quedarme aquí sentada esperando a que suceda algo. Vigilad a Lilith, no la dejéis sola ni un segundo, que la custodien los mejores guerreros, los más ágiles, fuertes y despiadados. Tengo la sensación de que no trabaja solo…
- ¿Cree que tiene acceso a nuestro reino, Majestad?
- No sé si puede acceder a el o no, pero apostaría a que puede contactar con alguien de aquí.
- Tenga cuidado Majestad, no dude en acudir a nosotros si tiene algún problema.

Morrigan hizo una leve reverencia hacia los Lores y abandonó la cámara. Subió hasta la habitación en la cual se encontraban Felicia y Lilith. Pudo comprobar satisfecha como en el interior se encontraban Angi y Ruda, dos poderosos guerreros que se encargarían de protegerlas en su ausencia.
- Vaya, todo un detalle por tu parte traernos a dos stripers, pero creo que no son de nuestro tipo…
- Veo que te encuentras mejor, gatita. Dentro de nada te veré saltar por los tejados y comer sardinas - Bromeó Morrigan mientras retiraba un poco del ungüento de las heridas de Felicia para comprobar su estado.
-¡MiAuuuh! ¡Pero no toques!, que duele…
El maullido de Felicia despertó a Lilith, la cual se lanzó en brazos de su hermana y la abrazó fuerte.
- ¿Y a ti qué te pasa? - Le espetó a Lilith -
- No quiero que vuelvas. No quiero que te pase lo que a Felicia. Vergil a por tí… lo sé…
- Bueno, bueno… Soy irresistible, ¿que le vamos a hacer? Pero tengo una reputación que mantener, recuerda que aqui yo soy la que manda, y nadie puede organizar una fiesta sin invitarme a ella. ¿Lo entiendes?

Lilith pestañeó y miró a su hermana con una expresión confusa. No entendió nada de lo que le decía. La abrazó fuerte y le dió un beso en la mejilla.

- Prométeme que tendrás cuidado y que volverás pronto…
- Que siiii, tendré cuidado, iré a buscar a Dante, no voy a ir sola.
Beso la frente de su hermana y se puso en pie, envió un beso a Felicia y cerró lentamente la puerta de la habitación.
Quedó apoyada sobre ella por unos segundos, su intuición le decía que algo no andaba bien, pero no sabía qué, ni dónde.


Se había percatado de que le seguían, giró levemente su cabeza y divisó a lo lejos una figura alta con un abrigo largo que caminaba en su misma dirección. Esa inconfundible silueta hizo que un sudor frío se apoderase de él, debía mantener la calma y mezclarse con la gente para despistarle.

Abandonó el callejón y se metió en una transitada calle llena de puestos de comida rápida y turistas, era el lugar perfecto para darle esquinazo. Apresuró su paso, apartaba a gente intentando no llamar la atención, se giró hacia atrás para ver si aun le seguían pero algo le hizo tropezar. Situó su vista al frente y una hermosa mujer le beso en los labios.

Su cuerpo no respondía, se quedo inmóvil. No podía articular palabra, su garganta no atinaba a mover sus cuerdas vocales. Sus ojos se abrieron como platos al ver a la mismísima heredera de Makai ante el cogiéndole de la mano y alejándole de la multitud.

- Cariño, no esperaba que llegases tan pronto. Ven amor, acompañame…

El cuerpo del demonio solo respondía ante la voz de Morrigan, la cual, le condujo al callejón del que salió. El demonio se alivió un poco al encontrar el callejón vació, pero sabía que igualmente ella intentaría sacarle información.

- Bueno… He de confesar que voy a disfrutar con esto, no es que me enorgullezca de mis métodos… pero suelen ser bastante eficaces… - Las uñas de Morrigan crecieron considerablemente y rasgaron uno de los camales del pantalón del demonio - Así, que si no quieres sufrir en exceso… ¡Habla ahora!
- Vergil está buscando la llave de Makai, sabe que la ocultas tú, quieren quitarte el control sobre el mundo de los demonios. Quiere que el portal permanezca abierto… matame rápido por favor, si no lo haces tú lo hará él y será peor…
- Vaya… que decepción… Creí que serías más hombre y aguantarías más… no me ha dado tiempo a comenzar a jugar contigo…

Un disparo en la cabeza acabó con la vida del demonio dejando su cuerpo desplomarse al suelo. Morrigan miró en dirección al origen de la bala y vio a Dante acercándose a ella con la pistola apoyada en su hombro.

- Mmmm… Mi salvador… Te he echado tanto de menos… - Camino a su encuentro y recorrió su torso por debajo de su camiseta negra, arrancándole un lujurioso beso.- Espero que te hayas recuperado… Vengo con hambre…
- Siempre es agradable cenar contigo… Tienes barra libre… - Susurró - Pero antes, tengo un lugar fascinante que enseñarte.
Rodeó a Morrigan por la cintura y comenzaron a caminar por el callejón en silencio hasta llegar a su moto. Montaron y salieron de la ciudad. Entraron por la autopista y un par de kilómetros más arriba, cogieron un desvío que subía por una montaña a un pequeño planetario en ruinas.

Morrigan se quedó extrañada mirando aquel lugar y siguió a Dante hacia la puerta del planetario. La cadena estaba puesta pero el candado estaba roto en el suelo. Dante entró primero y tomo la mano de Morrigan para que siguiera sus pasos.
- La verdad, eres una caja de sorpresas… No creía que fueras tan romántico…
- Y yo no pensaba que fueras tan ingenua… ¿No te ha pasado por la cabeza que te trajera aquí para matarte?
- Para nada, eres de "gatillo fácil"

Dante se detuvo, se giró a mirar a Morrigan y le dedicó una sonrisa burlona.
Llegaron al centro del planetario y Morrigan observó en el suelo unos círculos y runas mágicas hechos con sangre. Estaba seca, lo cual indicaba que hacía al menos un par de días que no se usaba.
- Estas runas… - Morrigan se arrodilló y cogió un cuenco del suelo, recogió una muestra del contenido con sus dedos y se la acercó a su nariz.- No puede ser… ¿¡Polvo de arcangel!? - Morrigan se puso en pie y dejó caer el cuenco al suelo.
- Veo que no te ha gustado el sitio…
- Tengo que regresar a Makai… Ven conmigo…
Morrigan sujeto a Dante por el brazo mientras con la otra mano se tocaba el pecho. Una brillante luz dorada inundó el planetario y cuando cesó ambos desaparecieron de la estancia.
Aparecieron en la habitación de Morrigan, abrió la puerta y pidió a un guardia que convocase una junta de máxima urgencia. Dante la perseguía por los enormes pasillos del palacio, mientras observaba con su mirada los cuadros que colgaban de las enormes paredes.

Cuando llegaron a la cámara ya estaban todos reunidos. Casi sin aliento, Morrigan pronunció un nombre;

- Je..dah…
- ¡No es posible!
- Los sellos…
La cámara se inundó de susurros y murmullos. Dante no sabía que estaba ocurriendo, pero no era nada bueno.
- Dante acaba de enseñarme uno de los sellos. Lo han abierto. Quedan cuatro más… o menos...
- No podemos permitir que eso suceda, en el mundo mortal queda uno más. Ocuparos vosotros. Nosotros nos ocuparemos de los dos que hay en Makai.

Morrigan salió de la sala y corrió hacia la habitación de Felicia. Abrió la puerta agitada y le contó lo que había descubierto, la cara de Felicia quedó desencajada.
- Por los bigotes de Anubis… No podemos dejar que resucite… Donovan… Debes de ir a buscarle. Puede ser muy útil.
- Oh, si, genial. En otro caza demonios estaba pensando yo ahora… - respondió Morrigan con un tono irónico -
- Bueno puede ir a buscarle Dante, ya que vosotros dos no es que seáis especialmente amigos… pero la causa… es la causa…
- ¿Quien es Donovan, algún cliente insatisfecho?
- Es un monje loco, pero Felicia tiene razón, es el más preparado para este trabajo.
- Si me pusierais al día sobre el tal Jedah resultaría más útil, señoritas.
- Dante cielo, no tenemos tiempo… Jedah es como Mundus, pero mucho más cabrón, sádico y loco. Vamos, te llevaré cerca de donde se encuentra Donovan, hablas con él y una vez lo hayas convencido apareceré yo.
- ¿Y que te hace pensar que me hará caso a mi? ¿Te piensas que por pertenecer al mismo gremio o algo así todo es felicidad?
- En cuanto le digas que se trata de Jedah ya lo tienes en el bote, pero si yo entro en escena intentará acabar conmigo y no habrá posibilidad alguna de diálogo.
- ¿Qué le hiciste al pobre hombre para que te odie tanto?
- ¡Ja! Pobre… Yo no le hice nada, pero no le gusta mi estilo de vida
- No está bien acabar con los humanos… pero hay veces que te pasas… - comentó en voz baja Felicia -
-¿Como? A ver, sigue, que esto me interesa… - Dante se cruzó de brazos mirando fríamente a Morrigan que miraba furibunda a Felicia-
- No tiene remedio, un humano que se aparea con un súcubo consume su energía vital, si este humano está en buenas condiciones físicas puede sobrevivir a un ataque de un súcubo. Pero Doña Lujuria, hay veces que se encariña y sobrepasa la dosis recomendada…

La habitación quedó en silencio. Morrigan miraba a Dante que permanecía inmóvil junto a la puerta que la observaba con una mirada fría como el hielo. Felicia se giró mirando a la pared del fondo y se arropó con la manta hasta la cabeza, acababa de darse cuenta de que se había ido de la lengua.

- Será mejor que nos demos prisa. el tiempo juega en nuestra contra.
Morrigan se acercó a Dante sin dirigirle la mirada, notó como su brazo se tensaba al contacto con su mano. Cerró los ojos y desaparecieron de la habitación.