Capítulo 9: Preludio
Estaba nevando, todo permanecía en el más absoluto silencio. El templo donde se encontraba Donovan, estaba en lo alto de una montaña en Nepal, desde ahí arriba, podía observarse únicamente las luces de la pequeña aldea que se encontraba justo debajo de ellos, el resto, oscuridad. Si no llega a ser por el teletransporte, hubieran tardado meses en llegar a este recóndito lugar.
Morrigan comenzó a sentir el intenso frío como calaba en sus huesos, encogió sus brazos sobre su pecho y calentó sus manos con su aliento. Dante la cubrió con su abrigo, comenzó a andar hacia la puerta del templo y sin girarse le pidió que no se moviese de allí.
Empujó las pesadas puertas de madera que se abrían lentamente con un paulatino crujido, el interior del recinto, a simple vista, parecía vacío. Habían tres edificios; dos a los laterales, de un tamaño considerablemente pequeño, en comparación con el que se alzaba frente a la entrada. No se percibía ninguna presencia, ni ningún aura, nada por ninguna parte.
Comenzó a andar de frente, hacia el edificio principal, el suelo estaba cubierto con un manto espeso de nieve, nadie salía a su encuentro. Subió los escalones de la entrada y se detuvo ante la puerta que estaba abierta, cerró los ojos por un instante y dejó la mente en blanco, ese místico lugar transmitía paz. El sonido de un gong interrumpió el silencio, abrió los ojos, se quitó las botas y se adentró en el.
Estaba completamente construido de madera, múltiples pilares distribuidos alrededor del cuadrangular templo, sujetaban la estructura, el centro de la sala, estaba más elevado que el resto de la estancia, la única luz que iluminaba el lugar eran las tenues velas que había al fondo, alrededor de un altar situado entre dos escaleras laterales, las cuales, conducían a los niveles superiores del templo.
- No eres bienvenido, cazador. Date la vuelta y olvida este lugar. - Pronunció una grave voz -
Dante giró sobre sus pasos y una silueta apareció delante de la entrada.
Se trataba de un enorme y corpulento monje, de unos dos metros de altura, portaba un enorme rosario que le cruzaba el pecho, vestía con unas togas que le tapaban medio cuerpo, su largo pelo estaba recogido en una trenza que le llegaba por la pantorrilla y cargaba una enorme espada a la espalda. Sin duda, era Donovan.
- Cierta gatita me ha pedido que viniera a buscarte. Necesita tu ayuda. - subió los cuatro escalones que se encontraban en el centro de la estancia, alejándose del altar del fondo y aproximándose a la posición del monje de forma bastante arrogante -
- Felicia… ¿Y porque no ha venido contigo?
- ¿El relato breve? No creo que te interese la tragicomedia… El imbécil de mi hermano la atacó, la dejó malherida y ahora está recuperándose en Makai. Me pidió que te informara de que hemos descubierto que el objetivo es resucitar a Jedah.
- ¿No puedes encargarte de problemas familiares tú solo?
Dante se cruzó de brazos, lanzando una miranda desafiante a su adversario.
- Psé… Mira, si no quieres ayudar, me parece perfecto. Pero a mi no me vaciles o tu templo de paz se irá a tomar por culo. - Empuño a Rebelion y señaló al monje con ella.-
Salió de la penumbra, subió los cuatro escalones centrales del templo y permaneció erguido, observándole. Uno de los ojos de Donovan comenzó a brillar.
- ¿Y la súcubo? ¿Por qué está aquí?
Dante permanecía parado delante de él, apoyó su espada por detrás de sus hombros y adoptó una posición más relajada.
- Ella me teletransportó aquí. No se si eres consciente de lo que se avecina, tío duro. El tiempo juega en nuestra contra, tic, tac… ¿Entras al juego o no?
- Sí, soy consciente. Más que tú. Yo me encargo del sello de este mundo. Ahora marchaos a Makai. Protégela, van tras la llave que utiliza para transportarse entre los mundos.
Absorta en sus pensamientos, no se percató de la presencia de Dante, que la sobresaltó al poner su mano sobre su hombro.
- Ya he vuelto pequeña. El monje nos ayudará con la condición de que no te acerques al sello. No sé qué pasó entre vosotros… Pero parece que te guarda un poco de rencor, ¿eh?. No te preocupes, nena, te mantendré entretenida mientras tanto - Su mano se deslizó por debajo del abrigo y sujetó a Morrigan por la cintura atrayéndola hacia él -
- No tienes porque estar celoso… semental... Es demasiado devoto para mi gusto.
Una sonrisa de satisfacción se esbozó en la cara del semidemonio. Sujeto la barbilla de la diablesa con su mano y acercó sus labios a los suyos mientras le susurraba;
- ¿Celoso? Dime quien es capaz de hacerte estremecer como lo hago yo… Te recuerdo que desde que me conociste, te has convertido en el primer súcubo monógamo de la historia.
Morrigan humedeció sus labios y rodeo el cuello de Dante con sus brazos.
- Ahora mismo no recuerdo que me hicieras estremecer, es más, me parece que fue al revés…
Mientras devoraba los labios de su amante, un resplandor dorado iluminó la oscura noche y los teletransportó a ambos a Makai.
Aparecieron en el dormitorio de Morrigan. Dejó caer el abrigo de Dante encima de la cama, el semidemonio desabrocho la camisa al súcubo dejando sus pechos descubiertos, cerró los ojos y pasó su lengua entre ellos mientras los cubría con ambas manos.
Ella suspiró, sus manos se perdían entre los mechones níveos del pelo del cazador, adoraba la forma en la que la acariciaba.
La tumbó suavemente en la cama, boca arriba, se levantó junto a ella y se quitó la ropa, despacio, hasta quedarse desnudo, mirándola fijamente a los ojos. Se puso de rodillas sobre ella, le desabrocho el pantalón y se lo quitó muy lentamente, sin perder contacto visual. Extendió su cuerpo sobre el de la diablesa, sus manos recorrían el cuerpo de su compañera, sus labios cubrían de besos la suave piel de su cuello. Intentó incorporarse, pero Dante se lo impidió, ejerciendo más presión sobre su cuerpo, imponiéndole el papel de espectadora mientras él, recorría cada centímetro de su piel con la comisura de sus labios.
El cuerpo de Morrigan se estremecía, reclamando más de las atenciones que le proporcionaba su invitado.
El semidemonio selló sus labios con un intenso beso, entrelazó sus manos con las de ella, notaba como la respiración de la diablesa comenzaba a acelerarse y como sus piernas ascendían por su espalda y se aferraban a sus glúteos, dejando abierto el acceso a su parte más íntima. Apretó sus manos al mismo tiempo que le penetraba, arrancándole un lujurioso gemido, obligándola a arquear su espalda, notando como sus piernas se aferraban a su cuerpo con más fuerza.
Tiró de ella hacia arriba y la sentó sobre él. Morrigan rodeo con sus manos la parte posterior del cuello de su compañero, mientras lo devoraba entre apasionados besos. Colocó sus manos sobre la parte baja de la espalda de su anfitriona, moviéndose al compás de sus caderas. El ritmo era lento, Dante intentaba acelerarlo balanceando al súcubo, pero ella le sujetaba por los brazos forzándole a relajarlo. Guió las manos del cazador hasta que envolvieron sus pechos, dejó escapar un débil gemido cuando notó como mordisqueaba suavemente uno de sus pezones.
Empujó el pecho de su invitado, obligándolo a tumbarse sobre la cama, le sujetó ambos brazos y los cruzó por encima de la cabeza de su presa, a ella también le gustaba dominar la situación y sabía que eso excitaba a su compañero.
Comenzó a frotar su cuerpo contra el suyo, recorría su cuello con su lengua, mordisqueaba su oreja, debajo suya, Dante se tensaba e intentaba liberarse de ella con cierta pereza.
Habían empezado a acelerar el ritmo, de vez en cuando, notaba como el cazador arqueaba su cuerpo penetrándola más profundamente, proporcionándole una instantánea ráfaga de placer. La lujuria comenzaba a invadirla, aún estando encima, dejaba a su amante tener el control de sus movimientos, en un descuido, soltó las manos del cazador, que, con un rápido movimiento, se situó encima. Acarició las largas piernas del sucubo y las situó por encima de sus fornidos hombros, se inclinó sobre el sudoroso cuerpo de la diablesa y apoyó su frente entre sus voluminosos pechos mientras volvía a penetrarla. Morrigan se agarraba a las sabanas de la cama mientras gritaba de placer, notaba como el semidemonio la empujaba cada vez con más fuerza, como su lengua recorría su cuerpo y mordisqueaba sus pechos con precisión.
Bajó sus piernas, con una rápida maniobra volvió a sentarla sobre él, que permanecía de rodillas en la cama, Morrigan se sujetaba a su cuello con uno de sus brazos, mientras que con su otra mano acariciaba su rostro. Dante bajó el ritmo hasta detenerse. Sus miradas conectaron durante unos segundos mientras rozaban sus labios el uno contra el otro, frotando suavemente sus sudorosos cuerpos. Poco a poco comenzaron a moverse, incrementando el ritmo paulatinamente, la diablesa acariciaba con ambas manos el rostro de su amante, acercándose esos carnosos labios que tanto ansiaba poseer.
La recostó en la cama, dejó una de sus piernas estiradas sobre la de ella, la otra, la flexionó, asistiendo el mismo movimiento en la otra pierna de su compañera, guiandola para que le rodease con ella por su espalda. Seguían abrazados, colmándose de caricias, saboreando cada beso.
Morrigan atrapó el cuerpo del cazador con sus piernas, rodaron por la cama hasta que ella quedo encima, de rodillas, moviendo su cuerpo sensualmente, subiendo y bajando muy despacio. Jadeando, sin dar opción de acercamiento al cazador ya que sus brazos sujetaban el pecho del semidemonio, manteniéndole inmovilizado sobre la cama.
Los ojos de Dante comenzaron a emitir un tenue brillo carmesí, respiraba agitado y excitado, agarró a su compañera por la muñecas y las separó de su cuerpo, dejándola caer sobre él, buscando los labios de Morrigan desesperadamente. La sucubo notó como Dante comenzaba a emanar más energía de lo normal, observo el brillo de sus ojos y su respiración agitada, notaba la fuerza con la que la abrazaba, con la que le besaba, con la que le penetraba. Estaban inmersos en una espiral de ardiente pasión a punto de expandirse. Dante la sujetó por la cintura y la tumbó contra la cama, ahora era él el que marcaba el ritmo, y no era precisamente lento. Morrigan clavó sus uñas en su espalda mientras le empujaba fuertemente contra su cuerpo. El semidemonio aceleró el ritmo, los gemidos de de la diablesa inundaban la habitación, sus cálidos labios rozaban su cuello, las uñas clavadas en su espalda le excitaban más. Notaba como su compañera se estremecía de placer entre sus brazos, como su cuerpo se tensaba y se aferraba al suyo con fuerza.
El cazador mantuvo un ritmo frenético durante unos segundos más, hasta alcanzar el anhelado clímax.
Morrigan busco los labios de su compañero, atrapando su labio inferior entre sus dientes mientras quedaba cautiva por esos penetrantes ojos azules.
- No me negarás ahora que no has quedado satisfecha.
Apartó al semidemonio a un lado y se situó encima, colocando sus piernas a ambos lados del cazador. Recorrió su torso con sus pechos sensualmente, hasta quedar tumbada sobre él. Acarició su pelo mientras besaba su cuello, las cálidas manos de Dante recorrían su espalda, aferrándose a sus nalgas y deslizándola arriba y abajo, frotando su sexo contra su firme miembro.
- Hazme tuya una vez más.
- La de sacrificios que debo hacer por la humanidad...
Dante se incorporó y tumbó a Morrigan boca abajo sobre la cama, recorriendo entre besos su espalda, dejando caer suavemente su cuerpo contra el de ella mientras ascendía hasta su cuello.
Notaba como el miembro de su amante se deslizaba en su interior, como jadeaba mientras lamía su oreja. Estaba presa bajó su robusto cuerpo, pero le complacía tanto, que sólo podía dejarse llevar.
- ¿Lo tienes todo controlado?
- Sí. Esta vez está todo calculado.
- Eso espero, ya no jugamos la carta del factor sorpresa. Morrigan está demasiado pendiente de asuntos menores como para prever algo así. Y tú hermano no es que sea precisamente un gran estratega.
- Dante nunca usó demasiado su cerebro. El ansia de batirse en duelo conmigo siempre le ha cegado.
- Bien, aprovéchate de esto. No me hagas interferir antes de lo previsto.
