09/10/2015

Clasificación: K+

Género: Family, Hurt/Comfort.

Resumen: La primera vez que lo escuchó, viniendo de Draco Malfoy, no dejó de llorar por días; después lo escuchó de Kreacher y sólo lloró unas horas; luego vino Bellatrix, quien no dejaba de repartírselo mientras la torturaba. ¿Quién diría que esta vez tendría un pequeño ejército que la defendiera?

Capítulo 3: Sangre sucia.

¿Quién diría que terminarían así?

Después de enfrentar a miles de mortífagos, arañas gigantes -y a sus crías que intentaron devorarlos-; de luchar contra prácticamente todo el mundo y ser la razón por la que la tercera guerra mágica terminó. Ahí estaban, los famosos Harry Potter y Ronald Weasley, sentados en una banca, rodeados de mochilas infantiles con estampados de dibujos animados y una pañalera rosada mientras sostenían un jugo de caja cada uno.

— ¿De verdad? ¿Estamos en el estreno del primer parque mágico y ustedes sólo se quedaran aquí tomándose los jugos de sus hijos?

—Tienen vitaminas, Hermione —le dijo Ron mientras ella quitaba unas cuantas mochilas para sentarse junto a Harry—. Además, ¿qué tiene de especial este parque? La única diferencia del que está frente a mi casa es que está a dos horas de camino.

—La diferencia, Ronald, es que este es uno de magos únicamente y tiene juegos especiales para que puedan practicar su magia.

Ron bufó.

—No se necesitan juegos especiales, los niños la practican con cualquier cosa. ¿No es así, Harry?—dijo divertido y le dio un codazo a su amigo.

Hubo un silencio sepulcral. No, no todos.

Sabían que lo normal era que los hijos de magos mostraran habilidades mágicas a corta edad, cosas como hacer más grandes sus juguetes, aparecer burbujas de la nada, atraer objetos. Los hijos de Ron, por ejemplo, parecían desbordar magia ya que ni siquiera dormidos dejaban de cambiarle el color a su gato.

Pero no James.

No había hecho nada mágico en sus ocho años de existencia, no había demostrado tener ni una pizca de magia… y eso no era normal, porque incluso Lily, que tenía seis, ya podía controlar las flores, haciéndolas florecer. Y eso les preocupaba a Harry y a Hermione de sobremanera, porque ¿qué sucedería si resultaba no ser mago? Los padres de Hermione eran muggles, después de todo, al igual que los de la madre de Harry habían sido, ¿qué pasaba si él también lo era? James estaría devastado. No le habían comentado nada para no preocuparlo, y ellos lo amarían igual si fuera mago o un squib… pero seguía siendo alarmante.

—Lo siento… no quise… —farfulló Ron, quien estaba al tanto de la situación, al recaer en su metida de pata.

—No hay problema —dijo Harry.

Pero no estaba bien. Hermione estaba tensa a su lado, revolviendo nerviosamente sus manos y mordiendo su labio inferior.

Sabía que ella se culpaba de todo aquello, que creía que era por su culpa que su hijo no tuviera magia y que ese pensamiento la torturaba constantemente, por lo que tomó sus manos entre las suyas e intercambiaron una mirada significativa.

—Están bien —tranquilizó y su mirada se enfocó en los niños que jugaban alegremente.

Hermione miró en esa dirección y, al ver a esos dos pequeños que la saludaban alegremente a la distancia, una sonrisa de oreja a oreja apareció en sus labios y levantó su mano para saludarlos de vuelta. Sí… ellos estaban bien.

Después de saludar a sus padres, James volvió a su tarea de liderar el barco pirata. Su disfraz consistía en un sombrero negro de capitán, el cual originalmente también llevaba un parche en el ojo pero su hermana se lo había quitado.

Entrelazó las manos tras su espalda mientras caminaba, examinando a sus demás navegantes. Su tripulación era… bueno, dejaba mucho que desear. Tenía a los mellizos Tate y Alice Weasley como tenientes, ya que ambos querían esa posición y no habían podido ponerse de acuerdo, y a su hermana Lily como navegante, razón por la que siempre terminaban perdidos a la mitad del parque.

— ¡Muy bien, tripulación, busquemos el tesoro!—ordenó y levantó un palo de madera por los aires, el cual hacía el papel de una espada.

Los niños gritaron, entusiasmados. Estaban en una torre de juego, la cual tenía un resbaladero al lado, por lo que los piratas se deslizaron por ahí.

—Eh, James, según mi mapa el tesoro debe estar en la caja de arena —le dijo Tate cuando estuvieron en el suelo mientras miraba una hoja de papel con varios dibujos infantiles.

—No, James, está junto a los columpios —contradijo Alice.

Ambos intercambiaron una mirada molesta. Tate y Alice eran muy parecidos exteriormente, la única diferencia era que Tate tenía el cabello rubio como su madre Luna, mientras que Alice rojo fuego como Ron. Pero peleaban como perro y gato.

Continuaron caminando por el parque sin rumbo fijo, con James liderándolos. Iban lento debido a que Lily aún era pequeña y no podía seguirles el ritmo.

—Yo creo que el tesoro está en el campo de flores, Jamie.

James se sonrojó cuando escuchó a su hermana llamarlo de esa manera. Así le decían en casa, pero no le gustaba que lo estuviera ventilando. Sin embargo, antes de poder reclamarle, chocó contra algo y hubiera caído de espaldas al suelo si los mellizos no lo hubieran sujetado.

Había estado tan ocupado echándole una mirada recriminatoria a Lily que no se dio cuenta que había un niño robusto frente a él.

—Hey, lo siento. No me…

Sus disculpas murieron en su garganta al ver que el niño lo miraba con molestia y desagrado. Se notaba que era mayor que él, por no mencionar más alto y gordo, por lo que James y su tripulación retrocedieron por mero reflejo.

—Fíjate, enano —le dijo con desprecio.

James sintió que le hervía la sangre y estuvo a punto de responderle, al igual que Tate, pero notaron que el niño tenía refuerzos. Ni de broman podrían ganarles, por lo que James asintió y estuvo a punto de darse la media vuelta cuando escuchó que alguno de los amigos del chico decía:

—Oye, Vince, creo que esos dos son Weasley —dijo mientras los señalaba.

—Creo que tienes razón —coincidió el niño gordo, quien se llamaba Vince, mientras examinaba a los mellizos—. Cabello rojizo, ojos azules y llenos de suciedad.

El rostro de los mellizos ardió.

—Sí, somos hijos de Ron Weasley, así que mejor vete de aquí antes de que le llame a mi padre y les patee el trasero —amenazó Tate.

Eso pareció sorprenderlos ya que las risas se apagaron. Vince frunció el entrecejo.

— ¿Son hijos de Ron y Luna Weasley?—preguntó escéptico y ellos asintieron efusivamente—. Bueno, yo soy hijo de Vincent Crabbe y mi padre le partiría la cara al suyo —anunció e infló el pecho con orgullo.

— ¡Mi papá es un héroe de guerra!—rebatió Alice.

Aquello hizo que los niños se rieran.

— ¿Oíste eso, Zabini? ¡Héroe de guerra!—dijo divertido y una niña de piel oscura junto a él asintió—. Son mentiras, nuestros padres fueron los verdaderos héroes.

— ¡Eso no es…!

Tate hubiera rebatido, sin embargo James colocó una mano sobre su pecho, deteniéndolo. En cualquier otro momento no hubiera dudado antes de propinarles unos puñetazos a esos chicos con ayuda de los mellizos, pero su hermana Lily estaba muy asustada y le faltaba poco para soltarse llorando, por lo que no quería espantarla más.

—Sí, hazle caso a tu amigo. Largo de aquí —dijo Vince con desprecio.

Y fue ahí cuando la desgracia pasó.

Vince le tiró el sobrero a James de un golpe, rebelando su cabellera negra. Todos dieron un jadeo y retrocedieron. Ojos verdes jade, cabello negro, mirada asesina… era idéntico a él.

— ¡Es hijo de Potter!

Se creó un bullicio. Y ni cómo negarlo, James era idéntico a su padre, sólo su tono de piel más claro y su cabello más ondulado.

Cuando la vista de Vince se colocó sobre Lily, echándole una mirada llena de odio, esta se apresuró a esconderse tras su hermano. Los mellizos, viendo que la situación subiría inevitablemente de tono, se colocaron uno a cada lado de James.

—Ya nos vamos —dijo James, aunque su mirada y postura decían lo contrario, como si estuviera haciendo un esfuerzo sobrehumano por alejarse de esa escena.

— ¿Qué pasa, Potter? ¿Te estamos asustando?—se burló otro chico de cabello negro.

—Apuesto a que es una gallina como su padre.

— ¡Mi padre venció al mago oscuro!—les recordó, inflando su pecho con orgullo.

— ¡Harry Potter es un mentiroso!

—Mírenlo, va a llorar.

Vince alzó sus manos repentinamente, callando la lluvia de insultos que comenzaba a caerle a James. Tenía una sonrisa maliciosa en los labios, haciendo que sus ojos se achicaran debido a lo gordo de sus mejillas.

—No, chicos, el problema no es su padre, el problema es su madre.

James apretó los puños con fuerza apenas terminó la oración y se hubiera lanzado sobre él sino fuera porque Lily jalaba su camisa por sus espaldas, queriendo apartarlo.

Hubo un sonido de aprobación general.

—Hermione, ¿no? Mi padre dice que le decían ratón de biblioteca.

Los mellizos hubieran dicho algo, sin embargo se vieron distraídos por el repentino cambio de clima. Meros segundos antes hacía un calor infernal y el sol brillaba en todo su esplendor, sin embargo de un momento a otro se vieron rodeados de un frío glacial, tanto así que podían ver el vapor de sus respiraciones. Y el cielo… estaba tan negro que parecía que caería una horrible tormenta.

Les llevó unos segundos comprender que era James, quien tenía los puños tan apretados que sus nudillos estaban blancos por el esfuerzo y tenía la expresión más terrorífica que alguna vez lo habían visto componer, quien lo provocaba.

—No les hagas caso, James, vámonos de aquí —razonó Tate.

Lo cierto era que comenzaba a asustarle todo aquello, en especial cuando el cielo comenzó a relampaguear, y quería salir lo más rápido de ahí e ir con sus padres, por lo que tomó a James del brazo, pero este no se movió.

—Dicen que tu madre es insoportable y por eso sólo tuvo dos amigos.

— ¡Mi mami es buena!—saltó entonces Lily, saliendo de las espaldas de su hermano.

—Tu mami ni siquiera debería ser una maga —se burló Vince—. Los Weasley son sangre pura —continuó, señalando con la cabeza a los mellizos—, y ustedes son mestizos. Pero gente como tu madre ensucia nuestra sociedad mágica…

Todos abrieron los ojos como platos, sabedores de lo que venía a continuación.

—No te atrevas —advirtió James en un susurro.

Era familiar con esos conceptos, sabía la jerga mágica y, más importante aún, los insultos que se utilizaban. Por lo que no fue sorpresa que el cielo centellara y rugiera más peligrosamente.

Estaban lejos de sus padres, de hecho no los podían ver de ahí debido a que los juegos les tapaban la visión al área de las bancas, por lo que no podían esperar que ellos intervinieran en el desastre que se avecinaba a continuación.

—Porque tu madre es una sangre sucia inmunda.

¡Pum!

El puñetazo borró por completo la sonrisa victoriosa de Vince, quien no tuvo tiempo siquiera de recuperarse antes de que James le saltara encima, golpeándolo a diestra y siniestra con todas sus fuerzas. Los niños vieron con impresión la escena pero no tuvieron tiempo de pensar antes de verse inmiscuidos en la pelea también.

"Y aquí vamos" pensó Tate al ver que uno de los amigos de Vince intentaba golpear a James, por lo que tuvo que golpearlo también. Y, siendo sinceros, se sintió bastante bien.

Alice se encargó de la niña de piel oscura que se apellidaba Zabini e incluso Lily, quien solía impresionarse fácil con esas cosas, les ayudaba, pateando o dándole manotazos a cualquiera que no conociera.

—No… vuelvas a… —gritaba James entre los intervalos de sus puñetazos— decir… eso de… mi madre.

Vince era gordo y robusto, por lo que no fue sorpresa que cuando por fin logró defenderse y le regresó el golpe a James en la cara este sintiera un dolor insoportable que le nubló la vista, pero logró taclearlo al suelo, colocándose sobre él para seguir peleando, ignorando su dolor.

Habían pasado meros segundos antes de que alguien lo jalara desde atrás, levantándolo en el aire para quitárselo de encima a Vince.

— ¡Suéltame!—rugió mientras intentaba liberarse.

— ¡James!—reconoció la voz de su padre, pero aun así no dejó de revolverse.

Harry lo puso en vilo en el aire antes de echárselo sobre el hombro como costal. Desde esa posición James pudo ver que su tío Ron estaba lidiando con Tate y Alice, quienes seguían pataleando, mientras Luna, quien seguramente acababa de llegar del trabajo, le ayudaba a controlarlos.

Apenas vio a su madre, quien sostenía a Lily en brazos, echarle una mirada preocupada, James se quedó estático. Se dejó acarrear por su padre hasta una zona desolada, donde lo dejó en una especie de colina que había.

— ¿Qué estabas pensando?—preguntó Harry, realmente molesto—. ¡No puedes pelearte de esa manera, James! ¿Qué pasó?

James apretó la mandíbula y se sentó en el pasto con terquedad.

—Dime qué sucedió.

De nuevo no hubo respuesta. Harry iba a continuar regañándolo cuando llegaron los demás; Ron dejó a los mellizos junto a James, creando una escena inusual. Niños de escasos ocho años las ropas sucias y desarregladas debido a la pelea; James sangraba de la nariz, a Tate le habían propinado un buen golpe en el ojo izquierdo y el cabello rojo de Alice era un completo desastre.

— ¿Ya sabes qué pasó?—preguntó Ron, cruzando los brazos y haciendo gala de uno de sus pocos momentos de seriedad.

—No, no me dice, ¿qué tal tú?

—Igual —respondió Ron—. Hermione está calmando a Lily y Luna está hablando con las madres de los chicos, ese niño gordo está en mal estado.

Ante eso, James sonrió torcidamente.

—Oh, ¿piensas que esto es divertido?—preguntó Harry—. Sólo espera a que lleguemos a casa, jovencito, quiero ver si también eso te resultará tan gracioso.

James dejó de sonreír pero se sentó más derecho, como renuente a lucir siquiera arrepentido.

—Igual para ustedes —dijo Ron en dirección a sus hijos, quienes no podían lucir más despreocupados—. ¿Por qué han golpeado a esos chicos?

Ambos mellizos intercambiaron una mirada y se encogieron de hombros con sincronía antes de acostarse en el pasto, usando como soporte sus codos. Si su amigo no quería decir, ellos no lo delatarían, y James apreció infinitamente ese gesto.

—Bien, si no quieren decir, eso será una semana sin Quidditch —amenazó Harry.

Ni siquiera sin inmutaron. Ambos padres alzaron las cejas con sorpresa. Si estaban dispuestos a renunciar al Quidditch, la cosa era seria.

—Y un mes sin videojuegos —continuó Ron con severidad.

De nuevo, no hubo cambió alguno, sólo continuaron mirándolos.

— ¡James Sirius Potter!

Y ese grito fue suficiente para quebrar a James, quien se puso de pie con una expresión horrorizada y retrocedió unos pasos, ascendiendo por la colina.

— ¡Thaddeus y Alice Weasley!

… y con ese, los mellizos lo imitaron rápidamente.

Harry y Ron intercambiaron una mirada confundida. Ellos los habían regañado y amenazado y los mocosos ni siquiera se habían movido, ¿pero bastaba con que sus esposas dijeran sus nombres para que temblaran de miedo?

Hermione se acercó, con un andar agresivo, y le dio a Lily a Harry rápidamente antes de ir por su hijo. Lo atrajo para sí con facilidad impresionante y lo revisó, asegurándose que el sangrado no fuera nada grave, cuando comprobó que no sintió cómo el alivio embargarla.

Luna, por su parte, sólo se quedó viendo a sus hijos con desaprobación.

—Por Merlín, ¿se puede saber qué ocurrió?—preguntó Hermione mientras limpiaba la sangre de su rostro con un pañuelo, él no respondió—. James, ahora.

Reconocía ese tono. A Hermione le faltaba poco para perder la paciencia y sabía de buena mano que haría lo que sea para sacarle la verdad… pero no podía decirle, no lo haría. Sabía lo ofensivo que era, y no quería ver a su madre triste, por lo que mintió.

—Me estaba molestando y lo golpeé.

— ¿Y crees que eso está bien? ¿Golpear a la gente cuando te molesta?—preguntó Hermione con molestia—. ¡Pudiste haberte ido de ahí, James! ¡Venir con nosotros! No tenías por qué golpearlo e involucrar a los demás en esto.

—Oh, no, Hermione, mis hijos son igual de responsables —dijo Luna.

— ¡Pudieron haberse lastimado de verdad!—siguió Hermione—. Tu hermana estaba ahí, James —le recordó cuando su mirada seguía igual de desafiante.

Ante eso, él finalmente agachó la mirada, avergonzado.

—Estamos muy decepcionados de ti —le dijo Harry.

—Y nosotros de ustedes —secundó Ron.

A los niños les dolió aquello, pero ninguno cambió la historia.

—Bien, ahora iremos a disculparnos con sus padres —sentenció Hermione y tomó la mano de su hijo

— ¡No!

El gritó de James hizo que dieran un respingo. Acto seguido, se libró del agarre de su madre como si su contacto quemase.

— ¿Disculpa?—inquirió Hermione con escepticismo, arqueando una ceja a modo de advertencia.

Él se sentó en el suelo con los brazos cruzados para impedir que lo jalaran.

—No iré a disculparme con ellos.

—Sé que no estás contradiciendo a tu madre —dijo Harry con severidad—. Ahora, iremos con esos niños y sus padres, y ¿dime qué vas a hacer cuando lleguemos?

—Los golpearé de nuevo.

Ambos padres intercambiaron una mirada incrédula. Sí, James era rebelde, pero incluso él sabía cuándo se estaba llevando a la boca más de lo que podía masticar, sin mencionar que le aterrorizaba hacer enojar a Hermione, por lo que aquello era nuevo.

—Nosotros no iremos tampoco —sentenciaron los gemelos al unísono e imitaron la posición de James.

Lily se revolvió entre los brazos de Harry hasta que éste la puso en el suelo y acto seguido corrió hacia su hermano, sentándose a su lado.

—Yo tampoco —dijo infantilmente.

—Lily Jean Potter, vuelve con tu padre ahora mismo —ordenó Hermione, pero James pasó su brazo por los hombros de su hermana, retándola en silencio—. ¿Qué es lo que tienes, James?—preguntó con cólera.

—Lily no irá con ellos —sentenció.

—Oh, ¿enserio?—ironizó Harry antes de acercarse y tomar a la niña de nuevo en brazos, a pesar del berrinche que esta montó—. Le estás dando un ejemplo terrible.

James entrecerró los ojos y contrajo sus labios en una perfecta línea y Hermione juraría que vio el rostro de Harry cuando ponía su orgullo por el frente.

—Te voy a dar tres, James, y quiero que pidas perdón por tu comportamiento y nos acompañes con esos niños o te juro que te arrepentirás. Uno…

El famoso conteo. Debía admitir, era aterrador, pero no se movió.

—Dos… —su piel se le puso de gallina—, tres —le dio unos cuantos segundos más, pero, al ver que su hijo no cedería, sentenció: —. Bien, no iras al mundial de Quidditch.

James se puso de pie como un resorte e inclusive los demás presentes vieron a Hermione con sorpresa.

— ¡No puedes hacer eso!—rebatió el niño—. Papá ya compró los boletos y…

—Y tendrá que devolver el tuyo porque te quedarás con tus abuelos.

—Tía Hermione… —comenzó Tate pero Luna se apresuró a callarlo.

Ron parecía que quería saltar en su defensa y decir que el castigo era exagerado, pero Luna también se ocupó de evitarlo. Harry, por su parte, sólo apoyó en a su esposa en silencio. James miró a su madre con una expresión tan derrotada que tocó el corazón de Hermione.

—Está bien, última oportunidad. ¿Vendrás a disculparte?

Los ojos de James se aguaron así que los restregó con violencia con su manga, limpiando las lágrimas contenidas mientras negaba varias veces con la cabeza. Por Merlín, sí que había sacado la terquedad de su padre.

—James, sólo… —sabía lo que Alice diría, por lo que se apresuró a lanzarle una mirada de advertencia que ella entendió.

No quería que James se fuera a disculpar, sólo que les dijera la verdad a sus padres. Pero él prefería no ir al mundial de Quidditch que repetir las palabras del chico, por lo que ella no podía hacer nada.

—Bien, llamaré a tus abuelos para decirles que te quedarás con ellos una semana —dijo Harry.

Los labios del niño temblaban sin parar y parecía que hacía un esfuerzo sobrehumano para no llorar tendidamente. Sólo miró a Harry con los ojos cristalinos.

—Ve a la banca —le dijo Harry y él obedeció.

Apenas James se alejó, Harry y Hermione intercambiaron una mirada significativa, sin saber muy bien qué hacer.

— ¿Por qué no irá con nosotros, papi? Él es bueno —dijo Lily.

—Sí, tu hermano es bueno, sólo se portó mal este día —explicó Hermione y besó su frente.

—Pero esos niños fueron más malos —saltó Tate.

— ¿Y por eso debían golpearlos?

Tate apretó la boca ante la pregunta de Luna y sólo desvió la mirada. Sí, sí debían.

—Pero ellos dijeron que no estabas limpia, mami.

— ¡Lily!—saltaron ambos mellizos, haciéndole señas para que se callara.

Los adultos compusieron una expresión confundida. Harry puso a Lily en el suelo y se puso de cuclillas para quedar a su altura mientras Ron y Luna se ocupaban de que sus hijos dejaran de callar a la niña, quien pareció entender que había dicho algo malo.

— ¿Qué dijeron de mamá, amor?—preguntó Harry con ternura aunque lo carcomía la curiosidad.

Lily mordió su labio, gesto nervioso que había adquirido de su madre, y, aunque los mellizos ya estaban raya gracias a las miradas de advertencia de sus padres, sabía que no debía de decirlo.

—Es un secreto —susurró como respuesta.

—Un secreto, ¿ah?—siguió Harry y ella asintió—. Bueno, tu madre y yo sabemos guardar secretos muy bien, ¿o no?

Hermione, quien pareció haberse sumido en un estupor, se limitó a asentir débilmente. Aquello descolocó a Lily unos segundos y, cuando iba a voltear a ver a los mellizos por ayuda, Harry puso sus manos en su rostro, evitándolo. A los pocos segundos su mente infantil coincidió que sus padres serían buenos guardianes del secreto.

—Dijeron que su sangre estaba sucia —admitió.

Luna soltó un jadeo y se llevó la mano al corazón mientras Ron les tapaba los oídos a sus hijos, tarea algo difícil al ser dos pero, recordando cómo hacía su madre con los gemelos, colocó cada una de sus manos en una de las orejas y apretó la que quedaba libre contra su cuerpo.

Harry abrió los ojos como platos y se apresuró a erguirse y sostener a Hermione, sabedor de lo delicado que era ese tema. Ella tenía el rostro incendiado y lucía impactada, pero no dijo nada.

—Pero no entiendo eso, ¿cómo puede tenerla sucia? No se puede lavar —continuó la niña con inocencia.

—Escúchame, Lily, esas palabras son muy malas y nunca puedes volver a repetirlas, ¿entendiste?—ella, ante la severidad de su padre, asintió rápidamente—. Tu madre no es tal cosa.

—Me llevaré a Lily de aquí —se ofreció Luna.

Tomó a la castaña en brazos y comenzó a alejarse, dejándolos solos.

—Cariño, ¿estás bien?—preguntó Harry con nerviosismo al ver que Hermione seguía sin reaccionar.

Después de unos segundos, esta agitó la cabeza y se soltó del agarre de Harry, acercándose a Ron.

— ¿Qué fue lo que pasó?

Los mellizos tragaron saliva y se pegaron más contra su padre. Nunca habían visto a su tía tan seria.

—James se topó con el niño gordo —comenzó Alice, temerosa de meterse en problemas.

—Él y sus amigos nos insultaron cuando supieron que éramos Weasley—continuó Tate.

—Dijeron que sus papás eran los héroes de guerra y no ustedes.

—Y cuando vieron que James era hijo de tío Harry le dijeron que era un mentiroso.

—Y luego…

Alice cerró la boca repentinamente, como si no quisiera contar lo que venía, pero Hermione le hizo una seña apremiante.

—Dijo que el problema no era tío Harry, sino usted —susurró la niña con tristeza.

—Que era ratón de biblioteca y que era insoportable y no tenía amigos —Tate parecía volver a enojarse de sólo recordarlo—, y James comenzó a crear nubes y truenos.

—Dijo que nosotros éramos sangre pura; James y Lily mestizos, pero usted… —agachó la vista con vergüenza—, James le dijo que se callara.

—Y entonces la llamó… así.

Hermione asintió, comprendiendo a qué se refería.

—Y James comenzó a golpearlo —finalizó Alice—. ¡Pero no fue su culpa!

— ¡Sí, esos niños la insultaron!

— ¡Yo lo hubiera golpeado si no lo hacía James!

— ¡Yo también!

Hermione sonrió y revolvió sus cabellos ante su apoyo, aunque sentía que las piernas le temblaban.

—Gracias, pero aun así no es bueno golpear a la gente.

Harry y Ron por poco la contradicen, es decir, ahora que sabían lo que había sucedido ellos mismos querían ir a rematarlos… pero ambos guardaron silencio, temerosos de terminar por romper a Hermione.

Ella tomó una gran bocanada de aire. Había hecho miles de leyes para evitar la discriminación de los hijos de muggles habían pasado años desde la última vez que siquiera escuchó el término "sangre sucia"… pero ahí estaba, atormentándola de nuevo.

—Iré a hablar con él —dijo, comenzando a ir en dirección donde estaba su hijo—. Estaré bien —tranquilizó al notar que Harry iba a seguirla.

Sabía que él no se quedaría tranquilo, por lo que depositó un casto beso en sus labios, agradeciendo su mudo apoyo, antes de continuar.

Apenas avanzó unos cuantos metros lo vio, hecho un ovillo sobre la banca. Estaba abrazando sus rodillas con fuerza y su rostro estaba escondido tras estas, pero el hecho de que no dejara de temblar le dio a entender que estaba llorando. Hermione sintió su corazón romperse por lo que aceleró el paso. Cuando llegó hasta James, quien no se dio cuenta de su presencia, se limitó a sentarse junto a él y cargarlo rápidamente, sentándolo en su regazo.

James levantó su cara surcada de lágrimas a verla pero la escondió rápidamente contra el hombro de su madre mientras se aferraba a ella, continuando con su llanto. Hermione besó su nuca y comenzó a deslizar sus dedos por su espalda mientras susurraba un suave "shh", intentando calmarlo.

Después de varios minutos, el niño detuvo sus sollozos y sólo se quedó quieto, dejándose arrullar.

— ¿Por qué no me lo dijiste?—preguntó Hermione sin poder contenerse.

—Te contaron —dijo con la voz quebrada y una mezcla de reproche con tristeza, pero no despegó su rostro de ella.

—Sí —confirmó con suavidad—. ¿Por qué tú no lo hiciste?

—Porque te pondrías triste —explicó con simpleza—. ¿Estás triste?

Hermione meditó la pregunta unos segundos. La primera vez que lo escuchó, viniendo de Draco Malfoy, no había dejado de llorar por días; después lo escuchó por Kreacher y sólo lloró unas horas; luego vino Bellatrix, quien no dejaba de repartírselo mientras la torturaba, y ella comenzó a insensibilizarse.

—No es agradable que te llamen así —concedió Hermione y sintió a James tensarse entre sus brazos—, pero tú no piensas eso de mí, ¿cierto?

James se separó rápidamente de ella para verla a los ojos.

— ¡Claro que no!—dijo mientras negaba efusivamente—. Tampoco papá ni Lily —aseguró, como si intentara consolarla, y Hermione sonrió.

—Y eso es todo lo que me importa —aseguró y besó su frente—. No quiero que golpees a alguien por algo así de nuevo.

—Pero…

—James —lo llamó a modo de advertencia y el niño agachó la mirada—. Gracias por defenderme, pero yo estoy bien mientras los tenga a ustedes y no me gusta que andes por ahí metiéndote en peleas, ¿de acuerdo?

Él, aunque titubeante, asintió, y su madre lo abrazó como recompensa.

XXXXX

A varios metros de ahí, dos hombres miraban con recelo a un par de familias a la distancia.

—Mira que es descaro —comentó Ron con molestia—, hacerse las víctimas.

Harry asintió. Con los gemelos y Lily con Luna y James con Hermione, podían hablar con libertad.

—Al menos tu hijo le puso una paliza al mini-Crabbe —siguió con diversión.

— ¡Y tus hijos a los de Zabini y Parkinson! Cuáles eran las probabilidades…

—Sin mencionar a Lily, mira que me dio una patada cuando intentaba separar a los mellizos y déjame decirte que tienes una buena golpeadora de Quidditch justo ahí.

Ambos rieron.

—La pensaran antes de volver a meterse con nuestra familia.

Ron asintió con una sonrisa en los labios.

—Oye, Harry —el aludido hizo un sonido—. Al menos ya no tienen que preocuparse de James no teniendo magia.

Harry alzó ambas cejas con sorpresa. ¡Era verdad! Entre tanto alboroto había olvidado por completo que el primer motivo por el que fueron a buscar a los niños fue porque el cielo se puso negro y un frío invernal los envolvió, ¿quién iba a decir que James lo había provocado debido al enojo?

Tenía que reconocerle las agallas a ese niño. Al principio le había resultado insultante, pero ahora que conocía los motivos agradecía a Merlín que su hijo no se hubiera disculpado con esos engendros.

—Al parecer esta generación tendrá tantos problemas como la nuestra —comentó Ron.

—Los genes tiran —soltó Harry en un suspiro.

Y, si los genes en verdad tiraban y sus hijos se parecían tanto a ellos como el temía… estaban jodidos.