23/10/2015
Nota de la autora: ¡Muchas gracias por sus comentarios! De verdad, me ayudan a continuar con estos one-shots. Me estoy quedando corta de ideas así que si tienen alguna escena que siempre hayan querido ver, díganme :3
Clasificación: K+
Resumen: Quizá Hermione o Lily los asesinarían por impulsivos imprudentes… pero al menos estaban seguros de que, después de aquello, Scorpius no estaría ni cerca de Lily durante sus funerales, y eso era más que suficiente para que descansaran en paz.
Capítulo 4: Celos fraternales.
Hermione Potter se acomodó en el mullido sofá de la sala, disfrutando de la paz que surcaba el ambiente. Eran contadas las ocasiones en las que lograba tener la casa para ella sola durante las vacaciones, por lo que planeaba disfrutarlo, aunque fueran meros minutos.
Amaba a su familia más que a nada, claro está, pero a veces necesitaba… un poco de tranquilidad, cosa que parecía no existir cuando alguien con los genes Potter se encontraba presente. Fue por eso que cuando ambos de sus hijos se habían ido a una fiesta organizada por Tate y Alice Weasley, los mellizos de Ron y Luna; y su esposo a ver un partido de Quidditch con sus amigos de trabajo, ella casi se alegró.
Tenía sus anteojos puestos y un libro en las manos mientras su té descansaba sobre la mesilla; acababa de terminar los quehaceres de la casa, por lo que no creía que la situación pudiera ser más perfecta. Soltó un suspiro de complacencia antes de comenzar a leer la primera línea…
— ¡Eres un idiota, James!
— ¡Deberías estar agradecida!
… del libro que al parecer nunca podría leer.
La puerta de entrada se abrió de par en par. Dando paso a Lily, quien caminaba con un andar agresivo, y a un James igualmente molesto.
— ¡No puedo creer que hiciste eso!—gritó Lily, dándose media vuelta para encararlo.
— ¿Es eso lo que no puedes creer? ¿Enserio?—preguntó con incredulidad—. Tú no debiste…
— ¡Es mi decisión, James!—tajó la adolescente con molestia.
— ¡Bueno, también lo que hice fue mi decisión!—respondió este, testarudo.
— ¡Vete a la mierda!
— ¡Es suficiente!
Ambos jóvenes dieron un respingo al escuchar el grito de su madre, quien no habían notado que estaba ahí. Hermione se puso de pie, quitándose rápidamente los anteojos para ir a su encuentro y plantarse delante de ellos con las manos sobre las caderas.
—No vuelvas a decirle eso a tu hermano —sentenció, mirándola severamente.
—Pero mamá, él…
—No me importa lo que hizo —cortó con molestia, enmudeciéndola—. No maldecimos en esta casa, Lily Jean.
Lily era condenadamente hermosa para sus quince años, y era tan parecida a Hermione que sólo hacía falta echarle un vistazo para saber, con total seguridad, que se trataba de su hija; pero aquella noche Lily se había arreglado más de lo normal para ir a la fiesta y su maquillaje y vestido, aunque no era atrevido, la harían pasar por una veela fácilmente.
Pero que en ese momento sus ojos verdes centellaran con rabia y luciera tan molesta le hizo recordar a Hermione que su hija no sólo tenía su apariencia, sino que había heredado su temperamento de los mil demonios.
—No quiero escuchar ninguna palabra —dijo tan pronto como vio que ambos abrían la boca, listos para discutir—. No sé qué ha pasado, pero no permitiré que se estén gritando ni maldiciendo, por lo que les aconsejo que piensen muy bien que van a decir —advirtió.
James asintió, sabedor de que tenía suficiente con Lily como para también tentar su suerte con su madre. Sin embargo, Lily sólo apretó los labios y no dio indicios de estarse calmando… en todo caso, cada segundo que pasaba parecía estar más a punto de estallar.
— ¡Golpeó a Scorpius!—soltó la joven finalmente, colérica.
Hermione levantó las cejas con sorpresa y se giró a ver a James, quien lejos de lucir arrepentido parecía que hacía un esfuerzo sobrehumano para no sonreír.
— ¿Scorpius?—preguntó Hermione, confundida—. ¿Golpeaste a tu primo?
Scorpius Malfoy era el único hijo de Draco y Ginny, era un año menor que James y se conocían desde pequeños. Y James siempre había sido jodidamente fiel a los suyos, por lo que no lo entendía.
—No lo hubiera golpeado si se hubiera comportado como un primo.
Y fue cuando vio el rostro de su hija incendiarse debido a la rabia y a la vergüenza apenas James acabó la oración, que Hermione entendió la situación. Y aquella fue una de las contadas ocasiones que no tenía ni idea de qué responder.
— ¿No le vas a decir nada?—inquirió Lily con molestia—. ¡Mamá, lo noqueó!
James resopló.
—No es mi culpa que no pueda aguantar un golpe como un hombre.
En ese punto Lily tenía los ojos cargados de lágrimas contenidas debido a la impotencia… y eso también lo había sacado de ella. Menuda combinación de genes le había pasado.
— ¿Qué pasó?—preguntó Hermione, intentando permanecer tranquila.
Lo cierto era que, por una parte, sabía que James no debió haber golpeado de esa manera al pobre chico… pero el lado más irracional de ella, y el cual quería apagar para ser imparcial pero era imposible, se trataba su hija. Es decir, era su bebé, y sabía que era un adolescente y todo eso pero… Por Merlín, ¿por qué el tiempo tenía que pasar tan rápido?
—Lo que pasó es que no debí llevarla a la fiesta. Te lo dije pero…
— ¡Alice es mi mejor amiga!—dijo colérica—. ¡Tú fuiste quien arruinó todo!
—Oh, sí, porque toda la fiesta se paralizó porque ese perdedor se desmayó —ironizó.
—Ese perdedor era tu amigo hace unas horas.
—Mis amigos no andan por ahí besando a mi hermana a mis espaldas.
— ¡Él no…!
—Suficiente.
Y, sin necesidad de usar su varita, esa fue la palabra mágica para que ambos adolescentes guardaran silencio. Hermione tenía los brazos sobre su pecho y les echó una mirada que les dejó en claro que ambos terminarían castigados si decían una palabra más.
—Ahora, quiero que me cuenten qué sucedió, y juro que si vuelvo a escuchar un insulto o reproche, desearan haberse quedado en la fiesta porque no saldrán de esta casa en mucho tiempo.
Ambos sabían que no bromeaba. Incluso Lily pareció calmarse ante la clara amenaza y, cuando Hermione le hizo un gesto para que hablara, lo hizo en un tono más bajo que antes.
—Llevaba tiempo bailando y apareció una canción lenta. Todos tomaron pareja así que Scorpius me pidió que bailara con él —sus mejillas se sonrojaron antes de continuar—, sólo fueron un par de canciones y después quisimos ir a un lugar más tranquilo porque estábamos cansados…
James bufó con molestia y rodó los ojos.
Al verlo, Hermione recayó en algo que había pasado por alto. Tenía aquella pose desafiante, con el mentón erguido y el pecho inflado, como si se negara a lucir siquiera un poco arrepentido de sus acciones; sus brazos cruzados firmemente sobre su pecho y esa expresión de terquedad que conocía tan bien. Si su cabello fuera menos ondulado y su piel más morena, sin mencionar que le faltaban los anteojos, Hermione pensaría que tenía delante al mismo Harry Potter.
— ¿Y de quién fue idea?—preguntó James con clara molestia.
Lily giró a ver a su madre, claramente esperando que la ayudara, pero Hermione alzó una ceja, esperando que respondiera la pregunta.
—Sabes que a Scorpius no le gustan las multitudes y no conocía a nadie —lo excusó.
—Así que decidieron irse al balcón —continuó James molesto—, donde teníamos explícitamente prohibido ir porque la fiesta sólo era dentro de la casa —agregó.
—Sabía que a tía Luna no le importaría —volvió a justificarse cuando Hermione frunció el entrecejo—. Además sólo iba a ser un rato para…
—Poder besuquearse —completó James con fastidio.
—… hablar —corrigió la adolescente, haciendo un claro esfuerzo para no responder la provocación—. Pero luego salió mi canción favorita, así que bailamos ahí afuera.
Hermione esperó unos segundos reglamentarios pero, como ninguno de sus hijos continuó la historia, se vio obligada a preguntar:
— ¿Y?
— ¡Y nada! ¡Llegó él y lo ha noqueado de un golpe después de gritarle!—finalizó con molestia, apuntando acusadoramente a su hermano.
Hermione sintió como un peso se le quitaba de los hombros. Ella había imaginado los peores escenarios dentro de su cabeza, quizá los años y Harry la habían vuelto una malpensada, por lo que saber que sólo estaban bailando era… aliviador, terriblemente aliviador.
— ¡La besó, mamá!—acusó James—. Estaban con las cabezas juntas cuando los atrapé, fue acto reflejo.
—Acto reflejo es apartar la mano de algo caliente, no gritarle a alguien "traidor de mierda" y "serpiente rastrera" antes de lanzarte sobre él —rebatió Lily con molestia.
Hermione alzó ambas cejas con sorpresa y miró a James. El chico debía estar agradecido de que su hermana no hubiera dicho todo lo que le había gritado a Scorpius, pero aun así se sintió ofendido de que le contara aquella parte.
—Estás castigado —sentenció Hermione y, antes de que lograra rebatir, continuó—. Veré con tu padre cuánto tiempo, pero mientras tanto quiero que te disculpes con…
— ¡Besó a mi hermana!—le recordó indignado, como si no comprendiera por qué nadie veía lo importante que era el asunto—. No me disculparé.
—Tu hermana es perfectamente capaz de decidir por sí misma, James —aseguró y Lily asintió victoriosa—. Ahora ve a tu cuarto y…
Antes de que pudiera terminar la oración, la puerta se abrió nuevamente. Harry entró, con una sonrisa de oreja a oreja y cargando lo que parecían ser objetos que compró en el partido, Hermione distinguió bufandas, banderas e incluso una esfera de nieve con los colores de… ¿los Chudley Canon? No lo sabía, realmente aun ni siquiera comprendía el Quidditch.
Apenas cerró la puerta tras de sí y avanzó unos pasos, la sonrisa de Harry se difuminó, sintiendo lo tenso del ambiente.
— ¿Qué sucede?
Hermione y Lily sintieron un escalofrío recorrerlas. Habían estado tan ocupadas con James que olvidaron por completo que él no era el único sobreprotector impulsivo de esa casa. Y, para mala suerte de ambas, Harry era millones de veces más peligroso y arrebatado que su hijo… y si llegaba a enterarse de lo sucedido no habría fuerza humana o mágica que pudiera detenerlo, ni siquiera la misma Hermione.
Y Harry no sólo le daría un simple puñetazo por haber osado acercarse a su niña, sino que se aseguraría de mantenerlo a kilómetros de distancia de ella.
James pareció pensar exactamente lo mismo, ya que una sonrisa deslumbrante apareció en su rostro al ver a su padre y, como si se tratara de un chiquillo, corrió a su encuentro. Lily, por mera inercia, lo tacleó, y no fue sólo un empujón, sino que literalmente lo tiró al suelo y se colocó sobre él.
— ¿Qué les pasa? ¡Lily, deja a tu hermano en paz!
Sin embargo Lily estaba demasiado ocupada asegurándose de taparle la boca a James como para escucharlo, iniciando un forcejeo entre ambos.
Era como si tuvieran cuatro y seis años de nuevo en lugar de quince y diecisiete, por Merlín.
— ¿Hermione, te importaría?—dijo Harry con molestia al ver que esta sólo miraba a sus hijos pelear en el piso en lugar de separarlos, ya que él tenía las manos llenas.
Pero Hermione se acercó rápidamente a él.
—Escucha, amor, algo sucedió, pero quiero que mantengas la calma, ¿de acuerdo?—Harry abrió los ojos como platos, preocupado—. Yo ya me encargué —se apresuró a agregar—, pero necesito que no hagas nada impulsivo o…
Aun Hermione no entendía cómo James se libró de la llave de lucha que Lily le aplicaba, quizá fue guiado por Merlín, pero repentinamente estaba ahí, junto a ellos, con cara de pánico, unos cuantos arañazos y el cabello hecho un caos. Antes de que alguien pudiera hacer algo, dijo tan rápido como pudo a voz de grito:
— ¡En la fiesta, Scorpius raptó a Lily para llevársela sola al balcón y la besó así que tuve que golpearlo y ahora mamá quiere castigarme y…!
— ¡Soplón!
— ¡Ah!
Pum.
Hermione tenía que admitir que, a pesar de no hacerlo hacía tiempo, Lily seguía siendo jodidamente buena para derribar a James, porque de un segundo a otro este yacía en el suelo mientras ella estaba de pie a su lado, quizá lo que bien se aprende nunca se olvida.
Harry soltó todo lo que tenía en las manos, creando estruendosos golpes, y su mirada se perdió. Parecía que había entrado en alguna clase de trance.
—Papá… papi, te juro que no fue así, te lo juro —dijo desesperadamente Lily, aterrada de su silencio.
—Harry, cariño, de verdad todo está bajo control —insistió Hermione.
Pero Harry no reaccionaba. Seguía viendo un punto inexistente.
— ¿Papá?—lo llamó Lily, temerosa.
La mirada de Harry finalmente se enfocó en su hija y fueron meros segundos antes de que su rostro ardiera de la rabia y apretara los puños con fuerza. Hermione conocía esa expresión… y estaban jodidas.
—Lo mataré —sentenció en una voz aterradora.
Al ver que Harry se daba media vuelta e iba en dirección a la salida, Hermione se movió por reflejo.
—Expelliarmus.
Hermione atrapó la varita de su esposo, y casi se arrepintió al ver la mirada colérica que recayó sobre ella.
—Hermione, dame mi varita —ordenó entre dientes y alzó una mano en su dirección.
—No hasta que escuches qué sucedió —negó, colocándola tras su espalda.
—Oh, ¿hay más?—dijo molesto, comenzando a caminar de un lado a otro—. Mandaré a esa serpiente rastrera de vuelta a su nido.
Hermione y Lily fruncieron el entrecejo y giraron a ver a James, quien parecía no caber en su regocijo de que su padre hubiera dicho exactamente las mismas palabras que él.
"Bueno" pensó Hermione "por lo menos no dijo la parte de…"
—Traidor de mierda. ¡Lo dejé entrar a mi casa!
… y sí, James era hijo de Harry Potter.
—Harry —lo llamó Hermione al verlo pasear por todo el lugar.
Vio que intentaría quitarle la varita a James, quien se la iba a dar encantado, pero Hermione también la tomó con un conjuro no verbal. Harry le lanzó una mirada fulminante antes de comenzar a pasear por toda la casa, farfullando con molestia.
—Papá, de verdad, nada pasó —explicó Lily casi con desesperación.
—Oh, claro que sí…
Hermione no tenía ni idea si fue Lily o ella misma quien conjuró el hechizo para que James perdiera la voz, pero lo agradecía. Su esposo estaba lo suficientemente alterado, buscando como poseído algo por todo el lugar, como para echar más leña al fuego.
— ¿Se puede saber qué haces?—preguntó Hermione al ver que revisaba los objetos sobre la chimenea con tal violencia que varios cayeron al piso.
Harry sólo continuó maldiciendo mientras se dirigía a la cocina, con toda su familia detrás de él, y abrió las puertas y cajones con violencia.
—Papá, sólo estábamos afuera bailando, no es nada del otro mundo —insistió Lily.
—Harry, por el amor de Merlín, ¿podrías parar y escucharnos?—pidió Hermione, comenzando a desesperarse.
Pero su esposo, como siempre que sucedía algo como aquello, sólo la ignoró olímpicamente mientras seguía rebuscando en todos los lugares más recónditos de la cocina.
James, a pesar de que no tenía ni idea de qué era lo buscaban, se apresuró a ir a su lado y abrir todas las puertas que se encontraba para facilitarle la tarea a su padre. Hermione y Lily arquearon una ceja al notar que incluso abría la del microondas.
Perfecto. Ahora tenían a dos psicóticos poniendo cabeza abajo la cocina.
—Harry, sólo estaban bailando…
—Sí, papá, no es para tanto —secundó Lily—. Sólo estuve con él unos cuantos…
— ¡Lo tengo!—vitoreó Harry, callándola.
Antes de que alguien pudiera hacer algo o siquiera ver qué era el mentado objeto que Harry había estado buscando a diestra y siniestra, él se apresuró a meterse dentro de la lavandería, cerrando la puerta con pestillo de un portazo y ni siquiera dejando entrar a James.
—Mamá —la llamó Lily, preocupada.
—Tranquila, amor, ¿qué puede hacer estando ahí…?
— ¡Escúchame bien, reptil!
Abrieron los ojos como platos e intercambiaron una mirada cargada de pánico al escuchar la voz iracunda de Harry proveniente de la otra habitación. Hermione sintió su corazón acelerarse a un ritmo inverosímil mientras pensaba a qué mierda le estaba gritando Harry, es decir, no tenían celulares ni nada parecido en la casa, por lo que…
Entonces la golpeó.
Hermione se apresuró a ir a los cajones que Harry antes estaba revisando y, al confirmar sus peores miedos y sentir el color dejando su rostro, se apresuró a ir a tocar la puerta, exigiéndole que le abriera. Lily se apresuró a imitarla, dándose cuenta que si su madre estaba tan nerviosa la cosa debía ir enserio.
— ¡Harry, abre!
— ¡Si tu hijo se vuelve a acercar a mi hija o si se atreve a siquiera mirarla, me aseguraré de que sea lo último que haga!—la voz de Harry, debían admitir, era aterradora—. ¡Así que te sugiero que le dejes a ese mocoso las cosas claras si no quieres quedarte sin descendencia!
— ¡Mamá, has algo!—urgió Lily que, si bien no sabía con certeza qué mierda sucedía, sabía que no era nada bueno y tenían que detenerlo ahora mismo.
Hermione, quien estaba tan desesperada como ella, lo hizo. Retrocedió, llevando consigo a sus hijos, antes de apuntar su varita contra la puerta y decir el único hechizo que se le venía a la mente.
— ¡Bombarda!
Acto seguido hubo una pequeña explosión que provocó que la puerta finalmente se viniera abajo, chamuscada.
Y ahí estaba Harry. Tal como Hermione temía, estaba gritándole a lo que parecía ser una hoja de papel rojiza.
— ¡Papá, no lo hagas!
— ¡Harry, no te atrevas!
Después de aquel grito al unísono de Hermione y su hija, ambas se lanzaron sobre él.
— ¡Ah!—gritó Harry—. ¡Déjenme!
Fue una escena algo inusual, ambas mujeres montadas sobre él mientras intentaban desesperadamente quitarle la hoja de las manos. Harry mantuvo el equilibrio unos cuantos pasos, pero terminó cayendo de bruces contra el suelo, llevándolas consigo.
Hubo un momento de tensión pero finalmente Harry se las arregló para sostener el objeto con la punta de los dedos y estirar el brazo para quitarlo de su alcance, y, en un último intento, gritó auxilio a su cómplice.
— ¡James!
Y James cumplió.
Le quitó la carta de las manos y, mientras corría a la salida, se aseguró de que también tuviera su parte.
— ¡Y dígale que yo lo remataría!—finalizó antes de comenzar a doblar la carta a duras penas debido a la adrenalina y nerviosismo que lo recorría.
— ¡James, no!—gritaron ambas mujeres, incorporándose para ir tras él.
James ya estaba en el patio cuando se apresuró a llamar a la lechuza familiar, Hedwig ll. El ave se detuvo sobre sobre el brazo extendido del chico, quien le dijo atropelladamente:
—Destinatario: Draco Malfoy, mansión Malfoy; Wilshire, Inglaterra.
Apenas hubo terminado de decir los datos, la lechuza despegó su vuelo. Era una pequeña hoja cuadriculada color roja que cargaba por los aires, asegurada en su pico, haciéndolo sentir victorioso.
A los pocos segundos, su familia se reunió a su alrededor.
— ¡Mamá!—la llamó Lily con desesperación.
Hermione comenzó a hacer hechizos a diestra y siniestra, intentando frenéticamente destruir aquel objeto maldito. Sin embargo la hoja logró sobrevivir, adentrándose tanto en la oscura noche que salieron del rango de los hechizos.
Los Potter se quedaron ahí, todos con las respiraciones aceleradas, las mejillas incendiadas y desarreglados debido al anterior forcejeo, viendo como el vociferador cargado de gritos y amenazas de muerte se alejaba en dirección a la mansión Malfoy hasta que fue imposible seguirle el rastro.
Entonces Lily explotó.
— ¿¡Por qué!?—gritó en dirección a su padre y hermano, quienes le devolvieron la mirada con los ojos todavía brillando de la emoción—. ¡Sólo era un amigo! ¿¡Por qué tenían qué…!? ¡Madre santa, sólo me sacó a bailar, él…!
Al darse cuenta que estaba comenzando a balbucear debido a la cólera, Lily apretó con fuerza los puños, lágrimas de impotencia corriendo por sus mejillas, antes de correr en dirección a su habitación.
— ¡Lily!—la llamó Hermione con preocupación, pero ella aceleró el paso—. Hablaré con ustedes dos después —los amenazó con enojo, echándoles una mirada severa antes de correr en busca de su hija.
Harry y James se quedaron afuera en silencio, disfrutando la momentánea paz previa a la tormenta y sin arrepentirse de nada.
—Así que lo golpeaste, ¿eh?—dijo Harry finalmente.
James tragó saliva con nerviosismo, sin saber si su padre encontraría aquello como una medida muy drástica. Igualmente, sabía que no podía mentirle.
—Sí —confirmó—. Algo así como que lo noqueé —admitió.
Harry sonrió torcidamente.
—Bien.
Acto seguido revolvió el cabello de su hijo, quien compuso la misma sonrisa, antes de que ambos se adentraran a la casa.
Quizá no estarían con vida al día siguiente debido a que Hermione perdería los asesinaría por imprudentes… pero al menos estaban seguros que Scorpius no estaría ni cerca de Lily durante sus funerales, y eso era más que suficiente para que descansaran en paz.
—Así que, cariño, ¿cómo estuvo la fiesta?
Los tres Malfoy cenaban tranquilamente. Ginny, quien ese momento cortaba el pollo para servirlo, supo que algo andaba mal tan pronto como el rostro de su hijo se sonrojó.
Los Malfoy no solían sonrojarse.
— ¿Pasó algo, Scorpius?—preguntó Draco, también notando su cambio de color.
Scorpius ni siquiera pudo abrir la boca antes de que una lechuza atravesara la ventana. Un escalofrío lo recorrió cuando el ave se paró en el centro de la mesa y la reconoció.
Era la lechuza de los Potter.
— ¿Hedwig?—inquirió Ginny, extrañada.
— ¿Qué querrá San Potter?—se preguntó Malfoy mientras le quitaba el sobre rojo del pico.
— ¡NO!
Pero fue demasiado tarde y su padre ya lo había abierto. Por un momento, creyó que el sobre había estallado; se oyó un bramido tan potente que desprendió polvo del techo y el candelabro sobre sus cabezas se balanceó peligrosamente.
—ESCÚCHAME BIEN, REPTIL.
Los gritos de Harry Potter, cien veces más fuertes de lo normal, hacían tintinear los platos y las cucharas en la mesa. Ginny apenas atrapó su copa de vino cuando esta se resbaló de la mesa debido al temblor.
—SI TU HIJO SE VUELVE A ACERCAR A MI HIJA O SI SE ATREVE A SIQUIERA MIRARLA, ME ASEGURARÉ DE QUE SEA LO ÚLTIMO QUE HAGA. ASÍ QUE TE SUGIERO QUE LE DEJES A ESE MOCOSO LAS COSAS CLARAS SI NO QUIERES QUEDARTE SIN DESCENDENCIA. MAMÁ, HAS ALGO —esta vez fue la voz de Lily la que surgió del vociferador—. BOMBARDA.
Después de aquel hechizo de Hermione, hubo una explosión seguida de un silencio que Draco y Ginny aprovecharon para girarse a ver a Scorpius con sorpresa, quien estaba rojo como un tomate y se había ido deslizando por su silla hasta que la mesa le quedó a la altura de la barbilla.
—PAPÁ, NO LO HAGAS… HARRY, NO TE ATREVAS… AH, DÉJENME… JAMES.
Hubo otro silencio donde nadie dijo una palabra y sólo se escuchaban pasos y una respiración acelerada, como si el portador de la carta se hubiera echado a correr. Sin embargo sabían que aquel mensaje aún no terminaba.
—Y DÍGALE QUE YO LO REMATARÍA.
Y, después de aquella última amenaza de James Potter, el sobre rojo, que había caído sobre el puré de patatas, ardió y se convirtió en cenizas.
Ginny y Draco no dijeron nada. El contenido del vociferador había sido más que explícito y ya tenían una idea de lo que había sucedido, cosa que explicaba el comportamiento tan errático de su hijo. Scorpius, por su parte, no sabía dónde meterse.
Después de unos segundos, sus padres continuaron su comida como si nada hubiese sucedido y él, aunque tembloroso, los imitó.
—Scorpius —lo llamó su padre después de unos minutos de silencio.
— ¿S-Sí?
—Mantente alejado de los Potter un tiempo —sugirió como quien no quiere la cosa.
Y Scorpius asintió.
