Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen, son de la magnífica Rumiko Takahashi, sin embargo la trama es completamente mía y está hecha sin fines de lucro.
Capítulo corregido por rogue85
Ésta historia es participe del Primer Gran Reto del Circulo Mercenario.
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Capítulo 3
Kagome se dedicó a retomar las riendas de su vida los días que le siguieron a la partida de Bankotsu. Seguía siendo la jefa que todos odiaban, por ser una viuda amargada, con la única diferencia de que llevaba un retraso y que por las mañanas despertaba con náuseas y mareos.
Los olores que antes le encantaban ahora le daban arcadas y cada día que pasaba su ropa dejaba de quedarle. Su vientre iba creciendo a medida que los meses pasaban y sus pechos aumentaban de tamaño.
Al principio se sentía tan feliz, pero con el paso del tiempo el recuerdo de Bankotsu la atormentaba. Su recuerdo era tan fuerte que había noches en que soñaba que volvía para pedirle la explicación que nunca le dio y que llegaban a ser felices.
Pensó que sería parte del embarazo, pero cada día era más difícil que el anterior y llegó el momento en que se odió por haber hecho las cosas de ese modo. No había sabido nada de él desde que había presentado su renuncia y tampoco se había tomado la molestia de buscarlo. Por eso y por muchas cosas más se sentía tan miserable.
Cada visita al ginecólogo era una tortura. La mayoría de las mujeres embarazadas llegaban con su pareja, y ella seguía yendo sola como todos los días. Miroku se había ofrecido a acompañarla en una de sus visitas, pero ella se negó diciendo que podía hacerlo sola.
En las ecografías, el pequeño botoncito que iba creciendo con el paso del tiempo, daba señales de ser una niña, pues cada que intentaban descubrir el sexo, se cubría con las manitas o se encogía de piernitas. La primera vez que había visto a su pequeño milagro moviéndose en el ultrasonido, derramó lágrimas de felicidad y poco después cuando las pataditas y movimientos en su vientre se hicieron más frecuentes, no podía dejar de tener la cámara a un lado de ella para intentar captar el momento justo en que se movía.
La primera vez, cuando tomó la cámara de video, el bebé dejó de moverse como si presintiera que trataban de husmear en su privacidad, cosa que a ella le causó bastante gracia. Y al final, lo único que obtuvo fueron los piecitos marcados en su vientre.
También un día mientras caminaba al ginecólogo tuvo la sensación de que la seguían, pero pensó que era producto de su imaginación. Y dejó pasar aquel acontecimiento.
—Estas, preciosa —dijo Sango en cuanto la vio esa mañana de verano. El calor era insoportable y llevaba una bata de algodón que acentuaba más su vientre. Que para ese momento ya estaba bastante grande. En su última visita al ginecólogo le había dicho que era cuestión de días para que el bebé naciera.
—Ni lo digas. Estoy tan gorda… —Sango la miró enarcando una ceja y luego la ayudó a sentarse en la mecedora del jardín. Una de las chicas del servicio entró con una bandeja que puso sobre una mesita. Colocó vasos y se dedicó a servirles agua de naranja fresca. Cosa que Kagome agradeció porque se estaba muriendo de calor.
—No empieces con tus complejos, Kagome —contestó Miroku desde el portón. Llevaba una pila de papeles en los brazos que Kagome juraba que era trabajo acumulado durante la semana que no se presentaba en la oficina—. Nena no es mi intención, pero Myoga lo quiere para mañana. Ya he avanzado, pero falta tu firma en algunos documentos.
—Lo sé, mil gracias por tu ayuda, Miroku —la sonrisa del hombre se ensanchó con suficiencia mientras dejaba la pila de papeles en la mesa—. Yuka, ¿podrías traerme un lapicero de mi despacho? —dijo dirigiéndose a la mujer que terminaba de servir el agua.
—Sí, señora —contestó la mujer.
—Myoga está sobre explotando a tu secretaria.
—Ah, vaya, se lo merece —dijo Kagome sonriente.
Sango tomó uno de los vasos de agua y le ofreció una a Kagome y el otro a Miroku. Después de darle un sorbo, la mujer de servicio regresó con el bolígrafo.
Cuando Kagome lo tuvo entre sus manos jaló la fila de papeles y empezó a firmar los documentos pendientes. Sango y Miroku empezaron a platicar de cosas triviales en lo que ella se ocupaba de los asuntos, y cuando pasó el último papel se levantó para estirar los brazos. Se detuvo del reposabrazos para empujarse y entonces golpeó la mesa con el vientre y los vasos de agua le cayeron encima.
Sango se levantó antes de mojarse y ayudó a Kagome a apartarse, sin embargo la cara de Kagome se había convertido en un papel completamente blanco y contraído por el dolor.
— ¿Kagome, estas bien? —ella negó sin poder hablar. Respiraba profundo y exhalaba con fuerza por la boca.
—El bebé —murmuró trémula.
—Oh por Dios, claro, el bebé. —Miroku se quedó en su lugar sin saber qué hacer exactamente y luego, cuando Sango le gritó para que reaccionara, salió corriendo por el coche para llevarla al hospital.
Al llegar la fuente ya se le había roto y había entrado en labor de parto. Las enfermeras se ocuparon de ella y la prepararon para el alumbramiento.
Kagome había esperado ese momento con tantas ansias, pero la primera cosa que le pasó por la cabeza mientras cruzaba la puerta del quirófano fue la mirada de Bankotsu y su sonrisa.
Por otro lado, Bankotsu se recostó en su oficina tratando de concentrarse en los nuevos asuntos de una empresa textilera. Llevaba poco tiempo en el puesto y el hecho es que se le hacía difícil concentrarse, a pesar de que era un trabajo sencillo y él era el mejor en su área.
Todo había empezado a raíz de que salió de aquel centro comercial y vio a Kagome embarazada. Al principio pensó que era una absurda ilusión y la dejó pasar, pero días después la volvió a ver y en ese momento estuvo seguro de que era ella.
No obstante, él no se sentía preparado para enfrentarla de nuevo, así como tampoco lo estaba para reclamar una paternidad que podría no corresponderle, al final, ella había estado pensando en una inseminación artificial, y nada le aseguraba que fuese su hijo el que crecía en el vientre de Kagome.
Sin embargo, nada le haría más feliz que aquello. Se levantó del mueble y caminó hasta uno de los lockers para tratar de seguir trabajando. Las carpetas con la información estaban apiladas por fechas y estaba a punto de tomar una cuando su celular comenzó a sonar…
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Kagome tenía una hermosa bebé entre sus brazos y derramó las lágrimas que tanto se había esforzado por retener desde que Bankotsu se había ido de su lado. Los ojos de la pequeña se abrieron pestañeando. Y las lágrimas brotaron con más fuerza porque eran los mismos ojos de Bankotsu y su cabello negro como las alas de un cuervo se le pegaba a la carita tal y como a él se le pegaba con el sudor.
En ese entonces se dio cuenta de cuanto había deseado poder darse una nueva oportunidad con él. Las cosas entre ellos no había funcionado en la universidad y tampoco ahora, pero Kagome sabía que lo conocía más de lo que pensaba.
De pronto sus pensamientos fueron interrumpidos. Y como era costumbre de ese hombre entrar y abrir puertas en los momentos más inoportunos, apareció Bankotsu Howe, con su semblante frío que se descompuso en cuanto la vio llorar y con el pequeño bebé en brazos.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano. Bankotsu no dejaba de mirar al bebé y se acercaba lentamente a ellos. Un miedo la inundó de pensar que él podría estar ahí para arrebatarle a su hija—. Detente ahí, Bankotsu. —murmuró trémula. Los labios se le convirtieron en una línea fina temblorosa, pero abrazaba a su bebé con la fuerza de una fiera capaz de todo por él.
—Yo quería conocerlo. Y… —comenzó él, pero las palabras se detuvieron abruptamente. Porque Miroku entró y lo jaló del cuello de la camisa de manera salvaje.
—Nadie dijo que podías venir —gritó exasperado.
—Yo lo he llamado, merecía saber la verdad —contestó Sango. Tomó a Miroku de los brazos para que dejara de jalar la camisa de Bankotsu.
—No merece ni respirar…
—Basta, Miroku —lo prohibió Kagome. El hombre soltó a Bankotsu y se volvió apara mirarla—. Déjanos a solas, tengo que hablar con él.
— ¿Estas segura? —ella asintió y al hombre no le quedó de otra más que salir de nuevo de la habitación, mientras Sango lo arrastraba.
—Antes de que digas algo, quiero que me escuches, Bankotsu —él no dijo nada así que ella se preparó para lo que iba a decir. Carraspeó para recuperar su voz y dijo: —Uno —comenzó a enumerar con los dedos de la mano libre—, el bebé es tuyo. Dos —levantó otro dedo—. Sí, es cierto que al principio lo nuestro sólo me beneficiaría para que pudiera quedar embarazada, pero….
—Ya Kagome, no me interesa lo que haya pasado —la interrumpió—, lo cierto es que tenemos un hijo y quiero hacerme responsable.
—Oh, claro que interesa Bankotsu, porque no me estás entendiendo —Bankotsu cruzó los brazos por encima del pecho y la dejó de hablar—. Tal vez ya no hay remedio, pero yo de verdad quería darme una nueva oportunidad para amar. Lo que pasó es que malinterpretaste mis palabras, ¡Vaya! Ni siquiera terminé de decir lo que de verdad trataba de darle a entender a Miroku yo…
—He —la volvió a interrumpió—, no necesito que me expliques nada. Mira, simplemente querías ser madre y yo aparecí para cumplirte tu deseo. No voy a reprocharte nada, sólo quiero que me dejes estar cerca del bebé.
Kagome no supo si era por las hormonas de su nueva maternidad o por sus sentimientos que pugnaban desbordantes desde hacía meses, pero las lágrimas se le escurrieron sin darle tiempo a despejarlas de sus ojos. ¿Por qué últimamente lloraba por todo? Ah, claro, las hormonas estaban alborotadas según su ginecólogo y era algo normal.
—Esto es lo que pasa cuando no eres perfecta —susurró. Bankotsu bajó los brazos al escuchar su voz quedita y se acercó a la orilla de la cama. La cercanía de Bankotsu le hizo recordar lo mucho que lo había deseado a su lado durante el embarazo y lo tonta que había sido al no salir corriendo detrás de él aquel día de su oficina—. Creo que nosotros no tenemos oportunidad Bankotsu. Míranos, tan sólo llevábamos unos días intentando algo y después todo se fue por la borda como hace un par de años.
El resoplido que Bankotsu soltó le recordó a un caballo y muy lejos de sentirse derrotada tuvo ganas de echarse a reír más por su mala cabeza que por lo injusto del destino.
—Las cosas pasan por algo, Kag —el sonido de su nombre, en sus labios con aquel diminutivo de su nombre le aceleró el corazón, hacía mucho tiempo que nadie la llamaba de esa forma, ni el mismo Inuyasha. Él había dejado de hacerlo cuando se casaron. Ella se removió inquieta en la cama.
—Lo que pasa es que tenemos mala comunicación… tal vez si yo te hubiese dicho las cosas desde el principio no habríamos llegado a esto.
—Y tal vez si yo no tuviese la costumbre de sacar conclusiones precipitadas —Kagome se giró a verlo. Los hermosos ojos de Bankotsu la examinaban con profundidad y antes de poder desviar la mirada, sonrió irónica.
—Creo que tu costumbre es abrir puertas sin haber tocado primero. ¿Alguien te dijo que es de mala educación? —Bankotsu se echó a reír y el sonido de su risa le pareció lo más lindo que escuchaba desde hacía meses, claro, después del llanto de su bebé.
—Dime por qué no me quedé a pedirte explicaciones ese día —ella se encogió de hombros sintiéndose patética.
—No lo sé, así como tampoco sé por qué no fui detrás de ti.
— ¿Aun estás dispuesta a darnos esa oportunidad? —el miedo de volver a arruinar las cosas la invadió y la mano que tenía libre comenzó a temblar de sólo pensarlo, sin embargo en comparación con las muchas veces que había tenido miedo, ahora, la mano de Bankotsu calmó su temblor—. Hagámoslo por ella —dijo rozando su dedo pulgar en la mejilla colorada de la pequeña bebé. Kagome escuchó el gorgoreo de su niña al sentir los dedos de su padre y un nuevo sentimiento desconocido amenazó con bullir de su interior.
—No sabes cómo he sufrido por no haber sido lo suficientemente buena para aplastar mi orgullo. Inuyasha me consintió tanto. Con él siempre podía tener la razón y me convirtió en una mujer caprichosa.
—Él te amaba, por eso siempre trató de hacerte feliz, aun si eso significaba darte la razón cuando estabas equivocada.
—Pero contigo era diferente. No regresaste cuando quería que lo hicieras, no volviste a mí pidiendo una explicación…
—Sólo dejemos de lamentarnos, Kagome.
— ¿Crees que funcione? —él se encogió de hombros mientras le tomaba de la barbilla. Su cálido aliento le golpeó directo en la cara haciéndola consciente de que no quería volver a estar lejos de él.
—No lo sé, nunca hemos sido compatibles, pero podemos experimentar, al fin y al cabo echando a perder se aprende.
—Oh, pero si serás… —y entonces Bankotsu la besó y sus palabras quedaron perdidas en el aire. Lo único que podía entender en ese momento es que amaba a ese hombre y no sabía desde cuándo.
Quizá desde la primera vez que lo vio en la universidad o desde que lo vio en aquella oficina dispuesto a conquistarla de nuevo.
Bankotsu había llegado a su vida mucho tiempo atrás cuando apenas empezaba a entender lo complejo que era el amor. En ese entonces lo de ellos no había funcionado, ni siquiera cuando le dijo que esperaría por ella el tiempo que fuera necesario, y menos cuando la vio casarse con Inuyasha. Pero ahora, mucho tiempo después de aquellos acontecimientos podía volver a intentar hacer funcionar esa pequeña chispa que había entre ellos.
Epílogo
Kagome metió entre la pañalera las cosas necesarias para ir a un pequeño viaje de un par de horas. Bankotsu la esperaba en el auto con la pequeña Rin y por sus risas parecían estar divirtiéndose mucho. Al mirar por la ventana se los encontró jugando con el volante del coche. Rin parecía entretenida con el asiento del conductor y Bankotsu se mofaba de la risilla de la niña cada que le pasaba la nariz en la espalda.
Ella sonrió ante la imagen y se apresuró a bajar las escaleras. Abrió la puerta del copiloto y tomó a Rin entre brazos para que Bankotsu tomara el control del volante.
— ¿No olvidaste nada? —preguntó girando la llave.
—No lo creo. Va todo en perfecto orden.
—Excelente.
El auto se puso en movimiento seguido del sonido del motor, entonces el trayecto hacia el panteón se hizo ameno con el balbuceo de la pequeña bebé.
Al llegar, Bankotsu bajó el ramo de flores que iban en el asiento trasero, y luego tomó al bebé en brazos para dejar que Kagome se dirigiera a la lápida de Inuyasha.
En cuanto ella puso los ojos en las inscripciones del nombre de Inuyasha Taishō, no pudo evitar que las lágrimas resbalaran por sus ojos. Era el cuarto aniversario de su muerte y a pesar de su insistencia en ir sola, Bankotsu decidió que quería estar con ella, para fortalecerla en cuando terminara su visita.
Kagome se puso de rodillas y limpió el nombre en la piedra para después dejar las flores en el pequeño jarrón que reposaba en el centro.
—Aquí me tienes de nuevo, Inuyasha, como todos los años. Aunque ésta vez no vengo sola —en ese momento se giró a ver a Bankotsu con Rin en brazos. Estaban a unos metros de ella esperando—. Hay tantas cosas que tenía que decirte, pero la verdad es que las he olvidado todas. Ya sabes cómo soy… lo siento Inuyasha —el viento meció sus cabellos como si Inuyasha hubiese escuchado sus palabras. Y entonces volvió a llorar.
Extrañaba su presencia, su sonrisa y su forma de tranquilizarla cuando las cosas iban mal. Extrañaba tanto al hombre que había sido Inuyasha Taishō, y sin embargo, ya no de la misma forma que lo habría hecho un año antes.
—Vengo a despedirme, ¿sabes? —Murmuró—, tengo algo por lo cual seguir adelante. Quiero ser feliz, quiero tenerte en mi memoria tal y como cuando éramos felices, y venir aquí me hace daño. No dejo de pensar en aquel accidente y lo que hubiese sido de nosotros, pero ya no podemos cambiar lo que pasó. Te amé, Inuyasha, fui tan tuya y tan feliz….
—Pero ahora yo la voy a cuidar —la interrumpió Bankotsu. Kagome levantó la cara hacia él y se puso de pie con una sonrisa.
Bankotsu la rodeó con el brazo que tenía libre y la acercó a él de forma protectora. Rin movía las manitas hacia la lápida y sonreía queriendo alcanzar las flores.
—Yo te voy a cuidar y proteger. Y aquí frente a la tumba del hombre que te amó tanto como te amo yo, te pido que seas mi amiga, mi amante, mi compañera —entonces la miró a los ojos—. Sé mi esposa, Kagome, cásate conmigo.
Ella se quedó sin palabras en ese instante. Y sólo reaccionó cuando los labios de Bankotsu se posaron sobre los de ella.
Inuyasha había sido su primer amor, y el hombre que amó con todas sus fuerzas, pero ella debía dejarlo descansar en paz. Porque si de algo estaba segura, era que él deseaba su felicidad donde sea que éste estuviera. Y ella sería feliz por los dos. Viviría cada día como si fuese el último, amaría hasta quedar sin fuerzas y daría gracias todos los días por la maravillosa vida que le había tocado vivir. Porque ella quería intentarlo de nuevo.
Sólo una vez más, se dijo mientras respondía a su beso.
Fin
Wow no sé qué puedo decir. Quizá debería por agradecer a rogue85 por ayudarme en esto. Has sido de mucha ayuda, linda. Corregiste mis incoherencias y mis horrores de ortografía.
También agradezco sus hermosos reviews y por haber dado follow y favoritos.
iblwe: Me eres tan fiel y por alguna razón siempre eres la primera en comentar. Me haces tan feliz. No puedo estar más agradecida contigo, por tu apoyo incondicional y por tus palabras que siempre me dan ánimos. Respecto a los capítulos, pues el reto sólo permite tres, así que por eso sólo he hecho tres e incluí el epílogo en el mismo.
rogue85: Disculpa por sacarte lágrimas. El capítulo no debería haber sido tan dramático, pero no pude evitarlo. Yo también sufrí con la historia y con cada palabra que plasmé, pero en fin, lo terminé y casi llegué en la fecha.
Karito: Gracias por tus palabras. Dijiste que mi fic es hermoso y que tengo talento. Espero no haberte decepcionado con el final.
Yuli: Bankotsu no es mi fuerte, y tal siempre lo llevo al ooc, pero la verdad que es mi forma de ver a los personajes tal y como lo dijiste. Y de seduciendo al conde, pues… Está en manos de Breen el capítulo.
frangarrido1993: Creo que Bankotsu a veces llega a ser muy impulsivo jaja espero no haberte decepcionado con este final. La historia da para mucho drama, pero me tengo que apegar al número de capítulos que me da el reto.
Ijubi-sama: Ow ya quiero leer tu fic, me has dejado emocionada y el hecho de que el mío te haya inspirado es un verdadero honor. Fíjate que has comentado mis fic, y hasta ahora me di cuenta que eres la autora de uno de mis fic favoritos. Es uno de los primeros que leí. Estaban publicándolo en una pagina de fb y por eso no te conocía en ese entonces. Ni siquiera tenía cuenta en ff. Casi me da algo cuando vi que eras tú. Qué honor… Fangirleo de felicidad.
Gracias por tomarse su tiempo para leer esto. Espero a ver cómo me va en las votaciones. Ya saben, si les ha gustado no duden en dejarme un review y darme puntitos en el concurso.
Con cariño: Danperjaz
