Capítulo 3
De: Emma
Para: Regina
Asunto: Fiesta en casa de Julie.
Hola, hace mucho que no sé de ti... Espero que no te estén machacando más de la cuenta en «la oficina». Apenas te he visto en todo el verano. Esta noche hay una fiesta en casa de Julie y quería saber si te apetece ir. No quiero ir sola. En fin, seguro que andas ocupada haciendo lo que sea que hagas, así que llámame cuando tengas un momento o contéstame por e-mail.
De: Regina
Para: Emma
Asunto: Re: Fiesta en casa de Julie
Emma , sólo dos líneas. Muy ocupada. No puedo salir esta noche, le prometí a Daniel que iríamos al cine. ¡Lo siento! Ve tú y diviértete.
¡Hola, Emma!
Saludos desde Portugal. Hace mucho calor. Mi padre sufrió una insolación y mi madre se pasa el día tumbada en la piscina, lo cual es tremendamente aburrido. No hay mucha gente de mi edad por aquí. El hotel es tranquilo (foto en el anverso) y, como puedes ver, está delante de la playa. ¡Te encantaría trabajar aquí! Volveré con una colección de botecitos de champú, gorros de ducha y otras cosillas de esas que tanto te gustan. El albornoz es demasiado grande para meterlo en la bolsa. Nos vemos a la vuelta.
Regina.
De: Emma
Para: Regina
Asunto: ¿Nos ponemos al día?
¿Qué tal las vacaciones? No he sabido nada de ti desde que has vuelto. ¿Te apetece salir esta noche para ponernos al día?
De: Regina
Para: Emma
Asunto: Re: ¿Nos ponemos al día?
Perdona, he estado muy atareada desde que volví. Tengo tu regalito. No puedo quedar esta noche, pero te llevaré el regalo antes de irme.
De: Emma
Para: Regina
Asunto: Re: Re: ¿Nos ponemos al día?
Anoche no viniste. Quiero mis botecitos de champú, ja, ja.
De: Regina
Para: Emma
Asunto: Re: Re: Re: ¿Nos ponemos al día?
Me voy a Donegal a pasar el fin de semana. Los padres de Daniel tienen un pequeño «escondite» allí. Te llevaré el regalo cuando regrese.
A la amiga más imbécil y desconsiderada:
Te escribo esta carta porque si te digo lo que tengo que decirte a la cara lo más probable es que te dé un puñetazo.
Estás desconocida. No te veo nunca. Sólo recibo alguna nota breve o un e-mail apresurado cada tantos días. Entiendo que estás ocupada y entiendo que tienes a Daniel, pero ¿y yo? Se supone que soy tu mejor amiga.
No tienes ni idea de lo que este verano ha sido para mí. Desde niñas hemos ahuyentado a todo aquel que podría haber sido amigo nuestro para quedarnos sólo tú y yo. No es que no quisiéramos a nadie más, es sólo que no los necesitábamos. Tú siempre me tenías a mí y yo siempre te tenía a ti. Ahora tú tienes a Daniel y yo no tengo a nadie.
Lamentablemente, parece que ya no me necesitas. Me siento como esas personas que intentaban convertirse en amigas nuestras. Soy consciente de que, como tú y yo en su momento, no debes de hacerlo deliberadamente. De todas formas, no me quejo por lo mucho que lo odio, sólo intento decirte que te echo de menos. Y que, bueno..., me siento sola.
Cada vez que me cancelas una cita termino quedándome en casa viendo la tele con mis padres. Elsa sale continuamente y hasta August que es mi hermano pequeño tiene más vida social que yo. Resulta muy deprimente. Creía que este verano íbamos a pasarlo en grande. ¿Qué ha sucedido? ¿No puedes ser amiga de dos personas a la vez?
Ya sé que has encontrado a alguien superespecial y que tienen un «vínculo» excepcional, o lo que sea, que tú y yo nunca tendremos. Pero tu y yo tenemos otro vínculo: somos amigas íntimas. ¿O es que el vínculo con tu mejor amiga desaparece en cuanto conoces a otra persona? Puede que así sea, y que yo no lo entienda porque no he conocido a ese «alguien especial». Tampoco es que tenga demasiada prisa. Me gustaban las cosas tal como estaban.
Dentro de pocos años, si oyes a alguien pronunciar mi nombre, dirás: «Emma. Hacía siglos que no oía su nombre. Éramos grandes amigas. Me pregunto qué andará haciendo ahora. ¡No la he visto ni he pensado en ella en años!». Te parecerás a mis padres cuando dan una cena y hablan de los viejos tiempos. Se ponen a recordar algunos de los días más importantes de su vida y mencionan a personas de las que nunca había oído hablar. ¿Cómo es posible que mi madre ni siquiera hable por teléfono con la que fue su dama de honor hace veinte años? O, en el caso de mi padre, ¿cómo se entiende que no sepa dónde vive su amigo íntimo del colegio?
En fin, lo que quiero decir (sí, pretendo decir algo concreto) es que no me apetece convertirme en una de esas personas a las que se olvida fácilmente después de haber sido tan importantes, tan especiales, tan influyentes y tan valoradas y que años después no son más que un rostro desdibujado y un recuerdo distante. Quiero que seamos amigas íntimas para siempre, Regina.
Me alegra que estés contenta, lo digo en serio, pero me siento abandonada. Quizá nuestro momento ya pasó. Quizás ahora te corresponda pasar todo el tiempo con Daniel. Y si tal es el caso, no me molestaré en mandarte esta carta. Y si no voy a mandarte esta carta, ¿qué demonios hago escribiéndola? Bueno, se acabó. Voy a romper estos pensamientos confusos.
Tu amiga, Emma
De: Regina
Para: Emma
Asunto: ¡cisne!
¡Hola, Hermoso Cisne! ¿Estás bien? (¡Hacía un montón de tiempo que no te llamaba así!) Hace días que no sé nada de ti. Te mando este e-mail porque cada vez que paso por tu casa, o no estás o estás dándote un baño. ¿Debo empezar a tomármelo como algo personal? Aunque conociéndote, si tuvieras algún problema conmigo, ¡no creo que la timidez te impidiera contármelo!
De todas formas, en cuanto termine el verano nos veremos a diario. ¡Nos hartaremos de vernos! Me cuesta creer que éste vaya a ser nuestro último año en el colegio. ¡Es una locura! ¡Dentro de un año por estas fechas yo estaré estudiando medicina y tú serás una directora de hotel extraordinaria! En el trabajo llevamos un ritmo frenético. Mi padre me ha concedido una especie de ascenso, así que ahora hago algo más que archivar y clasificar. (Ahora también contesto teléfonos.) Pero necesito el dinero y al menos veo a Daniel todos los días. ¿Qué tal tu empleo como jefa de lavaplatos en The Dragon? Me asombra que dejaras de hacer de niña perezosa para dedicarte a eso. Te habrías pasado las noches viendo la tele en vez de acabar con las manos arrugadas como pasas de tanto frotar e intentar despegar fideos de huevo de la superficie de los woks. En fin, mándame un e-mail o llámame o lo que sea.
De: Emma
Para: Regina
Asunto: ¡Rayo de luna!
No creas que te veo tan poco porque odie a Daniel (aunque lo cierto es que lo odio), es sólo que pienso que Daniel me tiene una cierta aversión. Quizá tenga que ver con el hecho de que un amigo suyo le contó lo que escribí sobre él en aquellos mensajes (no tan) privados que nos mandamos durante la clase de informática el año pasado. Aunque supongo que ya estás enterada de eso. No creo que le gustara que lo llamara puto, no sé por qué... algunos hombres son así de raros. (Hablando de clases de informática, ¿sabes que el señor Simpson se ha casado este verano? Estoy hecha polvo. Nunca voy a ver el Excel de la misma manera, se me ha ido el amor.)
En fin, ¡pronto será tu cumpleaños! ¡Por fin alcanzarás la magnífica edad de los dieciocho! ¿Te apetece que salgamos a celebrarlo legalmente (bueno, al menos tú)? Dime algo.
P. D.: Por favor, ¡deja de llamarme Cisne!
De: Regina
Para: Emma
Asunto: Dieciocho cumpleaños
Me alegra comprobar que sigues viva después de todo. ¡Estaba empezando a preocuparme! Me encantaría celebrar mi cumpleaños contigo… lo sabes, pero los padres de Daniel nos han invitado a mí y a mis padres a cenar en el Hazle. (¿Sabes que es el restaurant más caro de la ciudad?) Lo hacen para que todos nos vayamos conociendo. Lo siento, quedamos otra noche sin falta.
Queridísima Regina:
Bueno, me alegro por ti.
Me cago en Daniel.
Me cago en sus padres.
Me cago en el Hazle.
Y SOBRE TODO ME CAGO EN TI.
Te quiere, tu amiga íntima Emma.
De: Emma
Para: Regina
Asunto: ¡Feliz cumpleaños!
De acuerdo. Bueno, que disfrutes de la cena. ¡Feliz cumpleaños!
De: Emma
Para: Regina
Asunto: ¡CATÁSTROFE!
¡No puedo creer que esto esté ocurriendo! Acabo de hablar con tu madre. La había llamado para charlar un poco y me ha dado la mala noticia. ¡Es la peor noticia del mundo! Por favor, llama en cuanto puedas. Tu jefe no para de decirme que no puedes recibir llamadas en horario de trabajo: DESPÍDETE, Doña Nunca-jamás-voy-a-trabajar-en-una-oficina.
Esto es terrible. ¡Me siento fatal!
CONTINUARA….
