Segunda entrega aquí! Notas al final
Revisado por Kaith Jackson, gracias :) :D
ADVERTENCIA: aconsejo que hayan leído el manga hasta el capítulo 51, ya que podrían haber unos cuantos spoilers. Nada exagerado.
Capítulo 2. ¿Te conozco?
—¡Arriba, arriba! —escuchó un grito demasiado emocionado para la hora que era.
El sueño invadía a Jean, a tal punto que fue incapaz de abrir sus ojos por completo. Decidió darse la vuelta e ignorar el sonido. De todas formas, ni siquiera había luz.
—¿Qué… pasa…? —respondió otra voz.
—¡Tú no, Connie! Vuelve a dormir, le hablo a Kirschtein.
Diablos… él era Kirschtein. Le hablaban a él. Eso significaba que era Jean quien tenía que levantarse. Hizo un sonido que pareció un gruñido, tal vez si no respondía, lo dejarían en paz.
Sintió cómo alguien se acercó a moverlo, lo zarandeaba para despertarlo.
—Oye, demonios. ¡Es hora de matar titanes! —Reconoció esa voz cómo la más molesta de todas.
Se levantó del colchón, irguiéndose lentamente.
—Ya voy, ya voy, Jaeger —dijo, la somnolencia que le rodeaba hacía imposible una respuesta inteligente o sarcástica.
—Si no se apura, ¿podemos dejarlo, Armin? —escuchó que le preguntaron a alguien más.
—Tiene que ir, Eren. Debe identificar al titán que vio ayer.
Salió de la habitación.
El agua era más fría cuando no había sol; logró despertarse cuando la sintió en su cara. Tembló un poco por el cambio de temperatura.
Bueno, por lo menos ya no tenía sueño.
Era una pequeña exploración de seis personas. Hanji, su asistente que siempre estaba presente (su nombre era Moblit o Mablit o algo más tonto que eso), Levi, Eren, Mikasa y él.
Tomaron un caballo cada uno, y partieron hacia la muralla menor.
Dijeron que le avisarían al comandante Erwin cuando confirmaran la presencia real del titán. Aparentemente el líder tenía muchas cosas en sus manos, tanto que no querían agregar cargas extras, a menos que fueran de extrema importancia. Jean tuvo la idea que la razón era porque no le creían que hubiera un titán dentro de los dominios de la humanidad.
Frente a ellos, se extendía la muralla interna detrás de Rose. Usaron el equipo de maniobras para escalarlo. Y ahí, frente a ellos se encontraba el cementerio. Sintió una pulsación de nostalgia cuando vio de nuevo el vertedero de los cientos de cadáveres.
Inclinó su cabeza, por ahí abajo, en algún lugar, estaba el arreglo floral que había hecho el día anterior. Desde esta altura no era fácil ver más que un grupo de colores juntos, a la par del color frío y oscuro de los cuerpos que habían sido ensuciados por obra del viento y la tierra. Tarde o temprano esos cuerpos serían quemados, para evitar que se acumularan y para prevenir propagación de enfermedades.
—¡Ahí está! —escuchó la exclamación de la líder Hanji.
Jean se giró para verla. Ella agitaba los brazos, hacia arriba y abajo, intentando llamar la atención de alguien.
Miró a lo que la líder veía, divisó al gigante de quince metros, estaba sentado, mirando el suelo. Se veía más pequeño de ese modo.
—Oye, ¡hola! Mira hacia acá… Soy Hanji Zoe ¿cómo estás? ¿Te sientes solo? Venimos a hacerte compañía…
Ella siguió hablando, intentando que el monstruo le prestara atención. Él no parecía escucharla.
La castaña levantó la voz, lo llamó como si fuera un amigo.
—Ven aquí grandote, mírame. ¿Tienes nombre?
El titán la continuó ignorando. Siguió viendo el suelo, haciendo surcos con sus manos, nada específico, solo tocando la tierra. Como si jugara con ella.
Escuchó el sonido de los cables del equipo de maniobras de Hanji. Ella bajó de la muralla, que era su protección contra el devora-hombres. Y entonces caminó hasta estar a una distancia poco sensata del titán.
Los chicos sólo la miraron. Su asistente parecía estar a punto de desmayarse.
—Líder de escuadrón, ¡lo que hace es muy peligroso! —le gritó Moblit, utilizando sus manos para amplificar el sonido.
Ella se puso enfrente del titán, agitó sus manos otra vez. Sonreía ampliamente.
—¿Qué tal? ¿Estás escribiendo en la tierra, o estás dibujando un gusano enorme? ¿Eres un artista? —Lanzaba ella pregunta tras pregunta. Sus manos, movidas por el hábito, puestas en las filosas hojas de su equipo, lista para sacar las espadas si el monstruo se movía hacia ella con intenciones de convertirla en su desayuno.
Las preguntas que Hanji hacía se escuchaban cada vez menos, la distancia a la que se encontraba de ellos era muy grande.
—Va a morir… —comentó Jean, hablando en voz alta sin reparar en lo que decía.
—Estoy seguro que ella sabe lo que hace, además es rápida y está acostumbrada a enfrentar titanes —la defendió Armin, que había adoptado de mentora a la loca mujer o algo parecido.
—Creo que planea capturarlo —terció Eren suavemente.
—Es un excéntrico ¿verdad? No muestra interés en devorarla —opinó Jean de nuevo.
—Si eso es cierto, no creo que sea prudente capturarlo —todos se voltearon para mirar a Armin—. Los titanes excéntricos tienen un comportamiento poco predecible, y actúan muy diferente a los usuales. Tomar cautivo a un titán que puede correr, saltar o que no se impulsa por el deseo de comer sería muy peligroso.
Una vez más, Armin Arlert tenía razón. Eso sí que era una sorpresa para todos, pensó Jean con sarcasmo.
—¿Planea matarlo, entonces? —cuestionó Eren.
—No estoy seguro —opinó el rubio—. Nos ha sido presentado en bandeja de plata, desperdiciar una oportunidad así sería una decisión tonta ¿no les parece? Por otro lado, no sabemos su origen ya que Jean dijo que no hay brechas en la muralla, ¿de dónde salió este titán? No podemos eliminarlo si tampoco sabemos eso.
—No parece hacer nada… —comentó el chico de ojos verdes.
Jean sabía que eso no era suficiente para descartar a un titán como peligroso. Si ese gigante era un excéntrico, entonces su actitud podía cambiar de un instante a otro. En cualquier momento se lanzaría sobre la mujer que estaba batiendo sus manos frente a él.
Todos se voltearon cuando el titán se movió, incluso la líder de escuadrón sacó sus espadas.
El monstruo se apoyó con ambas manos en el suelo para ayudar a levantarse. Se irguió completamente, actuaba como si no hubiese nadie a su alrededor. Caminó de forma errante, como si sólo deambulaba.
—Si me transformo en titán lo mataría fácilmente —dijo Eren, ya poniéndose en posición de ataque. Si recibía la orden, probablemente se lanzaría sin pensarlo.
Seguidamente, escucharon zumbidos de un equipo y Hanji subió a la muralla con ellos.
—No me pone atención —declaró ella con tristeza.
—Ya notamos eso, cuatro ojos —Levi le contestó.
La mujer ignoró al otro capitán y continuó con su explicación.
—Diría que es un excéntrico, así que no hay forma de saber cuáles serán sus acciones después de esto. Parecía no ponerme atención, pero eso no quiere decir que será así siempre…
Y ella continuó explicando lo que Armin y él habían opinado desde antes. Jean se sintió orgulloso de sí mismo. Después de ver la situación, había sacado una explicación, supuesto unas conclusiones y adivinado lo que pensaba la líder; realmente estaba demostrándose que había aprendido algo después de meses en la Legión de Reconocimiento. Se palmó el hombro mentalmente en felicitación.
Miró a Armin para confirmar que él también se sentía así. Después de todo, el chico se había convertido en el recluta nuevo de más confianza para la alocada castaña, sus mentes parecían funcionar igual. Pero no identificó eso en el chico más bajo, tenía una mano en la barbilla, estaba inmerso en sus pensamientos.
—Líder… —interrumpió el menor—si vio al titán de cerca… ¿podría describirme su rostro?
Qué pregunta más extraña. ¿Qué interés podría haber en la cara de un gigante? Todos tenían igual expresión facial, la misma sonrisa sardónica, como si fuera una burla hacia todos los humanos.
A menos que…
—Armin… —habló Jean— ¿crees que sea un humano?
—Te me adelantaste, pequeño —felicitó la mujer, para después explicar—. Ya que no hay disrupciones en el muro, no podemos ignorar la probabilidad de que sea un humano; sin embargo, si no ha regresado a su forma humana, ni entiende cuando le hablamos; esto significaría que es alguien que no sabe utilizar su poder.
—Como yo en un inicio… —agregó el joven capaz de transformarse en titán.
—¡Cuidado! —lanzó el grito Mikasa, tomando a Eren y a Armin por el cuello de sus camisas, alejándolos del lugar al mismo tiempo.
Mientras hablaban nadie se dio cuenta que el titán se había acercado, y ahora extendía una mano hacia el grupo de humanos. Esto demostró que después de todo sí era uno del tipo inusual, tenía cambios en su patrón de comportamiento.
Todos se dispersaron, algunos corriendo y otros usando el equipo de maniobras. Jean fue de los que corrió. Vio la enorme mano ir hacia él como una garra. Tuvo que usar los cables de su equipo para evitar ser atrapado.
Escuchó a los demás gritar su nombre, se paró en el borde de la muralla, a varios metros del monstruo.
El gigante tenía más cerca al asistente de la señorita Zoe, y él estaba preparado para atacar, con espadas en mano, y la expresión de alguien listo para matar.
—¡Moblit! —gritó ella y se colocó frente a él, en medio del titán y el hombre— No podemos eliminarlo, no sabemos nada de él.
—Qué molesto… —comentó el capitán Levi—a este paso va a comerse a alguien. Voy a quitarle sus brazos, Hanji.
Ella corrió hacia él para detenerlo.
—Espera… fíjate, no está atacando a nadie. Ni siquiera nos observa.
Ambos vieron al titán, quien no les regresaba la mirada. De nuevo no les prestaba atención a ellos, pero su cabeza estaba en una dirección específica, su atención puesta en…
'Mí'.
Jean tragó saliva cuando notó que el gigante caminaba hacia él. Dio unos pasos hacia atrás, y sintió el borde de la muralla del otro lado, no tenía dónde escapar.
Desde esta altura, pudo apreciar el rostro del titán, mientras se acercaba, su boca hacía una mueca donde parecía sonreír. Era su imaginación, seguramente, pero la cara del titán le resultaba familiar de alguna forma…
—¡Jean! —escuchó el grito de sus compañeros.
Lo sacó de sus pensamientos, se lanzó del otro lado de la muralla. Evadiendo completamente al titán.
Una vez en el suelo, sintió que sus piernas no eran suficientemente fuertes para soportar su peso. Se hincó en el césped.
El rostro de ese titán, sus ojos grandes, su pelo negro. Sus mejillas estaban manchadas, como si alguien hubiera hecho múltiples puntos con un lápiz gigante debajo de sus ojos. Las manchas en sus pómulos parecían… no, no. Seguramente era su imaginación. No podía ser posible.
Le recordaba a…
—Oye… —escuchó que lo llamaban, era el bastardo suicida. Había bajado del muro por él, para llevarlo de regreso a donde estaban todos—, tienes que regresar. Armin tiene una teoría.
Jean creía saber cuál era la teoría del rubio.
—¿Estás bien? —preguntó Eren, ofreciéndole una mano para levantarse. Jean la tomó, no había caso en actuar con orgullo cuando el tipo no estaba buscando pelea.
Asintió en respuesta.
Volvieron a subir la muralla. Sus piernas apenas lograban sostenerlo, se sentía muy aturdido por lo de hace un momento. Pero, por lo menos seguía de pie, eso era algo. El mareo cesó, escuchó los gritos de una mujer.
—¡Aquí, mírame! ¡Tú, el guapo titán! —llamaba nuevamente Hanji, con una mano arriba. El titán se había dado la vuelta y parecía alejarse.
—Nos ignora por completo —comentó Mikasa.
—Jean… —lo llamó Armin—, ¿crees que puedes llamarlo?
El aludido asintió nuevamente, aunque esta vez con más lentitud. Sabía que Armin quería comprobar una idea que ya suponía. Estaba a punto de hacerle caso, pero antes se hizo a sí mismo una pregunta, ¿con qué nombre debería llamar al titán?
Hizo lo que le pareció más obvio.
—Oye titán —probó, su voz no salió lo suficientemente fuerte. Se aclaró la garganta y probó otra vez—. ¡Ey titán! ¡Mira hacia acá!
El gigante se dio la vuelta en respuesta a eso. Se detuvo un segundo para mirar a Jean, luego caminó en dirección a él, otra vez. Repitiendo el ciclo del día anterior.
—Cuando se acerque, deja que te agarre —escuchó al pequeño rubio decir.
—¿Qué? ¿Estás loco? De ninguna manera dejaré que… —le contestó cortante.
—Kirschtein, ¿verdad? —preguntó el hombre más fuerte de la humanidad—. Yo puedo garantizar tu seguridad, si ese monstruo intenta devorarte, yo acabaré con él.
—¡Deja que te agarre! —escuchó que gritaba la mujer de cabellos alborotados. Hace diez segundos había oído las mismas palabras de los labios de Armin. Esos dos genios parecían pensar igual.
El titán se acercaba, a un paso lento pero seguro. Como si aún estuviera aprendiendo a caminar. No se detuvo en ningún momento, y cuando ya estuvo lo suficientemente cerca, estiró su mano en dirección a él, le encantaba hacer eso.
"¿Estarían dispuestos a morir si se les ordena?" Las palabras del comandante Erwin Smith hacían eco en su cabeza. ¿Sería éste su momento final?
Sintió su corazón latir fuertemente, su respiración se estaba acelerando. Los sonidos comenzaron a callarse debido a la sangre que rugía en sus oídos. Su cuerpo fue envuelto por una mano gigante, era muy caliente, más que una mano humana. Se sintió sofocar, y el oxígeno no era suficiente. Sintió que era descendido desde la muralla de veinte metros hasta estar a la altura de la cara del titán de las manchas en el rostro.
Pero no lo acercó a su boca.
Las manos que rodeaban su cuerpo lo tenían a unos metros del enorme rostro. Luego ambas se abrieron para dejar de envolverlo y servirle de suelo a sus pies. El calor se disipó.
Jean abrió los ojos para ver al titán de cerca. Parecía mirarlo con curiosidad, su boca entreabierta.
—¿Eres quien creo que eres? —preguntó Jean suavemente, apenas suficiente para ser escuchado por el ser frente a él. Para no perder la cordura, debía quedarse con un poco de incredulidad. Los cuentos de hadas no existían, y la esperanza era un sentimiento que había perdido hace mucho tiempo.
El ser sólo lo observaba, movía los ojos para admirar distintas partes de su cuerpo, su cara, su cabello; miraba sus pies, sus brazos, sus manos, el uniforme y el emblema de la Legión. También el equipo de maniobras tridimensionales, y las espadas que llevaba con él.
Ahí entendió que el titán no iba a ponerlo en su boca, no era su intención matarlo. Una parte de él quiso extender una mano y posarla en la punta de la nariz del gigante.
Sí era él, debía serlo. El parecido era sorprendente.
'No, no. Jean Kirschtein, no seas un idiota. Es imposible, ya sabes que está muerto, tú mismo lo viste'
—¡Jean! —escuchó a sus compañeros llamarlo otra vez.
—Tú... —le habló al enorme ser— espérame aquí.
Regresó con los demás. Estaban inmersos en conversación.
—¿Y bien? —preguntó Hanji— Armin aquí dice que ustedes lo conocen.
Jean quería hablar, de verdad que lo intentó. Pero no salían palabras de su boca, ni siquiera estaba seguro de lo que debía decir. Estaba completamente mudo. Inútilmente sólo miró a todos sin pronunciar nada.
—Pues… —continuó el rubio, al ver al más alto en un estado tal de sorpresa, que no podía contribuir a sus sospechas en algo tan simple como una conversación— su rostro es similar, y su tamaño es más o menos lo mismo que Eren; aunque eso faltaría comprobarlo. Sin mencionar que desde donde estaba, líder Zoe, usted nos dijo que tenía pecas ¿correcto?
'Pecas… las manchas en su rostro eran pecas.'
—¿Pero… realmente es Marco? —preguntó Eren.
El nombre hizo que Jean se llevara una mano al pecho, sintió un profundo dolor ahí. Un sentimiento de vacío que dejó un hueco muy grande desde que su persona más especial dejó el mundo a la fuerza. Nada más que un cadáver, una carcasa de lo que solía ser, de lo que alguna vez fue. Una expresión de muerte en un rostro partido a la mitad.
—¿Deberíamos sacarlo de ahí entonces? —preguntó la chica número uno de la clase, Mikasa Ackerman.
—Recuerdan cuando les mencioné que podía ser una persona controlando el cuerpo de un titán —preguntó Hanji a todos, cuando estos asintieron continuó—. Existe otra opción, que es la número dos: de la misma manera cómo aparecieron titanes de la nada la vez que no observamos brechas en Rose, por posible acto del titán que parece un simio. Si es posible convertir personas en esos monstruos, existe la probabilidad que él sea uno de esos titanes.
—¿Está diciendo que puede que ese no sea Marco dentro de un titán? —preguntó Eren.
—…Y en su lugar sea un titán que antes solía ser Marco —complementó la hermana de él.
—Matar titanes no es tan fácil cuando agregas el punto de que todos fueron humanos —dijo el capitán Levi, mirando en dirección al gigante.
—Sigue siendo una hipótesis, no tenemos seguridad de nada —finalizó la chica de anteojos—. Lo que quiero decir con esto es que no sabemos si al forzar una herida en la nuca de este titán, lejos de sacar a su amigo intacto, estaríamos condenándolo al acabar con su vida.
—Por eso mismo la madre de Connie sigue con vida —agregó Armin.
—Exacto, mi pequeño aprendiz —felicitó ella nuevamente, acariciándole el cabello. Luego, se dirigió a Jean—. Ahora, estos niños dicen que tú eres el mejor para confirmar la identificación de este titán. Aparentemente el muchacho era cercano a ti, y eres el único ahora que lo vio directamente a la cara.
Jean tenía que hablar, estaba seguro. La pregunta le fue hecha a él, nadie más podía responder en su lugar. Todos estaban esperando a que dijera algo. Pero todo esto parecía surreal, no podía estar seguro de poder controlar su propia voz, se quebraría al momento de intentarlo.
Miró en dirección al titán, que estaba bastante lejos. No se movía, ni siquiera parpadeaba o respiraba, estaba quieto, era como si había escuchado la indicación de "espérame aquí".
Recordó la cara que tuvo tan cerca de él, aunque quisiera negarlo; el parecido no podía ignorarse. Así como la titán del tipo femenino era similar a Annie sin una capa de piel; este titán era su amigo, con rasgaduras en su superficie, mostrando una hilera de dientes a cada lado, solamente cubierta al frente por sus labios. Incluso tenía una expresión de tranquila amabilidad, atenta curiosidad, como la que el muchacho de las pecas solía tener.
Se preparó, tomó aire y abrió la boca para hablar, se equivocó muchas veces, y tartamudeó otras tantas; pero no se detuvo hasta dar la descripción completa.
—E-e-es Marco Bodt, de Jinae... M-miembro de la tropa de r-reclutas del ciclo ciento cuatro. O-obtuvo el séptimo puesto... Se le asignó el mando de la b-brigada juvenil diecinueve. M-murió en la batalla de Trost… Yo lo identifiqué —agregó con dificultad, un nudo en la garganta se le había formado.
Sus compañeros se quedaron mirándole, expresiones de compasión plasmadas en sus rostros.
Jean no quería su lástima, no deseaba tenerlos ahí, inquisitivos con sus presencias. Sólo quería que lo dejaran en paz para sumergirse en su propia desdicha.
Intentando evitar a todos los que le rodeaban, miró hacia abajo, sus pies. No volvió a levantar su mirada. ¿Qué se suponía que iba a pasar ahora?
Todos escucharon un zumbido hecho por los cables de un equipo de maniobras. El capitán Levi se había impulsado en dirección al titán que se creía era Marco. Aterrizó en su cabeza.
El titán pareció no darse cuenta, a pesar que el capitán de baja estatura dio unos cuantos golpes con su pie derecho, en su cuero cabelludo. No se inmutó. Los enormes ojos cafés oscuros continuaban fijados en los chicos en el borde de la muralla, específicamente en Jean.
—No ve a nadie más que a ti… —confirmó la líder de cabellos castaños.
Todos continuaron mirando a Levi intentando llamar la atención del gigante, ahora con palabras apenas audibles desde la distancia a la que se encontraban. Cada esfuerzo fue en vano.
Nuevo zumbido, el serio hombre se acercó a ellos de nuevo. Aterrizó grácilmente, era un experto en controlar su equipo.
—Se ve bastante seguro —opinó en seco el capitán —. Es decir, si realmente es el chico que ustedes mencionan… si logra recordarlos sería ideal. Aunque ahora no parece querer causar daño. Ni siquiera a Kirschtein.
—Creo que deberíamos intentar comunicarnos con él otra vez —comentó Hanji—. Tal vez con palabras más fáciles o con objetos, o señales…
—Antes que nada, sabes lo que tenemos que hacer, cuatro ojos —le respondió él, con toda seriedad.
—Debemos decírselo a Erwin —sentenció ella, a lo que el otro líder hizo un ruido que indicaba que acordaba con eso—. Él decidirá lo que la Legión hará con este hallazgo. Si lo volvemos conocimiento público, o limitado a las mayores autoridades, o si se mantendrá en secreto será decisión del comandante.
—No quisiera que la inútil policía militar se enterara de esto —murmuró Levi.
Ambos le dieron la vuelta al titán y se dirigieron a los adolescentes.
—Bueno, niños —avisó la castaña, como si fuera una madre que llama a sus hijos para la hora de comer—. Es hora de irnos. Debemos hacer un reporte a nuestro comandante.
Jean estaba seguro que los otros tres intercambiaban miradas. Él regresó la vista a sus botas, no quería ver a nadie, se negaba a reconocer a quienes lo rodeaban. Estaba cerrando su mundo otra vez, nadie tenía permiso para entrar.
Ahora iban a marcharse como si nada, después de este gran descubrimiento, después de prácticamente volver a ver a quien había muerto… ¿Qué esperaba la gente de él?
¿Querían, ahora, que tranquilamente regresara con ellos para hablarles sobre Marco? O querían que superara una muerte más de las miles que hubo ese día, que la hiciera a un lado y la olvidara, por el simple hecho que ya había pasado mucho tiempo. Él no podía hacer eso, no era tan fuerte.
Tal vez habían pasado meses, pero se sentía como si hubiera sido hacía cinco minutos.
La señorita Zoe se lanzó al otro lado de la muralla, dejando el vertedero de cadáveres, y su triste, solitario y horroroso ambiente tras ella. Su asistente la siguió poco después.
'Debe ser fácil para ella dejar los muertos atrás' opinó Jean en silencio.
Los tres chicos inseparables se lanzaron en seguida, cada uno dedicándole una mirada a Jean antes de saltar. Él esquivó todos los pares de ojos que lo veían. Se cerró nuevamente, guardando dentro de sí cada pena, ignorando si alguien más quería ayudarlo. De todas formas, ¿quién quería escucharlo hablar sobre sus problemas?
"Nadie" era la respuesta.
Era su turno de saltar, sus piernas se tardaban en responder. No quería acompañarlos, pero no estaba en su poder negarse a obedecer órdenes. Si tan sólo pudiera ir a su cuarto, encerrarse y dormir por el resto del día, no ver a nadie, ni siquiera comer, sólo cerrar sus ojos y descansar sin soñar nada. Le gustaba dormir cuando no tenía sueños.
Cuando no soñaba, no tenía la sombría decepción de que nada de eso, cuando despertaba, era real.
Levi estaba tras él, debió ser porque notó que el chico dudaba mucho en lanzarse, pero se adelantó, lo sobrepasó al caminar.
Giró su cabeza para hablar por encima de su hombro.
—Jean… —comenzó, con su eterna expresión que no reflejaba emociones—uno pensaría que pedirías quedarte aquí.
Debió ser por estar inmerso en su estado de ánimo, y su triste autocompasión; pero se tardó en descifrar la pregunta que le fue hecha.
—¿S-señor…?
Levi giró sus ojos, se miraba ligeramente irritado.
—¿No era tu amigo?
—Marco era mi amigo… —Su respuesta pareció la de un niño de cinco años que perdió su juguete favorito, y había llorado por él hasta que se quedó sin lágrimas por derramar.
Miró a Levi levantar una ceja, sus pensamientos siempre eran un misterio. Jean mentalmente rogaba que no pensara en lo patético que era. Aunque probablemente ya era muy tarde para eso.
—Tómate el resto del día libre —comenzó a dar la orden el pelinegro—. Haz lo que quieras, no me importa. Asegúrate de llegar a la hora de la cena, ya sabes, para que nadie piense que decidiste desertar.
Tras haber dicho todo eso, le dedicó una simple mirada, una ceja elevada, su boca relajada. Cuando Levi confirmó que el más alto había entendido todo, se lanzó de la muralla, detrás de los otros miembros de la Legión de Reconocimiento.
¿Fue una expresión de empatía la que vio en sus ojos?
¿Había adivinado cómo Jean se sentía? ¿O fue capaz de notarlo? Levi era un hombre serio, generalmente inexpresivo; la única emoción que mostraba era la pasión que tenía por mantener el orden y la limpieza en el lugar donde residía o trabajaba.
Pero después de todo sí podía entender los sentimientos de las personas. Jean no era un tonto, comprendió que la orden fue una indirecta "pasa tiempo con tu amigo, de seguro tienen mucho de qué hablar".
Si hubiera registrado todo esto unos segundos antes, si no hubiera estado en las profundidades de su mundo de odio propio, podría haber agradecido apropiadamente.
'Gracias, capitán Levi. Recordaré esto'.
Y ahora…
Se dio la vuelta hacia el titán. Ya no sentía miedo hacia él, cada vez estaba más convencido que la teoría de Armin era correcta. Solo esperaba que no fuera una ilusión, producto de un pensamiento que deseaba que todo fuera cierto.
—¿Marco? ¿Eres tú? —susurró.
El titán caminó hacia él, esperando. No le extendía sus manos.
Jean no quería gritar, sabía que su voz no podría con ese esfuerzo. El nudo en su garganta no podía deshacerse, sus manos querían temblar, su cuerpo moverse en ligeras convulsiones.
Usó su equipo de maniobras para bajar de la muralla, entrar en los dominios del gigante. Éste lo siguió con la mirada, y a veces giraba toda la cabeza para seguir sus movimientos.
El castaño corrió hacia una roca, la que sobresalía por todo lo demás, suficientemente grande para hacer las veces de una tarima, se aseguró que no estuviera conformada por cuerpos. Deseó ignorar con todas sus fuerzas ese crucial hecho. Este lugar no era apropiado para un reencuentro, había cadáveres por doquier, todo olía a muerte.
Escaló, por sus propios medios, la gran roca. No quería hacerlo demasiado rápido, quería tener tiempo para pensar en lo que le diría al otro cuando lo tuviera enfrente. Le tomó unos diez minutos alcanzar el punto más alto.
Hizo un gesto con la mano para indicarle al titán que se acercara a él. Se preguntó si el gigante entendería sus señales. Lo hizo. El enorme monstruo se arrodilló frente a él.
Jean desde su peñasco, completamente erguido, quedó a la altura del rostro del titán de quince metros arrodillado.
—¿Eres Marco? No me mientas, por favor —rogó lentamente, no podría mostrarse orgulloso ahora. No después de todo lo que habían pasado.
¿Por qué aún no se convencía? Todo parecía apuntar a que realmente era él. Entonces… ¿por qué continuaba negándolo?
No quería aceptarlo, no era porque no quería a su amigo de regreso. Pero, era sólo que... aceptar su muerte fue un gran paso para él, fue lo más difícil que hizo en todo su tiempo como un novato de la tropa de reclutas.
Incluso como miembro de la Legión de Reconocimiento. A menudo tenía sueños de él, donde Marco le reclamaba, le recriminaba por su vida, incluso lo culpaba "morí solo", "tú no estuviste ahí", "no pudiste salvarme, Jean".
Sabía que esos sueños no tenían sentido. No había forma que el chico de las pecas, el amable amigo, la persona con el corazón más grande que conoció, pudiera reclamarle algo.
Pero Jean sí lo hacía. Era su culpa, pudo haber hecho algo más. Pudo haber estado ahí y salvarlo como Marco lo hizo con él.
Un movimiento lo sacó de sus pensamientos.
—¿Marco? —preguntó por tercera vez.
El titán levantó una mano, era un puño entrecerrado. Tenía su dedo índice extendido. Jean se preguntó si el gigante intentaría tomarlo entre sus manos otra vez.
No lo hizo. En su lugar posó la yema de ese dedo en la cabeza de Jean, haciendo algo que parecía… acariciar su cabello.
Sí era Marco. Este titán era Marco Bodt.
Los humanos volaron a la tierra del otro lado del muro.
Solo quedó con él un humano, su humano.
El pequeño se arrojó del muro, cayó en el suelo. Unas cuerdas negras lo sostenían, hacían que la caída no le doliera, porque cayó despacio. Esperaba que no se hubiera golpeado.
Movió su boca para hablar. Su voz le pareció familiar, una voz agradable. De su boca salió un sonido, eso lo dijo repetidas veces… decía "Marco" cuando lo miraba a él.
Así que su nombre era Marco. ¿Cuál era el nombre del humano?
El pequeñito corrió hacia una roca muy grande para él, se subió ahí, le fue difícil. Se tardó mucho. Él se preguntó si debía ayudarlo, pero el diminuto humano pudo solo.
Cuando estuvo ahí, movió sus manitas, lo señalaba a él. Le indicó que se acercara, por lo menos eso creyó. Cuando un humano hace ese gesto con las manos extendidas, que las acerca a su persona, quiere decir que desea que llegues a él. Pudo adivinar eso.
Él se agachó, descansando sus rodillas en el suelo y su cuerpo encima de sus piernas. Sí, así se llaman, piernas con rodillas y abajo van los pies.
Humano movió su boca otra vez, salía su bonita voz.
"Marco" repetía una y otra vez. Decía otras cosas que él no pudo entender.
Encima de la cabeza, el pequeño tenía pelo castaño y de dos colores. El pelo más largo se estaba moviendo, el aire hacía que se moviera. Humano era tan pequeño que él tuvo miedo que el viento se lo llevara lejos.
¿Qué pasaría si tocaba el pelo del humano? ¿Sería suave? Se veía muy suave.
Se veía tan frágil que dudó si debería hacerlo. Tenía miedo de tocar su cabecita y arruinarla, ¿y si la destruía? No quería matar al pequeñito.
Las ganas fueron mayores, tuvo que hacerlo.
Su mano… sí esta era su mano. Era demasiado grande para la cabeza del humano, así que tendría que usar sus dedos. Pero solo uno, dos eran muchos.
El primer dedo, ese que está en medio del largote y del gordo.
Movió el dedo y lo puso sobre la pequeña cabeza, apenas sintió algo bajo su toque. Miró la cara del humano, sus ojitos se cerraron y su boca cambió.
¿Lo había asustado?
Lo hizo con suavidad, estaba seguro que no lo había lastimado. Tuvo mucho cuidado, no quería hacerle daño. El humano extendió sus brazos para tocarlo. Sintió dos pequeñas manos envolver ese dedo.
El humano retuvo su dedo cautivo. La forma de su cara había cambiado.
Mas sonidos salieron de su boca, pero su voz sonaba diferente. Estaba diciendo palabras que no entendía, pero parecía que le costaba hacerlo.
¿Había hablado tanto que se le acabó la voz?
Tal vez el humano debería hablar menos. Él no quería que se quedara sin sonidos.
De repente, el pequeñito lo soltó. Su boca dijo otras cosas, pero las repitió muchas veces. Lo único que entendió fue su nombre.
Sus pequeñas manos cubrieron su cara. ¿Por qué hacía eso? Él quería seguir mirándolo. Le gustaba su rostro.
Debajo de la cabeza está el cuello, y a cada lado tenemos hombros.
Los hombros del humano se movieron, mientras se cubría la cara. Hacia arriba y hacia abajo, varias veces y muy rápido.
El humano se dejó caer sobre sus rodillas, el movimiento súbito asustó al más grande.
El pequeño quitó sus manos para mirarlo otra vez. De sus ojos salía agua; de cada uno, una línea que mojaba sus mejillas.
No supo por qué, pero la imagen no le gustó para nada.
Más sonidos dejaban la boca del humano. Estos eran largos ahora, no se escuchaban como las palabras, no cambiaban en su tono. Se detenían solo cuando respiraba profundamente. Parecían sonidos que acompañaban a las líneas húmedas que bañaban los lados de su cara.
No quería que el humano hiciera eso. No tenía idea, pero odió verlo así. ¿Cómo podía hacérselo saber? Quería que se detuviera lo más pronto posible.
Recordó que cuando el humano abría la boca, salían unos ruidos que venían desde adentro de él.
Tal vez… él podría hacer lo mismo.
Abrió su boca, y desde lo más profundo de él salió un sonido fuerte, un ruido largo que duró mucho tiempo. Fue mucho más grave que la voz del pequeño. El suelo debajo de ambos vibró y el cabello del ser frente a él fue movido hacia atrás. Se quedó ahí, quieto.
Repentinamente, el agua dejó de brotar de los ojos del humano. Su mirada enrojecida se abrió completamente.
¿Había hecho mal? Esta vez estaba seguro que lo había asustado.
Se mantuvo así por un rato.
El pequeño abrió su boca, mostrando toda su línea de blancos dientes. De ella salieron sonidos fuertes que lo hicieron doblarse sobre sí mismo. Poniendo su mano por encima de sus ojos, sus hombros y todo su cuerpo contrayéndose mientras ese sonido salía de sus labios.
Era un sonido diferente. No era tan deprimente como el primero, ahora el humano se veía feliz.
—Siempre sabes qué decir, amigo —dijo mientras se limpiaba sus húmedos ojos.
Le hubiera gustado saber lo que esas palabras significaron.
La idea de titán!Marco no es exactamente mía. He visto mucho fanart de este tipo, y lo llaman "Gentle titan", asi que en español quedaría como "titán gentil" o "titán amable", prefiero el primero.
Ese arte me hizo querer empezar un fic donde fuera posible darles a esta pareja, una historia más para contar.
La primera en dibujarlo fue Guchax. También hay fanart hecho por Scoutology y por Miyajimamizy (la portada de este fic es un dibujo de esta última.
Gracias por leer :)
Y si decides comentar, gracias también! Lo aprecio muchísimo~
