Lamento la ligera tardanza... pero estaba esperando el viernes :)

Kaithsita linda, gracias por recordarme que hay personas que no estan completas :')

Espero que lo disfruten! Nos leemos abajo...


Capítulo 3. El titán gentil

Habían corrido toda la madrugada, y aún más.

Jean sonrió cuando vio el sol asomar su cara por entre los árboles que rodeaban el campo de entrenamiento.

Se sentía pegajoso por el sudor, lo bueno era que por fin habían terminado de correr.

Se acercó a los grifos con rapidez, sabía la línea que se formaba de todos aquellos que ansiaban el agua. Solo encontró a Sasha, quien siempre se apresuraba para ser la primera en llegar al desayuno.

Bien.

La chica tardaba en terminar de beber, como si su estómago no pudiera llenarse con sólo eso. Debía haber un agujero ahí, profundo e interminable. La sola idea le daba miedo.

—No tengo todo día, mujer. Apúrate —se quejó.

Ella siguió bebiendo sin mostrarse afectada por sus palabras.

—Oye, Jean —escuchó a Connie llamar su atención—. ¿Me dejas pasar delante?

—No seas tonto, Springer —fue su respuesta.

Escuchó a su amigo pisar el suelo con fuerza, frustrado.

—Oh vamos, no seas tan egoísta. ¡Mira la fila que ya se formó! —dijo, señalando con las manos abiertas.

Jean miró atrás de él. En efecto, Connie había dicho la verdad. Los demás reclutas ya estaban formados, esperando por calmar su sed.

—¿Yo soy el egoísta?

—Serás idiota… ¡vamos! ¿Para qué son los amigos?

Sasha se levantó y dejó el grifo abierto, el agua caer libremente. Se fue dando pequeños saltos, casi flotando, con la esperanza de comer.

Jean tomó el cuello de la camisa de Connie y lo empujó, con fuerza, hacia el chorro de líquido cristalino.

—Gra… —Su amigo no pudo terminar de hablar al inflar sus mejillas, y esforzarse por tragar.

El castaño le dio repetidos golpes en la espalda, que iban aumentando en intensidad, para apresurarlo.

—No tengo todo el día —regañó irritado.

—Ya, ya… ¿Cuál es tu gran prisa? —dijo el otro mientras se limpiaba la boca.


Llegó a la mesa del comedor, se sentó con sus amigos. Los llamaba amigos, pero algo más específico sería "esos idiotas que he aprendido a soportar".

Tragó la leche que les habían dado y devoró los plátanos cocidos; comenzó a envolver con una manta el pedazo de pan y el resto de comida seca para llevárselos.

—Toda la mañana has estado apurado… —comentó Sasha a la par suya.

Jean levantó la vista y notó la mirada de todos sobre él. Se sintió un poco nervioso por la atención.

—Eso no te importa —le respondió en seco.

—Ella solo está haciendo un comentario, Jean —la defendió Mikasa.

—Es cierto, no ha hecho nada malo —apoyó Eren.

¿Ahora todos se iban a poner en su contra? No tenía tiempo para eso.

Siguió con su trabajo y terminó con un buen paquete de comida que terminaría después. Debía irse en ese momento si quería estar de regreso para el almuerzo.

—Ey, ey chicos… —comenzó Connie— ya sé lo que pasa. Jean va ir a ver a su nueva mascota —dicho eso, explotó en risas.

Jean soltó su comida en la mesa, y golpeó la madera con ambas manos. Produjo un sonido fuerte y hueco, que llamó la atención de las mesas vecinas. Todos se quedaron en silencio.

—Es Marco de quien hablas, imbécil —dijo de forma amenazadora. Si el otro chico continuaba, Jean no dudaría en lanzarse a pelear. Sus manos se volvieron puños, sintió sus uñas enterrarse en sus palmas.

—Oye, era una broma. ¿Ustedes entendieron, no? —les habló a los demás.

—Estoy seguro que no lo dijo para molestarte, Jean —Armin intentó calmar las cosas antes que se pusieran feas.

—Es cierto, sólo era una broma. Amigo, tú sabes lo idiota que soy a veces —se defendió Connie, no parecía querer empeorar las cosas.

—¿A veces? ¡Más bien todo el tiempo! —continuó Sasha, riéndose de su amigo.

Todos rieron con eso, cada uno a su manera. Jean estaba demasiado enojado para unirse, pero se esforzó por tranquilizarse. Suspiró dejando atrás su ira, quedando sólo con la ligera irritación que estaba destinado a tener siempre.

—¿Jean? —escuchó una suave voz femenina— ¿Cuándo crees que Marco esté listo para vernos? —preguntó Christa… o Historia. Ese era su nombre ahora.

No estaba seguro de cuál era la respuesta a eso. Intentó encontrar las palabras, pero no sabía cómo explicarlo. Solo pudo encogerse de hombros ante ellos.

—Por el momento no parece reconocer la presencia de alguien más que Jean —respondió Armin en su lugar.

—¿Aún? —interrumpió Connie— No es justo, yo también era su amigo. Se reía de mis chistes ¿y ahora no nos recuerda?

—Marco me dio todo su pan una vez, me pregunto si recordará eso —opinó Sasha.

—Siempre sonreía, no conozco a nadie más que haga algo así —comentó Mikasa.

—Entrenábamos juntos a veces, era fuerte —agregó Eren—. Creo que sólo puede recordar las caras de los caballos.

El insulto normalmente lo enfurecería, estaría dispuesto a pelear verbal o físicamente contra ese idiota cualquier día. Pero todos estaban hablando de Marco ahora, lo mencionaban con una sonrisa en sus rostros. No iba a arruinar eso.

—Cuando comience a recordarnos, dinos al momento, Jean —finalizó Historia con una sonrisa, un vaso de leche entre sus pequeñas manos—. Ya quiero volver a hablar con él.

Todos los demás asintieron ante eso, miraron a Jean mientras afirmaron que deseaban una nueva oportunidad de hablar con el amigo que creyeron muerto.

—Claro chicos —les prometió. Era lo menos que podía hacer.


No iba a quedarse más tiempo con los demás. Tenía una cita pendiente con su nuevo amigo, el titán más amable que había conocido.

De nuevo tomó su paquete lleno de comida, arregló detalles de la tela para impedir que se resbalara algún bocado que necesitaría después.

Se dispuso a salir del comedor.

Lo hubiera logrado, definitivamente hubiera salido como lo había planeado, todo hubiera resultado favorecedor. Pero el mundo odiaba a Jean Kirschtein. Tal vez había realizado tantos actos egoístas en su corta vida, que el karma regresaba en forma de una terrible sentencia que le hacía cambiar sus caminos hacia destinos opuestos a su felicidad y deseos.

Al menos eso era lo que él pensaba.

—Jean Kirschtein —lo llamó la líder Hanji Zoe, el poderoso instrumento que el karma había usado contra él—. Vas a hablar con el comandante ahora, requiere tu presencia en su oficina.

Karma uno, Jean cero.

No era bueno para esconder lo que quería, así que el castaño no se molestó en disimular su irritación con la reciente orden. Hanji se mostró inafectada, no solía prestarle atención a cosas que no le importaban.


Tocó la puerta con dos suaves golpeteos. Escuchó desde adentro la indicación de que tenía permiso para entrar. Abrió con lentitud, casi se podría describir que lo hizo con "timidez". No era propio de él, pero nunca actuaba como realmente era frente a los superiores.

El comandante Smith se encontraba sentado en su escritorio, su cuerpo inclinado hacia adelante, su codo izquierdo sobre la mesa, su barbilla sobre su mano; la manga derecha de su chaqueta hecha un nudo.

Se veía muy intimidante. Jean se aclaró la garganta.

—¿Quería verme señor? —preguntó intentando no elevar mucho su voz.

—Buenos días, Jean. Pasa adelante, siéntate por favor. Vamos a conversar —habló con mucha educación, demasiado amable para lo que el castaño estaba acostumbrado.

Una vez Jean se sentó frente al líder de la Legión de Reconocimiento, la sesión comenzó. Iban a hablar de Marco, eso era seguro.

Erwin señaló los documentos que descansaban en su escritorio, cada movimiento de su mano le pareció fino y calculado. Le contó a Jean que eran reportes que Hanji y Levi habían hecho sobre el titán que encontraron en el vertedero de cadáveres. Relató lo ocurrido el día que el pequeño grupo de exploración lo había descubierto, explicó todo lo que se le había reportado sobre el titán.

Ese mismo que Jean y Armin identificaron como Marco Bodt.

El comandante agregó que, según las palabras de la señorita Zoe, cualquier intento de interactuar con el titán había sido en vano. Que sólo parecía reconocer la presencia de Jean y la de nadie más.

Amablemente, y quizás escondiendo cualquier tono acusatorio, le preguntó la razón de ese extraño comportamiento.

—Honestamente no tengo idea —admitió Jean. Sabía que no era suficiente para calmar la curiosidad de su comandante, así que agregó—: Aunque Marco y yo fuimos amigos todo nuestro tiempo de entrenamiento.

—Esa no puede ser toda la razón —comentó Erwin con una pequeña sonrisa. Era como si quisiera ponerlo entre la espada y la pared, por lo menos así lo sintió—. También era amigo de Armin, Eren, Mikasa y todos los demás chicos del ciclo ciento cuatro. Debe haber algo especial en ti, ¿no crees? Después de todo, eres la única persona que él recuerda.

Jean guardó silencio. ¿Qué podía responder a eso? No tenía idea de por qué Marco había decidido interactuar sólo con él; o por qué parecía ser el único a quien podía ver, cuando ignoraba a todos los demás.

—Era mi mejor amigo, señor —fue su humilde opinión. Débil, carente de sentido y de cualquier importancia que bastara para su perspicaz líder. Debía verse ridículo ahí, sin tener ninguna explicación para el comportamiento de Marco—. De verdad que no sé por qué me eligió… no me cree, ¿verdad?

—Oh no es nada parecido a eso —aseguró el mayor, una nota de calma en su voz. Su expresión no revelaba nada. Maldición, todos los adultos aquí son un puto misterio—. Creo fielmente en que me dices la verdad, Jean. Puede ser que realmente no sepas la razón de sus actos, que esperemos, algún día nos pueda revelar.

Erwin Smith estaba siendo demasiado comprensivo, y hasta informal llamándolo por su nombre, como si fuera un amigo; o al menos eso aparentaba. Jean sopesó las posibles opciones.

El comandante debía sospechar algo en él, como si fuera otro de los numerosos traidores a la humanidad. Como si supiera el origen del titán y escondiera información valiosa para su propio beneficio. Como Reiner, Bertholdt y Annie, o incluso Ymir que siempre ocultó su verdadera identidad, pero esta vez serían Jean y Marco. Juntos, contra el resto del mundo.

Jean podría pensar que su líder confiaba en sus palabras, que de verdad creía que no había nada que ocultar, y que todo el episodio sólo era una trágica comedia donde un tipo se reencontraba con su mejor amigo que había regresado de los muertos.

O que ahora desconfiaba de él y lo mantendría vigilado por el resto del tiempo mientras no demostrara que su corazón y alma estaban puestos para el bien de la humanidad, luchando contra los titanes, apostando su vida. Erwin estaría atento a cualquier atisbo de traición de parte del castaño.

Pensar en las intenciones ocultas del comandante le provocó un dolor de cabeza.

Ignoró sus pensamientos, y puso atención a lo que tenía enfrente. Hanji había comenzado a hablar.

—Jean Kirschtein ha estado encontrándose con el titán durante la última semana. Lo hace diariamente —afirmó ella—. Yo también he continuado con los intentos de establecer comunicación de una sola vía, todo ha sido sin éxito —agregó con una expresión de descontento.

Erwin asintió, alentándola a continuar.

—Hasta el momento —siguió ella—, Kirschtein ha logrado hacer que el titán lo escuche. Sus experiencias con él han demostrado que tiene la capacidad de aprender.

—Ya veo —respondió él levantando una mano para indicarle que se detuviera. Se dirigió a Jean de nuevo—. ¿Te importaría explicarme más sobre eso?

Así que el comandante quería que Jean fuera quien hablara acerca de lo que se había descubierto sobre Marco. Tenía sentido, de todas formas, era él quien había comprobado cada avance de su amigo.

—Se reconoce a sí mismo y a mí —inició.

—¿Cómo has comprobado eso? —preguntó el mayor.

Jean expuso que en los últimos días que se había encontrado con el titán, comenzó a hacer preguntas simples. Como el más grande no era capaz de hablar, respondió con señales de su mano.

Cuando le explicó que su nombre era Jean y el del otro era Marco, él lo aprendió con rapidez. Esto lo comprobó haciendo la pregunta simple de "¿quién es Marco?" o "¿quién es Jean?" A lo que el titán respondió señalándose a sí mismo o a él.

—¿Cómo aprendió a señalar?

—Yo se lo enseñé —respondió haciendo un puño con su mano y dejando el dedo índice extendido. Sin pensarlo estaba haciendo una señalización.

El rubio asintió lentamente, formando su propia opinión.

—También sabe saludar. Abre su mano y la mueve de un lado a otro.

—¿Tú le enseñaste eso también?

—Más bien, así lo saludo yo… y él me imita —admitió.

Erwin se detuvo a pensar en lo que le había dicho.

—¿Espera algún tipo de premio por esto? ¿Le das algún incentivo? —preguntó también.

Jean se sintió avergonzado, se rascó la nuca con una mano mientras encontraba la mejor manera de responder. Tendría que decir la verdad, eso era indiscutible.

—Le aplaudo… —confesó con timidez, pudo sentir su rostro entrar el calor.

—Su comportamiento es ligeramente canino, ¿no te parece Hanji? —opinó el comandante con una sonrisa.

—Parece un gigantesco perrito, señor. Y, además, es igual de adorable —contestó ella riendo.

Era obvio que ninguno de ellos se lo tomaba a broma, lo que habían dicho era sólo para crear conversación ligera frente al recluta. Su verdadera opinión no iba a ser revelada a Jean, por lo menos, no por ahora.

El castaño se sintió un poco frustrado por esa incertidumbre, estaba seguro que era el karma pateándole el trasero otra vez.

—Jean —llamó su atención el comandante una vez más—, a partir de ahora tienes permiso para saltarte los entrenamientos básicos; y en su lugar, te encargarás de mejorar la comunicación con el titán. Tienes la tarea de lograr que aprenda todo lo que pueda, que reconozca a otras personas con las que interactuó cuando era un humano y, cuando esté listo, yo conversaré con él.

Le tomó un segundo responder a eso, tuvo que controlarse por no sonreír como un idiota.

—Sí, señor —contestó enérgicamente.

—El entrenamiento con el equipo de maniobras sigue siendo una obligación, no hay razón para oxidarse —ordenó además—. Puedes retirarte ahora —finalizó, señalando la puerta con la mano abierta.

Jean hizo su saludo militar, y se dio la vuelta para irse. Antes de cerrar la puerta escuchó al comandante hablar.

—Se debería probar si el titán puede aprender a luchar. El sólo imaginar la ventaja que sería para…

La puerta se cerró, junto al sonido optimista de la voz de Smith.

Podría preocuparse sobre los motivos ulteriores que tenía Erwin para mejorar el aprendizaje de Marco… o podría alegrarse de que era libre de pasar con él todo el día, siempre y cuando no faltara al entrenamiento con el equipo.

Lo mejor sería preocuparse por una cosa a la vez, de todas formas, el comandante no era una mala persona, y siempre pensaba en lo mejor para la humanidad. Podía confiar en él, claro que podía.

Jean uno, vete a la mierda karma.


La idea era caminar en lugar de parecer un chico desesperado. Pero no pudo evitarlo, corrió a toda velocidad. Estaba acostumbrado a hacer ejercicio todos los días, así que fue una tarea fácil, ni siquiera se cansaba.

Notó miradas preocupadas de civiles sobre él. Debieron pensar que había una emergencia, los pobres debieron temer por otro ataque de parte de los titanes. Jean se sintió un poco culpable, pero no por eso se detuvo en algún momento.

Usó su equipo de maniobras y sintió el viento rozar su rostro cuando se elevó hacia la muralla menor. Cerró los ojos por unos segundos, esa sensación era inigualable, el viento forzaba su cabello hacia atrás y podía sentir el aroma de los árboles cercanos a él, se sentía tan libre cuando desafiaba la gravedad de esa manera.

Duraba poco tiempo así que abrió sus ojos de nuevo, no quería resbalarse o equivocarse al caer. Podría torcerse un tobillo o peor, morir si no calculaba bien.

El aroma de los árboles fue rápidamente reemplazado por el de cadáveres putrefactos. No podía acostumbrarse a ese olor.

En contra de lo que su nariz ordenaba, se lanzó hacia el lugar.

Corrió hacia el peñasco que siempre utilizaba para estar a la altura de su amigo, no lo escaló esta vez. Sintió el familiar viento en su rostro al usar su equipo de maniobras para llegar a la cima. Y desde ahí llevó sus meñiques a la boca para lanzar un silbido.

Sintió el suelo vibrar debajo de él, un movimiento por cada paso que el titán daba. Miró a la enorme figura acercarse, y después arrodillarse frente a él para estar al mismo nivel de su rostro.

—Hola amigo —dijo, haciendo el saludo con su mano.

Marco levantó su mano, imitando el movimiento amigable que Jean había hecho.


Todo era tan diferente, y a la vez tan parecido a como era antes.

Marco sería siempre el único con quien podría hablar. Lo miraba con dedicada atención, escuchaba cada estupidez que salía de su boca. No interrumpía nunca y no parecía aburrirse de estar con él. Era tan fácil contarle lo que pensaba, expresarle sus inseguridades, decirle sus temores. Nadie había podido reemplazarlo, y jamás existiría alguien que pudiera ganar ese mismo nivel de su confianza. No había otro igual, aunque lo buscara hasta el fin del mundo, no encontraría otro Marco en toda la tierra.

Pero al mismo tiempo, había un lado negativo.

Era sencillo hablar con él, pero era prácticamente un monólogo. Si bien Marco asentía, quizás lo hacía por costumbre. No respondía en palabras, y apenas lo hacía con gestos. Claro que podía expresarse con señales, pero sus respuestas eran muy limitadas. Jean quería saber todo de él. Si tuvo miedo al morir, quería preguntar cómo le hizo para volverse un titán, si eso era una moda ahora (ya que casi todos los chicos del ciento cuatro podían transformarse en titán, menos él), si era divertido ser un titán ahora, si sabía lo malditamente genial e intimidante que se veía.

Y hacer otras preguntas más personales, como si había algo de lo que Marco se arrepentía, o cualquier cosa que siempre quiso hacer pero que nunca antes tuvo la oportunidad. O incluso, preguntas sobre él, quería saber si a Marco le hubiera gustado que fuera un mejor amigo. Apostó a que también debía pensar que era una horrible persona. No le sorprendería, incluso alguien tan bueno como su amigo podría pensar algo así.

—No tienes idea de la falta que me has hecho —le dijo, casi fue un susurro.

Marco acercó su mano a él, tocó su cabello con la yema de su dedo índice, siempre lo hacía por unos cuantos segundos, parecía detenerse cuando Jean se alejaba del calor excesivo de su piel. Pero lo acariciaba con tanta delicadeza, muy impropia de un titán.

—Te encanta hacer eso ¿no? Debes pensar que soy como una mascota para ti —señaló riendo.

Los labios del titán se separaron, mostró cada uno de sus dientes superiores, era una especie de sonrisa aterradora. A Jean le dio un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.

—Tal vez deberías intentar sonreír menos —comentó con un poco de temor.

Marco obedeció, sus labios escondieron sus dientes; pero su boca continuó estirada en una pequeña sonrisa.

El dedo sobre su cabello se movió. El titán extendió toda su mano y la posó en el peñasco donde Jean estaba, con la palma hacia arriba. Formó algo parecido a una plataforma.

Jean entendió el mensaje.

El castaño dio un paso en dirección a la mano, probó con un pie primero y luego con el otro, las botas lo protegían del calor de su piel. Colocó todo su peso encima de la enorme palma, y se puso en cuclillas para reducir la probabilidad de caerse.

Sintió cómo fue movido hacia la cara del gigante.

—Como me dejes caer, te mato —le amenazó con falso enojo.

Marco detuvo sus movimientos, se quedó rígido. La mirada que le dedicó fue de miedo real, sus cejas se movieron en una expresión de inseguridad, su boca se veía tensa.

—Oye, tengo que enseñarte a bromear también. Solo fue una broma, cálmate.

Eso pareció ser suficiente, porque se relajó visiblemente.

Marco se levantó de su posición, ayudándose con la mano que no tenía ocupada. Se estiró completamente hasta que estuvo de pie otra vez.

Jean sintió la adrenalina correr por su cuerpo al ser elevado sin la ayuda de su equipo de maniobras, una especie de sensación divertida en su estómago que le hacía dar vueltas, sintió el viento mover su cabello. Se acercó a uno de los dedos de la mano que lo sostenía, miró hacia abajo. Debía estar a más de diez metros del suelo.

Y aun así, se sentía completamente seguro. Confiaba en su amigo, o tal vez sus instintos sólo estaban deteriorándose.

—Eres un enorme árbol ¿sabes? Grande y con dos largas piernas —admitió mirando hacia abajo otra vez.

Marco acercó su rostro a él, y Jean venció su curiosidad al extender su mano para posarla en la punta de su nariz, era tan caliente, tuvo que retirarla antes de quemarse. Pudo observar cada peca debajo de sus ojos, todas eran tan grandes como del tamaño de su puño, pero ahí estaban. Numerosas en sus mejillas, y le agregaban esa pequeña inocencia tan propia de él. Esas adorables manchas oscuras le daban ese aspecto tan infantil.

—¡Jean! —escuchó la voz femenina de su líder, interrumpió sus pensamientos.

El aludido se giró para observar a Hanji, quien le gritaba desde la muralla.

—Oye —le habló Jean al titán—, mostrémosle cuánto has avanzado. ¿Crees que nos puedes llevar hasta allá?

Marco comenzó a caminar en la dirección que Jean le había indicado, cada paso fue lento y prolongado. Unos metros antes de llegar a la muralla, pareció olvidar la orden y se detuvo otra vez. Por más que el castaño intentó repetirlo, no pudo hacer que el titán diera otro paso y continuara con la misma trayectoria.

—Íbamos tan bien —se quejó.

—¡Hola Marco! —llamó su atención Hanji, a esta distancia podía ser escuchada sólo si levantaba la voz.

—Te está hablando, amigo. Mírala y saluda, estás siendo maleducado —intentó llamarle la atención, regañarlo casi.

Marco acercó su mano a Jean otra vez, comenzó a tirar suavemente de su chaqueta, como si fuera una pequeña muñeca.

—Es a ella a quien tienes que escuchar, no a mí. A ella. Mírala —repitió una y otra vez. Incluso señaló con su dedo a la mayor.

El titán miró la mano de Jean, formó una pinza con su pulgar y su índice para tomarla. A Jean no le dolió, el gigante era muy suave cuando lo tocaba. Era imposible tenerle miedo cuando se comportaba tan manso con él.

—Sí, esa es mi mano. Tú también tienes dos —le dijo en una leve broma, retiró la mano para no quemarse—. ¿Vas a ignorar a la líder otra vez, no?

—Sigue sin ver a otro ser humano, ¿eh? —comentó Hanji, se veía descontenta.

A la par de la castaña estaba su fiel asistente, ese que tenía cara de tener un infarto cada vez que la loca mujer se aventuraba hacia una muerte segura, y que, milagrosamente, siempre resultaba ilesa.

Desde esta distancia, Jean no escuchó los susurros que intercambiaron.

—¿No te quiebra los dedos? —preguntó ella, levantando su voz.

Jean negó, le dijo que Marco usualmente lo tocaba y jamás lo había lastimado. Siempre era gentil con él, incluso desde que era humano. Esa siempre fue su personalidad con todos los que conocía.

El par intercambió información, hablaban tan suave que no pudo escuchar nada. Jean comenzó a irritarse.

—Ya regreso —le dijo a su amigo. Presionó los botones en su equipo que liberaba el gas para impulsarse hacia la muralla.

—Anota eso, Moblit, anótalo —escuchó que la mujer le ordenaba al asistente.

—Sí, sí capitana —aceptaba él mientras escribía los apuntes en su libreta.

—Oh, hola Jean. Ya tenemos el nombre para el titán —le confesó ella muy emocionada.

—Creo que ya lo tiene, se llama Marco —opinó él, no quería sonar como un insolente, pero nunca fue bueno para fingir amabilidad. No le gustó la idea de otorgarle un nombre diferente del que ya tenía.

—Si pero nadie los llama por su nombre. Nos gusta identificarlos por sus atributos. Tenemos al titán colosal, acorazado, la titán bailarina y ahora… el titán gentil.

—¿Quién es ese? —preguntó Jean, el nombre era nuevo.

La castaña señaló a Marco con su dedo índice, una gran sonrisa plasmada en su rostro.

—Lo tienes ahí.

Jean miró en esa dirección, Marco lo miraba desde lejos, esperando como le habían indicado minutos atrás. Por más que le molestara que nombraran a su amigo como un titán cuando todos sabían que en el fondo era un humano, no podía negar que era la cualidad perfecta para el chico de pecas. La ira que pudo sentir ante tal forma de referirse a Marco, desapareció; supuso que podía ser peor, ni siquiera era un insulto.

—El titán gentil… —repitió suavemente. Sí, definitivamente no le quedaba mal, podría acostumbrarse.

Se giró en dirección a Marco, llevó sus manos a su boca para amplificar el sonido.

—¿Escuchaste eso? ¡Ya tienes tu propio nombre de titán! —le anunció. Marco pareció entender que era él a quien le hablaba y dio pasos hasta acercarse a ellos, miró hacia arriba en dirección a la muralla.

—Jean —llamó nuevamente su atención la mayor—. Hasta el momento, has logrado que te escuche, ¿cierto?

El asintió en respuesta.

—Me gustaría que probáramos si sus cuerdas vocales están conservadas. Si ese es el caso, le sería fácil hablar porque no carece de labios, a diferencia de Eren —dijo ella, mirando a su asistente, quien ya escribía notas de sus órdenes.

—Puede gritar, bueno es más bien un rugido —contestó, recordó que eso ya lo había escrito en un reporte sobre los avances de su amigo.

—Entiendo… pero quisiera ir más lejos —expresó ella—. Háblale para que te responda, intenta lograr que diga algo —finalizó, una luz de esperanza brillaba en sus ojos.


Marco no quería a otro humano, sus rostros no tenían sentido. Mirarlos sólo lo confundía más. Por eso no le gustaba que Jean se alejara de él. No conocía nada a su alrededor. Algunas cosas parecían tener sentido, otras no. No le gustaba cuando las cosas no tenían sentido, le daba miedo.

El humano era algo que recordaba, aunque fueran memorias borrosas, no podía ignorar lo familiar que le resultaba. Escuchaba todo lo que él le decía, aunque solo entendiera ciertas palabras que salían de él.

Su cabello, su rostro, su voz… nada era desconocido. Cuando lo sostenía en su mano y sentía su olor, también le resultaba familiar.

Ahí, seguro en su mano, comprobó que el humano no pesaba nada. Una parte de él quería arrojarlo al aire y dejarlo caer de nuevo, hacer que Jean volara con esas cajitas que lleva pegadas al cuerpo, como cuando iba hacia el muro o cuando regresaba con él.

Era divertido mirarlo volar.

También le gustaba verlo abrir la boca y mostrar sus dientes, por eso quiso imitarlo. Su rostro cambió, así que Marco cerró su boca, no quería asustarlo. Cuando Jean mostraba sus dientes, el más grande sabía que estaba feliz. Verlo feliz lo alegraba a él también.

Sabía que Jean era pequeño y se miraba muy frágil, así que lo tocaba suavemente, apenas sólo para sentir su piel. Dejaba de tocarlo cuando la expresión de Jean cambiaba, parecía que no soportaba mucho tiempo el contacto con su piel. Le gustaba tirar de la tela café que usaba, o tocar sus manos, atraparlas entre dos dedos.

Cuando el humano le decía que hiciera algo, él lo cumplía. Sólo debía entender qué era lo que el pequeñito quería. A veces era difícil, así que se esforzaba más. Otras veces era imposible, por más que se concentrara en la boca de Jean, no podía entender lo que le estaba pidiendo que hiciera. Esto lo frustraba, el humano también se miraba frustrado.

Sabía que era su culpa, esto lo entristecía.

Jean notaba eso, así que dejaba el tema a un lado y se disponía a dar otra orden. Marco se esforzaba hasta que veía la fila de dientes en la cara del pequeño, o a veces lo miraba unir sus manos, muchas veces, para producir varios sonidos fuertes. Sabía que lo hacía bien cuando el otro hacía eso.

Había algo que no entendía. Marco se esforzaba por hacer todo lo que le pedía, y lograr hacerlo bien. Pero, ¿por qué Jean siempre se iba? ¿Por qué no se quedaba con él cuando el sol se escondía? Era cuando más lo necesitaba. Cuando era de noche no tenía fuerzas para moverse, hasta caía al suelo. Le daba miedo que el sol no regresara y él no pudiera volver a levantarse. Aunque, si tuviera que elegir, preferiría que fuera el sol el que no volviera, si eso significaba que Jean estaría ahí.

Miró a Jean alejarse de él, volar hacia el muro junto a otro humano. "Ya regreso" fue lo que le dijo.

Tenía miedo que se fuera otra vez, no le gustaba estar solo.

Se quedó un rato con los humanos y después le gritó algo. No entendió lo que le decía, era tan frustrante. Los otros humanos sí parecían entenderle y hablarle también, ¿por qué ellos sí podían y Marco no? ¡Él quería también hacer eso!

Caminó hacia el pequeño grupo, Jean y el otro humano movían sus bocas, palabras salían de ellas.

Marco extendió su mano, invitando a Jean a acercarse a él otra vez. Su humano voló hacia él, de nuevo. Esto lo alegró mucho.

—Marco, necesito que digas tu nombre —le dijo, su rostro no se veía alegre como antes. Tampoco estaba triste ni salía agua de sus ojos, de hecho, ni siquiera estaba enojado. La forma de su cara era un misterio otra vez, no le revelaba nada.

Jean volvió a hablar.

—Dilo conmigo: Mar… co —dijo entonces.

Estaba diciendo su nombre, ¿por qué? ¿Qué quería que hiciera? Sí, él era Marco, de eso estaba seguro. Nunca había dejado de llamarse así. Era un misterio menos.

Acercó su mano a su rostro, veía mejor al humano de esta forma.

Jean repitió "Marco" muy lentamente. Siguió haciendo eso varias veces.

El humano pareció enojarse mientras seguía diciendo su nombre. Cada vez sonaba más molesto con él. No quería que se enojara.

Entonces tuvo una idea.

Si Jean decía Marco, tal vez…

Abrió su boca, aunque no estaba muy seguro de cómo hacerlo. Pero había visto a Jean hablar muchas veces, incluso los otros humanos también hablaban.

Su humano se llamaba Jean, lo había escuchado de su boca y de la de los demás que lucían como él.

No pudo decir eso.

—¡JAWHHHH! —salió de su boca, pero no se parecía nada al nombre de su humano. Se sintió triste, ni siquiera pudo decir algo que era tan fácil para ellos.

Jean se quedó callado. Sus ojos se cerraron y se abrieron otra vez.

—¿Acabas de intentar decir Jean? —preguntó, sus ojos estaban más abiertos.

Marco ladeó su cabeza, solo entendió el nombre del pequeño.

—¡Mierda, sí! —gritó Jean, su mano estaba cerrada en un puño que lanzó al aire. Se miraba muy alegre, mostraba todos sus blancos dientes.

—¡Eso fue increíble, Marco! —escuchó al otro humano gritar. Su voz era diferente a la de Jean, era más suave.

Ambos humanos unieron sus manos y las separaron varias veces, produciendo sonidos. Eso hacía Jean cuando Marco lograba cumplir con algo.

—Lo hiciste bien, amigo —le dijo el pequeño, tocando su nariz con su manita.

Marco estaba feliz de hacer lo que le pidieron; o al menos, que eso fue lo que a los humanos les pareció. Sin pensarlo, abrió su boca y sacó su lengua, se alejó de la mano de Jean lo suficiente para lamerla de un sólo.

—¡Argh que asco! —escuchó al otro quejarse.

Marco se fijó en su rostro, no se miraba enojado de verdad. Desde lo profundo de su garganta, lanzó un rugido feliz que retumbó en el muro, e hizo que Jean se tapara los oídos mientras reía.


Y... ya tiene su propio nombre de titán!

Sé que muchos preferimos la interacción de Jean y titán Marco... pero hay que recordar que se rinde cuentas a los superiores también, y que además, Jean tiene otros amigos que no pueden dejar de salir en la historia. Ojalá no les haya aburrido :) (más JeanMarco en el siguiente cap, lo prometo)

Me harás muy feliz con un review~ Y a titán Marco tambien ;)