Todos los fans de JeanMarco son amigos míos! Así que este capítulo es mi regalo de San Valentín para todos ustedes!


Capítulo 4. Poco a poco

El sol brillaba con fuerza sobre él. En la mañana, los árboles y plantas tenían ese fresco aroma del rocío que los había bañado por la noche. Era un buen olor, que inundaba sus pulmones de la vida de color verde a su alrededor…

… y luego ese asqueroso hedor de cadáveres golpeaba su nariz con un puñetazo casi tangible.

Qué asco.

—Marco… vamos a probar algo diferente hoy —le dijo a su enorme amigo.

El titán ladeó su cabeza, lanzó un rugido emocionado.

—Me gusta tu energía, grandote —felicitó Jean, y se tapó los oídos como hacía cada vez que el titán gritaba.

Señaló hacia la muralla, asegurándose que Marco mirara en esa dirección. Luego habló.

—Ese muro mide unos cuantos metros más que tú —le dijo. Notó cómo Marco lo observaba con atención, no perdiendo ninguna de sus palabras—. Para sacarte de aquí, tendríamos que destruirlo ¿entiendes? —Jean cerró ambas manos, y las abrió completamente como si imitara a una explosión. Se acompañó con sus propios y pésimos efectos de sonido.

Los hombros del titán se movieron hacia arriba y hacia abajo, y un sonido grave vibró desde su garganta.

—No te rías tan descaradamente de mi manera de hacer una explosión —se quejó.

Marco dejó de reír, y se le quedó mirando con una sonrisa.

—¿Tengo su atención otra vez, señor burlista? —preguntó con sarcasmo, luego continuó— Ahora, eso definitivamente llamaría la atención de todos en Rose. Y ya que tú eres el "gran secreto" de la Legión, no podemos hacer tanto ruido.

Los rugidos del titán se encerraban dentro de los muros, pero el uso de pólvora no pasaría desapercibido a oídos externos, aunque se encontraran lejos.

Marco probablemente no había entendido ni la mitad de lo que Jean había dicho, porque había entrecerrado los ojos como si se estuviera concentrando.

Jean suspiró, a veces hablaba de más.

—Lo que tienes que hacer es simple: debes escalar ese muro —le informó.

El titán pareció perder el interés en la orden que Jean había dado. Acercó su enorme mano a él, con sus dedos capturó cuidadosamente la mano del castaño.

—Ah sí… me puse guantes —le dijo. El color negro había atrapado la curiosidad del más grande. Si lo hubiera sabido, habría elegido un color menos llamativo—. Decidí usarlos porque te encanta hacer exactamente lo que estás haciendo ahora mismo. Ahora ya puedes tocarme. Tu piel me quema, Marco —agregó.

El titán levantó su mirada a los ojos humanos, y Jean se dio cuenta de lo que había dicho.

—L-literalmente, obvio. —no tenía idea de por qué tenía que explicarse. O de por qué de repente se había puesto nervioso. Acababa de hacer algo muy estúpido, y solo lo estaba empeorando—. Ignora lo que acabo de decir —se rio de lo tonto que estaba siendo. Muy inmaduro e infantil—. Diablos, eso pareció un coqueteo barato.

Se aclaró la garganta.

Si alguien me mirara, pensaría que estoy cortejando a un titán.

—Sólo escala el maldito muro de una vez —ordenó, se zafó del agarre que el más grande tenía sobre él.

En lugar de eso, Marco tomó sus dos manos, esta vez, lo sostuvo con delicadeza.

—¡Deja de querer bailar conmigo! —regañó, su corta paciencia rápidamente se estaba colmando.

Las cejas de Marco se inclinaron hacia arriba, una expresión que indicó que estaba preocupado, afligido incluso.

Suspiró otra vez.

—Voy a enseñarte a hacerlo, ¿de acuerdo?

Jean explicó brevemente lo que iba a hacer, por si acaso el otro entendía alguna parte. Había notado que el titán tenía momentos de lucidez donde parecía entenderle completamente, y momentos de idiotez donde parecía estar ciego y sordo a lo que Jean le quería decir.

Corrió hacia el peñasco donde siempre se subía para hablar con su amigo, y se dispuso a escalarlo, muy despacio. Le explicó a Marco, con ademanes, cómo se sostenía con cada mano por arriba de su cabeza y cómo se impulsaba con sus piernas hasta que alcanzaba una nueva altura. Era cuestión de repetirlo hasta llegar a la cima.

El titán podría fácilmente alcanzar el borde de la muralla si levantaba sus manos, sus piernas eran las que tenía que impulsarlo a saltar y anclarse en el muro para llegar al otro lado.

Era mucho más fácil de lo que se escuchaba, de eso estaba seguro.

Marco escuchó la explicación completa, asintió ante todo lo que el humano le decía.

Jean miró como su amigo apoyó la mano en el peñasco y comenzaba a levantarse, el castaño tuvo que hacerse a un lado para no ser aplastado.

—¿Qué diablos haces? —preguntó genuinamente confundido.

Miró la otra mano acercarse también, y parecía que la iba a posar sobre él. Jean usó su equipo de maniobras para subir al hombro del titán, no había espacio para él en la roca. Marco llevó su otra mano y la apoyó junto a la primera, todo su peso fue soportado por el peñasco.

Iba abrir la boca para preguntar, cuando escuchó al montículo ceder ante la presión ejercida por el cuerpo del titán de quince metros. Literalmente hecha polvo, nada quedó de la gran roca, aparte de un color gris que manchó el suelo.

—Felicidades Marco, acabas de destruir mi podio —dijo muy serio, levantando una ceja mientras hablaba.

Su amigo giró su cabeza para mirarlo en su hombro. Jean apoyó una mano en una de sus pecas.

—Yo escalo la roca porque es grande para mí, tú tenías que escalar el muro —le dijo, era una desilusión que el entendimiento de Marco no parecía mejorar a la velocidad que él quería.


—No consigo que escale… —informó a la líder Hanji. Una frase simple y sin explicación. Se sentía decepcionado de sí mismo y de lo poco que avanzaba con Marco.

La mujer miró a otro lado y murmuró para sí.

—Los niños de ahora ya no son tan inteligentes como antes…

Ella no lucía feliz. Jean ni siquiera estaba seguro si la mujer tenía intenciones de ofenderlo, la castaña parecía vivir en un mundo donde todo ocurría a una velocidad y frecuencia diferente a la de los demás.

—No te preocupes, Jean. Estoy segura que con paciencia y repetición, podemos sobreponernos a los obstáculos —animó ella. ¿Acaso no se dio cuenta que Jean había escuchado lo de "no ser tan inteligente"?

—¿Gracias? —No encontró otra cosa que responder.

—Iré contigo —declaró la líder.


Como si no fuera suficiente la presión de comunicarse con Marco y hacer reportes sobre sus avances al comandante Smith; ahora tenía que hacerlo con una de las líderes veteranas frente a ellos. Estaba nervioso, no le gustaba el público extra, y menos si sólo lo iban a calificar de incompetente al no lograr que el titán hiciera cosas tan simples.

Perfecto.

Ambos estaban sobre el borde de la muralla de veinte metros, mirando al gigante a lo lejos, hacer garabatos en el suelo.

—¿Qué es lo que dibuja? —preguntó ella.

—Nada que tenga sentido —contestó Jean.

—Llámalo —le ordenó.

Jean obedeció, llevó sus manos a su boca para lanzar un silbido lo suficientemente fuerte para que fuera escuchado por Marco. Cuando llegó a sus oídos, caminó hacia ellos.

—¿Se parece mucho a como era de humano? —le preguntó la castaña.

Esto lo tomó desprevenido, no esperaba conversar con ella. Ni siquiera estaba seguro si Hanji tenía algún interés en Jean como persona, o incluso en Marco. Parecía prestar toda su atención solamente cuando se trataba de titanes.

—Sí… claro, sin los colgajos de piel y los dientes supernumerarios —respondió—. Es igual a él, su rostro y su complexión física.

No era que él tuviera idea de cómo era exactamente el cuerpo de Marco. Nunca lo había visto desnudo por mucho tiempo, solamente en las duchas y cuando rápidamente se cambiaba a su uniforme. No iba a hacer algo tan infantil como quedársele mirando sin ropa, especialmente cuando todos los chicos estaban juntos. Pero a grandes rasgos, tenía una idea general de cómo era, más alto que él y con un poco más de fuerza, su cuerpo era más fornido y pesado que el suyo. Y eso fue todo lo que pudo observar.

—¿Tenía pecas? —inquirió la mujer.

—Muchísimas… —respondió Jean regresando a la realidad, una sonrisa comenzó a escaparse de sus labios—. Era muy bien parecido —agregó.

Hasta entonces se sintió muy consciente de lo que había dicho. Fue apenándose con cada segundo que pasaba, y pudo sentirun ligero calor en su rostro. Casi le pareció que se hacía más pequeño. ¿Por qué diablos había dicho eso? ¿Y por qué a Hanji, de todas las personas? Sus hormonas debían estar haciéndole pasar un mal rato.

—E-eso dirían las chicas… obviamente —se corrigió atropelladamente. ¿Qué le estaba pasando ahora? Él no solía ponerse nervioso y tartamudear. Diablos, él decía las cosas como las pensaba, y nunca se arrepentía. ¡Él era Jean Kirschtein! El sol que recibía debía estarle afectando.

—¿Era atractivo? —preguntó ella, interrumpiendo sus pensamientos. Después de un segundo se respondió a sí misma—. Apuesto a que luce mejor ahora. Sólo mira lo fuerte que parece este titán.

No creía que Hanji fuera real, en serio, la mujer era sorprendente. La ciencia y el estudio de esos monstruos era lo único que aparentaba estar en su lista de prioridades. ¿Acaso tenía novio fuera de la Legión? ¿Tendría amigos normales con los que salía a divertirse? El pensamiento sonaba imposible.

Hasta ese momento, Marco se unió a ellos, mirando a ambos con curiosidad. El titán extendió su mano con la intención de tomar a Jean.

—Espera… —lo interrumpió el castaño, llevando una mano al frente, logrando que detuviera sus movimientos.

Marco no acercó más su mano, se quedó congelado, escuchando la orden.

—Eso es increíble —comentó la líder—. ¿Qué tan bueno se ha hecho obedeciéndote?

—En general hace todo lo que pido. Y cuando no parece entenderme, luce confundido y se agita.

—Pobrecillo —opinó la mujer—. Eres asombroso, Marco —le dijo al más grande, Jean pudo reconocer en su mirada algo parecido a satisfacción.

De la garganta de Marco salió un sonido gutural, una especie de queja que mostraba su incomodidad.

—Quiere que te pares en su mano otra vez. Esa parece su forma de hacer un berrinche —dijo ella. Era más una afirmación que una pregunta, eran claras las habilidades que tenía para entender a esa especie enemiga—. Jean, cuando él era un humano, ¿ustedes así eran de apegados?

—Lo normal de cercanos que pueden ser dos mejores amigos —estableció el castaño, un poco inseguro de la razón de esa pregunta. ¿Tan extraño se veía que Marco solo le respondiera a él?

—¿No tenía novia o alguna persona de interés? —continuó ella, presionando por respuestas. Esa pregunta era absurda para Jean.

—No que yo supiera. Y nunca me dijo si alguien en particular le gustaba —Jean no creía que Hanji deseara saber de los enamoramientos de un adolescente, a una mujer de su edad probablemente debía parecerle una tontería o trivialidad. Y podía tener razón, eso no estaba nada lejos de la verdad. Aun así, intentó contestar la pregunta lo mejor que pudo.

—Te recuerdo que no debes mentir, y que hacerlo te pone en una posición muy peligrosa a ti y a tu amigo —dijo ella con seriedad, casi pareció una amenaza.

—No miento —Jean no tenía idea adonde quería llegar la mujer con estas preguntas—. Nunca me habló de chicas, ni siquiera me habló de chicos que le pudieron interesar, o que se enamoró alguna vez. Creo que Marco era asexual, o simplemente era demasiado exigente. Le gustaba más hablar de su familia, o quizás no teníamos mucho tiempo para tratar esos temas. Es más, era yo el que siempre hablaba de… una chica. —se detuvo rápidamente, evitando decir el nombre. Sería demasiado vergonzoso que alguien más se enterara de su pasado enamoramiento, que ahora se veía tan lejano. Una corta etapa de su vida, lo que sentía antes de darse cuenta que el mundo era muy grande y cruel para esos pequeños sentimientos.

Hanji pareció perder interés en el tema mientras Jean aun hablaba, la mujer miraba a Marco y evaluaba la muralla de nuevo.

—¿Era Marco cercano a Braun, Fubar, o a Leonhardt? —preguntó la líder de repente. A Jean le tomó un momento responder.

—No demasiado. No se llevaba mal con nadie, pero era un poco tímido —le contestó. Recordó cómo su amigo era el más callado entre ambos, Jean siempre hablando más de la cuenta y diciendo estupideces; mientras Marco sonreía y opinaba como cualquier persona normal. Pero de vez en cuando, sólo se limitaba a escucharlo divagar.

Jean supuso que Hanji también le iba a preguntar por Ymir, pero quizás ya había obtenido suficiente información por parte de Historia. Nadie más conocía a la alta morena tanto como la pequeña rubia. Zoe no tocó el tema.

—Suficiente con las preguntas —agregó ella después de unos segundos. Esta vez pareció feliz—, ahora vamos con la parte emocionante. Pídele que escale, de nuevo.

—Marco —llamó su atención Jean. El titán lo miró fijamente—. Ven acá, lleguemos juntos al otro lado —le dijo. Hizo gestos con sus manos para decirle a su amigo que viniera con él, saltó para mostrarle cómo se hacía, continuó insistiendo. Repitió su indicación una y otra vez, cada vez de una manera más fácil, hasta lo más simple que pudo explicarle.

Intentó persuadirlo, vaya que lo hizo. Pero nada parecía funcionar, simplemente no podía entenderle. Marco solo lo miró con confusión, y tiró de su chaqueta con suavidad, como queriendo convencerlo a que bajara del muro y fuera con él.

Jean estaba desesperado, miró a Hanji y le rogó por ayuda. Su cabeza iba a explotar por la frustración.

Ella se había llevado una mano a la barbilla, inmersa en sus pensamientos. Le tomó unos instantes hablar.

—Jean… —dijo finalmente. El aludido miró con agradecimiento a la mujer que tenía una idea que lo salvaría de ese pulsátil y creciente dolor de cabeza.

—¿Sí? —preguntó él, esperanzado. Podría haber jurado que un rayo de luz alumbraba sobre la castaña.

—¿Tienes fijado tu equipo de maniobras? —preguntó en seco.

Jean se sintió desconcertado, pero igualmente respondió con una afirmación. Claro que lo tenía fijado, no era la primera vez que se equipaba. ¿Cómo no iba a ser un experto en ponerse el traje cuando lo usaba todos los días? La sola pregunta era ilógica y carente de sentido. No le dijo que opinaba eso, claro.

—¿Tus cables funcionan bien? ¿Tienes suficiente gas? —preguntó además la castaña.

Jean respondió afirmativamente. Honestamente, se sintió decepcionado, él había pensado que ella diría algo relevante o tendría una idea brillante sobre cómo hacer que Marco escalara el muro y llegara al otro lado. Y en su lugar, solo se había presentado con más preguntas. ¿Acaso las preguntas nunca terminaban? ¿Tanto desconfiaban de él?

—Ya veo… —dijo ella cuando Jean contestó.

Lentamente dio un paso por delante de él, se giró para darle la espalda al titán. Jean retrocedió instintivamente cuando ella se colocó frente a él, y sintió cuando puso ambas manos en sus hombros. Lo sostuvo con firmeza, le dedicó una sonrisa que Jean no estaba seguro si debía corresponder. Luego habló.

—Asegúrate de gritar muy fuerte.

Jean sintió como fue empujado más allá del borde de la muralla. No pudo colocar bien su pie y perdió su equilibrio. Aterrorizado, sintió como caía del muro de veinte metros de altura. Gritó lo más fuerte que pudo al ver a la figura femenina alejarse de él con rapidez.

Gritar no le haría ningún bien. Apresuró sus manos, y presionó los botones en su equipo de maniobras, los cables salieron disparados de este, anclándose en el muro y deteniendo su caída antes de que impactara con el suelo. Sus botas se posaron en la pared externa de la muralla, su cuerpo parado en un ángulo de noventa grados.

¡¿Qué diablos le pasa a Hanji?! ¡Pude morir ahí mismo!

—¡No me anoté a esto cuando me uní a la Legión! ¡Maldita sea! —gritó a todo pulmón, esperaba ser escuchado por esa loca líder que tenían, ¡qué mujer más peligrosa! ¿¡Iría ella a decirle a la madre de Jean cuando muriera!?

¡No puedo creerlo! ¡Pude haber ido a la policía militar y ahorrarme este trato!

—¡Grita de nuevo! ¡Parece que le afectó! —ordenó ella a grandes voces, sin el menor atisbo de culpa o arrepentimiento. Era obvio que no le iba a ofrecer una disculpa.

Jean suspiró con pesadez, su corazón aún latía fuertemente en su pecho, golpeándolo dos veces por segundo. Se había sentido cercano a la muerte, otra vez. Sólo eran los gajes del oficio, de todos modos. Nada de eso era nuevo.

A veces odiaba su vida.

Hanji quería que gritara, así que lo hizo. No había una razón suficiente para desobedecer.

Él no tenía dotes de actor de teatro, eso era seguro. Pero intentó recordar el miedo a morir que se había vuelto tan asquerosamente familiar en su vida; y la adrenalina que había corrido por sus venas cuando sintió el peligro tan cerca que pudo saborearlo. Sí, definitivamente podía gritar cuando recordaba eso.

Su voz fue sobrepasada por una más grave e inhumana, Jean se calló enseguida. El rugido del titán hizo vibrar el muro bajo sus pies. Parecía el sonido lastimero de una bestia, un ruido muy desesperado y dolido.

Lo siguiente que miró en el muro fue la enorme mano de Marco. El agarre sobre el borde de cemento había dejado marcas, hundiéndose como si estuviera hecho de mantequilla.

—¡Marco, ven aquí! —gritó Jean.

De repente, la cabeza de Marco se asomó; junto a su otra mano que abarcó más allá del borde. Se escuchó el quejido del muro, al formarse una grieta debido al peso extra que se le había agregado.

Aparecieron los antebrazos del titán, seguidos por sus codos. Sus brazos hicieron un esfuerzo por elevar el resto de su cuerpo.

—¡Salta! ¡Demonios, salta! —animó el castaño. Si no se ayudaba de sus piernas, sería muy difícil escalar el muro con solo sus extremidades superiores.

Entonces, la cabeza y los brazos de Marco desaparecieron de vista, regresando a su lado del muro. Se escuchó el sonido sordo de una caída al otro lado de la pared de cemento.

Jean pensó si debería subir de nuevo, e intentar animarlo otra vez. Había estado tan cerca. Definitivamente no volvería a dejar que Hanji lo arrojara al…

Marco volvió a aparecer.

Esta vez, fue más rápido. Se avistaba desde su cabeza hasta su pecho. Sus brazos extendidos sostenían su peso sobre el borde de la muralla. Había saltado para lograr apoyar la mayoría de sí mismo, al lado deseado. Sus brazos temblaron al servir como polea para su cuerpo entero.

La gravedad hizo lo suyo y el titán completo cayó violentamente al suelo, en cuatro. Las rodillas de Marco fueron aplastadas y los codos quebrados, la piel se abrió, dejando expuestos los huesos del antebrazo; sus manos fueron enterradas en el suelo. Todo el daño que le ocurrió, debido a la fuerza del impacto.

Jean lo vio caer, el golpe se vio doloroso. Bajó de la muralla, a un paso apresurado, hasta llegar al suelo. Corrió hacia Marco.

—Diablos amigo, lo hiciste bien. Eso fue increíble. Eres increíble. ¿Te dolió? Mierda, sólo mira cómo has quedado —Jean seguía diciendo diferentes cosas que se le venían a la mente. Por un lado felicitando a Marco, y por otro, señalando las heridas y fracturas que le había causado esa desagradable caída.

Humo comenzó a salir de los traumas en el cuerpo de Marco, su piel comenzó a cubrir el hueso y a recobrar la figura normal de sus miembros. Se volvía a formar poco a poco, demasiado rápido para un humano.

Jean sólo pudo mirar asombrado.

—Mira esa capacidad de regeneración —comentó Hanji a la par suya.

¿Cuándo había bajado de la muralla? Jean había perdido de vista a la mujer.

Marco levantó su cabeza ante la voz femenina, y gateó hacia ella aun sin terminar de sanar. Dejó de apoyarse en sus rodillas para hacerlo sobre sus pies, en una posición donde parecía estar listo para echarse a correr.

Estaba a unos tres metros de Hanji. Su ceño se frunció, sus labios se retrajeron, y mostraron todos sus dientes. Su expresión era de ira, lucía como un monstruo dispuesto a atacar. De su boca salió un estruendoso rugido que indicaba que él era peligroso, la miraba muy enojado, y amenazaba con ser violento.

El pelo de Hanji fue llevado hacia atrás por el fuerte sonido, gotas de saliva aterrizaron en su cara, mojando sus lentes. Ella no se movió.

—¿Me odias, Marco? ¿Quieres matarme por hacerle daño a tu protegido? —le preguntó con calma, lentamente llevando sus manos hacia sus cuchillas.

—¡No, Marco! —gritó Jean y corrió hasta colocarse frente a ella, dándole la cara al titán, extendiendo los brazos para esconder a la mujer detrás. Una parte de él también odiaba a Hanji en ese momento, pero no era para llegar a esos extremos.

Y sabía que la líder era demasiado hábil con su equipo de maniobras, no quería ni pensar en lo que sería capaz si se enfrentaba a un titán tan inexperto como su amigo.

—Estoy bien, Jean. No necesito que me protejas —escuchó la voz desde atrás de él.

Jean giró su cabeza para responderle sobre su hombro.

—Con todo respeto, señora. No es a usted a quien protejo —le confesó Jean. Sincero como siempre, hablando por impulso más que por convicción.

—¿En verdad crees que le haría daño a este magnífico espécimen? —comentó ella desde su lugar.

Jean miró a Marco a los ojos. Se enfocó en mostrarle una expresión de enojo. Asegurándose que el más grande entendiera que estaba haciendo mal. Su amigo lo miró fijamente.

—JAWHH… —escuchó la grave voz frente a él. La profundidad del sonido produciendo vibraciones bajo sus pies.

—Haz que diga "Hanji". Nunca un titán ha dicho mi nombre —pidió la líder.

¿Estaba loca? ¡Había cosas más importantes que tratar en ese momento! Pero no, ella quería que el titán que acababa de mostrarse agresivo con ella, dijera su nombre.

La mano de Marco se acercó a Jean, empujó por detrás de sus rodillas para hacer que cayera sentado sobre esta. Estaba caliente por debajo del castaño.

—¿Qué mier…? —Jean fue apartado de donde estaba, cargado hasta lo más lejos que llegaba el brazo de Marco, completamente extendido.

El titán lo colocó sobre el suelo, tuvo cuidado de no dejarlo caer con fuerza. Jean se levantó rápidamente, dispuesto a correr de nuevo hasta donde estaba la líder.

Cuando Marco giró su cabeza para ver nuevamente a Hanji, la observó de rodillas frente a él, haciéndose ver más pequeña. Uniendo sus palmas frente a ella, en una posición de disculpa.

—Espero que entiendas, mi buen titán, que yo no soy un peligro para Jean —dijo en una voz que se escuchaba sumisa y nada autoritaria.

El más grande relajó su expresión, la cambió por una de confusión.

—Jean, mira esto —le habló al menor—. Al hacerme ver más pequeña, él entenderá que no soy una amenaza. Ahora ven y acércate a mí, para demostrar que somos amigos ¿entiendes?

Jean quiso saber qué haría la mujer si él simplemente hubiera dicho algo como "lo siento, pero usted casi me mata, ahora dejaré que mi amigo se la coma". No lo hizo, claro. Pero no le faltaron ganas.

Caminó hacia donde estaba Hanji y le extendió la mano, ella la tomó y le ayudó a levantarse. Cuando ella se irguió, seguidamente abrazó a Jean. Él se sorprendió demasiado, no estaba seguro si debía corresponderle. No lo hizo, porque ella lo soltó con la misma rapidez, casi empujándolo.

—¿Ves, Marco? Aquí todos somos amigos —dijo con una generosa sonrisa.

Jean miró al titán, éste había ladeado su cabeza. Incluso levantaba una ceja, lucía incrédulo. No tuvo otra opción más que dejar a Hanji en paz.

—Hay que esconderlo, ahora —anunció la mujer.


Fueron escoltados por un pequeño grupo de soldados de mayor élite, todos líderes de escuadrones. Cabalgaron intentando hacer el menor ruido posible, no hubo disparos de humo. Marco se volvió muy bueno en recorrer el camino trazado, de forma sigilosa. Había entendido las órdenes y estaba cumpliendo con las indicaciones.

El pueblo de Ragako fue el elegido por Hanji, para esconder a Marco. La ciudad natal de Connie tenía muchas ventajas que ayudaban a mantener el secreto. No había personas que fueran testigos del escondite de un titán, y la Legión de Reconocimiento tenía jurisdicción legal sobre el lugar.

El lugar era pacífico, lleno de árboles, plantas y vida. El color verde se presentaba en forma de una cortina botánica que llenaba el aire de una frescura vespertina. Un río se avistaba a lo lejos, coloreado de azul al reflejar el cielo. Era un buen pueblo, muy bonito para nacer, crecer y jugar ahí. Con razón Connie todavía seguía siendo un niño.

Cuando llegaron a la zona donde estaban las residencias, el panorama cambió. Los escombros aún estaban dispersos por el suelo, parecía un lugar de destrucción sin un solo cuerpo humano. El olor era una mezcla de madera y polvo, proveniente de las casas que ya no había. Jean no había visto el lugar con sus propios ojos, solo lo había escuchado de las palabras de Connie.

—Llegamos —estableció Hanji—. Este será tu nuevo hogar, Marco. No estarás muy lejos de nuestro campamento, y además, aquí no podrás ser visto fácilmente.

Marco asintió a sus palabras, estaba en sus momentos de mayor lucidez. Llevaba unas horas así. Jean se preguntó si eso había ocurrido por el cambio de escenario y la mayor cantidad de estímulos a su alrededor.


No perdía de vista a Jean, ahora él y Hanji eran familiares para Marco. Los demás que se reunían con ellos eran misteriosos, todos eran desconocidos, no le inspiraban confianza.

El nuevo lugar era diferente, era mucho más bonito que donde estaba previamente. De haber sabido que existía algo mejor, habría salido antes.

Marco se sentó, no hizo nada más. No quería moverse o hablar frente a los extraños. Quería que lo dejaran solo otra vez, todos lo miraban y eso lo incomodaba. Sus caras le mostraban que le tenían miedo. Él no quería asustarlos, pero cada vez que se movía, ellos retrocedían. Como si buscaran la más simple excusa, para atacarlo.

Jean y Hanji no le tenían miedo, ellos sólo le mostraban sonrisas a él.

Jean voló hasta su mano y señaló el agua a lo lejos. Marco le entendió y caminó hacia allá. Los demás humanos lo miraban desde su lugar.

—Cada vez me sorprendes más —dijo, lo miraba a los ojos y mostraba sus dientes otra vez—. Pudiste saltar, llegar al otro lado del muro... ¡y ahora has logrado caminar sin hacer ruido!

Él sólo respondió con una sonrisa, se sentía bien cuando Jean lo felicitaba.

—¡Eres el mejor titán de todos! Choca tu puño aquí —habló muy emocionado, doblando sus dedos y mostrándole su mano cerrada.

Marco acercó la mano que no sostenía al humano, e imitó el puño que el otro había hecho. Con suavidad lo acercó a su pequeño amigo. Jean era muy frágil, y su adorable debilidad hizo que retrocediera y cayera sentado sobre la mano del titán.

—Un poco de menos fuerza, grandote —dijo mientras se levantaba nuevamente.

Siguiendo la indicación de su querido humano, metió un pie en el agua. La humedad envolvió su pierna y comenzó a salir vapor de su contacto con el frío líquido. Después de un momento el vapor cesó, y su piel se acostumbró a la temperatura.

—Ahora puedes limpiar todo el polvo que has acumulado… —le dijo Jean—. Limpia tu cara y manos también, estás tan sucio que das asco.

Sabía que no era un cumplido, esas palabras sí las pudo entender. Tuvo una idea para cobrar venganza, Marco sacó su lengua y lamió toda el área frontal del cuerpo de Jean, desde sus botas hasta su cabeza. Se alejó para ver la expresión que el otro pondría.

—¡Eso es lo más asqueroso que has hecho! ¿Qué diablos te pasa? Oh dios, tu baba es tan caliente. Menos mal que tenía la boca cerrada. ¿Tienes idea de cuantos baños tendré que darme para quitar este…?

Jean estaba exagerando, eso lo podía notar. No tenía nada malo, no le había hecho daño, estaba bien, pudo estar seguro de eso. Pero se estaba quejando tanto, le gritó muchas veces una palabra que a Marco le pareció grosera —no sabía cómo recordaba eso—, así que no tuvo más opción que hacer algo para callarlo.

Marco acercó a su humano al agua y lo dejó caer. Si el castaño quería un baño, lo podía tener ahí mismo. Jean cayó salpicando agua, sacó su cabeza sobre la superficie, y nadó hacia la orilla. Movió sus manos y sus piernas hasta estar en tierra firme.

Su pequeño juego debió darle risa, pero solo se sintió muy culpable. Su pobre amigo temblaba de frío cuando salió del río. Marco lo envolvió con sus manos, dándole el calor que había perdido. Si hubiera sabido cómo hablar, se hubiera disculpado.

"Lo siento, Jean. No lo pensé bien."

¿Qué había sido esa voz dentro de su cabeza? Sonaba familiar, podría jurar que ya la había oído antes. Dentro de su mente, y también salir de su boca. Cuando solía ser un humano, ya que él no siempre fue un titán. Antes lucía como Jean y Hanji. Y ésa era su voz, o al menos, una que solía serlo.

Baños. Nadar. Ríos. Frío. Mierda. Disculpas. Estaba recordando todas esas palabras.

El mundo alrededor de él cobraba sentido con los días que pasaban, y ahora podía entender casi todo lo que Jean le decía. Sabía que el castaño le facilitaba su aprendizaje, comenzaba por las palabras más sencillas. Pero poco a poco avanzaba más, cada vez sentía que se parecía a lo que una vez fue.

Había otras personas que conocía, estaba seguro de eso. Hanji era una chica y Jean era un chico. Cuando Marco fue un humano, conoció otros como de su edad. Sabía que existían, pero necesitaba más para recordarlos.

Jean no era sólo una figura familiar para él, siempre había sido mucho más que eso… y nunca se lo había dicho, ¿o sí?

Quiso poder hablar y decirle que quería reconocer a los demás chicos. Una variedad de caras que alguna vez conoció, con los que compartió, y que lamentablemente había olvidado. Sus memorias lentamente regresaban a él.

Quería volver a ver a sus otros amigos.


Hanji está loca, Jean es un blandengue cascarrabias y Marco está comenzando a recordar... :D

Dejé una pista de lo que tratará el siguiente capítulo, si se fijaron bien ;)

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