Capítulo dedicado a Gabi, que su cumpleaños fue hace poco y que ama el jeanmarco con una pasión que comparto :D

Que cumplas muchos mas, querida :)

Lamento la tardanza... Notas abajo ;)


Capítulo 5. Entre amigos

Jean no se dio cuenta al momento, si eso hubiera pasado, se consideraría un genio.

El comportamiento de Marco comenzó a cambiar, ahora no solo lo veía a él. Cuando otro soldado se acercaba, se le quedaba mirando, enfocándose en sus rostros específicos, sus expresiones faciales. Ahora podía diferenciarlos. O al menos, eso parecía.

Cada vez el titán mostraba más interés en el mundo a su alrededor, y en los otros humanos que enfrentaba. Les dedicaba una mirada, y después volvía a ver al castaño. Era como si intentara reconocerlos y, cuando no lo lograba, regresaba a Jean. A lo que sí conocía.

—Marco, ¿recuerdas algo de cuando eras humano? —le preguntó después de terminarse el último pedazo del sándwich que había llevado para almorzar, y se limpió la boca con el dorso de la mano.

El titán lo miró fijamente, se veía desesperado por hablar; pero no podía hacerlo, eso debía frustrarlo mucho. Marco estaba acostado sobre su estómago, su cabeza era un poco más grande que el cuerpo entero de Jean, sus manos sostenían su cara para prestarle atención al humano.

Escucharon un suave movimiento de pisadas en el césped, Jean giró su cabeza para advertir la presencia. Un ciervo caminó hacia el río y nerviosamente, se dispuso a beber del agua cristalina. Si Jean se ponía de pie, el animal correría, así que lo dejó calmar su sed y se volvió hacia Marco.

Él estaba mirando también a su pequeño visitante.

—Eso es un venado, Marco —le informó—. ¿Puedes decirlo conmigo? "Venado".

El titán hizo una expresión de determinación, se puso completamente serio y abrió la boca.

—VEE…O —dijo con su grave voz. Hizo un sonido de quejido al estar molesto consigo mismo.

—Dijiste otra cosa ahora mismo. Por lo menos ya puedes decir "veo". —no era que quisiera ser condescendiente, pero a su amigo se le dificultaba demasiado hablar.

—JAWHH —lo llamó el titán.

—¿Sí? —respondió el castaño.

Jean lo miró, los enormes labios de Marco temblaban ligeramente. Si no fuera un titán, habría creído que estaba a punto de llorar.

—Ey, está bien. Amigo, me tienes aquí. Me esfuerzo por entenderte, créeme. No tienes que molestarte porque no sea tan inteligente como Armin —lo intentó calmar.

Los ojos del titán se abrieron más, y reaccionó rápido a lo que él había dicho.

—ARRR… —dijo ahora. Tragó saliva y volvió a prepararse para hablar— INN…

—¿Armin? —preguntó el castaño—. Es un amigo mío, bueno… nuestro. Es el tipo rubio que siempre sigue al idiota de Jaeger —continuó.

Marco atrajo las manos hacia sí mismo, y al poner las palmas sobre el suelo, se ayudó a levantar la mitad superior de su cuerpo. Cuando estaba sentado, estiró los brazos para tomar varias rocas; y apuñó dentro de su mano la tierra que tuvo a su alcance. Jean solo lo miró con curiosidad.

Las numerosas rocas y las series de volcancitos de tierra que había tomado, los colocó a la derecha de Jean. Los señaló a cada uno, mirando la reacción que el castaño adoptaba. Hablarle por medio de herramientas era lo más avanzado que Marco había hecho hasta el momento.

Jean solo pudo poner atención al mensaje que el titán le quería transmitir.

—JAWH —señaló Marco a la roca que estaba adelante. Luego, señaló a la tierra que estaba a la par—… H…ANN —Hanji no creería que el titán había intentado decir su nombre. O si lo creyera, se lamentaría de no haber estado ahí.

Después de señalar la roca que era Jean y el montículo que era Hanji, Marco tomó el resto de las piedras y los volcanes de tierra que se deshizo entre sus manos, y los sostuvo frente a Jean, mostrándoselos. Lo miró con intensidad.

El castaño dijo lo que había entendido.

—Esos son Jean y Hanji… y quieres a… ¿quieres las demás rocas? —preguntó cuidadosamente. Lo pensó por un momento—. ¿Quieres conocer a las demás rocas? O espera… ¿a los demás humanos?

El rugido que Marco lanzó, era el que Jean había aprendido a identificar como uno de alegría o de celebración. Se preguntó a sí mismo, sólo por un segundo, si así se sentía una madre cuando reconocía cada llanto de su bebé. Bufó ante el pensamiento.

—Voy a presentarte a tus demás amigos —aseguró al más grande.


Cuando les informó a los chicos del ciento cuatro, cada uno se alegró a su manera. Se mostraron emocionados ante la idea de ver a su amigo otra vez. De todas formas, Jean había prometido que cuando Marco estuviera listo, llevaría a los demás con él.

—¡Maldición, claro que iremos! —gritó Connie más alto de lo requerido.

Cabalgaron poca distancia, el resto del camino era a pie. Se tomaban todas las medidas necesarias para no llamar la atención sobre ellos, y siempre hacer el menor ruido que pudieran. Aunque les era imposible no hablar, mantener a unos adolescentes callados era una tarea difícil.

—Jean… ¿estás nervioso? —preguntó Connie atrás de él.

—¿Por qué debería estarlo? —le contestó, preparándose para otra estúpida broma del enano. No sabía si su ira debería comenzar a hervir en anticipación.

—Pues… no sé —comenzó, y luego volvió a hablar—. Es como si vas a presentarnos a tu nuevo novio.

—¿Qué tonterías dices? Estamos hablando de Marco, ¿sabes eso, no? Idiota. —estaba más confundido que enojado. Y una parte de él si quería reír, no sabía por qué. La broma ni siquiera era graciosa.

—Bueno… según veo, si digo eso, ya no te enojas —señaló Connie. En eso tenía razón, pensó Jean. Por lo menos ya no estaba llamándolo mascota, un pequeño avance para Connie. Merecedor de aplausos, incluso.

—Es sólo que no entiendo… ¿por qué "novio"? —quiso saber el castaño. No tenía idea de dónde había sacado esa idea su extraño amigo.

—Porque al parecer… ya es moda eso de tener novios titanes —explicó el más bajo, como si tuviera perfecto sentido todo lo que decía—. Sólo mira a Historia con su cuento de amor con la loca aquella que nos abandonó —agregó con una sonrisa, era sincera pero tenía un toque amargo. Nadie sabía con seguridad la razón de la elección que hizo la chica de pecas en esa ocasión.

La pequeña rubia caminaba a la par suya, y sus mejillas se sonrojaron. Pareció esforzarse por no demostrarlo, y en su lugar reclamarle al bromista.

—¡Connie! —se quejó con menor fuerza de la que una persona normal lo haría—. ¿Hablas de Ymir? Yo estoy segura que ella hizo todo lo que pudo por salvarnos, no nos traicionó —la defendió con timidez, y al mencionar el nombre, agregó con tristeza—. Solo espero que esté bien…

Nadie tenía novia o novio, no había rumores y preguntas de "¿quién te gusta?" "¿a quién besarías?". No podían tener conversaciones normales de chicos de su edad. No cuando todos fueron obligados a crecer a la fuerza, a madurar en meses. El lugar en el que vivían hacía que su vida fuera efímera, no había tiempo para esas nimiedades.

—Yo no podría tener un novio titán —comentó Eren a la par de Connie. Lo hizo para cambiar el tema y aliviar la tensión antes que se fortaleciera, relajar el ambiente, forzar una plática lo más parecida a la los chicos de su edad; esos individuos afortunados que no solían enfrentar la muerte a diario. Su actitud fue una sorpresa para todos, que el chico que le guardaba más rencor a esos monstruos no quería mencionar nada referente a esos dolorosos recuerdos. Quizás Eren, a veces, también necesitaba actuar como un adolescente normal.

—Eso es porque tú los odias —le respondió Armin, intentando seguir con la broma; ellos dos se conocían tan bien que el rubio sabía exactamente como contestar sin alterarlo. Esa conversación no era importante, pero era lo que todos necesitaban. Querían recordar que aún no eran adultos, que todavía tenían derecho de actuar como niños.

—No es sólo eso. Es que juré matarlos a todos —corrigió el chico de ojos verdes, con una sonrisa de complicidad. Hablaban de matar titanes sin pensar cuando estos mataban a los humanos.

—Tú no vas a acercarte a Marco, entonces —sentenció Jean, siendo parte del irresponsable intercambio de palabras. Cualquier oportunidad para pelear con Eren, era una que él tomaba.

—Como si pudiera hacerle daño a él —le respondió el más bajo. Eso era cierto, ¿quién querría hacerle un mal a Marco? La respuesta era una: Annie.

—¿No les dije? Jean protege a su novio titán —agregó Connie.

—¡Connie, solo cállate! —le gritó el aludido. Ignoró la voz en su cabeza que le recordaba el mundo en el que vivían, probablemente todos lo estaban haciendo en ese momento.

—Es un tierno sentimiento, Jean —agregó Mikasa.

—¡Oh no! ¡¿Tú también?!

—¿Hay comida allá? —preguntó Sasha, que parecía no haber puesto atención al tema en cuestión.

No siempre tenían momentos para relajarse entre amigos, pero cuando ocurrían, todos se lo tomaban muy en serio y los apreciaban. Era agradable olvidar lo cruel y horrible que era el mundo en el que vivían, y simplemente molestarse unos a otros y reír para dejar de lado el miedo, la muerte y el peligro que enfrentaban diariamente. Por eso nadie se enojaba, y por eso mismo, todos participaban en las bromas.

Jean los dirigió a todos al lugar donde estaban alojando a Marco. Connie señaló los sitios favoritos de su hogar, recordándolo por lo que era. Contándoles a todos sobre los árboles que le parecían gigantes cuando era pequeño, también las veces que lo obligaron a bañarse en el río cuando jugaba con la pelota hasta llenarse de lodo.

Sí, el mundo siempre fue bonito cuando eran niños, todo fue diversión cuando no conocían las desgracias de una guerra que no tenían muchas probabilidades de ganar.

Cuando se adentraron al lugar, aún desde varios metros de distancia podían ver al Titán Gentil. Aves de distintas tonalidades, blancas, amarillas o aquellas con tintes azules se habían posado en sus hombros. Marco estaba mirando fijamente a una que descansaba en la mano que tenía frente a su cara. No le tenían miedo. El titán debía parecerles una agradable fuente de calor.

Jean le silbó como siempre lo hacía para llamar su atención. Cuando el más grande giró su cabeza, las aves volaron de él, huyendo del repentino movimiento.

El castaño se volteó para mirar a sus amigos. Connie tenía la boca abierta; Sasha había dejado de comer, y parecía haberse olvidado de tragar; los enormes ojos de Historia parecían estar a punto de salirse de las cuencas. Armin, Mikasa y Eren ya lo habían visto antes, pero aun así, lucían impresionados.

—Vaya… está tan desnudo —señaló Connie.

Jean fue tomado por sorpresa, no esperaba que ése sería el primer comentario que sus amigos harían. Él ya se había acostumbrado, hasta cierto punto. Todos los titanes estaban desnudos, después de todo.

—¿Así luzco yo? —preguntó Eren, con una media sonrisa—. Solo he visto dibujos.

—La verdad, Eren, es que no dejas mucho a la imaginación —dijo Connie, claramente incómodo—. Ahora ya te conocemos a ti y a Marco por completo.

Eren abrió más los ojos, como si fuera consciente de sí mismo. Hizo una mueca de vergüenza mientras se sonrojaba.

—Cállate, Connie —se quejó y se colocó en una posición defensiva. Sin esperar más tiempo, cambió de tema—. No puedo esperar para poder pelear con él.

—Antes de eso —interrumpió Jean—. Quiero presentarlos a uno por uno, todos de una sola vez sería demasiado para Marco. Aún está recuperando sus recuerdos.


—Marco, aquí están los chicos que querías conocer —Jean le dijo al titán.

El gigante sonreía mientras los miraba a todos, repasándolos con sus ojos, sus amigos lo saludaron con sus manos, agitándolas alegremente. El titán se acostó sobre su abdomen para estar más cerca de ellos.

—Recuerdas a Connie, ¿no? —le dijo cuando señaló al chico de la cabeza afeitada.

—¿Qué hay, pecas? —sonrió el más bajo, extendiendo su mano. Marco la tomó con suavidad entre sus dos dedos—. Vaya, está muy caliente… —comentó.

—¿Cómo sabías que no te iba a quebrar la mano? —le preguntó Jean.

Connie abrió más los ojos, y miró la mano con preocupación. El muy imbécil no había pensado en lo inseguro que era dejar a un titán tomar algo tan pequeño como una mano humana.

—Sí que eres tonto —le reprendió.

—En verdad eres el Titán Gentil… —comentó el chico suavemente, una sonrisa comenzó a formarse en sus labios hasta que estiró completamente sus mejillas— Marco, no tienes idea de todo lo que hemos pasado. ¡Tenemos que ponerte al tanto! Es increíble que estés vivo, amigo —la voz de Connie era sincera, alegre, emocionada—. ¡Sasha, míralo! —le gritó a su amiga.

Ella corrió hasta colocarse a la par de su compañero.

—¿Marco, puedo abrazarte? —preguntó, y sin esperar, abrazó tres dedos de la mano del titán—. ¡Guaa! No puedo hacerlo tanto tiempo. ¡Estás que ardes! —ella lo hizo sonar como un cumplido.

—¡SASSSCH! —dijo Marco enseguida, parecía muy emocionado.

—Ey, ey, ¿por qué no dijo Connie? —reclamó el chico.

—He notado que se le facilitan las palabras con "a" —informó Jean, intentando no reír. ¡Qué obsesión tenían todos con que Marco dijera sus nombres!

Sasha metió su mano en la bolsa interna de su chaqueta, se quedó unos segundos buscando algo, hasta que lo encontró. Seguidamente, sacó un pedazo de patata que extendió al titán.

—Debes tener mucha hambre… —dijo, y dejó caer la comida sobre la enorme mano frente a ella.

Marco llevó la patata a su boca, la pequeña pieza desapareció en un abrir y cerrar de ojos. La nuez de Adán bajó cuando Marco tragó.

—Tal vez no se le queda atascada en un diente —comentó la castaña—. No traje comida de titán…

Dentro de unos segundos, alguien iba a mencionar cuál era exactamente la comida de un titán, y cuando comenzaran a recordar el dolor que esos monstruos traían a la humanidad, el ambiente cambiaría. Jean notó como Armin se adelantó hasta estar a la par de ellos, dispuesto a salvarlos de esos pensamientos negativos… aunque fuera por sólo unos momentos.

—La líder Hanji está segura que Marco está obteniendo su energía de la luz solar —les explicó a los chicos.

Jean agradeció silenciosamente el cambio de tema.

—AR… IN —dijo lentamente el titán, intentando pronunciar la palabra, probando unir las sílabas.

—Hola, Marco —saludó afectuosamente el rubio, su mirada era de ternura, en sus labios se posaba una sonrisa—. Es un gusto tenerte nuevamente con nosotros. Te hemos extrañado.

—¡Eres tan grande! —señaló Eren mientras se acercaba, extendió su mano para tocar un dedo del titán—. Es la primera vez que toco uno que no quiere devorarme. —el chico de ojos verdes sonreía ligeramente, sabía muy bien que este no era un titán más—. Hanji me dijo que tú y yo vamos a comparar fuerzas cuando estés listo.

—¿Puedo tocar su cabello? Tengo mucha curiosidad —dijo Historia con una sonrisa, se acercó hasta colocarse a la par de Eren y extendió una mano.

El titán posó su mano en el suelo, como si fuera una plataforma. Historia miró a Jean, él le asintió, Marco era muy seguro. La enorme mano levantó a la rubia hasta su cabeza, y ella tocó sus largas hebras negras. La chica elevó la voz para hablarle.

—Ymir podía salir de la nuca para hablar conmigo. Si estás ahí, ¿puedes salir, Marco? Todos te queremos de regreso.

La expresión del titán cambió, sus cejas se fruncieron por encima de sus ojos, se inclinaron levemente mostrando preocupación. Marco no sabía cómo hacer lo que ella mencionaba, o no entendía lo que la rubia decía. Jean pensó que su amigo aún necesitaba tiempo, y quería creer que aún lo tenían. ¿Podían realmente tomarse ese lujo? Nunca sintió que el comandante lo apresurara, pero tal vez era una suposición intrínseca. La humanidad no tenía todo el tiempo del mundo, eso era obvio para todos. Debían pensar con inteligencia, no con sus ideas irrealistas y emotivas.

—STAHH… —dijo el titán de repente.

—Amigo, esa es Historia. Tú la conociste como Christa —explicó Jean con una media sonrisa.

La expresión de Marco fue de confusión esta vez, pensó en lo que el castaño le había dicho y luego se corrigió.

—HIS… TARAHH

Todos los chicos rieron. Había una pequeña tristeza en ellos, pero nadie la mencionó.

Mikasa se acercó al gigante también, al igual que todos los chicos lo habían hecho.

—Hola, Marco —dijo, su voz era suave. Jean pudo ver una pequeña sonrisa y un alivio claro en su rostro—. Es un gusto volver a verte.

El titán la miró y acercó su cara a la de ella, su ceño se frunció en concentración, como si intentara recordar. Sus cejas se elevaron al hacer memoria. Y miró en dirección a Jean.

—KAAASA… —dijo.

Jean estaba confundido, ¿por qué lo miraba a él?

Marco hizo un puño con su mano, mientras extendió su dedo índice. Señaló a Mikasa y luego al castaño, con el mismo dedo.

—JAWHH… KAASA…

Jean abrió más los ojos cuando entendió lo que el imprudente titán estaba intentando decir. Se apresuró y tomó el enorme dedo entre sus brazos, habló fuerte, intentando que su voz sonara de lo más casual. No quería que nadie notara nada extraño en él.

—Sí, amigo. Ella es Mikasa, nuestra compañera. La más fuerte de todos nosotros —dijo con rapidez.

El castaño quería golpear a Marco en ese momento. Si tuviera el tamaño de un humano normal, le daría un coscorrón por su atrevimiento y por su poca habilidad para mantener secretos. ¿No había un código entre hombres? Donde todo lo que decían entre ellos jamás debía salir a la luz, incluso las cosas más vergonzosas nunca debían ser reveladas. Le reclamaría más tarde, cuando estuvieran solos. Hizo una nota mental de eso.

Intentó reprenderlo con la mirada, sabía que el otro siempre entendía cuando le fruncía el ceño. Pero Marco estaba serio, parecía inmerso en sus pensamientos, recuperando nuevos recuerdos. Jean quiso saber qué pensaba, porque no estaba sonriendo.

Los chicos que quedaban del ciento cuatro pasaron juntos todo el tiempo que el sol se mantuvo en lo alto. Connie le pidió a Marco que destruyera enormes rocas que le señalaba por la simple diversión de ver cómo se desmoronaban. Una tras otra, dejando una nube de polvo como recuerdos volátiles.

Armin le pidió que arrancara árboles para cortar la madera con sus hachas, y así llevar algo de regreso para no ser regañados por saltarse el entrenamiento de la tarde. No sería suficiente ya que no era su misión interactuar con el titán, pero esperaban ser excusados al decir que habían hecho algo productivo.

Sasha le preguntó si podía atrapar al ciervo que habían visto antes, el pobre animal no pudo huir de algo tan grande. Los chicos ayudaron a acorralarlo y cuando el titán lo tomó por el área de las costillas, no lo destruyó entre su mano. El toque fue suave, porque el animal estaba con vida. La hambrienta chica se encargó de dar el golpe final para llevarlo al campamento.

Historia quiso ser elevada lo más alto que llegaba la mano del titán completamente de pie. Ella estiró los brazos mientras cerraba los ojos, su rubia cabellera fue movida por el viento. Debió sentir que volaba.

Eren pidió al titán que probara decir cosas que le señalaba, fueran flores, árboles, el ciervo muerto, el sol y demás. Marco fue suficientemente bueno como para ser entendido, tenía una facilidad con las palabras con "a".

—¿Qué es eso, Marco? —le preguntó en algún momento mientras señalaba a Jean.

El titán mostró una sonrisa cálida, y respondió.

—JAWH…

—Te equivocas. Eso es un idiota —dijo el castaño con una sonrisa malévola.

Jean le mostró un gesto ofensivo con su mano. Los hombros de Marco subieron y bajaron cuando él y Eren rieron.

Mikasa se sentó en los hombros del titán y le explicó las noticias sobre Annie, Reiner, Bertholdt e Ymir. Una vez Marco hubo entendido todo, ella comentó en lo bonito que se miraba el atardecer.

Cuando el gran astro se inclinó y coloreó los árboles de naranja, fue que ellos supieron que debían regresar. Como si se pusieron de acuerdo, todos se quedaron en silencio en ese momento. No había más ruidos, ni risas, solo se sentaron cómodos en la compañía de los demás.

Notaron que Marco se movía con mayor lentitud, era clara la diferencia que sentía al dejar de recibir la energía que le daba la luz del sol.

El más responsable de todos fue quien habló.

—Ya es hora de irnos —declaró Armin. No parecía querer irse, pero era obvio que no tenían opción.

Los demás chicos asintieron sin sonreír y se despidieron del titán; Marco se despidió con su mano, no estaba feliz de dejarlos ir. Dejó salir un sonido gutural que Jean había aprendido a asociar con incomodidad o tristeza, le hubiera gustado escuchar lo que Marco quería decir. Era una verdadera lástima, siempre se lo repetía a sí mismo.

Jean no caminó con el resto, se quedó atrás; quiso tener un momento de privacidad con su amigo. Notó a su lado a Mikasa también, se había quedado parada sin moverse; Eren y Armin miraron atrás para llamarla, ella les indicó que se adelantaran. El idiota suicida miró a Jean e hizo una expresión de disgusto, pero no dijo nada, tomó a Armin por el hombro y le dijo que se fueran juntos. El rubio sólo les dedicó una mirada preocupada a ambos, pero siguió con su camino junto a Eren.

Jean se sintió nervioso por lo de antes, ¿qué quería Mikasa que la hiciera quedarse más tiempo? ¿Quería hablar con Marco o con él? ¿Qué pasaría si ella se había dado cuenta de lo que el titán había dejado salir? La vergüenza comenzó a predominar en el castaño, temía que Marco hubiera dejado en claro aquellos antiguos sentimientos. Jean ya no era el mismo niño de antes, ¿tendría que asegurárselo?

"No, Mikasa. Te juro que eso fue antes, apenas era un crío."

"¿Oh, en serio? Pensé que lo sabías, es una historia muy divertida. Riámonos todos."

"No, no tengo idea de lo que Marco quiso decir. Convertirse en titán le afectó la cabeza o algo."

Las múltiples ideas de lo que podría decir llovían sobre su cabeza, pensaba con rapidez en todo tipo de respuestas plausibles. ¿Y si a Mikasa ahora le gustaba él? Nunca realmente tuvo nada con Eren, podía ocurrir ¿no? La sola idea de ese cambio de pensamientos le causó gracia, podría reír a carcajadas hasta doblarse, sería demasiado hilarante; de no ser porque Mikasa se colocó frente a él, y abrió la boca para hablar.

—Hay algo que quiero decirte, Jean —comenzó ella, elevando ligeramente su barbilla para mirarlo a los ojos.

Mierda.

Jean no preguntó nada, solo la miró fijamente para enfocarle toda su atención.

—Creo saber cómo te sientes… —dijo ella sin apartar la vista.

—¿Ah sí? —preguntó él, los ojos que tenía enfrente parecían solemnes, dolidos incluso. Comenzó a darse cuenta que se había equivocado con lo que ella quería decirle, la pelinegra mostraba mayor seriedad.

—Sé lo que se siente perder a alguien —continuó la chica. Bajó la mirada por un momento, los mechones negros le cubrieron parte de sus ojos, se veía más pequeña de esa manera. No la fuerte y poderosa guerrera, más bien una chica frágil que podría llegar a describirse como vulnerable. ¿Era esta la misma que él conocía? Apenas y se parecía.

Jean se quedó en silencio, escuchándola. Comprendiendo cada una de sus palabras.

—Sé muy bien lo difícil que es recuperarse después de eso —siguió—. Llegas a acomodarte a la presencia de otra persona; y cuando se va, no sabes cómo puedes seguir adelante, porque necesitas de ella.

Hablaba de Eren y de su propia experiencia, y en el caso de Jean… ¿Hablaba de Marco?

—Me parece que eres fuerte —dijo mirándolo de nuevo, parecía mostrar el atisbo de una sonrisa—. Seguir adelante y no abandonar la esperanza es algo que vale tanto como la habilidad para cortar las nucas de los titanes.

El viejo sentimiento de nostalgia que se fue cuando Jean recuperó a su amigo, regresó a él. Aquella sensación de vacío que no podía ser llenado, la actitud de cerrarse ante el mundo porque no había nadie que podía entrar y entender lo que sentía, el irresponsable impulso de pelear y lanzarse a luchar para evitar quedarse solo con sus pensamientos… No, Jean no era fuerte, Mikasa estaba equivocada.

—Quería decirte eso, siempre lo pensé cuando te miraba —habló la chica de nuevo, Jean solo quería que se callara, nada de lo que decía tenía que ver con él.

—Gracias —dijo, no iba a tratarla mal, no era su culpa después de todo—. Pero no es cierto.

No quería impresionarla, no quería fingir ser algo que no era. No iba a aceptar cumplidos que no le correspondían.

—Creo que deberías darte mayor crédito —le contestó, una pequeña sonrisa en sus labios. La mirada de ella era casi maternal, debía ser la misma que les dedicaba a Armin o a Eren, cuando quería asegurarles que todo estaría bien.

Jean era consciente que él era su peor crítico, nunca le parecía que hacía nada bien. Decidió ver, por primera vez, a través de los ojos de otra persona. Los hechos eran: se había unido a la Legión de Reconocimiento a pesar de su estatus en los diez mejores, había sido el primero en lanzarse a distraer al titán de tipo femenino, había arriesgado su vida para recuperar a un chico que apenas soportaba porque sabía que era la última esperanza para la humanidad.

Sí, había crecido; había dejado parte de su egoísmo atrás. Incluyó a otras personas, sus amistades crecieron; tenía gente por la que se preocupaba, por más que supiera que querer a una persona solo traía más dolor al momento de perderla.

Quizás, solo quizás… podría ser que alguien fuera tan tonto como para admirar alguna cualidad que él tenía. Tal vez no era la horrible persona que todo el tiempo pensó que era, quizás una pequeña virtud lo salvaba.

—Por cierto —agregó ella después de un minuto—. Lo tienes de regreso, sé que no es como antes, pero ¿realmente te parece que puedes quejarte al obtener una segunda oportunidad?

¿Desde cuándo la chica se había convertido en alguien tan sabia?

Jean sonrió, era sincero esta vez. Esa había sido la conversación más larga que había tenido con ella en todo el tiempo que llevaban de ser compañeros. Realmente nunca la había llegado a conocer bien. Ese día supo más de Mikasa, le gustaba esta chica en la que se había convertido. Era una buena amiga, lo reconocía.

—Gracias, Mikasa —estaba muy sorprendido, no sabía que había gente que notaba como él se sentía.

La pelinegra también había perdido a personas que quería, e incluso perdió a Eren, o así lo creyó por un tiempo. Debía estar muy agradecida de haberlo recuperado, Jean fue testigo de la reacción de ella y de Armin al volver a ver al chico cuando salió del cuerpo de aquel titán. ¿Había sido el recordar eso lo que la llevó a hablar con él?

¿Cree que nuestros casos se parecen? ¿Perder a Marco significó para mí lo mismo que perder a Eren para ella?

Mikasa se despidió de él con una señal con la mano, le dijo que lo dejaría solo con sus pensamientos. Jean agradeció el gesto. La chica levantó la mano por encima de su cabeza para despedirse de Marco, el titán regresó el saludo con una pequeña sonrisa.

Cuando Mikasa salió de su vista completamente, Jean suspiró pesadamente.


Connie, Sasha, Armin, Eren, Christa, Mikasa… todos los nombres significaban algo, le traían recuerdos.

Connie era el chico que bromeaba alegremente, tenía siempre demasiada energía y era muy rápido para moverse en el aire, muy habilidoso. Era un buen amigo, se preocupaba por los demás.

Sasha era la chica que tenía una sonrisa cada momento, que parecía aumentar para la hora de comer. Ella amaba la comida y disfrutaba de sentarse y compartirla. No era egoísta, le gustaba hacer felices a otros.

Armin era un intelectual, un chico amable y tímido que a veces dudaba de sus capacidades. Era muy generoso, arreglaron juntos el equipo de maniobras tridimensionales.

Eren era la persona más apasionada que conocía. Su determinación lo llevaba lejos, y dejaba ver sus emociones, las llevaba siempre a flor de piel. Haría lo que fuera por las personas que le importaban y tenía un claro sentido de justicia. Había perdido mucho y aun así no se rendía.

Christa era la más pequeña y dulce niña que alguna vez conoció, todo en ella despedía ternura y sinceridad. Pero, ese no era su nombre ¿cierto? Historia o algo así, extraño en verdad. Quería saber las razones detrás de eso, pero no era como si podía preguntarle cuando ni siquiera podía hablar bien.

Mikasa era la chica más fuerte que había conocido. Estaba siempre tan dispuesta a proteger a Eren, que a veces hasta parecía olvidar su propio bienestar. Era segura de sí misma y talentosa en todo aspecto. Silenciosa, hablaba cuando lo consideraba necesario.

Era bonita, eso era lo que Jean decía.

Jean…

Todos sus amigos se fueron, se despidieron de Marco. Él les dijo adiós con la mano, aun debía recordar cómo hablar bien. Su cerebro no hacía conexiones apropiadas con su boca.

Mikasa se quedó atrás, y se puso enfrente de Jean. Algo debía andar mal.

Desde donde Marco estaba, no podía escuchar nada de lo que hablaban. Apenas miraba que sus bocas se movían, los sonidos morían cerca de ellos, no llegaban hasta él.

Más recuerdos regresaron a él. Jean solía hablar de esa chica, quería llamar su atención, impresionarla. Le parecía la chica perfecta para presentársela a sus padres, eso de seguro los haría felices. Él siempre quiso enorgullecerlos, por eso quería ser parte de la policía militar. Siempre quiso una buena vida, segura y libre de preocupaciones.

¿Lo logró al final? El uniforme del castaño no era de un caballo con un cuerno, sino que eran dos alas, una azul y una blanca. El unicornio era de la policía militar, entonces ¿de qué eran las alas?

Ah, claro. La legión de reconocimiento.

¿Jean se unió a la Legión?

¿Cuántas cosas se había perdido Marco? ¿Cuánto tiempo ha estado ausente?

Reiner, Annie, Bertholdt, Ymir… los nombres eran familiares, los rostros no los recordaba. Esos huecos en sus recuerdos lo dejaban intranquilo.

Así que Jean tomó la decisión de unirse a la Legión, ¿por qué? ¿Por Mikasa? ¿Acaso ellos dos eran…? Marco quiso saber todas las preguntas que su mente formulaba. Su amigo había cambiado de parecer en muchas cosas, y él no había estado presente. Se perdió de todo eso, pero era obvio, el mundo avanzaba con o sin él. De igual manera era Jean.

Sabía que debía felicitarlo, Jean había seguido con su vida, había crecido y madurado mucho. Estaba orgulloso de su amigo, feliz por él. Así que tenía novia ahora… Mikasa era muy bonita, no podía negarlo. Piel blanca y limpia, cabello lacio y negro, femenina como la chica que cualquiera querría. Apostó a que Jean era muy feliz con ella.

Vio como Mikasa se despidió del castaño, y después de él. Marco también le regresó el gesto con su mano. No era experto aun y todavía tenía lagunas mentales, pero… ¿los humanos no solían despedirse uniendo sus bocas con sus parejas? Tal vez luego lo recordaría bien, el punto era que debía estar feliz por su amigo.

Qué bueno que encontraste a alguien para ti, Jean.

—¿Qué pasa, Marco? —dijo el castaño cuando estuvieron solos otra vez—. Parece que tienes cara que vas a vomitar.

No es cierto, amigo. Estoy muy feliz por ti.

—¿Te sientes bien, amigo? De verdad pareces enfermo.

No puedo estar enfermo, los titanes no enferman.

Marco no podía hablar, así que solo negó con la cabeza. ¿Qué expresión había en su rostro?

Sabía que era tonto preguntar, era muy inmaduro de su parte, y egoísmo del más puro. Debía mantener la compostura, siempre había pensado que la paciencia era una virtud subestimada. Eso era lo que siempre quería alcanzar.

Relájate, no puedes preguntar eso.

Quería obligarse a detenerse, pero su boca se abrió para preguntar.

—¿JAWH…? ¿KASSA…? —dijo.

De seguro no me entiende, voy a dejar el tema.

Jean ladeó su cabeza, levantó una ceja en confusión.

—¿Jean y Mikasa? —dijo el castaño.

Vaya, eso sí puedes entenderlo. Pero sí que me costó que supieras que quería ver a los chicos.

Marco asintió en respuesta.

—¿Qué hay con Jean y Mikasa? —preguntó el humano.

¿Tienes una relación con ella?

Marco guardó silencio, decidió dejar el tema. Si había algo que decir, Jean lo diría. Debía confiar en él, no presionarlo para que le revelara algo. Eso no era ser un buen amigo. Esperaría, sería paciente, él era bueno para eso.

—JAWH… KASAA —dijo otra vez.

Oh... no… ¡Tonta boca de titán! ¿Acaso no sé cuándo callarme?

Continuó insultándose a sí mismo, echándole la culpa a su estado de titán. Tal vez sí había perdido neuronas en su transformación. Estaba actuando como un niño haciendo un berrinche, luchando infantilmente por complacer un capricho; él era más que eso. Incluso era más viejo que su amigo, debía saber lo mejor.

—No somos nada, Marco. No puedo creer que lo preguntes —dijo Jean con una expresión divertida.

¿Nada? Así que no estaban juntos… pero, ¿no estaba molesto? Normalmente a él no le gustaba ser presionado.

—Nah, era imposible que algo pasara. Tendría que aprender a soportar a Eren todos los días —agregó mientras reía—. Ya en serio, Marco. Éramos apenas unos críos, ¿puedes tomar eso en serio todavía?

Entonces Jean sí había cambiado mucho, había crecido y madurado. La vida de soldado, las cosas que había visto y vivido le habían hecho eso.

Marco se sintió culpable, no podía creer que se la había pasado preocupado por cosas que realmente dejaron de tener importancia. Pero… él no había vivido ese tiempo extra, no tenía ese crecimiento producto de las nuevas experiencias. Él estaba en el último punto que podía recordar, no adquirió más conocimientos ni lecciones. ¿Qué? ¿Ahora Jean sería más maduro que él? El pensamiento era divertido, pero quizás era real. Le había sorprendido, pero no molestado.

Sus pensamientos fueron interrumpidos al sentir que algo lo tocaba, Jean estaba pateando su codo. Sentía un suave toque, apenas la sensación de la bota del castaño golpeando su piel.

—¡Eres un idiota! —gritó—. ¡No puedo creer que casi le dijiste a Mikasa! ¡Ni siquiera sabes cómo me siento ahora! Vaya amigo, "voto de silencio", "prometo guardar tus secretos", "puedes confiar en mí, Jean". Titán malo… eres un mal titán. Por no decirte mal amigo —agregó con el ceño fruncido, la nariz arrugada.

Marco rio nerviosamente. Era cierto, los humanos guardaban secretos a sus amigos, era parte de la confianza. Ahora lo recordaba.

Intentó hablar pero fue en vano. Aun debía mejorar su pronunciación, pero era tan difícil. No sabía si podría lograrlo alguna vez. Agachó la cabeza para disculparse, esperaba que Jean entendiera la acción en vez de las palabras.

—Ya, ya. No es tu culpa ser un idiota —dijo el castaño cuando se cansó de dar las patadas—. Por lo menos me dirás que te dolió ¿no?

Marco negó con la cabeza.

—Mierda, no es justo. Si supiera quién te gustaba, le iría a decir ahora mismo —le amenazó.

No, no lo harías. No podrías.

Marco acercó su mano y la puso a los pies de Jean, él se lo quedó mirando con desconfianza, pero igual se subió en ella. Cuando se hubo sentado, Marco lo elevó a la altura de su rostro para mirarlo bien.

—De todas formas, era de ti que hablamos con Mikasa. Por si quieres saberlo, para tu información y eso —dijo como si creyera que el titán necesitaba escucharlo.

Marco sonrió.

En ese momento quiso ser un humano de nuevo, ser del mismo tamaño que su amigo y darle un fuerte abrazo; como lo solía hacer cuando celebraban las cosas más insignificantes, cuando eran los mejores compañeros y eran apenas un par de niños que aún tenían mucho por aprender.

Gracias, Jean.


Después de varios capítulos Marco va recobrando su personalidad y pensamientos. Ya, el verdadero pecoso está saliendo a la luz.

Ups.. volvi a dejar una pequeña pista de lo que se tratará el siguiente capítulo ;)

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