Pienso que estan aburridos de mi "lamento la tardanza".
Exámenes y eso, ya saben, aquella horrorosa cosa que se llama vida y te quita el tiempo para hacer lo que realmente te gusta.
Capítulo 6. La humanidad que me queda
Jean no sabía si su amigo estaba listo para eso. Era cierto, Marco había mejorado muchísimo, casi se igualaba a como era antes, su personalidad era prácticamente la misma, pero aún había momentos en los que se ausentaba; algunas ocasiones donde dejaba de ser él, para convertirse en un gigante descerebrado, como el resto de titanes. Eso le traía inseguridad.
El castaño jamás le haría daño a su mejor amigo, era demasiado importante para él. Y después de experimentar de primera mano su pérdida, no estaba dispuesto a verlo sufrir de cualquier manera, así fuera un dolor pequeño o grande. No podría aceptar nada de eso, mucho menos estar de acuerdo en dejarlo pasar.
Jean defendería a Marco, ahora que no podía hablar por sí mismo, cuidaría del titán. No actuaría de ninguna manera que pudiera perjudicarlo, lo principal era él. Se sintió como un asco de soldado, su prioridad debería ser la humanidad, la obligación de hacer lo mejor para todos y dejar atrás su egoísmo. Pero si bien entregaría su propia vida, hasta todos los miembros de su cuerpo si se lo pedían, la de Marco sería intocable. Ya había muerto por su patria, ¿por qué sería justo volverle a pedir ese sacrificio?
—No dejaré que nadie te haga daño —le prometió posando una mano sobre él.
Marco le dedicó una mirada extraña, su boca estaba de lado. No había forma que Jean supiera qué estaba pensando.
Los arreglos se habían hecho, las órdenes se habían dado. El soldado estaba nervioso, no sabía exactamente qué haría Hanji. Estaba sentado en el césped, esperando su llegada.
Sólo había recibido un anuncio de la alocada mujer. "Dile a Marco que ahorre sus energías, llegaremos con Eren al mediodía". ¿Por qué Eren iba a venir con ella? La respuesta era bastante obvia, pero… una vez que el chico se transformara, ¿qué querrían que Marco y él hicieran? Claro, podrían enfrentarse y luchar como lo hacen los soldados en los campos de entrenamiento. Ese pensamiento era para los optimistas, pero Jean no era de esos. No, él temía que quisieran comprobar el grado de regeneración de Marco, que las luchas fueran similares a las que antes observaron cuando Eren destruía a otros titanes; huesos quebrados, rostros irreconocibles, piel arrancada, imágenes grotescas en las que él no quería pensar. Dolor innecesario que causarían a su mejor amigo. ¿No había sufrido suficiente ya?
Sintió a Marco tocar su cabeza con un dedo, era su forma de consolarlo; era el equivalente de poner una mano sobre su hombro.
—Todo está bien, grandote —le mintió, pero él también quería convencerse. No quería pensar en lo peor, era muy pesimista y lo sabía.
Marco lucía preocupado.
—Oye… —comenzó Jean, intentando cambiar el ambiente—. Cuando Eren venga, ustedes serán comparados. Y tú tienes que vencerlo, ¿me oyes?
El titán ladeó la cabeza, lucía un poco confundido con el cambio en el humano.
—Pues… Eren es un idiota y tú eres mi mejor amigo, ¿no? No me junto con perdedores, así que tienes que ganar —dijo intentando sonreír, quizás parecía arrogante—. Gana en todo y te dejaré seguir siendo mi amigo —levantó una ceja, quiso actuar lo más normal posible.
Entonces Marco hizo algo que Jean pensaba que no era posible para un titán: giró los ojos.
—¿Te estás burlando de mí? —preguntó Jean, incrédulo. Recibió una sonrisa de parte del gigante, era juguetona y amigable— Si fuéramos del mismo tamaño, este sería el momento donde te golpearía el hombro —le dijo.
Marco extendió la palma de su mano como una plataforma frente a Jean, ya estaba acostumbrado así que se subió sin decir nada. Extendió los brazos para guardar su equilibrio y crear un mayor centro de gravedad; luego vio frente a él y se dio cuenta que el titán no lo había llevado a su rostro, sino a un lado de su cuerpo. Así que le dio un golpe con el puño cerrado al enorme hombro, como lo habría hecho si Marco fuera otro humano.
Recibió una mirada animada de su titán.
—Sí, amigo. Me siento mucho mejor ahora —le dijo con una sonrisa.
Desde la altura a la que estaba pudo ver al grupo de humanos que caminaban hacia ellos. Levantó una mano para saludar a Hanji, su asistente Moblit, Levi, Eren, Mikasa y Armin. Ellos respondieron el saludo.
—HANNNJ —dijo Marco cuando vio a la mujer.
Ella abrió completamente sus ojos y mostró toda su fila de dientes en una sonrisa que llegaba a ser atemorizante. Se adelantó al resto de humanos y corrió hacia Marco a toda velocidad, parecía saltar en lugar de caminar, sus pies apenas tocaban el suelo. La mujer usó su equipo de maniobras para impulsarse hacia el titán, y aterrizó en la misma mano en la que Jean estaba. Marco y él la miraron con la boca abierta.
—Dilo de nuevo… —pidió Hanji, su voz sonaba muy aguda, como si apenas podía reprimir un grito de emoción—. Por favor, dilo —sus ojos estaban vidriosos, apenas y podía contenerse. Su cuerpo parecía ser muy pequeño para su inmenso espíritu.
—HAN… NJ —dijo lentamente el Titán Gentil.
Ella dio un salto y se lanzó al cuello de Marco; se paró en una clavícula.
—Dilo otra vez, quiero sentir las vibraciones en tu garganta —dijo mientras tocaba con ambas manos la nuez de Adán que sobresalía en el cuello del gigante—. ¡Ardes! ¡Qué caliente eres!
—Estás actuando como una desquiciada otra vez —comentó Levi a grandes voces desde los pies del titán.
Ella le dedicó una gran sonrisa y bajó del titán para indicarle que se acercara y que así todos escucharan.
—Marco, tengo entendido que tu comprensión ha mejorado muchísimo ¿verdad?
El titán le respondió con un rugido.
Hanji comenzó entonces a explicar lo que tenía planeado, todo con autorización del comandante. Tenía anotado en una libreta las actividades de la agenda que traía con ella. Evaluarían a Marco en diferentes competencias, el fin era comprobar la fuerza que tenía, medir la velocidad que podía alcanzar y valorar las habilidades para luchar que había logrado mantener después de su transformación. El contrincante era Eren, obviamente.
La primera actividad consistía en una carrera de diez kilómetros. Según las instrucciones de Hanji, debía haber un "jinete" que se aseguraría de que el titán no perdiera la atención del objetivo. El ejercicio no era para medir la concentración, sino la velocidad.
—Jean, ¿asumo que serás tú el jinete de Marco? —preguntó la líder retóricamente. Él asintió a pesar de no ser necesario.
La mujer se dirigió a Eren y le preguntó quién sería su jinete. Jean pensó que el chico miraría a Armin por su inteligencia, o a Mikasa por su fuerza; pero el más bajo lo sorprendió, sus ojos estaban puestos en otra persona: el sargento Levi. No dijo nada, solo lo miraba en silencio.
Parecieron comunicarse con la mente, porque el mayor habló segundos después.
—Yo lo haré —dijo con seriedad.
Fue evidente como Eren se relajó ante esa afirmación. El chico parecía ser el perro faldero del mayor, Jean siempre lo había pensado y no se había abstenido de decírselo. Eren nunca lo negó, solo lo ignoraba. Pero Levi estaba accediendo a hacer algo que el chico quería, ¿por qué?
¿Estaría lejos de la verdad si decidiera imaginar que…?
Vio a Eren echarse a correr hacia el Titán Gentil a toda velocidad, usó el equipo de maniobras para alzarse al aire y cuando estuvo más cerca se llevó una mano a la boca.
Un rayo se extendió verticalmente partiendo el cielo a la mitad, fue acompañado de un trueno que hizo eco en las montañas cercanas. Jean creyó quedarse sordo por un momento. Y ahí, frente a todos, apareció el Titán Bribón con los puños arriba y encarando a Marco. El otro titán imitó la posición de batalla. Lucían similares, muy intimidantes.
—Jamás pensé que este día llegaría —exclamó Hanji uniendo sus manos, parecía estar a punto de llorar—. ¡Qué hermosos titanes! Así que Marco es un titán de dieciséis metros —se tomó una pausa para respirar—. Ahora, Levi y Jean conocen sus posiciones.
Jean miró al sargento, pero éste ya se había lanzado a los aires, aterrizó grácilmente en el hombro de Eren en un parpadeo.
Es tan rápido.
El castaño imitó el movimiento, impulsándose hacia el titán que le correspondía. Una vez hubo aterrizado, Marco giró su cabeza para dedicarle una sonrisa.
—Eres más alto, tenemos que ganar —le dijo en el oído, el titán asintió como si lo que había dicho tenía sentido.
Los titanes se colocaron en posiciones, con indicación de sus respectivos jinetes. Marco respondía muy bien a las órdenes de Jean, y cuando miró a sus oponentes, pudo observar que Levi también tenía un buen control sobre su titán.
—Oye —lo llamó el sargento desde la distancia. Jean lo miró—. Ánclate a él si no quieres terminar por los suelos —dijo, y los cables de su equipo salieron para enterrarse en la carne de Eren.
Jean miró a su titán y le explicó lo que iba a hacer. Cuando los cables fueron disparados y se anclaron en su piel, Marco no reaccionó más que un pequeño sobresalto. El castaño le preguntó si dolía, el titán negó con la cabeza.
No te hagas el valiente, Marco.
En el punto de salida estaba Mikasa, que levantó un arma hacia el cielo y disparó una señal de sonido para marcar el inicio de la carrera.
Eren y Marco salieron a la carrera. Jean casi fue elevado por los aires, así que clavó ambas espadas en su amigo para evitar caerse. El movimiento de las enormes zancadas hacía que perdiera su equilibro, sentía que sus pies salían volando cada vez que el titán dejaba el suelo. Requirió de toda su fuerza para mantenerse en su lugar, sus brazos dolían, sentía sus músculos acalambrarse por el esfuerzo. Estaba jadeando para soportar todo, cuando la velocidad de Marco comenzó a declinar. Notó la enorme cabeza girar en su dirección.
—¡Corre, corre! —le gritó. No quería que Marco se preocupara por él.
El titán reanudó el paso lo más rápido que pudo, pero Eren iba adelante. Sus pies dejaban huellas profundas en el suelo, y un rastro de humo polvoso era lo que quedaba como fantasma de su trayectoria.
Jean comenzó a acostumbrarse a ser tratado como un muñeco de trapo, y después de ser zarandeado tantas veces, el dolor dejó de sentirse y fue reemplazado por un entumecimiento apenas molesto. La adrenalina corría por sus venas y cargaba con el deseo de ganar. Miró a lo lejos el pilar de humo verde que había lanzado Hanji para indicar el punto de llegada. Le gritó a Marco a donde debía dirigirse.
La velocidad fue detenida abruptamente, escuchó el movimiento que la tierra hizo al abrirse, y los gritos de Hanji que anunciaban que habían llegado a la meta. Jean se sentía mareado, estaba seguro que su cerebro se había revuelto dentro de su cabeza; miró a la par de ellos, notando que Eren y Levi ya estaban ahí.
Ambos humanos bajaron de los titanes.
—¡El ganador es Eren! Excelente trabajo chicos —felicitó la líder muy optimista.
Jean no pudo evitar sentirse decepcionado.
—Es mi culpa —dijo molesto.
—No lo es —le explicó Armin—. Eren es considerablemente más rápido que Marco, y las dificultades para ser sus jinetes no afectaron demasiado en la velocidad de ninguno.
—Se condujeron muy bien, creo que no será necesario ser dirigidos por jinetes la próxima vez —opinó la líder—. Ambos pueden seguir objetivos hasta cumplirlos y no se distraen como antes.
Jean miró a Marco y levantó el pulgar para indicarle que lo había hecho bien. El titán respondió con una sonrisa.
—El siguiente desafío será una prueba de fuerza —anunció la mujer, sus ojos brillaban por la emoción.
Bajo las indicaciones de Hanji, todos los humanos subieron a los árboles cercanos para observar mejor a los titanes. Marco y Eren unieron sus manos al nivel de sus cabezas. El reto consistía en empujar al otro hasta hacerlo retroceder y caer.
—¡Vamos Marco! ¡Gánale a ese idiota! —gritó Jean ampliando su voz con sus manos.
—¡Eren, tú puedes! ¡Lucha! —animó Mikasa.
Ambos miraron a Armin, Jean empezó a irritarse pensando que habría más vitoreo para Eren que para Marco. El rubio debió notarlo.
—Seré neutral. Lo siento, Eren —dijo en voz baja.
Hanji lo palmeó en la cabeza suavemente, como a un niño pequeño que se felicita al portarse bien.
—No podemos tener preferencias entre nuestros bebés —razonó, haciéndose ver todavía más extraña.
Todos se cubrieron los oídos cuando Moblit disparó el sonido con una de las armas que usaban en la exploración fuera de las murallas. Las manos de Eren chocaron con las de Marco, produjeron un estruendoso sonido al impactar. Los pies de ambos comenzaron a hundirse en la tierra por la fuerza que se les imponía. Los pares de brazos temblaban en su lucha por no ceder. Las cabezas estaban una frente a la otra, ambos titanes se miraban fijamente a los ojos con determinación.
Eren abrió la boca y un fuerte rugido salió de él, Marco no se intimidó y respondió con otro estridente rugido. Eren unió sus pies para tener mayor poder en sus piernas e impulsarse hacia adelante, hizo que el otro titán diera un paso hacia atrás. El Bribón estaba casi encima de él, doblegándolo con su fuerza, haciendo que se inclinara bajo su peso. El Titán Gentil temblaba debajo del otro, esforzándose por no ser derrotado.
Jean quiso dejar de ver, miró a Mikasa que tenía sus manos hechas puños y mostraba una sonrisa al ver como Eren luchaba. Armin estaba comentándole a Hanji en susurros lo que pensaba. Levi no se mostraba especialmente alterado, pero una comisura de sus labios estaba sutilmente más elevada que la otra. El chico lo miró con más atención, el sargento estaba mostrando una emoción, era tan extraño e inusual. Continuó evaluando las facciones del líder cuando notó cómo alzó una ceja, sus ojos se abrieron ligeramente y parecía estar sorprendido.
Jean miró en la misma dirección que el pelinegro y vio los papeles revertirse: Marco estaba dominando sobre Eren, torciéndolo debajo de él. El titán hizo un último impulso que logró derribar completamente a su rival. El titán de Eren cayó al suelo con un profundo y sordo sonido; sus pies estaban enterrados hasta los tobillos y el cuerpo yacía en el césped, inmóvil por unos segundos.
—¡Y el vencedor es Marco! —gritó Hanji ofreciendo aplausos en recompensa.
Jean saltó con un puño en el aire en celebración, dio un grito de victoria, y usó su equipo para apresurarse hacia Marco, quien le extendió una mano para que se posara en ella.
—¡Eres tan fuerte! Venciste, estoy tan orgulloso. ¡Podría besarte ahora mismo! —estaba muy feliz del desempeño de su mejor amigo, si fueran del mismo tamaño se habría tirado encima de él para abrazarlo.
Marco estaba sonriendo, pero sus ojos lucían diferentes. Sus párpados estaban un poco cerrados y su cabello estaba por todas las direcciones.
—¿Estás bien? —Jean miró debajo de él, la mano del titán había perdido las líneas normales de las palmas, y había quedado como una masa de dura roca.
La pelea con Eren lo había desgastado, humo salía de varias zonas de su cuerpo.
—Solo debemos esperar que regeneres —le dijo mientras posaba una mano en la punta de la nariz del gigante.
—GAN… NÉ JAWH…
—Sí, lo has hecho. —dijo mientras sonreía.
Eren comenzó a levantarse, con dificultad sacando los pies del agujero en el que se habían enterrado. También echaba humo de su cuerpo. Se irguió completamente y le extendió la mano derecha a Marco. Jean entendió el mensaje y usó su equipo de maniobras para pararse en la mano izquierda del titán, dejó libre la derecha de Marco para tomar la mano de Eren y saludarse por ambas competencias, se reconocieron como iguales.
Jean notó la mirada de Eren sobre él, se preguntó qué pasaba y lo vio mover las puntiagudas orejas. ¿Estaba intentando decirle algo? No tenía idea por qué, pero sintió la corazonada de que corría peligro. Eren movía sus ojos hacia un lado repetidamente, dobló sus rodillas en preparación.
Marco se inclinó repentinamente y extendió la mano hacia el suelo, Jean supo que tenía que bajarse. Su instinto le dijo que se alejara lo más rápido posible y eso hizo. Escuchó un choque de cuerpos detrás. Usó su equipo para apresurarse y escalar un árbol. ¿Qué acababa de pasar? Se dio la vuelta.
Marco estaba en el suelo y Eren encima de él, lo había arrojado con una táctica de lucha que solo él conocía. No lo dejaba moverse, lo tenía dominado. El de ojos verdes era de los mejores en las peleas de cuerpo a cuerpo, y su habilidad no se reducía cuando se transformaba en titán. Eren se quedó ahí mirándolo muy de cerca, hizo unos cuantos rugidos leves, como si murmurara. Marco asintió debajo de él, de su boca salieron sonidos graves en respuesta.
—¿Le entiendes? —preguntó Armin a grandes voces. Parecía que estaban comunicándose.
Marco y Eren se voltearon para ver a los humanos, ambos negaron con la cabeza.
Jean se palmó la frente en exasperación.
—¡Maldito mal perdedor! Por eso te arrojaste a Marco —le gritó al titán Bribón.
Los hombros del Titán Gentil subieron y bajaron, era lo que hacía cuando reía. Después de quedarse ahí unos segundos, Eren se levantó nuevamente y le dio la mano para ayudarlo.
Afortunadamente para todos, Hanji ya había medido la capacidad de regeneración de Marco la vez que escapó del vertedero de cadáveres. Y Eren, pues, nadie había sido visto regenerarse tantas veces como ese titán. Levi lo sacó de la nuca, como siempre lo hacía para liberarlo en un movimiento calculado y preciso. El chico salió con marcas rojas en el rostro y jadeando por el cansancio. Se quedó acostado en el césped mientras recuperaba las fuerzas para ponerse de pie.
—¿Estuvimos bien, líder Hanji? —le preguntó desde su lugar. Ella le palmó la cabeza, e insistió en hacer lo mismo con Marco. Estaba muy complacida con los resultados.
Marco también yacía en el suelo, se limitaba a esperar que sus heridas sanaran. Se tomó la decisión de esperar si el titán se cansaba y su mismo cuerpo expulsaba a un humano, como había sucedido en el caso de Eren. Cuando el humo dejó de emanar de él, nada ocurrió.
Una vez más, había otra prueba que indicaba que el cuerpo del titán no era controlado por un humano.
Marco podía sentir las partes más calientes de él, esas que despedían humo blanco que subía a los cielos hasta dispersarse y mezclarse con el viento. Lo miraba elevarse y adoptar diferentes formas que parecían pinturas hechas con óleo. Recordaba el óleo, recordaba colorear con sus manos y crear dibujos sin sentido que lograban arrancar sonrisas de su madre, y ella era feliz al decirle que él podría ser un artista. Marco sabía que no era cierto, que su madre simplemente era la persona más amable que había conocido; ella quiso inculcarle eso, y él se esforzó por nunca darle razones para entristecerla. La extrañaba.
Pero era un titán ahora, no podía volver a ver a su madre. Ella creía que él había muerto, debía estar triste. Marco le había fallado al final, a pesar de sus esfuerzos por no llevarle angustia.
—¿En qué piensas? —preguntó una voz desde su hombro, Jean debía haber notado el cambio en su humor.
En mi madre.
Marco negó con la cabeza, lentamente.
—Si pudieras hablar, ¿me lo dirías?
Sintió una punzada de tristeza ante la pregunta. Debía ser frustrante para Jean no poder comunicarse con él, no poder ser de mayor ayuda; para el titán también era difícil, sin embargo, su mejor amigo no era conocido precisamente por su paciencia.
Asintió en respuesta.
—¿Estás recordando más cosas?
Jean era muy bueno para adivinar lo que pensaba, el chico no se daba crédito suficiente en su calidad de amigo. Marco asintió.
—Alguien muy importante vendrá a verte —comentó después.
El titán solo parpadeó, confundido.
Sintió la diminuta mano humana en su mejilla, era la manera que Jean había adoptado para tranquilizarlo. Funcionaba.
Marco miró a los demás humanos retroceder, caminaron hacia atrás. ¿Acaso le temían? Estaba seguro que no le había hecho daño a nadie en todo ese tiempo, y tampoco actuaba como si fuera peligroso. Quería su confianza porque no tenía malas intenciones, no había nada que ocultar. No podía ser un enemigo de la humanidad cuando ni siquiera tenía idea de qué era lo que pasaba con él.
Los humanos formaron una línea recta y todos se llevaron la mano al pecho, firmes y con la vista al frente. Incluso Jean bajó de su hombro al suelo e imitó la pose junto a los otros.
En medio de los soldados había un espacio en el que caminó uno de ellos. Su cabello rubio, era más alto que la mayoría; su postura erecta y su porte fijo y seguro. Su uniforme era similar al del resto de soldados de la Legión de Reconocimiento salvo por un pequeño detalle, una especie de gema esmeralda que colgaba de su cuello y se posaba en la mitad de su pecho. Al hombre le faltaba un brazo, pero se movía como si no se había dado cuenta.
Una vez estuvo frente a él, ya fuera por el instinto remanente o por el respeto que ese hombre infundía; Marco llevó la mano derecha a su pecho y la izquierda detrás de su espalda, ambas apuñadas en aquel saludo militar que solía hacer cuando él también perteneció a las Tropas de Reclutamiento.
Las cejas del hombre se elevaron en respuesta, debió estar sorprendido. El humano también regresó el saludo.
Marco se puso en cuclillas para estar más cerca de él. Pudo notar que el hombre tenía unos ojos azules que no revelaban nada, una expresión estoica que no cambió ni por un segundo al ver a un titán a tan corta distancia. Marco se sintió nervioso con la imponente presencia, pero una vez que estuvo al nivel necesario para escucharlo hablar, el hombre comenzó.
—Mi nombre es Erwin Smith, soy el Comandante de la Legión de Reconocimiento. ¿Puedes decirme tu nombre?
Hubo una pausa. Marco tardó un segundo en producir los sonidos de su voz.
—MAR… C BOT. —Eso no había salido bien, suspiró por lo poco útil que se sentía.
Miró a Jean, quien estaba dedicándole una pequeña sonrisa para darle ánimos; alentándolo a hacerlo lo mejor que podía.
—Hanji me ha dicho que tu nivel de comprensión ha mejorado en sobremanera en las últimas semanas. —Hizo una pausa, y simplificó sus palabras—. Entiendes todo lo que te digo, ¿tengo razón?
—SÍ…
—Si alguna palabra se te dificulta, siéntete libre de comunicarte de la manera que prefieras. Mientras nuestra conversación pueda ser de doble vía, podremos progresar.
Vaya, qué manera de hablar.
Marco asintió.
—Te haré una simple pregunta, Marco. Y te prediré una promesa.
Esperó a que continuara.
—En primer lugar: tengo entendido que tus memorias se reparan con el tiempo. Si se da el caso en que recuerdes algo que tenga que ver con el origen de tu estado actual; ¿confiarías en la Legión para darnos a conocer todos los detalles?
—SÍ. —Pensó que asentir sería una contestación débil en comparación con una respuesta verbal.
—Bien. —El comandante le mostró una ligera sonrisa, y luego volvió a hablar—. Ahora, la promesa. Podemos aceptarte como miembro de nuestra Legión si prometes obedecer cada una de mis órdenes; te aseguro que todas las decisiones que tomo son para la victoria de la humanidad. Así que espero que deposites tu confianza en mí, y te quedes a nuestro lado.
Asintió en respuesta. El hombre era persuasivo, Marco quería seguir escuchando todo lo que tenía para decir. Algunas personas simplemente tenían ese don para hablar con otros, ser escuchados y atendidos porque su presencia lo demandaba.
Es un líder natural.
Antes, ya había pensado algo así de otra persona.
—En una semana inicia nuestra siguiente misión de exploración. —Marco abrió más los ojos—. No, no me malentiendas —se apresuró a agregar—. Nos encantaría llevarte con nosotros, pero nos será imposible.
Erwin explicó que la misión consistía en salir por la puerta de entrada del distrito Karanese, desde que la entrada a Trost había sido sellada por el titán de Eren. Marco seguía siendo un secreto, y no había una forma plausible de llevarlo fuera de las murallas sin ser visto por los ciudadanos, o incluso los propios soldados de la Policía Militar o las Tropas Estacionarias. Sacarlo de Ragako era un acto peligroso y descuidado.
Su plan era hacer un soldado de Marco, en aspectos de disciplina y obediencia. Y cuando estuviera listo, lo presentaría a las otras divisiones militares y el Generalísimo Dalliz Zacklay. Los convencería que no había peligro con él, que podían confiar en su control tanto como el de Eren.
Era un buen plan, Marco se preguntó si realmente podría funcionar. Erwin parecía bastante optimista; así que asintió a todo lo que dijo y sonrió.
Miró a Jean, parecía inquieto. Movía una pierna y cambiaba de posición, dejó su postura garbada y miraba a otro lado. El titán ladeó su cabeza.
—Fue un gusto conocerte, Marco. Volveremos a vernos al regreso de la expedición.
Después de eso se dio la vuelta y comenzó a alejarse. Entonces Jean se apresuró en hablarle.
—Señor, un momento…
El comandante se dio la vuelta para ponerle atención.
Jean volvió a hablar.
—Sé cuáles son mis órdenes, pero pienso que sería más útil si…
—¿Sabes cuáles son tus órdenes? —interrumpió Levi, que se había acercado a ellos. Esperó a que Jean asintiera y antes de que hablara lo cortó—. Entonces limítate a obedecer a tu comandante, Kirschtein. Sin preguntas ni objeciones. ¿Puedes hacer eso, soldado? ¿O es acaso una tarea muy difícil para tu cerebro?
El castaño cerró la boca, y bajó la mirada. Asintió levemente, resignado.
Erwin no dijo nada y continuó con su camino, Levi y los demás soldados (incluidos sus amigos) lo siguieron. No se tardaron mucho en dejarlos solos, el día había pasado y debían regresar antes que anocheciera. Jean se quedó en silencio, y cuando todos se fueron, dejó salir un profundo suspiro.
—JAWH… —dijo Marco, recibió una mirada del otro.
Se miraron en silencio.
¿Estás bien? Tú puedes hablar, sabes que puedes decírmelo. "Voto de confianza", "prometo guardar tus secretos", ¿recuerdas?
—No voy a la misión de la próxima semana —dijo Jean solamente, su mirada era sombría.
Jamás habría pensado que él querría ir a esas misiones a arriesgar su vida. Aunque, siendo honesto, nunca se le hubiera ocurrido que Jean querría ser parte de la Legión de Reconocimiento, en primer lugar.
—PORR… QUÉ. —Se sorprendió de que pudo ser coherente.
—Supongo que de esa forma evitarán que muera. Ya sabes, solo los gajes del oficio. Me quieren con vida por mi vínculo contigo, y nada me garantiza que regresaré en una pieza si salgo de aquí. Soy la primera persona que interactuó contigo, y por eso les sirvo más estando vivo que muerto.
Ese no era el "por qué" que Marco quería saber. Jean tenía la mirada baja, la cabeza agachada y el titán estaba muy inclinado sobre él para escucharlo. Esperaba que el más pequeño no susurrara porque le sería imposible entenderle.
Jean…
—No soy la gran cosa, mi aporte a la misión tampoco es relevante. Si no hubieras regresado, todo sería lo mismo si muriera, pienso —dijo levantando la mirada para encararlo—, es solo que… pues, todos irán y yo me quedaré aquí. No quiero pensar en lo que les podría ocurrir, definitivamente regresarán menos de los que se irán. Los he visto morir, Marco. A tanta gente. Y ahora debo decirles "adiós" y ni siquiera sé si será una despedida definitiva. Son mis amigos… y también los tuyos.
La voz de Jean sonaba dolida, su mirada reflejaba la angustia que sentía.
—JAWH… —dijo solamente, no podía decir todo lo que quería.
Te entiendo. Eres muy valiente, casi no te reconozco. Te conviertes en la persona que siempre supe que podías ser.
—Lo sé, lo sé. Estoy quejándome como un niñito.
—NO —contestó. Esto hizo que Jean levantara la mirada de nuevo.
—Ya hablas mucho mejor —comentó el humano, quizás queriendo evitar preocuparlo demasiado, cambiando el tema—. Le has dicho muy bien tu nombre al comandante.
Decir "gracias" no era tan fácil, debía unir las letras y le costaba pronunciar "gra". En su lugar, asintió. Era lo único que podía limitarse a hacer en respuesta.
No quería que Jean se preocupara tanto por él, ya había hecho demasiado. Había actuado como el bastón de un hombre cojo, el lazarillo de un ciego; la madre de un niño pequeño que tiene que aprender todo a su alrededor. La paciencia de su amigo había alcanzado un nivel que antes desconocía. Estaba muy orgulloso de él.
Y quería revertir los papeles.
Quería ser él quien lo ayudara, quien escuchara y aconsejara al otro. Quería volver a ser como antes, como cuando era su compañero de bromas que los hacían reír hasta que los sonidos que producían dejaban de parecer humanos. Quería que Jean le revelara si tenía miedo, que le confiara sus inseguridades. Que dejara caer ese muro de concreto que tanto se había tardado en construir a su alrededor, esa falsa y excesiva arrogancia que ocultaba su verdadera personalidad. Su infantil forma de fingir un egocentrismo tan alto que ni él mismo se creía. Era tan inteligente, tan brillante, era capaz de hacer todo lo que quisiera, pero ¿cómo podía volar cuando él mismo se cortaba las alas?
Y ahora él estaba tan triste, dejando el egoísmo de lado, pensando en otros antes que en sí mismo. Marco miraba todo eso, la mejor parte de su amigo, siempre lo había hecho, había visto esa parte de él cuya existencia Jean se esforzaba por negar. Era tan modesto dentro de su arrogancia.
Cada vez que lo veía deseaba lo mismo.
Quería volver a ser un humano, regresar con él a las habitaciones comunales. Dormir en una incómoda cama doblado por el cansancio producto de las actividades realizadas en todo el día, no por la falta de sol pasada la puesta. Quería obtener su energía de la fea comida que les dieran todos los días, no depender del amanecer para ser capaz de levantarse.
Quería tocar a Jean, despeinar su cabello que ya estaba despeinado, y escuchar sus regaños por hacerlo. Quería volver a acusarlo de teñirse el cabello porque era imposible tenerlo de dos tonos, y también quería recibir los insultos que venían por acusarlo. Quería tocar las partes de su cuerpo que le causaran cosquillas, y sentir la mortal dificultad para respirar cuando Jean lo contraatacaba en esa guerra de risas.
"Querer" era una palabra fuerte, cargada de deseo que no necesariamente se convertiría en realidad. Esos tiempos habían quedado atrás, y nada le aseguraba que regresarían.
En ese momento, que Jean estaba molesto con las decisiones de los superiores y preocupado por sus amigos; Marco pensó que haría lo que fuera para hacerlo sentir mejor. Se limitó a acariciar su cabeza con un dedo, su amigo se relajó ante el contacto y se dejó hacer.
Y Marco se permitió sí mismo fantasear. Si fuera un humano, podría poner una mano en el hombro de su amigo, darle un apretón. La movería hasta su cabello y acariciaría los mechones más largos. Lo abrazaría y tocaría su espalda en un gesto confortador. Después posaría su mano en la mejilla de Jean, se acercaría y querría rozar sus labios en cada parte de su rostro…
Ah, claro. Más recuerdos.
Sus culpables sentimientos por su mejor amigo.
Marco suspiró, ambos estaban de malos ánimos.
Si fuera humano otra vez, querría hacer muchas cosas y decir otras tantas.
…pero no podía.
Sip. Marco es un titán un poco más alto que Eren. Menos rápido, pero más fuerte.
Varios querían ver la reacción de Hanji cuando el titán dijera su nombre... ¡ahí esta!
Y los recuerdos recuperados pueden ser buenos o pueden ser malos... especialmente aquellos que te hacen sentir culpa porque te gustó alguien que solo debías ver como tu amigo.
Review? Me harían feliz y lo leería unas cinco veces
